miércoles, 25 de marzo de 2015

DIANA CAROLINA DAZA ASTUDILLO: Poesía Actual de Colombia


Diana Carolina Daza Astudillo. (Bogotá, Colombia 1980). Redactora creativa y promotora cultural. Textos suyos han sido publicados en revistas de creación literaria y suplementos de Colombia, Ecuador, Chile, Venezuela  y  México. Ha sido invitada a encuentros de creación literaria en Colombia, Venezuela y Ecuador. En el 2003 publicó con la colección AQUÍ ESTAMOS DECENA de la editorial Funcreta, el poemario “el abrazo de los días grises”, en el 2010 participó en la publicación colectiva: “Domingo, vendedor de globos” con el laboratorio de escritura de las Américas. Actualmente dirige el proyecto editorial independiente PIEDRA DE TOQUE. En el año 2013 editó el poemario el Nacimiento de la Gargolena con la colección estampillas poéticas y en el 2014 su poemario Los demonios y la lluvia fue editado por el proyecto Pirata Cartonera.


Selección por Gladys Mendía de Incendiario


Carta a Dacia Maraini:
___________________________________________________________________
Tus noches de fin de año llegaron como el verbo que conjugaba el tiempo en el que viajábamos en casa. Fue difícil escapar  de  ese cuadro que pintaste con tus palabras, ese espacio blanco cubierto de agua rota y cuellos torcidos. Llegaste con tus noches de fin de año y tu dragón de oro, para recordarnos que estos  últimos  días  han sido un largo  y  sostenido gemido de dolor, una música que nos rompe los huesos. La música de mi madre y su cáncer, de mi madre y su colección de cajas de hidromorfona y dextrosa, mi madre, que ya no habla, ya no se mueve, ya no mira con amor. Mi madre, esa herida en la que todos hemos ido cayendo.
No nos queda más que acomodar la silla y esperar que un soplo de dios nos devuelva la tranquilidad. Nuevas noches de hospital vendrán.
Acostúmbrate,  que la vida es una constante enfermedad.






Carta a Alejandra Pizarnik
____________________________________________________________
Que si el hastió por un padre y una madre y una hermana condenados a los buenos modales. Que si demonio oculto bajo un rostro agrietado por la juventud o ángel incomprendido buscando la libertad en una habitación cubierta de sombras y fotografías. Que si Sartre o las anfetaminas, que si Sasha, Flora, Buma, Blumita o Blímile o todas juntas desangrándose en las páginas. Que si el silencio reclamando abrigo en una muerte anticipada, que si una cajetilla tras otras consumida a escondidas, que si Olga, Liz, Julio o Breton.
Que si  el reposo en un pecho de cuarenta o el  deseo ausente en una boca de veinte, que si el amor como naufrago o la soledad como gobierno. Que sí Alejandra, que sí, que como sea tu nombre encontró la eternidad. Retumba.
Que sí Alejandra, que sí, que por fin hallaste la calma en ese mundo que soñaste al otro lado de la vida. Que sí, que puedes estar tranquila, pues dejaste de ser esa pregunta, tartamuda, rebotando en un abismo.





Carta a Diane Arbus
____________________________________________________________

Llevo quince años acumulando la infertilidad de las palabras, no me lo estás preguntando, nadie me lo pregunta, pero este estado es miserable. Sin que mis palabras florezcan, insisto en escribir, solo una pesada capa de musgo se extiende sobre mis páginas, una capa que con tristeza veo cambiar de verde a gris, de gris a negro, veo morir cada idea, cada línea que las une. Mis palabras no han alcanzado a ser más que  leña verde, fetos de pájaros y tigres y cometas sumergidos en frascos con formol,  puestos sobre la repisa de los intentos fallidos.

He venido a  hablarte de la admiración que sentí al entrar en el cuarto oscuro donde revelaste la belleza de los personajes más horripilantes y terminé pareciéndome a uno de ellos, termine entregándote el retrato de una mujer mutilada por su propia mano, un animal asustado con la piel que le arrancó a su presa, una atracción de su propio circo. Quizá, algún día, alguien por accidente al ver tu nombre encabezando esta fotografía escrita, se acerque por curiosidad y como en un espejo encuentre el reflejo de su más grande miedo:
“el desprecio a sí mismo”.





