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martes, 4 de agosto de 2026

Entrevista a Juan Pizzani, a propósito de novela Visita Guiada (2007). Por José Miguel Navas


Entrevista a Juan Pizzani, a propósito de novela Visita Guiada (2007)

Por José Miguel Navas


Soy fanático de los libros que no se pueden catalogar en un género específico. Me

gustan las historias rompedoras y cuyos autores tienen una forma interesante de ver la

literatura, uno de esos autores es Juan Pizzani, nacido en Caracas, Venezuela, autor de la

novela Visita Guiada, publicada por el Fondo editorial El perro y la Rana en 2007. Ya son

casi veinte años desde que Pizzani publicó esta primera obra de autoficción, a la que luego

seguirían las crónicas Autoetnografía en una agencia de marketing de Lima (Prodavinci,

2020), Onaka ga peko peko (Petalurgia, 2021) y su nueva novela que saldrá en 2027 bajo el

sello Suburbano Ediciones, titulada Textos curatoriales. Toda esta prosa narrativa pertenece

al mismo ecosistema autoficcional que Pizzani va recreando desde la vivencia, la memoria y

la experimentación literaria. Con las siguientes preguntas, consultaré al autor por sus

inquietudes, su visión, sus perspectivas literarias y vitales.


José Miguel Navas: Me interesa saber, ¿cuándo nace en ti la inquietud de la escritura?

Juan Pizzani: La máquina de escribir de mi padrastro era para mí una gran atracción desde

que tenía seis añitos. Me sentaba allí a escribir cualquier cosa, solo por usarla. Recuerdo que

una vez transcribí la canción de “Los pollitos dicen”. Si me equivocaba, usaba el corrector

que venía en papeletas con pintura blanca. Uno las ponía sobre el error y volvía a presionar la

errata, para taparla. En esa época empecé a desarrollar, por primera vez, el hábito de sentarme

a escribir. Luego llegó a casa la primera computadora, una Apple cuadrada con pantalla en

blanco y negro. Las ganas de usar aquella novedad tecnológica eran más grandes que yo. Allí

probé mi suerte con la aplicación de dibujos, usando el mouse, el programa de notación

musical y, por supuesto, el procesador de palabras. Hacía, con la intuición de un Juan de 10

años, poemas octosílabos que rimaban a la perfección. Hubo uno sobre una hormiguita que

perdía su hábitat debido al desarrollo urbano que acababa con la naturaleza, cambiando los

suelos de tierra por calles de concreto. El poema estaba acompañado por un dibujo del

personaje de la hormiguita hecho con el mouse de la Apple. Lo había hecho para cumplir con

una tarea que nos habían pedido en la escuela. La coordinadora de disciplina se empeñó en

decir que ese poema lo había hecho mi padrastro, que era escritor, que me habían hecho la

tarea. Nadie pudo sacarle esa idea de la cabeza a la coordinadora y me hicieron firmar el libro

de vida: dos firmas más y podría ser expulsado. Firmar aquel cuaderno de mala conducta por

haber hecho las cosas muy bien no fue la primera vez, ni la última, que el Juan de la infancia

transó en silencio con la abyección del mundo de los adultos. Las computadoras de la familia

fueron renovándose con los años y el Juan de 15 años se trasnochaba escribiendo cuentos de

horror; a más grotescos, más se destartalada Juan de la risa. A veces mamá me encontraba en

el piso privado de la risa, con los ojos llenos de lágrimas, por los episodios sórdidos con

dentistas asesinos y fetos en frascos de mayonesa que se me habían ocurrido.


JMN: ¿Qué te llevó a escribir un libro como Visita guiada?

JP: Romper el silencio. El silencio es opresión. Por eso he escrito casi todos mis textos. Así

como la coordinadora de disciplina de aquella escuela me impuso una versión retorcida de la

realidad, muchos otros adultos con quienes crecí también construyeron una historia

distorsionada, una visión de mí que no me hacía justicia. Creo que muy pocas personas

realmente me veían. Escribir Visita guiada fue dejar atrás años de mi vida en el closet.

Habiendo crecido en la Venezuela de los 80 y 90 sin un acrónimo LGBTQIA, sin arcoíris, sin

marchas orgullo, hubo muchos años en donde de verdad creí que era un monstruo, que la

familia se destruiría si mi verdad salía a la luz y me quedaría solo, que tenía que mantenerme

oculto el resto de mi vida. Mi secreto se convirtió en un asunto de vida o muerte y, antes de

atentar contra mi vida, decidí escribir una carta para salir del closet con mis padres, que es

uno de los episodios de la Visita. Decirlo, conversarlo, era imposible. Una vez fuera del closet

comenzaron más malentendidos. Aparentemente, ser homosexual sí era una identidad

monstruosa, aún en una familia tan culta como la mía. Escribir Visita guiada también fue un

asunto de vida o muerte, una manera de lidiar con el miedo. Fue muy terapéutico poner en

palabras mi versión de la realidad, aunque era solo el comienzo de un largo proceso de

sanación que se ha seguido profundizando toda mi vida y con cada ejercicio nuevo de

escritura.


JMN: ¿Cómo afrontas a los lectores de tu novela?

JP: Hubo lectores que leyeron la Visita como un acto de venganza y resentimiento. A esas

personas siempre les dije que era más bien un acto de amor propio, que nunca intenté

orquestar una venganza. De hecho, los episodios que llegué a sentir de esa manera fueron

eliminados en el proceso de edición de un texto narrativo que es minimalista, en donde la

economía de un par de líneas se asume como un episodio completo. Recuerdo haber dicho

varias veces que, por decisiones estéticas, dejé por fuera páginas que sonaban más a queja o

reproche. Pero, con los años, he aprendido que decir mi verdad tiene muy poco que ver con

convencer a nadie. Lo importante es que yo sé cómo son las cosas, y muchos otros también

saben. Por otro lado, hubo una gran cantidad de lectores que se acercaron a mí en los años

siguientes a la publicación de la Visita—ya sea en las ferias del libro de Caracas en donde

trabajaba o en Mérida, durante los años que hice mi doctorado en antropología—para

decirme, que después de haber leído mi libro, habían sentido la valentía para salirse del

closet. Tanto gays como lesbianas me abordaron para decirme esto y a pedirme un autógrafo.

Esto para mí fue uno de los regalos más bellos que me ha dado la vida y el mejor resultado de

mis esfuerzos literarios. A los casi veinte años de la publicación de la Visita, he descubierto

nuevos lectores ideales: poetas, editores/as y académicos/as que han expresado su estima

hacia mi primera obra de autoficción. La única forma de responder a esto es con un

agradecimiento enorme.


JMN: ¿Fue algo planeado hacer una novela con una estructura fragmentada o surgió de forma

espontánea?

JP: Las dos cosas. Es decir, por un lado, yo tomé una decisión consciente de hacer un texto

minimalista, donde una página entera pudiera sostenerse con tan poca ropa como una sola

línea o un solo párrafo y eso, sin duda, me ayudó a crear un texto fragmentario. Aunque había

amado el Don Quijote de Cervantes, o Madame Bovary de Flaubert, yo odiaba tener que estar

sentado leyendo cientos de páginas por horas y horas. Quería hacer un libro cuya adquisición

fuera mucho más accesible en términos de tiempo y atención. Por otro lado, antes de pensar

en hacer Visita guiada, yo ya escribía microcuentos motivado por la misma inquietud, aunque

muchos de ellos no eran autoficciones. Una querida amiga puertorriqueña llamada María

Ortiz, con quien iba a las clases de la Maestría en Letras que hice entre 2004 y 2006, leyó mis

cuentos y me sugirió conectarlos unos con otros y convertirlos en una novela. Como ya he

dicho, esos cuentos no eran autoficciones pero, en mi intento por seguir la sugerencia de

María Ortiz, surgió la Visita y terminó siendo aún más fragmentaria por el ejercicio de juntar

párrafos de prosa emanados de la memoria, con otros que venían de la pura imaginación.

Todo estaba hilado por un eje temático y una línea cronológica que progresaba desde la

infancia a la adolescencia. La idea de agregar capítulos esporádicos de una visita a una

muestra de arte colectiva que parodiaba al entonces famoso Salón Pirelli de Jóvenes

Artistas—en el cual yo había querido participar pero me habían rechazado—junto a los

poemas del personaje principal—el “yo” de la Visita—que van apareciendo a lo largo del

libro, fueron elementos que contribuyeron conjuntamente a la estética fragmentaria que

mencionas.


JMN: ¿Ha madurado tu novela con el paso de los años?

JP: Parece que sí, según lo que comenté anteriormente acerca de la recepción crítica

favorable que ha surgido casi dos décadas después de haber sido publicada. Lo que ha

sucedido entre la Visita y yo, es que he aprendido a reconocerla por lo que es. Si bien fue

escrita desde un survival mode, sin la seguridad de que funcionaría como obra literaria,

pareciera que el tiempo le ha dado razón a la Visita guiada. Mientras la escribía y cuando se

publicó, pensé muchas veces que me reprocharían el hecho de que tenía apenas cien páginas.

Pensaba que no me tomarían como un escritor serio si no era capaz de hacer una obra de al

menos unas doscientas o trescientas páginas. Incluso Manuel Puig, uno de mis primeros

favoritos y una de mis influencias importantes al escribir la Visita, tenía obras de extensión

similar. Pero entre 2022 y 2025, cuando tuve que hacer un marco teórico para mi tesis

doctoral de escritura creativa, de donde salió mi segunda novela Textos curatoriales, comencé

a seleccionar textos de autoficción que estuvieran marcados por el trauma, al igual que mis

nuevos y viejos proyectos de escritura. Muchos de esos textos, como Saturno (2003) de

Eduardo Halfon y Por qué volvías cada verano (2018) de Belén López-Peiró eran muy

breves; su intensidad quizá no podría sostenerse en una extensión de cientos de páginas. Lo

mismo ocurre con las autoficciones del célebre Abdellah Taïa, con quien tuve el privilegio de

hacer un seminario de escritura creativa, en persona, sobre autoficción, durante la primavera

de 2024 en las aulas de la Universidad de Cincinnati. Creo que con el paso de los años, es mi

visión de la Visita guiada la que ha madurado. Ahora puedo reconocer el lugar que se merece,

sin dudar.


JMN: ¿Cómo ha sido tu camino desde la niñez a la adultez desde una visión antropológica?

JP: Ha sido un proceso de aprender y desaprender. De ocultarme por tener miedo de mi

sexualidad, a aprender sobre activismo y visibilidad marica. De ser un niño autohomofóbico

y racista, a estudiar antropología y entender esas conductas como parte de un trauma

postcolonial. De ver el abuso y la violencia intrafamiliar como algo normal, a entender las

repercusiones del trauma en la vida adulta y aprender a sanar. De estar en negación sobre mi

abuso de sustancias a reconocer que tenía un problema y buscar ayuda, para comenzar mi

camino hacia la recuperación. El proceso de deconstrucción es difícil, requiere mucho

trabajo, pero las recompensas son paz y libertad.


JMN: ¿Qué diferencias encuentras contigo mismo en tu yo académico y en tu yo del día a

día?

JP: El yo académico es una persona que puede desvivirse por la injusticia de la sociedad, las

tensiones globales de la polarización y la constante falta de respeto a la dignidad de la vida,

donde quiera que uno ponga el ojo. Mientras que el yo del día a día necesita más aceptación

con el mundo, su complejidad y sus realidades abyectas; más compasión con su propia

sombra, también. Cuando se maneja un aparato crítico antipatriarcal, humanista, pacifista,

ecocrítico, en fin, interseccional, se puede caer en la convicción de que se tiene siempre la

razón, de que las cosas tienen que ser de cierta manera, sí o sí, y esa es una ilusión peligrosa.

Además, tener la razón no significa tener paz, y sin paz no se puede vivir. Para mí, como

budista de la SGI, la paz viene de la fe y la sabiduría, aspectos que se aprenden en el

quehacer cotidiano; mientras que el ámbito académico existe para adquirir y cultivar

conocimientos, que no son lo mismo que la sabiduría.


JMN: Hablemos de tu trabajo como antropólogo, cuéntame sobre tu antología de textos

teóricos que preparaste y prolongaste llamada Crítica a los discursos sobre las prácticas

sexuales de los pueblos originarios (2015).

