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lunes, 23 de septiembre de 2024

LUIS VARELA: Poesía Actual de Colombia

 


Luis Varela (Cali, Colombia, 1987). Poeta colombiano que vive actualmente en Hamburgo, Alemania. Poemas de su primer libro Tomates (Entreríos, 2022) han sido traducidos al alemán y al portugués como también han sido compilados en la antología Voces periféricas. Antología de poetas latinoamericanos en Alemania (Equidistancias, 2023) por Timo Berger. Ha participado en diferentes lecturas, entre ellas, la Hafen Lesung, un evento de carácter internacional y multilingüe.



Hacia una colina

 

Antes del amanecer

llevan la primera vaca al matadero.


Si estás cerca, allá en Campo Alegre,

escuchas el chorro de agua en la nuca de la vaca,

un chorro fino que tranquiliza los nervios

antes del golpe

                  y el derrumbe.

 

¿Quién no lo reconoce?

                 ¿Quién no lo ha sentido?

 

Las demás vacas que van en fila,

hacia una colina donde todos

tendremos que llegar,

inician un rezo suave,

mientras la neblina las bendice

y les acaricia el lomo.

 

Aquel coro imperceptible, absurdo, aterrador,

                       estrecha la vida en su final

                               y el brote de la primera luz. 

 


Que brillen sus manos

 

Mi madre llamó para contarme

que se había soñado en una fiesta.

Una voz le dijo

que mi abuelo estaba achantado,

pero no supo decirle

dónde estaba.

Este domingo ofrecerán una misa por él.

Mi abuelo nos llevaba los miércoles

a comer pescado

con la mano.

 

Despacio, y en silencio, le quitábamos

las espinas, las juntábamos en un mismo plato

como si estuviéramos acumulando,

con cuidado,

el dolor.

 

Hoy te lo digo, amá,

donde sea que esté mi abuelo

espero que brillen sus manos

como si hubiera comido pescado.

 



Lautaro

 

Aprendimos nuestros cuerpos juntos

descubrí tu espalda y tus brazos,

vos me señalaste un lunar que nunca he visto,

estuvimos entre hombres,

desarmados, en ese mundo tuyo de asma y toldillo,

que nos protegió de todo menos del viento

y de estar vivos, uno al lado del otro,

jugando, queriéndonos

sin un lenguaje establecido, sintiendo

nuestros penes a veces erectos

en los estómagos y en los muslos.

Nos cuidamos, como soldados,

en el barrio. Convivimos con las alarmas

en los oídos. Vimos el primer muerto juntos.

Los otros me los describías o yo te los contaba.

Todos miraban hacia un mismo lugar.

 



Tomates 

 

i

El amanecer te sorprende mirando los tomates

que se dan bien en tu ventana.

 

Un par de veces al día,

los riegas en pequeñas cantidades. 

 

Eliminas las hojas más cercanas al suelo 

porque son propensas a lesiones pardas. 

 

Yo sé por lo que estás pasando.

Lo que habita tu pecho

le da gravedad, equilibrio,

a esta tenue y aún inestable madrugada.

 

No tienes la misma edad 

de tus tristezas.

 

Algunas se hunden y se extravían 

en la oscuridad de la tierra

de tu pequeño cultivo de tomates.   

 

A las demás

les da el sol.

 


ii

Parto el tomate en rodajas,

espero que se disipe la ansiedad

y dejo el cuchillo en la tabla para picar.

 

Has venido hasta acá para hablarme de la luz 

reposada de ese vaso de agua en la sala de espera 

del consultorio psiquiátrico.

 

Te empecinas en que escuche

el hundimiento de la vida

mientras los pacientes ojean 

una revista de variedades 

 

descifra 

qué animal extinto 

recuerda la sed

en sus pechos. 

 

  

iii

A un lado de la mesa

cada vez más grande y peligrosa

dices que es tiempo de dar frutos. 

 

Pero las tomateras 

cuando no pueden hacerlo

florecen.

 

Tratan de dispersar 

sus semillas 

y con suerte 

encontrar lugar 

en otra ventana.

 

 

Apartamento persona sola

 

i

Como un paisaje

te mueves en el nuevo apartamento

persona sola.

 

El hijo único regresa

a tu eterna mudanza

para cuidarte.

