miércoles, 24 de noviembre de 2021

MARIANA LIBERTAD: Poesía Actual Venezolana

 


Mariana Libertad Suárez (Caracas, Venezuela 1974). Poeta, narradora y académica. Autora de diversas publicaciones en torno a la escritura de mujeres latinoamericanas entre las que destacan: Sin cadenas, ni misterios: representaciones y autorrepresentaciones de la intelectual venezolana 1936- 1948 (Premio Internacional de ensayo Mariano Picón Salas, 2008); La loca inconfirmable: apropiaciones feministas de Manuela Sáenz (Premio literario Casa de las Américas- categoría Estudios sobre la mujer, 2014); y Éramos muchas: mujeres que narraron la Revolución mexicana (Mención honrosa en el X Certamen internacional de literatura Sor Juana Inés de la Cruz, 2019). Entre sus publicaciones literarias están los poemarios: Oscura bisagra (2017), El libro de los destinos (2019), La naturaleza química de las emanaciones (2020) y (Ad)herencias: tratado sobre la mujeritud (2020). 



KILAUEA


Eres escudo blando.

Sin aspaviento expulsas tus ardores,

se elevan y en lo alto

transmutan mis temores

en un río que contiene tus olores. 


Veo fluir el magma

que se convertirá en lago fogoso

lo veo bajar, en calma,  

hirviente y pegajoso

por las sagaces curvas del reposo.  


De pronto, todo cesa,

la colada serena se suspende

me erijo juglaresa

de la erupción reciente

de ese dulce emanar incandescente.




DECLARACIÓN DE FE


Anochecía en un sofá 

del nuevo continente.

Nunca comprendí cómo llegaba tu imagen

ni por qué me dediqué a beber nostalgias, 

de esa suavidad perfecta 

que, desde siempre, 

recubre las durezas de tu alma.


También comenzabas a extrañar.

Inmersa en reverberos, cada palabra 

cruzó mares y ríos y océanos y dunas de arena impúdica, 

como aquellas que acogieron tu tiesura en silencio.


Dunas encenagadas, durezas afectas, palabras punzantes y voces inmateriales

rodaron tanto y tanto que dieron a luz

una multiplicidad de nuevos seres

hora luna, hora roca, hora montículo de grava parda,

testimonio de una inserción distante

encuentro desollado, a la sombra del cimiente

Y sucedió:

conseguimos encender la mañana de un primero de enero.



TRAS LA TORMENTA

Reconozcámonos 

y dispersémonos en las divergencias 

de nuestras convicciones 

en el resultado de los juicios más categóricos 


en nuestra efusión perenne 

y dediquémonos, pues, a defender causas perdidas.




URÓBOROS

El señor de los vientos remonta

y tú regresas


El hijo de Enki, iracundo, contesta

y tú regresas


Ninurta se transforma en el dueño de Asiria

y tú regresas


El polvo y el moho ocultan tu nombre esculpido en las tablillas celestiales.

La nimiedad de un rayo tembloroso asciende amedrentado 

desde una isla sin dueño,


resplandece el abrazo que creíamos secreto

y tú regresas.




DEPORTACIÓN


Mi casa es este cuerpo,

este par de colmillos

buscando a quien cazar.


Me alimento de arañas, caracolas y grillos.


Habito el entramado de tu falda

como una escolopendra, 

sueño con ver llegar lo que ya tuve.


Enroscada,

espero 

que me mires, 

me sonrías,

me acaricies el rostro, 


y, en un gesto piadoso, me aniquiles.




ÉXODO


Estallamos, 

solo quedaron

once mesas 

diez ciudades 

seis países

dieciocho llamadas de año nuevo

(cero abrazos)

una súplica dirigida a Achelois.


Una esperanza remota (pero nuestra) de que Aqueloo se hiciera navegable

veintiocho pupilas dilatadas 

cincuenta y seis suspiros que no oímos, 

seis retazos de sueño/s en los que volvemos a habitar la misma casa. 




COLLATERAL DAMAGE


Vivimos en el río decrecido que expulsó de su cauce aquellas naves,

en la petrificación de la esperanza, 

en la tierra reseca inamovible,

en el estómago del tiempo que, inocente, nos devoró creyéndonos sus hijos.


En el risco arrojado, en la roca expelida.


Somos las amargas secreciones de un Titán. 




EXCORIACIÓN

Con las plantas llagadas, veo cómo el valor se transforma en blasfemia; 

la ternura, en absurdo; 

las lanas imperiales, en jirones sangrantes; 

Aracne, en una bordadora timorata; 

las ramas de cenízaro, en el arma predilecta de los torturadores. 


Con el empeine a punto de llorar, acepto la cándida inocencia de los zarzales y la inevitable letalidad de las astillas que se clavan 

en aquellos que erran con los pies 

en carne viva.




PISIGA 


Al no encontrar ayuda médica, la mujer tomó a la niña y cruzó a pie unos tres kilómetros por la frontera hasta el poblado chileno de Colchane donde médicos atendieron a la menor.

AGENCIA AFP DE NOTICIAS



Paola, 

Oruga peludita,

me arrodillo a tus pies,

casi me arrastro,

y junto a mí, 

está la humanidad que más importa,

temblando de dolor y de vergüenza.


Paola,

Oruga peludita,

el miedo

y ese tránsito en el que,

sin saber, te viste envuelta, 

tenían cien mil cabezas,


Y Iolao,

desguarnecido y débil, 

no pudo contener tanta impiedad.


- Paola, oruga peludita,

Inocente y amable,

¿dejas que te cante una canción

de despedida?

¿el arrullo que debiste recibir?

¿escuchas la sonaja?

¿el juguete que no te regalaron?-


No merezco respuesta, bien lo sé


Ya no estás en tu cuerpo,

tu patria ya no existe,

tu entierro fue en el límite de la ignominia,

donde los espejismos nos devoran,

ya no tienes sonrisas ni lágrimas ni sueños,


por eso va mi súplica, 

Oruga peludita,  

déjame que te cante, te acaricie y te cuide,

aunque en la soledad de cada noche, 

sepa que es imposible tu perdón.



