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miércoles, 5 de agosto de 2026

Sobre La ruta de lo lejano, de Fedosy Santaella. Por Alejandro Sebastiani Verlezza.

 


Visitas de la imaginación y otras epifanías
Por Alejandro Sebastiani Verlezza



Ana Ajmátova está en su habitación y nota la presencia, tal vez por la madrugada. Pareciera fugaz: apenas girando el rostro, bajito, susurra: “¿dictaste a Dante las páginas del Infierno?”. 

Y la voz, tras la pausa, alcanza a responder: Yo. 

El instante recreado está en el poema "La musa". A lo largo del tiempo lo he imaginado en infinitas variantes: Ajmátova en las calles, camino al bosque, encaminada hacia alguna reunión secreta donde pudiera decir sus poemas; en la fila para visitar a Gumiliov en la cárcel y tal vez en el desapego casi onírico de las últimas horas, pero siempre con ese soplo cerca que le toca la puerta. 

Hay visitas que simplemente abren los sentidos y así Ajmátova sugiere claves sobre la inspiración. 

Sí, la poesía suele presentarse y el recóndito movimiento calando en los oídos insinúa rutas en apariencia distantes, ahora gracias al aliento de Elizabeth Schön. 

Tanto así que por una temporada visitó la voz de un escritor entrenado en las lides del narrar que se ha expandido hacia las artes visuales y la poesía. 

Sí, Schön le dijo “yo” a Fedosy Santaella, las claves del encuentro están cifradas en La ruta de lo lejano y sus múltiples vertientes de la escritura. 

A partir de una resonancia geográfica común, Puerto Cabello, Santaella comprende y acepta que la voz de Schön lo traspasa para sugerirle nuevas sendas. 

En un fenómeno de transposición vocal elocuente y sui generis: solo el escritor de oficio puede asumir con pulso el tremor que ocurre en la voz atravesada por el registro poético y reflexivo. 

El gesto es elocuente: Schön atraviesa el espacio verbal de Santaella, propicia el punto de cruce para recrear antiguas memorias de la poesía venezolana —y del país— en un lenguaje ágil y contemporáneo. 

Esta experiencia trajo un sacudimiento en la voz, al punto de incitar en el escritor tramas recónditas. 

Conjeturo que Shön lo condujo al espacio anunciado por Coleridge en sus Notebooks: “He looked at his own Soul with a Telescope. What seemed all irregular, he saw and shewed to be beautiful Constellations; and he added to the Consciousness hidden worlds within worlds”.

El pasaje de Coleridge, referido por Jung en sus memorias, sintetiza parte del proceso creador: mirar, mirar adentro, muy adentro, con la fortuna eventual de encontrar constelaciones, expandiendo la voz y sus infinitos mundos. 

Un buceo en las aguas imaginativas para dar con la poesía: es un fenómeno absolutamente moderno cuando ella misma se vuelve fuente de inspiración para los creadores y suscita la aparición de libros habitados por el impulso lírico y transgenérico, arraigados en el temblor de la expresividad en su mejor punto de tensión; lo hacen Roberto Martinez Bachrich y Tiempo hendido, Oscar Marcano y Cuartel de invierno.

La ruta de lo lejano me recuerda que el entorno de Schön conformaba cierto ecosistema soterrado en la poesía venezolana del siglo XX: todos amigos, emparentados por una concepción del lenguaje que propició el regreso de la prosa a sus orígenes más profundos y proteicos. 

En este hábitat confluyen Shön y La granja bella de la casa, Alfredo Silva Estrada y La palabra transmutada, Ida Gramcko y Poética, Alfredo Chacon y Ser al decir.

El autor de Saloma suele recordar que estas voces entrañables vivieron una suerte de nacimiento conjunto a la poesía y se desenvolvieron en una atmósfera de inquietudes vanguardistas con Elsa Gramcko, Oswaldo Trejo, Sonia Sanoja, Roberto Guevara y Alfredo Cortina. 

El encuentro de estas voces en Caracas —a finales de los cincuenta y principios de los sesenta— produjo un intercambio constante —hoy natural— entre poesía y música, filosofía y artes visuales, entre otras conversaciones estéticas y teóricas que se respiran en la La ruta de lo lejano. 

El libro de Santaella bien puede leerse como un largo poema en prosa con descansos y estancias reflexivas, la sucesión de postales, envíos y llamados de una memoria activa que apuesta por traer la aparente lejanía de Schön y sus pares al presente en la colección holobionte —precisa metáfora—de la editorial LP5 (2026).




***


 


   
            Alejandro Sebastiani Verlezza (Caracas, 1982). Poeta con incursiones en las artes visuales. Ha publicado Posdatas (El pez soluble, 2011), Derivas (bid & co, 2013), Canción de la encrucijada (Eclepsidra, 2016), Partir (OT Editores, 2018), Los hilos subterráneos (Eclepsidra, 2020), festina lente (LP5 Editora, 2023) y La orilla del retorno (El taller blanco, 2023).

Antologado en Voces nuevas (Celarg, 2005-2006/2006-2007), 102 Poetas. Jamming (OT Editores, 2014), Tiempos grotescos (Unam, 2015), Nuevo país de las letras (Banesco, 2016), Nubes (Pre-Textos, 2019), Total interferencia (Lp5,2021), Poblar la intemperie (La Poeteca, 2023), Poemas en bicicleta (La Poeteca, 2024) y En compañía de los ríos subterráneos (Lp5, 2025).

Con Adalber Salas Hernández editó Tramas cruzadas, destinos comunes (Común Presencia, 2013) y Destinos portátiles (Vallejo and co, 2013); preparó la antología Del fluir de Santos López (Kalathos, 2016) y de Armando Rojas Guardia La otra locura (bid & co, 2017); con Carmen Verde Arocha publicó Al tanto de sí mismo. Conversaciones con Alfredo Chacón (Eclepsidra, 2021); ha colaborado con poesías, prosas y traducciones en las siguientes obras de Paolo Gasparini: El baúl mundo de Paolo Gasparini (La Cueva, 2018), Andata e ritorno (La Cueva, 2019) y Da Gorizia alle Ande (Galeria Studio Faganel, Gorizia, 2021).

Ha participado en las siguientes muestras colectivas en Venezuela: Ciudad volátil, arquitecturas transitivas de la vanguardia caraqueña (2009), Confluencias (2012), Reflejos vagabundos (2013), Caracas horizontal (2013), Manifiesto país (2014) y Fragmentos a su imán (2019).

Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Santa María (2005) y Letras por la Universidad Central de Venezuela (2012). Cursó el diplomado en Estudios Liberales en la Universidad del Valle San Francisco (2014). Colaborador por más de una década del Papel Literario de El Nacional. Se ha desempeñado como corrector y redactor del Diccionario de Historia de Venezuela de la Fundación Polar. Participó en la IV edición de la Semana de la Narrativa Urbana (2009). Hizo la residencia para escritores en Rianxo –Galicia– con Axóuxere Editores (2013).

Durante una década fue profesor del Departamento de Literatura y Vida en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela, centrando su enseñanza en la poesía y los mitos griegos, la escritura autobiográfica y los métodos de investigación. Obtuvo la Maestría en Estudios Literarios de la UCV (2022) con una tesis sobre el grupo Tráfico. Ha realizado talleres, cursos y seminarios con Marie Banich, Julián Máŕquez, Humberto Mata, Judith Gerendas, Roberto Pérez León,  Rafael Castillo Zapata, Lorena González Inneco, Guillermo Sucre, María Fernanda Palacios, Armando Rojas Guardia, Roberto Martínez Bachrich, José Balza, Santos López, Igor Barreto y Daniel Medvedov.



miércoles, 7 de enero de 2026

Sobre El desierto que cruzamos de Victoria Benarroch. Por Salvador Medina Barahona.

 



Sobre El desierto que cruzamos de Victoria Benarroch

Por Salvador Medina Barahona


En El desierto que cruzamos (LP 5 Editora, 2025) Victoria Benarroch se aboca y nos aboca, en fondo y forma, al misterio, parcialmente iluminado, aquí y allá, con arreglo al decir esencial, a la elipsis, a lo no pocas veces cifrado o elusivo. 


Impresiona que en su brevedad pueda ofrecernos una cierta diversidad de temas que van desde los rigores ontológicos de su particularísima experiencia vital, pasando por los dolores del desarraigo, hasta un eros con múltiples aristas y matices, en el que prosperan no solo las vinculaciones con atributos sensuales y carnales, sino las de carácter místico. 


Sus versos parecen haber sido esculpidos (revelados) con un cincel que no dejara luz para lo decorativo y demandara de nosotros una mirada directa sobre la carne magra del poema: la sustancia del deseo o del dolor. Aunque, casi sin hacérnoslo ver, Benarroch no escatima en recursos estilísticos que potencian una suma de brevedades expansivas: el oxímoron, la paradoja, la sinestesia, la aliteración de corto aliento...; lo que genera un complejo balance entre la economía del verso y la abundancia de sus repercusiones. 


En esta nueva propuesta la poeta del silencio establece puentes de comunicación muy bien apuntalados y erisados de sombras cuyo blindaje habremos de ir decodificando por insistencia —¡una sola lectura no basta!—; con lo que se nos permita atisbar el paso, verificar el cruce de un extremo al otro de cada estructura, ahora con plena sensación de logro, más tarde como si apenas hubiéramos podido conseguirlo, a rastras por el asfalto caliente. O por la arena caliente del desierto, para seguir la alegoría de la autora.


