Mostrando entradas con la etiqueta Poesía Cubana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Poesía Cubana. Mostrar todas las entradas

sábado, 18 de octubre de 2025

YULEISY CRUZ LEZCANO: Poesía Cubano-italiana

Yuleisy Cruz Lezcano nació en Cuba (1973) y posee ciudadanía italiana. Desde 1992 reside en Marzabotto, en la provincia de Bolonia. Es poeta, escritora, ensayista, periodista y activista comprometida con la defensa de los derechos de los trabajadores y la lucha contra la violencia de género. En su labor educativa, promueve modelos relacionales innovadores y utiliza el caviardage como herramienta pedagógica en escuelas, con el objetivo de transformar lo negativo en positivo. Coordina laboratorios creativos orientados al crecimiento personal y colectivo.Colabora activamente con periódicos nacionales italianos, en los que publica artículos sobre temas sociales, educativos y de actualidad. Su voz literaria y compromiso social se entrelazan en una obra extensa y reconocida tanto en Italia como en el extranjero. Su trabajo gira en torno a temas de identidad, migración, feminismo, translingüismo y la experiencia intercultural de la mujer inmigrante. Forma parte de la redacción de distintos fanzine y blogs italianos, y colabora con revistas literarias españolas e hispanoamericanas, en las que publica tanto artículos propios como traducciones de autores italianos, con el objetivo de difundir la poesía italiana a nivel internacional. Ha escrito 18 libros.


Restos que respiran


Son los restos, sombras vivas,

ecos que el tiempo no consume,

fragmentos de un cuerpo ausente,

huellas de un suspiro antiguo.

En la sequedad de la forma,

sin dientes, sin aliento,

alguien llama a un ángel dormido,

a una madre que cruza umbrales.

La mirada, ese faro tenue,

pregunta en la penumbra,

se esfuma en el aire denso,

regresa al secreto sin nombre.

Sobre la madera dormida,

la chaqueta suspendida en el olvido,

el sombrero, custodio silente,

la caligrafía, un rastro de alma.

En esos restos inanimados,

habita el pulso de lo eterno,

el hálito que no se rinde,

la sombra que aún respira.



La casa detenida


El televisor apagado,

el piano cerrado,

las persianas inexistentes,

el mundo afuera.

Cajones sellados,

recuerdos atrincherados,

hojas escritas con una pluma

que aún deja huella en el tiempo.

Puertas sin luz,

marcos que encierran cuadros,

ecos de miradas inmóviles

en paredes que guardan secretos.

El gas apagado,

la cocina impecable,

la espuma de afeitar intacta,

las cuchillas en el cajón,

el espejo ya no refleja.

Todo está detenido

en un silencio que pesa

el espacio donde el tiempo

se ha olvidado de pasar.



Fábula bajo la piel


Dicen que es silencio este río

que se esconde sin descanso,

un murmullo bajo tierra

que sueña con la mañana.

Algo late y mueve la  raíz ciega

que presiente sin mirar.

Un  brote se forma

en la sombra vegetal.

La espera no es muerte:

es semilla que respira,

cuerpo que se retrae

para volver a la vida.

Los latidos se hacen gotas,

las palabras, bruma densa.

Todo calla, todo danza

en la música suspensa.

Bajo el pecho, un corazón

de barro se modela,

los dedos que no tocan

ya presienten la marea.

La memoria se arremolina

como gas en la corriente,

dibuja piel y sangre

de lo que aún no se siente.

Somos fábula que vuelve, 

eco leve entre los huesos,

una historia no contada

que se escribe en los regresos.



Entre sombras y luces


En el silencio silencio,

se mueve un río y no cesa,

latidos que son gotas,

susurros,  la piel recuerda.

Hay un secreto antiguo,

un pulso que se despliega lento,

una raíz que siente antes que vea,

un tiempo que se dobla en amor.

La espera, abierta ausencia

en la semilla bajo la tierra,

es la voz que se esconde

para aprender su nombre.

En cada paso dormido,

en cada luz que titila,

se escribe la historia del cuerpo

que respira en una hoja que cae,

y con su caída nos habla.



El inicio invisible


Mientras te decía

hoy empieza todo,

el ojo del sol

se deshacía en el horizonte,

pero aún rozaba

con su fiebre de sed y miedo

el gesto suspendido,

la pausa muda,

la hoja detenida

en el aire del decir.

El temblor persistía

en mi trazo oblicuo,

como si la palabra

no bastara

para sostener

lo que ardía entre líneas.

La luz partía,

pero su rastro caía

como una herida suave

sobre el instante que no termina.



La espalda del humo


Desde la brasa caída

una luciérnaga sin voluntad

 surgió tu sentencia:

 “basta de hablar de los muertos”

 como si la palabra fuera conjuro,

 y el silencio, una frontera.

Ahora que eres tierra

y bruma que no arde,

tu voz habita los pliegues

de lo que no digo.

Cavas surcos

en los márgenes del verso.

Un reloj sin manecillas respira

la lentitud del polvo en suspensión,

y cada objeto guarda un temblor,

un nombre que no se pronuncia.

Dijiste:

basta de hablar de los muertos

y ahora

tus palabras viven

en lo que no digo.

Tu silencio

se ha sembrado

en los márgenes del poema,

crece donde la voz

se quiebra.



Luz como pan


Hoy la luz

tiene el color del pan,

y no tengo prisa

por devorar el día.

Salgo del yo que duele,

me disuelvo en el borde

de una palabra herida,

dejo que el verso hable

con su voz quebrada.

Todo lo demás

puede esperar:

las noticias,

la taza sucia,

la urgencia que empuja.

El poema respira despacio,

como un pecho cansado,

como un pan recién horneado

que no se debe cortar aún.