EL ARTE DE CAZAR


En las fábulas de Esopo se asume que las hienas un año son hembras y otro son machos, que cada once meses mutan sin remedio. Mito que Esopo aprovecha para enunciar la idea de que, si una hiena macho penetra con violencia y contra su voluntad a una hembra, lo mismo le harán a él convertido en ella el año siguiente.


Alberto Ruy Sánchez




Supe de tu dolor, hiena con faldas, 

pero ellos solo escucharon 

la risa horripilante 

que te hacía mucho más temible de lo que eras. 


El día que te vieron morir,

temblaron 

o rieron con más estridencia que tú, 

pero ninguno consiguió probar tu carne.


No naciste para satisfacer apetitos ajenos 

ni para escuchar cómo otros debatían.

Llegaste al mundo para engendrar creaturas hermosas: 

humanas que gestaron monstruos, 

etéreas que engulleron la injusticia,

grandilocuentes que nos adiestraron 

en el arte de cazar. 


“¡Mamífero feliforme que no sabe procurarse su propio alimento!”, 

“¡cleptoparásita!”,

“integrante de una minúscula familia de carnívoros”. 

“Peluda, manchada, ¿cómo puedes cometer la osadía

de aliarte con otras parecidas a ti 

y salir a cazar?”.


“¿Cómo?, 

¿a quién?,

¿a quién se le puede ocurrir que has aprendido 

a buscar tus presas, 

y a espantar leopardos y leones?”.


“¿Cómo es eso de que sabes abastecerte?, 

¿por qué las mayorías tendrían derecho a gobernarse?, 

¿por qué una cuadrúpeda de pelambre opaco reclama autonomía?”.


Ni riqueza ni belleza, venerada crocuta. 

Querías ser digna, por eso, a dentelladas y machacando huesos, 

con aullidos y ladridos, 

espantaste a los competidores. 



Hoy, las hienas nos seguimos carcajeando 

como nos enseñaste a hacerlo. 

También vestimos faldas, 

botas de tacón alto

y comemos a pedazos

borregos,

lagartos,

ñus,

gamuzas,

antílopes y

serpientes

cada vez que alguien pretende obligarnos 

a volver sobre tus pasos. 



RESIDENTE DE LA VERDAD


That man over there says that women need to be helped into carriages, and lifted over ditches, and to have the best place everywhere. Nobody ever helps me into carriages, or over mud-puddles, or gives me any best place! And ain't I a woman? Look at me! Look at my arm! I have ploughed and planted, and gathered into barns, and no man could head me! And ain't I a woman?


Sojourner Truth

(abolicionista estadounidense)



Sí,

sí eres una mujer,

sí que lo eres.


Te he visto cultivar infinitas hectáreas

de alimentos ajenos y criar animales

para que otros los mastiquen con sus muelas frente a tu cara.

Te he visto parir trece veces.

Veintiséis pies quedos,

veintiséis manos que labrarían reciamente los dominios del patrón.

Doscientos sesenta dedos para dejar sus huellas

en el suelo arenoso de una tierra

que jamás les podrá pertenecer.


Te vi limpiar las heces de los hijos de extraños,

nunca las de los tuyos;

te vi cruzar millares de zanjas sin pedir ayuda

y, al final, usaste las leyes de los blancos en su contra,

aunque pocos pudieran comprenderlo.


Sí,

sí eres una mujer,

sí que lo eres.


Una mujer que supo llegar

a la hierática comarca donde naceríamos

las descendientes de las esclavas

un siglo después de tu muerte.


Te vi avanzar, residente de la verdad, 

te vi callosa, agotada, endurecida. Y nunca dudé,

ni por un breve instante,

de que podías no ser

una mujer.




COMO LOS ANIMALES


Si te sueño a lo lejos así, como los animales 

Con los ojos abiertos y húmedos, como los animales 

Y te araño en mitad de la noche, sin miedo a las marcas, 

Y te lamo, te aspiro y succiono como los animales. 

Y formulo un deseo mugriento que sabe a uvas rancias 

Y te veo y entiendo que sí, que es posible tenerte 

en la alfombra que salva tu paso del andar mundano. 

Ese grito que aflora de mí toma un nombre propio 

porque hoy yo no quiero placer y olvidarme de todo 

porque hoy solo quiero parir 

como los animales.




jueves, 18 de noviembre de 2021

ELISA DÍAZ CASTELO: Poesía Actual de México

 


Elisa Díaz Castelo (Ciudad de México, 1986) Autora de Proyecto Manhattan (Antílope, 2021), ganadora del Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2020 por El reino de lo no lineal, del Premio Nacional de Poesía Alonso Vidal 2017 por Principia y del Premio Bellas Artes de Traducción Literaria 2019 por Cielo nocturno con heridas de fuego, de Ocean Vuong. Con el apoyo de las becas Fulbright-COMEXUS y Goldwater, cursó una maestría en Creative Writing (Poetry) en la Universidad de Nueva York (2013-2015). Ganó primer lugar en el premio Poetry International del 2016, el segundo lugar del premio Literal Latté 2015 y quedó entre los semifinalistas del premio Tupelo Quarterly 2016. Poemas suyos aparecen en Letras Libres, Nexos, Hispamérica, La Revista de la Universidad, Tierra Adentro, Este País, y Periódico de Poesía, entre otras, han sido incluidos en la  antología de poetas jóvenes españoles y mexicanos Fuego de dos fraguas, en la antología Voces Nuevas 2017 de la Editorial Torremozas y en la antología Liberoamérica (España). Ha sido becaria del programa Jóvenes Creadores del FONCA en los periodos 2015-2016, 2018-2019 y de la Fundación Para las Letras Mexicanas (2016-2017, 2017-2018). En 2018 fue seleccionada como una de las dos poetas jóvenes de América Latina invitadas al Festival Internacional de Poesía que se celebra en Trois Rivières. 




