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lunes, 7 de abril de 2025

DALIA ESPINO VEGAS: Poesía Actual Peruana

 


Dalia Espino Vegas. Hija de aiapæc dios muchik y limeña. Doctoranda en Literatura y Cultura del programa de posgraduación de la Universidade Federal de Bahía. Tiene una página donde escribe y publica sus fotos sin prisa https://www.instagram.com/aia.paec/


tu k tal?


a veces tengo miedo de ver 

ver ver ver 

filtro ergo sum 

el grano inevitable de la vida 

el error 

en dónde la física cuántica nos arroja 

tu siempre tu nunca 

tus ojos profundamente amarillos 

como las noches en el centro de lima 

como el amor amarillo de cerati 

destellante como un poste iluminando lo lúgubre



foz 


he conocido el infierno en las garras de la selva

en la belleza de las nubes bien formadas

solo para turistas

el aguacero idílico 

que moja mis ropas 

mis cabellos indios

mi casa

mi cuarto de estudiante en la frontera

infinito verde 

cuerpos atrapados en el río

en las cavidades más profundas

donde yace el sudor del escandaloso verano

y que se unen lentamente a los afluentes de la oscuridad

besos trilingües 

que el río deja y ahoga

liqui-dos 

arrebatándose el agua

contracorriente besándo-sed



los retorcidos ojos abrazan un mundo de ausencia


nunca cantina siempre bar 

dices con tu voz de espuma

en la rockola suena cruz marcada de dios chacalon 

arrastrados por las avenidas 

bajo los cerros de los que tanto escribieron los antropólogos 

la garúa se empoza junto con mis lágrimas 

si tengo que hablar de amor pienso en lima 

y en la frontera

en salvador 

en el encuentro 

en sus portales 

en donde el mundo sigue 

el perú sigue 

sigue así como el amor se va 

y así como nada es para siempre

como esta casa 

esta vida que construimos a ciegas 

para vivir separados

piedra sombría si de ti hablará la noche

le pediría que me devuelva mi amor para matarlo, como dice Cavagnaro

la esperanza dejó de habitar las palabras

mi choledad se agrieta en la pierna 

en el dedo gordo 

en donde habita lo que se perdió 

en donde la chica 

del chico que soñaba con otra chica 

traza una línea 

sabiendo que esta es la primera 

y última vez para atravesarla





martes, 8 de octubre de 2024

MAURIZIO MEDO: Poesía Peruana Actual

 



MAURIZIO MEDO. Ha dirigido proyectos como el espacio de creación Transtierros a lo largo de una década, y el proyecto de divulgación crítica País Imaginario: Escrituras y transtextos, un estudio en tres volúmenes. Ha publicado algunos libros de poesía como Manicomio (Primera edición, Santiago de Chile, La calabaza del diablo, 2005; segunda edición: Lima, Editorial Zignos, 2007; tercera edición, 3era ed., Monterrey, La regia cartonera, 2013; 4ta edición, Guadalajara, Mantis, 2012; cuarta edición, Madrid, Varasek. Colección Buccaneers, 2015); Cuando el destino dejó de ser víspera (poesía reunida 2005-2015) (Cáceres, Ediciones Liliputienses, 2016); Y un tren lento apareció por la curva (Madrid, Ay del seis, 2016), Las interferencias (Madrid, Ay del seis, 2019) y Tren Europa (Madrid, Colección On the road, Varasek, 2024) Actualmente dirige El Laboratorio. 

Buena parte de los textos que presentamos fueron escritos durante el proceso de edición de Tren Europa, su última entrega.




VII



Comenzamos a construir la casa de 

acuerdo con los detalles que expliqué

a los albañiles, un día antes de

que llegaran, con tal 

de concluir la tarea. Tardaron. 

Y esa urgencia también 

fue del pasado. El presente nos exige 

estar alertas: un vecino reescribirá 

un auténtico clásico evocando el aura 

de un pasado cicládico, después de haber 

cancelado la hipoteca contraída con los

muertos antes de que pensáramos en esa 

frondosa arboleda, ni siquiera como un telón 

de fondo para el spin-off de un futuro paisaje. 

Nadie querrá reeditar ese clásico después de 

revisar el tono de cada uno de esos párrafos 

plagados de églogas, con un aire pastoril que

tendría que traducirse con medias palabras. 

Es la historia de nuestro tiempo. 

No puede ser conjugada, salvo 

con esas medias palabras. 





LI




Pour Ana María et Yves Niolet



1. Regresaba de ese enclave medieval, escondido bajo el friso labrado de un cuento de hadas en medio del bosque. Los niños descubrieron que los pinares no aparecieron en la saga. En su ficción, el bosque, salvo por la pregunta a la que le da vueltas hasta que el pasado acontezca de nuevo, le enseñó al héroe a no esperar una respuesta.


Entonces encontró el Grial. 


2. El héroe, de acuerdo con el manuscrito original de Chrétien de Troyes, pudo convertirse en leyenda después de interpretar que el sentido real de su misión consistía en mirar hacia atrás adivinando qué sorpresas regresarían del final del relato para suceder otra vez en el presente sin concitar sospechas por resultar predecibles, al menos durante cierto lapso de tiempo. 


3. De Troyes era un judío converso. Este detalle quizá explique por qué en su obra el héroe se revela en medio de las tormentas o bajo el calor del desierto, a través de vivencias que conciernen solamente al peregrino. Era un cualsea. Para Guilhem de Peiteus fue difícil comprender esto como un hecho político hasta el momento de sentarse y escribir farai un vers de dreyt nien. 4. Hoy es imposible regresar al origen de tal frase y encontrar otra que pueda provocar la risa estrepitosa de la mesnada, guareciéndola de la vasta oscuridad occitana. No en que reverberaría siglos después. Necesitas oírla.  Parece que recién se hubiera dicho ayer, pero en el registro enciclopédico se consigna que transcurrieron varios siglos. 


