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viernes, 27 de junio de 2025

ROSARIO CASTELLANOS: Poesía Mexicana

Rosario Castellanos fue una escritora y diplomática oriunda de México, nacida en la ciudad de México el 25 de mayo del año 1925 y fallecida trágicamente en Israel el 7 de agosto de 1974. Cabe mencionar que hasta su juventud residió principalmente en el estado de Chiapas, lo cual se percibe claramente en sus obras, tanto a nivel estilístico como por el universo en el cual se sitúan. Desde su nacimiento, observó a la sociedad mexicana desde el punto de vista del poder adquisitivo; esto le permitió advertir lo dura que resultaba la vida de los pueblos aborígenes y causó en ella un impacto muy profundo. Con respecto a su formación académica, estudió Filosofía en su país y, más tarde, obtuvo una beca en España. Además de la escritura, Rosario se dedicó a la enseñanza, profesión que la llevó a varias universidades, tanto nacionales como norteamericanas. Es necesario destacar que fue una gran defensora de los derechos de la mujer.

A pesar que haber perdido la vida siendo aún muy joven, produjo una gran cantidad de libros, entre los que se encuentran la novela "Rito de iniciación", el ensayo "Mujer que sabe latín" y los poemarios "Apuntes para una declaración de fe" y "Poesía no eres tú".


Autorretrato

Yo soy una señora: tratamiento

arduo de conseguir, en mi caso, y más útil

para alternar con los demás que un título

extendido a mi nombre en cualquier academia.


Así, pues, luzco mi trofeo y repito:

yo soy una señora. Gorda o flaca

según las posiciones de los astros,

los ciclos glandulares

y otros fenómenos que no comprendo.


Rubia, si elijo una peluca rubia.

O morena, según la alternativa.

(En realidad, mi pelo encanece, encanece.)


Soy más o menos fea. Eso depende mucho

de la mano que aplica el maquillaje.


Mi apariencia ha cambiado a lo largo del tiempo

-aunque no tanto como dice Weininger

que cambia la apariencia del genio-. Soy mediocre.

Lo cual, por una parte, me exime de enemigos

y, por la otra, me da la devoción

de algún admirador y la amistad

de esos hombres que hablan por teléfono

y envían largas cartas de felicitación.

Que beben lentamente whisky sobre las rocas

y charlan de política y de literatura.


Amigas... hmmm... a veces, raras veces

y en muy pequeñas dosis.

En general, rehuyo los espejos.

Me dirían lo de siempre: que me visto muy mal

y que hago el ridículo

cuando pretendo coquetear con alguien.


Soy madre de Gabriel: ya usted sabe, ese niño

que un día se erigirá en juez inapelable

y que acaso, además, ejerza de verdugo.

Mientras tanto lo amo.


Escribo. Este poema. Y otros. Y otros.

Hablo desde una cátedra.

Colaboro en revistas de mi especialidad

y un día a la semana publico en un periódico.


Vivo enfrente del Bosque. Pero casi

nunca vuelvo los ojos para mirarlo. Y nunca

atravieso la calle que me separa de él

y paseo y respiro y acaricio

la corteza rugosa de los árboles.


Sé que es obligatorio escuchar música

pero la eludo con frecuencia. Sé

que es bueno ver pintura

pero no voy jamás a las exposiciones

ni al estreno teatral ni al cine-club.


Prefiero estar aquí, como ahora, leyendo

y, si apago la luz, pensando un rato

en musarañas y otros menesteres.


Sufro más bien por hábito, por herencia, por no

diferenciarme más de mis congéneres

que por causas concretas.


Sería feliz si yo supiera cómo.

Es decir, si me hubieran enseñado los gestos,

los parlamentos, las decoraciones.


En cambio me enseñaron a llorar. Pero el llanto

es en mí un mecanismo descompuesto

y no lloro en la cámara mortuoria

ni en la ocasión sublime ni frente a la catástrofe.


Lloro cuando se quema el arroz o cuando pierdo

el último recibo del impuesto predial.




jueves, 29 de febrero de 2024

VIVIANA GONZALES: Poesía Actual de Bolivia y México

 