 

En la ducha, el agua cae en tu nuca 

como la calma en los mataderos. 

La herida no se puede mojar. Por eso 

cubre tu barriga con papel film

y piensa en el útero que te extirparon

como otro hogar irrecuperable. 

 

 

Cada mañana, el ritual de cambiar

el papel film, envolver el estómago 

como una larva y esperar, durante la tarde,

el origen de un nuevo animal, mientras 

en la basura brilla, como una placenta, 

la materia sagrada

de la vida.   



 

ii

Hay algo

sentado en la mesa

junto a ella

— que hace de madre—.

Como los ríos

anuncian las piedras,

parece revelarse

ese algo:

en las flores artificiales

en las frutas de madera

color verde, morado y amarillo

— que hacen de aguacate, uva y banano—

Pero ella sigue

con sus manos en las rodillas

sin probar

ni una sola cuchara






viernes, 28 de junio de 2024

TANIA GANITSKY: Poesía Actual de Colombia

 


Tania Ganitsky es una poeta, editora, traductora y ensayista nacida en Bogotá, Colombia, en 1986. Es doctora en Filosofía y Literatura, Profesora del departamento de Literatura de la Pontificia Universidad Javeriana y coeditora del fanzine La trenza. Ha publicado cinco poemarios, entre ellos La suspensión de los objetos flotantes (2021), Rara (2022) y Desastre lento (Himpar Editores, 2023). En 2022 también publicó El fuego que quería recordar, un ensayo literario sobre la escritura. 

Selección de Gladys Mendía


*

Las velas tiemblan antes

de apagarse

como ojos antes de llorar

 

no hay diferencia

entre el fuego y el agua

en óvalos pequeños


*

Por la noche canté

una canción de cuna indígena, me dolía

la mandíbula

porque hay que mover la boca

de otra forma.

Los sonidos precolombinos

vienen en distintos tonos como las sombras

me dolían los ojos también.


*

Dos pájaros muertos al pie de la cerca.

Arañaron lunas con su vuelo,

no le dieron a los frutos tiempo de cicatrizar.

Una hormiga explora sus colinas de carroña

y un saltamontes

toma impulso en una pluma.


*

Deberle los poemas no escritos al tiempo

en que no se escribieron

a la imaginación que todavía no los imagina

a la memoria suplantada

por el olvido

al olvido suplantado por el dolor, etcétera.



Dicen que la última

llama

se encenderá

en el océano.

 

En el estómago de la ballena

que hospeda los mitos olvidados,

 

en su canto,

que conjura el retorno de los dioses.

 

Pero yo he escondido

unas cerillas

para amparar las llamas

de la tierra.

 

 

La voz es un lugar 

oscuro

tomado por animales feroces

en los que ya nadie cree.

Para hablar

hay que escapar

del fuego de sus pupilas

y del filo de su hambre.

Para poder decir

miedo o mío

hay que imaginarlos jugando.

 

  

Los caballos 

no iban a vivir tanto tiempo.

Pero encontraron ofrendas en el sueño

de los muertos.

Allí pastan, beben agua y, a veces,

se acercan

a las manos cubiertas en panela

que se abren como flores dulces a su alrededor.

Doblan el cuello y reciben la ternura

que también debió extinguirse

hace tiempo.

 

 

Tigre de Bengala

                                                            Para Erik

 

Cuando sueña consigo mismo, toma la forma de un Tigre de Bengala y atraviesa la selva simulando el amor. A veces se persigue a sí mismo fuera del sueño y despierta asustado, a mi lado.

 


La noche se cerraba

en tu boca

y no había manera

de liberarla.

Nunca temí tanto

por ti, por el silencio –

en la punta

de tu lengua se apagaba

la última estrella.

 

 

Un haiku para Denise

 

Ella dibuja

al hermano colibrí:

color errante.

 

 

Él en el desierto (Segunda nota para el hombre que vi en un sueño)

 

Desde aquí te veo como todas esas cosas

que aparecen cuando escribo.

Como el tigre sin contorno que se fundió en la intensidad del sol poniente,

y como la serpiente que se desenrosca sueño afuera.