Carta a Rilke:
___________________________________________________________
Tomo tu nombre entre mis manos como quien arrulla el nido donde crece el último gesto de la esperanza. Aspiro el humo de tus palabras que aún, después de tantos años, logran encender con la misma inocencia el fuego de la juventud.  Vuelvo a tus cartas como quien vuelve a la montaña donde siempre lo esperan, de donde nunca debió partir. Regreso a tu nombre para entender, que para el amor y la poesía, siempre seremos jóvenes.
Las guerras cambian de escenario pero la lucha sigue siendo la misma. El abismo que ofrece el calor de invernadero de los amantes, aún es esa ola que golpea, moja y sacude, para después lanzarnos a la orilla, como un zapato que pierde su par en el viaje. La soledad también es la misma, lo dijo Julio, “somos Islas, estamos solos”, lo dijo Paba, “tu casa será la soledad, allí aprenderás a amar”, lo dice el tiempo, lo dice la casa de los abuelos que quedó vacía.
Somos hijos del abandono, abrazamos cuerpos para luego abrazar el vacío. Volvemos a los amantes, como volvemos a las páginas en blanco, que esconden todo y  nada a la vez.  Volvemos a los moteles, como volvemos a los libros, buscando un poco de libertad o de infierno. Acercarse a un poema es como acercarse a un amante, algunos traen espinas, otros insomnio, sal, otros simplemente pasan mientras se consumen.
 Me miras con la firmeza de hace diez años atrás para hacerme la misma pregunta: ¿Quieres escribir? Y yo, que aún conservo esta torpeza suicida de querer siempre dar un salto al vacío sin paracaídas, tengo para contestarte una vez más, un honesto y profundo: “SI QUIERO”, agregando, que la poesía  y  el amor  son un mismo asunto. Juntos, son esa herida de la vida que canta mientras va buscando respuestas, ese conjuro que abra la rejas de la jaula, para por fin un día asistir a ese sueño recurrente de vivir un aguacero en Paris.











martes, 24 de marzo de 2015

RESEÑA SOBRE EL ARTE DE LA FUGA DE VADIK BARRÓN



Vadik Barrón: Poética de la fuga
 Miladis Hernández Acosta



Si queremos un mundo nuevo tenemos que acabar con este, sentencia Vadik Barrón para presentarse en un mundo que ya no le sirve: un Universo apagado, sin frutos, sin futuro y sin amaneceres; por tanto: un Cosmos sin asidero del cual  hay que salir, y obviamente buscar –otro- donde el hombre, en este caso -el artífice sin puerto- seguro de sí, logre crear una especie de vida yuxtapuesta, con otros referentes y otros espacios donde comenzar otra vez: desde el principio, sin expulsiones, sin destierro primigenio donde el hombre se sienta cabalmente  satisfecho.

El Arte de la Fuga es de antemano un poemario de muchos paradigmas, surtido por una voz que habla en primera persona para ahondar en los problemas fieros de su existencia mostrando una latente aseveración de los males que confluyen en su entorno.
Este autor busca nuevos sedimentos de vida, novísimos territorios para deglutir la realidad: una realidad por supuesto nada complaciente que lo insta a la fuga, al escape, a huir y al mismo tiempo a extrapatriarse de sí­; de ahí que erige un discurso que visualiza posibles ambientes  para con mucha precisión y agudeza formal expandir sus utopías.

Con la fuga hace patente la necesidad de encontrarse con su yo, y al mismo tiempo reproducirse como arquetipo del Ser que busca otras conexiones. Digamos que rebusca una semiótica de la dejadez, del envés, de lo que puede estar en otra parte, de lo que ya no representa materia tangible para realizarse y consumar lo que quiere en esta –su existencia-.

Vadik Barrón cuestiona, indaga, y cree divisar las presuntuosas salidas. El trascendente de esta poética está en el alcance, en la clarividencia, en el desenfado para deliberar un discurso nada halagador, nada artificioso: una soflama sustancial que examina de forma transgresora ese cataclismo que es el mundo de las ideas y dentro de sus categorías -la negación dialéctica- de lo que puede estar quedando obsoleto, degradado, y viejo.