Dejo que el silencio

me alimente.




viernes, 27 de junio de 2025

SERGIO GARCÍA ZAMORA: Poesía Actual Cubana


SERGIO GARCÍA ZAMORA (Cuba, 1986). Licenciado en Filología Hispánica. Autor de numerosos poemarios, entre los que destacan: Resurrección del cisne (Premio «Rubén Darío», Fondo Editorial del Instituto Nicaragüense de Cultura, 2016); El frío de vivir (Premio «Loewe» a la Creación Joven, Visor Libros, 2017; Premio de la Crítica Literaria en Cuba, 2da edición Editorial Capiro, 2018); Diario del buen recluso (Premio «Gabriel Celaya», Editorial Erein, 2017); La canción del crucificado (Premio «Blas de Otero» de Majadahonda, Sonámbulos Ediciones, 2018); Los uniformes (Premio «Jorge Manrique», Ediciones Cálamo, 2019) y Los conspiradores (Premio «Juan Alcaide», Editorial Verbum, 2020). Fundador del Grupo Literario La estrella en germen.

De su libro Informe del alucinado; ganador del Premio Internacional de Poesía “Nicolás Hierro” (España, 2023).


EL ALUCINADO

Madre, voy a enloquecer, pero regreso. ¿Qué te preocupa más: cuánto demoro en enloquecer o cuánto demoro en regresar de la locura? El viaje es en tren, en avión, en barco; tren y avión y barco dentro de mí, astronave y submarino dentro de mí. El viaje sucede dentro de mí mientras pedaleo mi bicicleta de cartero por el pueblo. Pasaré por las estaciones y los puertos a recoger al muchacho loco de cada pueblo. Sus madres me los encargarán como a niños. Que no les pase nada, me piden, que no vuelvan lúcidos. Y entiendo a las madres como a mi madre, porque de tanto cuidar la locura de sus hijos, no sabrían ya cuidar de la cordura de sus hijos. Los veo subir y sonreírme. Se levantan el sombrero como se levantan la tapa de los sesos. Debajo del sombrero es primavera, algunos lucen un nido con pichones; otros, mariposas y manzanas. Nunca hay dos locos iguales, aunque sean la locura. Suben mis compañeros de viaje con sus maletas. En la maleta llevan dos camisas de fuerza para cambiarse si se manchan con el café envenenado. Jugaremos a la guerra como los soldados juegan a estar locos. Todos los días vencemos en el frente, pero no se anuncia en los periódicos. Todos los días sobrevivimos a nosotros. Madre, voy a enloquecer, pero regreso. No te preocupes, madre mía, que soy el capitán de este regimiento.


EL INQUILINO

Toda la noche un balanceo. Dios en el sillón de las constelaciones, estrellas como avellanas crujen bajo el arco, se hacen polvo, qué almendra la luz de estrellas muertas, qué almendra amarga para la boca dulce de Dios y de la amada.

Toda la noche un balanceo. La Vía Láctea acuna sus planetas, se duerme cargada de hijos, cantan las lunas, oyen los muertos la música de las esferas, se arrullan los cuerpos en sus órbitas, pero el sol no parpadea ni contando planetas.

Toda la noche un balanceo. El tiempo, debe ser el tiempo, su péndulo universal, su rueda de piedra, su rueda de molino que mueve y remueve el mismo, su noria sonora y eterna.

Toda la noche un balanceo. El insomne interroga al vaivén de la memoria como a un bote que golpea ola tras ola el muelle, atado como el caballo a un poste de sombra. Es eso: el balancín de la infancia, caballito de madera, hecho de un bote roto, de un remo quebrado contra la espalda de la muerte.

Toda la noche un balanceo en el piso de arriba. Pero de pronto silencio. Quedó una quebradura en el aire, sin ritmo ni palabra. Un silencio de estrella fija que se devora a sí misma, que se suplanta a sí misma en su fijeza. Un silencio como la extinción del universo, un silencio fuera del tiempo, un silencio hecho hombre, no sobre la faz de las aguas, sino en la orilla. Un silencio que no me deja dormir, dormir, dormir. Ni a los otros los deja despertar.


ARENGA AL POETA FUTURO

¡Poetas que vendrán!

Walt Whitman

I

Los antologadores sabrán cosecharme. No labraron ni sembraron, pero nadie podrá negarles ese agosto. Cortarán los versos y separarán el trigo de la paja. Harán su pan con mis poemas. Ese alimento estará en boca de otros. De otros muchos o de algunos pocos, ya qué importa. Tú y yo fuimos como el sol y la lluvia: hicimos crecer lo que había en nosotros. Los antologadores buscarán un molde para la masa. Y pondrán sal. Solo pido a esos buenos panaderos que no dejen demasiado tiempo mi alma en el horno.

II

En mí han ocurrido revoluciones que solo yo he presenciado, pero no sabría decir qué ha cambiado. Mi vanidad instaura su dictadura. La revolución que soy se vuelve la represión que no soy. Y comienzo a perseguirme, a encarcelarme, a torturarme, a morir sin delatar a los otros que vendrán. Otros vendrán, estoy seguro. Entonces llegará la senectud del país que soy. Y otra vez seré un niño. Los niños nada saben de política, sino de amor.

III

A ti que sabrás si gané o si he perdido: un hombre hace una pregunta al universo, pero jamás se queda para escuchar la respuesta. A ti, oscuro hermano, yo te encargo la voz de las estrellas. Mi tarea es preocuparme por lo que todavía no existe, pero que resulta más real que mi existencia. Porque respiras sin respirar yo respiro. Y el corazón vuelve al corazón. Todo lo hago pensando en el instante donde nunca estaré, pero con la certeza de que tú no faltarás.


viernes, 13 de junio de 2025

WHIGMAN MONTOYA DELER: Poesía Cubana Actual

 