En tus manos resplandecen dos círculos dorados

cuando te limpias la arena que las cubre

y una de tus pupilas tiene la forma de la hormiga que trepaba tu pierna

y empujaste de prisa, asustado.

Me gusta que estés en el desierto porque no te recuerdo ni te invoco,

sólo te imagino.

En el desierto siempre alumbra la primera luz y acaece la primera noche,

su vastedad conviene en que allí pase cualquier cosa:

de noche caminas en puntas de pie para evitar el veneno de los insectos

y estás más alto que cuando te fuiste, como la estatua negra de Pushkin

o la de Peter Pan sobre las rocas.

Tu nariz está más pequeña y tus orejas largas e infladas, porque

has empezado a respirar como los peces: escuchando todo.

Te das la vuelta y descubro algo que quizá sea culpa mía:

tu espalda está marcada por los golpes del viento que castiga

a quien no le da la cara a lo real.

Te ha marcado con números cuya cifra no sé contar.

 

 

el pasado hubiera podido ser 

cualquier cosa

 

un árbol que crece cada medio día

una madre que renace

una noche que no se abre y que no estalla

igual que un libro en que no se ha escrito nada

un desierto que descubre su tiempo en liras

and a god that sings us lullabies

 

pero el pasado, ese no fue el pasado

 

el pasado es un ángel

que cae de cabeza en el vacío

 

 

Un día no tendré escritura.

Sacaré la lengua como los colgados,

inútilmente.

Nunca dominé la gramática del fuego

y mi idioma

siempre se inclinó hacia las cenizas.

Para entonces habré domesticado

el silencio,

que me seguirá como un perro.

 

 

Nunca he tenido algo

que decir.

La poesía es el síntoma

de mi silencio.

Algunas imágenes errantes

como los tigres

los caballos

y las piedras

flotan en el aire.

Nada de esto pesa, pasa, aplaza.

Las metáforas

no concilian la distancia poética

de dos abismos.

El mar ha muerto.

El desierto ha muerto.

Lo sé porque una vez envenené

a un caracol con sal

y burbujeaba

igual que este vertedero

de palabras.



viernes, 10 de abril de 2020

CAROLINA DÁVILA: Poesía Actual de Colombia


CAROLINA DÁVILA (Bogotá, Colombia 1982) Es escritora y abogada feminista, magíster en Derechos Humanos y Democratización y aspirante a mfa en Escritura Creativa. Ha sido editora de Rio Grande Review y del Fanzine La Trenza. En el año 2010, ganó el Premio Nacional de Literatura del Ministerio de Cultura con el libro Como las Catedrales publicado por la Universidad Nacional de Colombia (Bogotá, 2011); Fundarte (Caracas, 2014). Poemas suyos hacen parte de las antologías Postal del oleaje: poetas nacidos en los 80: Colombia-México (Monterrey: Universidad Autónoma de Nuevo León; Bogotá: Editorial Con las Uñas, 2013), The Other Tiger: Recent Poetry from Latin America (Wales: Seren Books, 2016), entre otras. Algunos de sus poemas han sido traducidos al inglés, el italiano, el portugués y el árabe.

Selección por Gladys Mendía del libro Imagen (in) completa (Universidad Externado de Colombia, 2018)


[EL CUERPO, ESA METÁFORA]
Con la tragedia viene la escisión el cuerpo que se fragmenta
el cuerpo que se descompone
ni nuestras sombras al final de la tarde son más largas
y perdurables que nosotros


SORTEAR ESTA MÍNIMA OTREDAD
no estar solas nunca más
conteniendo el silencio


AFUERA ALGUIEN LEVANTA EL ASFALTO
y un buque silba anunciando otra partida
Así es como acaba el mundocon el silbido constante de un barco que abandona el puerto
con el sonido monótono de la retroexcavadora
Esos son los gemidos de estos días
Alguien va a morir alguien prepara sus últimas palabras
y se lee en los periódicos que otro acontecimiento
–teóricamente de gran importancia– es inminente
Un estallido              tal vez             una esperada alocución
Alguien piensa en la tragedia y el color del asfalto tiñe la
memoria   Alguien lleva dos minutos sin parpadear
Teme que al cerrar los ojos colapse el mundo             Eso no
importa        ni significa que sea el final              aunque lo
sea
No se detiene la convulsión que traen las máquinas
y nada impide el temblor del agua
junto a una orilla
que se va quedando sola


