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viernes, 27 de marzo de 2020

JULIO SERRANO: Poesía Actual de Guatemala

Foto por Efraín Zavala


JULIO SERRANO ECHEVERRÍA (Xelajú, Guatemala 1983). Poeta y artista multidisciplinario. Estudió Literatura en la Universidad de  San Carlos de Guatemala, también ha tenido formación en cine y artes visuales. Ha sido becario de la Fundación Carolina en España, de la Residencia para Artistas de Iberoamérica FONCA-AECID en México y de la Fundación Yaxs en Guatemala.
Ha publicado Antes del mar (Metáfora, 2018), Estados de la materia (Catafixia 2017), Central América (Valparaíso, 2015), entre otros libros de poesía; además varios libros de literatura infantil, entre ellos Balam, Lluvia y la casa (Amanuense, 2018) y En botas de astronauta (Amanuense 2015). Publica periódicamente ensayos, crónicas y reseñas en medios de la región. Parte de su trabajo ha sido traducido al inglés, francés y bengalí.
Como realizador audiovisual ha trabajado en diversos registros entre el documental periodístico, el cine ensayo, la ficción y el video arte. Además fue codirector y coguionista del programa de sátira Estado del Estado. Actualmente trabaja en su primer largometraje documental El envoltorio sagrado.
 También ha participado en varias exposiciones de arte a partir de obra, registros e interpretaciones hacia las artes visuales.
Es cofundador y coordinador creativo de Agencia Ocote, un proyecto interdisciplinario de investigación desde el periodismo, el arte y las ciencias sociales.


Selección por Gladys Mendía



Digamos que en principio
todo es, básicamente, luz.
Digamos que en una ventana
nos observa una multitud de ojos
que son hebras sensibles
de la frecuencia en que la luz
se refleja sobre una superficie,
        superficie que puede ser, en principio,
un rostro asustado,
unos zapatos mojados caminando rápidamente,
un uniforme gris, quizá,
el reflejo del cielo en la pupila de un niño,
un perro extraviado que se asoma,
un cristal opaco en los ojos del anciano
que apenas reflejan un pequeño rango
  del espectro electromagnético
que va del amarillo al verde,
          como una suerte de atardecer colorido
        antes de volver a la sombra.
Digamos, pues, que en principio somos luz
           y que este cuerpo caminando por la ciudad
 no es el mismo que observan
los ultravioleta, o el infrarrojo,
  ondas de radio que tienen sus propios cuerpos
y que caminan por esta misma ruta,
           bosque de cuerpos y materia
donde nos sentamos a esperar la noche.




De Estados de la materia (Catafixia 2017)




XV

Acaso el sonido de las olas
es la respiración lenta
de la inmensa bestia marina
que vino a dormir al infinito sobre la arena.
Acaso la ballena agonizante
no es sino un sol negro
iluminándolo todo desde el corazón
del cuerpo de pie,
ahora invisible frente al mar;
acaso la ballena no es una ballena,
sino el barco de madera al inicio de esta historia,
su respiración a punto de detenerse
es el ir y venir de las palabras que se le caen al casco del barco
como frutas que se pasan de maduras
y se deshacen en el agua,
o se hacen marca sobre la arena,
como si el animal cerrara sus ojos al caer las palabras,
y el cuerpo erguido empezara a sentir cómo
cada clavo,
cada tablón,
cadena,
cada pieza que cae,
es silencio naciendo
que, eventualmente,
lo llenará todo de su no caer,
y ahí la madera,
el hierro,
la arena
se harán luz,
luz oscura parecida al olvido,
y el mar se hará cada vez más negro,
hasta tragarse por completo a la ballena,
pero no así,
al cuerpo de pie.



XVI

El cuerpo duda
sobre su ser vertical,
piensa en las torres que han caído,
en los árboles que el rayo quebró,
piensa en un golpe en el pecho,
en un perro que muerde,
en una herida de color
y de miedo.
Duda sobre la gravedad,
duda  sobre la brisa,
          sobre el mástil,
          sobre su capacidad real
de sostener las velas.
Siente sus pies, siente su peso,
le pesa el mar al cuerpo de pie,
le pesa la noche,
y cargar al mar y a la noche
        no es poca cosa,
y piensa justo eso,
        no es poca cosa,
repite en voz baja,
        no lo es.



