martes, 10 de marzo de 2026

Giuliana Donzello (Italia) traducida por Mariela Cordero (Venezuela)

 


Giuliana Donzello nació en 1949 en Venecia, ciudad donde se licenció en Letras con orientación artística para luego especializarse en la Universidad de Florencia. A lo largo de su carrera como docente e investigadora, ha colaborado con el Departamento de Historia y Crítica de las Artes Contemporáneas de la Universidad de Venecia, el Sector de Artes Visuales de la Bienal y diversas revistas especializadas. Asimismo, ha coordinado proyectos formativos para el MIUR y la Universidad de Venecia, destacándose como ponente en congresos europeos sobre lenguajes analógicos e inclusión. Desde 2008 se dedica a la escritura creativa, iniciando su camino literario con Il serbatorio dei sentimenti (Roma, 2010). Entre sus publicaciones más relevantes figuran Il vento di Tampere, obra clave en el congreso sobre integración de la Comisión Europea en 2008; La stagione delle cicale; Fiori di sale y Scritti d’Arte, esta última galardonada con el Premio Internacional Cumani 2017. Su producción también incluye ensayos y obras de gran calado histórico como L’Ostatismo ultima impronta del Novecento (Premio Escritores por Europa 2017) y Arte, istituzione e potere. La Biennale di Venezia 1895-1942. En el ámbito poético, sus antologías Crisalidi, Topografie di memorie e Il silenzio delle cetre —esta última presentada al prestigioso Premio Strega— han recibido amplios reconocimientos internacionales, siendo traducidas a idiomas como el inglés, árabe, polaco y español. La relevancia de su obra se ha consolidado con distinciones recientes como el Premio Margherita Hack 2024, el Premio Jacopo Da Ponte 2024 y el Premio Spoleto por Topografie di memorie. Finalmente, su trayectoria ha sido celebrada con altos honores como el Premio Bienal de Milán, el Premio Miami y el Premio Oscar Wilde a la carrera por su estudio sobre la Poética de la materia.


Traducción al español por Mariela Cordero


Collares de hierba


Bajo este espejo de luna,

se adorna de presencias la luz

en el instante quieto del tiempo;

eleva mis brazos el viento,

alas de pájaro en vuelo al atardecer.


Volveré con ellos a esta orilla

donde el corazón de mil mujeres ha llorado,

atado por invisibles collares de hierba.

Y tú, viento grato, devuélveme a ellos.

Que canten los árboles y las aguas

sus cristales de lágrimas vertidas.


Se anunciará sereno el día,

atenuará los destellos de las lunas diamantadas

sobre un prado que ya de verde centellea.

No tendrá mejor espacio para habitar

que la voz de los muchachos dedicada al canto,

y la mía, tan lenta y pausada,

que para ellos ha despertado la cítara.


Los sobrevivientes


Hemos sido veteranos de días fusilados

con las balas de las restricciones.

Heridos en el campo de las soledades,

han purgado sangre nuestros pensamientos,

han volado en el aire húmedo las sonrisas,

plumas de oca con las que hemos escrito

el más allá de las páginas de nuestro libro:

vidas de fatigas, las nuestras, y de incomparables

emociones que han entrelazado 

mi mañana con el tuyo.


Hemos sobrevivido a las batallas

de un tiempo que se ha disuelto

en las nubes de humo de altas chimeneas.

Nosotros, constructores de un nuevo fondo

sobre el que hoy desbordas de colores,

mi sol alto que me imanta:

la escena es variada, profunda,

sobre la esfera de un blando reloj,

esculpida,

para que sean otros quienes lean en el libro

el final de nuestra vida.


La clepsidra


Mis versos son palabras

que maduran en una copa

para hacerme sentir parte

de la luz de un ocaso,

de un rosa de alba que abre

mi despertar al día.

Y en fronda me convierto de árbol,

custodio de un nido cantarín,

gozo del corazón y de la vida calor.


Lamento no guardo por las estaciones

perdidas, y aquellas que no son,

por las lluvias que no llegan,

por los aguaceros repentinos.

Desde siempre busco un lugar en el que he estado

y que se me ha quedado dentro,

pero ningún lugar me pertenece

de presagio o ternura transmutada:

el deslumbramiento de la fidelidad retorna

con los días heridos por el insomnio.


Y me toma un ansia, un deseo

de resurrección, antes de que un fin altivo

de mi clepsidra vacíe la arena.


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