EL 31 DE MAYO DE 2013
hacía un calor de los mil demonios en Nueva York
y el cúmulo de cajas y maletas resultaba confuso
ante el intempestivo cambio de planes
En Estocolmo las cosas no ocurrían de otro modo
la distancia lo era
sólo en apariencia
como el verano
Esa tarde
una gota de sudor resbala por la espalda de la mujer
que sale a buscar cinta y bolsas negras
para retener lo que aún no encuentra su lugar
En un hotel
la otra vive en la paranoia
de la noche que no llega
con los ojos abiertos hacia un cielo
que prolonga el crepúsculo o el amanecer
mientras recuerda que a miles de kilómetros
no hay hogar para las cosas que la esperan
Tardarán dos años en descubrir
la duración de las cosas sujetas a mudanza
No hay hartazgo, vacío o certidumbre
que el tiempo no aminore


LA PANTALLA RECUERDA QUE ESTAMOS DEL OTRO LADO
es el muro que detiene
la rabia desatada
la falta de sincronía
que las imágenes congeladas constatan
(pero no hay pruebas de la emoción ni el desconcierto)
La vida ocurre sin nosotros
que quietos                 –como la imagen–
de la parálisis
culpamos a la mala conexión o al karma
Con los ojos fijos en la pantalla
puestos de frente              somos cuadros pequeños de colores
en los que ya no estamos                   en los que apenas somos
pura subjetividad contenida





lunes, 30 de marzo de 2020

JORGE IVÁN JARAMILLO HINCAPIÉ: Poesía Actual de Colombia


JORGE IVÁN JARAMILLO HINCAPIÉ (Pereira, Colombia, 1974). Comunicador social y periodista. Magíster en Ciencias Sociales, doctor en Pensamiento y Cultura en América Latina y posdoctor en Comunicación, Educación y Cultura. Como docente, se dedica al análisis de la representación de la cuestión Afrolatinoamericana en medios de comunicación. Litorales es su primer poemario. Mantiene una novela inédita.

Cuatro poemas de Litorales:



MANERAS DE COMER MANGOS

Esa manera muy tuya de comer el mango
Lentamente consumes todo su cuerpo
lo desnudas paso a paso
hasta que te haces cargo de la pulpa
y ahí queda la fruta
la rodeas sin agüeros y aspavientos
hasta que queda blanca
y ya no queda una cerda
Te sientas en el comedor y una a una
despides las cerdas paseantes en tus dientes
hasta que terminas el festín
y me miras con ese mirar tan tuyo
y me sonríes
y extiendes esa sonrisa por toda la mesa
y esa sonrisa me la guardo
me la guardo en los bolsillos
para cuando ya no exista primavera




LAS COSAS QUE NO SUPISTE HACER

Y fuimos arrojados a la convivencia
Esa misma donde se apagan todos los fuegos
La misma que obliga a tragarse mil sapos
La que no tiene reparos con los colores, olores y sabores
por una negociación
La misma que termina por apaciguar las intenciones sexuales
Esa misma donde me tocó ver cómo partías mal la cebolla
picabas mal el tomate
los papelitos del queso en tajadas los dejabas pegados
en la ducha la toalla húmeda
la cama destendida y las sábanas a su bienestar
las ganas de consumirnos en el placard
Todo eso, y cosas que no supiste hacer




***

LA CUESTIÓN ES MUY SENCILLA
Dos personas y se inicia la negociación
Cada uno va construyendo de acuerdo
a las necesidades del otro
Y preparar la comida
dormir hasta tarde
dejar correr el vino
sentir lo intangible con el roce
bañarnos juntos con el pretexto del ahorro
salir a largas caminatas entre canciones
y unos cuantos puchos
Y detenernos a mirar lo que ya no se mira
sentirnos perdidos pero teniendo el uno al otro
compartir una fruta hasta el último gajo
gastar las calles con los zapatos intactos
dejar correr mi mascota hasta que se canse
dejar correr el llanto por la primera ruptura