XIX

El cuerpo erguido
abre sus brazos
sobre el vacío.
La nada está ahí,
como el aire que sostiene
la hoja agonizante
entre el amor y el suelo.
Como el mar.
El cuerpo de pie
intuye la sombra
y el miedo,
sin embargo,
está de pie
sobre la incertidumbre.
Ese cuerpo erguido
sobre la nada
sueña que un día se lanzará,
y será la lluvia,
   será la flor,
           el fruto maduro y acompañado,
aunque a sus pies sea la nada:
sabe aquel cuerpo de pie
que no se lo llevarán las sombras,
que no cederá el peso del silencio
haciendo doblarse al tiempo
como a unas rodillas piadosas.
Lo sabe aquel corazón,
por eso abre sus brazos
    de pie,
    erguido,
    enamorado ante la nada.





El tiempo es el efecto de una gota de agua sobre un espejo. A lo mejor el cielo es el espejo, la gota, una nube y el tiempo la capacidad propia de los enamorados de encontrar figuras en las nubes, un gato, el rostro de un anciano, un volcán, una mujer tejiendo. La gota se mueve por el espejo hacia la tierra o hacia el mar. La gravedad finalmente se lo lleva todo, y lo devuelve.





De Antes del mar (Metáfora, 2018)












martes, 26 de agosto de 2014

ALEXANDER SOCOP ARANGO. Poesía Actual de Guatemala



Alexander Socop Arango (Quetzaltenango, Guatemala, 1988) Poeta, editor. Licenciado en comunicación y diseño gráfico. Estudiante de maestría en administración. Actualmente es organizador del Festival Internacional de Poesía con la Asociación Metáfora de Quetzaltenango. Ha publicado: «Temblores del silencio», Metáfora editores, 2012. Su obra aparece en la Memoria del IX Encuentro Internacional de Poetas «El turno del ofendido», El Salvador, 2012. En publicaciones de la Universidad de San Carlos de Guatemala, Universidad del Valle de Guatemala, y en diversas revistas electrónicas e impresas de varios países. Ha participado en encuentros y festivales de poesía en Centroamérica y México.


Selección del autor.



Siempre llueve dentro de uno

Por las orillas del día uno se desborda, se pelea con la risa y no se puede hacer más que buscar consuelo en el espacio negro que rodea las estrellas.
Madre, no quiero testigos, no quiero que pregunten: ¿Por qué todavía me lleva en sus ojos?
Es que no sirve esperar campanas detrás de mecanismos que crecen en las puertas y transforman la luz en añicos, de nada sirve contarle una historia al humo bajo un pedazo de trópico esperando que la  patrona de los altos se digne a salir de sus abismos y nos recuerde por qué nuestra amnesia le queda chica al mundo.
Madre, crecemos como ciudadanos de un laberinto, reventamos la vista contra un tren de vientos grises. Quiero mantener mis ojos abiertos sobre la pinada de papel, estas cosas no se guardan, nada nos pertenece, es castigo andar con las variantes del fraude, es castigo esta mezcla de bruma y miopía, este charco que aspira ser cielo. Nada es nuestro excepto las manchas del sol. En los nidos flota el crimen y la sal. Maciza soledad esta que nos forjamos con la mañana rosa de páramo.
Nosotros somos, madre; los que a trozos soñamos, los que ponen fin al viento en el acto del cansancio, la insistencia que no ayuda a ablandar la infancia. Somos lo que cuelga del desvanecimiento, el filamento doloroso que divide un pulgar, cadáveres de fogatas, buenos recuerdos que sirven de poco.





***
No volveré a posar mi sombra sobre esta ciudad.
No volveré a despedirme.
La paz es un delirio
que solo aparece
cuando te sacan los ojos.




De las palabras que son mar(i)posas [fragmento dos]

... No somos seres que sueñen. El mar tampoco nos soñó antes, pequeño ser. ¿Qué sueña el mar, pequeño ser? ¿Acaso sueña la noche, la voz profunda, la madriguera de los rayos? Soy un niño con escasas lluvias en los recuerdos, pequeño ser. Ellas no me mienten cuando les pregunto: quién es el más triste, el más solo, el que anda muerto en cada árbol de la calle. Pero a mí no me pregunten por qué me río mientras mi corazón intenta quedarse dormido, intenta clavarse como un rostro. Yo he andado sobre el mar y el mar ha cantado sobre mí con la fuerza de todos sus abismos, hasta el último vuelo de la última ala.