¿En qué otro bosque habrá caído esta lluvia? 


5. Lo sé bien. El héroe no habla con el bosque. Desaparece. Se vuelve parte de él sin una salida de emergencia como en ese cuento sufí. 


6. El editor observó que repetí 9 veces héroe. Si soy reiterativo no es por euforia, no logro traicionar mis viejos ideales. Intento convencerme: es por escéptico. No presté servicio en Poitou ni en Lemosín, y aunque nunca hubo normando ni francés en mi casa, he de seguir escribiéndola cada vez que evoque el aura de esa antigua algaba en el Gers, la de ese y no la de cualquier otro enclave, sin que ello me obligue a buscar consuelo en el consejo auroral de un falso chamán después de oír las últimas noticias en el podcast de Greta Thunberg.


8. No, no estamos destruyendo la naturaleza. Procreamos una nueva. A imagen nuestra. Por ello ya no habrá lugar para nosotros. 9. Nuestro futuro es como el de Homero. Si es verdad que fue ciego, habrá que reconocerle que recordaba muy bien lo que alguna vez pudo haber visto. 10. Los científicos calcularon que la probabilidad de que exista una memoria de esta clase es de una entre un millón. Los Magos sabían bien que las probabilidades de una entre un millón se cumplen nueve de cada diez veces. Afuera, el mundo sigue sucediendo en instantes sucesivos que nos llaman a vivir de forma permanente en un futuro en el que no existirán recuerdos. 


11. El héroe va por otra senda, inmortal, pero sin eternidad. Pensaba en el de Marianne Moore, obligado a caminar como un joven pilgrim que va en búsqueda de una nueva tierra y contra todo pronóstico consigue encontrar su pergamino; en el de Dostoievski, escondiéndose como si necesitara tomar aliento lejos del mundo y recordar todo cuanto ya se había abolido; en el de Broch quien sabía que la primavera más hermosa transcurrió en el último otoño; el héroe de Spicer no consiguió librarse de la inmortalidad que su soberbia le había construido; el de Ashbery fue Fantomas; el de Viel Temperley, Cristo. 12. Ninguno de ellos luchó con monstruos, depuso tiranos, robó extraños tesoros o rescató una doncella. Tampoco evadió la vergüenza al verse sujeto como tema en la gestación de la épica. 13. Cada uno vislumbró cómo los sueños y las realidades se entrelazaron en un abrazo etéreo que reveló la fragilidad de nuestras percepciones en un fluctuante caos primitivo y, dondequiera que fuera, supo llevar consigo el desierto y su sagrada zona de frontera, la misma que aparecía desprovista de malicia como en los filmes de Sergio Leone en las cuales el héroe, a quien creímos archivado en una vitela del Códice Voynichés, se confiesa, tambaleante, estando a punto de morir, con la ilusión que sus frases perduren para siempre. 14. Amén de ello, la Thunberg no sonríe con la misma frescura de la chica del clima.


Le vendría bien leer a Mary Oliver. Es muy graciosa.


—Alguna vez fue de Roccanera. 


El bosque continúa haciéndome preguntas: es lo importante.


No el héroe.


(….)


¿Recuerdas el título de esa canción? El silencio del héroe nos obligó a fabricar la realidad sobre la marcha sin ningún preconcepto que pudiera negarla o confirmarla como un ensayo que se exalta transitando a lo largo de una ruta mítica, la cual era cierta en el sentido en que la luz la mostraba posible. Improvisamos entre sus curvas y sus peraltes inciertos y otras cosas más que aparecían en secuencias simultáneas. Y aunque cada gesto no revelara ni advirtiera nada, significaba. Vislumbramos cosas que jamás terminaron de expresarse. No es que no existieran. Estaban fuera. A través de ellas pudimos sentirnos parte. La ansiedad es vigilante, establecía el límite que separa los acontecimientos de la experiencia, aunque, en algún momento, nos creímos ciegos debido a nuestra incapacidad de comprender lo que transcurría alrededor de nosotros. Fue sólo un súbito eclipse, efímero con respecto a todo lo que se nos revela en el crepúsculo. 


Supimos que uno de los colores que los ciegos extrañan es el negro; otro, el rojo. Aunque hoy los momentos no tengan tanto color, yo soy celeste —te lo advertí en nuestra primera riña — pero finjamos que hoy preferiría rehuir a dicha cuestión. El celeste no es sólo por fe, también por historia. Rojo y negro son los colores del equipo de un pueblo en el que nadie es capaz de conjugar el verbo sillar. Es óntico. Entraña sólo a las piedras y no por la naturaleza metafísica con la que lo imaginamos. Su valor cayó en la bolsa. Es un descrédito. Tanto que empezamos a dudar si el pasado incumplió con la cláusula estipulada en el contrato sobre las distintas variables ocultas en una conjugación verbal. Apenas podemos registrarlas como en ese poema de Marwan Makhoul en el que el abuelo afirma: Palestina es un verbo irregular en pasado. Y el padre lo corrige acotando que no, que es en tiempo presente. 


Como fuera, desde hace siglos sus pobladores están de paso buscando el modo más conveniente de regresar en los próximos mediodías. Aunque no por mucho tiempo. 


Los días festivos llegan los lunes y pasan desapercibidos con el mismo color de los sábados bisiestos. Fue en una de esas fechas cuando confundimos el sol con un flagrante oso de fuego ardiendo sobre los ritos sofocantes de la vida provinciana y entonces decidimos volver al asombro en un presente intensivo, repleto de pasado y preñado de porvenir, pero en las márgenes de una historia sumida en la endogamia la cual parecía encontrar el equilibrio en la rapidez con la que arrastraba el pueblo hacia la nada. 


No deberías permitir que los poemas te mientan. Tampoco Björk. 