JP: Fue una propuesta que presenté ante el consejo editorial de El perro y la rana en la época

que trabajaba allí como editor literario. Durante mi doctorado en antropología en la

Universidad de Los Andes de Mérida, con ayuda de mi tutora de tesis, la doctora Carmen

Teresa García, conocí una serie de artículos antropológicos sobre la diversidad sexual de los

pueblos originarios de América del Sur, tal como se registra en distintas crónicas de indias.

Hacía este estudio para fundamentar los orígenes históricos de la homofobia en el mundo

occidental, como parte de la investigación para mi tesis doctoral Masculinidades, diversidad

y homofobia en una familia caraqueña de clase media, período de la década de los 80 a

2015, la cual obtuvo la “Mención Publicación” y fue mi primera aproximación a la

autoetnografía; un método antropológico que profundizaría mi conocimiento y

experimentación con el género literario de la autoficción. Según aquellos artículos de Luiz

Mott, Denis O. Quirós Leiva y Antonio Requena, que junté en la antología Crítica a los

discursos…, la antigüedad de nuestro continente americano tenía expresiones de sexualidad y

género diferentes de la heterosexualidad obligatoria que llegó con los conquistadores, una

diversidad que estaba reflejada en la vida cotidiana, las deidades, las religiones y prácticas

culturales de nuestros pueblos originarios. La colonia habría justificado la subyugación y

matanza de los habitantes del “nuevo mundo” en un afán por “salvarlos” de la barbarie

sodomita. Mientras que Mott y Quirós Leiva expresaban estas ideas desde una crítica

anticolonial, Antonio Requena, investigador venezolano, abordaba el tema desde una mirada

homofóbica, denominando la diversidad sexual y de género registrada en las crónicas de

indias como “anomalía”. Es que Requena había publicado su artículo en 1945, cuando la

homofobia estaba mucho más arraigada en el discurso científico. De todas maneras, Requena

se convertiría en la piedra fundacional de este campo de estudio, pues fue el primero en sacar

a luz el vocabulario que los cronistas empleaban para referirse a esa expresión diversa en el

género y la sexualidad: amarionados era una forma de decir “afeminado”, somético y

sodomita eran sinónimos, paciente o mostrador del dorso era un hombre que tenía sexo con

otro hombre, dejándose penetrar. Luis Mott citaba el texto de Requena ampliamente, pero el

texto de Requena en sí mismo no se encontraba disponible en ninguna parte. Mi profesor del

doctorado de la ULA en Mérida, el doctor Omar González Ñáñez, me ayudó a conseguir una

copia en papel del artículo de Requena en el Instituto Venezolano de Investigaciones

Científicas (IVIC), que luego fue digitalizado e incluido en la antología que preparé. Por

primera vez, desde 1945, el artículo de Requena era reeditado, poniendo a Venezuela en el

mapa como pionera en la investigación sobre la sexualidad de los pueblos antiguos de

América, aun cuando ese texto estuviera cargado de una mirada patriarcal y patologizante.

Esto es algo que tuve que explicar muy bien en el prólogo. Cuando hice la propuesta ante el

consejo editorial de El perro y la rana, hubo mucha resistencia. No querían publicar la

antología porque podía comprometer la imagen del indígena como símbolo político de la

revolución bolivariana, algo que ellos pretendían que se pareciera al “hombre nuevo” tal y

como lo había dibujado el Ché Guevara, lleno de machismo y homofobia. Por suerte, la

antología tuvo defensores acérrimos dentro de la editorial y el libro vio la luz, pero solo en

formato digital. Nunca se imprimió en papel. Sin embargo, han pasado más de diez años de

su publicación y la antología ha sido citada en varios artículos académicos, tesis de ascenso e,

incluso, en una Oxford Bibliographies—uno de los recursos de investigación más

prestigiosos del mundo—preparada por la académica Sofía Chacaltana Cortez en 2021.


JMN: ¿Cómo ha sido tu experiencia como extranjero?

JP: Cuando era un bebé comenzaron mis viajes a Europa y ya en ese entonces sufrí tres

neumonías, entre otras experiencias extremas que se narran en mi próxima novela Textos

curatoriales. Como inmigrante adulto, la xenofobia y homofobia peruana fueron la materia

prima de mi crónica autoficcional Autoetnografía en una agencia de marketing de Lima

(2020). Luego, en Estados Unidos, me vi soltero por primera vez, a partir de 2021. Entonces

me puse la imposible meta de conectarme con la comunidad local de Cincinnati y,

posiblemente, conseguir novio a través de las aplicaciones de sexo y dating. Lo bueno de los

trancazos es que uno aprende. Aprendí que intentar la misma cosa que no funciona, una y otra

vez, creyendo que se va a obtener un resultado distinto, es un estado de enajenación mental.

Cincinnati fue un lugar donde estudié, trabajé y escribí mucho, pero también un escenario

doloroso en donde me sentí muy aislado, hasta que asumí que tenía un problema de adicción

al sexo, las relaciones, el alcohol y la mariguana. Cuando comencé mi camino hacia la

recuperación, Cincinnati se transformó en el inicio de un proceso lleno de esperanza y amor

propio. Todavía conservo gente muy querida por allá. No voy a negar que los inmigrantes

sufrimos discriminación, especialmente los venezolanos, pero debo decir que es

responsabilidad de uno enfocarse en la solución y no en el problema. También puedo decir

que en todas partes hay gente que está dispuesta a ayudar y a ser parte de una valiosa red de

apoyo, si uno la busca. Desde que llegué a la ciudad de Nueva York, me he conectado con

gente maravillosa que me apoya y me cuida.


JMN: ¿Cuáles libros has leído últimamente?

JP: Vivir a tu luz de Abdellah Taïa, El beso de la mujer araña de Manuel Puig (una vez más),

Muerte con campanas de Kelly Martínez-Grandal y La sabiduría del Sutra del loto, Vol. 1

por Daisaku Ikeda et al., y diversos títulos de recuperación en doce pasos.


miércoles, 18 de junio de 2025

Entrevista a Daniel Medvedov. Por Alejandro Sebastiani Verlezza.

Fotografía por Alejandro Sebastiani Verlezza


“Sin el cuerpo todo saber es vano”

por Alejandro Sebastiani Verlezza.


Este encuentro con Daniel Medvedov (Rumania, 1951) podría estar ocurriendo en cualquier ciudad o momento. En las a veces intrincadas rutas de Facebook se ha dedicado a compartir generosamente sus conocimientos. 

Medvedov tradujo a Heraclito y es un filósofo que siempre lo acompaña: "uno vale para mí como 10.000, si es el mejor…", recuerda en uno de sus posts la sentencia del griego. 

Seguidamente Medvedov avanza con precisiones etimológicas: “aristos, en griego, el noble”.

Y por ese camino, con la seguridad de que sus mensajes tienen destino, declara: “hay una prístina crisoledad que hace bien al cuerpo”. 

Dependiendo de la temporada, con sentido del humor, pero con agudeza, cuando le preguntas por las amistades, puede responder: “desaparecidos del mapa”. 

Maestro de Taichí y muchas disciplinas más, autor de elocuentes ensayos, poemas, novelas, cuadernos, aforismos sobre diversos temas, desde la caligrafía hasta la ontología, casi todos disponibles en su cuenta de Scribd, conversar con Medvedov es toda una aventura: puedes hacerle preguntas sobre muchos temas, sabrá responder… 


¿Qué es el Zen Latino? 

D.M. El Zen Latino es un sistema tropical para alcanzar la realización.


¿Qué es Almateria?

D.M. ALMATERIA es una palabra que designa el mundo "visinvisible": lo que se ve, en parte, y en parte,  no se ve.


¿Y dónde está?

D.M. No enseña nada y no tiene un lugar definido donde puedas encontrarla.


¿Cuántos libros has escrito hasta ahora?

D.M. Aproximadamente unos 2.500, algunos están en SCRIBD.


¿Cuántos permanecen inéditos?

D.M. Todos están ÉDITOS. 


¿Hay un índice disponible?

D.M. Cada cual y cada quien busca sus propios intereses.


¿Tu obra está escrita en español o en otros idiomas también?

D.M. En rumano, en inglés y francés, pero esencialmente sólo escribo en español de Venezuela, o sea, en castellano.


¿Es posible salir de la rueda?

D.M. Nunca se sale de la rueda, aunque algunos llegan a afirmarlo. Esta vida es eterna como la eternidad que los griegos llamaban AIA . . .


Cuéntame qué descubriste en tu libro más importante: El código de las lenguas.

D.M. Era el sexto código que quedaba por descubrirse: el código del Lenguaje. Los otros cinco son: el cromático, el musical, el matemático, el químico y el genético.


¿Qué es la metanoia?

D.M. La metanoia es la meditación. Es una palabra muy antigua, arcaica. Junto con la Epinoia, que es el nombre griego de la Imaginación. Hay también la Paranoia (la locura, o enajenación) y la Dianoia, el mismo proceso de pensar. La Metanoia es trascender el mundo de los pensamientos para alcanzar el saber íntimo de las cosas, lo que los Honduras llaman Dhyana, la meditación, o sea, estar en el medio y centro de las Cosas. Hay también en la India un proceso y práctica de enfocar la luz espiritual hacia un tema que se desea conocer profundamente. Se llama SAMYAMA y los detalles de esta práctica secreta se encuentran en el tratado YOGASUTRA del sabio Patanjali, del siglo IV d.C.


¿Cómo una persona aplica la metanoia en su vida cotidiana?

D.M. Una persona puede aplicar en su vida diaria la Metanoia con simplemente estar en el presente -lo que llamamos "realidad"- y anular toda tendencia de interpretar los eventos. 


¿Contemplar?

D.M. Simplemente contemplar, percibir esta realidad desde el punto del fiel de la balanza. El "fiel" es un elemento extraordinario, pues indica siempre el alejamiento de la visión parcial.


¿Puede decirse que la primera teoría de Occidente fue la Poética de Aristóteles? 

D.M. Sí, ya Aristóteles fue el primer teórico. Lo curioso es que "teoría" es, en griego clásico, "contemplación",  una visualización pendular de lo positivo y lo negativo en lo contemplado.


Tengo entendido que las tres poéticas más importantes son las de Aristóteles, Horacio y Lessing (Laocoonte). Después, con el formalismo ruso y el estructuralismo francés, la teoría tomó otro camino. ¿Es así?

D.M. Tal cual. En la Grecia arcaica había POIESIS, POIETIKA, POEMA, POIESIA y POIEMATIKOS.


¿Qué significa cada una?

D.M. POIESIS-el sistema, POIETIKA-el arte de la Creación, POEMA-el ladrillo del muro de la Creación, POIESÍA-la composición individual de los versos, POIEMATIKOS-el método de composición.


¿La palabra Dios tiene etimología? 

D.M. Sí tiene etimología. No hay palabras sin etimología. Ahora bien, puede ser conocida tal etimología, o desconocida, pero existe. Muchos llegan hasta el griego arcaico Theos. Pero es mucho más profundo el camino de los orígenes "ethymos", es decir, "verídico", "Verdadero" ("ethymos"). La sonoridad TH se remonta al etimon "Di -" cuyo sentido es "Montaña" y la terminación "-os" quiere decir "entidad, poder, potencia operativa" y la partícula de sentido universal es un ARQUISEMA. "Th+e+os", donde la "-e" es un infijo. En conclusión, la etimología del concepto "Dios" es "montaña", ente vivo y poderoso que une lo inferior con lo superior y el mundo intermedio, el Mesocosmos. Mundo nuestro.


Vuelvo: este encuentro podría estar ocurriendo en cualquier momento. Ahora mismo estamos en la quinta Mercelena de Caracas y muchos son los temas compartidos mientras brindamos o tomamos café y fumamos puros y revisamos diccionarios, gramáticas, ediciones antiguas de Lichtenberg y mil temas más, el Tao, Homero, Patanjali, Lavater, autoiatría, tetragramas, alimentación y la rosa de los vientos…

 

Algunos libros de Medvedov editados en Caracas:  Guía para descubrir los falsos maestros (Gaisma Editores, Caracas, 1987; aunque una vez me dijo que si tuviera que volver a publicar esta obra, el título sería probablemente Guía para descubrir a los falsos) y Zoognosis. El sentido secreto de los animales en la mitología (Academia Nacional de la Historia, 1993). 