Viviana Gonzales (La Paz, Bolivia, 1985). Poeta y dramaturga boliviano-mexicana. Licenciada en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid; Máster en Arte por la Universidad Complutense de Madrid y Especialista en Seguridad Internacional por la UNED y el Instituto Gutiérrez Mellado. Premio Nacional de Literatura en Poesía (Santa Cruz, Bolivia. 2019) por su poemario Hay un árbol de piedra en mi memoria. Ha sido promotora de lectura para jóvenes; ha impartido distintos talleres de literatura (FILIJ, Centro Cultural de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Secretaría de Cultura, CASUL, Ítaca, Club de Lectura de La Paz, Bolivia, Museo de Arte Contemporáneo del Sur, Lanús, Argentina y de manera independiente). Talleres como Diles que no me maten, sino que me lean; Por los caminos del Quijote, una lectura contemporánea del caballero andante han tenido varias ediciones en instituciones de México. Ha trabajado como investigadora, correctora y antologadora independiente. El 2022 ha publicado, junto a la Editorial Planeta, El espanto que nos une, antología de cuento de terror latinoamericano. Un recorrido por los cuentos de terror latinoamericanos clásicos y contemporáneos. Ha cursado talleres literarios en la UNAM, el Centro Xavier Villaurrutia, Casa Lamm; tiene un diplomado en Creación Literaria en Literaria Centro de Escritores; y otro en Literatura en Lenguas Indígenas de México con el INBAL. Ha publicado en distintas revistas nacionales e internacionales, así como en antologías. Su monólogo Yawarmanta fue elegido, en 2019, para una presentación junto a dramaturgas jóvenes en la SOGEM.  En 2020 ha publicado, junto a la editorial argentina Buenos Aires Poetry, su segundo poemario titulado Canto de un pájaro de fuego. En 2022 su poemario, Te doy el tiempo de un zapato ha sido finalista en Nueva York Poetry. Editorial Dogma (México) ha publicado este poemario en 2023 y ha sido presentado en la Feria Internacional del Libro del Zócalo en Ciudad de México. Este año también un poema suyo ha sido seleccionado por la Feria Nacional de Escritoras Mexicanas (FENALEM) y ha sido publicado en una antología de Escritoras Mexicanas Contemporáneas. En septiembre de este año ha ganado la beca de la residencia de escritura creativa de Mineral School en Seattle, Washington. El manuscrito, Mamá tiene miedo está siendo traducido al inglés por la Profesora Ilana Luna (State Arizona University) y la ilustración la trabaja la artista argentina, Florencia Troisi. Su libro Canto de un pájaro de fuego es Mención de Honor como mejor libro de poesía y su libro Hay un árbol de piedra en mi memoria es ganador con medalla de Oro, en la categoría de poesía, en el International Latino Book Award en Los Ángeles.



Historia de un vuelo, un bastón y una trenza


Hemos saltado del vientre de nuestra madre o del borde de una estrella 

y vamos cayendo

Vicente Huidobro


En un vuelco de nubes celestes

hay un mar a lo lejos que yo no alcanzo a ver.

Son años de ceguera y no mar,

un soplido se desprende del tiempo.


El tiempo es –lo sabemos–

una palabra mayúscula.


Hay un hilo que brota por entre mis piernas

mientras vuelo el hilo me quiere atar a la tierra.

Mi madre y mi abuela cepillan una trenza enorme,

otra mujer la decora con guirnaldas y petunias.


Es difícil alcanzar el vuelo con el hilo que me ata,

con la vagina cerrada, entumecida y espantada.


Yo no puedo elevarme porque al miedo

nunca le ha dado la gana de soltarme.


Si ahora caigo de seguro el hilo se rompe y

el miedo saldrá corriendo

al ver la nada que soy, que me ha vuelto.


Alguno que otro llorará mi ausencia

mi madre

mi abuela 

desde el otro lado

la lluvia.


Mi hijo no tiene hilos entre sus piernas.

Hay un bastón que lo sostiene.

Puede fallar en el despegue o incluso caer como yo.

El bastón sujeta al hombre, a mi hijo.


Más tarde voy a llegar a llorar mi cortedad

y el miedo me volverá a coger vacía, 

eso le dejaré a mi hijo

mi muerte blanca y absurda

mi sexo nocturno con el miedo

mi trenza roja y omnipotente

que emerge todos los días

el monstruo que devora mi útero.


Mañana

quizás a hurtadillas

pueda volar de nuevo

libre de todo:

sin hilos

sin vientre 

sin miedo.


Tomar las tijeras de la máquina de coser de mi abuela

abrirlas 

abrirme

parir mis dolores

mis angustias

mi pasado

empaparme de hombría, sujetar un bastón 

con mis piernas y


Volar.



Atardecer con perros callejeros


Tengo trece lobos en mi espalda 

y cuarenta y ocho mariposas,

municiones suficientes para habitar la urbe,

cargamento que descargo a ras de las montañas

antes del amanecer.


No he logrado poblar espacios 

los caminos son de piedra,

dos perros me miran a lo lejos

el retrato de una niña en la casa de mi madre

sonríe 

con un árbol de navidad de fondo.


Le he dicho piedra

y me ha contestado

hombre

con los brazos en la nuca he clamado piedad

y la piedra ha vuelto a repetir

hombre.


Los perros se bañan con el agua del río 

que veo desde mi ventana,

mañana volveré a tomar mi camino

empinado

y estoy segura que me he de caer

más de una vez.


La niña de la foto no sonreirá entonces,

no lo hace desde hace varios años,

luego me llamarán y me dirán que mi madre ha muerto

antes de abrir la puerta los perros callejeros 

vendrán a olerme,

el río llevará los cuerpos,

la vista desde la cocina

de la casa de mi madre.



II


Ante esta tumba un príncipe

deja el sueño en el que todos duermen


un ternero chupa de la teta de su madre

implorando vida con cada succión.


El príncipe cuenta las ubres de la vaca 

y siente que esta noche es la última.


Desprovisto ya de su carne

siente la costilla de Eva

la acaricia


Eva petrificada en la memoria

barro y húmero

gimiendo desde la antesala vacía

la lánguida mirada del hombre y su silueta.