Whigman Montoya Deler, 1973, Santiago de Cuba, Cuba. Licenciado en Letras por la Universidad de Oriente. Cuba. 2000. Master en Estudios Cubanos y del Caribe. Universidad de Oriente. 2006. Ha sido profesor de español como lengua Extranjera por más de 14 años en la Universidad de Ciencias Médicas de Santiago de Cuba, la Universidad de La Habana y Tianjin Foreign Studies University, Tianjin, China donde además impartió Literatura Española y Latinoamericana. Además, fue profesor de Historia de la Cultura de Iberoamérica y el Caribe en la Facultad de Español como Lengua Extranjera de la Universidad de La Habana. (FENHI). Se dedica a la investigación en la enseñanza del español como Lengua Extranjera y al tema de la mujer en la Cuba Republicana. Ha publicado el libro titulado El Lyceum y Lawn Tennis Club: su huella en la cultura cubana, 2017 Uno&Otros ediciones y los poemarios El oscuro bosque de mis manos, 2019 Ediciones Laponia y Nudo gordiano 2021 Ediciones Laponia y la segunda edición ampliada del El Lyceum y Lawn Tennis Club: su huella en la cultura cubana, 2022 Ediciones Laponia. Recientemente acaba de salir su tercer poemario Los cantos de Samael, 2024. Ha publicado sus trabajos en diversas revistas digitales y en la antología poética Impertinencia de las moscas, Miami y la antología para temas LGBTQ Orgullo e identidad, auspiciada por la Revista Cardenal. Es editor y codirector junto a Jorge Venereo Tamayo de Ediciones Laponia LLC Huston, Texas. 


El Toro de Falaris

Debemos ser dos para ser cuerno  
toros o bueyes.
Da lo mismo girar alrededor del molino
andar sobre el barro
llevar la carga
tener “limitaciones” en cuanto a doma:
no aprender a caminar hacia atrás es requisito para la 
/negación.
Hay que estar hasta los huevos, y no tenerlos, para salir al ruedo. 
Hay que tener semen en el frontal para el día del embiste.                                                                           
Allá ellos: los cérvidos y sus cuernas en días de mudanza
                    y los Falaris.


Desollamiento

Lo malo y lo aberrante se desplaza   
la carne desprovista de ropaje             
me dicen que por eso soy salvaje        
yo soy un ser humano, de mi casa.       
No sabe la persona que me abraza     
que quita capa a capa con su mimo       
que soy como una puerta, me reprimo   
y con tiras de pieles me decoro.         
De mí mismo las heces como el oro    
yo cargo en mi indigesta mi racimo.



La pera de la angustia

Si el mundo fuera diferente
si no hubiese esa gran manivela, ese artilugio 
el Behemot devorador de gramíneas  
no habríamos terminado en esta angustia fálica
obligados, a golpes, a desenroscarle los tornillos al silencio
a entregar la tinta nombrada en cada hoja   
luego ver el tormento de sombra perseguir al cuerpo. 
Pero a pesar de todo: 
de la pera, del lenguaje y el fuego en nuestras manos
convivimos con nuestra casa: cuerpo hueco.   
Sobrevivimos sin importar cuan humillante sea la falta
sin ni siquiera pensar llevarnos a la boca ni un pétalo de loto   
o nadie recordará lo que pasamos.



Péndulo

Cómo mírate por encima del hombro si me duele. 
Yo también tuve parto de brazos a mi espalda
y camino izquierdo hacia la muerte.
Cómo encogerme de hombros frente al afecto
sólo lo haría para no dar respuestas
o frente a mi propia y atada indiferencia.
Si todos hubiéramos podido arrimar hombros
el efecto de separar lo unido hubiera sido más llevadero.
Dos minutos y medio cuentan: 
no estamos en París sino en Cayena.
¡Yo que calafateaba barcos, esclavo de tus besos
hacía nudos y llevaba brazaletes empalmados
a la virginidad de las mujeres!
Pero ahora soy como un Flamen Dialis
impronunciable como la palabra cadáver 
o carne cruda.


Cinturón de San Erasmo

Con cada movimiento me lacera 
respiro lo preciso; limitado 
ceñido a mi cintura lo has atado
verdugo, tú el gusano de la Era.
Estoy determinado en una esfera 
ya nadie nos protege, nos desunen
que igual a un Ouroborus nos vacunen
tatuándonos la piel: la culebrilla
el hombro romperá la jeringuilla
los malos se trasmutan, se reúnen.





miércoles, 26 de junio de 2024

WALDO LEYVA: Poesía Actual de Cuba

 


Waldo Leyva. Poeta, ensayista, narrador y periodista cubano. Remedios, Villa Clara, Cuba, 1943. Ha ejercido la docencia universitaria como profesor de Estética y de Literatura Cubana e Hispanoamericana, y el periodismo como fundador y director de revistas culturales, entre las que pueden señalarse: Del Caribe y Letras Cubanas. Es graduado de actuación y dirección teatral; ha escrito obras dramáticas y fue director-fundador del teatro universitario de la Universidad de Oriente. Entre sus obras se encuentran: De la ciudad y sus héroes (1974), Desde el este de Angola (1976), La distancia y el tiempo (Antología, 2002). Sus poemas han sido traducidos a varios idiomas y forman parte de diversas antologías de la poesía cubana e hispanoamericana. En el año 2010 recibió el X Premio Casa de América de Poesía Americana.

Selección de Gladys Mendía.


ASONANCIA DEL TIEMPO

        Y solo contra el mundo levantó en una estaca
                Su propio corazón, el único que tuvo
                                                                                Juan Gelman

 

Si ya no estoy cuando resulte todo,
cuando el tiempo en que vivo ya no exista,
cuando otros se pregunten si la vida
es el triunfo del hombre, o es tan solo
un perenne comienzo, un grito sordo,
el rasguño en la piedra, la porfía
inútil del abismo, pues la cima
puede llamarse altura porque hay fondo.
Cuando todo resulte, sólo quiero
que alguien recuerde que al fuego puse
mi corazón, el único que tuve,
que yo también fui “hombre de mi tiempo”,
que dudé, que confié, que tuve miedo
y defendí mi sueño cuanto pude.

 


El inocente ojo del antílope

 

Un tigre salta de la piedra.
Vuela un ave que ignora la angustia del vacío.
Ciego es el pez, su pupila es el agua
y muere herido por el aire.
La lombriz puede ser reina de la altura
y deshacerse el árbol
en el vientre insaciable del insecto.
A la cruz del comienzo clavado sigue el hombre.
Sangra. Puede ver aún el rostro de los otros.
Ni dios, ni ventanas azules,
ni el inocente ojo del antílope.