Benarroch, como en trabajos previos, se permite muy pocas denotaciones; pero tampoco la vemos resolverse a ultranza en connotaciones múltiples ni en excesos metafóricos. El suyo es un lenguaje «natural» después de la forja, y antes bien parece contener sus verdades definitivas y, por ello, ocultas bajo los pliegues transparentes de la veladura. Percibir los contornos de una verdad, lo sabe, puede ser llevadero; mirarla directamente a los ojos, enceguecedor. 


En ese sentido, la suya es, en El desierto que cruzamos, una poesía poco complaciente, que rehuye los facilismos de la claridad, sin, por otra parte, caer en la esterilidad de los encriptamientos. Permite el diálogo, bajo la condición de que quien lea/dialogue se desautomatice, participando de cierto nivel de extrañamiento en el que las cosas cotidianas, por poco que asomen, sean vistas como por primera vez.


La energía del texto estructurado a fractales viene de muy lejos, de un antes ancestral, si se quiere; de un código genético que se manifiesta en Benarroch en un contrapunto de placer y nostalgia. De allá lejos procede el misterio, y el mandato de expresarlo como su naturaleza lo pide, y la contingencia de aligerar su carga trayendo su luz solo por partes. Con el bálsamo de la contención y la sabiduría del silencio.





Salvador Medina Barahona (Panamá, 1973) es un poeta, ensayista, profesor de escritura,  editor y crítico literario panameño, autor de siete libros de poesía y ganador de varios galardones literarios, entre los que figuran el Premio Centroamericano de Literatura Rogelio Sinán, y el Premio de Poesía Stella Sierra, en el año 2000.


lunes, 22 de diciembre de 2025

Sobre Árboles de hoja perenne, de Belén Ojeda. Por Alberto Hernández

 



ÁRBOLES DE HOJA PERENNE, DE BELÉN OJEDA

Por Alberto Hernández


´Soy el jardinero y la flor, no estoy solo en la celda del mundo´

O. E. Mandelshtam


´Han caído las hojas. / He nacido´

M. I. Tsviétaieva


´hojas del frambueso se hacen plateadas/ al girar su envés. / Hoy el sol está triste/ como tú, norteña (…) Los árboles se yerguen sobre el suelo resinoso´

B.L. Pasternak


´Pero el pinar y los juncos del estanque/ responden con un extraño eco´

A. Ajmátova


1.-


Los árboles suelen viajar, sus raíces ahondan en la tierra y exponen sus hojas al viento, su silencio, sus movimientos aéreos, una manera de comportarse con el clima y con la observación de quien los estudia, y quien esto hace se transforma en su sombra, en sus aromas y discursos, en la memoria de sus antepasados, porque los árboles también son seres, tan humanos que cruzan por el poema y emergen intactos o desencajadas sus ramas.


Los árboles cambian de lugar, mutan su fisonomía. Es decir, viajan con sus otras hojas, las que brotan con los frutos y son llevados en el sabor con que la boca los nombra y los convierte en belleza, por eso sus hojas son perennes, nunca mueren, se transforman, como el todo que los abona. Y así la poesía. 


En el poema ´Fragmentos del Diario de Smilka Milova´, versos que pertenecen al libro ´Graffiti y otros textos´, ganador de la Bienal Literaria del Ateneo de Calabozo, en el Estado Guárico, Venezuela/ Mención ´Daniel Mendoza´ de Poesía, cuyo jurado estuvo conformado por Francisco Pérez Perdomo, Salvador Tenreiro y quien esto cuenta, Ojeda escribe: ´Zagred, 12 de enero de 1944 // Dimos la espalda / a la casa y al manzano// Lo quebrado nos ligó para siempre / a la palabra huerto´. En el mismo poema dice: ´Belgrado, 28 de agosto de 1944// Sabíamos las horas/ por los gritos de los condenados / laúdes / sexta / vísperas´. No ha faltado en la poética de Belén un árbol, la maldad del poder o la presencia del padre como sombra benigna, aquel Alonso Ojeda Olaechea con quien tuve, hace muchos años, el placer de compartir algunos sueños. 


Ese libro, el mencionado arriba, da pie para hablar de éste de ahora, porque desconozco los otros anteriores de nuestra autora, quien en ese mismo título no deja pasar este verso: ´Es tradición jugar al ajedrez con piezas humanas´, imagen que también está presente en este que hoy tratamos.

Este inciso me permite también señalar acerca de nuestra relación con Belén Ojeda a través de ´La liebre libre´, en la que Harry Almela, Rosana Hernández Pasquier y este servidor formábamos parte de su consejo editorial. Dos trabajos de Ojeda: la primera edición (1999) de ´Somos cuatro´, en la que las voces de Ossip Mandelshtam, Boris Pasternak, Marina Tsvietáieva y Anna Ajmátova siempre estarán presentes. En la otra publicación de ´La liebre libre´, titulada ´Soy vuestra voz´, de Anna Ajmátova, también primera edición en 1994, ambos nos aproximaron a una poeta que recién venía de una larga estadía en la Rusia soviética donde estudiaba música, razón por la cual ella escribió la nota, hizo la selección y la traducción de estos sufridos autores nunca bien vistos por los jerarcas rojos. Posteriormente, nos tocó verla dirigir en nuestra ciudad de Maracay a la agrupación coral ´Madrigalistas de Aragua´ en la que dejó muchas enseñanzas y amistades.


En este caso, su árbol creativo mostró las nervaduras de su talento.


2.-


Ahora, la editorial LP5 nos trae ´Árboles de hoja perenne´ (Santiago de Chile, 2025) en el que Belén Ojeda sigue sembrando y cosechando de este árbol poético ( también genético) de cuyas páginas emergen ricas imágenes, temas que nos animan a continuar trazando su afán, su porfía por nuestras palabras. Belén se vale de tres epígrafes que bien vale anotar: ´La caída de las hojas/ fue el primer asombro del exilio/ viajar y volverse isla de uno mismo/ es la constante/ desde aquel desprendimiento´. El otro: ´La inteligencia femenina es reconocida con el nombre de “distancia” ´ y el tercero, que hace parte de una de las estancias del poemario: ´Cuando emigramos/ no conocíamos / los rigores del crepúsculo/ ni sus dominios´, entrada que nos anuncia el sendero que habremos de recorrer por las raíces, hojas y nervaduras de este nuevo universo que nos lega la poeta venezolana Belén Ojeda. 


3.- 


´Luna enjaulada´ es la primera parte de este poemario en el que el lector podrá abrirse camino a través de un poética en la que la metáfora del árbol y su hoja perenne contiene un ramaje de visiones, presencias y humanizaciones: Belén Ojeda desnuda sus palabras para confirmarse poeta en medio de un bosque donde las tribulaciones, la confusión, la figura del padre y un país lejano se aproxima al saberlo leer y luego escribir a través de las palabras y la música.


Nos deja sentirlo: ´…los árboles / ellos han perdido las hojas/ Yo también/ Mi copa/ diminuta y yerma/ quedó abierta a la confusión/ de los pájaros que anidan en mí/ mientras el árbol / inmenso/ recibe nuestros latidos / en su búsqueda / de un bosque total´. Aquí nos deja ver que el humano ser también pierde sus hojas en medio del impulso cardíaco de la realidad. Ese ´bosque total´ podría ser concebido como la permanente búsqueda del mismo ser.

Su yo protagoniza en el otro la fuerza que contiene su espíritu.


4.- 


Rosa Navarro Durán, en su libro ´Cómo leer un poema´, confiesa que ´El poeta es el prestigiditador de las palabras, puede crear con ellas un mundo´, más adelante precisa que ´Frente a la ficción, Gérard Genette habla de la poesía como ficción´, de lo cual se desprende que Ojeda se pasea tanto por esa ficción sin dejar de vivirse al aguzar su yo y ponerlo a la orden de su realidad, que puede ser la del otro: ´Durante horas de insomnio/ muelo la luz/ para alimentar/ a la jaula enjaulada (…) He dejado testimonio de aquella selva/ en un diario de cianotipos´: un lugar, un espacio salvaje, imaginado o no, confirma la presencia de la naturaleza de un sujeto que seguramente habita esa geografía, que podría ser espiritual. La poeta continúa su ruta en medio de esa naturaleza que la aproxima al árbol cuya hoja también podría ser la memoria, el recuerdo de una travesía: ´…nostalgia de hundir mis pies/ en el lodo// nostalgia de cuerpo empapado/ por la lluvia…´.


E implora: ´abrázame con tus raíces/ mírame´, en un arrebato donde el amor, ese cuestionamiento permanente, se transforma en un sonido tenue.

Arriba la voz poética a la estación que lleva el nombre del libro, donde retorna a los ancestros, en un viaje donde un río, las nervaduras de las hojas son personajes, para luego expresar: ´Nada pesa tanto/ como el olvido´, y admite su plural: ´Somos el cuerpo/ de un árbol´.


5.-


La figura del padre la regresa a la infancia. Ese eterno retorno al pasado tiene en la poesía muchos referentes: la palabra es un pasado perenne, como la hoja que cae del árbol y se transforma en humus, en el abono óseo, carnal, invisible con el tiempo.


´Nombro los árboles/ cuando voy de la mano de mi padre/ cafeto eucalipto yagrumo// Reconozco los árboles/ cuando voy de la mano de mi padre/ ceiba caobo samán´, especie de propiedad verbal que se define como el lugar donde esos árboles le han dado la vida a la voz cantante, a la poeta nacida en el trópico, y la nostalgia por esa tierra:

´La patria fue entonces/ el pequeño pozo/ que construía mi padre/para protegerme del oleaje (…) La patria fue también el sabor de la diferencia/ los tatuajes de caña y café// Patria-pan/ Patria-pozo/ Patria-patio/ Patria-padre´.