Acta de defunción

Sabemos dónde acaba la vida: arritmia
palidez respiración sin rumbo 
danza de instrumentos últimos auxilios
y el corazón una caja de metal
    que se hunde en el océano. A las 22 horas 
45 minutos exactamente.
Fibrilación paro respiratorio. 
El oleaje de las sábanas       contra el costado
  la colcha continente de escarpadas montañas 
el camisón blanco levantado hasta arriba
    una soga al cuello
     los párpados anudados sobre los ojos. 
Podemos decir Aquí
empezaron los latidos a dialogar con la sombra.
Aquí acabó tu vida. 
Aquí el corazón oscureció
hora y minuto cerrándose por última vez.
Mapeamos tu muerte con nuestra sangre profunda
como una astilla caliente.
Para
detener nuestro asombro  
para recordar respirar. Marcamos 
tu muerte con su momento dado referimos los datos  
de fallecida y fallecimiento                                 hora y minuto
como se escriben las coordenadas 
de una tierra fantástica una isla 
a la deriva  
atamos un hilo al momento de tu muerte 
y fuimos hacia adentro de nuestros días. 
                                Como si se pudiera
regresar.
Adentro de tu cuerpo ya era afuera
 la sangre se te quedaba quieta. 
El corazón había perdido su gravedad. 
Y me prometiste no morir. Vivir 
es prometer no morir amar es. 
Todo el tiempo cumplimos la ruptura de nuestras promesas. 
No dijiste que no morirías   
pero tomaste mi mano y dibujamos juntas 
caminamos en el parque y leímos
los nombres de los árboles. 
En el instante de tu muerte 
cientos de pájaros se estamparon contra el vidrio 
sus cuerpos redundantes de sangre.
En el instante de tu muerte 
se doblaron las cucharas en la cocina 
y se cortó la leche. 
El gato dejó un canario muerto a mis pies. 
Por suerte se encuentran asentados 
los datos de la finada:     lugar
del fallecimiento
destino
del cadáver:
inhumación.  
En el instante de tu muerte 
me miró el Jesús que tenías colgado en la escalera. 
Las conchas que coleccionabas empezaron a sangrar sal. 
Masaje cardiaco paro respiratorio. Midriasis.  
El reloj de la sala se detuvo.
Y sabemos 
exactamente dónde      en cuál sitio del tiempo
       en qué momento del espacio moriste. 
Si despertamos un día con la duda
podemos de esa forma despejarla. 

(De Principia, Tierra Adentro 2018)


Escala de Richter

Si hay que medirlo todo, también esto. La destrucción es menor si se comparte. Ordenar incluso y sobre todo áreas de sombra. Darle forma al desastre, cifras que lo sujeten. Ésta es la magnitud local de mi tragedia.

2.5 Sólo se percibe en pisos altos. Estamos en el penúltimo piso de tu vida mirando para afuera. Los huesos de nuestras caras son ventanas. El pasado es presente que se desdice. Si cierras los ojos y miras hacia el sol, comienza el color rojo. El pasado no tiene nombre, empieza en silencio en algún sitio. El temblor a veces es tan tenue que no lo perciben los humanos. 

3.5 Tiemblan los vidrios, se mecen las lámparas del techo. Los ciegos prenden las luces de sus casas. En las aulas de la universidad entran bocanadas de pájaros grises y cantan el amanecer a media tarde. El pasado sucede en algún sitio. Por eso es mejor cerrar siempre las ventanas. Nos vemos todos los viernes. Amueblo mi cuerpo con tus palabras. Sabemos entonces algunas cosas, pero no las necesarias. Buscamos contoros en las cuarteaduras de los edificios. Caminamos por las calles de Chimalistac. Nuestras sombras se tocan, desfiguradas, en el empedrado. Usaré sílabas para medir la pérdida. 

4.5 Los perros callejeros se lanzan a las avenidas. Empieza el interior en algún sitio. Cerramos firmemente las cortinas. Nos desvestimos lento y sin tocarnos en lados opuestos de la cama. En la madrugada, un loco entra  al motel y golpea durante horas nuestra puerta. Empieza el interior en este sitio. Me olvido de mis manos mientras duermes. Cambia la habitación, la miro atravesar la noche rodeada por la luz de la ciudad. El silencio no existe. Crujen los vidrios como los dientes de un viejo. No hay viento, sólo los perros atropellados que ladran en las coordenadas grises de la ciudad a medias. Alguien dice que todo el dolor es rojo.

5.5 Caen algunos árboles, algunos destrozos. Suenan las alarmas de los automóviles. Se mueren del susto uno o dos ancianos. Los ríos, también los entubados, cambian de dirección. Los gatos blancos desaparecen. El sonido del mundo comienza a dislocarse. Hablamos pero mis palabras no te tocan. Se rompe el concreto de grandes avenidas, los vidrios revientan de un golpe de vista. Salimos a la calle, atravesamos ejes, nos detenemos en puentes peatonales. Tu sombra tiembla en su estanque. A veces tu mano roza la mía. Yo también camino toda la noche. Los minutos se cuartean. Los sitios se desarman, los perros dejan sus cuerpos desmadejados en las calles. Los semáforos se detienen en rojo. Serpentean los cables gruesos de los puentes. Empieza en mi epicentro el fin del mundo. El final es la primera certidumbre. 

6.5 Daños, derrumbamientos. Ya no hay hacia dónde empujar el cuerpo. La destrucción es menos si se dice exactamente cuánta. Hundimiento de postes. Dejo la piel en prenda. Durante horas miro el movimiento del sol en un paso a desnivel. Quiero medir el último día del mundo. El planeta intercambia órbitas con su gemelo negro. 

7.5 Destrucción total de la ciudad. Levantamiento de la corteza terrestre. La piedra desbordada. Ladrillos cansados de sostener su peso tanto tiempo. Se mece la colonia como una embarcación a la deriva. Truenan las tuberías bajo la tierra, se liberan los ríos. Se desarman los edificios. La ciudad cabalga a pelo sobre sus escombros. Es una flota de navíos sobre un mar adusto y escarpado. Cae el cascajo como una parvada muerta en pleno vuelo, un manojo de sombras bien cuajadas. Luego no vuelvo a verte, poco a poco, se me rompe tu nombre de la boca. No es posible decir el momento de la pérdida. Sólo el instante previo, el subsecuente. El epicentro es el lugar donde lo sólido olvida sus cimientos. Se anula la geometría perfecta de los muros. Empieza en el centro de mi cuerpo el derrumbe, soy la ciudad rasgada, que se quiebra. Llegan a mi boca pájaros oscurecidos por su miedo. 