  

Agradezco la noche

 

Aquí estoy, nuevamente amanecido,
dispuesto a soportar hasta que vuelva
la noche irremediable.
Cuento los días y me resulta eterno
el tiempo que supongo me separa
del silencio sin ruido.
Estoy como en un pozo
pero viendo la luz solo en el agua.
En un sitio del mundo
comenzará otra guerra
y vencerán los muertos a los muertos.
De aquello que fue el rostro del amigo
queda sólo una mancha, un tatuaje
que ha dejado la máscara en la piel.
¿Quién le cortó los hilos a la rueca?
¿Quién me dejó sin calles, sin laguna
con una puerta sólo hacia la infancia,
hacia el agua del pozo?
Aquí estoy, nuevamente amanecido,
ha sonado el teléfono,
comienza la ciudad su ruido informe,
y siguen los semáforos en rojo.

 


La distancia y el tiempo

 

Tú estás en el portal, apenas has nacido
caminas hacia el mar y cuando llegas:
tienes el pelo blanco y la mirada torpe.
Desde la costa se ven las tejas rojas de la casa.
Si quieres regresar, ya no es posible;
a medida que avanzas se borran los caminos.
Tu camisa de niño aún está húmeda
y veleta de abril en el cordel
indica para siempre la dirección del viento.
Qué gastadas las uñas,
qué frágil la memoria,
qué viejo tu zapato por la arena.

 


MONÓLOGO FINAL
 

La oscuridad tiene tu olor,
mi olor,
y ese otro perfume
que nace de la piel
cuando se juntan nuestros cuerpos.
Cierra los ojos.
Toca mi cara.
Tus dedos borrarán la sombra,
no importa que sea de noche,
no importa que desconozcas
el rostro que tendré al amanecer.
Cada segundo puede ser toda la vida.
Mañana mi piel estará seca,
o deshecha en el aire
o será un verde germinal
o un rojo efímero,
pero ahora las yemas de tus dedos
tienen toda la luz.
Perdono al porvenir.
Las trampas que he tendido
tienen la misma inocencia
del juego de la alquimia.
Para el hombre no existe otro destino
que el manantial inédito.
Toca mi rostro,
sálvalo en la memoria de tus manos.

 


EL OTRO Y EL QUE HABLA
 
Sé que dentro de mí hay otro ser,
alguien que exige heridas, desgarrones,
que tiene la impaciencia del cuchillo,
la obstinación del plomo, la sed de la metralla.
Desconozco ese ser que prefiere la noche, los rincones.
Desde niño me asalta. Cuando toco un metal
me empuja hacia la sangre.
He buscado en los días de mi infancia
alguna relación con el cuchillo, con la muerte violenta;
he practicado el odio hasta la angustia
pero soy incapaz, nací de otra madera.
Esa pugna entre el otro y el que habla
¿hasta cuándo será? ¿Podré negar mi mano eternamente?
¿Permaneceré ciego a su llamado?
¿Acaso soy yo mismo, un nonato que vive y envejece?
Dentro de mí habita un ser remoto, oscuro,
que se muestra impasible mientras alguien me ataca
y exige, sin embargo, que agreda a los que quiero.

 


DEFINITIVAMENTE JUEVES

Quiero que el veintiuno de agosto
del año dos mil diez,
a las seis de la tarde como es hoy,
pases desnuda atravesando el cuarto
y preguntes por mí.
Si estoy, pregunta, y si no existo,
o si me he extraviado en algún lugar de la casa,
de la ciudad, del mundo,
pregunta igual, alguien responderá.
El primero de enero del año dos mil uno será lunes
pero el veintiuno de agosto de la fecha indicada
tiene que ser definitivamente jueves
y el calor, como hoy, agotará las ganas de vivir.
Las calles serán las mismas para entonces,
los flamboyanes de efe y trece seguirán floreciendo,
muchos amigos no estarán
y el tiempo habrá pasado por la historia de la casa,
de la ciudad, de mi país, del mundo.
Quiero que el veintiuno de agosto, al despertar,
prepares la piel
el corazón
las ganas de vivir.






domingo, 15 de octubre de 2023

KETTY BLANCO: Poesía Actual de Cuba

 



Ketty Blanco Zaldiva, (Guáimaro, 1984) Poeta y narradora. Licenciada en Ciencias de la Religión, por el ISECRE (La Habana, 2012). Graduada del Curso Nacional de Técnicas Narrativas “Onelio Jorge Cardoso” (La Habana, 2005). Ha obtenido, entre otros premios y reconocimientos: Primer Premio en el Concurso Nacional de Poesía “Regino Pedroso” (Cuba, 2009). Primer Premio en el Concurso Internacional de Minicuentos “El Dinosaurio” (Cuba, 2010). Primer Premio en el Concurso Nacional de Cuento “Ernest Hemingway” (Cuba, 2010). Beca de Novela "Fronesis" (Cuba, 2015). Finalista del Concurso Internacional "El Mejor Poema del Mundo" (España, 2016). Premio de Poesía "PortusPatris" (Cuba, 2016). Premio en el Concurso Internacional de Poesía “Abriendo Puertas” (Cuba 2016). Beca de literatura infantil “La noche” (Cuba 2016). Publicada en antologías y revistas, dentro y fuera de Cuba, parte de su obra ha sido traducida al inglés, italiano, esloveno, croata, japonés, chino mandarín y portugués. Tiene publicado “Quién anda ahí”, (Poesía, Editorial Polibea, España 2019) y “Caído del cielo” (Cuento infantil ilustrado, Ediciones Valnera, España 2023).

Selección de Gladys Mendía



Cebollas moradas


Él no puede dejar de sangrar,

entonces corre a la cocina

y corta cebollas.

Ella come dulces

hasta que el azúcar se vuelve vértigo,

se esconde para cortar

cebollas.

