Mostrando entradas con la etiqueta Poesía Boliviana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Poesía Boliviana. Mostrar todas las entradas

miércoles, 16 de octubre de 2024

MÓNICA VELÁSQUEZ GUZMÁN: Poesía Actual Boliviana

 


Mónica Velásquez Guzmán (La Paz, 1972). Poeta y crítica literaria. Publicó los poemarios Tres nombres para un lugar (1995); Fronteras de doble filo (1998); El viento de los náufragos (2005); Hija de Medea y La sed donde bebes (2011). Además, los libros de ensayo literario Múltiples voces en la poesía de Francisco Hernández, Blanca Wiethüchter y Raúl Zurita (México, 2009)y Demoniaco afán. Lecturas de poesía latinoamericana (2010).
 
 

Tu gemelo está en un dios que no viste
en un amor que dejaste olvidado
en las opciones
en otra forma de vivir
en todo lo que callas
tu gemelo canta desde tu niñez
te cuida como al más solo de sus hijos
te va siguiendo los pasos
y recoge a diario lo que queda de tu sombra
sabe tus transformaciones
no se parece a ti aun con tu misma cara
tu gemelo es el que quieres
el que pudiste
el que dejaste de ser
tu gemelo duerme a tu costado sin decir palabra
su nombre es el nombre que pondrás a tu hijo
sin saber que lo convocas
que también le sigues los pasos
entregándote sin peros
a las almas de doble filo
 
De Fronteras de doble filo



Siete maneras de decir el dolor
(fragmento)
 
 
Posibilidad 1
 
Hoy quisiera, Mónica, enfermarte larga, mortalmente,
sacarte lejos del mundo, convaleciente:
distanciar del cuerpo su llanto, su sudor solitario
de manera que todo quede, ahora sí, bien vacío
y ser un desierto rencoroso resuelto a envenenarse de sed.
Quiero hoy quebrarte un hueso imprescindible
esparcir las astillas de la estructura fundamental
que implores ayuda y extiendas anchas las manos
y no tengas pasos ni pies para darlos.
Quiero una úlcera que cuente de tu furia
músculos torpes pidiendo a gritos
abrazos que no han de venir
epilepsias que transparenten tu confusión
tu dificultad para contenerte
insomnio eterno para salvarte de los sueños
que anuncian cuando alguien va a morir.
Ningún consuelo, eso quiero darte,
para hacer visible tu necesidad de otro
para que te vean dolerte, partirte en pedazos y se sepa
y te sepulten, te lloren, te perdonen
aunque a nadie salve tu muerte,
el viento aleje tu nombre, todo sea casi igual.
Hay demasiado peso en tu sombra
y yo quiero curarte, lenta, con mi saliva…
Quiero restablecerte la balanza aún sin par
murmurarte que no hace falta,
que no hace falta morir así.
 


Desaparecido sur
(fragmentos)
 
 
2.
 
Quisiera desatar el nudo de plomo
que traigo en la garganta
y echarme a llorar largo
la reciente nostalgia que te tengo,
comerme el hambre enorme
de tu cuerpo ahora de tierra
y rendirme a la urgencia de amarte de otro modo.
Deberías ver cómo se enredó el vino con la pena
tu muerte con la espera
tu cuerpo con mi espíritu de polvo
tu alma y mi afán efímero de vida.
Nadie me dijo que tu muerte
(sigiloso vuelo alborotado)
se nos vendría así:
devolviéndonos la nuestra.
 
 
 
10.
 
En este sueño sólo hay ruidos.
Botas que corren gradas arriba.
Puertas, puertas
una mano que aprieta otra, la hiere
cajones, papeles, platos, todo roto
contra el piso, contra la pared, contra otro cuerpo.
Gemidos, gemidos, gemidos,
un hueso, dolor, algo roto.
Respiran agitados, golpean el muro, golpean claves
susurran ánimos,
pero un cuerpo cae tras otro
y otro tras otro
y así, no se puede despertar.
 