Hoy, de acuerdo con el Mapa de la Historia del Mundo, es imposible pensar en ti sin mí arrancando armónicos en el aire del concierto nocturno, y como tampoco consigo pensar en mí sin que medie el tenue resplandor de tu sonrisa, decidimos dejar el pueblo.


En La Cantuta todo pareció adquirir sentido, aun cuando el viento nos persiguiera con su llanto zigzagueando entre las ramas de los molles tal si intentara gritar una pena. Nunca fui capaz de traducírtelo. Los yaravíes son expresiones de lo que alguna vez pudo significar esa pena. Amén de la dubitativa referencia a los albañiles que nunca llegaron en la espuria ficción del poema VII, no existe un relato. El único arquitecto es el tiempo. Y de pronto el recuerdo que surge cuando encendemos la lumbre de la chimenea, quizá porque te amo aun cuando el futuro haya transcurrido hace mucho tiempo. Nuestra prerrogativa es no olvidar el presente señalando las distancias mientras dejamos salir los sentimientos que escondimos en el fondo de una baulera caleidoscópica en la cual las leyes del tiempo y el espacio no podrán verse alteradas. Como el héroe, elegí mirar hacia atrás con tal de ver qué sorpresas volverían, lejos de las tertulias en la Quinta Tirado. El héroe no existe. Como el Tren es otro país. Está lejos, No tiene una historia, salvo la que se está escribiendo. 



LIII



Dicen que, en la ciudad, salvo por el

débil furor del orgullo cívico, la espiral

inflacionaria, y unas pocas palabras 

después del Big Bang, el universo nunca 

fue muy complicado. No ocurrió nada 

interesante en 13 000 millones de años. 

Lo que existe es posible sobre la base 

de una serie de ausencias que evocan 

lo que no ha sucedido con tal 

de legitimar la esperanza. 


—Habría que reconstruir los lugares 

turísticos y volverlos sostenibles 

—me interrumpen.  La vecina 

salió en camisa de dormir a tender 

en el cordel los calzoncillos del marido

después de llevarlos delicadamente

como quien porta consigo una reliquia

del año 12, la misma ya no corresponde 

con lo que él hoy pudo haber prometido.  

Por ello me mira con hostilidad. Le devuelvo

el gesto, igual de punitivo, pero pensando 

en qué capullos florearan de acuerdo con

el umbral de riego. Hay una gardenia crecida

al improviso. Creímos que brotaría un molle, 

aunque nos cueste admitirlo, nos faltó el cauce

de un río y faenar bien los rebaños en el terreno 

que sobrevuelan los drones. Debían ser pájaros. 

Un dron produce 75 decibeles de sonido

y accede a nuestras vidas secretas. Mientras

la hierba crece cuesta arriba. En la otra acera

un antiguo deportista camina después 

de jubilarse pensando que, salvo la señal 

de extremaunción, ya no le ocurrirá nada. 

Tal vez por eso olvidó sus extraños zapatos 

de baile sobre una nota al pie de otra versión 

de la leyenda, en la que se rumora que 

él y la vecina tuvieron un romance, sin

saber bien cómo atenuar la deshonra 

después de tal apostasía. 


El rumor no pudo confirmarse,


Las noticias son más fugaces que 

nosotros, no sólo las concernientes

a la nueva nacionalidad de Snowden, 

los vientos de equinoccio, el sub linaje 

Q.1.1, las Kardashian o aquellas del

clan Baybasin, en otra telenovela. 


La internet también funciona así, los datos

duran unos cuantos minutos antes de desa

parecer, aplastados por una vertiginosa marea 

de nuevos estímulos en los cuales «todo es 

posible» para la paulatina cancelación del futuro. 


Tampoco se pudo corroborar la idea que corcovaba 

menguante alrededor de la zánora, no era un río,

al momento de encender el cortacésped, el tiempo

suficiente para imaginar un pantoum, esa forma 

de verso malayo que un día usurparon los franceses. 

Aunque la idea amagara ya no la recuerdo. 

Quizá fue sobrestimada, sin un lugar, como 

el que ocupan los árboles y los edificios. 


La mitología se acerca más a lo que estoy 

pensando, podría confesarlo también ante 

el visor de una Cámara Gesell, sin la menor

emoción, pero lejos del mindfulness, 

el feng shui, las terapias de familia, 

y también de una ciudad 

que no recuerdo. 


Entonces los perros comenzaron a ladrar.


Yo soy un hombre que riega, no como 

Ámpelo, peor que otro cualquiera, en

tanto cumplo con las horas de dictado 

en medio de otras tareas planeadas antes

de que el metabolismo del tiempo, debido 

al modo en que ha venido aconteciendo, 

me imponga otra velocidad 

al enfrentar a su antítesis.  


—Desde el anonimato medieval los textos 

no constituían bienes, eran acciones. Debí 

decirles, con tal de aclarar después que

aunque la escritura plantea delimitar

fronteras, después las trasgrede. Escritura

es un tipo de expresión que, como en ciertos 

relatos de ciencia ficción, asume significados 

diferentes. Es un destiempo que transcurre 

en un presente que no es el de todos. 


Entre los chuukeses robar está permitido. 

Es una muestra de poder. El de un escrito 

está en quedarse sin palabras, después de haberse 

reapropiado de las que habíamos perdido, 

siendo capaz de registrar esa pérdida como 

otra noción de la realidad o un nuevo flujo 

de conciencia, y no como el centro de atracción 

en un nicho rentable, sólo por la corazonada 

de que alguien precisa encontrar esa oferta. 

Quizá durante un desayuno, una vez que

las noticias de la Tierra le hagan comprender

que no tendrá más otro planeta.  


Ahora que el homo sapiens es un algoritmo 

obsoleto, debería concentrar mi atención 

en atender la gardenia, y no a quienes aparecen 

en clase como objetos de su propia publicidad, 

con la experiencia expropiada para el disfrute 

de las redes sociales en un auditorio que no 

consigue verse a sí mismo, por ello me resulta 

imposible comentar lo que estoy escribiendo, 

no sin el socorro de un doble, contratado para las 

escenas de peligro, especialmente para aquellas 

que devienen desde una voz interior y que nadie 

se atreve a reconocer como un Yo. 