LITORALES

Hay días en que somos únicamente humanos
Nuestros miedos se estacionan en una esquina
Los sueños salen por la escarpada
La risa y el canto se quedan en el diván,
tan insustanciales y poco recurrentes
El amor se empeña en la primera casa de cambio
Pero llega la nostalgia y la utilizamos todo el tiempo
y nadie se percata de que se nos escapa algo,
que está lacerado y agoniza





lunes, 23 de marzo de 2020

CHAROL GUALTEROS: Poesía Actual de Colombia


CHAROL GUALTEROS (Bogotá, Colombia, 1995). Es licenciada en Psicología y Pedagogía de la Universidad Pedagógica Nacional e integrante del Grupo Representativo Institucional del Taller de Poesía Ulrika UPN-RELATA. Ha publicado en revistas y suplementos culturales universitarios. Su primer poemario se titula Todo se está quemando bajo la lluvia (El Taller Blanco Ediciones, Bogotá, 2020).

Cuatro poemas de Todo se está quemando bajo la lluvia



SÍMIL DEL HOMBRE

Despedirnos y sentir el peso de la existencia
como mi cara después de ser sumergida en la alberca.

Los hombres son muy parecidos
hacen el amor similar

tienden la cama regalan flores y gorjeos
a veces siento que me objetivan.

¿O seré yo quien ha puesto el precio?
En mi versión decir todos es injusto
He conocido uno finamente delgado
su rostro sabe a frío después del calor
hace el amor como un demonio vengándose de
cada odio en la miserable ciudad en que
hospedamos nuestros sueños;
eyacula, eyacula y eyacula es roto como yo
huye como yo.



EPITAFIO

Si el muerto pudiese hablar
Mencionaría el susurro inevitable de los vivos
Abrazaría tres o cuatro aromas
Respondería la última carta
Tendería la ropa.



RELATOS DE CLASE

Mi mamá
me dice que soy un hijueputa.
Mi papá
le da contra la pared hasta sacarle sangre
Dios me quita los ángeles si me porto mal
Cuando sea grande voy a estar afuera
en el dibujo puedes ver que estaré feliz

Me dijiste que pasarías el descanso conmigo
y mentiste



MONTAÑA RUSA

El lugar atestado de risas
Luces de la ciudad reunidas esta noche Flash
caras horribles son bellas en sus pantallas
La gente sube y baja de atracciones
No había más que vacío absoluto a metros del cielo
Y la empanada frente a mí lloraba por el silencio
La miré con compasión
La pobre no quería pasar de la garganta
Le dije por consuelo

Él no está callado
Todo hace mucho ruido.





miércoles, 25 de marzo de 2015

DIANA CAROLINA DAZA ASTUDILLO: Poesía Actual de Colombia


Diana Carolina Daza Astudillo. (Bogotá, Colombia 1980). Redactora creativa y promotora cultural. Textos suyos han sido publicados en revistas de creación literaria y suplementos de Colombia, Ecuador, Chile, Venezuela  y  México. Ha sido invitada a encuentros de creación literaria en Colombia, Venezuela y Ecuador. En el 2003 publicó con la colección AQUÍ ESTAMOS DECENA de la editorial Funcreta, el poemario “el abrazo de los días grises”, en el 2010 participó en la publicación colectiva: “Domingo, vendedor de globos” con el laboratorio de escritura de las Américas. Actualmente dirige el proyecto editorial independiente PIEDRA DE TOQUE. En el año 2013 editó el poemario el Nacimiento de la Gargolena con la colección estampillas poéticas y en el 2014 su poemario Los demonios y la lluvia fue editado por el proyecto Pirata Cartonera.


Selección por Gladys Mendía de Incendiario


Carta a Dacia Maraini:
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Tus noches de fin de año llegaron como el verbo que conjugaba el tiempo en el que viajábamos en casa. Fue difícil escapar  de  ese cuadro que pintaste con tus palabras, ese espacio blanco cubierto de agua rota y cuellos torcidos. Llegaste con tus noches de fin de año y tu dragón de oro, para recordarnos que estos  últimos  días  han sido un largo  y  sostenido gemido de dolor, una música que nos rompe los huesos. La música de mi madre y su cáncer, de mi madre y su colección de cajas de hidromorfona y dextrosa, mi madre, que ya no habla, ya no se mueve, ya no mira con amor. Mi madre, esa herida en la que todos hemos ido cayendo.
No nos queda más que acomodar la silla y esperar que un soplo de dios nos devuelva la tranquilidad. Nuevas noches de hospital vendrán.
Acostúmbrate,  que la vida es una constante enfermedad.