 
 
13.
 
La mano que escribía
que a veces repartía papelitos
quería un hijo porque no le quedaba tiempo,
arañó la nada entre las preguntas
empujó el hombro amado diciendo corre,
fue desconocida por los amigos
en los corredores del horror,
la que esposada cura a la otra, le da cariño
la que deshojaba sus dedos para contar los meses
está alambrada.
Rota de mí
esperando su cuerpo
en el fondo del mar.
 
 
De El viento de los náufragos
 


martes, 1 de octubre de 2024

JANINA CAMACHO: Poesía Actual Boliviana

 


Janina Camacho (Cochabamba, 1981) Poeta, ha publicado los poemarios Los abismados seres (2006), La cruel inventora de los desvaríos (2011) y El círculo de los navegantes (2013).



CALLAR


Como extraño lleno de vacío

corazón plagado de nada

cuerpo sin alma.

Cuando callo

cuando guardo mi dolor

en este silencio

me quedo atónita

esperando que alguna palabra

se descongele.

Cuando callo

se guarda la oscuridad

de mis ausencias.

En las piedras se guarda

la eternidad de los segundos

atrapados en un siglo extinto.

Mi voz taciturna

extraña para no repetirte

y no recordarte.-




MIRADA


Desde donde te miro

observo el luto guardado en mis ojos

te miro desde un orificio

que se abre al mundo.

Guardando silencio detrás de un muro

donde sólo caben las órbitas de los ojos

en tiempos que el mismo reloj ignora.

Te miro guardando esta voz

retenida en las esquinas de las paredes.

En esta distancia por la ausencia

encontré como decir

te extraño con los ojos.

Una mirada con los ojos callados

es una manera de no decir nada.



Los ojos son un sitio donde las vocales

se convierten en puertas

que te piden escuchar con la

oreja pegada al sonido de las lágrimas.

Te miro en el verbo que es

arrasado por el tiempo.-




AMANEZCO CON PEQUEÑAS PALABRAS


Amanezco con pequeñas palabras

que son arrebatadas por la distancia.

El asombro de la tierra

al enredarme en el autoexilio

pronto el otoño con su universo asfixiante

y me ahogará las hojas del símbolo.

Y el planeta alza vuelo

mordiendo las últimas moléculas del viento

resumidas en llantos

mientras la lluvia inunda los ojos

en los ojos que aún te dibujan.-




RECORDARTE


Un olor incierto

recorre este instante de recuerdos

que me alcanza la vida

para pronunciar tu desnudez gitana


El luto merece recordarte

tu voz destilada

tu tez dibujando el sol


Tus inciensos

abrigan mis vacíos

y me hacen esperarte

hasta la desconocida vejez.-



***


Desenredar a la libertad y comenzar a caer

Retoñar

envolver los sentidos en un cielo vacío

evocarnos continuamente en una lápida

nueva y húmeda

posarnos cambiados

los cuerpos en una ceniza

pobre de herencia.-

 


SOY SIENDO

 

Busco en eco de tu risa

la memoria de un fulgor hermoso

 

Muy temprano salto

de lo que se iza con la melancolía

 

Cansada de ser la que espera

la que nadie ve

la que nadie quiere conocer

cierro la puerta del fatal regreso

 

Florece un altar de la que soy siendo

la que espera

 



jueves, 29 de febrero de 2024

VIVIANA GONZALES: Poesía Actual de Bolivia y México

 