—¿Qué le decimos al Dios de la muerte?


—Hoy no.  


¿Importa quién habla? 


—La gardenia es una planta arbustiva. 

Sus flores crecen en el ápice de las ramas

bajo el aroma de la lluvia en un jardín que 

no existirá hasta la próxima primavera.


La pedicurista se imagina como la maestra 

de futuros astronautas en un lugar en el cual 

dios puede estar disponible; el vecino con una

kufiya en la celebración del FanFest; 

y ella en redimir el romance en una 

habitación ninfoléptica.


Ninguno podrá ser escuchado. 


Afuera el negocio tiene que ver 

con el mundo onírico de un grupo 

de turistas con camisas hawaianas; 

equipos de póker seleccionados por

la I.A para el programa Artemis;

la subasta de una foto en miles 

de tokens no fungibles.


El futuro distrae, jamás advierte.


Cuando Clyde Barrow insistió en cantar 

Siboney en la prisión de Eastham.


Bonnie Parker pudo decir: un día de estos, 

caerán codo con codo. 


—Yo soy Nadie —gritó Ulises salvándose de ser devorado.


Las sirenas eran un rumor.


No son otra cosa que canto. 



LV



Las cosas cambiaron a tal velocidad que el futuro parecía estar transcurriendo. Por ello, antes de que consiga marcharse del todo encontramos la manera de irle pidiendo cosas comprometiéndonos a devolvérselas con una lógica retrospectiva sin saber bien cómo concertar con el relato. Ignorábamos el desenlace de esa narración, no las canciones de su banda sonora. las cosas cambiaron podría ser el título de alguna como si se tratara de una experiencia inmersiva en la amplitud modulada hasta que la historia baje la velocidad. Iré por tabaco donde Cristo perdió el mechero, y también por unas toneladas de argamasa para pegar los pedazos de un país que, hasta este momento, no ha conseguido serlo. Yo sólo hablo del Tren, después podré comentarte algo acerca de Clyde Barrow.  Las cosas nunca cambiaron. En un tren todo es contemporáneo, y no porque lo interesante ocurra en la sombra, tal como exclamé alguna vez, aturdido en la boca del túnel. El movimiento no se confunde con el espacio recorrido. El espacio es lo pasado, el movimiento es presente. Lo que vemos a través de las ventanas es aquello que transcurre el tiempo suficiente como para creer que, después de cruzar la boca del último túnel, encontraremos la tierra prometida, esa que jamás conocimos. El perfume de Clyde contrastó con el olor a pólvora quemada, quizá para que el tiempo la recuerde.  Bonnie escribía poemas.



LVI




No hablemos de ellos, los poemas acontecen una vez, después desvanecen. Nosotros pasamos a través de ellos en un espacio que el relato no quiso concedernos. No como experiencias, podrían cambiar de sentido. La poesía hace eso. Pone a las palabras en peligro, mientras el habla experimenta con la lógica heterónoma de su propio material, tanto que, cuando creemos avizorar un final, una mano invisible dibuja una curva que nos conduce otra vez al principio. Ese artificio cíclico indica que el trabajo recién ha comenzado. La posteridad es anacrónica. Habría que preguntarse ¿qué hacemos entretanto? Non siate dunque in ansia per il domani, perché il domani si preoccuperà di sé stesso, recitaba la nonna con tal entonación que volvía verosímil la ficción de los viejos evangelios como si cada uno de ellos revelase una verdad consigo, aun cuando mintieran. 



LVII



No me tradujeron en el idioma del país en el que orina el diablo cada vez que dios amaina la velocidad del vértigo que gira en dirección contraria. En el noticiero de la noche él dejó de hablar de sí en plural mayestático. El entrevistador, en vivo y casi al borde del llanto, exclamó afligido: ¿por qué se sufre tanto? Tampoco pude creerle. 


En la política el discurso guarece aquello que miente. Tal vez ello se deba a mi desdén.  Antes que ver los noticieros preferí aprenderme bien el ruido de los distintos acentos auditivos de sus auspiciadores, negociar su retórica, arrastrarlos por otras fronteras simbólicas y construir con ellos una dramaturgia en la que todos esos ruidos sean el eco discontinuo de un relato reticular, y no el de una poética analógica. 


En medio de la calígine, al fondo de la Sala de Máquinas, comprendí que, en la particular dimensión de las noticias, cualquiera puede dominar un sufrimiento, excepto quien lo siente. No pasa otra cosa. Las guerras de armas biológicas, la supremacía de la Internet, la obnubilación por la carne sintética, los corrimientos de tierras, los tsunamis, e incluso el auge de las criptomonedas ocurren en los momentos en los que la realidad se sitúa junto a la ventana y mira a otra parte hasta que dios diga basta, lejos de las primeras planas.



martes, 1 de octubre de 2024

SANTOS MORALES ARONÍ: Poesía Actual Peruana

 



Santos Morales Aroní. Ayacucho - Perú. Abogado por la U.N San Luis Gonzaga de Ica, con maestría en la U.N. Mayor de San Marcos. Ha publicado Flor de Lluvia (poesía) en 2015, Bajo la Lluvia (cuentos) en 2019 y Urankancha (poesía) en 2022. 

Ha sido ganador del concurso de “Poesía Universitaria Blanca Varela” y X Congreso Nacional Lingüístico Literario CONALL 2013.  

Forma parte de la “Antología Poética Iqueña” 2009, “Esencia de la Palabra” 2010, “Antología de la Nueva Poesía Iqueña ARAWIY” 2011, Antología de la Poesía Iqueña “Poetas en la Arena”, 2017, de la Antología sobre la Narrativa corta de Ayacucho “RIPUNTI PARA” 2021, de la Muestra de Narrativa Iqueña Contemporánea “ARANVILKA, 2023” y la muestra de poesía contemporánea escrita en Ica, “Todos somos el mismo cerro” 2024.  