Padre, florecen los muertos, los ciegos, los sordos, los sin ganas de hacer y de quedarse.
Pequeño ser, sobre la oscuridad habita mi casa, un capricho geográfico que invento cada día brumoso. Las campanas pronuncian mi nombre y te veo sobre las paredes de la casa en el centro. Las calles nos llevarán a algún sitio, eso me prometiste el miércoles pasado. De mi pecho una bandada gime. No tienen idea, hablan a las paredes porque dios les dio la espalda. Tiemblan, acarrean suficiente ayer, temen salir de las tempestades, de estas estepas de calumnia y sol. A mí la vida me aprieta todos los dedos del pie.  Se nace prestado a la eternidad. Me entristezco a diario hasta que mis lágrimas se secan. Veo las parejas de enamorados, tan enamorados como yo nunca voy a estar, veo las luces de los carros tan brillantes como yo nunca brillaré, o al viento tan inalcanzable, tan allá lejos y yo con las manos sobre las rodillas, callando cada espera que de las ventanas sin cielo se desprenda. Observo con la sombra del canto las montañas que se llamarán tiempo, renuncia, soledad.

Dos catedrales barrocas crecen desde las fauces de la cólera, no hay humo en este vuelo. Uno no se enamora, uno se mata a suspiros. Soy una flor que estalla en miles de mares. Mis poemas no son míos, mis pensamientos no son míos; mi corazón es de animal muerto, mi corazón es un animal muerto. Temo sentarme a platicar con los cuerpos que caen sobre cualquier calle en cualquier infancia de Guatemala.  Se me acercan un gorrión y el sol guarda silencio, me he quedado con el corazón a los pies de todo, del sueño se me resbala la noche más trágica de mi madre: yo nazco, hoy no suenan las campanas. La casa dispone sus cuervos, sus globos de aire, cualquier ave que juegue a ser rama. Un gato sacude los huesos de la cena, no camino, adentro sufro una masacre. Sobre mis lágrimas crece tu árbol favorito, madre. No me sé encontrar en canciones alegres ni en niños que vuelan barriletes ni en los pasos que encaminan a sitios secretos de amor...

...Sé que un día moriré al borde de esta patria que no llega
moriré de ausencia, olvido o sobredosis
o de cualquier otro mal de que mueren los perros, los gatos y los fantasmas





***
Tomo de los periódicos fotografías para pegarte un rostro
diré que mi madre estaba hecha de todas las caras tristes
que mi mundo pierde unos gramos
que luna es nombre de gata ciega
y vivir ya de por sí es un exceso





Cuando el alma se hace más profunda es más difícil llenarla

Todo esto es como habitar el vacío que se agranda
a medida que intentamos ocuparlo
de lugar tibio y hierba fresca, quizá flores

en donde acaba el sonido
la conciencia no existe para quienes mendigamos palabras
pero a nadie le importa una mierda

Mirá:
qué tristes somos
qué tristes estamos.
La tristeza es condición permanente
confiamos en el dolor
(que no ha sido completamente nuestro dolor)
El desierto blanco sigue creciendo
somos bebés con siete agujas en el cuerpo
y a nadie le importa una mierda
La memoria tampoco existe
somos un espacio vacío
sobre el cual
las patas de algún enorme y verdadero monstruo se apoyan






jueves, 21 de agosto de 2014

MISAEL HERNÁNDEZ. Poesía Actual de Guatemala



MISAEL HERNÁNDEZ (1989 Quetzaltenango, Guatemala.) Poeta e Ingeniero Civil, fue parte del consejo editorial de la Universidad Rafael Landívar de Quetzaltenango (2008-2010), aparece en publicaciones: revista ATI (2010), Pirata Cartonera Colección Cabro, El Salvador (2011), Versión Electrónica ILA Magazine, Marruecos (2014). Sorbo de Letras, Venezuela (2014). Forma Parte de la Selección de Poetas: Tenían veinte años y estaban locos, de Luna Miguel. Ganador del Certamen de Juegos florales de Totonicapán (2011), Mantiene el 10avenida.blogspot.com. Es Perro Romántico y amigo de René Morales Hernández.



 Selección por Gladys Mendía del libro en proceso Hospital


HOSPITAL.

29 de septiembre del año en que quedamos solos.


*

El instructivo del medicamento
tenía letras muy pequeñas,
aunque no se lea
el efecto es el mismo
hace olvidar el dolor
rojo de cada pastilla

- enciendes el radio,
piensas en el nuevo viaje
san francisco
el avión
el atardecer tibio
en efectos secundarios -

Esto no es culpa
de Mendel
ni de los químicos
es el destino
mi nombre
o tus uñas de color ciruela.