“Al corazón hay que quitarle fondo y dejar que se vayan al vacío todas las contrariedades”, dijiste una vez. ¿Cómo se hace esto?

D.M. Con los ojos cerrados, al acostarte en el silencio de la noche, le dices al corazón las siguientes palabras: "Corazón mío: desde este instante sin duración ya no tienes fondo. Todas las cosas que te arrojo, déjalas caer en la no-nada, en la Nada que estaba anterior a la Nada de la Creación de los mundos de la Nada". 


¿Y qué ocurre?

D.M. El corazón escucha y realiza lo que le pedimos como un mini-programa predeterminado. MACRO, así lo llaman. Esto que digo es un MACRO-CUORE: hace tiempo que mi corazón no tiene fondo y todo lo que le cae por los bordes va directo al vacío de la Nada anterior a la Nada...


Cuando escribiste sobre La orilla del retorno, dijiste "el poeta siempre está aquí". ¿Por qué el poeta siempre está aquí? 

D.M. El Poeta siempre está aquí porque el Creador es eterno y se manifiesta en lo presente bajo la fórmula de la eternidad.


En otra oportunidad comentaste: "sin el cuerpo todo saber es vano". ¿Puedes ampliar esta afirmación?

D.M. El Cuerpo es el ansiado Grial. La bella energía sólo se puede gustar y entender a través del Cuerpo. La ampliación es la Energía. El que conoce la Energía es amplio y Polimecánico.


¿Odiseo es un ejemplo del Wu Wei?

D.M. Sí. Como su nombre es "Nadie", nada hace.


¿Es la cruz un símbolo o un arquetipo? 

D.M. La cruz no es un símbolo, ni es un arquetipo. Es un signo. Como signo tiene una significación específica. La cruz ni siquiera es “la cruz”, es la indicación del “cruce”. Es decir: que la cruz es el “cruce”. Todos los signos pertenecen al mundo de los grafismos. “Hacerse la cruz” ya es una “seña”. Este “cruce” que señala la cruz es el centro, el Ser, llamado Cristo en el cristianismo. Por tanto la cruz pertenece al arquetipo del Ser. Es un grafismo del Ser.


Anota Robert Graves que los sufíes usan el tablero de ajedrez para adivinar...

D.M. El tablero es solo un soporte, sobre él hay 64 situaciones como en el I Ching.


“Tenía una mente llena de color, abigarrada, poikilométis (asombrosa expresión que no puede traducirse con exactitud)”, escribió Pietro Citati en su ensayo “Apolo, Hermes, la poesía”. ¿Puedes explicarme esta etimología: poikilométis?

D.M. Poikilométis: POI-creadora, KILO-mil, METIS-indagaciones, búsquedas, meticulosidades, “creadora de mil vías de investigación”.


¿Y la etimología de cíclope?

D.M. “Cíclope” tiene una etimología clara pero confusa, casi paradójica: κύκλος kyklos, ‘rueda’, ‘círculo’ y ὤψ ops, “ojo”. Esto se refiere a la capacidad del solitario ojo de ver las cosas como UNO, el famoso EN TO PAN de los pitagóricos. TODO ES UNO o “uno es todo”. Eso quiere decir que la mirada del ojo único es redonda, circular, completa. Cuando se usa en expresiones como “muros cíclópicos” es para recordarnos que los cíclopes eran gigantes.


¿Alguna recomendación para los interesados en la etimología?

D.M. Para los que estudian Etimología uno de los más bellos ejercicios de memoria es recordar cada noche los nombres de las nueve musas, sin olvidarse de su madre, la bella MNEMOSYNE:


EUTERPE

TERPSYCHORE

MELPOMENE

POLYMNIA

CLIO

ERATO

THALIA

URANIA

CALÍOPE, la jefa de las nueve.


En la Odisea Homero comienza el libro con esas famosas palabras: “Andra moi ennepe Mousa. . .” (“Del hombre, cántame, mousa…”).


¿Tiene sentido para ti la psicología moderna? ¿El psicólogo actual es la mera sustitución del maestro, del chamán?

D.M. Depende de quién es el psicólogo. Si es un maestro, entonces sus palabras tienen poder para cambiar en el otro todas las adversidades. Pero si no es una persona iluminada, sus palabras están vacías. Recuerda a Heráclito: “A pesar de que el Verbo existe desde siempre y para siempre, no dan con Él los hombres, ni antes de haberlo oído por primera vez, ni después. Y, a pesar de que todo es este Verbo, ellos no lo entienden pero tratan de usar palabras y obras parecidas a las mías, para medio tocarlo, explicarlo y describirlo en la naturaleza de las cosas, dividiendo, rompiendo y midiendo todo, cuando esa gente ni siquiera se da cuenta de lo que hacen despiertos, tal como pronto olvidan lo que hacen dormidos”.


¿Cuál es la vía para conocer el carácter de las personas por la forma de su rostro?

D.M. Estudiar hondo. Este es un tema espiritual, no de psicología. Se llama fisiognomonía.


¿Por qué reencarna el alma, cuál es el principio?

D.M. La re-existencia es una necesidad del universo. La palabra “re-encarnación” es impropia, re-existencia está más acorde con lo que ocurre. Retornamos debido al principio de movimiento. Paradójicamente, cada día descartamos lo que creíamos o suponíamos que era así. 


¿Cuál es la diferencia entre saber y conocer?

D.M. El saber es descartar cada día algo errado; y el conocer, al contrario, es cada día agregar un conocimiento.


Cuéntame sobre tu traducción del Kalevala

D.M. Todavía no lo he terminado de traducir, son 50 capítulos, pero lo he masticado bastante durante muchos años y es realmente una joya. Las traducciones disponibles son muy buenas todas, pero les falta la forma poética del canto tradicional arcaico, lo que yo he intentado traer para la lectura.


Háblame de la frugalidad en el comer.

D.M. Es comer en passant, o sea, lo que haya; no es “comer poco”, es “poco comer”, quedar con un poco de “hambre”; ni siquiera es voracidad, es limitar el simple deseo de comer y así se acomoda en medidas y tiempo.


¿Cómo preservar o guardar la energía? 

D.M. Sí. Guardar la energía a través de una operación que consiste en apretar los esfínteres del ano y subir -en el pensamiento- ese calor que todavía no se ha materializado en “semen”, hasta llegar a la cabeza. En el centro de la cabeza está la Epífisis -o glándula pineal- y llegamos allí mirando en el entrecejo, con los ojos cerrados. Este es el trayecto alquímico. La Pineal es la glándula que transmuta la energía en médula espinal y otros fluidos.


De nuevo: esta conversación podría estar ocurriendo en el pasado, el presente o el futuro, por años Medvedov dio clases en el Parque del Este y un apretado compendio de su trayectoria dice así: se especializó en Pintura Mural Religiosa en la Escuela de Artes Plásticas Rimnicul Vilcea (Rumania), integró a la Dirección de Imagen de Cine y TV en el Instituto de Altos Estudios de Arte Teatral y Cinematográfico (Bucarest), estudió Ornaméntica Antigua en la Universidad de Bucarest (1972-1974), cursó estudios con el Maestro Calígrafo Liu Yuen Chiao en Taiwán. 


Los temas pueden variar de manera impredecible, es como si dieran saltos, pero mantienen su dirección; Medvedov suele recordar que no importa por dónde comencemos, llegaremos al mismo sitio siempre: la fuente de los arquetipos que se actualizan de mil y un formas. 


Pero todo depende de lo que te interese: si hoy tienes curiosidad por el universo hindú, Medvedov te puede recomendar dos libros: Fernando Tola y Carmen Dragonetti: Filosofía de la India. Del Veda al Vedânta. El sistema Sâmkhya; y Carmen Dragonetti, de Argentina, El mito de la oposición


Si tienes otro tipo de inquietudes, rápido te ripostará: “Verlezza, eso que te interesa no está en los libros…”.


Puede que si lo llamas maestro -me pasó un día- te responda una sencillez tan espléndida que desarma: “me llamas maestro, pero en verdad somos hermanos”.


Y así van desfilando situaciones, temas, autores, mitos, anécdotas, evocaciones de personajes, enseñanzas, paradojas, parábolas, un compendio alucinante de salidas… 


Como artista con desparpajo se mueve entre la caligrafía, el dibujo, la pintura y las intervenciones digitales…


Tal vez algún editor esmerado y generoso pueda desentrañar las rutas de esta poliédrica obra para ofrecerla al público general…


Mientras tanto…


Dime algo, Daniel, sobre el elefante.

D.M. El que le agarró la oreja dijo que era un árbol con hojas grandes. El que le agarró la cola dijo que era una serpiente y así en adelante. Solo el que podía ver la totalidad del animal pudo decir que era un elefante.


¿Te has detenido en la sílaba OM?

D.M. Esta es la famosa sílaba AUM -se pronuncia OM- y está hecha de un solo trazo en la caligrafía ALMATERIA. A es la máxima apertura de los cielos, U es el son del Ser Humano en su respiración y M es el cierre total de los labios, aquel son que pronuncian los humanos cuando entienden algo: “¡MMMMMMMMMM!”.


¿Qué es MMMM?

D.M. Oṃ es el Son Interno y también Sonido Externo de la forma vibratoria del ALMA, La Energía Vital cósmica, el Atman lo llaman los de la India, Anima Mundi los latinos, Pneuma Kosmetikos los griegos arcaicos. 


Entramos en el terreno de las Upanishad.

Las Upanishad escritas hace miles de años están impregnadas de la presencia de esta palabra y ya aquella gente sabía que todo lo que hay, tanto lo existente y lo trascendente en la esencia y en la trascendencia, en la Presencia y en la Ausencia, es alcanzado en la vibración de este Son único que al ser pronunciado como sílaba vibratoria es sagrado, secreto, místico y presente con tan sólo pronunciar el arquisema seminal Oṃ. 


¿Podemos decir que es un mantra?

D.M. Om es el mantra universal, no sólo de la humanidad sino también de la naturaleza y del cosmos entero. Es la palabra galáctica del Todo. Puede borrar en su pronunciación los elementos perniciosos de los pensamientos, los sentimientos y los movimientos humanos. 


¿Qué es la meditación?

D.M. La meditación continuada y el enfoque de la luz espiritual con el método Samyama en el Oṃ alcanza completar todas las necesidades de silencio, respiración y salud triple, intelectual, emocional y dinámico-somática; y lleva hacia la libertad, llamada en sánscrito KAYVALIA. 


¿Qué ocurre si una persona entona este mantra continuadamente?

D.M. Las oraciones místicas comienzan con la apertura de los cielos interiores por la pronunciación del Oṃ. Sus otras variantes son AM - EM - IM - UM. En el mundo occidental se siente su presencia en la sílaba AMÉN. También AMÁN, AMÍN, AMÓN, AMÚN. Los sabios se abrigan en el sonido de la sílaba OM para vencer al temor y a la angustia de la existencia: quien penetre en el sonido OM al pronunciar esta sílaba comprenderá que se es inmortal . . . 


¿Qué es el mito?

D.M. "Mito" en griego arcaico es y significa "hilo", de allí "tradición", pues la tradición es lo que pasa de un abalorio a otro en un rosario de historias. 


¿Cuál es la etimología de permitir?

D.M. "Permitir" tiene el arquisema PERM, que posee el sentido de "permanencia" y la terminación verbal "- itir", que también aparece en TRANS-m-itir, donde "-m-" tiene valor de infijo. 


Insisto: ¿qué es el Wuwei?

D.M. Pensar con el NO PENSAR: Wu Wei. Wu Wei Wei y Wei Wu Wei. 


¿Cuál es la etimología?

D.M. "Wu" es en chino arcaico NO, y " Wei" es "acción" , como "agon", en griego arcaico. Literalmente WU WEI quiere decir " no actuar", "no hacer". Pero eso no se refiere al movimiento laboral, ni a lo trivial de las acciones. 


¿Por ejemplo?

D.M. Quiere decir "no esperar, ni pensar en los frutos de la acción", lo que es un acto sublime. Esto que digo está explicado en el Bhagavad Gita con excelsa claridad. 


