miércoles, 5 de agosto de 2026

Sobre La ruta de lo lejano, de Fedosy Santaella. Por Alejandro Sebastiani Verlezza.

 


Visitas de la imaginación y otras epifanías
Por Alejandro Sebastiani Verlezza



Ana Ajmátova está en su habitación y nota la presencia, tal vez por la madrugada. Pareciera fugaz: apenas girando el rostro, bajito, susurra: “¿dictaste a Dante las páginas del Infierno?”. 

Y la voz, tras la pausa, alcanza a responder: Yo. 

El instante recreado está en el poema "La musa". A lo largo del tiempo lo he imaginado en infinitas variantes: Ajmátova en las calles, camino al bosque, encaminada hacia alguna reunión secreta donde pudiera decir sus poemas; en la fila para visitar a Gumiliov en la cárcel y tal vez en el desapego casi onírico de las últimas horas, pero siempre con ese soplo cerca que le toca la puerta. 

Hay visitas que simplemente abren los sentidos y así Ajmátova sugiere claves sobre la inspiración. 

Sí, la poesía suele presentarse y el recóndito movimiento calando en los oídos insinúa rutas en apariencia distantes, ahora gracias al aliento de Elizabeth Schön. 

Tanto así que por una temporada visitó la voz de un escritor entrenado en las lides del narrar que se ha expandido hacia las artes visuales y la poesía. 

Sí, Schön le dijo “yo” a Fedosy Santaella, las claves del encuentro están cifradas en La ruta de lo lejano y sus múltiples vertientes de la escritura. 

A partir de una resonancia geográfica común, Puerto Cabello, Santaella comprende y acepta que la voz de Schön lo traspasa para sugerirle nuevas sendas. 

En un fenómeno de transposición vocal elocuente y sui generis: solo el escritor de oficio puede asumir con pulso el tremor que ocurre en la voz atravesada por el registro poético y reflexivo. 

El gesto es elocuente: Schön atraviesa el espacio verbal de Santaella, propicia el punto de cruce para recrear antiguas memorias de la poesía venezolana —y del país— en un lenguaje ágil y contemporáneo. 

Esta experiencia trajo un sacudimiento en la voz, al punto de incitar en el escritor tramas recónditas. 

Conjeturo que Shön lo condujo al espacio anunciado por Coleridge en sus Notebooks: “He looked at his own Soul with a Telescope. What seemed all irregular, he saw and shewed to be beautiful Constellations; and he added to the Consciousness hidden worlds within worlds”.

El pasaje de Coleridge, referido por Jung en sus memorias, sintetiza parte del proceso creador: mirar, mirar adentro, muy adentro, con la fortuna eventual de encontrar constelaciones, expandiendo la voz y sus infinitos mundos. 

Un buceo en las aguas imaginativas para dar con la poesía: es un fenómeno absolutamente moderno cuando ella misma se vuelve fuente de inspiración para los creadores y suscita la aparición de libros habitados por el impulso lírico y transgenérico, arraigados en el temblor de la expresividad en su mejor punto de tensión; lo hacen Roberto Martinez Bachrich y Tiempo hendido, Oscar Marcano y Cuartel de invierno.

La ruta de lo lejano me recuerda que el entorno de Schön conformaba cierto ecosistema soterrado en la poesía venezolana del siglo XX: todos amigos, emparentados por una concepción del lenguaje que propició el regreso de la prosa a sus orígenes más profundos y proteicos. 

En este hábitat confluyen Shön y La granja bella de la casa, Alfredo Silva Estrada y La palabra transmutada, Ida Gramcko y Poética, Alfredo Chacon y Ser al decir.

El autor de Saloma suele recordar que estas voces entrañables vivieron una suerte de nacimiento conjunto a la poesía y se desenvolvieron en una atmósfera de inquietudes vanguardistas con Elsa Gramcko, Oswaldo Trejo, Sonia Sanoja, Roberto Guevara y Alfredo Cortina. 