8.5 Los insomnes concilian el sueño, los sonámbulos comen sal a cucharadas. Sus madres matan cachorros con la escopeta negra. Cantan los gallos sin cabeza. Se acaba el pasado en ese sitio. Los sastres vomitan hilos plateados.  


La escala de Richter es abierta. No tiene límite la magnitud.

(De Principia, Tierra Adentro 2018)


Lázaro I

Vine a morir un día de alta mar en Aruba
con las aletas y el esnórquel puestos. 
Supe que me moría. No hay peor dolor 
que el miedo, hay que decirlo. 
Por lo demás, no pude despedirme. Ni siquiera
del cuerpo. De pronto siempre es tarde. 
Quise gritar pero el agua me calló la boca. 
Desde entonces en un oído escucho, 
aunque esté en el desierto, oleaje del Caribe. 
Y hasta mi nombre, Celso, 
se me ha salado un poco.

Quiero decir dos cosas. Primero:
todos los ahogados en el mar mueren de sed. 
Punto y aparte. El tiempo, allá mismo, 
en el anverso, es pura orfebrería. 
Me levanté del cuerpo 
como un niño aletargado de su cama
y me miré desde arriba mecido en el oleaje.
Supe entonces que somos tan ligeros: 
pesamos menos que el agua salada. 

Me distraigo. Eran dos cosas
que quería decirles. Primero:
la muerte es multitud. Desde arriba
pude mirar, extraña aparición, 
a los demás ahogados,
todos ahí, devueltos a su muerte, 
acróbatas del agua y del respiro, 
llevados por la lengua ávida del mar. 
Cada uno una y otra vez, durante siglos, 
atravesado por el acto siempre ajeno de morir,
empedernidos en su muerte o resignados, 
pero todos muriendo, hay que decirlo, 
con la muerte en cuello, 
rebosando su sal en los bolsillos. Entonces
soy uno de ellos, casi,
soy por poco alimento, tibio todavía,
y me pregunto: ¿qué pez se comerá mi corazón?

Pero no me morí 
lo suficiente: mi nombre, Celso, 
se me volvió a la boca
y el albedrío de mi cuerpo quiso. Dos cosas, 
sólo dos, quiero decirles: cada quien tiene el suyo 
pero mi dios es esa agua tibia iluminada.               

(De El reino de lo no lineal, 2020)
 


Orfelia se pone la piyama 

Olvido para qué me sirve el cuerpo. 
Se ha cerrado sobre sí mismo y hace mucho 
que no soy, casi, nadie. En otras palabras,
duermo hasta volver
a mi virginidad. Duermo tanto. Todas 
mis cicatrices duermen también. 
Dejo entrar todo lo que se aleja y no sé 
mirar hacia adelante. Mírame. Esto 
es lo que el tacto puede hacer. 
Aprendo cosas nuevas: a caminar lento,
a respirar adrede, a masticar veinte veces.
Cubro cada árbol con el recuerdo de las hojas.  
Hago listas de reproducción 
para que los muertos se desvelen con mi sombra. 
Me hago vieja. Lo tengo aquí conmigo. A mi cuerpo. 
Es extraño llevarlo a todas partes: un niño 
pequeño en brazos. Un muerto. Pensar que no 
se quedó contigo esa última noche. 
Levantaste un poco mi blusa y preguntaste:
¿puedo quitarte esto? Como si hubiéramos vuelto
a recién conocernos, desandados nuestros cuerpos 
por la despedida hasta el anonimato. Tal vez 
de tanto y tanto tocarnos nos borramos. Nos borramos.

(De El reino de lo no lineal, 2020)



miércoles, 17 de noviembre de 2021

NAIDA SAAVEDRA: Narrativa Actual de Venezuela




Naida Saavedra (Venezuela, 1979) Es escritora de ficción, crítica literaria y docente. Ha publicado Vos no viste que no lloré por vos (El perro y la rana, 2009), Última inocencia (SEd Ebook, 2013), Hábitat (2013) y Vestier y otras miserias (Verbum, 2015). Su ultimo libro de cuentos, Desordenadas fue publicado por SEd en 2019. La investigación de Saavedra aborda los temas de identidad, migración y redes sociales en la literatura latinx contemporánea. En 2019, junto a Amrita Das, editó Ecos urbanos: Literatura contemporánea en español en Estados Unidos, número 15 de la revista Hostos Review. En su libro, #NewLatinoBoom: cartografía de la narrativa en español de EE UU (El BeiSMan PrESs, 2020) Saavedra estudia el movimiento literario en español del siglo XXI propio de Estados Unidos. Vive en Massachusetts, donde es investigadora y profesora de Worcester State University.




Memoria prestada


El semáforo en rojo.
Un flashback que nunca vivió.
Acero oxidado en las manos mientras se trepa a la Bestia. El pelo enmarañado por los días que lleva sin lavarlo. Las medias tan sucias como los zapatos. La garganta seca.
No llueve; eso es bueno. Todavía tiene la cola para amarrarse el pelo. Eso también es bueno. Aún le queda un pedazo de pan. Eso es más que bueno. Agarra la manito que la acompaña y se sienta en pleno metal con el bolso apretado por los muslos. Hay tesoros allí adentro. El número de teléfono de su tía. La foto de su madre.
Un recuerdo que no le pertenece.
La manito es morena, el brazo está requemado por el sol, la manga de camisa roída es azul. No logra percibir la cabeza ni el cuello que la sostiene y que se conecta al brazo requemado y la manito morena. Hasta allí llega la imagen. 
La luz intermitente; puede seguir adelante.
-Ay, profe, si no le gusta que le cuente estas cosas está bien. Es que a veces no tengo con quién hablar.
El viento la cachetea, el sol la ciega por instantes. Tiene que evadir las ramas de los árboles de ese tramo traicionero. Ahí se cayeron dos. Los oyó golpearse con el metal. Los oyó gritar hasta que no los oyó más. Siente la manito, allí está; no la suelta ni un segundo. La aprieta.
El semáforo en rojo de nuevo.
Una memoria que no es suya.
El rostro de la madre comienza a dibujarse, pero sin contornos. Solo hay una silueta que a los pocos segundos se desparrama sobre el piso de la sala. Caen las balas. La sangre rueda. Las lágrimas también. Siente la brisa que le hace remolinos en el pelo mientras corre a casa de la abuela a buscar pan y fruta. La manito agarrada. El llanto silente. 
-Yo no puedo volver a El Salvador, profe. Allá se murió mi mamá. Si regreso me muero yo también. No me puedo morir, me necesita el chiquito.
El motor se apaga. Las luces también. La llave se acomoda en la mano.
Una remembranza creada por palabras ajenas que le han prestado.
Entra a la casa y abraza a sus hijas. Los ojos llenos de dulzura. Inocencia, alegría, sonrisas. No hay posibilidad de que los flashbacks vengan de su propia historia. Están seguras. Si esa memoria fuera suya, nadie la recordaría porque nadie la habría contado; la manito no tendría piel. No habría durado en la Bestia ni un día, ni con el pan, ni con el acero oxidado. 