Cuéntame más sobre la traducción de esta palabra.

D.M. WEI WU WEI se traduce así: "actuar como si no actuaras" y WU WEI WEI es "no actuar como si actuaras". Quien entiende y aplica esto en la vida, en toda circunstancia, ha alcanzado el don de la acción. En chino la expresión “Wei Wu Wei” quiere decir “actuar sin hacer Destino” (Karma). Wu wei -en chino: “No Acción”; tradicional: 無為; simplificado: 无为; pinyin: wúwéi- es un modo de vivir que describe la manera de actuar sin estar involucrado en el fin de toda acción. 


¿Tiene que ver algo con el destino?

D.M. Es la forma más precisa para enfrentar el propio destino. Las plantas crecen por “wu wei”. No hacen nada para crecer, simplemente "crecen". El Wu Wei es un modo natural de hacer las cosas, sin forzarlas, ni manipularlas con adornos y artificios que puedan desvirtuar la armonía de los principios y fines universales. 


¿Tiene una expresión en el Zen?

D.M. En la caligrafía Zen el Wu Wei ha sido representado como un círculo, llamado ENSO, en japonés: “¡Que un círculo, sea!”. Eso quiere decir que al menos sea algo “redondo”, pero "redondo" no significa la redondez que pueda producir el compás. WEI WU WEI es decir: “¡Actúa, pero no te ates a los resultados de tu acción!”.


Pero hay cosas que deben ocurrir y así lo procuramos.

D.M. ¡Cuidado! Hay que hacer TODO para que las cosas “se den”, ¿pues para qué actuamos entonces? Pero no apegarse a los resultados es otra cosa. Por eso necesitamos de un guía: creemos que ya entendemos, cuando apenas comprendemos algo... 


¿Qué hay del otro lado del espejo?

D.M. El otro lado del espejo no existe como tal, el propio espejo refleja lo que está detrás de nuestras espaldas. Quiere decir que el espejo muestra a veces lo que no somos capaces de ver en la propia realidad.


¿El mundo de Carrol es pura imaginación?

D.M. Si fuera de la Imaginación existiría, pero como es de la Fantasía no existe. Son “inventos”, tenemos derechos a imaginar las cosas que existen y fantasear con las cosas que no existen. Cada quien tiene derecho de inventar.


Sí, pero podría ser una distracción en la realización.

D.M. Es cierto.


¿Los registros akáshicos pertenecen a la tradición? 

D.M. Los registros akáshicos son la memoria del mundo. No pertenecen a la tradición, pues la tradición es uno de los 23 arquetipos o principios universales. AKASHA quiere decir “tiempo” en sánscrito. Son los registros de las cosas que han ocurrido en el tiempo. Nadie sabe entrar, es materia prohibida. Es bueno saber con claridad de qué se trata. Pero no es que sea materia prohibida para hablar de ello, lo prohibido es la entrada de los humanos para husmear sobre los datos allí guardados. Todo lo escrito sobre este tema de los ocultistas son despropósitos y disparates, los cuales han introducido mil confusiones en la cultura tradicional.


¿Daría más poder a los deseos personales?

D.M. Sería un trastorno, más que “poder”. Es como saber quién has sido en existencias anteriores. Es materia prohibida para proteger al humano en sus disquisiciones extravagantes. Los humanos no pueden usar ese poder.


¿Qué es lo aconsejable?

D.M. Para la emancipación de la Persona lo mejor es investigarse a sí mismo y cumplir con los compromisos, obligaciones, responsabilidades, deberes. 


Y ya. 

D.M. Esta es la vía y puedes compartirla también con los sinceros buscadores de lo mismo.


El que ha entendido "algo", eso ya en sí está completo...

D.M. Sí, no tiene grado de cantidad el entendimiento, ni tiene tamaño, como se dice en la canción de Chico Buarque cantada por Willie Colón sobre La Naturaleza: “Oh, qué será, qué será . . .”.


Insisto: si hay un punto donde el pasado, el presente y el futuro logran encontrarse, puedo decir que esta entrevista -al encontrar una persona que la lea- puede reanudarse una y otra vez. 


El paso de Medvedov por la Academia es largo: hizo un Doctorado en Filosofía de la East-West Essence Society, en el Instituto Internacional de Filosofía de la Cultura de Taipei (China) y en Caracas obtuvo el Doctorado de Teología en la Universidad Católica Andrés Bello.  Fue director del Centro de Estudios Mayas de Arts & Minds Academy (Miami). También fue profesor en la Universidad Central de Venezuela -entre 1975 y 1995- en las escuelas de Letras, Comunicación Social, Filosofía y Arte.


¿Cuándo se duerme tranquilo?

D.M. Para dormir tranquilo necesito haber respondido -luego de entenderlo- cuatro preguntas fundamentales: 


1. ¿De dónde he venido?

2. ¿Quién soy?

3. ¿Qué hago yo aquí?

4. ¿Adónde voy cuando voy a partir de aquí?


Para ello me ha ayudado el repetir continuamente cinco palabras, las más cortas y las más sencillas palabras de la lengua: YO, YA, ESO, ASÍ, AQUÍ.


¿Cómo funciona?

D.M. Yo soy Yo. He venido de Aquí. Hago Eso. He venido Así. En cuanto al Ya, es Ya cuando debo entender. No me voy a marear con las mil preguntas que nos asaltan a todos. Y es lo más breve, lo más preciso, lo más claro y natural. No hay adornos. Así puedo dormir tranquilo.


Háblame del hombre de la mirada visinvisible.

D.M. El Hombre de la mirada VISINVISIBLE: unos ojos para lo Visible y otros para lo Invisible. Shen Nung es el inventor del té como bebida: estaba un día hirviendo agua a la vera de un pequeño fuego en un claro de bosque y el bello viento arrojó en su caldero unas hojas verdes y otras secas. El hombre no se percató sino después de beber una deliciosa infusión que llamó “C’HA”, es decir, “pestañas del viento”. Dicen que TA MO, Boddhidharma, para no dormirse en la meditación, arrojó al agua hirviendo sus pestañas que se transformaron en hojas de té y con esa bebida nunca más se durmió, meditando.


¿Qué es saber?

D.M. Saber es no pensar.


¿Qué es viajar quieto?

D.M. "Viajar quietos” es sentarse en calma, cerrar los ojos, quedarse como pasmado, congelado, petrificado, solamente con la respiración neutral, casi imperceptible; y sentir en esa postura como uno mismo, que es el Ser, se expande, tanto como el cuarto o lugar donde te encuentras, y más, tanto como el edificio, y más, tanto como la calle y más, tanto como la ciudad misma, luego como el país, como si lo viéramos desde arriba, desde un globo y más, como el continente, como el planeta, como el universo, como la galaxia, como el cosmos mismo y desde allí, emprendemos el retorno, regresamos descendiendo en escala de expansión, hasta llegar a nuestro sitio -o cuarto- y allí abrimos los ojos: hemos viajado “quietos". 


¿Y hay otro modo?

D.M. El otro modo de viajar "en el espacio" es tomar un tren, o un carro, o un autobús, o un velero, o una bici y viajar literalmente en el espacio geográfico, contemplando el paisaje, sin hacer juicio alguno sobre la belleza o trivialidad de lo que vemos.


¿Qué decir sobre el ancla y el delfín?

D.M. La famosa ancla, revuelta a ella un delfín y con el lema FESTINA LENTE -“apúrate lentamente”- es aquí motivo de grato recordatorio, pues años atrás se celebró el quinto centenario de la desaparición de Aldo Manuzio, impresor y editor veneciano. Desde el año 1495 hasta que muere, el 6 de febrero de 1515, diseña, formaliza y compone el cuerpo de lo que hoy llamamos “libro”, una maravilla del diseño ingenioso y polimecánico funcional del objeto y artilugio intelectual más bello de la cultura. 


¿Qué es importante saber sobre Manuzio?

D.M. Manunzio se relaciona con Marsilio Ficino, pues inicia su actividad editorial a finales de 1494 y en 1499 -unos tres años después de la muerte de Ficino- funda la Neoacademia Aldina con el objetivo de continuar la labor del filósofo florentino. Su meta era editar los textos clásicos para emancipar a la juventud y emular a los heraldos de la cultura. En las ilustraciones de la famosa obra Hypnerotomachia Poliphili, de Francesco Colonna, publicada por Aldo Manuzio en 1499, encontramos el delfín y el ancla que llegarán a convertirse en un emblema de humanismo, su marca de imprenta.


Llegamos al lema Festina Lente.

D.M. La marca editorial de Aldo Manuzio -el ancla y el delfín entrelazados- con el lema Festina Lente, “apresúrate despacio”, es signo de elegancia y del glamour de la inteligencia. La lentitud y la espléndida dejadez en medio de la vorágine es marcada por la imagen del áncora, figura del peso y de la firmeza y seguridad que ofrece la labor hecha poco a poco, pero con solidez y la elegancia de la velocidad espontánea y natural, es representada por la presencia del delfín, un delfín helicoidal, enroscado al cuerpo del ancla, tal como es la labor del HOMO TYPOGRAPHICUS -el Hombre Tipográfico- y la naturaleza polimecánica de la tarea tipográfica, a la par lenta como rápida y al punto de precisión.


¿Cuál es la fuente de este lema?

D.M. El lema Festina Lente rememora un famoso fragmento de Heráclitus, fragmento 84, donde sólo aparecen cuatro misteriosas palabras, ANAPAYLA EN TEI PHYGEI, lo que se traduce como “Descansa en tu huida” o “Descansa mientras huyes”. PHYGE es lo mismo que “fuga”.


¿Qué caracteriza a este delfín?

D.M. El delfín no teme a la tormenta. Ello se debe al hecho de que tiene una sola abertura nasal encima de los ojos, por la que puede arrojar o expulsar con fuerza el agua que traga.


¿Qué obras imprimió Manuzio?

D.M. De la imprenta de Manuzio han salido algo así como unos ciento cincuenta ediciones príncipes de Platón, Aristóteles, Ovidio, novedades contemporáneas como Erasmo de Rotterdam. El emblema usado por Aldo fue transmitido en el Renacimiento a través de los Adagia de Erasmo, de gran difusión entre los humanistas. El número 1001 de sus Adagia es el epígrafe Festina Lente, como una de las más preciadas máximas de sabiduría de los antiguos.


Dime algo sobre la percepción.

D.M. El mundo de la per-CEP-ción es complejo: hay modos diversos de ¨captar¨ la realidad:

1. Ac-CEP-ción

2. Con-CEP-ción

3. De -CEP-ción

4. Ex-CEP-ción

5. In-CEP-ción

6. Pre-CEP-ción con sus pre-CEP-tos. 


Pero está la percepción y el percepto.

D.M. El “per-CEP-to” es un neologismo que tiene con “per-CEP-ción” la misma relación que “concepto” con “concepción”, con su sentido de “acto de concebir”, o “noema”, con “noesis”. Nuestras percepciones nos ofrecen el diseño de nuestra posible acción sobre las cosas más que el de las cosas mismas:

1. Re-CEP-ción

2. Sus-CEP-ción con sus-CEP-ciones y su-CEP-tibilidad.


¿Hay un personaje que encarne a la percepción?

D.M. El personaje principal de la “percepción” es el héroe PERCIVAL de la leyenda artúrica. En la percepción de las cosas parece que todo es anticipación. 


¿Qué es el percepcionismo?

D.M. Hay una teoría llamada ¨percepcionismo¨, según la cual tenemos una consciencia inmediata e instantánea del mundo exterior. Su sinónimo es “intuicionismo” o “realismo” y su contrario es “ilacionismo”, o teoría de la inferencia, una teoría de la proyección. Los percepcionistas desean suprimir y eliminar los intermediarios entre el espíritu y las cosas pero debido al hecho de conservar la dualidad realística del espíritu y las cosas se privan del medio para lograr esa meta existencial. De tal modo, sus fórmulas pierden todo sentido. La ilusión ficticia del percepcionismo es inferir del carácter inmediato de la percepción el realismo tangible del objeto -que se declara incontestable- y todo eso es una ilusión evanescente.


Veamos la etimología de la percibir.