Viviana Gonzales (La Paz, Bolivia, 1985). Poeta y dramaturga boliviano-mexicana. Licenciada en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid; Máster en Arte por la Universidad Complutense de Madrid y Especialista en Seguridad Internacional por la UNED y el Instituto Gutiérrez Mellado. Premio Nacional de Literatura en Poesía (Santa Cruz, Bolivia. 2019) por su poemario Hay un árbol de piedra en mi memoria. Ha sido promotora de lectura para jóvenes; ha impartido distintos talleres de literatura (FILIJ, Centro Cultural de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Secretaría de Cultura, CASUL, Ítaca, Club de Lectura de La Paz, Bolivia, Museo de Arte Contemporáneo del Sur, Lanús, Argentina y de manera independiente). Talleres como Diles que no me maten, sino que me lean; Por los caminos del Quijote, una lectura contemporánea del caballero andante han tenido varias ediciones en instituciones de México. Ha trabajado como investigadora, correctora y antologadora independiente. El 2022 ha publicado, junto a la Editorial Planeta, El espanto que nos une, antología de cuento de terror latinoamericano. Un recorrido por los cuentos de terror latinoamericanos clásicos y contemporáneos. Ha cursado talleres literarios en la UNAM, el Centro Xavier Villaurrutia, Casa Lamm; tiene un diplomado en Creación Literaria en Literaria Centro de Escritores; y otro en Literatura en Lenguas Indígenas de México con el INBAL. Ha publicado en distintas revistas nacionales e internacionales, así como en antologías. Su monólogo Yawarmanta fue elegido, en 2019, para una presentación junto a dramaturgas jóvenes en la SOGEM.  En 2020 ha publicado, junto a la editorial argentina Buenos Aires Poetry, su segundo poemario titulado Canto de un pájaro de fuego. En 2022 su poemario, Te doy el tiempo de un zapato ha sido finalista en Nueva York Poetry. Editorial Dogma (México) ha publicado este poemario en 2023 y ha sido presentado en la Feria Internacional del Libro del Zócalo en Ciudad de México. Este año también un poema suyo ha sido seleccionado por la Feria Nacional de Escritoras Mexicanas (FENALEM) y ha sido publicado en una antología de Escritoras Mexicanas Contemporáneas. En septiembre de este año ha ganado la beca de la residencia de escritura creativa de Mineral School en Seattle, Washington. El manuscrito, Mamá tiene miedo está siendo traducido al inglés por la Profesora Ilana Luna (State Arizona University) y la ilustración la trabaja la artista argentina, Florencia Troisi. Su libro Canto de un pájaro de fuego es Mención de Honor como mejor libro de poesía y su libro Hay un árbol de piedra en mi memoria es ganador con medalla de Oro, en la categoría de poesía, en el International Latino Book Award en Los Ángeles.



Historia de un vuelo, un bastón y una trenza


Hemos saltado del vientre de nuestra madre o del borde de una estrella 

y vamos cayendo

Vicente Huidobro


En un vuelco de nubes celestes

hay un mar a lo lejos que yo no alcanzo a ver.

Son años de ceguera y no mar,

un soplido se desprende del tiempo.


El tiempo es –lo sabemos–

una palabra mayúscula.


Hay un hilo que brota por entre mis piernas

mientras vuelo el hilo me quiere atar a la tierra.

Mi madre y mi abuela cepillan una trenza enorme,

otra mujer la decora con guirnaldas y petunias.


Es difícil alcanzar el vuelo con el hilo que me ata,

con la vagina cerrada, entumecida y espantada.


Yo no puedo elevarme porque al miedo

nunca le ha dado la gana de soltarme.


Si ahora caigo de seguro el hilo se rompe y

el miedo saldrá corriendo

al ver la nada que soy, que me ha vuelto.


Alguno que otro llorará mi ausencia

mi madre

mi abuela 

desde el otro lado

la lluvia.


Mi hijo no tiene hilos entre sus piernas.

Hay un bastón que lo sostiene.

Puede fallar en el despegue o incluso caer como yo.

El bastón sujeta al hombre, a mi hijo.


