miércoles, 7 de enero de 2026

Sobre El desierto que cruzamos de Victoria Benarroch. Por Salvador Medina Barahona.

 



Sobre El desierto que cruzamos de Victoria Benarroch

Por Salvador Medina Barahona


En El desierto que cruzamos (LP 5 Editora, 2025) Victoria Benarroch se aboca y nos aboca, en fondo y forma, al misterio, parcialmente iluminado, aquí y allá, con arreglo al decir esencial, a la elipsis, a lo no pocas veces cifrado o elusivo. 


Impresiona que en su brevedad pueda ofrecernos una cierta diversidad de temas que van desde los rigores ontológicos de su particularísima experiencia vital, pasando por los dolores del desarraigo, hasta un eros con múltiples aristas y matices, en el que prosperan no solo las vinculaciones con atributos sensuales y carnales, sino las de carácter místico. 


Sus versos parecen haber sido esculpidos (revelados) con un cincel que no dejara luz para lo decorativo y demandara de nosotros una mirada directa sobre la carne magra del poema: la sustancia del deseo o del dolor. Aunque, casi sin hacérnoslo ver, Benarroch no escatima en recursos estilísticos que potencian una suma de brevedades expansivas: el oxímoron, la paradoja, la sinestesia, la aliteración de corto aliento...; lo que genera un complejo balance entre la economía del verso y la abundancia de sus repercusiones. 


En esta nueva propuesta la poeta del silencio establece puentes de comunicación muy bien apuntalados y erisados de sombras cuyo blindaje habremos de ir decodificando por insistencia —¡una sola lectura no basta!—; con lo que se nos permita atisbar el paso, verificar el cruce de un extremo al otro de cada estructura, ahora con plena sensación de logro, más tarde como si apenas hubiéramos podido conseguirlo, a rastras por el asfalto caliente. O por la arena caliente del desierto, para seguir la alegoría de la autora.


Benarroch, como en trabajos previos, se permite muy pocas denotaciones; pero tampoco la vemos resolverse a ultranza en connotaciones múltiples ni en excesos metafóricos. El suyo es un lenguaje «natural» después de la forja, y antes bien parece contener sus verdades definitivas y, por ello, ocultas bajo los pliegues transparentes de la veladura. Percibir los contornos de una verdad, lo sabe, puede ser llevadero; mirarla directamente a los ojos, enceguecedor. 


En ese sentido, la suya es, en El desierto que cruzamos, una poesía poco complaciente, que rehuye los facilismos de la claridad, sin, por otra parte, caer en la esterilidad de los encriptamientos. Permite el diálogo, bajo la condición de que quien lea/dialogue se desautomatice, participando de cierto nivel de extrañamiento en el que las cosas cotidianas, por poco que asomen, sean vistas como por primera vez.


La energía del texto estructurado a fractales viene de muy lejos, de un antes ancestral, si se quiere; de un código genético que se manifiesta en Benarroch en un contrapunto de placer y nostalgia. De allá lejos procede el misterio, y el mandato de expresarlo como su naturaleza lo pide, y la contingencia de aligerar su carga trayendo su luz solo por partes. Con el bálsamo de la contención y la sabiduría del silencio.





Salvador Medina Barahona (Panamá, 1973) es un poeta, ensayista, profesor de escritura,  editor y crítico literario panameño, autor de siete libros de poesía y ganador de varios galardones literarios, entre los que figuran el Premio Centroamericano de Literatura Rogelio Sinán, y el Premio de Poesía Stella Sierra, en el año 2000.


martes, 6 de enero de 2026

POMPEYO PÉREZ DÍAZ: Poesía Actual de España

 


Pompeyo Pérez Díaz nació en Santa Cruz de Tenerife (España). Músico de sólida formación, es guitarrista y profesor del área de Musicología en la Universidad de La Laguna. Como intérprete se especializa tanto en música contemporánea, habiendo estrenado obras que le han sido dedicadas por varios autores, como en repertorio del siglo XIX interpretado con instrumentos históricos. Años atrás tocó el bajo en un grupo pospunk. Ha publicado libros, artículos de investigación y ensayos de marco académico. En dicho ámbito obtuvo el Premio Nacional de Investigación y Estudios Musicológicos de la Sociedad Española de Musicología con Dionisio Aguado y la guitarra clásico-romántica, libro basado en su tesis doctoral. También es Licenciado en Psicología, con un máster en Terapia de Conducta.