Ante estas ganas de matar,

corto los bulbos en trozos muy delgados.

Miro el filo del cuchillo. El agua corre.



Days like these


Tendida estoy en el piso

entre cajas, montones de cajas,

desaliñada, flaca y más vieja,

creyéndome la gran protagonista

a la que nadie predijo esta grandeza.

Ratones caminan por encima

y debajo de mi cuello.



Tras un vidrio oscuro


He visto el futuro

con ojos que pedí a los muertos.

Todo amarillo como la bilis,

como una densa niebla donde pintar la rabia.

De allí he surgido.



Vísperas


Sentada en la escalera,

calle extraña, aguardo una sorpresa,

un hilo prendido a tu vestido,

un cabello que el viento coloque

al este de tus ojos. Y espero

–pájaros helados– a que los minutos

se queden. Yo me marcho.



Escrito en el reverso de una foto de Nobuyoshi Araki


Cuando la geisha camina por el bulevar,

el tenue parpadeo eleva de sus ojos gotas de vapor.

Los hombres le brindan cervezas,

le imploran deliciosamente abrirse.

Al andar ella tuerce un pie hacia adentro.



Kabuki


Acaba por encorvarse, mira abajo,

o se tumba en la cama como un cuerpo sin nervios.

Todo está en su cabeza.

Las soluciones, digo, las empleará un día.

Por ahora calla contemplan.



lunes, 8 de diciembre de 2014

LOURDES MARÍA GONZÁLEZ HERRERO: Poesía Cubana Actual




 Lourdes María González Herrero, (Holguín, 1952). Ha publicado los poemarios: Tenaces como el Fuego (Premio de la Ciudad 1986); La semejante Costumbre que nos Une (Premio de la Ciudad 1988); Una Libertad Real (Primera Mención en el Concurso Julián del Casal de la UNEAC 1989 y Premio de la Ciudad 1991); La Desmemoria (Premio de Poesía  Adelaida del Mármol  para las Provincias Orientales 1992). En 1992 publicó el libro de crónicas Acercamiento a la poesía de  Habla Hispana Escrita por Mujeres. En 1997 obtuvo el Premio de la Ciudad en el género Narrativa con su libro Papeles de un Naufragio, publicado en 1999. Su poemario El Luminoso Pájaro de la Memoria fue editado por la editorial Lunarena de Puebla, México.  Su cuaderno En la Orilla Derecha del Nilo obtuvo el Premio Nacional de Poesía Julián del Casal 1999, año en que también se le confiere el Premio Nacional a la Mejor Edición de Libros de Editoriales Provinciales.  La Editorial francesa Índigo ha publicado en francés su libro Dossier d`un naufrage, en julio de 2002. Ediciones Holguín publicó en el 2002 una selección de sus  poemas, nombrada Fijeza del Amor. Obtiene en el 2003 el Premio Especial de Poesía Bicentenario de José María Heredia con su cuaderno Los Días del Verano, que es publicado ese mismo año.  La Editorial Letras Cubanas publica en el 2003 una antología poética de nombre Pasajera la Lluvia, año en el que la Editorial Oriente publica su novela María Toda, que un año después es reeditada por Ediciones Holguín y en el 2009 por la editorial italiana Iacobelli. En el año 2005 obtiene el Premio de Cuento La Llama Doble y el Premio Oriente de Novela José Soler Puig. La parisina editorial Caracteres publica su libro Sur la rive droite du Nil, en el año 2005. En el año 2006 ve la luz su novela Las Edades Transparentes (Editorial Oriente), y la segunda edición de su libro Papeles de un Naufragio (Editorial Letras Cubanas). En enero de 2007 recibe mención en el Premio Casa de las Américas por su novela inédita El Amanuense.  Ediciones Unión publica en el 2008 su poemario Afuera Sangran los Caballos. Ha sido  Jurado del Premio Casa de las Américas 2009 en el género novela y en el mismo género en el concurso Alejo Carpentier en el 2009. Recibe el Premio de la Crítica por su novela Las Edades Transparentes, octubre 2007, y esta se reedita en el 2008. Año en el que obtiene el premio Nacional de Cuentos Guillermo Vidal, con su libro La Sombra del Paisaje, publicado por Ediciones Unión en el 2009. Es Directora de la revista de Arte y Literatura Diéresis. Dirige el Centro de Promoción y Desarrollo de la Literatura Pedro Ortiz y el Sello Ediciones Holguín.  Es miembro de la UNEAC y de su Consejo Nacional y Preside la Filial de Escritores en Holguín. Ostenta la Distinción por la Cultura Nacional. Su obra ha sido  recogida en diversas publicaciones nacionales y extranjeras. En el año 1997 fue incluida en la Enciclopedia de la Literatura Latinoamericana.


Selección por Gladys Mendía de El Fuego Recobrado, antología inédita de poesía escrita por mujeres cubanas.





CONTORNOS

Huele a final el aire,
a lo inmediato del día que acontece,
a lo increíble de mañana.

Aquí está mi espejo
y no sonríe en él mi igual estancia,
y no se cae en él mi corazón;
y yo no sé por qué, yo aún no sé.

Aquí está mi diagrama, mi mapa, mi dictado,
mi mantel sin poner,
mi cena sin hacer,
mi cama desvestida,
y está mi corazón haciendo ruidos,
y está mi multitud acobardada,
sola encima de la mesa,
con el mantel doblado bajo el brazo,
con mi cena en el sueño.
Aquí está mi escritorio, mi espuma, mi centella,
y está mi subterráneo meditando,
y está mi superficie repartiendo,
y mi inquietud imagina la cena,
la reduce, la compra, la repone.
Está mi pueblo aquí, sus ladridos,
sus timbres, sus colegios,
su soporte de cal, su soporte de hierro, su angustia,
y su primera guerra y sus combates están aquí también,
junto a los míos,
aquí, donde no me han puesto el mantel ni la cena,
donde irremediablemente compongo mi verso,
y, sin dudarlo, permanezco.