martes, 12 de octubre de 2021

ANTONIO DI BIANCO: Poesía Actual de Italia

 


Antonio Di Bianco (Polistena, Italia 1993) Licenciado en psicología clínica, por la universidad “N.Cusano” de Roma. Habla cuatro idiomas y escribe desde los 16 años. Autor de poemas, artículos periodísticos, letras de canciones y ocasionalmente cuentos. Ha sido publicado en Venezuela, Italia, Colombia, México, Argentina, Brasil, República de San Marino y España.

IG: https://www.instagram.com/anthonyd.whites/

FB: https://www.facebook.com/antonello.dibianco.7/



Seré libre

Libre,
libre.
Mientras me marcho de puntillas,        
de la caótica desolación de mi ciudad.
De estas calles resbaladizas llenas de lágrimas.
De los barrios,
que hablan de una vida,           
que habría querido coserme de otra manera.
Déjame libre,
Libre para ir.    
Más fuerte que el viento contra la copa de los árboles.
Incluso en la magia de la noche llena de pensamientos.
Sube hasta el cielo.
Entre la tenue luz de las farolas.           
Déjame ir suavemente
mientras todo lo que tengo dentro,     
emerge de los abismos.           
Como el vuelo de una mariposa hacia el oxígeno.         
Estoy cansado de vivir como a los demás les gustaría.   
Que me juzguen también         
porque            
quiero ser libre, libre para amar.          
No tengo más tiempo  
Porque tengo prisa por ser quien soy.  
Y no sufriré más.          
Caminaré entre la gente,          
sosteniendo tu mano con fuerza.         
Orgulloso de lo que he hecho.  
De todos los billetes de avión y los caminos emprendidos.       
Para correr hacia ti      
más rápido que la luz.  
Y encontrarme a mí mismo en cada rincón del mundo.
Demostrándome que a pesar de todo  
puedo ser feliz
Quiero bailar aunque falle todos los pasos       
no importa si alboroto mi alma.           
Quiero ser libre,          
libre para salir del letargo,       
del miedo a no poder decir
que las cosas del amor
son simples.
Quiero ser libre,
de no ser amigo del espejo.      
Libre, libre
como el cielo infinito.  
Perdido en el azul de mil alas más brillantes que el sol.

Seré libre, libre para respirar    
lejos de mi pequeña habitación,
y mentes aplastadas.
De las voces que corren           
y que no hacen más daño.       
Estaré listo,     
llenaré las mismas fuerzas
con las que he nacido
encontraré mis propias bellezas del corazón.   
Sin caer jamás.
seré libre, libre
de sentirme bien.

Te he buscado

Te he buscado, cuánto te he buscado,
en las noches vivas de Sevilla, 
en la magia de San Francisco,
en los colores de Ámsterdam,
en las calles de Londres.
Te he buscado volviendo a casa,
y te he buscado yéndome. 
He cambiado de forma y de idioma,
para encontrarte donde no creía que estuvieses.
He rezado por encontrarte,
me he perdido por las cosas del mundo,
para que te pudieses cruzar conmigo.
Pero tú no estabas. 
Estaba agradecido por tu ausencia y me marché.
Cada día,
cada noche,
cada amanecer,
cada pensamiento es para ti,
estoy listo,
para amarte.
Corres

Tristeza

Las palabras están cansadas

la sonrisa está apagada,

los ojos se llenan de lluvia,

apatía,

inútil,

muerta.

El viento ya no traerá felicidad a las tierras de mi destino;

el pasado romperá contra la barrera del tiempo,

Me desvanezco.

Me disolveré de un mundo que no me pertenece,

eso no cambiará.

Errores inútiles que ocultan la verdad al corazón,

que agotado ha dejado de latir,

los labios no emiten gemidos,

 ríos transparentes fluyen de los ojos,

 el alma llora en silencio resignándose a lo que no volverá.

 Los ángeles intentan quitar la melancolía

que ha invadido cada rincón de la mente,

oscureciendo toda la racionalidad.

El remordimiento es fuerte,

El dolor insoportable.

Ira,

miedo,

disgusto.

La mente deambula en busca de un objetivo que pueda tranquilizarla.

Pero él se resigna a lo que no volverá.

Los labios no emiten gemidos.

La tristeza transpira de todas partes.

Los ojos están llenos de lluvia,

debido a un mundo que hace enloquecer a la felicidad.

La luna de Barranquilla


Una noche iré a buscarte
porque ya no serás tú.
Me verás venir desde lejos
lo suficientemente rápido como para mezclarme con la luna.
Una noche dejarás de soñar conmigo,
porque estaré justo ahí, frente a ti,
y entonces tomarás mi mano
porque ya no serás tú.
Tal vez pensarás que es un sueño,
pero será solo la luna.
Esta luna de Barranquilla
que me ha acunado tanto,
porque es mi misma luna.
Llena de secretos,
revelará la verdad de mi amor
y tú entonces las creerás.
Porque ya no serás tú.
Y yo que te he amado tanto,
con ese amor tan fuerte,
típico de películas.
Y yo que vengo de la nada,
como un volcán,
te he dado todo mi corazón,
todo mi amor,
toda mi alma,
todo de todo de mí.
Me quedaré ahí contigo, bajo la luna.
Como un guerrero que lanza el hacha,  
seguir siendo lo que es.
Me quedaré bajo la luna contigo,
todas las veces,
que la vida te traerá de nuevo a mí.
O todo el tiempo
que llenaré el espacio dentro de tu corazón.
Y sucederá, porque te conozco.        
Tu solo buscas esa luna
y estaré contigo
con todo mi amor.     
Siempre tuyo.
Busca siempre,          
esa misma luna de Barranquilla.



lunes, 11 de octubre de 2021

CECILIA ORTIZ: Poesía Actual de Venezuela

 




Cecilia Ortiz (San Casimiro, Venezuela, 1951). Licenciada en Letras (UCV). Ha publicado los poemarios: Trébol de la memoria (1978); La pasión errante (1986); Autorretrato (1993); Naturaleza inventada (2000); Entremarino (2006); Daños espirituales (2007); Trébol. Antología Poética (2008); La espera imposible (2016); La edad de la templanza (2018).