-Subes al auto-
y el olor a futuro
te hace creer que todo es biológico
que somos una casualidad
un prototipo con error,
- ajustas el retrovisor-
algo ves en la parte trasera
-eres tu
pensando
beber agua
o beber tristeza-

algo no está bien en tu vientre
has pensado en mi
en las flores que viven
solo un par de horas,
algo más late en tus oídos
y no es un ave
ni la palabra ovulación

es el pasillo hospitalario
que te busca
te advierte
que algo te morderá el
ombligo
perderás la vista
y sólo escucharás
los pasos de un niño
que vuela
y ronronea
por tu cornea
como espora
del polvo.


*

No era recomendable dormir
con la Tv encendida
pero en este sitio
el miedo
tiene rostro dulce
como catéter en tu brazo
izquierdo.

¿En qué pensabas
cuando el analgésico
recorría tus codos?

¿Pensaste en mi dolor?

Te imaginaba con
ojos de Molly Bloom
recostada en una cama
esperando a que yo volviera
con un par de tenis  azules
y contarte que eran perfectos
para el cinturón
que me diste por mi cumpleaños.

pero no soy Leopold Bloom
no soy
quien puede subir con calma
las gradas de la sala de espera
a un quirófano
a la zona de maternidad
a un funeral
a ti
que me marchitas
porque cuento el tiempo
que tarda tu aliento
en formar una vocal
por tu garganta

porque
escucho a pinkfloyd
para olvidar tu aroma a Nueva York
y tus ganas de conocer
Madrid

porque
dormiste una noche
en la sala de emergencia
donde los espantos
de neonatos
repetían nuestras culpas
y yo no llegue a tiempo
para apagar la tv
para decirte
que me aspiraban
el alma

que yo también
sentí el filo
del Bisturí.


*

El blanco de los pasillos
me hace el más ausente de ti
dolor de ti
espasmo de ti.
Soy
el olor a antiséptico
la hemorragia interna

Soportaría
todos los catéteres del mundo
por un momento
de tu enfermedad sobre
mi pecho
porque
no es suficiente
unblister de
ansioliticos
a los que marco
una letra de tu nombre
antes de tomarlos
para sentirte cerca
para creer
que de alguna forma
aun estamos juntos
en la ansiedad
en el castigo
en la llamarada
fétida de sentirnos
abandonados,

en esta necesidad
de seguirnos buscando
por los pasillos pulcros
donde se respiran lamentos
y la esperanza
de ser inyectados
con la misma jeringa
para volver a ser

uno. 





lunes, 17 de junio de 2013

WINGSTON GONZÁLEZ. Poesía Actual de Guatemala


Wingston González. Livingston, Guatemala, 1986. Ha publicado los libros de poesía Los Magos del Crepúsculo [y blues otra vez] (Guatemala: Cultura, 2005), Remembranzas del recuerdo (San Marcos, Guatemala: edición de autor, 2008), CafeínaMC, segunda parte, la fiesta y sus habitantes (Guatemala: Catafixia, 2010), CafeínaMC, primera parte, la anunciación de la fiesta (Buenos Aires: Folía, 2011), san juan – la esperanza (México d.f.: Literal, 2013) y Miss Muñecas y Vudu (San José, Costa Rica: Germinal, 2013). También ha escrito el guión para teatro Autopsia del resplandor.



Lo incorpóreo y evidente [del cadáver de un piano], i

Callada mi locura. Nunca fui feliz, nunca zambra
Imantado el infinito me ciega: un ruido desde
el carro detenido en aguas aéreas es mi tumba
Ni vago dios americano, ni color sujeto al polvo
Mala hierba fui, madera fina de nave que náufraga
de báscula con trampa, de lengua extranjera
asombro fértil y el corazón que tuve
capaz de tiempo y paria, capaz de luz y charco
piel de mármol, piel, reversa a las estrellas

Canciones foráneas, estos partos mortíferos
Un verde espíritu, pintalabios, dos tacones altos
alzaban del piso los desperdicios de mi alma;
Blanca nieve, un bikini rayado, lentes de sol
la lengua o la vida entre dos murallas en llamas
Arriaba la incertidumbre sus invisibles banderas

Hacé maletas, andate rápido me dijo el mediodía
Huí de hado y hojarasca; de olvidos e historias
Callado entero mi rostro: la materia, la imagen
marea de cosas que fueron, de formas trabajadas
desde el inmenso sonido y victoria de la muerte