PASAJERA LA LLUVIA

La lluvia llegó a ser en la ciudad una evocada pasajera.
Lluvia, la pasajera,
yo quiero transitar en tu humedad muy lejos de este sitio,
pasajera que conmigo naciste en los caminos
de ese otro tiempo nunca semejante,
que obligaste al caído a ser el héroe
y creciste una vez en la angustiosa palma de mi mano
como un raro designio de la suerte.
Pasajera del valle y de la cumbre
donde el sol te sorprende adormecida por todo,
del mismo valle y de la cumbre
donde la luna te mece y te protege.
Pasajera temible que dispones y arguyes y compruebas
todos los signos mágicos del polvo y de la claridad.
Pasajera,
regresa a cambiar la fachada de casa,
a hacer resurgir el eco de colores que se ha vuelto tan triste,
a condenar a los fantasmas del sol en tu humedad sombría,
cae sobre mí y sobre todas las cosas.
Pasajera del abismo inmortal,
adelanta el reloj en la única iglesia
y ven a convencernos de esta vida que a ratos se me olvida
entre papeles y almohadones falsos de lino que incita al paso libre.
Pasajera que si no llegas hoy
habrá que quebrantar quién sabe qué luz mansa o qué animal
que ahuyente este calor de entre mares y tierras
pero la pasajera sigue aquí, tras mi pupila y tras el empapelado de la casa,
sin que nada convoque su caída,
su abismarse plomizo
lentamente.
Pasajera la lluvia,
llégate acá un buen rato a colorearme con tu asombro de niña, de vieja, de ama,
de reina del absurdo.
Ven que convalezco aún de estas pequeñas muertes cotidianas
y tú puedes sanar mi mueca con tu fresco limpio y discordante cayendo
en mi memoria, rodando por el relieve de mi cuerpo.
Pasajera fugaz del surco polvoriento, del camino, del pueblo,
ordena de una vez mi soledad,
pon lo posible aquí,
ordena por favor en este día el horror de mi ser
o mándame al infierno de tu ausencia por años y años y más años.
Pasajera de llanos y trigales más rojizos que el propio resplandor eterno,
la sed consume el pie del abatido
y condena la piel del conducido atroz por la violencia.
Pasajera, no dejes sin llenar mi vaso de paciencia ni de supremo amor,
ni dejes vacía la cordura, ni el pueblo:
ahora sé, pasajera, tu derrota,
tienes lanzas tan leves
que llegas a matarme y no lo siento
más que en el olor a sal, a origen, a humedad.
Lluvia, la pasajera, ven,
orienta el torpe viento que encarcela mis pies,
bate estas tempestades en las que no hago otra función que la de navío,
que la de barco y náufrago
al tiempo que tú callas obstinada en volver al gran recuerdo.
Pasajera que enarbolas furiosa tu bandera de huracán,
de vientos cómplices y contrarios,
desata el hilo que une este batir de ideas con el tiempo,
no vayas a romper el del amor, pasajera constante,
que no existe después la menor vida ni el más pequeño asomo.
Pasajera de aguas y retoños que acaricias el suave monte verde
y la penumbra mística del pozo,
pasajera, extraña pasajera que entornas mis ventanas y recreas mis soles
en las quietas rendijas deslumbrantes en que ardió el sol su esfera múltiple.
Pasajera,
y luego de repente quieres renunciar a traernos la música,
la única música que entienden los sentidos que tú misma bañaste en tu rubor.
Pasajera
la lluvia,
pasajera que olvido bajo el techo, como si fuera posible olvidar el amor.
Pasajera la lluvia:
yo quiero transitar en tu humedad muy lejos de este sitio
estremeciéndome.







TENACES COMO EL FUEGO

Este pez, este labio,
este sereno ambiente,
la ventana abierta y el aire que fecunda
pequeñas floraciones para el amor.

Esta gota de agua, este mantel,
esta angosta figura donde una mano repasa toda la luz,
y ademanes oscuros tejen los recuerdos sobre la hierba limpia.

Esta hoja, este animal cruzando suavemente los presagios,
este muro, este pino, este rumor,
esta casa donde imaginamos preservar la vida,
este vaso sin relieves, este cuerpo desnudo
donde nunca se entroniza la noche.

Este pan, esta corteza húmeda,
esta savia, la claridad, la lluvia,
la arena brillando en un modo de descubrirnos desde afuera,
de sentirnos permanecer entre las cosas, tenaces como el fuego.









sábado, 11 de diciembre de 2010

ALFREDO NICOLÁS LORENZO: POESÍA ACTUAL CUBANA




ALFREDO NICOLÁS LORENZO (Cama­güey, Cuba 1964). Poeta, narrador, ensayista literario y perio­dista independiente. Licenciado en Lengua y Lite­ra­tura His­pá­nicas por la Universi­dad de La Ha­bana en 1991. Fue fundador de la revista Pro­posiciones de la desapa­recida Fundación Pablo Milanés. Ha colabo­rado en las revis­tas Alforja Poe­sía y La Voz de Coahuila, México. Es miembro del Ta­ller de la Crea­ción Poética de la Fundación Nicolás Guillén. Su obra poética aparece en Memoria del encuen­tro de poetas del mundo (Edi­ciones el Ermitaño, Se­minario de Cultura, CONACULTA, 2011). Tiene una licenciatura en Historia del Arte, por la Universidad de La Habana en el 2009, y una Maestría en Etnolo­gía de la Fundación Fernando Ortiz. Ha tomado cur­sos en el Centro de Estudios Orientales sobre los asen­tamientos de los árabes en Cuba. Ha publi­cado Pa­labras mágicas de un poeta (2010), por la Colección Palabras del Oráculo, que di­rige el poeta Cesar Toro Montalvo en Lima-Perú.

Selección por Gladys Mendía




I


El número de vasos no puede ser cualquiera, siempre habrá un tendón sonoro que te avise los excesos de velocidad, como el sudor desborda nerviosos reflejos de sal.
Se puede conversar, juntando gotas de pericia sobre la eternidad del mundo aristotélico, bordado de fronteras donde tropiece nuestro tren de cálices; somos eternos cuando ebrio es nuestro presente, pero el vino se agota. La noche, entre risas, pasa, y descubres, al despertar con dientes de cebolla, la eterna esa frontericidad del universo, tú limite rasgado en la conciencia pasajera.