Selección por Gladys Mendía


De La espera imposible (2016)


Conozco el mecanismo
de la poesía
las líneas
vienen al paso
se fracturan
la metáfora
da el esplendor
la página en blanco
es apenas un punto
incandescente
el milagro




Mi puño de metal
sobre la página en blanco
El deseo de alcanzar la escritura
Para ser vencida por su voz
Deleitarme
con las metáforas
Embriagar ese cuerpo vacío
que ya se nutre
con lo que quiero decir
Sale airoso
Demencial violento tierno




Mañana
armaré una alharaca
porque escribí
Mañana
aturdiré a todos
con mi aire especial
Después quedaré muda
llena de miedos
Atrapada en la cotidianidad




Vivir en el latido de un poema
albergar su sombra delirante
que aguarda y protege los sentidos
Vivir en su agua seca cristalina
Si no hay manera de decir adiós
el poema lo dice
Es la única forma de proteger al poeta
que vive en su ensueño delirante
Y sólo acusa presencia bien activa
con sus palabras bellas y sentidas



Rituales

Esconder el lápiz
Ver las manos sacando
hilo del aire para la costura
Fumar desesperadamente
Apresurarse antes
de terminar la fiesta
Guardar el cuaderno
y todo rastro
Despejarse y olvidar



Cautiverio

No puedo salir más de la casa
respeto la sombra
sólo hay tiempo para la poesía
riega la abundancia interior
florezco
y el perfume queda para después





De La edad de la templanza (2018)


El silencio de los paraguas
Paseo por el bosque
de un poema
Con el perfil solitario
de los transeúntes
La ciudad me mira
con recelo
Busco pasos andados
y celebro lo que tengo
Avizoro regalos en las certezas
Me pregunto
Cuándo saldré del embeleso
La fortuna de quedarme
en un solo tiempo




El carrusel
Un juego radiante
encarna el carrusel
de los encuentros
El mismo centro
donde la felicidad
comienza
La fuerza de los espejismos
Y en el aire siempre
los delirios




Pronto llegará la hora del descanso
y el ensueño
me liberaré el cuerpo
descansaré en ese bullicio
de ratones ensalmados
que saldrán a buscarme
para la fiesta del dormir




Si no se da una cosa
por venir
se da otra cosa
por placer
Se vuelve a la guerra
para quedar en paz





jueves, 7 de octubre de 2021

KIRA KARIAKIN: Poesía Actual de Venezuela

 


Kira Kariakin (Caracas, Venezuela 1966) Es comunicadora social y editora. Es co-fundadora y organizadora del Jamming Poético. Ha publicado los poemarios Nuevos Arbitrios (Taller editorial El pez soluble, 2011), En medio del blanco (OT Editores, 2014), El sol de la ceguera (OT editores 2020). Entre las antologías y compilaciones donde están incluido poemas y relatos se encuentran: Escribir afuera: Cuentos de intemperies y querencias (Kálathos, 2021), Noch bleibt uns das Haus – Aún nos queda la casa (Hochroth Heidelberg, Alemania 2018), Resistir, Antología de poesía latinoamericana (Allpamanda y Écrits de Forges, Francia 2019), Nubes. Poesía hispanoamericana (Pre-textos, España 2019), Dossier Antología de poetas venezolanas (142 Revista Cultural, España 2019), Miradas y palabras sobre Caracas, para bien o para mal. (Una Sampablera por Caracas, Venezuela 2013), y en las plaquettes Mermelada para llevar 1 y 2 (Jamming poético, Venezuela 2011). Poemas, cuentos y crónicas de su autoría se encuentran en distintas publicaciones digitales. Poemas suyos han sido traducidos al inglés, francés, ruso, gallego y alemán. Lleva el blog k-minos desde el 2001. Co-editó las antologías: 102 poetas Jamming (OT editores, 2014), Cien mujeres contra la violencia de género (Fundavag, 2015), y El puente es la Palabra – Antología de poetas venezolanos en la diáspora (Cáritas de Venezuela, 2019).

Selección por Gladys Mendía de En medio del blanco (2014)


Nuevos Arbitrios 

Tengo expectativas

soterradas

rostros de gente nueva

se suceden con el pasar de los días 

otras energías

otros nombres

no sé si me acompañan 

o drenan

no sé si me dan

o amarran 

ese no saber me indispone 

tengo la compulsión de la huida 

mis pies se disuelven

la voz intenta un grito 

quiere matar mis ahogos 

me quedo en el punto 

de la imposibilidad

a la espera

de nuevos arbitrios 





Pregunté a los oráculos

y obtuve verdades imposibles 

los horizontes transpuestos 

extinguieron la guía vertical 

todo estuvo sujeto 

a un juego de dados 

su baile 

recorre mi piel 

interminable 




¿How did I get here? 