Ante el sepulcro y la eminente clausura del paraíso

el corazón de adán

es una espesa llama:

arde el universo.


caín y abel devoran los huesos sazonados

de su madre


la noche de la creación del mundo.




V


Él es quien se inventa a sí mismo: Dios.

Nezahualcóyotl 



dijiste la tarde

se llevó mi corazón


fue el silencio


el dolor de un náufrago

que no teme al hambre


gota del mar recogida 

desde algún ombligo


te ahogas en una la isla


No es la forma del amor.

No es la forma del destierro.

No es la forma de las llanuras del sueño.


Inocente

no sabes que en cualquier momento 

te sacará los ojos y

brindará con tu sangre en esta tierra

inhóspita


desnudo


con diez cabezas y sus bocas

abrirá tu corazón cubierto de espinas


serpientes metamorfoseadas

serán la memoria y la flecha

no esperes por seres compasivos.


Dotado de palabra te inventaste un nombre: 

Yo soy dios

dijiste;


monarca de brazos largos

intentaste amar a tu hembra diosa


¿no sentiste, no advertiste que tomabas una leona que te iba a devorar?


jueves, 18 de noviembre de 2021

ELISA DÍAZ CASTELO: Poesía Actual de México

 


Elisa Díaz Castelo (Ciudad de México, 1986) Autora de Proyecto Manhattan (Antílope, 2021), ganadora del Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2020 por El reino de lo no lineal, del Premio Nacional de Poesía Alonso Vidal 2017 por Principia y del Premio Bellas Artes de Traducción Literaria 2019 por Cielo nocturno con heridas de fuego, de Ocean Vuong. Con el apoyo de las becas Fulbright-COMEXUS y Goldwater, cursó una maestría en Creative Writing (Poetry) en la Universidad de Nueva York (2013-2015). Ganó primer lugar en el premio Poetry International del 2016, el segundo lugar del premio Literal Latté 2015 y quedó entre los semifinalistas del premio Tupelo Quarterly 2016. Poemas suyos aparecen en Letras Libres, Nexos, Hispamérica, La Revista de la Universidad, Tierra Adentro, Este País, y Periódico de Poesía, entre otras, han sido incluidos en la  antología de poetas jóvenes españoles y mexicanos Fuego de dos fraguas, en la antología Voces Nuevas 2017 de la Editorial Torremozas y en la antología Liberoamérica (España). Ha sido becaria del programa Jóvenes Creadores del FONCA en los periodos 2015-2016, 2018-2019 y de la Fundación Para las Letras Mexicanas (2016-2017, 2017-2018). En 2018 fue seleccionada como una de las dos poetas jóvenes de América Latina invitadas al Festival Internacional de Poesía que se celebra en Trois Rivières. 




Acta de defunción

Sabemos dónde acaba la vida: arritmia
palidez respiración sin rumbo 
danza de instrumentos últimos auxilios
y el corazón una caja de metal
    que se hunde en el océano. A las 22 horas 
45 minutos exactamente.
Fibrilación paro respiratorio. 
El oleaje de las sábanas       contra el costado
  la colcha continente de escarpadas montañas 
el camisón blanco levantado hasta arriba
    una soga al cuello
     los párpados anudados sobre los ojos. 
Podemos decir Aquí
empezaron los latidos a dialogar con la sombra.
Aquí acabó tu vida. 
Aquí el corazón oscureció
hora y minuto cerrándose por última vez.
Mapeamos tu muerte con nuestra sangre profunda
como una astilla caliente.
Para
detener nuestro asombro  
para recordar respirar. Marcamos 
tu muerte con su momento dado referimos los datos  
de fallecida y fallecimiento                                 hora y minuto
como se escriben las coordenadas 
de una tierra fantástica una isla 
a la deriva  
atamos un hilo al momento de tu muerte 
y fuimos hacia adentro de nuestros días. 
                                Como si se pudiera
regresar.
Adentro de tu cuerpo ya era afuera
 la sangre se te quedaba quieta. 
El corazón había perdido su gravedad. 
Y me prometiste no morir. Vivir 
es prometer no morir amar es. 
Todo el tiempo cumplimos la ruptura de nuestras promesas. 
No dijiste que no morirías   
pero tomaste mi mano y dibujamos juntas 
caminamos en el parque y leímos
los nombres de los árboles. 
En el instante de tu muerte 
cientos de pájaros se estamparon contra el vidrio 
sus cuerpos redundantes de sangre.
En el instante de tu muerte 
se doblaron las cucharas en la cocina 
y se cortó la leche. 
El gato dejó un canario muerto a mis pies. 
Por suerte se encuentran asentados 
los datos de la finada:     lugar
del fallecimiento
destino
del cadáver:
inhumación.  
En el instante de tu muerte 
me miró el Jesús que tenías colgado en la escalera. 
Las conchas que coleccionabas empezaron a sangrar sal. 
Masaje cardiaco paro respiratorio. Midriasis.  
El reloj de la sala se detuvo.
Y sabemos 
exactamente dónde      en cuál sitio del tiempo
       en qué momento del espacio moriste. 
Si despertamos un día con la duda
podemos de esa forma despejarla. 