Más tarde voy a llegar a llorar mi cortedad

y el miedo me volverá a coger vacía, 

eso le dejaré a mi hijo

mi muerte blanca y absurda

mi sexo nocturno con el miedo

mi trenza roja y omnipotente

que emerge todos los días

el monstruo que devora mi útero.


Mañana

quizás a hurtadillas

pueda volar de nuevo

libre de todo:

sin hilos

sin vientre 

sin miedo.


Tomar las tijeras de la máquina de coser de mi abuela

abrirlas 

abrirme

parir mis dolores

mis angustias

mi pasado

empaparme de hombría, sujetar un bastón 

con mis piernas y


Volar.



Atardecer con perros callejeros


Tengo trece lobos en mi espalda 

y cuarenta y ocho mariposas,

municiones suficientes para habitar la urbe,

cargamento que descargo a ras de las montañas

antes del amanecer.


No he logrado poblar espacios 

los caminos son de piedra,

dos perros me miran a lo lejos

el retrato de una niña en la casa de mi madre

sonríe 

con un árbol de navidad de fondo.


Le he dicho piedra

y me ha contestado

hombre

con los brazos en la nuca he clamado piedad

y la piedra ha vuelto a repetir

hombre.


Los perros se bañan con el agua del río 

que veo desde mi ventana,

mañana volveré a tomar mi camino

empinado

y estoy segura que me he de caer

más de una vez.


La niña de la foto no sonreirá entonces,

no lo hace desde hace varios años,

luego me llamarán y me dirán que mi madre ha muerto

antes de abrir la puerta los perros callejeros 

vendrán a olerme,

el río llevará los cuerpos,

la vista desde la cocina

de la casa de mi madre.



II


Ante esta tumba un príncipe

deja el sueño en el que todos duermen


un ternero chupa de la teta de su madre

implorando vida con cada succión.


El príncipe cuenta las ubres de la vaca 

y siente que esta noche es la última.


Desprovisto ya de su carne

siente la costilla de Eva

la acaricia


Eva petrificada en la memoria

barro y húmero

gimiendo desde la antesala vacía

la lánguida mirada del hombre y su silueta.


Ante el sepulcro y la eminente clausura del paraíso

el corazón de adán

es una espesa llama:

arde el universo.


caín y abel devoran los huesos sazonados

de su madre


la noche de la creación del mundo.




V


Él es quien se inventa a sí mismo: Dios.

Nezahualcóyotl 



dijiste la tarde

se llevó mi corazón


fue el silencio


el dolor de un náufrago

que no teme al hambre


gota del mar recogida 

desde algún ombligo


te ahogas en una la isla


No es la forma del amor.

No es la forma del destierro.

No es la forma de las llanuras del sueño.


Inocente

no sabes que en cualquier momento 

te sacará los ojos y

brindará con tu sangre en esta tierra

inhóspita


desnudo


con diez cabezas y sus bocas

abrirá tu corazón cubierto de espinas


serpientes metamorfoseadas

serán la memoria y la flecha

no esperes por seres compasivos.


Dotado de palabra te inventaste un nombre: 

Yo soy dios

dijiste;


monarca de brazos largos

intentaste amar a tu hembra diosa


¿no sentiste, no advertiste que tomabas una leona que te iba a devorar?


sábado, 26 de agosto de 2023

MELISSA SAUMA VACA: Poesía Actual de Bolivia

 


Melissa Sauma Vaca (Santa Cruz - Bolivia, 1987). Poeta y fotógrafa. Premio Nacional Noveles Escritores de la Cámara del Libro de Santa Cruz, 2017. Ha publicado Luminiscencia (2017, Editorial 3600 y 2017, Editorial Llamarada Verde) y Maneras de parar el mundo (2021, El Ángel Editor y 2022, Editorial Llamarada Verde). Cursó el Diplomado de Escritura Creativa de la UPSA y forma parte del taller de poesía Llamarada Verde.


