jueves, 18 de septiembre de 2014

ELISEO VILLAFAÑE. Poesía Actual de Venezuela



Eliseo Villafañe (Barinas, Venezuela. 1996. )  Estudiante de Letras Mención Lengua y Literatura Venezolana e Hispanoamericana. Representó a Venezuela en el Encuentro de Poesía Internacional Juvenil en Francia. Dicta talleres de creación literaria. Es
fundador del Círculo de Jóvenes Poetas Barineses. 



Selección del autor.





LADIABLA55

Ella está
a un extremo de la iglesia
junto a su padre
machista latinoamericano
y su madre
machista latinoamericana

Yo estoy
en la puerta
mirando los adornos
donados por un país europeo
y oxidados

Mientras todos rezan y se agachan
Lloran y levantan sus manos en alabanza
Suena la batería y las congas en adoración
Y las hormigas se alborotan en las paredes

Yo apunto con mi cámara en su cara
Ella sonríe y me guiña el ojo
Luego saca de su bolsillo un celular
y se toma un selfie
con Cristo crucificado detrás

Cuando sus padres están distraídos
tomando la hostia y confesando sus pecados
me pasa un papelito arrugado con su nombre
perfumado con, adiviné rápido, perfume de oliva

Mis compañeros, crucifijo en el cuello
vírgenes,
reúnen dinero para ir al Vaticano
y ser aceptados por su círculo de amigos
dicen que no debo distraerme

Me arrodillo a rezar
pero entre mis manos tengo el teléfono
Ellos creen que estoy rezando
pero realmente estoy enviando
una solicitud de amistad
a LaDiabla55





CONQUISTAS

           1
Cuando conquistemos la luna
y esté llena de anuncios publicitarios
En sus edificios
Recordaremos en virutas de polvo
el antiguo devenir de la tierra
Sus bailes nos aniquilarán
En medio de la guerra con extraterrestres
quienes rebanarán la luna
con menor intensidad de cuando acabamos nuestro planeta
extrañaremos a Caín y Abel
De nada servirá decidir
el color de los ojos
de tu bebé.



              2

Cuando vaciemos la tierra
y emigremos como plaga a otros planetas
ya habremos enseñado a los perros a matar
y el robot dirá malas palabras
cuando nos enamoremos de los extraterrestres
y ellos solo se interesen en nosotros
por el simple deseo de descubrir
el agua tibia
nos iremos

Allá, en la luna de Júpiter
viven hombres de bien
La tierra es un museo
al que ya no van los niños
 Será  impenetrable refugio
Cuando el último hombre tire la última piedra





                                                  CUENTAS CLARAS

Bajo el mismo castillo en que desvirgaban princesas
Y mataron también a un montón de negros
No te iba a pedir matrimonio, mi vida.
Guardé tu ofrenda para otra ocasión

¿Imaginas la cantidad de ebrios
 vomitando el puente
 que recostamos con tanta frescura?
Gente de arapos malholientes
que lava su cuerpo en el río
buscando el putrefacto fondo

-Todos ellos con sangre tallaron
la madera que tu madre aclama-

No pediré tu mano si pasaron por aquí reyes bastardos
vestidos en con ropas ajenas
comiendo el crecimiento de otro pueblo
 justo cuando cuando detrás de la fiesta
en los calabozos mueren sin conocer otra luna.


Amor, casémonos en el bosque
donde murieron muchos más
pero por alguna razón.

      


APERTURA AL MUNDO ANIMAL

Ruge como leona vestida de humana
Entre las sábanas es lo mismo que en África

Yo puedo ser tu antílope, vaca, lo que quieras
Araña mi cuello no dejes nada para los cuervos

Tu sudor salta como una cascada del trópico
Y mi sudor cae en ti como gotas al besar la lava

Así se crean diamantes.

Nada de cuidar el mundo
Salta sobre este bosque de pinos encendidos
Con tu aliento convirtiéndolo en glaciares verdes
Quiero que te atrevas.





       BORREGO

Soy el borrego al que le das tomate
Y tomas fotografías
Me das con un látigo
pero yo como un imán te persigo
atraído por el olor a canela de tu blusa
Se me crispa la lana
como minerales brillantes
pero que me cortas de vez en cuando
Y no me gusta

Dejas en mí descubierto el pellejo
Agradezco eso porque a veces hace calor
Y se hace más fresco el barro
Y me acuesto toda la tarde pensando en tus jeans
Espero que vengas a llenar este pozo
Y no necesites más a esos humanos
Que usan como bate sus manos en tus muslos
Tú te sonrojas más que el color de tu blusa.
El cordero necesita el lobo, tú me haces falta

Es tanta que no debería estar escribiendo
Y debería estar haciendo cosas de borregos
Pastando y esas cosas.
Por favor, vuelve



  