Ha participado en diversos festivales de poesía. Sus poemas han sido publicados en México. Es miembro del Círculo de Poesía ARAWIY, fundada en el año 2010, y coeditor de la Editorial Ícata.  



Tunankancha

 A mi hermano Miguel


El abuelo ha cosechado las mejores piedras hechas con la saliva del sol y ha musitado; “wasiytaruwasaq”.

En su boca, amalgama de coca y toqra, irriga fortaleza. Se quita el sombrero, hace reverencia al tayta inti y besa la Pachamama, para que la casa perdure. 

Al atardecer, la casa está lista a la orilla del arroyo. 

El abuelo ha edificado el nido matriz en honor al sol. La lluvia le habla desde el techo con su gorjeo matutino. 

La abuela, por su parte, domestica al pukupuku para tener certeza de la hora. La abuela ha domesticado el tiempo.

Ambos se asoman al río y miran sus reflejos. 

Han decidido multiplicarse. Veo a mi padre ligero como chubasco, gatear y zambullirse en el pecho de la abuela buscando la vía láctea.

El abuelo ha sembrado ayrampu a un lado de la puerta. Será su cancerbero. 

El pájaro árbol ha crecido, sus pequeñas hojas se alimentan de destellos. A echado como fruto granos púrpuras; papá los derrite en su boca como pequeños soles sangrantes.

Tunankancha solariega, sudor casa, sangre casa, árbol casa, wasihause.

En tu puerta, los abuelos Santos y Virginia como dos Monarcas Inkas, esperan a sus wawas mientras en tu techo fulgura la garra solitaria del relámpago. 



Urankancha

A mi abuelo Santos Morales in memorian.

*

Hervían ccocha yuyus en tus ríos y a las piedras de tus arroyos le crecieron alas.


El ayrampu orillaba tus párpados y los venados dormitaban en el bramido del wayra.  


El rojo polvo de tu cuerpo fue sacudido por nómadas, cuyos pies gregarios arribaron a tus caderas, en busca de puka kachi.


El color ocre de tus mejillas, sedimentaron sus miradas. Los wamanchas y lagartijas lo nombraron “tribu de los pukas”.


Las primeras mujeres se alimentaron del lácteo de las estrellas. Podaron el relámpago y lo plantaron, regaban con leche de sus senos, hasta que brotaron hojas, le crecieron ramas y echaron flores y frutos. He ahí el germen de la agricultura. 


El clan de los pukas recolectores de granos de garúa y cazadores de destellos fueron colonizadas por los bravos Chankas. 


Los mozalbetes aprendieron afilar sus salivas y fueron reclutados al ejército. Las niñas se alimentaban del polen de las lluvias y capullos de sol, para cuando grandes engendraran guerreros capaces de tumbar al propio rayo. 


La etnia bravía cierto día después del arco iris, fue deslumbrada por el propio Pachacutec; las orlas doradas de su manto acariciaron el color bermejo de sus entrañas.


El Inka con su lengua de emperador, oteando la bella planicie la nombró; Urankancha y las brevas de su corazón fueron cosechadas por el jerarca.  



Monoral del Camino 

 A Vladimir Vila Vargas 

Cuando faltan piedras a las palabras, rayo a tu aliento; tu orfandad se desgrana en migajas y pones tus pies en mi pecho de reptil.

Vivo centurias por esta parte del orbe. Hechura de tus ancestros; forjaron mi cuerpo empedrado y polvoriento como a un garabato hecho por un niño zurdo.

He acariciado los pies de tus tatarabuelos y ellos han besado el polvo de mi cuerpo. Se sentaban en mis orillas a saciar sueños apetecibles o a merendar fiambres de tunas escarlatas. 

Los cascos de sus mulas retumbaban en mis costillas. Te he visto aún pequeño, con pantalón remendado y zapatos de jebe, limpiándote los mocos como quien quita un lunar que lo afea.

Jalabas la mula y al burro pardo, esos que tenían unos ojos que relucían en el charco de la madrugada.

Corrías apresurado detrás de tu padre. Hurgué tu miedo, tu agitación de viento; otras veces, te prendías a la falda de tu madre como queriéndote bordar en sus cicatrices.

Y ahora vienes de vez en vez, cuando le faltan granizos al poema.



Aroma solar.

A Alejandro Licas Morales.

Existe en la familia cierto magnetismo; esa gota de sangre que te llama como un aroma solar. 

Mientras endulzamos la garganta, mi primo Alejandro ríe a carcajadas y las hebras de su risa hacen florecer violetas.

Su rostro grafica las bofetadas del tiempo.

Sus barbas castañas me recuerdan al tío Patrocinio, lo veo; aderezando las presas para la Pachamanca y condimentando sus años, aún con hierba buena creciéndole en los falanges y abejas zumbando como sangre en la tibia. Mientras la tía Victoria la mira desde una esquina, con el aliento bramando en el olivar de su caja torácica, recordando el día que zurció su corazón al tallo nacarado; justo a la hora del canto del puku puku, justo a la hora de la miel, en la puerta de Tunankancha, cuando el abuelo aún guardaba rebaños siderales en la saliva.   

El tío Patrocinio se unió a la tierra para abonarla y germinar como habas bermejas, como capulí cuyos frutos rojos estallaran en los labios de su descendencia.

Con el cañazo colonizando la sangre, grita; ¡carajo, te parece al abuelo Santos! Muge, con esa energía de toro que se ha pasado la vida arando barloventos.  

En Alejandro se resumen los hijos de la granizada; árboles creciendo en el iris del sol, cactus irguiéndose en el meandro de las venas.  


 

A -  E l e n a

Antes del nacimiento de Elena, mi madre era un manantial lácteo. 