(De Principia, Tierra Adentro 2018)


Escala de Richter

Si hay que medirlo todo, también esto. La destrucción es menor si se comparte. Ordenar incluso y sobre todo áreas de sombra. Darle forma al desastre, cifras que lo sujeten. Ésta es la magnitud local de mi tragedia.

2.5 Sólo se percibe en pisos altos. Estamos en el penúltimo piso de tu vida mirando para afuera. Los huesos de nuestras caras son ventanas. El pasado es presente que se desdice. Si cierras los ojos y miras hacia el sol, comienza el color rojo. El pasado no tiene nombre, empieza en silencio en algún sitio. El temblor a veces es tan tenue que no lo perciben los humanos. 

3.5 Tiemblan los vidrios, se mecen las lámparas del techo. Los ciegos prenden las luces de sus casas. En las aulas de la universidad entran bocanadas de pájaros grises y cantan el amanecer a media tarde. El pasado sucede en algún sitio. Por eso es mejor cerrar siempre las ventanas. Nos vemos todos los viernes. Amueblo mi cuerpo con tus palabras. Sabemos entonces algunas cosas, pero no las necesarias. Buscamos contoros en las cuarteaduras de los edificios. Caminamos por las calles de Chimalistac. Nuestras sombras se tocan, desfiguradas, en el empedrado. Usaré sílabas para medir la pérdida. 

4.5 Los perros callejeros se lanzan a las avenidas. Empieza el interior en algún sitio. Cerramos firmemente las cortinas. Nos desvestimos lento y sin tocarnos en lados opuestos de la cama. En la madrugada, un loco entra  al motel y golpea durante horas nuestra puerta. Empieza el interior en este sitio. Me olvido de mis manos mientras duermes. Cambia la habitación, la miro atravesar la noche rodeada por la luz de la ciudad. El silencio no existe. Crujen los vidrios como los dientes de un viejo. No hay viento, sólo los perros atropellados que ladran en las coordenadas grises de la ciudad a medias. Alguien dice que todo el dolor es rojo.

5.5 Caen algunos árboles, algunos destrozos. Suenan las alarmas de los automóviles. Se mueren del susto uno o dos ancianos. Los ríos, también los entubados, cambian de dirección. Los gatos blancos desaparecen. El sonido del mundo comienza a dislocarse. Hablamos pero mis palabras no te tocan. Se rompe el concreto de grandes avenidas, los vidrios revientan de un golpe de vista. Salimos a la calle, atravesamos ejes, nos detenemos en puentes peatonales. Tu sombra tiembla en su estanque. A veces tu mano roza la mía. Yo también camino toda la noche. Los minutos se cuartean. Los sitios se desarman, los perros dejan sus cuerpos desmadejados en las calles. Los semáforos se detienen en rojo. Serpentean los cables gruesos de los puentes. Empieza en mi epicentro el fin del mundo. El final es la primera certidumbre. 

6.5 Daños, derrumbamientos. Ya no hay hacia dónde empujar el cuerpo. La destrucción es menos si se dice exactamente cuánta. Hundimiento de postes. Dejo la piel en prenda. Durante horas miro el movimiento del sol en un paso a desnivel. Quiero medir el último día del mundo. El planeta intercambia órbitas con su gemelo negro. 

7.5 Destrucción total de la ciudad. Levantamiento de la corteza terrestre. La piedra desbordada. Ladrillos cansados de sostener su peso tanto tiempo. Se mece la colonia como una embarcación a la deriva. Truenan las tuberías bajo la tierra, se liberan los ríos. Se desarman los edificios. La ciudad cabalga a pelo sobre sus escombros. Es una flota de navíos sobre un mar adusto y escarpado. Cae el cascajo como una parvada muerta en pleno vuelo, un manojo de sombras bien cuajadas. Luego no vuelvo a verte, poco a poco, se me rompe tu nombre de la boca. No es posible decir el momento de la pérdida. Sólo el instante previo, el subsecuente. El epicentro es el lugar donde lo sólido olvida sus cimientos. Se anula la geometría perfecta de los muros. Empieza en el centro de mi cuerpo el derrumbe, soy la ciudad rasgada, que se quiebra. Llegan a mi boca pájaros oscurecidos por su miedo. 

8.5 Los insomnes concilian el sueño, los sonámbulos comen sal a cucharadas. Sus madres matan cachorros con la escopeta negra. Cantan los gallos sin cabeza. Se acaba el pasado en ese sitio. Los sastres vomitan hilos plateados.  


La escala de Richter es abierta. No tiene límite la magnitud.

(De Principia, Tierra Adentro 2018)


Lázaro I

Vine a morir un día de alta mar en Aruba
con las aletas y el esnórquel puestos. 
Supe que me moría. No hay peor dolor 
que el miedo, hay que decirlo. 
Por lo demás, no pude despedirme. Ni siquiera
del cuerpo. De pronto siempre es tarde. 
Quise gritar pero el agua me calló la boca. 
Desde entonces en un oído escucho, 
aunque esté en el desierto, oleaje del Caribe. 
Y hasta mi nombre, Celso, 
se me ha salado un poco.

Quiero decir dos cosas. Primero:
todos los ahogados en el mar mueren de sed. 
Punto y aparte. El tiempo, allá mismo, 
en el anverso, es pura orfebrería. 
Me levanté del cuerpo 
como un niño aletargado de su cama
y me miré desde arriba mecido en el oleaje.
Supe entonces que somos tan ligeros: 
pesamos menos que el agua salada. 