DESCONEXIÓN

Apago ordenador
Apago celular
Apago tablets
Cierro redes sociales,
a cada segundo una  notificación nueva
Desconecto los anteojos por seguridad
Oculto el reloj bajo la almohada
No tenemos televisor,
pero ella se quita sus aretes medidores del clima

Nos desvestimos
e iluminamos la noche





  

martes, 16 de septiembre de 2014

Reseña sobre Lección Inaugural de Rafael Cadenas. Por José Antequera

Rafael Cadenas, Lección Inaugural, Mérida, Ediciones Actual, 2010, pp. 24.

por José Antequera
Venezuela

La obra y la vida de Rafael Cadenas se complementan en una línea de convergencia hacia la totalidad de ser como expresión, que busca su cauce en los géneros del discurso cultivados por el  poeta desde su juventud. La obra acompaña a  la vida desdibujando, un poco, las circunstancias vitales que nutren la experiencia escritural de Cadenas como poeta, ensayista, académico y universitario, y  ésta termina imponiéndose como trascendencia o transustanciación de esa vida en escritura. Tal sublimación es la que podríamos definir como una permanencia del ser en la palabra, su biografía es la de su vida en la escritura, sin más.

La Lección Inaugural que presenta Ediciones Actual, leída  en  mayo de 2010 por el poeta con motivo del homenaje que le brindara  el Núcleo Rafael Rangel de la ULA en Trujillo, como parte de las actividades inaugurales de la Cátedra Libre de la Lengua que lleva su nombre, vendría a ratificar lo dicho sobre esa alternancia entre vida y obra,  en virtud de que tal Lección resume de manera coherente, postulados existenciales fundamentales de su vida retratada no como biografía circunstancial y efímera, sino como vitalidad de la lengua en la cultura, en la conciencia de la lengua como habitad permanente de la humanidad.

Pensamiento, lengua y palabra escrita y hablada es la clave para comprender la arquitectura de la existencia del ser en la cultura. Y Cadenas advierte, en esa magistral lección que es su palabra –la obra que la respalda–, que

Los seres humanos hablamos mucho, pero a muy pocos les interesan las palabras. No hay curiosidad hacia el lenguaje, eso que nos ha creado, que manejamos durante toda la vida, o nos maneja en cierto modo, y que sostiene el mundo.  (…) Porque el idioma es el fundamento de la cultura, y el pueblo que la posea, como es difícilmente subyugable, está en condiciones de disfrutar en paz la normalidad que es extraordinaria (como dice Jorge Guillen). Habrá que romper muchas lanzas en defensa lenguaje, el más peligroso de los bienes según  Hölderlin, porque puede estar al servicio de lo verdadero o de lo falso. Su conocimiento nos permite detectar lo uno y lo otro. (pp. 14-15)

Si el fondo de todo discurso está sustentando en el pensamiento, la palabra que le da forma deviene en superficie luminosa y clara de la expresión, el contenido de esta forma expresiva de la lengua, entonces, tendrá un vínculo permanente, incesante, con ese fondo que le estará comunicando un sentido más directo, pero más oculto,a las palabras, revestido del color cotidiano que de ellas se desprende.  

Cuando Cadenas hace referencia a “lo verdadero o lo falso” está señalando justamente la diferencia que “nos permite detectar lo uno y lo otro”. La conciencia de esa diferencia es, en definitiva,la de saberse poseedor de un instrumento tan versátil capaz de revestir, ocultar, revelar o presentar el fondo de pensamiento que sostiene la comunicación. Tal es en esencia un acto de liberación luminosa que nos acerca a la realidad como fenómeno, a la posibilidad de conocer con la propia mediación que obstaculiza o aclara el panorama de sentido inmerso en todo acto de la palabra.

Partiendo de la necesidad de conocer el idioma, el poeta va más allá y señala el valor fundamental para transformar el estado cultural y político actual de Venezuela y el mundo: “Hoy lo revolucionario es conservar, ¿qué?, pues todo aquello indispensable: la tierra, el agua, el aire, el idioma, las instituciones, la democracia, la libertad, la convivencia, la pluralidad” (p. 15). Palabras clave para lograr comprender el problema en el que estamos inmersos: un problema de comprensión y de sentido que debe aflorar a la superficie de la conciencia si la aventura humana sobre la Tierra quiere continuar dejando su legado para las próximas generaciones.

Los textos que acompañan esta Lección Inaugural del maestro y poeta Rafael Cadenas, se incluyen como valiosos aportes críticos a cargo de Teresita Jiménez Flores, coordinadora de Comunicación Social del Núcleo Rafael Rangel de la Universidad de Los Andes, en la “Presentación”, y el discurso de Alfredo Angulo Rivas, decano de la Facultad de Humanidades y Educación de la misma universidad, titulado “Pasión por las palabras, atención al mundo”.