D.M. PERCIBIR es el latín PERCIPERE, compuesto de CAPERE - “tomar¨” y el prefijo PER, que indica aquí resultado; apoderarse de, hacer suyo. Prop.: recibir o cobrar, para sí o para otros, sumas debidas, impuestos, alquileres, precios de las localidades, cotizaciones. Figurativamente es recibir en su intelecto, tomar conocimiento, principalmente de hechos exteriores, mediante los sentidos; y por extensión, de hechos interiores, mediante la consciencia -percepción interna- o incluso de relaciones, mediante la razón, lo que implica un proceso intelectivo como percibir una diferencia, la fuerza de un argumento, etcétera.


Hay quien dice que la realidad está sobrevalorada.

D.M. Se declara algo equivocado al suponer que la realidad siempre está sobrevalorada. Tal aseveración se debe a un proceso de percepción errada. Es esto exactamente lo contrario: la realidad suele ser infravalorada.


Dime una palabra sobre los arquetipos.

D.M. Están inscritos en los genes -afirma Jung- y por mi parte aporto: su estructura cromosómica -los 23 cromosomas humanos- son los 23 principios universales, inscritos en el mapa cromosómico.


¿Puedes decir 8 cosas importantes para tener en cuenta?

D.M. 1. Estudiar mucho no significa que hemos entendido lo que hemos estudiado.

2. Tener muchos títulos universitarios y honoríficos no aumenta el valor y la profundidad de nuestra comprensión. 

3. Tener una edad avanzada no supone que somos unos “sabios” e “iluminados”. 

4. El haber leído  muchos libros no es prueba de que hemos entendido lo que allí está escrito. 

5. Ni siquiera el haber estado recluidos por años en silencio en una cueva de los Himalayas es testimonio de nuestro entendimiento. 

6. Tampoco es prueba del entendimiento el haber viajado por el mundo todo, pues queda la posibilidad de que no hemos entendido nada de lo que hemos visto. 

7. Haber estudiado con ilustres Maestros de sabiduría no implica el haber entendido lo que ellos enseñan.

8. Por tanto, sólo nuestras palabras y nuestro silencio pueden servir de testimonio fiel de la ciencia del Ser.


Y así sucesivamente: la última vez que vi a Medvedov en la sede de Almateria -su escuela- bebimos café y fumamos puros y habló y habló de casi todos los temas que aquí aparecen registrados, más otros, mientras iba rebuscando ejemplares de la Odisea y leyendo pasajes en varias lenguas, con todo desparpajo -como buen políglota que es- y evocando episodios como este: 


“En el mercado, Jenofontes, el que escribió ese bello libro Recuerdos de Sócrates, estaba una vez buscando algo de comer y como Sócrates estaba también por allí, le preguntó: ‘Señor, ¿dónde puedo comprar algo para comer?’. Sócrates respondió: ‘En el mercado’. A su vez le preguntó al joven Jenofontes: ‘¿Si buscarías el saber, ¿dónde se vendería eso?’. Jenofontes se quedó pensando y dijo: ‘¿No lo sé? ¿Dónde?’. Sócrates respondió: ‘¡Sígueme, y encontrarás!”.


Y así van circulando más anécdotas, consejos y un buen rato de Taichi para mantener el balance…


Junio, 2025. 


A manera de posdata,
van algunas coordenadas de Medvedov: 


En Facebook:

https://www.facebook.com/daniel.medvedov.2025


Un mono leyendo a Patanjali:

https://www.facebook.com/share/p/1Zv8Zj1Eta/


Qué es poesía:

https://www.facebook.com/daniel.medvedov/posts/pfbid02fX8tFMYDR7U4kYX6vsMnuY1xTm2S3sGzzpJ8AhZS9wXzqGz8h56nUnvB37zYJsR6l?rdid=tkS9ZVj1NAIPDQgo#


Como he llegado a ser poeta en 81 días:

https://circulodescritoresvenezuela.org/wp-content/uploads/2017/06/Daniel-Medvedov.pdf


Breve análisis lingüístico de un poema de Santos López:

https://www.vallejoandcompany.com/2022/03/24/breve-analisis-linguistico-de-un-poema-de-santos-lopez/


Sobre La orilla del retorno:



Secretos del puro:

https://derivasya.wordpress.com/2020/11/03/daniel-medvedov-secretos-del-puro/


Textos de Medvedov en la Biblioteca Nacional de España: 

https://www.researchgate.net/profile/Daniel-Medvedov


Videos de Medvedov:

https://www.youtube.com/@danielmedvedov





martes, 17 de junio de 2025

Entrevista a Santos López. Por Gladys Mendía

 


Entrevista con Santos López
“Poetas, eviten ser atrapados”

Queridxs amigxs de la comunidad literaria, hoy comparto con enorme entusiasmo mi diálogo más reciente con Santos López, una de las voces esenciales de la poesía venezolana contemporánea. De la sabana ancestral de la Mesa de Guanipa al vasto horizonte de las tradiciones iniciáticas, Santos despliega en esta conversación un mapa biográfico y espiritual con intuición, lucidez y rebelde ternura.

En la entrevista, Santos evoca la música primera de Platero y yo, la cadencia de Andrés Eloy Blanco que le hizo “repetir el acetato cada fin de semana”, y la fuerza matriarcal de los relatos orales que fundaron su imaginario. Explica por qué prefiere la vía iniciática antes que la mística domesticada por Occidente, y cómo las enseñanzas del Ifismo, Sufismo, Taoísmo, Zen, Kabalah y Chamanismo convergen en su “poesía del trance”.

“La poesía es la traducción de una intuición; un manto apedazado que viste el poeta.”
—S. López

Hablamos del silencio como matriz de toda palabra, de la condición pendular de la realidad y de la poesía como “hormiga” frente al golem de la inmediatez y la IA. Su recomendación a los jóvenes: “poetas, eviten ser atrapados.”

El texto completo abarca sus reflexiones sobre la tradición venezolana, el desafío de difundir poesía en un sistema que desconfía de los “alimentos del alma” y su próximo proyecto: una “taberna” literaria que funde autobiografía, ensayo, aforismo y canto.

Lean la entrevista —un viaje que atraviesa el vértigo de lo sagrado, la resistencia creativa y la dignidad de la palabra liberada de ataduras. Compartan, comenten y dejen que la voz de Santos López lxs acompañe.

Gladys Mendía.


¿Cómo fueron sus primeros acercamientos a la literatura y qué papel jugó su entorno en su formación como poeta?

Nací en una sabana, en la Mesa de Guanipa, en medio de una familia de ascendencia Kariña; y mi padre, negro. Vivía rodeado de animales domésticos y salvajes. Los pajonales eran mi mundo, igual que los morichales en los ríos; con chamanes presentes en la familia, experimentando con ellos una constante errancia, ya que las compañías petroleras desplazaban a las comunidades kariñas de sus territorios para explotar este recurso natural. Era un entorno muy pobre desde una perspectiva cultural, pero muy rico desde la visión  natural y mágica de un niño.

¿Recuerda algún momento o lectura específica que haya marcado su decisión de dedicarse a la poesía?

En mi infancia tuve la protección de una mujer especial, un hada madrina, Elenita, que me regaló Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez. Nada más ese comienzo tan sonoro, musical, se quedó guardado en mi corazón: “Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Solo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro”. 

¿Qué edad tenía?

Tendría yo tal vez 8 años de edad y ese ritmo de Jiménez, junto al petricor, me catalizaron hacia un vórtice de la imaginación creadora con las palabras. Ya a los 10 años de edad tenía un cuaderno lleno de imágenes escritas. También recuerdo otro factor muy importante:  a esa edad escuché por primera vez recitar a Andrés Eloy Blanco, a través de un acetato que mi mamá me hacía repetir todos los fines de semana. A ella le fascinaba la poesía de Andrés Eloy. 

¿Qué impacto tuvo la tradición oral y el entorno familiar en la conformación de su experiencia poética?

Mi familia era un matriarcado liderizado por mi abuela que vivió más de 100 años. Alguien de la familia se conocía todo el repertorio de un libro que más tarde descubrí que se titulaba: El testamento del paisa, de Agustín Jaramillo Londoño, que era puro folclore antioqueño. En la hora del crepúsculo y primeras horas de la noche, los niños nos reuníamos para escuchar aquellos cuentos, travesuras, aventuras, poesías, adivinanzas que estaban contenidas en este libro. Aquí la voz, la oralidad y la magia aguijonearon mi ser.

¿Cuáles han sido sus principales influencias literarias?

Las influencias han ido mutando a través del tiempo. La consciencia es la responsable de estos desplazamientos de interés. Ahora he estado muy cerca de dos de los más grandes poetas vivos, Adonis y nuestro Rafael Cadenas, quien repuso el asombro entre nosotros.

Su obra ha sido asociada con una mirada mística de la poesía. ¿Cómo se dio esa conexión entre espiritualidad y escritura en su proceso creativo?

Yo no la llamaría mística, tengo mis razones para no sentirme un poeta místico. Me asomo más a la poesía con tono iniciático, aunque podría tener a un místico como vecino. 

¿Puede abundar en el tema?

Para responder apropiadamente a esta pregunta, me permito elaborar una precisión que llevo años explorando: la palabra “místico” se ha deformado tanto en la cultura de Occidente que a mí me da alergia. ¿Por qué lo digo? Este término se ha degenerado y vulgarizado tanto que ha perdido todo su sentido original: místico deriva de la palabra Misterio, proviene del griego Myeo, que significa «Iniciar en las Cosas Sagradas», una labor que hacían en la antigüedad las Escuelas de Misterios. También, de la misma raíz, encontramos Mystagoia, que significa Iniciación. Mystos significa Iniciado y Myesis, insisto, quiere decir Iniciación. Así la palabra «místico» se fue degenerando con el tiempo, porque la religión intervino, ocasionó una ruptura, un corte en la cadena iniciática en Occidente. 

¿Qué implicó esta ruptura?

Todo lo místico pasó a formar parte del campo religioso, normativo por excelencia, como otra forma más de acondicionamiento. Pero el místico y el religioso van de la mano, quiero decir, se quedan muchas veces en el regodeo individual, en el sentimentalismo, la divagación y la elucubración. La iglesia Católica se adueñó del sentido místico y lo corrompió. Imposible que un místico alcance lo supraindividual. Yo me alejo de esa vía, intento la vía iniciática, que representa una ascesis dinámica de realización: demanda un esfuerzo interior, requiere tener un maestro y continúa una línea de transmisión espiritual ininterrumpida. No obstante, como te decía antes, podría tener a un místico como vecino, hay un terreno de convivencia.

¿De qué manera la filosofía oriental y el contacto con todas estas enseñanzas que narra han permeado su poética?

Este diálogo se lo debo a los maestros y maestras que he tenido de distintas fuentes que me han moldeado: el Ifismo, el Sufismo, el Taoísmo, el Zen, la Kabalah, el Cristianismo, el Chamanismo, todos estos fractales me acompañan, los he ido incorporando con el paso de las décadas. Cada maestro y maestra han dejado su impronta en mi camino como poeta: me han dado algo y les he dado algo, así suele ser.

¿Cómo concibe la escritura poética? ¿Es un acto de revelación, de exploración o una combinación de ambas? ¿Cómo lo ha vivido?

Desde el libro Soy el animal que creo experimento la poesía como una revelación de mi alma. La poesía me llega como un hallazgo, un chispazo, una iluminación. Entonces me dejo tomar por la experiencia. La poesía sucede. Y sucede como el amor. La última experiencia poética la expreso en un poemario reciente, titulado Yo soy Uds. Allí digo: la poesía es ese manto apedazado que viste un poeta: montones de retazos unidos por su voz y por su alma. En Canto de luz negra, por ejemplo, hago una fábula de los maestros, un recurso antiquísimo, por lo demás.

En su experiencia, ¿cuáles son los elementos esenciales para la construcción de un poema?

Todo poema es una traducción, es algo incompleto. Es la traducción de una intuición. La intuición es rasgar un velo y otro y luego otro… Y cuando uno penetra, consigue una llave para franquear esos umbrales, te encuentras con lo inefable. Por eso digo que el poema es la traducción de una intuición. Para escribir un poema uno debe mantener una voluntad de autoconocimiento, visitar nuestro adentro. Así lo digo en Yo soy Uds.: el poeta tiene un cercano pariente: es un pequeño creador de sabiduría que transforma su cadáver de anoche en un ser vivo hoy.