Cogía sus senos como racimos de uvas. 

Sus pezones, cual dátiles, vertían dulzura hierática. 

Cuando nació Elena me obligaron a convidar. Ella lactaba del lado derecho y yo del lado más pródigo y generoso. Sorbía parsimonioso como relámpago recién nacido.  

Cierto día mamá al ver a Elena esmirriada, resolvió agraviar a su seno izquierdo.

Lo untó con ají. 

Tenía cinco años cuando conocí la tragedia. 



Feliciano. 

huk

A 4500 msnm; los charcos son esquirlas lácteas adheridas a la piel de las punas, sedentarias heridas, palpitación celeste de alguna deidad remota. 

Las nubes escupen granizadas.

La sangre fluye densa y saluda el estallido asmático de una flor. 

La violencia dulce del viento vuelve anidar en los cabellos de la abuela, el aliento aletea lento, lentísimo como chirririnka en su afán de alcanzar altura.  

La abuela Virginia es una lince, pastora de fuego y auquénidos. Tiene quince abriles, sus mejillas escarlatas le dan aire de luna incendiada.

Los bisabuelos Nazario y Josefa se alborozan viéndola desde la rendija del alba, desde el pilar de sus proezas; juntar su vacarumi y nombrarlas; ésta Utarina, aquella Pawsinay, y estos otros sus becerros; Chukchunkino y waylurcha.

La abuela, hace florecer escarchas en las praderas.



Allpachaka

Vértebra de piedra, de siglos, de memorias enraizadas a las masas de la tierra como carne incrustada a los huesos.

Relámpago a dos orillas que claman comunión.

¿Acaso el viento azorado, que recorre las punas como atuq fullero? 

¿O el hombre forastero, apátrida, que recorre los andes como quien camina las líneas de sus manos, te ha edificado?

Mi bisabuelo, cierto día, arreando sus auquénidos, ya no le fue menester bajar a la ribera para vadear el río. 

Estabas ahí, tendido como un mamífero recién nacido, meciéndote con tu esqueleto de piedras y tu cuerpo embadurnado de cal.

Confieso, cuando niño tenía miedo de pisar tu cuerpo de lagarto.

Se dice - el río por debajo de ti albergaba una laguna donde vivía una sirena fosforescente.

En noches de eclipse, salía a peinarse con las espinas de tankar, y ha perfumarse con floripondios y retamas. También vivían las truchas polícromas que daban origen al arco iris.

Cuando se ocultaba el sol, quedaban sus barbas doradas flotando en el agua. La luna era concubina del sol desde hace ya siglos y fruto de ese idilio habían procreado a la sirena y las truchas polícromas.

Pero luego me hice amigo tuyo y ahora me siento a tus orillas a contemplar artrópodos en llamaradas.

Allpachaka, Relámpago amoroso, adherido a dos orillas que claman comunión.



Andina sempiterna

Fulguraban piedras en la saliva del tiempo. Cantaban las hojas del guindal augurando estelas ovíparas. De cuando en cuando el chubasco arreaba piara de nubes.

Y tú, andina sempiterna, dejabas morir en tu pecho palomar de suspiros; en otras edades donde el atuq; era pequeño insecto herbívoro, el rayo; cordón umbilical que zurcía el cielo con la tierra, los arroyos; niños pequeños que gateaban en busca de su padre río.

Por la mañana, cogías tus rebaños. Salías alegre al pastizal, salpicada de ternura. Llevabas de quqaw; machka, puspo y tu puchka para hilar caminos al regazo de tu madre.

Al medio día te sentabas furtiva a la sombra de algún ichu a merendar. Te quedabas dormida, soñabas con cernícalos iridiscentes aleteando en la hendidura de tu lengua. Despertabas resollosa, brincabas a contar tus rebaños. Por la tarde, retornabas junto con el sol, musitando a la distancia la humareda anunciaba tu llegada. 

Así transcurrían tus días, alegres como vísperas de herranzas.

Cargas en tu lliklla amalgama de garúas, de wayra, wayta.

Ahora te encuentro en el alba, con herbajes liándose a tus huesos, con semillas brotando en el surco solar de tus ojos. 





miércoles, 16 de agosto de 2023

GUILLERMO CHIRINOS CÚNEO: Poesía Peruana



Guillermo Chirinos Cúneo nació en Lima en 1946 y falleció en La Punta, Callao, en 1999. Mientras vivió solo pudo editar una plaqueta, Idiota del Apocalipsis (1967). De modo póstumo apareció en 2021 El guerrero del arcoíris, que fue calurosamente recibido por la prensa cultural. 

Selección por Gladys Mendía



De El idiota del Apocalipsis 


Gatos nocturnos

III

Era una voz de uranio, una ronca voz de asfalto, como de rosas aplastadas por las bocas mugrientas. Y le advertí celestemente que un pobre muñeco antiguo se divertía en sus bigotes. Y el vaso azul, en la ceja llena de cerveza, respondía a la ciudad ebria, pordiosera del alto hermano bajo letrinas.

El poema entonces quería morir. La primavera nocturna lo llevaba hasta un viento de túnicas y muerte, pero sucede en nuestras ramas que corrimos huyendo de los lechos: volamos casi sobre esas hierbas de la noche, vociferaríamos quizá a muchos parques de Lima la caída de nuestros ciegos dulces gatos cimarrones.

 

El derrumbe


VI
 
Sobre un ártico cruel y una hoja espuma de cerveza, entre caras de humo y orangutanes de jade, una necia voz con palidez de ahogado cuya cabellera de violín y arco trasciende a judías con gafas, ronronea.

Una sonrisa lince y hulla entre el polvo y la frente, un circulo astral, un circulo de ondas rojas y adefesios crepusculares, allá en piedras cuyo fragor de anillos y de cráteres volcaniza la troma rosa del pordiosero hermoso.