José Antequera Ortiz
Universidad de Los Andes, Mérida
Joseantequera7@hotmail.com





Nota: Esta reseña es producto del proyecto de catalogación crítica de la producción de Ediciones Actual, años 2008-2012, auspiciado por la Dirección General de Cultura y Extensión de la Universidad de Los Andes.






jueves, 4 de septiembre de 2014

Reseña del libro Bicha, de Federico Eisner. Por Miladis Hernández Acosta





Bicha: impronta para interactuar. 
Por Miladis Hernández Acosta



Bicha es, indudablemente un libro de divertimento poético, o mejor dicho, un poemario novedoso, escrito con mucha sagacidad semántica para que el lector contemporáneo no se aburra de las tan gastadas tendencias románticas y­/o neorrománticas que tanto han atropellado y lastrado los discursos actuales  de cuasi toda la literatura hispanoamericana que nos asiste.
 Los presupuestos de  Federico Eisner Sagués van encaminados a ofrecernos una poética burlesca, lúdica y simbólica para implicarse con la imagen que describe: Bicha o fetiche femenino corporizado y emblematizado: especie de ángel o demonio, deliquio sin igual para mostrarnos cuadros bien ambientados donde surte plenamente un yo sin prejuicio.
Sin parsimonia este autor ambienta las imágenes y propone una encarnada lucha con un animal envilecido, una bestia dura de roer, un reptil apocalíptico que se legitima como plétora o como vicio para defenderse en la arena de los gladiadores: hablamos de la vida y en ella sus retos. Hablamos de una batalla y en ella hay una –culebra- y sus posible –crías- como heterónimo de las desgracias.
En este ((exceso manifiesto)) el autor se autocomplace y se autodespacha replanteando un discurso estampado por la segmentación, el fraccionamiento, los tonos entrecortados para perpetrar un duelo donde el sujeto lírico transgrede los límites de su realidad y nos enrumba a esa desesperación latente que le causa obtener, amansar y apoderarse bajo el lastre de muchas tensiones y enfrentamientos a esa Bicha.
-Extremando- con el objeto seleccionado, Federico se conexiona con el mundo circundante y describe escenas aterradoras: escenas de doblez, de pérdidas de valores, de absurdos complejos vivenciales. Este poeta desea sintonizar con los fenómenos, recontextualizar un corpus de mucha imaginería donde su realidad busca símbolos comunes, focos cotidianos para revelarnos un holocausto.
 Los escenarios escogidos cambian constantemente,  sirven de puente para recodificar su interpretación del mundo, para hablar de la mentira, para desentrañar los males, proponer nuevos enunciados ante las chaturas y bajezas circundantes de nuestras sociedades globales.
Esta culebra lo mismo vive en los montes que en las ciudades, es paradigma de muchos conflictos; arquetipo de cuantiosos problemas tal como en su designen lo fue la serpiente del Génesis: la serpiente antigua que engaña, deshumaniza y por su engaño nos convierte en míseros mortales, y así Federico versa:

La bicha
la maldita
la ortiga
me tiene de los huevos
me trae a los tumbos
como un reflejo a medianoche
arde y quema por dentro
porque es mía y me consuela.

Y con esta dicotomía el poeta centraliza sus obsesiones; sin embargo hay mucho más que esa confusión, mucho más que la fluctuante anomalía que recorren estos versos: el referente es eslabón para mostrarnos episodios de amor, eventos de sempiternas emociones. Momentos de confinado lirismo que llegan a enternecernos porque para conmovernos y animarnos Federico Eisner también ha creado esta poética.

Esta mañana me despertó una culebra/ o quizás anoche
se escabulló entre mis piernas hasta abrazarme por la espalda
y estamparme sus escamas
                            vino como una niña asustada
                            a la cama de sus padres
desperté con lágrimas y era un susurro/ era su voz
                                                             que decía te extraño/

Con un lenguaje dúctil, diáfano, y cercano este autor se enuncia como un naufrago en el inframundo, hay en él una búsqueda constante de sentimientos comunes y de febriles ensoñaciones, y al mismo tiempo afán por exponernos  con mucha claridad la propia animalización del individuo contemporáneo;  las degradaciones y las dificultades  que, el propio hombre es capaz de generar. Considerables son los códigos que este poemario encierra, cada cual encontrará en las mutaciones y derroteros de la Bicha, en los facsimilares de su piel, en los encantamientos, en el veneno que propaga y en su metamorfosis: su propia historia.




Miladis Hernández Acosta.
Princesa de la poesía cubana.
22 de agosto, 2014. Guantánamo.

Bajo el polen de Leo.