Me veo: un animal chapoteando en las piedras
Viví ríos negros, viví matanza, viví extraviarme
Ser otra ¿qué era?; estar satisfecha ¿qué fue?
Moldea la materia de la alegría y chilla de horror
algún polvo profundo, alguna inmaculada entraña
en el lodo del patio, sobre ornamentos metálicos

Y la noche abierta y el mundo impropio fueron
aquella media luz somnolienta donde tras una
vulnerable cultura del habla, silencio mediante
se reconocieron cara a cara todos mis hombres:
perpetuos, ausentes y fugitivos





Armas de salvación, i

3 de mayo, no salí de Múnich, ni llegué
a Viena a la mañana siguiente con voz entrecortada
ni temprano, ni tarde, ni nunca
ahí donde había flores, aún hay flores, Apolo
maldición, sortilegio, ronda, muerte, espantajo
nadie ataja la ternura del alba a avión al Bucureşti
de las cosas sin guardianes, las cosas sin fuego
de los hilos volantes, del soundtrack infinito
del mundo sin agua, desnudo, infértil

¿qué es del mundo sin agua, desnudo, infértil?

caballos abajo chillantes, trepadores, flexibles
mi imagen sangra, jamás la batalla propia, jamás
el lipstick, la ventanilla, lo desconocido, intermitente
fatalidad que no ovaciona, fatalidad que no comulga
en la figura de las víctimas uno encuentra
huellas fulgurantes, oscuras, espacios ceñidos
puentes espléndidos, brazos despojados, ritmo

Europa mueve el universo interior del yermo y ahí
está mi sangre, ahí flores negras, muertas, ahí
yo
doppelgänger de un mundo radioactivo





Armas de salvación, xxi: muerte en ramadán (el cielo en medio de un cisma de luz)


lo que hay en el espejo eres ,existe el reverso de un árbol y sus raíces ,en ese reverso hay un espejo

igual que ayer cuando dibujaba una sombra, un rito a mi alrededor, un aura, que se aferra a mis genitales echados abajo; protégeme de todo mal, día difuso; protégeme, polvo
 
el día difuso polvo    rín de laceraciones inmensurables, el día difuso

sa raída cobertura de unos pechos delirantes más extraños que un venado derretido en el cielo
 

a diario sueño que hoy es el día en que tú y yo recíprocamente trasformados laceramos el yo anterior del otro
 
hay lenguaje en el      magenta de tu blu







                               
                                 carnal humedad anulada
                                 hay lenguaje en esos tacones tan altos
                                 en la repetición difícil de un show de modas
                                 vasta tristeza
                                 cama el cielo abandonado al sujeto líquido
         del descono     cimiento

                                 arde también la casa de infancia
                                 cual desfile de puntos y sucesiones rítmicas
                                 el día difuso arranca una rumba
                                 te amo nena, pero detrás de ti
                                 espacios de luz violentan el pudor


                                 el placer
                                 oficio de espejos
                                 entonces


en el mes de ramadán estas carnes inquietas deformarán el infinito
en una liturgia profana, nos devoramos enfermos y alegres





Armas de salvación, xxv

retrato con madona, santos y granero encontrás
cámara en mano, abrazás la sal del universo
la reproducís, la reescribís, deconstruís
el sonido del agua cuando un cuerpo desespera