Carta a Alejandra Pizarnik
____________________________________________________________
Que si el hastió por un padre y una madre y una hermana condenados a los buenos modales. Que si demonio oculto bajo un rostro agrietado por la juventud o ángel incomprendido buscando la libertad en una habitación cubierta de sombras y fotografías. Que si Sartre o las anfetaminas, que si Sasha, Flora, Buma, Blumita o Blímile o todas juntas desangrándose en las páginas. Que si el silencio reclamando abrigo en una muerte anticipada, que si una cajetilla tras otras consumida a escondidas, que si Olga, Liz, Julio o Breton.
Que si  el reposo en un pecho de cuarenta o el  deseo ausente en una boca de veinte, que si el amor como naufrago o la soledad como gobierno. Que sí Alejandra, que sí, que como sea tu nombre encontró la eternidad. Retumba.
Que sí Alejandra, que sí, que por fin hallaste la calma en ese mundo que soñaste al otro lado de la vida. Que sí, que puedes estar tranquila, pues dejaste de ser esa pregunta, tartamuda, rebotando en un abismo.





Carta a Diane Arbus
____________________________________________________________

Llevo quince años acumulando la infertilidad de las palabras, no me lo estás preguntando, nadie me lo pregunta, pero este estado es miserable. Sin que mis palabras florezcan, insisto en escribir, solo una pesada capa de musgo se extiende sobre mis páginas, una capa que con tristeza veo cambiar de verde a gris, de gris a negro, veo morir cada idea, cada línea que las une. Mis palabras no han alcanzado a ser más que  leña verde, fetos de pájaros y tigres y cometas sumergidos en frascos con formol,  puestos sobre la repisa de los intentos fallidos.

He venido a  hablarte de la admiración que sentí al entrar en el cuarto oscuro donde revelaste la belleza de los personajes más horripilantes y terminé pareciéndome a uno de ellos, termine entregándote el retrato de una mujer mutilada por su propia mano, un animal asustado con la piel que le arrancó a su presa, una atracción de su propio circo. Quizá, algún día, alguien por accidente al ver tu nombre encabezando esta fotografía escrita, se acerque por curiosidad y como en un espejo encuentre el reflejo de su más grande miedo:
“el desprecio a sí mismo”.





Carta a Rilke:
___________________________________________________________
Tomo tu nombre entre mis manos como quien arrulla el nido donde crece el último gesto de la esperanza. Aspiro el humo de tus palabras que aún, después de tantos años, logran encender con la misma inocencia el fuego de la juventud.  Vuelvo a tus cartas como quien vuelve a la montaña donde siempre lo esperan, de donde nunca debió partir. Regreso a tu nombre para entender, que para el amor y la poesía, siempre seremos jóvenes.
Las guerras cambian de escenario pero la lucha sigue siendo la misma. El abismo que ofrece el calor de invernadero de los amantes, aún es esa ola que golpea, moja y sacude, para después lanzarnos a la orilla, como un zapato que pierde su par en el viaje. La soledad también es la misma, lo dijo Julio, “somos Islas, estamos solos”, lo dijo Paba, “tu casa será la soledad, allí aprenderás a amar”, lo dice el tiempo, lo dice la casa de los abuelos que quedó vacía.
Somos hijos del abandono, abrazamos cuerpos para luego abrazar el vacío. Volvemos a los amantes, como volvemos a las páginas en blanco, que esconden todo y  nada a la vez.  Volvemos a los moteles, como volvemos a los libros, buscando un poco de libertad o de infierno. Acercarse a un poema es como acercarse a un amante, algunos traen espinas, otros insomnio, sal, otros simplemente pasan mientras se consumen.
 Me miras con la firmeza de hace diez años atrás para hacerme la misma pregunta: ¿Quieres escribir? Y yo, que aún conservo esta torpeza suicida de querer siempre dar un salto al vacío sin paracaídas, tengo para contestarte una vez más, un honesto y profundo: “SI QUIERO”, agregando, que la poesía  y  el amor  son un mismo asunto. Juntos, son esa herida de la vida que canta mientras va buscando respuestas, ese conjuro que abra la rejas de la jaula, para por fin un día asistir a ese sueño recurrente de vivir un aguacero en Paris.