¿Cómo ha evolucionado su poética a lo largo de los años?

Yo no sabría decir si ha evolucionado o no. No creo ser tan arrogante para saberlo. Sí siento que mi voz pasó en un momento a ser más germinal. Aun cuando reconozco algunos patrones recurrentes, también en cada libro se asoman habitaciones nuevas de la casa que no estaban abiertas. Al final, el ensimismamiento egocéntrico, la divagación y la elucubración dejaron de ser los dueños de la casa.

El tema de lo sagrado está muy presente en su poesía. ¿Considera que la poesía puede ser un vehículo de trascendencia?

Lo sagrado no es uno de mis temas. Considero que todo en el mundo es sagrado, no hago separación esto sí y aquello no. La poesía siempre ha tenido una filiación con lo “Otro”, es un anhelo del poeta. Si hablamos de lo trascendente, aludimos a todo lo que trasciende el nivel del lenguaje. La poesía no es un vehículo de nada, es un misterio. Todo lo trascendente es poesía. El hombre, a través del lenguaje, apenas se acerca a la imaginación, ese bosque de símbolos del que hablaba Baudelaire. O como dice Adonis: la poesía es la casa que está habitada de símbolos, alusiones y sugerencias. Los nombres, las palabras se gastan, pero nunca su significado; lo silencioso está más allá del lenguaje.

En su obra se percibe una tensión entre la palabra y el silencio. ¿Cómo conciliar estos dos elementos en su escritura?

Es curioso esto que usted percibe o cómo lo percibe. La palabra no se antepone al silencio. Tradicionalmente el silencio es la fuente de todo. Mi poesía tiene muchas pausas, cesuras, quiebres… propone un ritmo; a veces es una poética del trance y otras veces es una poética del péndulo. Yo vengo del péndulo y transito hacia el trance, para ser más exactos. Mi maestra Noemí, la que me enseñó Kabalah, me dio este regalo, este hallazgo que jamás había advertido. El lenguaje nos permite tener una concepción compartida de la realidad. Pero esta es una realidad de tantas otras más. Hay tantas realidades. La realidad pendular es como la de los astros: palabras que se acercan y se retiran en nuestras vida mientras recorremos nuestro camino. Venimos del silencio y regresamos a él. La luz negra es el silencio. Ahora, la experiencia del trance significa darle preferencia al mundo analógico o aleatorio, como se le llama ahora, para anteponerlo al mundo algorítmico y de lo previsible. La humanidad renunció al silencio, es lo que veo. Todas las palabras flotan sobre la respiración del Universo.

¿Cómo percibe la situación de la poesía venezolana actual? ¿Cree que ha cambiado la recepción de la poesía en el país en las últimas décadas?

No suelo pensar en la categoría “poesía venezolana”, porque tampoco me considero un poeta “venezolano”. Somos poetas del mundo, estamos en el mundo; la vibraciones de la guerra de Ucrania, las de la franja de Gaza, las de Yemén del Sur, o Corea del Norte, las de Shanghai, las vibraciones del genocidio alimentario en Estados Unidos, o las del declive del Vaticano, las recibimos todos por igual; las vibraciones del desecamiento de la Tierra, por cierto, también nos llegan por igual. Somos poetas de nuestro tiempo, y nuestra alma sabrá explorar esta época en busca de su alimento. Y ese mismo tiempo dirá lo que cada poeta encontró. Lo mismo ocurre con la ciencia: tú no eres un científico de Venezuela, de México o de Brasil… Estás en el mundo, y tu avanzada se verá en el mundo, no en tu lejana provincia o pueblo.

¿Qué poetas contemporáneos considera que están renovando la tradición poética venezolana?

Si nos trasladamos a 1826, cuando Andrés Bello publica La agricultura de la zona tórrida –y lo cito porque representa nuestra catedral– podemos entender que nuestra tradición poética es imberbe. Si nos trasladamos a nuestros pueblos originarios, nuestra tradición es más robusta. ¿Qué hacer ante una y otra? Y cuando hablamos de tradición, ¿de qué se trata? No hay nada claro en la poesía venezolana. Y no lo hay hasta tanto no reconozcamos ese coro de ancianos de nuestros pueblos originarios, nuestros ancestros también, como lo es Bello. Lamentablemente no soy un crítico, ni estudioso de la literatura, por tanto no tengo herramientas para saber lo que está pasando en eso que se llama “poesía venezolana” y si se ha renovado o no. Pero seguimos en la época de Bello. En el buen sentido. ¡Qué paradoja! 

¿Qué lugar ocupa la poesía en un mundo marcado por la inmediatez y la virtualidad?

No ocupa ningún lugar. Y no soy pesimista. Ese no es mi enfoque. La poesía no quiere ocupar ningún lugar. No quiere ser nada, ni nadie. Ni escalar ninguna posición… Eso es un patrón egocéntrico. Ante el Golem de la IA, la poesía es una hormiga. Y es que este tiempo no solo está marcado por la inmediatez, la utilidad, sino sobre todo por el egoísmo.

Como promotor cultural, ¿cuál cree que ha sido el mayor desafío para la difusión de la poesía en Venezuela y América Latina?

Todos los alimentos del alma tienen obstáculos de difusión y distribución. No solo la poesía. No seamos tan engreídos los poetas. Lo bello es uno de esos alimentos. El sistema no tiene interés en que la gente reciba este alimento. Así que el problema es global.

¿Cómo fue la experiencia de dirigir iniciativas como la Fundación Casa de la Poesía?

Pienso que fue una experiencia muy precursora, renovadora, pionera. Recuerdo que cuando iba a los recitales de poesía en la Asociación de Escritores de Venezuela, en la Avenida Lecuna, éramos cuatro o cinco pelagatos como público. Yo me sentía tristísimo. Yo era un culicagao. Estaba Caupolicán Ovalles de cacique. Al rato entré en una crisis. Y como no quería ser un esclavo, renuncié al trabajo que tenía en El Nacional. En ese momento concebí el proyecto de una Casa de la Poesía. Me acompañó mi compadre Pantelis Palamides. ¿Qué logramos? Que la gente disfrutara de nuevo masivamente los recitales de poesía. Fueron doce años en esa mina. Hasta que llegó un día Farruco Sesto, quien era Ministro de Cultura (y se creía poeta), y quería inaugurar la noche de la Semana de la Poesía dedicada a Eugenio Montejo, leyendo sus porquerías, y yo le dije que no. Y él juró destruir la Casa de la Poesía como venganza. Y así pasó.

¿Cómo define su relación con la palabra y qué significa la poesía en su vida?

No tengo muy buena relación con la palabra. Honestamente lo digo. Busco la palabra perdida, tal como la recojo en El libro de la tribu. Aprendí a hablar a los cuatro años de edad. Ya mi mamá creía que yo era sordomudo. Gagueo habitualmente. Y la elocuencia nunca fue mi novia… Reconozco que lo averbal me atrae. Pero es lo mismo en el fondo. Es el arte de trocar. Mi poesía no viene de mí, sino de las fauces de un cielo primitivo.

¿Qué consejo daría a los jóvenes poetas que están iniciando su camino en la escritura?

Darle consejos a los jóvenes es algo inútil. Ellos saben ya lo que tienen que hacer. Los jóvenes son como peces: una ribazón. También las mujeres son peces: peces que resisten, esperan y aman. Los peces no hicieron ofrendas para evitar ser atrapados. La lección es sencilla: poetas, eviten ser atrapados, dejen de ser peces.

¿En qué proyectos literarios está trabajando actualmente y qué podemos esperar de su obra en el futuro?

Acabo de terminar un poemario y espero conseguir un editor. Y ahora me ocupo de escribir toda mi experiencia espiritual en África Occidental: una fusión narrativa que combina autobiografía, ensayo, poesía, aforismos, fotografía, dibujo… Sería mi taberna. 

¿Cómo sería?

Un poeta quiere tener una taberna: allí hay vino (que él mismo cosecha), hay comida (que él mismo cocina), hay tabaco (que él mismo macera) y hay música (que él mismo canta); y además, están los temas de conversación que él mismo recrea. Quien quiera visitar mi taberna podría encontrar una música distinta. A fin de cuentas, una flor exótica siempre es humilde y lo humilde también tiene su encanto.


Caracas/Santiago/São Paulo, mayo 2025.




sábado, 3 de mayo de 2025

Entrevista a Roger Santiváñez. Por Ernesto González Barnert

 


“La poesía siempre es resistencia, porque es un acto cultural radical”


Entrevista a Roger Santiváñez y su libro Symbol: la poesía como fractura y revelación
Por Ernesto González Barnert*


Roger Santiváñez es una de las voces singulares e inclasificables de la poesía peruana contemporánea. Desde sus primeras incursiones en la escena literaria limeña hasta su actual residencia en Estados Unidos, su obra ha sido un laboratorio de experimentación, donde el coloquialismo, la contracultura, la violencia urbana y la contemplación mística conviven en un equilibrio tan precario como fascinante.

Nacido en Piura en 1956, Santiváñez formó parte de movimientos fundamentales para la poesía peruana como La Sagrada Familia, Hora Zero y, sobre todo, el Movimiento Kloaka, que marcó una ruptura radical con la tradición. Sin embargo, fue con Symbol (1991) que su poética dio un giro definitivo: un libro escrito desde los márgenes del lenguaje, en una suerte de trance alucinado donde el argot callejero, el nonsense, el plurilingüismo y la descomposición de la sintaxis intentan capturar el caos de una época marcada por la violencia política, la droga y la descomposición social.

Originalmente publicado en Princeton, Symbol es el libro más experimental de Santiváñez, una obra en la que el poeta se sumerge en un vértigo verbal para desentrañar los límites de la conciencia y del lenguaje. Hoy, con la reedición de este poemario en 2024 por la Casa Editorial Personaje Secundario, nos adentramos en su universo para comprender sus pulsiones, sus riesgos y su impacto en la poesía latinoamericana, donde funde lo conversacional con lo neobarroco, las tradiciones con la intemperie, la calle y sus códigos.

Con esta entrevista contestada por el poeta a orillas del río Cooper, sur de New Jersey, durante abril del presente año, buscamos explorar los pormenores de Symbol: su gestación, su estética radical, sus referentes literarios y musicales, así como su lugar en la trayectoria de Santiváñez. También nos interesó conocer sus lecturas esenciales, sus obsesiones poéticas y su mirada sobre la poesía actual con esa constancia que el poeta del reconocido poemario El Chico que se declaraba con la mirada o Virgen de Guadalupe, además, prosigue con deseo, la intuición correcta de que todo arte auténtico implica cuestionar el statu quo.


–Symbol es considerado uno de tus libros más experimentales. ¿Cómo surgió la idea de escribirlo?

–La idea de escribir SYMBOL nació a fines de diciembre de 1990, una noche regresando del Nirvana, un club de rock que había en Lima en esa época. Yo tuve la idea de escribir un libro de poemas que fuera una especie de viaje hacia lo más profundo de mí mismo, motivado por el efecto de un psicoactivo llamado pasta básica de cocaína, que fumaba todas las noches en aquellos días terribles.


–Se ha dicho que Symbol es un reflejo de la violencia y la desintegración del tejido social en el Perú de los 90. ¿Cuánto de esa realidad permeó en tu escritura?


–Sin duda intenté un cambio de estilo. Ya estaba cansado del tono conversacional que me vio nacer. Quería encontrar otra cosa. Así fue como, sin darme cuenta, derivé en una especie de lenguaje que se autoiluminaba a sí mismo, aun cuando había empezado usando un modo superconversacional, es decir, el habla de las esquinas de los barrios de Lima, especialmente el Rímac, donde reina el lumpen y sus giros coloquiales. La desarticulación esquizoide vino, supongo, de la droga.


–En términos de estilo, Symbol marca un giro en tu poesía. ¿Qué influencias te llevaron a esa exploración del lenguaje lumpen y la desarticulación esquizoide?

–Bastante, mucho, porque mi vida personal estaba rodeada de tres violencias: la de la guerra civil que vivía el Perú entre Sendero Luminoso y el Ejército; la del mundo de la droga, que es lumpen; y la salvaje relación amorosa que yo atravesaba con una jovencita del Rímac, a quien está dedicado el libro. Todo esto permea los poemas, pero no exactamente como tema, sino que está enhebrado, fusionado al ritmo de su lenguaje.