          Gerald Stern 


Recuerdo los pasos dados 

asoman visiones sobresaltadas 

emociones restringidas 

hay algo de vida ya 

desecho los escándalos 

en el bote de lo nimio 

lo trascendente es ahora 

una taza de té 

música

un libro 

no necesito más 

para estar en casa 

la errancia me regaló

el aprecio por momentos 

exactos 

me despojó del cilicio 

de las circunstancias 





No sé escribir otros cantos 

no sé irradiar otros versos 

las palabras son libres

de un yugo que no sostengo 

vienen de atrás 

de donde no veo 

vienen del origen 

y de lo oscuro 

donde los deseos 

nacen sin saberse

y llueven erizados 

sobre la piel dormida 





El poema se revela 

para decirme

para saber lo que debo 

pero me traiciona 

cuando tú lo lees 

y te ataja

y te invade 

y entonces     te dice 

y entonces     sabes 

que el poema vive solo 





No sé si renunciar 

si voltear

y sólo ver la crudeza 

de lo cierto 

será que me condeno 

difícil nivelar la realidad 

sin alcanzar lo deseado 

las dudas embaten


las concilio en una sola pregunta 

que me derrota 




miércoles, 6 de octubre de 2021

POESÍA ACTUAL DE VENEZUELA: Carmen Verde Arocha

 






Carmen Verde Arocha (Caracas, 1967). Poeta, editora, profesora universitaria. Licenciada en Letras (UCAB). Editora-fundadora de la Editorial Eclepsidra desde 1994. Tesista de la Maestría de Historia de Venezuela de la UCAB. Profesora de la Universidad Metropolitana y de la Universidad Católica Andrés Bello.  Ha publicado en poesía: Cuira (1997, 1998). Magdalena en Ginebra (México, 1997), Amentia (Premio Contraloría General de la República, 1999), Mieles (2003). Mieles Poesía reunida (2005), En el jardín de Kori (2015); Canción gótica (2017); en ensayo:  Cómo editar y publicar un libro.  El dilema del autor (2013-2017). El quejido trágico en Herrera Luque (1992). Junto con Rafael Arráiz Lucca hizo la selección y prólogo de las antologías: Juan Liscano. Poesía selecta (1939-2000) (España, 2016), Juan Liscano. Ensayos (1949-1997) (Caracas, 2017). En entrevistas: Rafael Arráiz Lucca: de la vocación al compromiso. Diálogo con Carmen Verde Arocha (2019).  Sus poemas han sido traducidos al inglés, alemán, italiano, francés, portugués y se encuentran publicados en antologías de poesía publicadas en Venezuela y en el extranjero. Ha participado en encuentros y festivales nacionales e internacionales de literatura en México, Argentina, Rumania, Colombia, España, Austria, entre otros. 



El sueño de los no nacidos

Los obreros llegaron con el olor de la tierra.
Ella logró reunirlos a todos
y les pidió
que la ayudaran levantar el río.

El agua se suspende con hombres.

Ella encuentra unos fragmentos de una carta
de su bisabuelo.
Camina con cuidado, no quiere despertar
a las mujeres embarazadas que sueñan.

Todo es rápido.
El río pasa y comienza a gotearles a los hombres
por los brazos.

Apúrate en cualquier momento el río
se nos va a resbalar de las manos.

Nos apresuramos demasiado.
La música se toca en pares.
Pronto llegaría el autobús que nos llevará a la fiesta.

Ese día fue más largo que otros.
Los obreros sostuvieron al río por unos minutos.
Todas estábamos pendientes
de que no se enamorara de ellos.

Seguíamos con los deseos de adivinar
lo que viento decía.

Hay estrechos corredores, mucho frío,
y las almas de quienes vienen a la tierra.

Las mujeres traen hachas y palas,
tratan de no molestar a los bachacos
ni lastimar a los que comparten la miel.
Ellas quieren conquistar a la primera
que hace miles de años fue escondida bajo la tierra.

Hallar los huesos.

Los muertos se van volviendo más jóvenes,
hasta nacer de nuevo.
Entonces, nos pusimos a pulir las piedras
y las hojas de los árboles con aceite de uvas.



Ese día descubrimos,
debajo del río
que las almas de los aún no nacidos duermen.



Del libro Mieles. Editorial Binev, 2003




Canto para un cocodrilo

[Primera versión]

Por un atajo el deseo se transforma 
Tú vienes hacia mí
como un tren sobre el mar
con un íntimo sagrado anhelo 
   
Me dueles 
Cocodrilo

Los árboles por doquier
nuestras manos recogen 
flores de manzanilla

Nos sentamos juntos a mirar el Bucare

Aprieto los labios
Te escucho muda    

Cocodrilo 
acaricias los rizos de mi cabeza
los disimulo bien al peinarme
Llueve detrás del mar 
La tierra sigue abriendo mi boca   
Por eso llueve


Del libro Canción gótica. Gisela Cappellin ediciones, 2018



miércoles, 27 de enero de 2021

POESÍA ACTUAL DE VENEZUELA: Clara E. Briceño Zappacosta

 



Clara E. Briceño Zappacosta (Venezuela - 1992). Estudió Artes en la Universidad Central de Venezuela. Vive en París desde el 2016, donde realizó una Maestría de Literatura Comparada y una Maestría de edición literaria y audiovisual en la Universidad Sorbonne. Traduce poesía latinoamericana. Recientemente colaboró en las revistas Chevet Magazine y Fracas. En el 2020 trabajó como correctora en la edición del libro French Unpublished Poems & Facsimile 1958-1960, de Miyó Vestrini, (Trad. Patrick Durguin, Ed. Faride Mereb) publicado por Kenning Editions y Ediciones Letra muerta. Actualmente lleva el proyecto digital poemas sin casa, un refugio de poemas inéditos, sin techo, de escritores latinoamericanos, y trabaja en varios proyectos de poesía. El mar escribe sentencias es su último poemario inédito.  @claraelisabz


De El mar escribe sentencias (inédito)




Hay un fuego que se retiene
entre un idioma y otro
falta de tilde ~
Traicionar a la lengua también es  
quedarse sin techo.





Construyó su propia tumba 
con papel.

Viva y breve 
lanzó los libros al piso.

Las esquinas del ataúd 
estaban hechas de repisas.
      Almohada partitura.

Y  allá camina 
 claros ojos que nunca tuve.

Aire.
Quedaba la ventana de un estante 
para ver tu rostro 
y verla a ella.


Sin su voz lisa
te dije, no lo hagas
y te dije 
vete con ella 
en una lengua ajena

para empezar a llenar la última repisa 
para sellar la última ventana. 

Ahogada
me dio la espalda contigo.
Ahora siempre me conjugan en pasado.

Hice de mi tumba lo que quise 
un cuarto lleno de papel. 