Y la madre, otro símbolo de esas hojas perennes, dueña de todos los afectos:

´Mi madre siempre tuvo/ dos corazones/ uno/ como el de todos/ y otro/ verde (…) Hoy descubro/ que en ese corazón/ nadamos juntas´.


Y…´entro a casa/ y no encuentro a mi padre / ¿Dónde perdí sus hojas? (…) Un machete parte el horizonte/ anunciando el regreso de mi padre (…) ¡Alonso! ¡Alonso!/ Lo llaman// Padre/ cuando regreses/ nos reconoceremos por el canto´, entonces entra la música, una partitura del poema.


6.-


La poesía se sueña, podría soñase en grupo, cantarse, anotarse en una partitura. Y ser definidos, los soñadores, como ´tortugas/ que llevan sobre su milenario cuerpo/ el peso del mundo´, como la imagen del elefante que sostiene el orbe o la simbología de Sísifo, quien en lugar de roca era la tierra entera la que intentaba subirle a los dioses.

Define y copia en el papel de leer música: ´…siempre es grave/ la tesitura de la palabra/ noche´, y en medio de esa sombría hora, un jardín. 


En ´Dos acordes te sostienen/ entre Juangriego y La Caranta´, la poeta Ojeda homenajea a una reconocida compositora, a través de una ´Aproximación a un sistema de acordes en la obra de Modesta Bor´.


La música, la dirección vocal encuentran en la poesía de Belén Ojeda un espacio para desarrollar su estética.


7.-


Persiste en el extrañamiento mediante ´Algunas aves/ emprenden largos viajes nocturnos/ Vuelan hacia sí mismas/ hasta desaparecer´: la noche y la muerte o la pérdida convidan a pensar que la poesía es también un raseo espacial. Y para eso, un ritual: ´El chamán espera el atardecer´.


8.-


El árbol carga, muestra sus frutos. Pero la violencia estorba, acomete contra el verde de esa hoja representada en la madre, en el padre buscado con ansias, por eso dice: ´La guerra es siempre en blanco y negro/ Guernica y el tablero de ajedrez / Los grises no alivian´. 


Una pregunta al viento: ¿Todo viaje conduce a un abismo?

Continúa la voz de Belén Ojeda al rememorar la pérdida de la infancia, a los amigos ausentes. Y se sensibiliza con la mirada puesta en la realidad: ´en el puerto maloliente/ en la hierba Caracas/ terca en las alcantarillas´, la locura que invade las calles. Y un recuerdo duro del episodio de una dictadura. Quedan estos poemas, queda esta voz dispuesta a ser oída por el mundo, por el árbol frondoso que ofrece este libro.




jueves, 9 de octubre de 2025

Anotaciones sobre El desierto que cruzamos, de Victoria Benarroch. Por José Miguel Navas

 


Anotaciones sobre El desierto que cruzamos de Victoria Benarroch
Por José Miguel Navas

  y estas palabras / que caen al mar temblando
                                          Victoria Benarroch

  

     Victoria Benarroch, venezolana nacida en Caracas, es poeta, educadora con estudios en psicología y psicoanálisis. Ha dedicado su vida a la psicoterapia para niños y adolescentes; eso la llevó a un interesante proyecto llamado Mi libro de vida, que ayuda al desarrollo de niñas y niños con un método que busca afianzar su identidad. Según las propias palabras de Victoria, la poesía siempre estuvo a su lado, pero nunca se había planteado hacer de ella un camino. Realizó un taller de poesía con la poeta María Antonieta Flores. Su primer libro de poesía es Entretejido (2007, Editorial Eclepsidra, Caracas, Venezuela), un gran descubrimiento.

Leí los poemas y me conmovieron. Se trata de una poesía sutil, arraigada a una historia familiar que se conecta con lo colectivo para consolidarse como algo superior y curar las heridas: Entretejes tu mirada / afinando el camino incierto // pies galopando entre aguas. En 2015, luego de varios años de ausencia, también con la Editorial Eclepsidra, nos trae La memoria de los trenes, un libro hermoso que nos habla de su visión del judaísmo, del exilio de quienes se han ido y de ese poderoso sonido de los trenes que continúan su camino. Son el instante con la memoria que nunca debemos olvidar: ahora es de nosotros / herencia de la casa / cada pascua recordamos su aroma.

En 2025 recibí la grata noticia de que saldrá publicado El desierto que cruzamos, bajo el sello de LP5 Editora. Poderoso y enigmático título, que trajo a mi mente la imagen de la ceguera por el exceso de luz, paralizado por la inmensidad del desierto que no parece agotarse, intentando mirar más allá de los espejismos y los falsos paraísos. Podría decirse: la ceguera por el amor. Para cruzar ese desierto es necesario el perdón. No es casual que uno de los poemas centrales de este libro nos habla del Yom Kipur; para quienes son creyentes, es el día para perdonar, el día que Dios abre las puertas del cielo: perdonar al otro y sobre todo a nosotros mismos, de aquellos agravios, para darnos la oportunidad de liberarnos. Desde una perspectiva no religiosa, es la oportunidad de la mediación y la reflexión de las acciones, de los acuerdos. En el poema de Victoria lo refleja de una manera amplia: las piedras atentas a nuestras caídas / custodian nuestras nostalgias / saben del misterio / de la exacta línea que une el bien y el mal / regresan / regresan el día del Kipur / hacen fuerte nuestra alma / su equilibrio es noble y perdonan.

Este poemario trata un tema inédito en la poesía de Victoria: la experiencia de su feminidad. Cruzar ese desierto es también liberarse de cualquier atadura. Lo leemos en sus páginas: El abridor de puertas transita a la mujer / en la palabra / las semillas silentes delinean sus pasos. Con una poesía breve, honesta y cautivadora, Victoria nos envuelve en su experiencia personal y en la de quienes la rodean; se libera de la sed, abre los caminos a una versión libre y nos plantea que todo acto de libertad requiere meditación y lenguaje: Por todos los hombres / que no entendieron / mi ritmo / la transparencia de mi piel.

Esta lectura me conectó nuevamente con otras; releí a poetas como Susana Szwarc, Rubén Ackerman, Mercedes Roffé, Paul Celan y Yehuda Amichai. Sin duda, la poesía de Victoria Benarroch, y en especial El desierto que cruzamos, nos conecta con la memoria colectiva, la intimidad, el deseo y con la poesía breve —que no es cualquier cosa—.  Además, nos brinda la oportunidad de adentrarnos una vez más en la poesía venezolana, con su riqueza y diversidad. Recomiendo leer El desierto que cruzamos para disfrutar de un maravilloso libro de poesía.

Madrid, 2025.




martes, 17 de junio de 2025

Sobre Soy el animal que creo, de Santos López. Por Ida Gramcko


Se mece un nido

Ida Gramcko


Soy el animal que creo / Santos López. Caracas: Fundarte (Cuadernos de difusión). 1987.

Aunque la lectura de poesía tenga un tono ontológico, pues ella se aboca a profundos problemas del hombre, una lectura psicológica tiene interés para la emocionalidad, pese a que no agote lo lírico. La interpretación como aventura apetecible. Y aunque tenga personalmente, como todos los humanos, una simbología particular, resulta fecundo ejercerla y ver hasta qué punto esos símbolos pueden ser cotejados con otros de espíritus afines. Se ha hablado mucho de la necesidad materna de los niños, de su necesidad afectiva. Un huérfano, una criatura que no ha sentido madre, aunque está viva, da salida a grandes problemas en el adulto. Desde luego que prestando atención al presente y no al pasado, se van resolviendo, con voluntad o querencia, los conflictos, pero hay momentos en que el ánimo del individuo se ve cargado de tensión y ello se debe u obedece a un drama infantil. En ese caso, sabe bien enseñar a amar lo que se vive hoy y a conservar del pasado lo mejor que éste tuvo: un cuento, tal muñeco, tal globo de colores. En «Cielos y ramajes», poema de Santos López, en el libro Soy el animal que creo, se nos dice:


Sin estaciones

En el resplandor de las hojas

Un nido se mece


Del ensueño

Un ritmo solemne 

De acequias y raíces


Hay plenitud en el poema. Y espontáneamente se nos unen las raíces expresadas en el verso con todo aquello que subyace en lo más oscuro del corazón humano. El nido se mece, además, y no se rompe, porque los huevecillos o pichones viven en paz. El ser humano no recuerda en estos momentos nada de la infancia sufrida. Pero a lo largo del poemario se nota una sensación o sentimiento de abandono y pareciera que el autor, en su situación, no encontrara espacio donde aposentarse con calor. Un lugar puede verse alterado, bellamente alterado, como en las obras cubistas, pero en este caso y en muchos otros se percibe una gran pesadumbre junto con el no poderse situar.


Todo es arder

El lugar parece un animal deshecho


Y en otro poema, «Soy el animal que creo», título del libro, nos expresa:


Me arrastro por otro lugar

Como un animal quebrado Al rastrojo


Y luego:


No miro Huelo            No huelo         Intuyo la presa

Los hijos La colina El refugio


Hay un deseo de apresar la niñez, con la cercanía de un monte y la noción de refugio. ¿De dónde proviene este abandono? Es muy lejano acaso, pero se ha ido abultando porque anécdotas posteriores, en la adolescencia o en la juventud, han vuelto a dejar en soledad. Y no es que las situaciones nuevas repitan la anterior. Lo que sucede es que llega un momento en que una pena se une a otra y no encontramos sino desierto, no hallamos sino intemperie en todo un tiempo vivido. Para los psicólogos, sería atrayente la lectura de los versos siguientes:


Sobre la piel

El retoño ciego


El retoño, la criatura que nace, sin vista, sin poder discernir nada en torno suyo. El retoño ciego es la vitalidad en desamparo. Hay versos en otro poema que indican lo mismo:


La historia es la bestia sin más

Abismo de anonimato    Mi pariente


Lo histórico devuelve el que fue niño a un nacimiento anónimo, al único parentesco que consiste en una sensibilidad sin compañía. No puede formarse una precisa y plena identidad sin un apoyo de nuestra biografía. ¿Qué puede forjarse o derivarse de las soledades con llanto? El temor, muchas veces. El temor de quedarnos solos en el mundo. Entonces, el quejido que en el verso de Santos López no resulta quejido, sino conversación en lenguaje, deviene de una pena y se asienta en un erial desamparado. Se teme, no a la muerte, sino a la vida. Porque la vida es brutal la mayoría de las veces.