Federico Eisner Sagüés (Montevideo, 1977). Radicado en Chile desde la infancia, es escritor, músico y químico. Fue editor de poesía por once años en Ediciones del Temple. Es parte del Movimiento Descentralización Poética. Ha participado en diversas bandas, y lo sigue haciendo. Ahora mantiene un proyecto musical Montevideo, Fotogramas Trío, y otro en Santiago junto a la poeta y cantautora Marcela Parra. Se interesa particularmente por la fusión de poesía y música, dando talleres, lecturas musicalizadas y participando en el Foro de Escritores de Chile. Es fundador junto a otros 3 poetas-músicos de la Orquesta de Poetas. Es autor de Pequeño compendio para un amigo (Ediciones del Temple, 1997) y Bicha(JCSáez Editor, 2008). Ha sido antologado en: 30 Jóvenes Poetas (Universidad de Playa Ancha, 2004), en el disco Poetas-Chile Siglo XXI, Vol. 7 (Rayentru, 2004); Lof Sitiado: Homenaje poético al pueblo Mapuche (Jaime Huenún comp., 2011); y en Me Usa, brevísima antología arbitraria Perú-Uruguay (Paracaídas Editores, 2012). Actualmente se encuentra preparando su primer libro de cuentos. Organizador del Festival de Poesía y Música llevado a cabo en Santiago de Chile en mayo de 2014. Es estudiante de la Maestría en Musicología en la Universidad de Chile.

martes, 2 de septiembre de 2014

ISAÍAS CAÑIZÁLEZ ÁNGEL. Poesía Actual Venezolana



Isaías Cañizález Ángel (Venezuela, 1973). Premio Nacional de Poesía Fernando Paz Castillo (2010). Premio Municipal de Poesía (Trujillo 2003). También es autor de Ceremonia de lo adversoLas buenas razonesCuaderno PalestinoLa Tierra & El Fuego y de Otoño en PekínCrónicas de otro viaje. Es Magíster en Estudios Culturales de la U-ARCIS de Santiago de Chile.

Selección por Gladys Mendía del libro Las buenas razones.





Alegoría de los pies descalzos

En cualquier alcantarilla late el desmedido propósito de convertir en cenizas, lo que la memoria sujeta con los dientes. Los grandes episodios de la barbarie fecundan el artificio de un evangelio, cuyos hallazgos no dan cuenta de milagros ni de resurrecciones. Los que alguna vez tuvimos el espinazo metido entre las costillas y le arrancamos, en pleno vuelo, un pedazo de  miseria a los zopilotes, no podemos mirar de reojo los incendios que celebran la alegoría de los pies descalzos. Los que mordimos el infame propósito del puñal, dispuesto a desgarrar vísceras, a pulir con su acero las entrañas y los abismos, no podemos detener la marcha y quedarnos a esperar el final de la tarde. Los que alguna vez dejamos los brazos abiertos, buscando el auxilio de un dios profano, todavía podemos inferir el amparo solemne de la Muerte y sus arrebatos.








Los dueños de la tierra

Nos sentamos frente a la tarde y vemos pasar a los dueños de la tierra. Ellos jamás levantan la mano ni pretenden algún gesto que les haga notar nuestra existencia. En medio de la sorna, balbuceamos ciertos desparpajos que jamás tendrán respuesta. Su mirada es una casa grande con ventanas infinitas y en sus camas, reposa la tranquila costumbre de ordenar los límites, de colocarle el nombre preciso a cada cosa. Ellos dicen: ¡norte! y los mapas obedecen. Calculan el valor de nuestros esfuerzos sin detenerse en decimales ni en heridas abiertas detrás de la espalda. Caminan despacio, sin remordimientos, tanteando el espesor de sus dominios. Pactaron tributos con un dios que solo sabe multiplicar su opulencia y alentar nuestras desgracias. Los dueños de la tierra se cobijan con el sudor de tantos siglos y no se reconocen en las miserias que nos habitan. Ellos son el laberinto donde nuestras manos se hacen ceniza y puñal: Ceniza para la insensatez y la desmemoria; Puñal para el acero que los ve pasar, sin bajar nunca la cabeza.