Me distraigo. Eran dos cosas
que quería decirles. Primero:
la muerte es multitud. Desde arriba
pude mirar, extraña aparición, 
a los demás ahogados,
todos ahí, devueltos a su muerte, 
acróbatas del agua y del respiro, 
llevados por la lengua ávida del mar. 
Cada uno una y otra vez, durante siglos, 
atravesado por el acto siempre ajeno de morir,
empedernidos en su muerte o resignados, 
pero todos muriendo, hay que decirlo, 
con la muerte en cuello, 
rebosando su sal en los bolsillos. Entonces
soy uno de ellos, casi,
soy por poco alimento, tibio todavía,
y me pregunto: ¿qué pez se comerá mi corazón?

Pero no me morí 
lo suficiente: mi nombre, Celso, 
se me volvió a la boca
y el albedrío de mi cuerpo quiso. Dos cosas, 
sólo dos, quiero decirles: cada quien tiene el suyo 
pero mi dios es esa agua tibia iluminada.               

(De El reino de lo no lineal, 2020)
 


Orfelia se pone la piyama 

Olvido para qué me sirve el cuerpo. 
Se ha cerrado sobre sí mismo y hace mucho 
que no soy, casi, nadie. En otras palabras,
duermo hasta volver
a mi virginidad. Duermo tanto. Todas 
mis cicatrices duermen también. 
Dejo entrar todo lo que se aleja y no sé 
mirar hacia adelante. Mírame. Esto 
es lo que el tacto puede hacer. 
Aprendo cosas nuevas: a caminar lento,
a respirar adrede, a masticar veinte veces.
Cubro cada árbol con el recuerdo de las hojas.  
Hago listas de reproducción 
para que los muertos se desvelen con mi sombra. 
Me hago vieja. Lo tengo aquí conmigo. A mi cuerpo. 
Es extraño llevarlo a todas partes: un niño 
pequeño en brazos. Un muerto. Pensar que no 
se quedó contigo esa última noche. 
Levantaste un poco mi blusa y preguntaste:
¿puedo quitarte esto? Como si hubiéramos vuelto
a recién conocernos, desandados nuestros cuerpos 
por la despedida hasta el anonimato. Tal vez 
de tanto y tanto tocarnos nos borramos. Nos borramos.

(De El reino de lo no lineal, 2020)



martes, 12 de enero de 2021

OMAR PIMIENTA: Poesía Mexicana Actual



OMAR PIMIENTA (Tijuana, 1978). Licenciatura en estudios latinoamericanos. Escritor y artista interdisciplinario. Su trabajo aborda cuestionamientos de identidad, transnacionalidad, poéticas de emergencia, espacio y memoria. En 2008 recibió una beca de la University of California Institute for Research in the Arts para la pieza Welcome to Colonia Libertad. Ha ganado el X Premio Internacional de Poesía Emilio Prados, del Centro Cultural Generación del 27 (Málaga, España), por su tercer libro Escribo desde aquí. Su trabajo como artista visual ha sido expuesto en el Museo J. Paul Getty, Los Ángeles; Museo de Arte Contemporáneo de San Diego; Centro Cultural de España en Buenos Aires; Freie Universitat de Berlín; espacio alternativo Taller 7, en Medellín; Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca; y distintos foros de la Ciudad de México, entre otros. Su más reciente libro (cuentos) se titula Té (2019, RIL editores España).

Selección por Gladys Mendía de Escribo desde aquí (2010) X Premio Internacional de Poesía Emilio Prados

Escribo desde aquí:
una casa de madera vieja
un teclado sucio
en La Libertad
con 30 años
Granola mi esposa
Beca mi perra
el futuro

escribo desde allá:
la casa de cemento que construyó Don Marcos
los hermanos
La misma Libertad
algunas fotos
el pasado

escribo desde acullá: (siempre he pensado que no existe esta palabra)
Granola                      su migraña      el frío
el teclado sucio                      inexorable
Tere Carlos y Marcos en sus cuartos
don Marcos y doña Sara en su pueblo lejano
esta ciudad de paso
la casa de madera caliente
Beca lamiendo mi barba
el tiempo de golpe a los ojos
calle 10 calle 7 y el mundo escondido entre números


luz atrapada en las imágenes que dan a luz un hijo muerto
el pasado viendo por la ventana
a otra ventana
escribo.

El único recuerdo que tengo de mi abuela Julia es el de mi madre
los granos de maíz eran los dados de la suerte
pares o nones dependiendo del color del hambre

sé que la abuela Julia caminaba apoyada en una silla
golpiza que le dio el abuelo Benito: poeta del pueblo
su pobreza era grande y no cabía en el mundo: murió la abuela

Sara tenía doce años dos hermanos menores un padre alcohólico
un futuro en el norte la piel en los huesos poemas por escribir

ya en La Libertad ella quitaba los granos de maíz uno a uno
con la paciencia que da el recuerdo
me enseñaba su puño cerrado y preguntaba: ¿pares o nones?
si yo atinaba comía de su mano         si no    comía ella

esto jugaba con tu abuela Julia          mijo
ella hacía trampa para que yo ganara siempre

hoy      desde aquí       recuerdo          el dulce sabor de los granos tiernos
el amargo de los quemados y las manos arrugadas de doña Sara
como ella seguramente recordaba el hambre.