Desde afuera nos gritan

¿Qué voz?

¿Cuántos afanes?


Algo llamaba mas no se sabe comprender qué es. El interrogante manifiesta el desconcierto del creador, en este caso. En el poema «Ritual de hambre» el poeta escribe:


Algo de algún terror me anima

Me espanto o paro

Eso estoy pensando


Ese algo, que gana en referencias con lo indefinido, es necesariamente un hecho o varios hechos padecidos. Y de pronto, en otro poema, añade:


Era tiempo de vientres

El momento más lejos        Nadie


¿Por qué era un tiempo de preñez o de vientres y a la vez el más lejano momento? No había nadie en torno a ese tiempo que podía florecer. Cuando no podemos encontrar en nosotros la alegría, y en la penumbra no hallamos una floreciente identidad, ¿qué acontece?


Se traga más uno mismo


Hasta desaparecer. Desde luego que el tinte dramático está ofrecido en lirismo, y también ―esto hay que sopesarlo― el poemario respira de pronto ámbitos serenos como al decir:


Concedo el oro a la tristeza


Pero, dentro de su dimensión lírica, toda esta poesía parece la confirmación o el planteamiento de un estado íntimo de orfandad, porque ello cabe que sea redimido.


Me acabo como nacido

Entre pezones


Versos que expresan la dificultad de los primeros días pues se acaba al nacer. Es natural que la melancolía o el dolor jueguen su carta umbrosa en una poesía que deviene de soledades, de imposibilidad de cercanía. Lo que pasa es que la poesía tiene su dialéctica propia en el sentido de que no impide sus momentos de plenitud dentro de un drama vivido.


El sol se empolva entre los árboles

Vida de animales hay en el estuario

Región de cielos y ramajes


Ni el drama ni el triunfo son en sí mismos una estética. Pero naturalmente se cree, o espontáneamente, que poesía es construcción, fundación, instalación de mundo. El alma estremecida por el llanto se encuentra borbotando o tratando de hallar un lugarejo donde afincar lo lírico. Y, a veces, ese lugar que no es espacial, se percibe instalado. Pero lo dramático retorna, y entonces el poema trabaja lo doliente y no el canto fundador.


Desde una primaria emoción, Santos López conduce sus poemas entre estacas, asperezas y erizos. Y ello se debe a una interioridad sacudida. Y dentro de una sensibilidad, erige de pronto breves rincones apacibles. Sería fértil una lectura en plan ontológico de este libro. Pero intenté la aventura psicológica, sin pretender que soy conocedora, que durante años leí muchos libros, que hice un trabajo sobre Kant y la psicología contemporánea por vía comparativa, estudiando el hedonismo en ella y en el filósofo, para lo que tuve que recorrer muchas páginas escritas por Freud y Jung. Pero no aspiro a una garantía en ese aspecto de la existencia, a menos que garantía sea tratar de leerse los sueños, querer interpretar nuestros propios símbolos.


Me agradaría una lectura, diferente a la mía, de este libro. Porque si el poeta dice:


Lo que se extiende a nosotros

La consternación de un clima

El animal que raya nuestra puerta


Nos percatamos de su miedo ―rayan su puerta unas garras― mas hay mucho más en Soy el animal que creo y, a veces ―no es lo usual― un humano animal tranquilo.




*Reseña del libro Soy el animal que creo / Santos López. Caracas: Fundarte (Cuadernos de difusión). Papel Literario: EL NACIONAL, Caracas, 5 de julio 1987/3.




viernes, 5 de julio de 2024

Sobre La orilla del retorno, de Alejandro Sebastiani Verlezza. Por Daniel Medvedov



Sobre La orilla del retorno, el más reciente poemario de Alejandro Sebastiani Verlezza, editado por El taller blanco (2023).
Por Daniel Medvedov

 

Primero el título: La orilla del retorno. Este RE del RE-Torno es el famoso NOSTOS griego, el de la NOST-algia, el dolor poético del Retorno. En la poesía arcaica griega el retorno se afirma con dos palabras: EPÍSTROPHE y STROPHOGORISMA.

El retorno de una nave, aunque sea el retorno de una tabla de madera, se cuenta con estas palabras: AI PRAGMATEIAI ÓPI EPHERENÓPISO TO PLION ANTIEKEÍNON ÓPI EIKEPRÓTERON (se regresa al lugar de donde se ha partido). Este retorno es poético, pues el NOSTOS es STROPHPGORÍSMA y es obvio que tiene que ver con las estrofas poéticas. 

Alejandro Sebastiani Verlezza comienza con una cita de Eugenio Montejo: “También el mar se va y no retorna”. Pero es bueno saberlo: el Mar nunca se va y al afirmar esta última declaración nosotros nunca nos vamos y si nunca nos vamos, nunca retornaremos de una NO-IDA. Siempre estamos aquí. Verlezza siempre ha estado aquí, como todos los poetas. El poeta siempre está  aquí. 

El primer poema se titula “vísperas”. Habría que decirlo: no hay plural en la víspera. La víspera es una y única. El dicho popular lo confirma: “Nadie muere en la víspera”. Pero Verlezza es un poeta y a los poetas se les recibe enteros, con sus licencias poéticas debajo del brazo. 

El trozo de tabla es un madero y el náufrago es crucificado sobre su madero como un Cristo. El madero flota, navega a porfía, como dicen los marinos, hasta ser llevados hacia una bendita orilla. Hay un verso popular rumano que afirma algo sorprendente. Es un fenómeno curioso: “El agua es golpeada por la orilla, y el viento es batido por las olas”. Es inverso, pues estamos acostumbrados a oír que el agua golpea la orilla y que el viento bate y empuja las olas. Hay un trémulo tremor (así lo ha oído el poeta), “un hondo tremor”. No está atado al mástil el poeta, no necesita estar fijado, ni “fijo”, como Odiseo, para no arrojarse al mar en los brazos de marfil de las sirenas. 

El madero es como una puerta con sus jambas, hasta  el umbral está allí, junto al madero, en la tabla. Y en esa “tabla” está pegado el poeta, como si estuviera flotando -él también- como una puerta con su umbral polarizado hacia el Norte. Allí hay hasta una bodega de visiones en la cabeza del poeta. Allí guarda sus sueños, en la bodega, sueños despiertos, ordenados en un desorden ordenado, tipo SHARAVADGI sánscrito, cuyo sentido es el mismo: “desorden ordenado”, “música callada”, como declara Juan de la Cruz, paradoja poética que no puede ser llamada OXYMORÓN. 

Al llegar a la orilla, en su paseo por la playa poética, el poeta encuentra la piedra. V:I:T:R:I:O:L: así está escrito sobre la arena y las olas que se rompen en la playa no borran las letras. Es la VISITA del poeta al interior de su Tierra. Rectificando, el poeta encontrará la Piedra Oculta. VISITA INTERIORAM TERRAE RECTIFICANS INVENIES OCULTUM LAPIDEM.



Daniel Medvedov. Rumania, 1951: maestro de Tai Chi, autor de numerosos ensayos, poemas, novelas, cuadernos, aforismos sobre diversos temas, desde la caligrafía hasta la ontología, casi todos disponibles en su cuenta de Scribd. Algunos de sus libros editados en Caracas:  Guía para descubrir los Falsos Maestros (Gaisma Editores, Caracas, 1987) y Zoognosis. El sentido secreto de los animales en la mitología (Academia Nacional de la Historia, 1993). Un apretado compendio de su trayectoria disponible en la red dice: se especializó en Pintura Mural Religiosa en la Escuela de Artes Plásticas Rimnicul Vilcea (Rumania), integró a la Dirección de Imagen de Cine y TV en el Instituto de Altos Estudios de Arte Teatral y Cinematográfico (Bucarest), estudió Ornaméntica Antigua en la Universidad de Bucarest (1972-1974), cursó estudios con el Maestro Calígrafo Liu Yuen Chiao en Taiwán, hizo un Doctorado en Filosofía de la East-West Essence Societ, en el Instituto Internacional de Filosofía de la Cultura de Taipei (China) y en Caracas obtuvo el Doctorado de Teología en la Universidad Católica Andrés Bello. Fue director del Centro de Estudios Mayas de Arts & Minds Academy (Miami).

lunes, 5 de febrero de 2024

Sobre "ARX: Con Zumo Poética(s)" de Luis Boceli. Por Katherine Medina Rondón

 


"ARX: Con Zumo Poética(s)" de Luis Boceli.
Por Katherine Medina Rondón


En el vasto panorama de la poesía contemporánea emerge la obra singular de Luis Boceli, titulada "ArX: Con Zumo Poética(s)". Este volumen no es simplemente un compendio de versos, sino un testimonio audaz de la fusión de corrientes artísticas y una búsqueda constante de identidad y reinvención. Boceli, en esta amalgama lírica, desdibuja las fronteras entre lo tangible y lo efímero, desafiando con ingenio y provocación las convenciones literarias establecidas.