Arte profética


La poesía seguirá estando al margen de los grandes temas, y los poetas permanecerán escondidos bajo la piel de insignificantes correctores: esos duendes invisibles que noche a noche acicalan, las barbaridades anunciadas por los periódicos. Quien denuncie a un burócrata, por corrupción, irá preso con el consabido riesgo de que el partido lo considere un traidor. Los niños no preguntarán necedades: eso será tarea de los padres. Los curas no podrán casarse, pero fornicarán bajo el amparo de un Ave María multiorgásmico. El diezmo podrá pagarse en ciber cuotas. El Fondo Monetario Internacional aliviará las penas de los países más pobres: donará sillas de ruedas para simular la mutilación de piernas y brazos de aquellos que nunca han dejado de soñarse de pie y con los brazos abiertos al sol. Ya no tendremos tiempo para enamorar a nadie: iremos directo a la cama como demostración plena de una alegoría postmoderna. Los siete caballos del apocalípsis claudicarán frente a la perseverancia de los pecados capitales. El día del juicio final lo patrocinará el siempre eficiente banco del Vaticano. Los meros machos se apoderarán de las teorías feministas y las mujeres bostezarán ante largas vídeo conferencias, donde no podrán hacer preguntas capciosas. El Papa podrá renunciar para hacerse cargo de sus nietos. Después de tantas invasiones, los gringos serán un peligro solo para ellos mismos. Se matarán unos con  otros hasta que ya no quede piedra sobre piedra. El olor de la guayaba seguirá siendo el santo y seña de los exiliados. Entraremos a deslumbrantes museos para observar en tercera dimensión, los restos de aquellos pueblos que fueron aniquilados a plena luz del día. Artefactos insólitos evitarán que podamos caminar sin ser vistos, y extraviarse se convertirá en un privilegio de pocos. La Muerte, serena y tranquila, ya no tendrá que ocuparse de esos cuerpos corroídos por los años y mutilados por el despropósito de la infame acumulación. Antes de que el aliento final los arrope, sus pasos serán inútiles improperios en la niebla. Los libros permanecerán inermes a su destino y los marcarán, como antiguos esclavos, en esos nuevos campos de concentración llamados bibliotecas. Resguardados de cualquier lector peligroso, ocultarán las ideas que incendiaron los siglos más recientes. No habrá tiempo para la duda · y cualquier forma de la esperanza, la harán polvo los grandes consorcios de la fe. Dios seguirá bostezando mientras el mundo se cae a pedazos. Algún relámpago partirá el cielo en fragmentos inasibles y como un inesperado espectro, un descolorido profeta apuntará los desvaríos, que luego, generaciones más atrevidas invocarán como plegarias y blasfemias en un insólito grito de insensatez.


Todo lo demás, ya sucedió...




martes, 26 de agosto de 2014

ALEXANDER SOCOP ARANGO. Poesía Actual de Guatemala



Alexander Socop Arango (Quetzaltenango, Guatemala, 1988) Poeta, editor. Licenciado en comunicación y diseño gráfico. Estudiante de maestría en administración. Actualmente es organizador del Festival Internacional de Poesía con la Asociación Metáfora de Quetzaltenango. Ha publicado: «Temblores del silencio», Metáfora editores, 2012. Su obra aparece en la Memoria del IX Encuentro Internacional de Poetas «El turno del ofendido», El Salvador, 2012. En publicaciones de la Universidad de San Carlos de Guatemala, Universidad del Valle de Guatemala, y en diversas revistas electrónicas e impresas de varios países. Ha participado en encuentros y festivales de poesía en Centroamérica y México.


Selección del autor.



Siempre llueve dentro de uno

Por las orillas del día uno se desborda, se pelea con la risa y no se puede hacer más que buscar consuelo en el espacio negro que rodea las estrellas.
Madre, no quiero testigos, no quiero que pregunten: ¿Por qué todavía me lleva en sus ojos?
Es que no sirve esperar campanas detrás de mecanismos que crecen en las puertas y transforman la luz en añicos, de nada sirve contarle una historia al humo bajo un pedazo de trópico esperando que la  patrona de los altos se digne a salir de sus abismos y nos recuerde por qué nuestra amnesia le queda chica al mundo.
Madre, crecemos como ciudadanos de un laberinto, reventamos la vista contra un tren de vientos grises. Quiero mantener mis ojos abiertos sobre la pinada de papel, estas cosas no se guardan, nada nos pertenece, es castigo andar con las variantes del fraude, es castigo esta mezcla de bruma y miopía, este charco que aspira ser cielo. Nada es nuestro excepto las manchas del sol. En los nidos flota el crimen y la sal. Maciza soledad esta que nos forjamos con la mañana rosa de páramo.
Nosotros somos, madre; los que a trozos soñamos, los que ponen fin al viento en el acto del cansancio, la insistencia que no ayuda a ablandar la infancia. Somos lo que cuelga del desvanecimiento, el filamento doloroso que divide un pulgar, cadáveres de fogatas, buenos recuerdos que sirven de poco.





***
No volveré a posar mi sombra sobre esta ciudad.
No volveré a despedirme.
La paz es un delirio
que solo aparece
cuando te sacan los ojos.




De las palabras que son mar(i)posas [fragmento dos]

... No somos seres que sueñen. El mar tampoco nos soñó antes, pequeño ser. ¿Qué sueña el mar, pequeño ser? ¿Acaso sueña la noche, la voz profunda, la madriguera de los rayos? Soy un niño con escasas lluvias en los recuerdos, pequeño ser. Ellas no me mienten cuando les pregunto: quién es el más triste, el más solo, el que anda muerto en cada árbol de la calle. Pero a mí no me pregunten por qué me río mientras mi corazón intenta quedarse dormido, intenta clavarse como un rostro. Yo he andado sobre el mar y el mar ha cantado sobre mí con la fuerza de todos sus abismos, hasta el último vuelo de la última ala.