He aquí que soy poeta y mi oficio es arder
EFRAIN BARTOLOMÉ

Doña Sara fue pobre toda su vida
circunstancialmente pobre en ciertas ocasiones
inhumanamente pobre en otras

nos dejó una foto de estudio a cada uno de sus hijos
bailó sólo dos veces en su vida le encantaban los zapatos

supongo que amó a mi padre sé que amaba su jardín

escribió poemas a su casa      a su familia
a su pueblo     a su calle en la Libertad
a sus plantas   a su muerte
decía que eran simples pensamientos
imagino que creía que la poesía venía de otra parte
se le daba a otra gente brotaba en mejores jardines
como si no fuera el sufrimiento abono suficiente

para hacer crecer      combustible suficiente para incendiar
el árbol que divide el pensamiento del poema

cuando Doña Sara murió tenía la boca reventada en fuegos
la palidez de una hoja en blanco
yo sé que escogió una a una sus últimas palabras
no sé qué tanto dolían
qué tanto el ritmo cardiaco dictó su orden
si tan sólo los poetas la hubieran visto

el cáncer se la comió por dentro
Don Marcos y los cuatro hijos pedimos prestado
un lugar en el panteón y dinero para el entierro.


viernes, 10 de abril de 2020

OMAR PIMIENTA: Poesía Actual de México


OMAR PIMIENTA (Tijuana, 1978). Licenciatura en estudios latinoamericanos. Escritor y artista interdisciplinario. Su trabajo aborda cuestionamientos de identidad, transnacionalidad, poéticas de emergencia, espacio y memoria. En 2008 recibió una beca de la University of California Institute for Research in the Arts para la pieza Welcome to Colonia Libertad. Ha ganado el X Premio Internacional de Poesía Emilio Prados, del Centro Cultural Generación del 27 (Málaga, España), por su tercer libro Escribo desde aquí. Su trabajo como artista visual ha sido expuesto en el Museo J. Paul Getty, Los Ángeles; Museo de Arte Contemporáneo de San Diego; Centro Cultural de España en Buenos Aires; Freie Universitat de Berlín; espacio alternativo Taller 7, en Medellín; Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca; y distintos foros de la Ciudad de México, entre otros. Su más reciente libro (cuentos) se titula Té (2019, RIL editores España).


Selección por Gladys Mendía de Escribo desde aquí (2010) X Premio Internacional de Poesía Emilio Prados



Escribo desde aquí:
una casa de madera vieja
un teclado sucio
en La Libertad
con 30 años
Granola mi esposa
Beca mi perra
el futuro
escribo desde allá:
la casa de cemento que construyó Don Marcos
los hermanos
La misma Libertad
algunas fotos
el pasado
escribo desde acullá: (siempre he pensado que no existe esta palabra)
Granola                      su migraña      el frío
el teclado sucio                      inexorable
Tere Carlos y Marcos en sus cuartos
don Marcos y doña Sara en su pueblo lejano
esta ciudad de paso
la casa de madera caliente
Beca lamiendo mi barba
el tiempo de golpe a los ojos
calle 10 calle 7 y el mundo escondido entre números

luz atrapada en las imágenes que dan a luz un hijo muerto
el pasado viendo por la ventana
a otra ventana
escribo.





El único recuerdo que tengo de mi abuela Julia es el de mi madre
los granos de maíz eran los dados de la suerte
pares o nones dependiendo del color del hambre
sé que la abuela Julia caminaba apoyada en una silla
golpiza que le dio el abuelo Benito: poeta del pueblo
su pobreza era grande y no cabía en el mundo: murió la abuela
Sara tenía doce años dos hermanos menores un padre alcohólico
un futuro en el norte la piel en los huesos poemas por escribir
ya en La Libertad ella quitaba los granos de maíz uno a uno
con la paciencia que da el recuerdo
me enseñaba su puño cerrado y preguntaba: ¿pares o nones?
si yo atinaba comía de su mano         si no    comía ella
esto jugaba con tu abuela Julia          mijo
ella hacía trampa para que yo ganara siempre
hoy      desde aquí       recuerdo          el dulce sabor de los granos tiernos
el amargo de los quemados y las manos arrugadas de doña Sara
como ella seguramente recordaba el hambre.