La apertura del libro se enriquece con epígrafes de figuras como Artaud, Apollinaire e Ionesco, sugiriendo una intertextualidad que se extiende a lo largo de la obra. Estos preámbulos establecen un tono de rebeldía e introspección, introduciendo al lector en un universo poético que desafía las restricciones convencionales.

La cita de Apollinaire parece signar la poética de Boceli: "Mi vaso se ha quebrado como una carcajada". La fragmentación del recipiente se convierte en metáfora de la reconstrucción personal, una temática recurrente en la obra de Boceli.

La amalgama de citas, desde Eugène Ionesco hasta el enigmático "Zatic", refuerza la riqueza intertextual de la obra. La dedicación del cubo a "Picarxo, Molière y a la mujer laberinto" revela la influencia de referentes clásicos y la inserción de la poesía en un contexto visual y espacial tridimensional.

"Alóhomos" se erige como un himno surrealista que exalta la multiplicidad de la experiencia humana. El uso constante de la repetición con la frase "Con zumo" adquiere un matiz polifónico, tejiendo una sinfonía de elementos cotidianos y trascendentales. La pieza se convierte en un alegato que abraza tanto la vulnerabilidad humana como una crítica al capitalismo.

La sección titulada "Qué te hace pensar que lo que lloras no lo llora otro" representa un caleidoscopio de introspección y crítica social. Boceli, con su estilo irónico y directo, desentraña la complejidad de la originalidad y confronta al lector con su propia existencia y contribución al tejido de la humanidad.

El apartado "Hasta copyright me plagia" revela una postura de rebeldía literaria, donde el autor se autoproclama "contrabandista melancólico". Boceli desafía las etiquetas y expectativas impuestas, enunciando un compromiso con una expresión artística auténtica, desinhibida y con el ludismo que siempre lo caracteriza.

El poema con el que cierra el libro, "Cristo Castro Costra", exige una lectura atenta y revela el toque maestro de Boceli al desafiar las convenciones tipográficas y narrativas. Este poema final es un llamado a la reflexión profunda y al misterio del autoconocimiento.

En conclusión, "ArX: Con Zumo Poética(s)" de Luis Boceli es una obra que desafía la norma poética contemporánea y reflexiva, impregnada de referencias intertextuales. Boceli sumerge al lector en un océano de juegos y provocaciones. A través de su mirada única, nos invita a cuestionar las certezas y a explorar los límites de la expresión lírica en el siglo XXI. Este libro es, sin duda, una contribución significativa al aburrido panorama literario actual.





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Katherine Medina Rondón (Arequipa, 1994). Poeta y artista visual. Ha publicado: Murmullos y volantes (Aletheya, 2012), Amor en cuatro actos y otros cortejos (Casatomada, 2013), Mínima celeste (Transtierros, 2016), Disidencia (Cascahuesos, 2018), Papiros mágicos (Vallejo & co./ Sol negro, 2019) e incluida en Tea Party III muestra dinámica de poesía latinoamericana (Cinosargo, 2014), Antología XXII Enero en la palabra (Gobierno Municipal de Cusco, 2018), Memorias del 28° Festival Internacional de Poesía de Medellín (Prometeo, 2018), Antología 5° Festival Caravana de Poesía (Amarti, 2018) y Aliados, dosis de poesía para tiempos inciertos (Dendro Ediciones, 2020). Ha presentado la muestra pictórica bi-personal “Comisura” en el Centro Cultural Casa Blanca (Arequipa, 2016) y participado en diversas muestras artísticas colectivas. También ha colaborado en revistas tales como: Letralia, Lucerna, Travesti Fanzine, El Corsé, Caleidoscopio, Verboser, Ojo Zurdo, Fórnix y Ulrika. Actualmente forma parte del grupo de investigación en retórica, literatura y cultura de la Universidad de Lima.


viernes, 24 de noviembre de 2023

Sobre la Colección Pulsaciones (Pájaro de fuego, 2022)



Las pulsiones de la poesía
Por José Gabriel Cabrera Alva

Los nuevos tiempos y lo que representó la pandemia ocasionaron lamentables fallecimientos, pero también nuevas formas de persistir. Una de esas formas de la persistencia las otorga el arte y, en el caso que nos ocupa, la poesía. En ese contexto surgió la colección Pulsaciones. Pulsiones, latidos de la sangre unieron a los poetas peruanos que la conforman. Este proyecto, en tiempos de zozobra, los hizo soñar, permanecer vivos, latiendo. No se puede, por el momento, hablar propiamente de un grupo poético (aunque nadie puede saber qué acontecerá en el futuro). Por el momento, los integrantes de la colección han ofrecido recitales en diversos espacios del Perú y también en el extranjero. El viaje de la palabra ha forjado una comunión entre estos poetas, más allá de la dispersión de propuestas. Esto último es signo de los tiempos. Cabe agregar que la pluralidad se da además por la naturaleza de los libros de cada uno de los poetas que conforman la colección: algunos presentan antologías personales, otros libros inéditos. El sugerente estuche y los espléndidos dibujos de Javier Ramos Cucho sirven de contrapeso y otorgan unidad a la propuesta.

Un análisis minucioso de cada uno de los libros de esta colección hubiese ameritado una reseña dedicada a cada uno de ellos. No es el caso. Veamos sintéticamente algunos aspectos resaltantes de cada uno, como esquirlas que atraviesan la piel. 

La sutil poesía amatoria de Úrsula Alvarado Noblecilla en Albas a Orfeo conjunta la tradición con un estilo propio y bien logrado. El cuerpo también es música, pareciera susurrarnos al oído el yo poético. Orfeo y Lima se conjuntan. Lo amatorio es redención, nos sugiere este libro. En medio de una ciudad que se estremece, las vocales danzan en los efluvios del cuerpo.

Cuerpo, piel, corazón y vísceras se integran en la poesía de Wilver Moreno Tineo quien ya estaría, a partir de sus libros publicados, configurando una poética propia desde lo orgánico. La poesía es una forma de persistencia desde la palabra, contra la palabra, desde los márgenes. Los Cabos sueltos de Wilver Moreno Tineo anudan la palabra para que renazca desde lo visceral.

La antología personal La angustia es una flor carnívora de Patricia Colchado nos permite apreciar parte de sus magníficos libros de poesía y nos adelanta un extracto de un libro inédito donde incorpora lo andino a su imaginario. Invita, en ese sentido, al lector a una travesía en la que deja brillantes señales de aquello que vendrá. Quien lee esta antología personal queda con la expectativa entre las pupilas de su siguiente publicación poética.

Las imágenes en Further de David Jiménez por lo intensas y deslumbrantes destacan en el conjunto. Los versos de este libro destellan como los arrecifes en el mar. No se puede hablar propiamente de surrealismo en su propuesta, pero sí de una imaginería que lo aproxima a un vidente.

Chateo con Belli de Luis Boceli es quizá el libro más arriesgado de la colección. El quiebre rítmico potencia el lenguaje. La propuesta es, sin duda, bastante interesante, si bien el riesgo lo hace, a veces, oscilar al borde del abismo, pero el poeta sale bien librado de ese vaivén entre la propuesta y la posibilidad de su concreción.

Acople en el mar del cosmos es un libro audaz y original. Una voz distinta en el panorama de la poesía peruana. Sabemos que la audacia a veces traiciona, sin embargo, esto no ocurre en el libro de Pablo Salazar Calderón, por el contrario, uno termina de leer el poemario como quien culmina un viaje, con imágenes impregnadas en el cuerpo todo.

A partir de lo enunciado, la colección Pulsaciones resulta un interesante muestrario de la poesía reciente en el Perú, de su vitalidad, de su pluralidad y de la calidad que muestran las recientes generaciones de poetas. Cabe destacar el trabajo de Jéssica Colchado Mejía en la editorial “Pájaro de fuego” que acoge esta propuesta pulsional. Estamos seguros que este viaje poético aún no termina y seguirá latiendo por buen tiempo en el panorama de la poesía peruana reciente.


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José Gabriel Cabrera Alva. Nació en Lima, Perú, en 1971. Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Fue director de la revista de literatura Ajos & Zafiros. Ha publicado los poemarios El libro de los lugares vacíos, Canciones antiguas, Ombligo de ángel, Del mal amor (apuntes de la era de la violencia) y el libro Tristania y otros híbridos de la peste (Lustra, 2023). Ha obtenido el Segundo Premio Adobe de Poesía, asimismo, ha sido finalista en el Premio Copé de Poesía 2003. Poemas suyos han aparecido en diversas publicaciones nacionales e internacionales, revistas especializadas y diarios, así como en muestras antológicas. Sus poemas han sido traducidos al alemán, al italiano y al francés. Ha traducido, además, a diversos poetas en lengua francesa y ha realizado estudios de Artes Plásticas en la Pontificia Universidad Católica del Perú y en el Centro Cultural de la Universidad Nacional Federico Villarreal. 


sábado, 11 de noviembre de 2023

Sobre De risas y asombros, de Florencio Quintero. Por María Ángeles Lonardi


De risas y asombros, de Florencio Quintero, LP5 Editora

Por María Ángeles Lonardi.


Desde las primeras páginas comprendí la verdadera intención del autor, la invitación al viaje, un recorrido vital que parece escapar del orden autobiográfico aunque a veces no lo consigue.

La lectura es ágil y de ella se trasluce que el autor se nutre de la materia prima, esa verdad alquímica, base y fundamento para que la obra transforme o trascienda.

Y ya en la dedicatoria nos hace saber que el humor está presente en el libro, cuando escribe: “tribu asombrada y sonriente”, sus hijos.