El encuentro de estas voces en Caracas —a finales de los cincuenta y principios de los sesenta— produjo un intercambio constante —hoy natural— entre poesía y música, filosofía y artes visuales, entre otras conversaciones estéticas y teóricas que se respiran en la La ruta de lo lejano. 

El libro de Santaella bien puede leerse como un largo poema en prosa con descansos y estancias reflexivas, la sucesión de postales, envíos y llamados de una memoria activa que apuesta por traer la aparente lejanía de Schön y sus pares al presente en la colección holobionte —precisa metáfora—de la editorial LP5 (2026).




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            Alejandro Sebastiani Verlezza (Caracas, 1982). Poeta con incursiones en las artes visuales. Ha publicado Posdatas (El pez soluble, 2011), Derivas (bid & co, 2013), Canción de la encrucijada (Eclepsidra, 2016), Partir (OT Editores, 2018), Los hilos subterráneos (Eclepsidra, 2020), festina lente (LP5 Editora, 2023) y La orilla del retorno (El taller blanco, 2023).

Antologado en Voces nuevas (Celarg, 2005-2006/2006-2007), 102 Poetas. Jamming (OT Editores, 2014), Tiempos grotescos (Unam, 2015), Nuevo país de las letras (Banesco, 2016), Nubes (Pre-Textos, 2019), Total interferencia (Lp5,2021), Poblar la intemperie (La Poeteca, 2023), Poemas en bicicleta (La Poeteca, 2024) y En compañía de los ríos subterráneos (Lp5, 2025).

Con Adalber Salas Hernández editó Tramas cruzadas, destinos comunes (Común Presencia, 2013) y Destinos portátiles (Vallejo and co, 2013); preparó la antología Del fluir de Santos López (Kalathos, 2016) y de Armando Rojas Guardia La otra locura (bid & co, 2017); con Carmen Verde Arocha publicó Al tanto de sí mismo. Conversaciones con Alfredo Chacón (Eclepsidra, 2021); ha colaborado con poesías, prosas y traducciones en las siguientes obras de Paolo Gasparini: El baúl mundo de Paolo Gasparini (La Cueva, 2018), Andata e ritorno (La Cueva, 2019) y Da Gorizia alle Ande (Galeria Studio Faganel, Gorizia, 2021).

Ha participado en las siguientes muestras colectivas en Venezuela: Ciudad volátil, arquitecturas transitivas de la vanguardia caraqueña (2009), Confluencias (2012), Reflejos vagabundos (2013), Caracas horizontal (2013), Manifiesto país (2014) y Fragmentos a su imán (2019).

Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Santa María (2005) y Letras por la Universidad Central de Venezuela (2012). Cursó el diplomado en Estudios Liberales en la Universidad del Valle San Francisco (2014). Colaborador por más de una década del Papel Literario de El Nacional. Se ha desempeñado como corrector y redactor del Diccionario de Historia de Venezuela de la Fundación Polar. Participó en la IV edición de la Semana de la Narrativa Urbana (2009). Hizo la residencia para escritores en Rianxo –Galicia– con Axóuxere Editores (2013).

Durante una década fue profesor del Departamento de Literatura y Vida en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela, centrando su enseñanza en la poesía y los mitos griegos, la escritura autobiográfica y los métodos de investigación. Obtuvo la Maestría en Estudios Literarios de la UCV (2022) con una tesis sobre el grupo Tráfico. Ha realizado talleres, cursos y seminarios con Marie Banich, Julián Máŕquez, Humberto Mata, Judith Gerendas, Roberto Pérez León,  Rafael Castillo Zapata, Lorena González Inneco, Guillermo Sucre, María Fernanda Palacios, Armando Rojas Guardia, Roberto Martínez Bachrich, José Balza, Santos López, Igor Barreto y Daniel Medvedov.



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