Su acercamiento a la poesía fue muy temprano. Obtuvo algunos premios que generaron publicaciones (entre los que aprecia el Félix Francisco Casanova para jóvenes autores y el Ciudad de La Laguna), y asimismo colaboró con pequeñas revistas literarias y fanzines de corte underground. De cualquier modo, prefiere olvidar esa producción poética juvenil y remitirse únicamente a la versión revisada de Terciopelo y Fascinación (Libros del Luthier, Madrid, 2014), Las Presencias (Hontanar, León, 2017), Variaciones serias (Devenir Editorial, Madrid, 2022) y El tiempo habitado (El Taller Blanco, Cali-Colombia, 2025). Es autor de relatos y guiones de cortometrajes, así como de decenas de textos culturales en prensa, firmados con su nombre o con el de alguno de sus tres heterónimos. En la actualidad escribe dos nuevos libros, uno de poemas y otro de prosa.

Selección de poemas de Gladys Mendía.


EL OLOR DE LA COMPOTA DE MANZANA CON CANELA

Almost Blue

Elvis Costello


Me lo dijiste una vez

el olor de la compota de manzana

con canela

es una razón para vivir

y al verte 

con uno de esos camisones

blancos   que usas  

como de otra época 

(aunque cortos)

en mi cocina de pared roja

preparando el café

al observarte   allí inmóvil

bailarina de Degas

descalza preparando 

el café en camisón

pensé que ese instante

el tiempo detenido

era como el olor de la compota

de manzana con canela

y te robé una foto

te volviste

posando para otra   sonriente

posición de reposo

y ahora echo de menos

las distintas formas

de tu risa incontenible

que nos hace sentir seres

inmortales el modo en que miras

a tu alrededor la singular

delicadeza de tu pensamiento

tu extravagante manera de hablar

y (tal vez) me inquieta aceptar

que todo cuanto extraño

sea (solamente)

casi tú


y me dijiste una vez

cuánto te gustaba recorrer

con un dedo

cada rincón de mi torso

para ti un perfecto

triángulo invertido

mi forma de andar inconfundible

aguardar con paciente

ternura a que expusiera

alguna de mis ideas absurdas

sobre lo bello y lo efímero

y no puedo olvidar

cómo intuiste   adivinaste

desde el principio   mi sentido

del humor extraño

(lo llamo humor oblicuo)

mi extravagante manera de hablar

todo cuanto crees desear

tanto y que   tal vez

sea (solamente)

casi yo


pero escribimos   nuestros nombres

con tu lápiz de labios 

en el libro de visitas 

del Museo de Montmartre

y caminamos

entre las flores lascivas

que imaginó

Robert Mapplethorpe

nos reflejamos en decenas

de cristales   de espejos

bebimos grog y vinos de Borgoña

corrimos hacia aquella crêperie 

bajo una tormenta

y ahora inventamos   susurramos

una transición dulce

hacia la nada


recuérdame 


SUAVEMENTE LAS LÍNEAS VIBRAN COMO LOS CARTELES


suavemente las líneas vibran como los carteles

sacudidos de viento en callejones sucios

las líneas de tardes girando en la habitación

o agazapado bajo melodías sinuosas

desentrañando misterios en las páginas

suavemente la amarga acidez del hastío

buscando huidas en carreteras solitarias

una radio en la gasolinera polvorienta

paisajes repetidos para sueños de autopista

en la desierta vigilia urbana faroles y pintadas

y el tedio en las lujosas danzas y en las citas

en algún desván tal vez mi imagen


PARA TODA LA VIDA


Qué absurda memoria recreándose

entre irreales sombras que se estiran

qué oscuro silencio qué inmóvil todo

sólo momentos recuerdos de una calle

las solitarias horas los versos

los desgarrados sorbos de las copas

los delicados besos

qué extrañas cadencias inquietándome

qué invierno qué inmenso temblor de raso

figurando oleadas del malva al negro

qué olor morboso el de aquellos pétalos



y es el frío de los cristales rotos

la indolente luz en las aceras

el efímero descanso de los sueños

la creación amarga

qué heladas aristas brillando ahora

qué abandonado eco tu recuerdo

y el olor de la pintura aquel mes de lluvias

la suavidad de tus piernas y tus sábanas

el color de bronce de los viejos relatos

qué indiferente horror el de mis pasos

sólo sonidos miradas o palabras

como un espejo roto

para toda la vida