Padre, florecen los muertos, los ciegos, los sordos, los sin ganas de hacer y de quedarse.
Pequeño ser, sobre la oscuridad habita mi casa, un capricho geográfico que invento cada día brumoso. Las campanas pronuncian mi nombre y te veo sobre las paredes de la casa en el centro. Las calles nos llevarán a algún sitio, eso me prometiste el miércoles pasado. De mi pecho una bandada gime. No tienen idea, hablan a las paredes porque dios les dio la espalda. Tiemblan, acarrean suficiente ayer, temen salir de las tempestades, de estas estepas de calumnia y sol. A mí la vida me aprieta todos los dedos del pie.  Se nace prestado a la eternidad. Me entristezco a diario hasta que mis lágrimas se secan. Veo las parejas de enamorados, tan enamorados como yo nunca voy a estar, veo las luces de los carros tan brillantes como yo nunca brillaré, o al viento tan inalcanzable, tan allá lejos y yo con las manos sobre las rodillas, callando cada espera que de las ventanas sin cielo se desprenda. Observo con la sombra del canto las montañas que se llamarán tiempo, renuncia, soledad.

Dos catedrales barrocas crecen desde las fauces de la cólera, no hay humo en este vuelo. Uno no se enamora, uno se mata a suspiros. Soy una flor que estalla en miles de mares. Mis poemas no son míos, mis pensamientos no son míos; mi corazón es de animal muerto, mi corazón es un animal muerto. Temo sentarme a platicar con los cuerpos que caen sobre cualquier calle en cualquier infancia de Guatemala.  Se me acercan un gorrión y el sol guarda silencio, me he quedado con el corazón a los pies de todo, del sueño se me resbala la noche más trágica de mi madre: yo nazco, hoy no suenan las campanas. La casa dispone sus cuervos, sus globos de aire, cualquier ave que juegue a ser rama. Un gato sacude los huesos de la cena, no camino, adentro sufro una masacre. Sobre mis lágrimas crece tu árbol favorito, madre. No me sé encontrar en canciones alegres ni en niños que vuelan barriletes ni en los pasos que encaminan a sitios secretos de amor...

...Sé que un día moriré al borde de esta patria que no llega
moriré de ausencia, olvido o sobredosis
o de cualquier otro mal de que mueren los perros, los gatos y los fantasmas





***
Tomo de los periódicos fotografías para pegarte un rostro
diré que mi madre estaba hecha de todas las caras tristes
que mi mundo pierde unos gramos
que luna es nombre de gata ciega
y vivir ya de por sí es un exceso





Cuando el alma se hace más profunda es más difícil llenarla

Todo esto es como habitar el vacío que se agranda
a medida que intentamos ocuparlo
de lugar tibio y hierba fresca, quizá flores

en donde acaba el sonido
la conciencia no existe para quienes mendigamos palabras
pero a nadie le importa una mierda

Mirá:
qué tristes somos
qué tristes estamos.
La tristeza es condición permanente
confiamos en el dolor
(que no ha sido completamente nuestro dolor)
El desierto blanco sigue creciendo
somos bebés con siete agujas en el cuerpo
y a nadie le importa una mierda
La memoria tampoco existe
somos un espacio vacío
sobre el cual
las patas de algún enorme y verdadero monstruo se apoyan






domingo, 24 de agosto de 2014

XIMENA RIVERA. Poesía Chilena



XIMENA RIVERA (Viña del Mar, 1959-Valparaíso 2013). Sus libros: Delirios o el gesto de comprender (2001), Una noche sucede en el paisaje (2006), Puente de Madera (junto a 13 poetas jóvenes, 2010) y Poema de agua (2011). Parte de su trabajo se encuentra recopilado en revistas y en las recopilaciones Antología de la locura, de Miguel Edwards, en1994; Revista Libertad 250, nro.3, de Ennio Moltedo Guio, en 1995, quien también la antologa ese mismo año en Valparaíso, versos en la calle y, al año siguiente, en Breviario de las poetisas del litoral; Valparaíso, versos en la calle, de Juan Cameron, en 1998; Historia de la poesía en Valparaíso, de Alfonso Larrahona, en 1999, Recital Poetas en la Ciudad, de Arturo Morales, en 2002, y en Poéticas de Chile, de Gonzalo Contreras, en 2007.