Aunque le cuesta reconocerse en ese autor tan lejano de los comienzos, sabe que la esencia de quien es ahora y su vínculo con la poesía, está presente y que las “risas y el asombro” lo constituyen. 

Un poeta vive con la capacidad de asombro a flor de piel y es capaz de escribir sobre las cosas cotidianas, los objetos que nos rodean, el universo, la casa, la naturaleza…y es capaz de convertirse en un “cuero gastado” para hablarnos de un zapato “cultural” que “rehúye el mundo y danza rozando la tierra”, como dice el prologuista.

En este libro hay un hilo conductor, la vivencia que nos acerca a lo tangible, donde imperan los sentidos.

El autor cuida la palabra y el lenguaje y la música hace su aparición, porque la música y la poesía, van de la mano, como dicen los versos del poema VI “El instante que es”: “Te deseé en re menor”.

El poeta es un observador sensible que va más allá y “en lo que el necio desprecia, encuentra el sabio lo que aprecia.” Busca y encuentra en la vida diaria la materia prima, la columna vertebral en la que se sustenta su obra.

En palabras del autor, este libro reúne los siete primeros libros de poesía muy bien compaginados.

Inicia su recorrido con el primer libro, de la época adolescente, en que le cuesta reconocerse pero evoluciona y lo consigue. En “Orgasmo cósmico” plantea la existencia de un universo particular, la casa, el caracol, quererse a sí mismo, reconocerse persona y sensible.

Luego nos trae el mar, en “Collage” las sirenas, el capitán que conduce el rumbo, “y despertó como un humano, /aunque trató de renunciar a su condición.” 

Seguidamente nos descubre “Trayecto” que toma forma de trayecto vital con dos instantes bien marcados: El instante que fue y el instante que es. En ese trayecto nos invita a ir “agarrado a una cometa hasta alcanzar los sueños”.

Y la realidad se manifiesta, en “Retórica de lo mundano” los cigarrillos, el café el beso, el coche, escenas domésticas, la licuadora, la gotera, el muro, un día de oficina y la vida sigue asomando a la ventana.

Ya en “Nostalgia del vuelo” nos conmueve: Poema I página 107: “Te entrego las alas del hombre/ dijo el sabio y murió. / Así perdimos / las capacidad de volar.”

Y también nos lleva a reflexionar, con los últimos versos de página 114: “Seremos capaces de dar el salto/ y olvidarnos de todo.” 

El siguiente libro es “Divertimento” término utilizado en la música para indicar una obra de carácter ligero, sin embargo, un preámbulo de Jorge Luis Borges nos pone sobre aviso, porque nada es superficial ni fortuito. Por ejemplo escribe en Treoma página 123 “La sabiduría no reside/ en la mirada ávida del entomólogo/ sino en el vuelo de la libélula.” Y va poco a poco, ahondando en lo humano para hablarnos de esperanza cuando escribe: “No hay por qué preocuparse/ en algún lugar del mundo/ una crisálida se rompe en este momento.” Es decir, la vida se renueva, hay una nueva metamorfosis, evoluciona.

Quizás la parte más personal aparece en “Muchedumbre de uno”. Describe, autobiográfico por momentos, un ser reflexivo en busca de la sabiduría y la felicidad y es entonces cuando nos habla del amor. También aquí hay una nota profesional en el poema “Hospital psiquiátrico” con clara referencia a vivencias de su profesión. Y de ese mundo se sale con amor. Todos necesitamos amor, hasta terminar “Beodos de amor”. Uno en todos, muchos en uno.

Un libro que exalta las vivencias y te lleva con destreza por los vericuetos de una trayectoria vital, de Florencio Quintero, que bien puede ser una paradoja evolutiva, una historia cualquiera, la tuya o la mía.

El autor nos invita a recorrer este camino juntos, y rescatar a través de esta vivencias, el río vital que en definitiva nos fraterniza como seres humanos en constante búsqueda de nosotros mismos. 

Poemas que te transportan, te identifican y te descubren vivo entre “risas y asombros” y que sin dudas, querido lector, no te dejarán indiferente.

Almería, España, noviembre 2023.


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MARIA ANGELES LONARDI. Nació en Larroque, Entre Ríos, Argentina y desde 2002 reside en Almería, España. Es Profesora, Docente para la Formación Profesional, Poeta y Escritora. Posee numerosos Premios literarios en Argentina, en España y premios Internacionales. Tiene seis Libros de poemas publicados y aparece en más de cincuenta Antologías. Es Jurado de Concursos literarios. Ha sido traducida al italiano y al inglés. Participa activamente en Recitales Poéticos, Encuentros de Escritores, Jornadas Literarias, Presentaciones de otros autores, escribe Prólogos, Ensayos, coordina Antologías, realiza Talleres literarios y Reseñas literarias que publica habitualmente en numerosas Revistas Digitales. Integra Equipo editorial de: Luz cultural, Entreletras, Todoliteratura, Revista De sur a Sur. Es miembro de prestigiosas Instituciones culturales: IEA Instituto de Estudios Almerienses, CAL Centro Andaluz de las Letras, de AIHS Humanismo Solidario, de PAZ IFLAC Latinoamérica, Es Embajadora de la Paz para WWPO WorldWide Peace Organization por Andalucía. Miembro del CERCLE UNIVERSEL DES AMBASSADEURS DE LA PAIX / Suisse & France, Círculo Universal de Embajadores de la Paz por Argentina. Directora de Paz IFLAC en ESPAÑA. (Foro Internacional de Literatura y Cultura de Paz). Su trayectoria literaria, en su propio blog: https://letras-sobre-papel.blogspot.com.es/.


domingo, 7 de mayo de 2023

Sobre 120 noches de Eros, de Floriano Martins. Por Jacob Klintowitz

 



Floriano Martins es uno de los estudiosos del surrealismo más profundos de nuestro tiempo. Su contribución es inmensa, comprensiva y poética. Lo que hace este autor, lo hace en lenguaje incandescente. 

Este libro tiene, en la primera parte, un intrigante ensayo sobre cultura y surrealismo. El autor condensa su conocimiento extremo sobre el tema y lo hace con una gran cantidad de argumentos y detalles. Es un ensayo original, contundente, pero lleno de referencias y alusiones. El autor es soberano en el tema y tiene la particularidad de dominar la escritura, ya que su prosa se deriva directamente de las formas poéticas. Quizás nunca ha estado tan lleno. En este ensayo encontramos al hombre maduro, al escritor, al poeta, al ensayista, al editor, al inventor de revistas, editoriales, performances.

La segunda parte está incluida en las maravillas a las que nos acostumbró Floriano. Realiza 120 retratos literarios de mujeres surrealistas. Utiliza varios criterios de selección, pero lo que destaca en todos los retratos es la adhesión al espíritu del surrealismo. Para hacerse una idea de la dificultad de este trabajo de crear y formar una antología, una galería de mujeres destacadas basta saber que nunca antes se había hecho.

Estamos ante un libro que se convertirá inmediatamente en un referente obligado en el estudio del surrealismo. Y, más amplio aún, se convertirá en una pieza importante para el conocimiento del proceso cultural de nuestro tiempo y para la presentación de figuras humanas que, a veces con inmensa dificultad, constituyeron y constituyen parámetros de excelencia y virtud; virtud entendida como lealtad a uno mismo, incluso a costa de posibles malentendidos en una época de grandes transformaciones, como la nuestra.

JACOB KLINTOWITZ



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Sobre el autor del libro de ensayos

Floriano Martins (Brasil, 1957). Poeta, editor, traductor, ensayista, Floriano Martins es conocido por haber creado Agulha Revista de Cultura hace 20 años, un vehículo pionero de circulación en Internet y dedicado a la difusión de estudios críticos sobre arte y cultura. Al final de un año agitado por la degradación política y sanitaria en Brasil, en medio de una pandemia de alcance global, Floriano Martins va contra la corriente de la historia. La colección “El amor por las palabras”, que coedita con Leda Rita Cintra –ARC Edições/Editora Cintra–, de circulación exclusiva a través de Amazon, alcanza la marca de 85 títulos. Y ahora el poeta –que este año también brindó por nosotros con la publicación de su poesía completa y los tres tomos de sus ensayos reunidos– anuncia la publicación de dos intensos proyectos editoriales: Atlas Lírico de Hispanoamérica y Conexión Hispánica –el primero de ellos una producción de la revista Acrobata y el otro de Agulha Revista de Cultura.




Sobre Método rumano para dejar de fumar, de Liliana Lara. Por Carlos Patiño

 


La cuidadora de una casa en Israel se aferra a ella como consuelo al abandono de la suya en Venezuela. Una anciana senil esconde con celo el manuscrito original de uno de los más grandes escritores del siglo XX. Dos mujeres toman el relevo de asombro ante el misterio de una esquiva exhibición de museo. Un carro Frankenstein marca la travesía por carreteras abandonadas del oriente venezolano. Un encuentro fortuito abre las compuertas del horror que implica el olvido. Sobrevivientes de una peste se refugian en una mítica fortaleza trampa. Un farero se pierde en las mazmorras de su imaginación. La perversa recreación del ballet Coppélia. Una drástica terapia que, como muñecas rusas, conlleva encierros dentro de otros encierros.

Ya lo dijo Julio Cortázar: Un cuento logrado es una esfera cerrada en sí misma. Formas geométricas que sin duda encontramos en los nueve relatos que componen Método rumano para dejar de fumar. En ellos, el ciclo de la vida, vejez y muerte se carga de especial simbolismo al estar condicionado por las trampas de la memoria. Una obra que se asoma al enajenante mundo interior de seres atrapados en el bucle de sus delirios personales. 