–¿Cómo ves Symbol hoy, más de 30 años después de su publicación original? ¿Qué ha cambiado en tu percepción del libro?

–La verdad, poco o nada. Veo el libro como un testimonio fuerte de lo que me tocó vivir en esos álgidos años que se padecieron en el Perú.


–¿Qué tan importante es la oralidad y el argot callejero en tu poesía?

–Muy importante, ya que durante un tiempo me interesaba trabajarlo como poesía o incluirlo en el discurso de un poema. Quizá hasta la actualidad pervive en mí esta actitud, aunque de forma más suave, diría.


–Se ha comparado Symbol con ciertos textos de la poesía maldita. ¿Te sientes identificado con esa tradición?

–Estuve muy identificado con esa tradición desde cuando empecé a escribir poesía, a mediados de los 70s, y luego —de hecho— durante la composición de SYMBOL. En realidad, mi incursión en las drogas duras (solo la pasta básica de cocaína) se debió a una ingenua lectura mía de la recomendación de Rimbaud, según la cual, para ser un vidente —es decir, un poeta auténtico— debías someterte a un riguroso, razonado y total desorden de los sentidos. Yo, como el muchacho inexperto que era, seguí esta consigna al pie de la letra. El problema es que terminé siendo un adicto a la droga, terminal, casi muero. Pero vi una luz al fondo del túnel y logré salir. Quedó SYMBOL como testimonio en poesía de aquel maldito proceso.


–¿Cómo fue el proceso de reedición de Symbol en 2024? ¿Hubo cambios o añadidos respecto a ediciones anteriores?

–No, no ha habido cambios. Usualmente, yo, cuando reedito algún libro, no corrijo nada. Lo dejo tal cual lo escribí. Me parece más honesto.


–¿Cuál crees que es el mayor desafío para un lector que se enfrenta a Symbol por primera vez?

–El desafío me parece agarrar su ritmo interno, que no es fácil porque está articulándose y desarticulándose cada instante, pero tengo la esperanza de que el cincel que opera su tratamiento del lenguaje logre conquistar al lector con la dulce violencia de sus asociaciones inesperadas y sus referencias herméticas, pero —ojalá— incitantes.


–¿Cuáles son tus diez libros favoritos de poesía mundial?

10 libros serían: 1) The Cantos de Ezra Pound. 2) Las flores del mal de Baudelaire. 3) Poesía completa de Lezama Lima. 4) Altazor de Huidobro. 5) The Waste Land de Eliot. 6) Howl de Ginsberg. 7) Una temporada en el infierno de Rimbaud. 8) Prosas profanas de Rubén Darío. 9) Incurable de David Huerta. 10) Galaxias de Haroldo de Campos.


–¿Cuáles son tus diez libros favoritos de poesía peruana?

–Estos: 1) Trilce de Vallejo. 2) Reinos de Eielson. 3) Abolición de la muerte de Westphalen. 4) Travesía de extramares de Martín Adán. 5) Canto ceremonial contra un oso hormiguero de Antonio Cisneros. 6) Monte de Goce de Enrique Verástegui. 7) Valses & otras falsas confesiones de Blanca Varela. 8) Contra Natura de Rodolfo Hinostroza. 9) Noches de adrenalina de Carmen Ollé. 10) Quasar & otros poemas de Mario Montalbetti.


–¿Hay algún libro que nunca pudiste terminar de leer? ¿Por qué?

–Muchos. Yo empiezo a leer un montón de libros, pero son pocos los que termino de leer hasta el final.


–Tu relación con la música es fundamental en tu vida. ¿Qué discos o canciones han sido esenciales para tu escritura?

–El rock es esencial. Son bastantes, pero escogeré algunos. Por ejemplo, Abbey Road de los Beatles fue fundamental cuando empezaba a escribir. También Pluribus de Grand Funk. Luego, sin duda, la canción Stairway to Heaven de Led Zeppelin. Más adelante: Chuck Berry, Elvis, Lennon, Harrison, CC Revival, Janis Joplin, Jimmy Hendrix, Doors, los Rolling, The Who. Hace poco: Scorpions. Del Perú: Los Yorks, Los Saicos, The Traffic Sound, The Telegraph Avenue, El Polen, Delpueblo, Narcosis.


–¿Qué relación encuentras entre el rock y la poesía?

–Encuentro una tremenda relación, ya que el aspecto lírico del rock (aunque fuera un rock salvaje y brutal) siempre lo encontraba en mi sensibilidad mientras escuchaba ese ritmo y melodía que elevaban mi corazón y me hacían sentirlo profundamente poético.


–¿Qué músicos o bandas han influido más en tu obra poética?

–Al comienzo influyó mucho Joan Manuel Serrat y sus canciones musicalizando los poemas de Antonio Machado. Luego me influye Paul y su tema Michelle. Bob Dylan, sin duda. Y bandas como Deep Purple, Black Sabbath, The Mamas and the Papas.


–Fuiste parte de movimientos como La Sagrada Familia, Hora Zero y Kloaka. ¿Qué significó para ti cada uno de estos espacios?

–La Sagrada Familia (1977–1979) fue el primer grupo literario que fundé y lo hice con el poeta Edgar O’hara. Fue mi primer grupo de amigos poetas, el colectivo de mi iniciación poética, unidos exclusivamente por un grande amor a la poesía. Es importante también que LSF experimentó una marcada politización de índole marxista, motivada por el ascenso de la lucha de clases en el Perú tras el derrocamiento de la Revolución Peruana del general Velasco Alvarado por el general fascistoide Morales Bermúdez, lo que provocó la contundente respuesta popular del Gran Paro Nacional Unitario del 19 de julio de 1977. Esta situación politizó a buena parte de la poesía peruana de aquella coyuntura.

Hora Zero es un grupo de la generación anterior a la mía. Yo admiraba a HZ desde mi adolescencia en Piura, saliendo apenas de la secundaria. Cuando me fui a estudiar a la Universidad de San Marcos, en Lima, conocí a los poetas de HZ. Así fue como Jorge Pimentel me invita en el verano de 1981 a integrarme a la Segunda Fase del Movimiento que los había reunido en 1977 (la Primera Fase fue de 1970 a 1973). Mi participación en HZ fue fundamental para mí, ya que me sacó de la burbuja pequeñoburguesa en que yo crecí y vivía y me llevó a conocer al pueblo de mi país, a la gente de carne y hueso y, sobre todo, a su lenguaje, a su habla cotidiana, a su jerga, a sus giros coloquiales; lo cual enriqueció tremendamente mi poesía.

Salí de HZ en 1982, cuando empecé a ver y sentir que existía una nueva realidad nacional popular en el Perú, producto del achoramiento andino en las ciudades y el fenómeno cultural denominado chicha. Esto fue determinante para decidirme a fundar el Movimiento Kloaka (1982–1986), tratando de que dicha nueva realidad fuera expresada por la nueva poesía que esgrimía el MK.


–En Cítica Afectiva abordas la poesía peruana y latinoamericana. ¿Qué poetas crees que han sido injustamente olvidados?

–Hay varios. Por ejemplo, Guillermo Chirinos Cúneo en el Perú, autor de un libro genial denominado Idiota del Apocalípsis. O Exit de Gonzalo Muñoz en Chile. En el Perú también hubo un gran poeta metafísico muy poco conocido: Juan Ojeda. Y otra: Enriqueta Beleván. Quizá Francisco Madariaga, en la Argentina, es otro.


–¿Cómo ha cambiado tu escritura desde tus primeros libros hasta hoy?

–Ha ido cambiando —pienso— desde mis días iniciales, en que me gozaba de y con la poesía conversacional, hasta mis días actuales —más o menos neobarrocos—. Se fue transformando mi lenguaje.


–¿Cómo influyó tu experiencia en Princeton y en otras universidades de EE.UU. en tu visión de la poesía?

–Influyó en el sentido de los libros que pude leer en la biblioteca de Princeton (donde está todo), que enriquecieron mi poesía; lo mismo que en algunas otras, pocas, bibliotecas universitarias.


–¿Cómo ha sido la experiencia de escribir como migrante en EE.UU.? ¿Ha cambiado tu relación con el Perú y su poesía?

–Sin duda influye el ser un inmigrante, de todas maneras. Pero no ha cambiado mi relación con el Perú y su poesía.


–En tus memorias hablas de una "generación derrotada". ¿Sientes que la poesía tiene un rol de resistencia ante esa derrota?

–Claro, la poesía siempre es resistencia, porque es un acto cultural radical.


–En tu experiencia, ¿qué diferencia la poesía latinoamericana de la norteamericana o anglosajona en términos de lenguaje y propuesta estética?

–La diferencia básicamente me parece que está en que la poesía norteamericana mantiene vivo su coloquialismo esencial. En cambio, nosotros, los latinoamericanos, avanzamos por aquel registro también, pero igualmente por muchísimos otros más.


–¿Qué opinas de la poesía peruana actual? ¿Ves una continuidad o ruptura con las generaciones anteriores o la tuya?

–Opino muy bien. Teniendo a Vallejo como respaldo histórico se puede comprender la calidad de varios de los nuevos y/o jóvenes poetas peruanos. Ellos saben manejar muy bien sus rupturas y continuidades con la tradición: Adán, X. Abril, Oquendo, Moro, Westphalen, Varela, Eielson, Hinostroza, Verástegui, digamos.


–¿Qué consejo le darías a un poeta joven que intenta abrirse camino en el mundo literario hoy?

–El único consejo que puedo darle es trabajar; es decir, leer mucho y escribir. The rest is dross, como dijo Hinostroza citando a Pound.



–¿Cuál es la pregunta que nunca te han hecho en una entrevista y que te gustaría responder?

Honestamente, no tengo ninguna ahorita.




* Ernesto González Barnert (Temuco, Chile, 1978) es poeta, gestor cultural y cineasta documentalista. Autor de Playlist, Venado tuerto y Trabajos de luz sobre el agua, entre otros libros, su obra ha sido distinguida con el Premio Pablo Neruda (2018), el Premio Nacional a la Mejor Obra Inédita del Consejo Nacional del Libro y la Lectura de Chile (2014), el Premio Nacional Eduardo Anguita (2009) y el Premio de Honor Pablo Neruda de la Universidad de Valparaíso (2007). Además, ha recibido el Premio de Poesía Infantil de las Bibliotecas de Providencia (2023), la Mención Honorífica en el Concurso Internacional de Poesía Nueva York Poetry Press (2020) y menciones en el Concurso Nacional de Poesía Joven Armando Rubio (2003) y los Juegos Literarios Gabriela Mistral de la Ilustre Municipalidad de Santiago (2005).

Licenciado en Cine Documental por la UAHC y Diplomado en Estética del Cine por la Escuela de Cine de Chile, ha trabajado en la creación y realización ejecutiva de las series de televisión Obturaciones y Letras Migrantes. 

Actualmente se desempeña como productor cultural en la Fundación Pablo Neruda, donde impulsa la difusión de la vida y obra del poeta, así como de la poesía hispanoamericana, mediante entrevistas, talleres, encuentros, presentaciones y edición de libros. Reside en Santiago de Chile.



Entrevista a Alejandro Cortés G. Por Ernesto González Barnert

 


“Un tatuaje es una cicatriz con la forma de algo que apreciamos”


Entrevista a Alejandro Cortés G.
Por Ernesto González Barnert*


Nacido en Bogotá en 1977, Alejandro Cortés González es una de esas voces que cruzan con naturalidad los caminos del verso, la narrativa y la música, como si los géneros fueran estaciones de una misma carretera emocional. Poeta, narrador, editor, gestor cultural, profesor universitario, músico y tatuador de la memoria: su obra carga con una intensidad vital que no se disfraza ni se domestica.

Autor de libros que ya forman parte del mapa contemporáneo de la literatura colombiana —como Pero la sangre sigue fría, Del relámpago nacerán luciérnagas, El álbum púrpura o Todos los diablos tienen sed—, ha sido reconocido con numerosos premios y becas que apenas rozan la superficie de una obra que, por dentro, lleva tatuada la biografía de toda una generación. En sus textos conviven el rock de los años ochenta, los vínculos complejos con la figura paterna, las contradicciones de la masculinidad, los ritos de iniciación, la ternura violenta, el humor de alta combustión y una emoción que se resiste a la anestesia.