Interludio

Crecemos con cada mirada cada palabra cada abrazo
crecemos en la duda y en la desesperanza 
en la algarabía y en la dicha también se crece
y en el miedo y en el horror y en el llanto.

Nos crecen los cabellos y las pestañas
en la noche mientras dormimos, 
y al levantarnos y sabernos vivos
sin saber hemos crecido 
un paso hacia la última parada.

Crecemos en soledad y en compañía 
– y también, 
   y no es lo mismo –
crecemos solos y acompañados.

Crecemos en el encuentro y en la distancia
en el asombro y el espanto 
en el trayecto y en la estancia
en la risa y el desamparo 

y la nostalgia nos crece una sombra azul bajo los ojos 
y a veces el amor, y a veces el olvido, nos crecen alas

y en este crecer sostenido decrecemos sin pausa
tal así que en cada alumbramiento morimos
y en cada duelo 
se nace.




Viendo llover 


He sabido de la paciencia del agua 
que talla gota a gota el cuenco en la piedra.

He esperado tantas horas
–la cabeza apoyada en las rodillas
el cuerpo hecho un recinto 
los ojos en silencio –
la palabra
–basta una, a veces–
que revele la profundidad de lo vivido.

Y he sabido también de la paciencia de la piedra 
que tantas veces presintió sobre su espalda el golpe de la gota.

Aún espero. 





Personas bajo la lluvia

Los que corren por el mito aceptado en la infancia
los que se cubren la cabeza con la lista del mercado 
o con un sobre de papel madera tamaño oficio
los que intuyen que cubrirse es inútil 
los que leen poemas bajo orondas gotas 
que resbalan deformando el libro
y dirán que las figuras que la tinta escurre
son también poesía
los que huyen de la lluvia como de cualquier cosa 
que acaso pudiera alterar el orden
los que buscan el sol en el reverso de las nubes 
y miran a contraluz esperando el arcoíris
los que siempre llevan un paraguas bajo el brazo
los que venden paraguas
los que usan impermeable aunque no llueva
los que tienen la piel impermeable
los que son lluvia
los que se quejan del clima y ponen mala cara
los que hacen como si no hubiera llovido
los que bailan
antes, durante y después de la lluvia
los que cantan
para que llueva, para que deje de llover, porque ha llovido
los que ven llover desde la galería y escriben sobre la lluvia
los que clasifican las gotas en tamaño, velocidad y frecuencia de caída
los que catalogan a las personas en situaciones de lluvia
los que escriben tratados de supervivencia a diluvios 
los que ponen música y suben el volumen a la melancolía
los que escuchan en la lluvia una música 
los que esperan que dure poco porque tienen que hacer mucho 
los que no perciben que ha llovido
hasta que el río desborda
y hay que mudarse de país
y ya no hay tiempo
para hacer maletas
o despedirse 
de los vecinos. 




Antología de abrazos 

Me gustan los abrazos que inventamos
abrazos que elevan los pies del suelo
abrazos a desnivel, abrazos delgados
en los que uno se abraza a sí mismo
 
abrazos pequeñitos, encorvados, diminutos
abrazos de ojos cerrados y brazos oblicuos
abrazos indecisos de tres golpes en la espalda 
abrazos imprevistos de arribo y despedida

abrazos intermedios
con uno o dos besos en la mejilla
abrazos que no quieren dejar de ser abrazo 
y se renuevan en cuanto terminan

abrazos de cuerpo entero
de manos sobre los hombros
de manos en la cintura
abrazos de bolero

abrazos que se cantan, que se dicen
que se escriben al pie de una carta
que se envían a través de otros brazos
y esperan largo tiempo para llegar a destino

abrazos con saltos y giros 
con inclinaciones laterales
como árboles al viento que se abrazan
abrazos que despiertan y abrazos vespertinos

abrazos que acompañan
cuando ya no está el abrazo. 