II



Solía acompañarlo hasta la parada, con el gesto de su amarillo lomo saludando a su amo de fluidas barbas. Pero un día el camino hasta la casa se le hizo demasiado largo.
Tan largo que su dueño no supo ya donde buscarlo y se afeito un día, como suele suceder. Desde el paraíso de los perros aúlla la espera de la silueta con barbas. Pero no aparece. Dios debió abolir las cuchillas que ponen lisas las caras de los dueños. O tal vez los caminos de no retornar.
¿Qué hacer con la balanza injusta que te lleva las barbas y tu perro?




III


El niño ofendió al anciano y salto hasta que dar fuera de su alcance. Este lo atrajo con gesto sereno y le propuso dos lecciones de cómo llegar a ser un caballero de ley.
La primera dijo el anciano, es que los criterios de un caballero se exponen de frente a frente. ¿Y la segunda? Ardiendo de curiosidad se le acerco más el muchacho. Que por ellos hay que saber responder dijo el anciano propinándole un bastonazo.




IV


El joven se acerco al auto preguntándole al chofer si este sabia donde se hallaba la biblioteca más cercana, o tal vez un sitio donde satisfacer una necesidad hondamente espiritual, o si conocía a un viejo sabio del cual se comentaba que vivía cerca y tal vez pudiese sacarlo de profundas dudas esenciales en la existencia, motivos suficientes para la preocupación de alguien cuya inquieta mente no le diera reposo ni en los momentos de ocio.
Y el chofer una, otra y otra vez mas negó saber algo que dilucidase las preguntas de su inquisidor. Gracias dijo el joven, aliviado, mientras se abotonaba la portañuela.




V


El hombre que ya nada esperaba de la primavera llego al mes de marzo sin arrancar una sola página de su calendario. En la calle todos se felicitaban previendo el seguro deshielo y los primeros retoños en los árboles del parque.
Pero el hombre que nada esperaba de la primavera sabia que todo era falso. El verde se volvería a cubrir de nieve en pocos mese y el cielo, encapotado, no sonreiría con los mimos engañosos de este marzo. Sentado frente a la ventana suspiraba por un sitio en el mundo donde la primavera fuese definitiva y profunda.
Hasta que decidió marchar y no se le vio durante muchos años. Retorno dicen para arrancar todas las páginas sobrantes de su calendario.





miércoles, 9 de junio de 2010

LUIS YUSEFF: POESÍA ACTUAL CUBANA




LUIS YUSEFF (Holguín, Cuba, 1975). Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y la Asociación Hermanos Saíz (AHS).Tiene publicados El traidor a las palomas (Eds. Holguín, 2002); Vals de los cuerpos cortados (Eds. Holguín), Yo me llamaba Antonio Boccardo (Eds. Almargen), Esquema de la impura rosa (Eds. Vigía), y Golpear las ventanas (Ed. Letras Cubanas), todos en el 2004; Salón de última espera (Casa Editora Abril, 2007), Los silencios profundos (Eds. Holguín, 2009) y La rosa en su jaula (Ed. Oriente, 2010). Ha recibido varios premios, entre ellos el Premio de la Ciudad de Holguín, Premio Alcorta, Premio Anual de Poesía “América Bobia” y Pinos Nuevos, en el 2003; Premio Calendario (2005), Premio Nacional de Poesía “Adelaida del Mármol” (2008), Premio Oriente de Poesía José Manuel Poveda; José Jacinto Milanés de Poesía y el Premio de Poesía La Gaceta de Cuba, todos en el 2009. Poemas suyos aparecen recogidos en varias antologías, revistas y periódicos de Canadá, Perú, El Salvador, Honduras, México, Nicaragua, España y Nueva Zelandia.

Selección por Gladys Mendía




Efecto café bulevar

Para Ghabriel, una isla propia.

Y todo está dispuesto de este modo,
para que no salgamos del mágico círculo.
OSSIP MANDELSTAM

Entro. Pido el último café. Elena Burke es un recuerdo.
Todo es frío bajo los toldos.
Por momentos la lluvia de tránsito nos obliga a adentrarnos.
Descendemos a otros arcos protectores.
Patio interior de piedra. Asfixiante.
Aquí se vive arduamente. Se hace un espacio
a cada provincia. Y otra se acerca mientras pides un café.
A cambio de una moneda tendrás la joya blanca
entre tus manos. Es amargo el trago para beberlo despacio.
Ha de ser despacio para que el trago baje amargo.
Y comienzas a conversar. Pues aquí se habla vivamente.
Interrumpidos por la mano que pide con hedor e insistencia.
(También mi mano es pobre y la guardo bajo la madera.)