También los marfiles negros de los apaches vivamente muertos en colinas de guerra, y los de los vivos altamente lunáticos, hurgan monstruosamente su potra coral y las plumas rojas entre sus carnes dulces y niñas, habas y azules. Y también las amapolas rudas del animal de julio rompen sus extrañas rosas, albas e inconquistables, y parecen dos carcochas velludas de basura sus pulmones pálidos rosadamente tirados.

Las brujas y los magos entonces corren como un circo entre cabras negras, payasos judíos y torres; y la panza herida bajo burro de tropas, (soldados babeantes de hollín, uniformes rosadamente ebrios  de rameras blancas y sucias), yace picoteada en fresas y bocas de niebla desde esas santas podredumbres hasta esas moles bohemias y rotas en cal y rosas de papel.









 De El guerrero del arcoiris


*

Comprendí los arquetipos, los sueños, el caos, y me volvó loco.
Me mesí en la bruma de las estrellas y vinieron a mí sapiencias lejanas de locura. Adoré la belleza de la humanidad y mi sexo sembró el dulce equilibrio de la vida. Viví un sueño: la libertad de ser justos.
Sentí el hastío de las poderosas fuerzas del instinto y la inconclusa prisión de los mitos. Y mi padre, que lleva la señal de Caín, no me comprendió.
Yo había visto la luz.


*

Cristalizó la luz. Nociones de realidad atravesaron tu propensión despiadada a la imagen del conocimiento. Músicas hipnóticas señalaban tu ritmo. Supiste de metafísica, y buscaste la ideal arquitectura de la asechanza. Hombres redimidos por el arquetipo de la moral te señalaron el narcisismo de los espejos. ¿Cuándo devendrás pleno en las estructuras de la luz? ¿Cuándo tu sexo sembrará el diálogo del llanto? La humanidad pinta máscaras sobre el arquetipo del dolor.


*

El instinto hirió la suave delicadeza de tu además; oníricos placeres sedujeron el meditado anhelo de tu oración. Perdiste la moldura de los sueños y, en el estéril cuenco de tu imagen, devoraste la omnisciencia de los espíritus. Eras luna, y en los espejismos de tu recuerdo sembraste el dolor de luminosos presagios; eras Sol, y en la ardiente sumisión de la Tierra sembraste la belleza del arquetipo.


*

En la ardiente sumisión de la Tierra, reconociste la suavidad del espejismo; en el laberinto del sueño, tu vana sombra de ángel rozó cosmogonías; la conciencia inconclusa del hombre anhelaba el dulce sueño del arquetipo. En las arquitecturas de luz, la belleza busca su inexacta emoción sobre la paz del instinto.


*

Formas de pensamiento sobre mi inexacta emoción del instinto. Lucas diurnas en el cuenco de mi arquetipo. Músicas hipnóticas sembrando la belleza del sabio ritmo. Fuiste el elegido para limpiar de pecados los sueños, pero tus manos aladas solo pintaron máscaras sobre el dolor. Pertenecemos a la luz. Pertenecemos a la oscuridad.


*

La energía condensada forma la materia; los misterios del devenir nos devuelven al pánico. Sinteticemos las formas, vibremos en la magia de la conciencia, pintemos nuestra ansiedad de luminosos presagios.


*

De tus manos recogí la bestia. En tu pecho, pájaros azules anidaban como en tormenta. La niebla enredaba en mi corazón el triste recuerdo. El amor a veces es triste -me dijste-, la belleza es una perdida enseñanza.
Busqué tu boca en las sombras del consuelo para herirla con mi beso. Busqué tus manos para clamar al Sol, la esperanza de una redención. NO sé si tu sueño invisible es la risa envenenada de los niños, o si tu música entrelazada a mis dedos es una sapiencia de tierras lejanas. Encuentro un laberinto de turbias respuestas en cada aliento, un deseo marchito en cada filosofía, una sangre de oro en cada religión.
Tú eras flor, y yo era raíz. Mas la vida es una pasión inútil, y el misterio es un sueño de yo urdido en los delirios del narcisismo.


*

Yo que nací copulando con los espejos. Yo que desgarré los ojos de mi padre en busca de una redención. Yo que en las tardes de invierno me solazaba delirando la eternidad. Yo y yo y todos, atisbando y reconociendo edades de oro; ¿qué nos queda? Pertenecemos a la oscuridad. Lloro tu muerte. Lloro, en tu pecho, la muerte del mundo. Pero yo, una vez y otra vez, vi el final.








miércoles, 13 de mayo de 2020

VICTORIA GUERRERO PEIRANO: Poesía Actual de Perú


VICTORIA GUERRERO PEIRANO (Lima, Perú 1971) Escritora. Ha publicado el poemario: En un mundo de abdicaciones (Lima-FCE, 2016), anteriormente y a dúo con el poeta chileno Raúl Zurita publicó Zurita +Guerrero (Guayaquil, 2014) y el compilatorio de su poesía bajo el título  de Documentos de Barbarie (poesía 2002-2012) (Lima, 2013) que comprende los poemarios Ya nadie incendia el mundo, Berlin y Cuadernos de Quimioterapia. Además, la novela corta Un golpe de dados (novelita sentimental pequeño burguesa) (Cusco, 2015 y Tijuana, 2014), Y la muerte no tendrá dominio (FCE, 2019). Es doctora en Literatura Hispanoamericana por la Universidad de Boston y magister en Estudios de Género. Sus poemas han aparecido en diversas revistas y antologías nacionales e internacionales, y han sido traducidos al alemán, inglés, francés, portugués y finés. Ha sido invitada a diversos festivales de poesía, entre ellos, al World Village Festival de Helsinski, la Feria del Libro de Bogotá, el Parnassus Festival de Londres y el Latinale de Berlin.