Selección de Gladys Mendía del libro Puente de Medera (2010)


2

  

Sabes que debo escribir
Y someterme a las leyes
Instructivas del lenguaje

La cosedura del entramado
Se notará siempre
Pero quisiera omitir aquí tu voz
Y esa discreta tendencia
Ese sarcasmo vagamente higiénico al cual recurrimos
Con esa establecida finalidad que sólo hoy empezamos a valorar

Me defines como una predadora
Esta vez no te concederé la razón
Porque la dificultad para esto radica
En las toallas calientes que soportan mis brazos
Y en esas toallas heladas que soporta mi frente

(Por otra parte sabemos
Que las definiciones toman vida propia)

Por eso mi pelo cae sobre tu frente
Y no hago ningún esfuerzo
Para que este instante sea distinto de lo que es

Ahora bien
La joven estudiante
Inquietamente ve delante de sus ojos
Un número determinado de vivencias
Un número calculado de vivencias para su estabilidad
Y disponible para sus sentidos

Esto no lo sabe ella
Pero es extremadamente claro
No hay ambigüedad
No hay elección

Pero si repican los relojes con indolencia
O incluso bajo influencias frías
Reagrupamos esos acontecimientos
Es probable que lo irreparable
Continuamente aplastado
Salte delante de nosotros
Con esa necesidad que tiene de imprecarnos con dureza
El porque arrastramos
A ese que cumplirá con todos nuestros recuerdos después

Te ríes desafiando este acontecimiento
Te ríes de mí frente a estas construcciones
Te ríes de mis artificios
Te ríes de ese coche fúnebre de mi sueño

Pero mendiga sólo de ti puedo esperar algo
Puedo esperar descender rápidamente por una ladera de la ciudad
O puedo hacer creer en esta pantomima
Que puedo concederte un grado de seguridad tal en esta farsa
Que amortigüe el miedo que sientes como una imperfección

Además tú sabes muy bien
Que si omití nuestros vicios
O no dejé que se vieran
Fue porque quise comportarme
Como la más alta clerecía

Pero forcé el poema mendiga para quitarte algo
Algo que me calme esta lógica
Que me llama a seguir con estos supuestos de siempre
En esta noche tórrida de verano







9

  

Tú eres el señor de la casa
Tú eres el señor de tu cuerpo
Estás en él esperándome y de una manera diferente
Cada día en la puerta me acoges

Tú eres el señor de tu casa y de tu cuerpo
Y nada se oculta ni se acalla ante ti
Pero el padecimiento viene cuando a veces no estás
Y el señor que hay en ti se exilia
Y es otro el que me abre la puerta de una casa que no es suya totalmente

Tu cuerpo está en exilio
Estás lejano
Pero rara vez se expone con franqueza esta lejanía
Mi corazón y mi alma ya no saben percibir ni ver
A ese señor que un día me esperara en el umbral

Te nombro y me escucho nombrarte
Pero tu nombre se ha ocultado en la casa
Se ha recogido en un cuerpo
Y de esta manera resulta que todo lo que eres
Está en la habitación esperando que llegue
El verdadero señor de la casa
Para que ame a ese señor recogido en sí mismo
Para que así el cubra su rostro con las manos
Y reconozca mejor su amor por mí
Porque sabe que en esa habitación
Cuerpo y casa acogen de una manera univoca
De una manera simple

Ahora bien
El poema vuelve al orden de la casa
Y sólo ahora es donde queda establecido en todo su rigor
La necesidad física para que aquello que no es físico
Se infiltre en el ámbito de lo que no es
Claro que con reservas
Ya que tu casa y tu cuerpo me obligan a participar de su significado
Y esto debido a su exagerada complejidad
Es todo el ser por todas partes







Selección por Gladys Mendía del libro inédito  CASA DE REPOSO (2013)




CASA DE REPOSO


I

Los dolores se suceden y se repiten  en Pompeya con una monotonía abisal.
Te diré que llegar aquí es difícil, hay una suerte de tiranía en el acceso. No sé cómo lo hice, las coordenadas cardinales y geográficas no las sé, pero sé el camino, cómo me conduje aquí.
Llegas a una especie de avenida, y a la gente de ese lugar le fluye algo por los ojos que no logro definir.
Lo que fluye no es una luz blanca, ni fluye un alma fuera en esos ojos: si al menos fuera un esbozo de sonrisa, no me daría ahora escalofríos el pasto que se quema en los inviernos, aquí.
La verdad de lo que fluye en este lugar es más bien la imagen de una boca, una boca desdentada que te besa, te da terror y te sostiene.


                                                        ***
¿Por qué los ancianos y los enfermos son una carga hoy para nosotros? Algo que no nos interesa, que no es asunto nuestro.
Los niños son también una dificultad, pero de otra factura, ya que sabemos que son la carne fresca que llevará nuestro pasado marcado a fuego en la memoria.
No sé cómo llegamos a esto, pero un poeta comentaba que no sabía de dónde venía la tristeza, y le preguntaba a un dios natural por ella.
Para mí la tristeza viene de Pompeya, y es una tristeza indiferente, como un amante estático con un cuerpo inerte y una sonrisa sub urbana.