Liliana Lara tiene la habilidad de imbricar a sus personajes con rasgos autoficcionales mientras conduce al lector por las penurias del migrante, su travesía física y emocional ante el encuentro con una cultura distinta, pero yendo más allá para sacar lecturas de la naturaleza del ser humano, de sus fantasmas y nostalgias. Extranjeros sin mapa aferrados a ese amuleto que reza “Que ningún demonio te aflija”. Un libro que probablemente resonará en el lector por mucho tiempo y del que la autora puede enorgullecerse.

Carlos Patiño


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Sobre la autora del volumen de cuentos

Liliana Lara (Caracas, 1971) Escritora venezolana. Autora de los libros de cuentos Los jardines de Salomón (Premio de narrativa de la XVI Bienal Literaria José Antonio Ramos Sucre, en 2007), Trampa – jaula (finalista del premio Equinoccio de cuento Oswaldo Trejo en 2012), Abecedario del estío (finalista del XIII Concurso Transgenérico de la fundación para la cultura urbana en 2013) y la novela La música de los barcos (2019). Cuentos y artículos suyos han sido traducidos al inglés, alemán, polaco y hebreo, y han aparecido en diversas publicaciones periódicas y antologías. Doctora en Literatura Iberoamericana por la Universidad Hebrea de Jerusalén. Actualmente vive en Israel.



Sobre Los regalos y las despedidas, de Ricardo Montiel. Por María Lucesole y Norberto José Olivar

 



En Los regalos y las despedidas nos encontramos con un narrador entre objetivista y nostálgico que, en una fuerte continuidad entre los distintos relatos, lo vemos observar y encarnar en la visión presente de cada personaje.

Debajo de cada relato ficcional de Montiel, podríamos bucear memorias o crónicas del autor que, sin embargo, en un estilo fuertemente latinoamericano, a la vez que salingeriano, nos devuelven el amor y la sordidez de la adolescencia. Sin caer en la remembranza, estos relatos nos atrapan porque nos identifican gracias a esa forma particular que tiene la literatura o el cine de ficción, cuando funcionan: extraer material de la memoria para inventar algo nuevo y vívido.

María Lucesole


Los regalos y las despedidas es un delicado texto que narra esa búsqueda afanosa que es la identidad. La voz que nos cuenta es como un débil hilo de recuerdos que se van apagando en el tiempo. Recuerdos que deben ser registrados cuanto antes: la mudanza como fragmentación, la renuncia a lugares y afectos, las primeras furias de la pasión adolescente y el intento desesperado de llegar a sí mismo en el difícil arte de la autobiografía ajena, pero además de un sutil placer a la soledad como una forma de invisibilidad o desaparición: ¿me muestro, luego existo?, ¿operación inversa al método? No necesariamente, pero sí curiosa, leve, elegante y cargada de humor. 

Norberto José Olivar


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Sobre el autor del volumen de cuentos

Ricardo Montiel nació en Maracaibo, Venezuela, en 1982. Reside en Argentina desde 2007. Poeta, narrador, músico y arquitecto. Estudió en la Universidad del Zulia y asistió a los talleres literarios de Gustavo Valle y Juan Forn. Ha publicado los libros Ciudad blanca sobre fondo blanco (Ediciones del Movimiento, 2015), Agonía de los días terrestres (Caleta Olivia – Rangún, 2018, reeditado por El Taller Blanco Ediciones, 2020), S, M, L (LP5 Editora, 2021), y El rezo de los chatarreros (El Ángel Editor, 2021, Mención de honor en el VIII Premio Internacional de Poesía Paralelo Cero). Textos suyos han aparecido en medios digitales e impresos de Latinoamérica y Estados Unidos, de los cuales algunos han sido traducidos al inglés. 



Sobre Tiempos errantes, de Xavier Oquendo Troncoso. Por Gladys Mendía

 



Heredero de una notabilísima tradición literaria, Xavier Oquendo Troncoso, conmemora cincuenta años de vida con cincuenta entrañables poemas publicados a lo largo de su amplia y exitosa trayectoria.

En Tiempos errantes (LP5 Editora, 2022), aquello cotidiano se vuelve extraordinario. La búsqueda del momento emotivo y vivido, esa atmósfera afectiva que nos invita a compartir espacios íntimos y anecdóticos. La percepción aguzada logra sus hallazgos creando una luminosa memoria. Memoria que va de infancia, familia y cordillera. Memoria de amor y desamor, del dolor y del placer de vivir, pero sobre todo de la inconformidad, “porque solo el inconforme es poeta”, nos dice Xavier. Este es un viaje de “pájaros momentos”, profundidades y alturas tramadas con ímpetu sin perder la ternura.

Los cincuenta poemas elegidos por Xavier Oquendo Troncoso son testimonio de su habitar poético, su entrega y amor por la literatura y la vida. ¡Enhorabuena!

Gladys Mendía


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Sobre el autor del poemario

Xavier Oquendo Troncoso (Ambato-Ecuador, 1972). Periodista y Magister en Escritura Creativa. Estudió Letras y Literatura. Ha publicado 12 cuadernos de poesía desde 1993 y más de una veintena de antologías de su obra poética en América Latina, España e Italia. Fue seleccionado entre los 40 poetas más influyentes de la lengua castellana en “El canon abierto”, Antología publicada por Editorial Visor, en España (40 poetas en español -1965-1980-). Su obra está en muchas de las más importantes antologías de la poesía contemporánea de la lengua española. Organizador del Encuentro internacional de poetas “Poesía en paralelo cero”, uno de los más importantes festivales de poesía de América latina, ya con 11 años de edición consecutiva. Es director y editor de la firma editorial El Ángel Editor, en donde ha publicado alrededor de 400 libros de poesía de autores ecuatorianos y del mundo, haciendo una amplia difusión de la poesía contemporánea en la región. 


Sobre Temporal, de Carmen Leonor Ferro. Por José Miguel Navas

 


Temporal reúne una selección de los libros El viaje, Acróbata, En subjuntivo y Precarios y, a su vez, poemas de libros inéditos como La caja, Cinco noches y Fragmentos del espejo. Esta selección es una oportunidad de descubrir un registro poético que destaca en la poesía contemporánea iberoamericana. Poética del hallazgo en la cual la autora nos ofrece una mirada atenta de esos lugares de emancipación del yo, la historia de un viaje y de un amor que se nutre del deseo. Lo esencial de su poesía es templar contenciones, saber arrojarse tanto a lo simbólico como a lo material, indagar en aquello que sucede cuando dos lenguas romances se materializan en un solo idioma. Leer a Carmen Leonor Ferro es entender la sensación de víspera, ese esplendor iniciático que logra convertirse en lo circular; es también acompañarla en su arduo camino hacia la poesía.: «Es posible que el origen exista / que vengamos de una sola palabra / y que la hayamos olvidado / que traducir / sea una tarea de la especie / tratar de reconstruir esa misteriosa instrucción».


José Miguel Navas


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Sobre la autora del poemario

Carmen Leonor Ferro (Caracas, Venezuela). Poeta y traductora. Ha publicado El viaje (Premio Monte Ávila Editores para autores inéditos 2004), Acróbata (Raffaelli editore 2011), En subjuntivo (Raffaelli editore 2016) y Precarios (Edizioni Ensemble 2019). Actualmente vive en Roma donde se dedica a la enseñanza del español.

Sobre KAIROS, de Vladimir Queiroz. Por Emilio Ballesteros y José Gabriel Cabrera Alva

 

Tan rico es, tan variado, tan transversal y poco beato (esperando conversaciones al oído/ para redimir el alma asustada en los rebaños / extraviados / por los templos desgastados y en humo convertidos), que entre sus versos van a aparecer Mesopotamia, Egipto, Delfos, Marrakech, Capadocia, los templarios, Santo Tomás de Aquino, la cábala, los derviches danzantes, mitos del siglo XX, Yemanjá, pero también el cóndor, Bogotá, la selva y, de fondo y como numen, la noche, a menudo una noche sideral que es tan cósmica como terráquea (Ojalá que las estrellas hagan un rastro y en la noche de luna/ menguante puedan besar tus diminutos pies negros y aligerar la/ inmensidad del cosmos), tan material como espiritual, piedras que deconstruyen y otras que construyen, pinturas delicadas y otras repulsivas, gritos, aullidos, cantos silbidos, toda la vorágine de la vida en su máxima explosión que, por eso mismo, también tiene cerca la muerte.

Emilio Ballesteros



Kairós de Vladimir Queiroz es un libro que, desde lo primigenio de la palabra y el mito, desliza una fastuosa fiesta donde los tambores de la noche liberan la belleza del deseo. Desnudo ante los signos, el yo poético estructura y desestructura el ritmo de una tierra que emerge anunciando la vorágine de unos versos a los que no les basta el pasado, sino que lo deconstruyen en mágico futuro. La visión de este poeta busca el perfume perdido, pero lo hace imitando el amanecer, es decir, persiguiendo la liberación auroral de la palabra. Penetrando en el bosque de lo profético, vislumbramos las ruinas del deseo de la piel. Uno lee este deslumbrante libro, navegando en delirio ancestral, con la sensación de que la mágica pira del amanecer de los tiempos sigue encendida.  Sea propicio al lector este numen que desde el misterio de las máscaras une a los sueños los cantos de lo divino y lo profético a un tiempo.

