Pompeyo Pérez Díaz nació en Santa Cruz de Tenerife (España). Músico de sólida formación, es guitarrista y profesor del área de Musicología en la Universidad de La Laguna. Como intérprete se especializa tanto en música contemporánea, habiendo estrenado obras que le han sido dedicadas por varios autores, como en repertorio del siglo XIX interpretado con instrumentos históricos. Años atrás tocó el bajo en un grupo pospunk. Ha publicado libros, artículos de investigación y ensayos de marco académico. En dicho ámbito obtuvo el Premio Nacional de Investigación y Estudios Musicológicos de la Sociedad Española de Musicología con Dionisio Aguado y la guitarra clásico-romántica, libro basado en su tesis doctoral. También es Licenciado en Psicología, con un máster en Terapia de Conducta.
Su acercamiento a la poesía fue muy temprano. Obtuvo algunos premios que generaron publicaciones (entre los que aprecia el Félix Francisco Casanova para jóvenes autores y el Ciudad de La Laguna), y asimismo colaboró con pequeñas revistas literarias y fanzines de corte underground. De cualquier modo, prefiere olvidar esa producción poética juvenil y remitirse únicamente a la versión revisada de Terciopelo y Fascinación (Libros del Luthier, Madrid, 2014), Las Presencias (Hontanar, León, 2017), Variaciones serias (Devenir Editorial, Madrid, 2022) y El tiempo habitado (El Taller Blanco, Cali-Colombia, 2025). Es autor de relatos y guiones de cortometrajes, así como de decenas de textos culturales en prensa, firmados con su nombre o con el de alguno de sus tres heterónimos. En la actualidad escribe dos nuevos libros, uno de poemas y otro de prosa.
Selección de poemas de Gladys Mendía.
EL OLOR DE LA COMPOTA DE MANZANA CON CANELA
Almost Blue
Elvis Costello
Me lo dijiste una vez
el olor de la compota de manzana
con canela
es una razón para vivir
y al verte
con uno de esos camisones
blancos que usas
como de otra época
(aunque cortos)
en mi cocina de pared roja
preparando el café
al observarte allí inmóvil
bailarina de Degas
descalza preparando
el café en camisón
pensé que ese instante
el tiempo detenido
era como el olor de la compota
de manzana con canela
y te robé una foto
te volviste
posando para otra sonriente
posición de reposo
y ahora echo de menos
las distintas formas
de tu risa incontenible
que nos hace sentir seres
inmortales el modo en que miras
a tu alrededor la singular
delicadeza de tu pensamiento
tu extravagante manera de hablar
y (tal vez) me inquieta aceptar
que todo cuanto extraño
sea (solamente)
casi tú
y me dijiste una vez
cuánto te gustaba recorrer
con un dedo
cada rincón de mi torso
para ti un perfecto
triángulo invertido
mi forma de andar inconfundible
aguardar con paciente
ternura a que expusiera
alguna de mis ideas absurdas
sobre lo bello y lo efímero
y no puedo olvidar
cómo intuiste adivinaste
desde el principio mi sentido
del humor extraño
(lo llamo humor oblicuo)
mi extravagante manera de hablar
todo cuanto crees desear
tanto y que tal vez
sea (solamente)
casi yo
pero escribimos nuestros nombres
con tu lápiz de labios
en el libro de visitas
del Museo de Montmartre
y caminamos
entre las flores lascivas
que imaginó
Robert Mapplethorpe
nos reflejamos en decenas
de cristales de espejos
bebimos grog y vinos de Borgoña
corrimos hacia aquella crêperie
bajo una tormenta
y ahora inventamos susurramos
una transición dulce
hacia la nada
recuérdame
SUAVEMENTE LAS LÍNEAS VIBRAN COMO LOS CARTELES
suavemente las líneas vibran como los carteles
sacudidos de viento en callejones sucios
las líneas de tardes girando en la habitación
o agazapado bajo melodías sinuosas
desentrañando misterios en las páginas
suavemente la amarga acidez del hastío
buscando huidas en carreteras solitarias
una radio en la gasolinera polvorienta
paisajes repetidos para sueños de autopista
en la desierta vigilia urbana faroles y pintadas
y el tedio en las lujosas danzas y en las citas
en algún desván tal vez mi imagen
PARA TODA LA VIDA
Qué absurda memoria recreándose
entre irreales sombras que se estiran
qué oscuro silencio qué inmóvil todo
sólo momentos recuerdos de una calle
las solitarias horas los versos
los desgarrados sorbos de las copas
los delicados besos
qué extrañas cadencias inquietándome
qué invierno qué inmenso temblor de raso
figurando oleadas del malva al negro
qué olor morboso el de aquellos pétalos
y es el frío de los cristales rotos
la indolente luz en las aceras
el efímero descanso de los sueños
la creación amarga
qué heladas aristas brillando ahora
qué abandonado eco tu recuerdo
y el olor de la pintura aquel mes de lluvias
la suavidad de tus piernas y tus sábanas
el color de bronce de los viejos relatos
qué indiferente horror el de mis pasos
sólo sonidos miradas o palabras
como un espejo roto
para toda la vida

No hay comentarios:
Publicar un comentario