Todo en todo 


Pensar que todo está hecho de lo mismo:
de nosotros

que en el suelo que piso estarán disueltos 
los huesos de mis hijos 
cuando yo no sea más que una frase escrita 
en lo que un día fuera parte de un bosque.

Que todo cuanto existe está formado 
de una misma materia en distintas proporciones
y un pequeño ejercicio del azar es el que determina 
que la rosa sea rosa y el lince sea lince.

Que en cada átomo de mi ser está contenido 
el vacío contenido en los átomos de cualquier otra criatura
que es esa la sustancia que compartimos 
lo que nos separa y unifica. 

Que en la tierra y el agua y el aire y el fuego
está la bitácora del pasado y del futuro 
y todo lo que construimos es parte de algo que ya existe 
y seguirá existiendo cuando nos hayamos ido. 

Que no nos vamos nunca 
que seguimos transitando el fluir de la vida 
como fósil, nevado, nube o río.  



jueves, 14 de mayo de 2020

OMAR ALARCÓN: Poesía Actual de Bolivia


OMAR ALARCÓN (BOLIVIA, 1986) Es poeta y cineasta. Publicó el poemario "El corazón entrega sus muertos" (Editorial Pasanaku, 2006). Sus poemas fueron seleccionados en la antología de poetas jóvenes bolivianos "Cambio climático" (Fundación Simón I. Patiño, 2009) y en "Memoria sin espejo 15 poetas bolivianos contemporáneos" (Ladrones del tiempo, 2019). Ha publicado en revistas especializadas como Círculo de Poesía (México) y ha participado en diversos festivales nacionales e internacionales. Con su primera película "Mar Negro", obtuvo en Bolivia el Premio a Mejor Dirección (Premio Eduardo Abaroa 2018), que narra la vida y obra de Hugo Montero, el poeta que murió en el Hospital Psiquiátrico de la ciudad de Sucre.





Selección por Gladys Mendía del libro Roca Negra (Ediciones Andesgraund, 2020) 







Somos la sed
que el desierto olvida.

Testigos mudos
del polvo
y el destierro.

Las urnas
no consiguen retener
nuestras cenizas
dispersas
en el viento.










El adiós no se dibuja en la palma de la mano, no se nombra. Sin la piel es inútil recordar el viento. Cuando cerramos los ojos no morimos de lo que se pierde, morimos por no vivir. Caminamos desde siempre con un cuerpo acostumbrado al vacío. Sin embargo, tan sólo un gesto es capaz de inaugurar el aire. Amamos desde el olvido. Lo que somos, no nos basta para ser. Las orillas de nuestro cuerpo buscan la piel borrada con el tacto. Somos el adiós que no permite despedirnos. Nos marchamos sólo al cerrar con un beso la última puerta. Entonces dividimos las sonrisas en colores, los perfumes en recuerdos. Y para siempre, atravesamos el portal, con las manos vacías.








Al caminar desenterramos el mundo de sí mismo. Sin certeza, volvemos a dibujar el mapa del cielo y la silueta desconocida de nuestra sombra. Celebramos la lluvia como una nueva oportunidad para vaciarnos. La vida rebalsa de nuestros dedos. Las hortensias florecen en nuestros brazos. Por eso ya no goteamos de sed frente al espejo. Y en cada respiración, volvemos a tocar nuestro cuerpo, hecho carne.







Al cerrar los ojos volvemos a inventar la luz. Esa luz muriendo en nosotros para sacrificarse y darnos vida. Cada mañana soltamos garzas en el aire. Abrazamos árboles recordando nuestro cuerpo. Y sostenemos un gorrión herido en la palma de la mano, ofreciendo a la muerte, lo que en secreto recogemos de nosotros mismos.







  
El reflejo
de una imagen muda somos.
Una sombra
sin cuerpo.

Cada día
por nuestra casa transita
el entierro de un poeta.
Una procesión
sin muerto.

Prendemos velas
en el corazón
de un ciego.