En esa su representación del Universo hace ostensible su magistratura escritural optando por una logicidad discursiva,  por un nomológico que no se contenta con habitar en este planeta porque se ha percatado de la catastrófica situación global.

El tiempo que Barrón domina es un tempo que va en dirección contraria a nuestra miserable percepción de pájaro viudo.

Su tiempo es dual, y está suministrado –claramente- en otra geografía: en los terrenos de la poesía, en el vuelo anchuroso del pájaro como símbolo genuino de libertad y escape seguro.

Defino este poemario como poética del ostracismo, del confinamiento, de notables recursos filosóficos, simbólicos e ideoestéticos, de profundos valores semánticos y especulativos.
/Soy mi destino y miles de albercas distribuidas de manera equidistante
entre las ciudades-hospicios del fin del mundo/

Vadik escapa de las charcas, de la poquedad, de la pequeñez, y de las mediocres circunstancias. Como todo -Ser cuestionador- su poesía es vigilia, concepto, y cosmología que no descansa en leyes sino en formas propias de la observación individual. 

No me preguntes qué año es, qué país es este,
a dónde ir a parar con mi chusco remedo de aleteo

Vuelve al facsímil del aletear, de abandonar con su vuelo un tiempo que ya sabe que no existe, un país, un epicentro que no lo conmueve: una nación que no le ofrece garantías.

Notorio también es que ve en las ruedas otro modo de escape, una extraña solución para enajenarse y disolverse como entidad Cósmica. Las ruedas como ancilares de la fortuna, del anillo, de lo que gira y ayuda a propagar la energía, como apotegma de que todo tiene que voltear nuevamente, el mundo, las sociedades globales, los sistemas económicos, el hombre, las ideas, y todo cuanto necesite -igualmente- regenerarse.

Este poeta sabe que la inmolación pasó de moda, no le interesa ser el héroe, ni mucho menos aseverarse como el superhombre, el titán del presente. Vadik precisa de antemano de una arqueología futurista.

Su búsqueda es antropológica, Cósmica y un tanto divina cuando se autoreconoce como un ente que ha sobrevivido una postcrucifixión   para gestar disímiles interconexiones espaciales donde la libertad espiritual –sea- el único contexto visible.

Su misión imposible es ejercer la humanidad,
convertirse en pequeños exploradores
suspendidos en el corazón de la oscuridad
a la espera de que nuestra preclara estupidez nos vuelva a iluminar
otra vez y para siempre.

Como Kant sostiene una representación que asiste esencialmente al sujeto, pero este -sujeto- lírico busca luminosidad por encima de esa oscuridad que pende de las emociones. Resplandor en los acontecimientos, conciencia lucida de los fenómenos para ni siquiera enfrentarlos: sino para separarse de ellos, alejarse de los poetas, de la noche y de la melancolía.
((Fluorescencia para distanciarse de las almas perdidas, de las noticias, de los mercantilistas,  la displicencia, la domesticación, y todos los absurdos embates de la mediocridad humana)).

Hay en este libro una precognición de los fenómenos, por ende la voz que escribe es antesala para fraguar una morfología de los sucesos angulares no -precisamente- identitarios sino esencialmente Universales. El arte es para él un suicidio en sí mismo, y la posteridad un dispositivo de fuga. Dejémoslo sin miedo traspasar todos los espacios que anteriormente fueron salvados por la música.




Miladis Hernández Acosta. Princesa de la poesía cubana.
24 de Agosto.
Guantánamo.
Cuando entra la lluvia en Virgo.









RODRIGO PALOMINOS CASTRO: Poesía Actual Chilena




Rodrigo Palominos Castro (Concepción, Chile 1979). Poeta. Escritor. Bioquímico [Universidad de Concepción (Chile)] Ganador del Premio Municipal "Juegos Literarios Gabriela Mistral" 2012, de la I. Municipalidad de Santiago. Beca de Creación Literaria, 2013 & 2015. Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Mención honrosa en el concurso nacional de poesía "Stella Corvalán", 2014.  Primera mención honrosa en el VI concurso nacional de poesía "Eduardo Anguita", 2010. Primera mención honrosa en el VII concurso nacional de poesía "Dolores Pincheira", 2010. Tercer lugar en el concurso nacional de poesía "Pedro Lastra", 2010. Mención honrosa en el concurso nacional de poesía "Carlos Pezoa Véliz" 2005, organizado por la Fundación Nueva Poesía. Sus poemarios inéditos: Una nevera vacía en el jardín (2010); Paisaje  Cero (2014). Poemas aislados aparecen en antologías: Selección de Poesía 2005, editada por Fundación Nueva Poesía (2005). PlexoSur: Poesía y Gráfica de Concepción, Valdivia, Temuco y Valparaíso. Editorial Segismundo (2015).