sábado, 24 de enero de 2015

FERNANDO VARGAS VALENCIA. Poesía Actual Colombiana


FERNANDO VARGAS VALENCIA (Bogotá, Colombia: 1984).  Abogado especialista en Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario de la Universidad Externado de Colombia. Estudios de sociología jurídica en el Instituto de Estudios Interdisciplinarios de dicha universidad. Magister en Sociología Aplicada de la Universidad Autónoma de Barcelona, España. Coordinador del Festival Internacional y Popular del Libro de Bogotá. Miembro del Grupo Poético Esperanza y Arena y de la Corporación Escafandra. Ganador de varios premios literarios entre los cuales se destaca la obtención del segundo lugar en el VII Concurso Nacional Universitario de Cuento Corto y Poesía de la Universidad Externado de Colombia, en la modalidad de poesía (2001).
Ha publicado los siguientes poemarios: El Espolio (Bogotá, Magia de la palabra: 2000), Cuentas del Alma (Bogotá, Magia de la Palabra: 2001), Silencio Transversal (Bogotá, Isla Negra: 2007), Épica de los Desheredados (Bogotá, Isla Negra: 2010), Canto Abacua (Bogotá, Universidad Nacional de Colombia: 2012), Apesadumbrado Fantasma: Antología poética (Bogotá, Caza de Libros: 2013) y Narcisismos Distantes (Guayaquil, El Quirófano Ediciones: 2013).  Igualmente, ha publicado el libro de ensayos La Realización Poética de la Justicia (Bogotá, Universidad Externado de Colombia: 2008).
En el campo de los Derechos Humanos, ha participado en varias publicaciones colectivas para la Procuraduría General de Nación y para la Comisión de Seguimiento a la Política Pública sobre Desplazamiento Forzado en Colombia, entre los años 2008 y 2012. Coautor de los libros Memoria y reparación: elementos para una justicia transicional pro víctima (Bogotá, Universidad Externado de Colombia: 2012) y Violencia, memoria y sociedad: debates y agendas en la Colombia actual  (Bogotá, Universidad Santo Tomás: 2013). Invitado especial en encuentros de escritores y simposios literarios en Colombia, Venezuela, Nicaragua, México, España, Ecuador y Cuba.
Igualmente se destaca su participación en las antologías internacionales de poesía: Tierra Común (Caracas, Ed. La Mancha: 2008), Tránsito de Fuego (Caracas, Casa de las Letras Andrés Bello: 2009), Poemas para suspirar un siglo (Veracruz, CONACULTA: 2010), Cajita de Música (Madrid, AEP: 2011), Me arde: Brevísima antología arbitraria Ecuador-Colombia (Lima, Paracaídas Editores: 2012) y Memorias del V Festival Internacional de Poesía “Ileana Espinel Cedeño” (Guayaquil, El Quirófano Ediciones: 2012), así como su participación como antólogo en Sólo la herida: veinte poetas jóvenes colombianos (Guayaquil, El Quirófano Ediciones: 2013).

De Postales desde ciudades insomnes





LASTRES DE LA RAMBLA

"Pienso en dónde guardaré los quioscos, los faroles, los transeúntes, que se me entran por las pupilas. Me siento tan lleno que tengo miedo de estallar... Necesitaría dejar algún lastre sobre la vereda..."
OLIVERIO GIRONDO