ñandús corren por tundra asombrosa
destrucción de pechos, presencias fijas, preguntas
cosas obvias, lugar exacto, sentido, palabra limpia
en brizna de paja, exaltada, una voz pregunta
porqué un ñandú correría por tundra si apenas
sé qué es tundra, si apenas, he imaginado ñandú, apenas
su imagen incompleta, su rasgo de plaga, ese
retrato que rompe este poema, la pequeña hermenéutica
de la plenitud difícil de los besos, de las fotografías
en la pared de tu cuarto, tus recuerdos
plenos de resonancias muertas, qué
qué significa ser pleno
si hay que romperlo todo, qué significa el verdor
tras puerta y nube de cigarrillos a dos centímetros del techo
dibujando un cuerpo, secando piel que suda
sombra del nosferatu, jóvenes británicos
pub fantasma del Yorkshire, arrabal maldito
posibilidad monstruosa, asomada
en el frontispicio de un cine que abandonamos
a fantasmas que nunca vieron estos pueblos, dentro
del vientre de una batalla contra imagen hundida
en sofás baratos, tv technicolor, de lado a la herencia
la miseria de pariente extranjero cuya calavera asoma
por el cierre de los pantalones mientras el agua golpea
tus recuerdos, dispersos, el tiempo atípico
el leve simulacro de traducción que suena en las palabras
que escribo para ti, animal intraducible
cuando en O brother where art thou brilla arrodillado
ese mismo muchacho, dentro de la canción
de tres sepultureros negros cavando lluvia muy lejos
lejos
del lugar en que le encontrás, redundante, innecesario
bar alegre y oscura piedad, insolación adolescente irritable
le tirás
lazo, llamada telefónica, pantalla plasma
a él que no es valiente, que no es bravo, que jamás
amasa coraje para emborracharse y perder
el control que queda de la vida; maceta al océano
o hipopótamo que habla de amor cara a un ataúd
ya no sé, la vida, ya no sé dónde alzar
el niño mugriento que a las dos de la tarde
despierta un domingo y piensa
en el fondo ofendido de esta ciudad, en esta marcha
que exhibe el espectro imantado
de mi cabello agua, cabello luz, cabello placidez municipal
factura incendiaria que baila como el mar

como una tabla de felicidad en un pueblo
            que no habla bien
            de la felicidad



  
Vida de parque

Por qué no dormís, Marcial, hoy que suspendieron
todas las licencias y no brotan pasiones escondidas.
Tras aquellos campos de golf que ves rechinan los
dientes de la hermosa policía tres veces de noche.

Despertar y despertar insomne a falta de oficios
tu corazón, a poco aguacero al final de la grama
unge sus piernas en la desnudez salobre de la vida
abecerrada, confuso cubo de basura, sueños coloridos
agencia publicitaria para lagartijas moribundas
entre oscuras fuentes vítreas, desiertos helados
y ropa seca avisando a gritos desde el aeropuerto
que cesó la marea para la gente sola, para la gente
que desde hoy aspira con fuerza a zumbidos de perros
a comedores para momias, funerales y oficinistas
a levantarse con algún pubis exhausto en la cara,
recortes de prensa infantil lanzada del infierno,
telarañas sobre los pechos redondos, los pechos
suaves como serifas, lechosos que muestran impunes
los héroes enfermos en los carros blancos del aire.

Por qué no dormís, Marcial: que tu sueño sea yodo
para la nieve que tiñe una noche de otra noche
más grande aún que el César, la repartición de su
muerte y cielo diurno apagado al calor del laurel
y del rocío hinchado, extenso, como si no acabase
como lengua de caballo roza desprendida del paladar:
Así siempre la vela, parca vela, respetuosa vela.

¿Por qué no te dormís, eh Marcialito? ¿Cuántos
aeroplanos de fuerza necesita la nación romana
para aguantar así tus párpados en la bruma? ¿eh?:
Retírense monstruos, retírense con este año autos
de la Avenida Central; desaparezcan y dejen a solas
el alumbrado público y a los ciudadanos recortados
por leyes agrícolas y piedras más rápidas que la
ansiedad de grabaciones viejas de televisión.
El dominio de la guardia sobre fuegos atónitos
sobre el reflejo propio en el cabello propia, sobre
la heroica distracción de un elefante. Pesan más
que la muerte trágica de adolescentes esos párpados.
Pesan más que la durísima urgencia de prodigios
que la sed eléctrica de la civilización inmóvil
ocupada adentro por desocupados trágicos, por su
hermosa y disolvente vida de parque, frío, mediodía.

Pesan más que las coronas de mujeres valientes que
llorando sobre rocas gritan que harán algo grande
para que la gloria cubra sus cadáveres desvestidos.
Eso es un mártir: Un(a) joven virgen de curiosidad
una ardiente simulación de incertidumbre, una casa
que se derrumba para ser habitada después, Marcial.

¿Ves? tras aquellos campos de golf rechinan los
dientes de la hermosa policía tres veces de noche.
Yo no quiero que retroceda el invierno sobre mí así
y por qué no dormís entonces. Si pronto los cuerpos
arderán por mi causa, se revelará la suerte de los
asteroides que brillarán sobre el ganado, el miedo
el exquisito miedo, la juventud que se desvanece
en la locura completa de la sangre coagulada:
Dejaste caer un dios al jardín vacío para apagar mis
celos lubricados por las llamas de la sumisión.
No soy imbécil, viejo amor mío. No soy imbécil.