Selección por Gladys Mendía de Paisaje Cero (inédito)










LA TORMENTA DE LA PALABRA



I


El aleteo de una mariposa
   afuera en el jardín
impulsa una ventisca
en el monte Fujiyama


II


Esta palabra        impulsa una tormenta en el principio del mundo

Ahora, aquí         retengo la palabra, esta cuerda vibrante

                            la memoria 

                                                  que cruza el río

                            que refleja la sombra
                             que vuelve a mi cuerpo

     La palabra que es ahora

           que cruza la puerta
           donde al fondo refulge

           verde esmeralda

            lo que no soy


III


Elevo la mirada
  hacia la muerte:

un árbol seco en el jardín

  una hoja seca en el campo de escarcha

Las palabras se heredan en el cuerpo, y a través de los cuerpos
                                                                         recorren
                                                        el tiempo de los hombres









EL AVE DE LA HIERBA



I


Aquí, el blanco vacío.
Frente a mis ojos en la arena del poema.

En la tensión simétrica
En la secuencia de palabras sin imágenes.

En el apagón fulgurante de la nube de sonidos:

El ocaso enciende la linterna del rosal del jardín

El vacío del cielo se refleja en las hojas caídas


II


De esta quietud a la otra
la secuencia de palabras

De esta quietud a la otra
el único curso del río

De esta quietud a la otra
el único vuelo

para el vaho
de nuestra voz:

El ave de la hierba, sin embargo, en su vuelo circular
confrontando a cada instante a la dorada luz







MISSISSIPPI JOHN HURT


Después
de haber
subido
el silencio

al mástil de la tarde

Mississippi john hurt
              resuena

en la esquina

   de la pieza.

El verano afuera:
Brillan las cuerdas de plata de las raíces del álamo.

Después
de haber
subido
el silencio

al mástil de la tarde

Mississippi john hurt
              resuena

en el viento
en las piedras del camino
en la hierba seca

en este
blanco
espacio.

Afuera, es el comienzo del verano:

Me asombro,
Nada puedo añadir:

lo que diga
encubrirá el rumor del sol sobre la tierra,
el canto de la cigarra, el leve vaivén de las hojas del álamo:

Entre tanto

Mississippi john hurt
              resuena

en el mástil de la tarde:

sólo escucho: La puerta del mundo se abre








VISITA A LA TIERRA


Entre el musgo

y el aire

la cinta

de frío.

                  :

El sonido

fósil

del hombre.

        La sal)

Tocó

la tecla del piano

que viaja aguas adentro.

(espuma

Un haz de sal que brilla en el límite de la cala.

 cuarzo, arena, greda y cal)

Greda y cal

en la lámina de sol.

Cuarzo y arena

De la que emerge

el virus del verde. 

                            :
                                   la sombra
de la nube

leve

en la teja roja.










UN TRANVÍA AVERIADO EN EL SUEÑO DE LA LANGOSTA



Aquí la mente es
bulbo de lirios    suelo azul

canto a la materia
canto a la luz

Aquí la mente es
esfera de acero   suelo gris

canto

a la línea

que alcanza a la muerte

Un río de sonidos
    imaginarios:
           
Aparece, en el camino, la hierba verde brillante
La voz de un gángster en medio del desierto
Una lámpara de cartas
Una carta microscópica leída por mosquitos amarillos
Nenúfares en flor en el agua verdosa del gran río
Un tranvía averiado en el sueño de la langosta
Laura Dern muere en la ciudad de los Ángeles
Desechos de la aspiradora & la materia del día
Eliminar el historial del verano

Pero avanza en esta corriente        más allá:

Donde resuena la forma del silencio

Donde el corazón no se aleje
         del anhelo doloroso

          de alcanzar

          el agua infinita

          el enjambre radiante

Donde la alta montaña pierde su ceguera