A veces soy interrogado como cualquier ciudadano
que bebe su café. Su trago amargo. Y respondo.
Me identifico con habilidad para no agotar el tiempo.
Bajo la luz todo es minuto tras minuto
un detenimiento innecesario. Una espiral que se verticaliza.
Y asciende. Asciende el humo del café.
Y justificas los desplomes. Demasiado recientes que somos.
De ayer mismo. Amar es una isla.
Y morir es adentrarse a la mar coagulada.
Un aroma de azucenas. Un estarse quieto bajo los toldos.
De transparencia en transparencia obnubilados,
Viejo Eliseo que bebes tu café. Tu trago amargo.
Aquí vienen a morir los poetas.
Y un ángel fatigado vuela bajo otro cielo. Y otro ángel
comienza su discurso en el sopor de las fabulaciones.
Otro revienta su cabeza contra el asfalto.
Llora otro de rodillas. Y el pez angelecido se muere de tristeza.
Alza su vuelo bajo el cielo empedrado
de Madrid. Sin voz. Sin alas. Hasta de espaldas se ve
que está llorando. Pero todavía hay tiempo.
Bebamos el último café mientras María Teresa nos canta.
Qué cante el Benny su página ruinosa.
Qué Bola sea una flor negra sobre el piano.
Qué Celeste rompa el adoquín con su paso.
Que aquí cada poeta tiene su caballo blanco.
Su leopardo. Su canario. Sus dos patrias.
Que el cuerpo de una isla no se sostiene sin un buen verso.
Pues sobrevivir bajo los toldos es una fiesta.
Y cada fragmento de imán transmuta en oro.
La Bella Cubana bebe en su Capilla de Cobre el trago de café.
Su trago amargo. (Transformada la medialuna
bajo sus mínimos pies el aroma de las mariposas
se confunde perversamente con el vuelo del colibrí.)
flota una tabla en la bahía. Es tiempo de pedir
por nuestras vidas. Y pedimos confusamente.
Casi sin darnos cuenta a cada paso.
Flor de isla, tú te ofreces aromática y gentil
Como una taza de café. Tú despides a la mujer coronada
con laureles ⎯ni libre es ni la prisión la encierra⎯.
Sus huesos se pudren donde la tierra es menos blanca.

Porque en verdad nunca fueron tan importantes los poetas
como en este Café bajo los toldos. Decadentes. Y felices.
Pero de improviso algo se transforma tras las rejas.
Y te hace pensar que de nada sirvieron el dolor
de Juan Clemente Zenea. El destierro de Heredia.
La muerte de Plácido. Las cartas de amor de Juana Borrero.
Ni el pulmón asfixiado de Lezama.
De nada sirvió que Julián del Casal se muriera de risa.
De nada ha servido escribir un buen poema
cuando Fina anuncia su dulce nevada. Y la nieve
comienza a caer sobre los toldos.

Este Café no es el sitio de siempre.
El sol sobre el mármol blanco se evapora.
Y quiero marcharme. Escapar del frío. Esta no es mi sangre.
Prometo no regresar. (Vuelve el agua inmarcable
a la arena. El mar entre las tazas conforma
un plano alucinante.) Sobre la mesa roja ya estoy de vuelta.
Ya entro a los círculos de hierro como un animal viciado.
Nuevamente. Y pido el último café. Y otro. Y otro...



Canción napolitana


Yo siempre quise tener un perro de aguas ladrándole a la soledad.
Y me fue dada una calle de mar anchísima
por la que parten cada año los amigos. El gris de su lejanía.
Cuerdas para atarme al pasado.

Los ojos verdes de Tania se parecen a Madrid.
Ajena y entrañable. En La Gran Vía. O en el Canal de Panamá, sacando su voz del pecho. Reconociendo la libertad nuevecita. El grito contra el enemigo común, por vez primera, sin altavoces. Sin ser convocada por los oficios del deber obligatorio. En nombre de/ por/ para/ con/ sin. Sólo una emoción real cuando me escribía “Mercedes cantó Dale alegría a mi corazón... Le saqué una foto que conservo aún dentro de mi cámara, pensando en ustedes y en los deseos de que estuvieran allí”.

Isell, en Viena, continúa enojada conmigo. Y la comprendo.
Como fe de vida me dejó un fragmento transcrito de “Primavera con una esquina rota”. Y una última visita el día antes de marcharse a Austria.
A hacer muelles. Los resortes –dice– de su felicidad.

Lourdes dibuja sobre el papel de rosas en Isla Negra. Imita soledades con las fibras alcalinas.
Junto a mis afectos ha dejado un piano de barro. Una caricatura atroz. Y el hueco en la altanoche por donde se escapaba tomada de la mano por la tristeza de turno.

Mis amigos ya no se parecen a mis amigos. Han aprendido otras lenguas y beben agua embotellada. Tanto cambiamos de un lado y otro.
A veces deseo que nunca más regresen.
Creo que no me reconocerían.
También yo me he transformado.
Mi cuerpo se ha vuelto de agua. A diario me surca la estela.
Levanto señales de humo. Hago ondear el pañuelo en el aire como en una canción napolitana...


Flores de hierro en el pecho de un hombre




Esta noche ha entrado un murciélago a la casa.
Su vuelo es leve, pero torpe.
Advierto: puede ser una maniobra espía.
Pero no oculto entre mis cosas nada que atente contra la seguridad de un pueblo.
Sólo trato de escribir unas pocas líneas.
Dos o tres palabras. Versos para hacer música a los oídos de las personas que se invitan a la casa.
Palabras que si algún poder tienen no será el de libertarme.

Poder de libertad.

Así surgen de las sombras estos ojos como la evocación de un fantasma. Nombres que olvidaré.
Aunque me niegue. Pronto comenzarán a borrarse de mi memoria con el vino ácido de los días. Con urgencia.
Al frotar fuerte la cabeza contra las paredes.
Al escribir versos a las cambiantes estaciones.
Lejos del trópico. Cosas que han contado los amigos para quedar fuera. Detrás del enrejado de las almas donde crecen rosas de papel.

Flores de hierro en el pecho de un hombre.

Detrás del enrejado. Trato de iniciar “una vuelta a mi cárcel”.
Casa donde los murciélagos se posan y liban sangre en las flores de hierro.
Una vuelta a su cárcel. Los deseos prohibidos de Margarita. El hijo hermoso reventando con su vigor penas sobre la almohada.
Juegos de muerte. Niños como animales disputándose el fruto de la soledad.
Afuera, lejos de los ojos de Ranel, bajo el peso de plomo de sus lunas vencidas, doran los Trípticos en alguna capilla de este mundo donde Dios no se acuerda de él. Ni de Juan, que ha querido ser en los amantes que se alejan. Detenido en los óleos. Con la muerte azul. Compartida. Escribiendo para escapar del cuerpo.
Armandito, levantándose de hielo en un país de sol. Aquí no se llora.
Se es de terracota a los rezos de la madre espartana.
Por sus venas se vuelve a la isla. Aquí se ama. Y se espera:
Aquí crecen las flores de hierro: resonantes como el pecho de un hombre.