José Gabriel Cabrera Alva


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Sobre el autor del poemario

Vladimir Queiroz da Silva (1962), nacido en Feira de Santana (BA, Brasil), graduado en Ingeniería Química por la UFBA. Ha publicado los libros: Seres & Dizeres (1995), Terracota (2001), Infantilis (2003), ABCdito y Otro Dijo Más (2003), Apokálupsis do Sertão (2006), Luminiscencia (2008), Instinto (2010), Alcatruz (2011), Matices (2012), Terracota (2015), Brasileirança (2016), Kairós (2020). Participó en las antologías: Lyric Concerto a Quinze Vozes: A Collection of New Poets from Bahia (Aboio livre Edições (BA) – 2004), Anthology Pórtico IV (Pórtico Edições (BA) – 2010), Lyric Concert: 15 poets 15 years after (2019) Ha publicado en las revistas: Iararana, Acrobat, Divers and Afins, Organismo, Caliban (Portugal), Poezia (Rumania), Vuela Palabra (Colombia). Participó en eventos literarios internacionales como conferencista en Portugal, Italia, Colombia y Mozambique.




Sobre Magdalena en Ginebra, La concubina y otros poemas de fuego, de Carmen Verde Arocha. Por Gladys Mendía

 


Considerada por la crítica como una de las principales exponentes de la poesía venezolana, Carmen Verde Arocha nos regala este volumen que reúne su poética. Contiene a su vez ensayos realizados sobre su obra por José Luis Morante, Santos López, Luis Miguel Isava, Rafael Arráiz Lucca y Alain Lawo-Sukam. Están aquí las memorias de la infancia, la tradición judeo-cristiana, el sueño y la demencia (Magdalena en Ginebra; Amentia). Lo autobiográfico, el misterio, el mundo onírico, lo femenino y lo erótico (Mieles; En el jardín de Kori). El desconcierto, la premonición de la existencia amorosa y el pensamiento del rastro en las versiones de los poemas de Canción gótica y de Cuira, versiones que funcionan como metáfora de la incesante búsqueda espiritual y la evidencia de la transformación constante.

La poética de Carmen Verde Arocha expone los arquetipos femeninos en relación. Extraídos de su contexto original, los hace dialogar con otros tiempos y espacios. Sin proponérselo concuerda con lo que el filósofo caribeño Édouard Glissant llama «la nueva literatura épica», multilingüe, incluyente, diversa, estableciendo relación entre su comunidad y la comunidad-mundo. Carmen evidencia las encrucijadas de la vida hasta la muerte y más allá, transformando cada vivencia en belleza; nos brinda un tiempo que es río, tejiendo vínculos con sueños que se hacen lenguaje en nombre propio y colectivo.

Carmen Verde Arocha, edifica verso a verso su vasto imaginario donde todos los posibles cruces son visiones: Guaicoco, Ginebra,  Jerusalén, Madrid. El río Cuira, la casa materna, diversas mitologías, escrituras sagradas y profanas, animales exóticos, plantas medicinales y el color amarillo de su alma luminosa que transita de principio a fin este vibrante volumen. Constituyendo así, una lectura indispensable tanto en el presente como en la posteridad.

Gladys Mendía


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Sobre la autora del poemario

Carmen Verde Arocha (Caracas, 1967) Escritora, poeta, editora, profesora universitaria. Directora-fundadora de la Editorial Eclepsidra. Ha publicado, en Poesía: Cuira  (1997-1998), Magdalena en Ginebra (México, 1997), Amentia (Premio anual de poesía Arístides Rojas de la Contraloría General de la República, 1999), Mieles (2003), Mieles Poesía reunida (2005),  En el jardín de Kori (2015), Canción gótica (2017). Ensayo: Cómo editar y publicar un libro.  El dilema del autor (2013-2017-2020), El quejido trágico en Herrera Luque (1992). Entrevistas: Al tanto de sí mismo: conversaciones con Alfredo Chacón (2021). Rafael Arráiz Lucca: de la vocación al compromiso. Diálogo con Carmen Verde Arocha (2019). 



Sobre Fuego lento, de Alain Atouba. Por José Miguel Navas, Edu Barreto y Leandro Calle


A lo largo de cincuenta poemas, generalmente breves, Alain Atouba, presenta al lector un itinerario dichoso/doloroso del amor. Estamos frente a uno de los grandes temas de la poesía como lo son también la muerte o el viaje. Lejos de caer en lugares comunes, el poeta nos lleva por una historia de amor donde lo íntimo se vuelve universal. El estilo de Alain Atouba es un estilo sencillo, se aparta de los barroquismos y del estilo empalagoso que suele aparecer en las temáticas de Eros. Por el contrario, Fuego lento, posee la sencillez de un río de aguas profundas. Perceptible y llano en su manifestación externa, pero hondo y profundo cuando comenzamos a masticar las palabras con mayor detenimiento.


Leandro Calle


Alain nos invita a este poemamapa que destila esperanzas, en una lenta cocción del deseo y propone una travesía por mundos paganos pero posibles. Se pronuncia África desde una orilla que parió tierras con huertos, soles y una luna que transmite sosiego. Completa esta postal, una revelación en medio de amarillos y naranjas, seguramente: la brisa de la tarde africana/ me dice tu nombre a través de la sabana.


Edu Barreto


Considero interesante, oportuno leer a ALAIN ATOUBA, para entender un proceso creativo cuyo origen supo emanciparse de los lugares comunes, ejercitar el músculo poético, enlazarse con otras tradiciones, que no son ajenas a ese mismo proceso vital que atraviesa el autor.


José Miguel Navas


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Sobre el autor del poemario

Alain Atouba se licenció por la Universidad de Yaundé I en Camerún, ingresó en la Escuela Normal Superior de Yaundé donde obtuvo un título de Profesor de Español como Lengua Extranjera. Estuvo impartiendo clases de Español en institutos cameruneses hasta marcharse para Salamanca donde se doctoró. Su tesis, dirigida por la Profesora Eva Guerrero del Departamento de Literatura Española e Hispanoamericana de la Universidad de Salamanca, versaba sobre “Representaciones de la cultura negra en la poesía dominicana”. En la actualidad imparte clases en Madrid y se dedica a la investigación sobre la literatura dominicana. Amante de poesía, es miembro de la Cène Littéraire, un de grupo de lectores cuya meta es la promoción de la literatura africana y afrodescendiente. Forma parte del comité de lectura de este grupo que entrega cada año, desde 2016, el premio Les Afriques a un(a) escritor(a) de una ficción que ponga de relieve una causa humana, social, ideológica, política, cultural, económica o histórica en relación con África o su diáspora.

Sobre El árbol del confín, de Luis Gerardo Mármol-Bosch. Por Jaime D. Parra





El hombre es un buscador de símbolos. Pero ¿qué ocurre cuando ese buscador es un poeta, poeta matemático, además? ¿Qué ocurre cuando se siguen diversas tradiciones poéticas místicas y orientales, de fuerte cariz visionario, y distintas obras de arte, y uno defiende un mundo superior, lo suprarracional, por encima del irracionalismo lírico, donde todo adquiere otra “lógica” de sentido? La poesía del poeta venezolano Luis Gerardo Mármol-Bosch, profesor de Matemáticas Puras y Aplicadas de la Universidad Simón Bolívar, avanza por ese camino. Filósofo de formación, matemático de profesión y poeta por convicción, su visión poética se encuentra entre el amor y la devoción, entre el entusiasmo y la exactitud, las preguntas y la aproximación. En El árbol del confín, partiendo de su admirado poeta matemático Omar kheyam -creador de cuartetas y raíces cuadradas- pero también del Machado poeta y filósofo -creador de mundos oníricos  y filosofías de la memoria- realiza un viaje por el mundo de la poesía mística tradicional con el que va imantando la propia vivencia: el cristianismo  de San Juan de la Cruz, el sufismo de Hafiz, el mundo zen de Bashô,…Pero no es solo esto: el libro es una inmersión también, en varios de sus poemas, en la visión de una serie de obras de arte clásicas, pictóricas y musicales, de fuerte sabor barroco, que le sirven como soporte de una búsqueda poética, de una elevación. Mientras que formalmente, apoyado en poemas largos (verticales) o en otros más cortos (fragmentos, haikus), como contrapunto, busca una unidad en la diversidad. Una entrevista final sobre su pensamiento y una serie de notas, sobre los referentes de sus poemas y sus símbolos, completan la presente edición. Mármol-Bosch nos ofrece así una visión lo más completa posible de lo que es su mundo poético.


J. D. Parra 


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Sobre el poeta reseñado:
Luis Gerardo Mármol B. Poeta venezolano. PhD en Matemáticas por la Universidad Central de Venezuela (UCV). Es profesor de pregrado y postgrado en el Departamento de Matemáticas Puras y Aplicadas de la Universidad Simón Bolívar (USB), del cual ha sido jefe, y así mismo fue miembro del Consejo Editorial de Equinoccio, casa editora de esta universidad. En poesía ha publicado Sueño de un día (Editorial Eclepsidra, 1997), Purgatorio (Editorial Eclepsidra, 2012), Entusiasmos (Editorial Kalathos, 2016). Tercer Libro de los Entusiasmos fue publicado en el primer semestre del 2021, bajo el sello Oscar Todtmann Editores. En la colección de poesía Voz Aislada de El Taller Blanco Editores apareció, a fines del año 2021 su Cuarto Libro de los Entusiasmos. Textos suyos han sido incluidos en Antología de la poesía latinoamericana del siglo XXI, El turno y la transición (compilación de Julio Ortega, Siglo XXI Editores, México, 1997), en El salmo fugitivo: antología de la poesía religiosa latinoamericana (Leopoldo Cervantes-Ortiz, editor; Editorial Clie, México, 2009) y en Tramas cruzadas, destinos comunes (Común Presencia Editores, Bogotá, 2014), así como en algunas revistas impresas y en medios electrónicos dentro y fuera de su país. Es director asociado de Editorial Eclepsidra.