He aquí que soy poeta y mi oficio es arderEFRAIN BARTOLOMÉ

Doña Sara fue pobre toda su vida
circunstancialmente pobre en ciertas ocasiones
inhumanamente pobre en otras
nos dejó una foto de estudio a cada uno de sus hijos
bailó sólo dos veces en su vida le encantaban los zapatos
supongo que amó a mi padre sé que amaba su jardín
escribió poemas a su casa      a su familia
a su pueblo     a su calle en la Libertad
a sus plantas   a su muerte
decía que eran simples pensamientos
imagino que creía que la poesía venía de otra parte
se le daba a otra gente brotaba en mejores jardines
como si no fuera el sufrimiento abono suficiente
para hacer crecer      combustible suficiente para incendiar
el árbol que divide el pensamiento del poema
cuando Doña Sara murió tenía la boca reventada en fuegos
la palidez de una hoja en blanco
yo sé que escogió una a una sus últimas palabras
no sé qué tanto dolían
qué tanto el ritmo cardiaco dictó su orden
si tan sólo los poetas la hubieran visto
el cáncer se la comió por dentro
Don Marcos y los cuatro hijos pedimos prestado
un lugar en el panteón y dinero para el entierro.






martes, 24 de marzo de 2020

MÓNICA GONZÁLEZ VELÁZQUEZ: Poesía Actual de México


MÓNICA GONZÁLEZ VELÁZQUEZ (Ciudad de México, 1973). Egresada de la Escuela Nacional de Artes Plásticas (UNAM). A la par cursó el Diplomado de Creación Literaria en la Escuela de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM). Editora y poeta. Han sido publicados sus poemarios: Tríptico de desamor (Fundación Cultural Trabajadores de Pascual y del Arte A.C., 2001), La luz y las sombras altas (Fósforo, 2006), Poesía reunida (miCielo ediciones, 2007), Las cosas últimas (Fridaura, 2008); Gran mal (miCielo ediciones, 2010) Glory box (miCielo ediciones, 2012), Las eternas rutas (Diablura editorial, 2013), El misterio de los mundos vulgares (Canapé ediciones, 2013), reedición de Glory box (El quirófano ediciones; Guayaquil, 2013), “Crónica de los días que ya no son”, Antología poética 2001-2015 (El quirófano ediciones, Guayaquil 2016) y “El ruido del Mundo” (miCielo ediciones, 2017). Poemas suyos, han sido incluidos en antologías de poesía en México, España, Nueva York y Argentina. Destaca su participación en La palabra transfigurada: cien años de poesía visual mexicana (Ediciones del Lirio, CONACULTA-INBA, 2014). Becada por la Agencia Internacional de Cooperación Española para un proyecto de investigación literaria (2010). Mención honorífica en los certámenes anuales de poesía Badajoz y Alicante (España, 2010) y finalista en el Premio Internacional de Poesía Visual, Badajoz 2015. En 2007 funda miCielo ediciones, un proyecto especializado en la publicación de poesía en formato de Libro-Objeto, desde entonces ha participado en encuentros editoriales, como expositora y conferenciante en España, México y Nueva York.

Selección por Gladys Mendía de Glory box (2012)




El inventario y la despedida


I
Miro el horizonte, desciendo. Un cielo rojizo tapiza la ciudad; tantas veces odiada–amada–odiada, y anhelo fugaz de quien jamás la haya caminado. En la periferia de esta fauce que engulle, mastica y digiere sin distinción; en lo más alto de la vida horizontal, habitan mis pertenencias: un libro a medio leer (entre el sueño, el ocaso y los turnos de espera), una vasta colección de síncopas intermitentes (voces y sonidos metálicos que dan vida al atardecer), una cama (donde a ciertas horas, los milagros son posibles y los pactos de paz han sido firmados, no hay hambre, enfermedad y los niños no son el blanco de ataques extremistas, y el que camina lo hace con el espíritu), una almohada (donde reposa la furia de tantos días de activismo combativo y el eco del grito libertario desde la selva), sábanas blancas (donde los ángeles copulan), una mesa con cuatro plazas, un lirio en su centro y espacio para compartir las viandas y el corazón; quien también consta en el inventario junto con un par de piernas que lo transportan y unas manos que lo entibian, un par de ojos que lo miran latir a pesar del horror y la sangre derramada –pero de eso estamos hechos principalmente: sangre, huesos, dolor– al lado del dolor habita la esperanza, un par de maletas, zapatos de viaje para la travesía y paisajes inimaginables en éste sitio donde los caminos bifurcan.

II
Ahora que por fin te vas, déjame al lado de la carretera y con la boca por delante. Déjame con el bestiario que habita en mis sueños y mis hombres y mis mujeres y mi máquina de olvido y mi historia de familia y mis cuerdas en los zapatos y mis errores y mis pocos aciertos y mi voz cortando el aire, cuando ya nada es suficiente y sólo me consuela el Blues. Déjame con mis afiches: Goya, Tapies, Bacón, Modigliani. Déjame con los vértigos de Miller y Gil de Biedma severamente enfermo, reposando en la mesilla de noche. Déjame con Luis Urbina: Llora y llora, con su amor como un pájaro loco, dando tumbos en la noche estrellada. Déjame con ansias, el piso alfombrado, los labios, el corazón apretado; mordiscos en la cavidad de la boca y unos labios blanquísimos sin nombre.

Pero sobre todas las cosas, déjame con mi dosis de realidad y un vaso de agua en la mano.





Buenos presagios


En forma de águila y con sigilo, llegaron los buenos presagios y se posaron sobre el tendedero, mientras una lavandera refregaba cuellos y calcetines, percudidos por la mugre y la cotidianidad necesaria en la superficie de las cosas; y luego revoloteaban extasiados por la luz parda de una pantalla china, allá donde se compran los remedios para casi todas las enfermedades que aquejan a la humanidad, en el callejón del Niño Perdido casi esquina con Eje Central; y más tarde, en la súbita convalecencia de una confusión de palabras, temblor de dedos, espalda arqueada y espuma escurriendo por las comisuras de unos labios blanquísimos sin nombre.