Aquí,
habitamos juntos
una catedral sin fe.








El mar choca las rocas negras de mi pecho.
Adentro, la lluvia borra todo lo escrito.

—        Mira, los pájaros no anidan en el cielo. Cada nube
              es un dibujo que trazamos
              al azar.

Las gaviotas gritan tu nombre al amanecer:
Sus graznidos son mi propia voz que se hace espuma.








Un pañuelo es lo único que hay después de
una despedida.
Un pañuelo y una playa desierta donde
escribir mi nombre.


Silueta anónima de la tarde, yo dejo en ti un
breve aleteo para recordarle al mundo lo
efímero de este sueño.


          — Mis cabellos fueron creados por las
              mismas manos que desatan el aullido.








En mi casa, los muros de la noche son tan
altos como la esperanza.
Allí, las mujeres y los hombres bordan su ropa
de luto junto al río y esperan cada mañana el
retorno de las garzas.


En esta tierra construimos piedra a piedra una
fe que se derrumba.
Nos llaman, “los ciegos cavando un hueco en el
crepúsculo”.









El paso de los cometas nos devuelve la
confianza en nuestro viaje.


         — Los malabaristas no conocen el vértigo.
             Cuando se enamoran dejan caer sus
             cuerpos libremente al vacío.








Somos la luz cegándose a sí misma.

Una vasija encerrando la ilusión de ser
alguien.

Nuestras lágrimas caen siempre a un pecho de
piedra.

No en un huerto de flores.

Cortamos el pan sabiendo que dimos poco.

En nuestra mesa sólo nos pertenece aquello
que compartimos.











jueves, 9 de abril de 2020

CLAUDIA VACA: Poesía Actual de Bolivia


CLAUDIA VACA (Bolivia, 1984) Licenciada en Filología Hispánica (UAGRM) Publicó el poemario Versos de Agua (2008), ha participado en las antologías: Breve poesía desde Santa Cruz (2009), Como vuelan las mariposas (2013), la novela Diálogos del silencio (2017) y tiene inédito un ensayo sobre Gestión Cultural y educativa en los Barrios de Santa Cruz del 2006 al 2016. Ha desarrollado conferencias en Bolivia, Sao Paulo, Montevideo, Buenos Aires sobre gestión cultural, literatura y escritura creativa, memoria histórica desde la memoria del ciudadano, museología didáctica y educación cultural. Recientemente publicó su libro Pasaporte (Andesgraund Editores, 2019).


Selección por Gladys Mendía de Pasaporte, editado en Chile por Andesgraund (2019), en Bolivia por Grupo editorial La Hoguera.
INSTRUCCIONES PARA EL VIAJE
Leer en ayuna y en tu cama,
si no tenés una, sirve el piso de tu casa,
si no tenés casa, sirve el cielo de tu país,
si no tenés país, sirve tu conciencia despierta;
si estás durmiendo, sirve el hueco de tu estómago.
Luego: respirá profundo                sumergiendo
las urgencias
si encontrás la esperanza en el pasaporte
rompela junto a las fronteras de tu cuerpo 
quemá todo en las llamas de Saint Germain
evocá a tus ancestros 
junto al mito de Pandora
viajá con la raíz del tiempo
[al unísono en el eco en tus pensamientos]
caminá la desobediencia civil de Thoreau
finalmente:
hacé tu propio alfabeto de ciudadanía.
ÉXODO
Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo.
Johne Donne.
Huye natura de las personas
marchan las personas de natura
corren los sobrevivientes
marchan los soldados
caminan los reyes
saltan las ranas
arrastra el cocodrilo
los peces en el agua
sangra el cultivo
acecha la sequía en la tierra
el humo inunda el cielo
migra el campo a la ciudad
transmigra el país al continente
transmuta el mundo al cosmos
 [código de barra en tu pasaje]
registran tus pupilas dilatadas
buscando la tierra promet – ida.