Esta entrevista recorre, entre otras cosas, su imaginario más íntimo: desde el glam metal y los bares con neón, hasta las cicatrices del amor y la rudeza impostada del macho latinoamericano. Alejandro Cortés González escribe como quien pone una aguja sobre la piel del lenguaje, consciente de que un poema también es una forma de dejar marca. Lo suyo no es literatura de salón: es escritura que se arrastra por los sótanos de la experiencia y regresa, siempre, con algo que decir.

Tuve la suerte de conocerlo y disfrutar de su charla y su poesía en el Encuentro Internacional de Poesía, bajo el alero de la Feria Internacional del Libro de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, en Villahermosa, México, en marzo de 2025. Allí vi la fascinación que despierta su obra en los lectores, y desde entonces quedé con la garra de seguir explorándola, de preguntarnos —a través de su voz y sus versos— por lo que queda entre las manos cuando todo arde, y aun así seguimos escribiendo.



–¿Cuál fue el primer disco que rompieron en tu casa y cuál fue el primero que rompiste tú?


–Ernesto, agradezco a ti y a los lectores por este maravilloso espacio para seguir comunicándonos, ahora, desde la trastienda de la poesía. En casa yo cuidaba y escondía mi música, como un tesoro no apto para compartir con todo el mundo; mi familia, que escuchaba vallenatos y música tropical, también cuidaba sus discos. Creo que lo más parecido a un rompimiento de música fue cuando yo, a escondidas, grabé música de Def Leppard sobre un casete de Diomedes Díaz. Hasta la fecha no me han reclamado nada; supongo que nunca se enteraron.


–¿Qué tienen en común un poema y una cicatriz?


–La cicatriz es lo que queda después de una lesión. Yo iría más allá y diría que el poema se asemeja más a un tatuaje, que es la forma simbólica, colorida y corpórea que damos a una herida. Cuando la aguja entra en la piel, hiere, deja su semilla de tinta para que la cicatriz sea un punto de color. En el poema damos luz y matices a lo que nos conmueve del mundo, que no siempre —por fortuna— es algo doloroso. La metáfora de la cicatriz se queda en el dolor; la del tatuaje, reconoce que la alegría, la gratitud, la tristeza, el humor, la rabia, la asfixia y muchas emociones más distintas a las lamentaciones, caben en la piel de la poesía.


–¿Escribir sobre tu padre fue un ajuste de cuentas, una carta de amor o un conjuro de despedida?


–Fue un poco de las tres. Nunca me lo propuse. Por lo general, empiezo a escribir sobre algo que me llama la atención y la poesía termina escribiendo sobre algo que necesito escribir y no lo sabía. En Pero la sangre sigue fría (Poesía, 2012), Sustancias que nos sobreviven (Poesía, 2015) y Almanaque Bristol 1987 (Poesía, 2019) hay algunos poemas sobre la figura del padre que aún cargan la rabia y la tristeza de un ajuste de cuentas. En El álbum púrpura (2021) ya se ven algunos poemas que tratan de establecer un punto de encuentro en un ejercicio inconsciente de alteridad. En El señor notario (2023) algunos poemas ya empiezan a fabricar el amor desde la irrealidad como un conjuro de despedida y abrazo metafórico. Nótese que insisto en “algunos poemas” porque sobre el padre no giran esas publicaciones. Solo dos de mis libros tienen un direccionamiento simbólico a la familia: Del relámpago nacerán luciérnagas (Novela, 2018) y Almanaque Bristol 1987 (Poesía, 2019); ambos van para mis abuelos y para mi amada Bogotá. Sin embargo, en muchos se cuela algún poema o verso que le canta a la infancia, a mi familia, al núcleo que me constituye.


–¿Cómo suena el silencio cuando termina un poema tuyo?


–El silencio es el momento en el que se levanta la carga simbólica de las palabras. Es ese instante de conmoción interior donde algo grita hacia dentro. En el silencio, detonan las exclamaciones.


–¿Qué es más rudo: afeitarse con una cuchilla prestada o escribir un poema después de escuchar You Could Be Mine?


–Jaja… Me gusta la ironía dentro del poema para burlarse de esa idea de rudeza masculina hollywoodesca. Me divierte la osadía de este lenguaje en el poema. De hecho, que un poema sea capaz del humor y de liberarse de su carga de lamentos también me resulta interesante; no sé si ruda. Rudo es criar un hijo, levantarse una mañana de sábado, afeitarse con una cuchilla prestada, llevarlo a su práctica de fútbol y darse cuenta de que nadie en 10 kilómetros a la redonda ha escuchado You Could Be Mine.


–Si tu infancia fuera un tatuaje, ¿qué imagen tendría y dónde estaría en tu cuerpo?


–Definitivamente, serían los íconos de tragedia y comedia del teatro que aparecen en la portada del Theatre of Pain de Mötley Crüe. ¿Y dónde estarían? Bueno, están. Los llevo tatuados en la parte interna de mi antebrazo izquierdo. Fue mi primer tatuaje: el que me hice a los dieciocho. Solo se ve cuando toco el bajo, y es lindo pensar en eso, justamente: muestro mi infancia cuando toco el bajo.


–¿Cuál ha sido tu "Home sweet home" más dolorosa y cuál la más dulce?


–“Home sweet home” es encontrar el hogar, no en una casa, sino en el camino. Saber que toda mudanza tiene algo de dolor y de dulzura, porque el hogar es lo que fuimos nosotros dentro de esas paredes. Soy bien nostálgico: incluso me da esa sensación de dulce desapego cuando dejo la habitación de un buen hotel, jaja. En fin. Con el rock, la poesía y el amor he aprendido a ser un poco más caracol: es decir, llevar mi casa a cuestas, aunque queden sustancias viscosas después de cada desprendimiento.


–¿El rock te enseñó a escribir o la poesía te enseñó a escuchar?


–Qué buen paralelismo. En mi caso, primero vino el rock. Poco me gustaba la poesía clásica que veía en el colegio, esa que declamaban los niños en las izadas de bandera. Luego, gracias a letras muy buenas de grandes bandas de rock y metal, conocí a Pessoa, Baudelaire, Rimbaud, Coleridge, Novalis. No sabía que se pudiera escribir con tal libertad y honestidad. Desde entonces busco la música también en las palabras. Concibo la poesía como música escrita con palabras donde el ritmo crea nuevos significados.


–¿Qué hay en el garaje de un poeta rudo?


–No sé. Un auto que no funciona, recibos sin pagar y un afiche de Chuck Norris, supongo. Habría que preguntarle a alguno.


–¿Crees en la redención a través del arte o solo en su capacidad para dejar marcas?


–Si el arte redime, deja una marca. El arte está para tratar de conciliar el afuera con el adentro cuando se ha roto el equilibrio. Si eso sucede, se salva nuestra fe y queda una huella: en poesía la llamamos poema.


–¿Qué grita exactamente alguien que shouts at the devil desde el fondo de un poema?


–Grita que no todos somos iguales. Que el vergonzoso y repetitivo mainstream musical de países tropicales como Colombia, no tiene el derecho de anular con violencia a los que sentimos y pensamos diferente. Grita que hay aguas internas oscuras, agitadas y profundas, más interesantes que la monótona superficie.


–¿El amor es una sala de tatuajes, un videoclip de los 80 o una boina estilo AC/DC?


–El videoclip de los 80 porque puede contener a los otros dos.


–¿Cuál ha sido el verso que más te ha dolido escribir?


–Fue en una novela: Del relámpago nacerán luciérnagas (2018). Trataba sobre los últimos años de una mujer mayor aquejada por la trombosis y la soledad. La usé como catársis para hablar de mi abuela, mi país y mi familia. Allí escribí una frase que decía mi abuela cuando se planteó la posibilidad de hacerle una cirugía a corazón abierto, con un alto riesgo de no sobrevivir. La cirugía nunca se hizo. Mi abuela igual falleció, pero su frase se quedó en nosotros: “Ábranme el corazón para que vean cuánto los amo”.


–¿De qué sustancia está hecha la que nos sobrevive después de todo?


–De poemas; de la vida pasada por el corazón, que es la que no se olvida. La poesía —la escrita o la vivida en estado salvaje— es la sustancia que nos sobrevive. La marca que comprueba que a través de nosotros pasó la vida.


–¿Hay que tener sed de todos los diablos para escribir una buena historia?


–Hay que tener sed para que valga la pena estar vivo. Cuando se escribe, la sed se multiplica, la vida se intensifica. Todos los diablos tienen sed (Cuentos sobre el rock y el metal en Colombia, 2022), es el grito con el que se aferra a la vida un rockero en un país tropical. Se trata de sobrevivir y sentir que vivimos.


–¿Te parece más poético un neón encendido en un bar o el espejo donde tu padre se afeitaba?


–El neón, definitivamente. Ser una luz eléctrica, zumbante y colorida que da forma a alguna palabra en medio del negro manto de la noche. A veces siento mi poesía como una extremidad torpe de Novalis que burla el tiempo y alcanza a conocer la luz de un neón.


–Si pudieras revivir un sábado de tu adolescencia con walkman incluido, ¿cuál sería y por qué?


–Sin lugar a dudas, el sábado que conseguí el álbum Theatre of Pain de Mötley Crüe. Desde entonces, “Home Sweet Home” ha sido el himno de mi vida. Para homenajear ese instante es que escribí el poema “Home Sweet Home”.


–¿Cómo se educa el umbral del dolor cuando se es poeta en Colombia?


–La mayor parte de la poesía está hecha de lamentos, de heridas, de penas. Colombia tiene mucho de eso. Yo prefiero celebrar que seguimos vivos y dar gracias por cada pequeño asombro. Así, con más risas que quejas, se educa el umbral de dolor. Puedes consultárselo a cualquier tatuador.


–¿Qué se puede aprender de una zarigüeya en la rueda de un hámster o de una mujer que hace el manicure en Texas?


–Que ambas tienen la esperanza de que moviendo la rueda cambie la jaula. Y, justamente, para eso nos sirve esta rueda, esta piedra sisífica, esta esfera monótona de dragón: para tener esperanza.


–¿Dónde termina la nostalgia y empieza la invención en tu escritura?


–La nostalgia es la frustración por la imposibilidad de que un tiempo regrese. La hipótesis es la exploración de las distintas posibilidades si algo no fuera imposible. Me encantan y divierten las hipótesis de lo imposible: ahí nace mi escritura.


–¿Cuál es la canción que todavía no has podido escribir?


Una que coincida con todos mis hemisferios y no se contradiga. La contradicción es fuente de creación; pueda ser que ahí radique el secreto de su imposibilidad.




*Ernesto González Barnert (Temuco, Chile, 1978) es poeta, gestor cultural y cineasta documentalista. Autor de Playlist, Venado tuerto y Trabajos de luz sobre el agua, entre otros libros, su obra ha sido distinguida con el Premio Pablo Neruda (2018), el Premio Nacional a la Mejor Obra Inédita del Consejo Nacional del Libro y la Lectura de Chile (2014), el Premio Nacional Eduardo Anguita (2009) y el Premio de Honor Pablo Neruda de la Universidad de Valparaíso (2007). Además, ha recibido el Premio de Poesía Infantil de las Bibliotecas de Providencia (2023), la Mención Honorífica en el Concurso Internacional de Poesía Nueva York Poetry Press (2020) y menciones en el Concurso Nacional de Poesía Joven Armando Rubio (2003) y los Juegos Literarios Gabriela Mistral de la Ilustre Municipalidad de Santiago (2005).

Licenciado en Cine Documental por la UAHC y Diplomado en Estética del Cine por la Escuela de Cine de Chile, ha trabajado en la creación y realización ejecutiva de las series de televisión Obturaciones y Letras Migrantes. 

Actualmente se desempeña como productor cultural en la Fundación Pablo Neruda, donde impulsa la difusión de la vida y obra del poeta, así como de la poesía hispanoamericana, mediante entrevistas, talleres, encuentros, presentaciones y edición de libros. Reside en Santiago de Chile.