Y aunque parezca más difícil, en la máquina traga monedas y adentro de una burbuja transparente en un verso cuyas líneas sentencian: Estoy aquí, soy tu suerte.

También estaban los buenos presagios.





La vida como un pedazo de cable unido a la tierra


I
No me dirá, una sola palabra
apenas sus labios enmudezcan.

El brazo rígido, la cara pálida
me pierdo en sus pupilas de fuego.

Creerá que fue un sueño
todos sus recuerdos han desaparecido
su cuerpo lánguido gravita en la almohada.

Miro sangre correr por su boca
me ha contado que es caliente y espesa.

Trino de cuervos, su voz apenas reconocible
coros desesperados que los dedos tensados dirigen
alto clamor, percusión de contraltos
progresión melódica, ráfaga hasta el destello
tenacidad grave del arco y la lira.

volar, volar, VOLAR...
sobre un páramo que nunca existió
aciagos campos de luz en el hemisferio, donde sus sueños habitan.

Viaje insólito de mareas arremolinadas
surca sus orillas con el cuerpo plateado
en una danza prominente.

Sus días son altos precipicios de paredes blancas
donde el tiempo transcurre en citas semestrales
y la vida como un pedazo de cable
unido a la tierra que no le pertenece.

En la fulminante experiencia
navega sobre nubes de terciopelo
turquesa es el color sobre los párpados
vuelve de sí sobre pasos vacilantes
y lluvia intermitente en las entrañas
(sombra quieta, en el rellano de la escalera)

¿Quién en su nombre, contará la historia fragmentada?

Antes y después del gran mal
una vez más, la vida se escribe en la confusión de sus ojos.

Yo le ofrezco dulces de anís y amaranto
cuentos insólitos, cine de antaño
cante hondo, romero perfumado
y el brillo de todos mis astros.

II
Mi mano será su ancla
cuando las aguas desborden.

Mi voz será su guía
cuando emprenda el viaje de oscuridad y silencio.

Mi sombra será su sombra
cuando el sol no brille, ni cerca ni lejos.

Mis brazos serán los suyos
cuando las manos graviten.
Mis piernas serán las suyas
cuando huir quiera del espanto.

Mi nombre escuchará
cuando pierda el control
y el switch desate la electricidad en su espalda.

Y cuando la nube azul instale su reino
en días de aparente sosiego
mi cordura será la suya
cuando no entienda
que yo, soy su reflejo.







martes, 16 de octubre de 2018

JORGE POSADA: Poesía Actual de México



Jorge Posada (México). Autor de Habitar un país es llenar de tierra una piscina (Liliputienses, España, 2017.






cuando estoy aburrido
hablo con mamá
miramos las manchas de los muros
ahí se puede
reconocer un autobús
en esa un pez
y si unes los puntos
hay una bicicleta
tartamuedea
au au auuuuuuu to to to búúúús
ppppppppppppppez
bic biciiii bbbbicicleclecle ta
cuando encuentra una imagen
de un payaso o de un semáforo
se esconde
¿ves esas quemaduras
en el azulejo?
qué confusión causan en las figuras
acá esto podría ser un toro
pero le faltan los cuernos
ahora deletrea
t
o
r
o
como un niña de kinder
horrorizada por la mancha negra
que divide la cocina
señalo la puerta que da al comedor
ahí empiezan los monstruos
niños con multitud de brazos
cuerpos con la mitad de una cabeza
le acerco un banco y le digo
que en el refrigerador hay carne
y verduras
al amanecer cuando me levanto
a encender el calentador
sigue mirando la mancha negra
como alguien que teme subir
la escaleras eléctricas
y busca quién lo ayude

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la primera vez que jugué scrabble 
fue a los 37 con mis hijos

sobre un tapete de superhéroes
escuchábamos a los twenty one pilots

recordar 18 puntos
evadirse 75 puntos triple tanto de letra

las fichas eran color hueso
tocarlas daba una sensación agradable
tranquilizadora

discusiones risas y gritos
por las palabras frankenstein
esas que nadie quería buscar en el diccionario
por las palabras puestas al revés

la sensación de no avanzar
de llenar el tablero con notas musicales
y preposiciones

después el problema de los puntos
mi hijo
anotaba cientos de números
y al final terminaba ganando
aun cuando solo hacía dos o tres palabras
y las otras las convertía en plurales 
o en variaciones
de palabras que apenas existen











a mi hijo de 15
le detectan dos bolitas
en los pechos

vamos con varios médicos
lo palpan
señalan posibles causas
un golpe
desorden hormonal
tumores

en un consultorio
piden se quite la camisa
lo someten a ultrasonido

en su tejido mamario
hay nódulos

la especialista
describe la posición
y el tamaño

luego de una hora
nos entrega un papel
con recomendaciones
evitar el estrés
los alimentos con sal
los esfuerzos

en caso de que las bolitas
crezcan será necesaria
una biopsia

la mujer dice
cómo cortará la piel
los músculos y la grasa

es así como mi hijo conoce
la adolescencia