Selección por Gladys Mendía



contemplación

el ojo de una rata me observa
su único ojo rojo me mira
y yo miro la oquedad de su ojo izquierdo
por ese hoyo tal vez se pudiesen entrever
otros mares de arena otras orillas
como la primera orilla de la que partí:
en el ojo de fuego de mi madre
entonces todo volvería a arder
el agua el ojo el fuego
y mi cuerpo se diluiría en arroyuelos y ríos sin fin
pero esa oquedad no existe
sólo mi miedo y el ojo solitario de la rata
que ejerce su dominio sobre mis ojos
que son dos ojos pequeños y miopes
por los cuales ella me observa:
reposar la cabeza sobre el ombligo de mi esposo

ahora el viento es suave
y las hojas suben al cielo
desde donde una pequeña ave de rapiña
desafía al sol
y nos contempla

De El mar, ese oscuro porvenir





UN ARTE DE LA POBREZA

Mientras afuera la rana canta
Emily me dicta un Arte
Un arte de la pobreza
Una de sus reglas es ser Nadie
Alejarse del frío derroche y la adulación

No es fácil ser Nadie
Toda la vida nos enseñan a ser Alguien
Pronto las generaciones jóvenes vienen y nos arrasan
Y pasamos a ser Algo
Y luego Nada

Un arte de la pobreza
Requiere aprender a ser Nadie
Ser austero en un mundo de vanidades

Mientras afuera viejos hombres sabios
Y chicas listas
Pretenden seducirme
Emily me dicta un Arte
Un arte de la pobreza

Yo solo me siento y copio sus palabras.

De En un mundo de abdicaciones




MANTEL

Mi madre tejió un mantel
A croché
En ese tiempo yo no sabía nada
Lo llevaba a todos lados
Me asombraba que tejiera en la oscuridad de un cine
Pero ella lo hacía
Y al día siguiente no sobraba ni faltaba una sola pastilla

Así era mi madre en aquellos tiempos
Una mujer extraña
Trabajaba de día y los fines de semana tejía
Me llevaba al teatro
Yo no la entendía en ese entonces
Las madres de mis amigas permanecían en casa
Cocinaban Las recogían de la escuela Les preparaban la lonchera

Cuando el mantel estuvo terminado
Lo puso en la mesa
Era magnífico
Pero yo en ese tiempo no lo entendí

Era complicado

Me perdía entre sus puntos
Me enredaba en su delicada trama
Veía a mi madre a través de esos anteojos de hilo
Pero ella seguía siendo diferente a las otras:
Trabajaba de día
Bordaba los fines de semana
Y no soportaba demasiado estar en casa

Yo nunca la entendí
Quizá no supe lo suficiente
Tampoco ella me enseñó
Pensó que era demasiado para mí –o muy poco

Ahora mi madre dice que no puede hacer nada con sus manos

El mantel permanece guardado entre los estantes

Yo me llené de diplomas
Y no sé bordar

De Diario de una costurera proletaria





viernes, 10 de abril de 2020

KREIT VARGAS GÓMEZ: Poesía Actual de Perú


KREIT VARGAS GÓMEZ (Arequipa, 1984). Arquitecto. Formó parte del proyecto Editorial “Bastardía” (2006). Obtiene el 1er lugar en los Juegos Florales de la Universidad Nacional de San Agustín (2007). Forma parte de la exposición “Visual Poetry & Performance Festival” (San Francisco – EEUU, 2008). Obtiene el 1er lugar en el concurso “Plumas de Búho” (2011). Ha publicado en la revista “Pterodactilo” de la Universidad de Austin (Texas – EEUU, 2009) y en la revista LDDS (Santiago de Chile, 2012), traducido al portugués por la revista Zunái (Brasil 2011). Ha publicado el libro objeto Elephant Gun (Editorial Cascahuesos, Arequipa, 2009), el registro poético-sonoro Santería (Editorial Dragostea, Arequipa, 2011), Dislexia.net [La danza de los extraviados] (Astrolabio Ediciones, Cuernavaca, 2012), con el que obtiene el reconocimiento a la mejor edición de libro independiente organizado por Fondo de Cultura Económica en México. Sus textos han sido recogidos por las antologías Plumas de Búho (Perú 2010), Mi país es un Zombie (Ciudad de México, 2011) y 4M3RIC4 2.0 Novísima Poesía Latinoamericana (Ciudad de México, 2012). Ha participado en festivales en México, Perú, Chile y Bolivia.
Selección por Gladys Mendía del libro Santería


/Puente Bolognesi/

Mientras me veo en ellos
Me alejo
Lento y transparente

Con el desastre de mis dientes
Y el apuro de mis piernas por alcanzarte   en los días que dejé pasar

Vistiendo colores irracionales
Marchito mis ojos
Con el amor de quien sueña al pie de un acantilado
La claridad deslumbrante de la caída





Este cielo no contemplaba respiración alguna

Bajo el páramo de pestañas azucaradas

/Interminables/
Tus piernas multiplicaban en la humedad mariposas

Esta iglesia y sus santos no conciben en sus pechos
El lenguaje frenético de tus tacones golpeando los techos del mundo

Y si algún amor se iniciaba a tus pies

Solo San Juan de Dios iniciado entre adoquines y herrumbre blanca
Hacen material esta santa procesión de carne

Mi santa paloma ha caído dolorosa como un disparo contra la vieja orden arzobispal
Bajo la mirada errática del tumulto suspendida en  un adiós

Ha llegado hecho distancia desde ninguna parte
Con los bolsillos congestionados de ternura



***

La noche   nacía de la garganta de Amy
De sus pechos colgaba el cielo evangelizado con placeres de algodón manufacturado

Envuelta en un vestido de aire que desbaratan mis manos
Estas que llevan días en agua remojando una caricia blanda





/Puente Fierro/

Ahora
Colocas
Estos
Colores
Subversivos
En
Mis
Ojos

/La calle del puente nunca unió tanto dos abismos/

Me dejaste este rastro de peces muertos
Y un cauce vacío en la forma de un beso