***
La casa es de madera, es más bien una hilera de medias aguas en un sitio rodeado de palos con enredaderas que ficcionan una reja. El dinero es importante aquí, lo percibo por sus necesidades, y la gente me parece buena.
En el umbral de la pequeña sala no sé si sigo viva, nadie me contiene en su memoria, por lo cual hago un trato ventajoso –y por otra parte, el pacto lo hago con mi corazón y  mi memoria.
Un detalle perturbador: ellos creían que iba a dejar ahí a alguien enfermo o anciano de mi familia. Luego, reflexioné que ni siquiera a mi padre dejaría en este lugar, ya que busqué el último rincón en el que yo podría quedarme.
Y me di cuenta que la casa de reposo, literalmente, es una barraca militar en el vacío: horarios, deberes, esperas y abusos.
Ya me busqué un lugar que representara una madre maligna, una madre abusadora desde el primer día, para poder vivir.
¿Lo crees?
Luego, en mis noches de insomnio, crecía y crecía la percepción de que había un dios en aquella casa, que me seducía pobremente a pasar ese umbral.
No pretendo que este escrito te guste, pero en esta casa, te guste o no, se anuda Chile y nuestro destino –con su dios feo, ese dios de tantos chilenos–, que me grita en este instante: «entra, te quedarás».


***
En esta casa hay algo simétrico, algo pendular: si te mueves un poco hacia la izquierda, alguien se mueve a la derecha.
Es algo inconsciente, sabes, casi un reflejo. Somos enfermos, claro: estamos imposibilitados de recordar nuestro origen con claridad, y lo que queda como residuo es dejarse llevar por este espacio, y de múltiples maneras cumplir con los horarios.
Yo, por mi parte, tengo la noción de que recordando tendré un poco de sanía, pero recordar siempre ha sido decir la verdad, y no creo que seamos capaces de nombrarla. Si tan sólo esta gente, estos extraños cantaran, pero no, sólo miramos el vacío.
Si sólo existiera aquí un pasajero que trajera un vislumbre, un recuerdo vivo a este lugar, habría esperanza, pero no.
Sólo tenemos aquí la parodia del amor, la parodia de ese caos tan deseado, de esa angustia feliz, como un universo en su plenitud, que nos lleva a un frenesí anclado a un orden.
Pero basta, basta de todo esto. Estoy lejos de toda armonía, de toda serenidad aquí en Pompeya. Siempre vuelvo los ojos en torno mío, y he sentido ahora una monstruosa, una indescifrable apariencia, rodeada, sitiada por otras apariencias, tan incomprensibles: todo tan feroz, tan desgraciado, quizá como yo misma.




III

A la manera de AntoninArtaud, soy una imbécil, porque mi pensamiento es estrecho y corto: mi pensamiento no sucede. Acá hay horarios de visita. Se rompe la monotonía, pero en la casa no sabemos si esta ruptura es algo positivo o negativo. Por ejemplo, me visitan chicos de alguna comunidad cristiana que sólo tienen una imposición de venir, por compasión a la casa de reposo. Pero yo entrego una imposición con respecto a mi pensamiento, por lo cual, sólo alcanzan a ver una especie de espejismo. Y frente a eso, se ponen a pensar en esta imposición, como si todo esto significara la señal de una experiencia privilegiada aquí.
Mi yo se desgaja como un panecillo en la mesa donde ellos comen. ¿Habrán pensado alguna vez por qué no bebo agua en esta mesa?
No estoy triste, no se confundan: yo soy una imbécil y lama fama me encarcela.
Pero pasa que ustedes perciben no sé qué debilidad, no sé qué amorfía en esta aseveración. Debilidad mi ansia de concordancia, mi hipócrita necesidad de ustedes, cuando les represento la angustia y corro a pedirles piedad por las calles.
Por supuesto, ustedes se conocen a sí mismos, claro. Pero yo velo lo que hacen. Es más, todos acá vemos muy bien lo que hacen. Les pregunto, entonces: ¿es que así se acaba la poesía, el lenguaje, los diálogos?
Por otro lado, ellos observan mi cuerpo, mi ajado cuerpo, miran mis ojos, piensan en mí.
¿Piensan en mí? ¿En mí?
Y creen que éste es su privilegio.
Se apropian del privilegio como lo haría un sacerdote o un zapatero. Yo, que hablaba de zapatos frente a ellos, para que ocuparan la palabra privilegio como una prostituta o una verdulera que diera un juicio sobre la realidad, ya que ellos ocupan todo su quehacer verbal para no salir nunca del círculo del verbo.
En esto percibo una sombría sombra que avanza. Me agobian, tanto como yo los agobio a ellos.
Pero me pregunto: ¿qué ven cuando me ven?
¿Ven acaso el desequilibrio, este aplanamiento, estas ausencias, este hundimiento en la realidad? Me pregunto:
¿Qué ven cuando me ven?