Las efímeras cárceles del recuerdo
ensombrecen el verdor de los paisajes
como un cielo torpe que no se deja amar por las nubes.
Ausencia de tambor y ásperos silencios
que se cuelan entre los dedos
como pájaros ciegos que atinan a latir entre las manos.
En la madrugada, los callejones son amargos
como el sabor de las efímeras miradas de las romerías;
como la marea reseca de este cielo atroz.
La memoria juega a revisitar los faroles y transeúntes
de otros territorios vedados:
dibujo el peligro de un callejón más allá de los mares
y soy el extranjero de las fronteras inauditas.
Las efímeras cárceles de la memoria
se dilatan para jugar a cierta libertad que hiere.
Quisiera ser el atizador de los relojes adulterados,
la mujer ciega que se desnuda en el Barrio Gótico
a la luz de una luna incandescente;
todos los pasos arrasados de la rambla,
a cambio del latir violáceo de las catedrales.
Las profundas ganas de correr sin rumbo alguno
se detienen en los labios,
como un cristal de sal que es uno solo con la sangre:
quisiera ser el barco que se pudre en la ensenada.
De tanto desear mis otros, no sé quién soy.
Sólo juego a dejarme habitar por las ausencias
y sólo un susurro me dice que ya he dejado
mis lastres en la vereda.





GEOMETRÍAS DEL VALLÈS OCCIDENTAL

Los cuerpos son irreductibles.
Sin embargo,
hubo que hacer notaciones
sobre los difíciles días de los purgatorios,
para hallar la imagen difusa de la cifra.
Nos jugamos la vida en el pequeño silencio
que antecede a las breves tempestades
y no somos más que el vacío
en el jardín euclidiano.
Las sombras son irreductibles
como la terquedad del movimiento
que a veces nos juega bromas,
haciendo pasar ondas por corpúsculos.
La luz es también un albur,
la encendemos e invocamos las sombras.
Son las sombras nuestros únicos amantes,
la confirmación de lo irreductible.
La notación del tiempo varía
con el primer tren que se despereza
en túneles orinados e inconclusos.
Es el aleteo de un pájaro ciego
la medida de nuestra eternidad.
Las miradas se buscan y se evaden
movidas por el mismo azar que presagia
la caída de una gota de sangre caliente
en la hoja de un libro
tan blanca como las paredes
de un viejo hospital en ruinas.
¿A dónde nos llevará la línea oblicua
del tren fantasma?
¿Qué quiere revelar el parpadeo de los ignorados
que se embriagan de imágenes
y miden las distancias en latidos?
Euclides no pretendió
lo irreductible de los purgatorios,
sin embargo, henos aquí:
cifras de lo inconcluso,
cuerpos sin sombra que se dejan multiplicar
por el cero infinito de las estaciones
como el último grito de una tempestad
que agoniza.





CANCIÓN DE DESPEDIDA DEL QUE NO SE VA

"Barrio que fue cuna de mi alma inmortal,
calle que fue mi esquina, siempre será"
RUBÉN BLADES

Tristeza del exiliado
al no recordar los círculos de las glorietas,
los callejones sin salida,
las paredes sin vacío.
Pobre del niño cuya memoria
tejió una mirada
en la Calle diecinueve con carrera Tercera,
esa misma esquina
donde los mendigos
ofrecían taxis a los enamorados
y yo te llevaba,
después de bailar
hasta el cansancio o el hastío,
a hacerte el amor
en las postrimerías
de la avenida primero de mayo,
entre las casas del barrio inmortal
donde aprendimos a caminar en círculos.
¿Es esta iconografía una ciudad inventada
por mi memoria de niño?
El aire que huele a chocolate
esparcido en la treceava avenida
y que se surte hacia tu casa,
como un juego de cartas sin apostador.
Los laberintos de La Candelaria,
donde en los rincones
más absurdos de una biblioteca,
fuiste todas las mujeres juntas.
Las vivas y las muertas.
Las felices y las infelices.
Las putas y las santas.
Las marchitas y las que no quieren
ser comparadas nunca con una flor.
El Parque Nacional y sus maíces rotos,
la discrepancia a orillas de la Calle 39,
entre mendigos y grietas en las paredes
que parecían bares
por su música trashumante
y sus sonidos de bolas de marfil
estrellándose contra la muerte.
La cueva de los exiliados 
en un edificio ebrio en lo más profundo de un jardín
que alguien llamó  Centro Nariño.
Las amplias caminatas
por la carrera séptima
cuando buscábamos
la cerveza propicia,
como un simulacro de cansancios,
pues en todo caso cualquier botella
podría beberse a cántaros.
Pero todo ello es una vana promesa
de lo que vendrá,
la insistencia en el retorno,
la búsqueda del alba en la boca de la noche,
lo que suponemos el futuro:
Un torpe recuerdo eterno.
Un hasta siempre.