Con mis ojos 
la tierra
y la tumba 
siempre propicias.
 
A lo que se muere por dentro 
no se salva 
se entierra escribiendo.

Ahora
solo
solo pared 
solo papel 
solo en-tierra 
esa muerte.





Son las 5 o las 7 
quizá las 8 de la noche. 
No hay libro ni pantalla ni canción ni comida. 
Y las manos se riegan en la cabeza
las uñas se ensucian 
llenándose de vacío.

Hurgas hasta dar con la nube. 

Son las 10 de la noche. 
Algo pasa, la letra ahora está más choreta 
y el gato sigue en la ventana. 

Olvídate de la compañía 
de una montaña, de Venecia o Tel Aviv.
Él, ha sido el único que
a pesar el rasguño 
insiste.






Mi estancia es temporal 
donde sea que esté 
pasajera
tengo horarios para cada sitio 
se repiten mientras duermo 
han estado buscando una salida.

Y ya no quedan adoquines de alabastro 
ni el invento de algún mármol 
solo falsos mausoleos para los días 
solo miedos que revolver con una cuchara vacía
porque hace años que no se le echa azúcar al café.

Huidiza
me escurro 
no porque quiera
se me acaban las horas.

Vuelta tumba
sarcófago para recalcitrar palabras
la casa me hunde.

Y ahí viene
hay que volver a recoger los peroles
pintar las paredes
esconder la tierra debajo de la alfombra.

Y volverá a sonar alguna alarma 
para decir lo suficiente:
tu en cualquier lugar
tu en cualquier estancia 
tu en cualquier cuerpo 
tu en cualquier palabra
tu 
tu
tu
y las sobras.


***

Mi espacio tiene dos superficies, sin intermedios.
Están, la del colchón y la del piso. 
Las dos se extienden entre mis piernas  
me acuesto 
ya no en la cama 
sino en el piso. 
Las cosas se mezclan
y aunque se siga escribiendo por la noche 
en el piso o en la cama
ya las manos no dan para la piel.
 




martes, 12 de enero de 2021

OMAR PIMIENTA: Poesía Mexicana Actual



OMAR PIMIENTA (Tijuana, 1978). Licenciatura en estudios latinoamericanos. Escritor y artista interdisciplinario. Su trabajo aborda cuestionamientos de identidad, transnacionalidad, poéticas de emergencia, espacio y memoria. En 2008 recibió una beca de la University of California Institute for Research in the Arts para la pieza Welcome to Colonia Libertad. Ha ganado el X Premio Internacional de Poesía Emilio Prados, del Centro Cultural Generación del 27 (Málaga, España), por su tercer libro Escribo desde aquí. Su trabajo como artista visual ha sido expuesto en el Museo J. Paul Getty, Los Ángeles; Museo de Arte Contemporáneo de San Diego; Centro Cultural de España en Buenos Aires; Freie Universitat de Berlín; espacio alternativo Taller 7, en Medellín; Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca; y distintos foros de la Ciudad de México, entre otros. Su más reciente libro (cuentos) se titula Té (2019, RIL editores España).

Selección por Gladys Mendía de Escribo desde aquí (2010) X Premio Internacional de Poesía Emilio Prados

Escribo desde aquí:
una casa de madera vieja
un teclado sucio
en La Libertad
con 30 años
Granola mi esposa
Beca mi perra
el futuro

escribo desde allá:
la casa de cemento que construyó Don Marcos
los hermanos
La misma Libertad
algunas fotos
el pasado

escribo desde acullá: (siempre he pensado que no existe esta palabra)
Granola                      su migraña      el frío
el teclado sucio                      inexorable
Tere Carlos y Marcos en sus cuartos
don Marcos y doña Sara en su pueblo lejano
esta ciudad de paso
la casa de madera caliente
Beca lamiendo mi barba
el tiempo de golpe a los ojos
calle 10 calle 7 y el mundo escondido entre números


luz atrapada en las imágenes que dan a luz un hijo muerto
el pasado viendo por la ventana
a otra ventana
escribo.

El único recuerdo que tengo de mi abuela Julia es el de mi madre
los granos de maíz eran los dados de la suerte
pares o nones dependiendo del color del hambre

sé que la abuela Julia caminaba apoyada en una silla
golpiza que le dio el abuelo Benito: poeta del pueblo
su pobreza era grande y no cabía en el mundo: murió la abuela

Sara tenía doce años dos hermanos menores un padre alcohólico
un futuro en el norte la piel en los huesos poemas por escribir

ya en La Libertad ella quitaba los granos de maíz uno a uno
con la paciencia que da el recuerdo
me enseñaba su puño cerrado y preguntaba: ¿pares o nones?
si yo atinaba comía de su mano         si no    comía ella

esto jugaba con tu abuela Julia          mijo
ella hacía trampa para que yo ganara siempre

hoy      desde aquí       recuerdo          el dulce sabor de los granos tiernos
el amargo de los quemados y las manos arrugadas de doña Sara
como ella seguramente recordaba el hambre.

He aquí que soy poeta y mi oficio es arder
EFRAIN BARTOLOMÉ

Doña Sara fue pobre toda su vida
circunstancialmente pobre en ciertas ocasiones
inhumanamente pobre en otras

nos dejó una foto de estudio a cada uno de sus hijos
bailó sólo dos veces en su vida le encantaban los zapatos

supongo que amó a mi padre sé que amaba su jardín

escribió poemas a su casa      a su familia
a su pueblo     a su calle en la Libertad
a sus plantas   a su muerte
decía que eran simples pensamientos
imagino que creía que la poesía venía de otra parte
se le daba a otra gente brotaba en mejores jardines
como si no fuera el sufrimiento abono suficiente

para hacer crecer      combustible suficiente para incendiar
el árbol que divide el pensamiento del poema

cuando Doña Sara murió tenía la boca reventada en fuegos
la palidez de una hoja en blanco
yo sé que escogió una a una sus últimas palabras
no sé qué tanto dolían
qué tanto el ritmo cardiaco dictó su orden
si tan sólo los poetas la hubieran visto

el cáncer se la comió por dentro
Don Marcos y los cuatro hijos pedimos prestado
un lugar en el panteón y dinero para el entierro.