miércoles, 18 de agosto de 2010

Brevísima Antología de Poesía Actual de México. Por Daniela Camacho

BREVÍSIMA ANTOLOGÍA DE POESÍA ACTUAL DE MÉXICO

COMPILACIÓN Y SELECCIÓN DE DANIELA CAMACHO


AMARANTA CABALLERO PRADO (Guanajuato, México, 1973. Desde 2001 reside en Tijuana). Ha publicado: “Todas estas puertas”, (Tierra Adentro, 2008), “Okupas” (Ed. De Pasto Verde, 2009), “Entre las líneas de la mano” en el libro Tres Tristes Tigras -Desde esta esquina-, (Conaculta, 2005) y Bravísimas Bravérrimas (La eternidad en un paso. Un paso no en falso) Aforismos, (Ediciones de La Esquina / Anortecer, 2005). Estudió la licenciatura en diseño gráfico en la Universidad de Guanajuato. Su página electrónica: www.amarantacaballero.blogspot.com

INFRUTESCENCIA

Yo fui una higuera.
El tronco hecho un betún: confitería.
Corteza blanca en remolino constante.

Fui el tronco y ramas de una higuera
podadas una y otra vez por si las moscas,
por si los higos escurriendo
llanto o miel averanada.

Morácea, blanda y a veces de gusto dulce.
Yo fui.

Ah pero que no me tocaran las hojas.
(velludas, tupidas, grandes, verdes, lobuladas.
Como mi sexo: urdimbre y trama).

Saga: madera incorruptible: sicomora: yo fui.



CORRESPONDENCIAS

De a poco, los pájaros –con sigilo– dan cuenta del crepúsculo. Esa forma repetida de dar la espalda. Desde sus ramas, consecutivos, ladean cabeza para situar el ojo. Te miran. A través del vidrio de esa puerta que no es ventana. Que no es. Rubicunda la pesadilla por el tronco, trepa ávida. Incrusta las afiladas garras y el espasmo. Todas las alas se sacuden. El sueño es incierto. Refracción de la luz: sólo a veces la altura. El aura no es un síntoma ni tampoco un halo. El aura, sibila, posada sobre una rama besa acorde tu pesadilla. Millones de verdes estallan entre las hojas, contra las telas. El primer rayo de luz. Los pájaros abandonan sus lugares. Entre el enramado verde: el estruendo.


FASCINACIÓN

Era la manera de asomarse. Ojo avizor: el hueco que atraviesa el cuerpo de un hombre. Un hombre-perro. Hacia el fondo la cruz. Pequeñita. Sembrada sobre la tierra. Y luego aparte una casa, diminuta, en las fosas nasales. Pero era al fondo la pequeña cruz, que aparecía luego de un hueco, un hueco que antes ocupaban las vísceras. Las vísceras de un hombre-perro quizá dubitativo, quizá apenas intoxicado. Llantas, plásticos, zapatos, resorteras. Una navajita. Y la tierra. Todo lleno de tierra. Lodo seco. ¿Te acuerdas cuando la planta desnuda de un pie se pasa una y otra vez sobre la alfombra? La provocación: esa manera de atravesar el cuerpo. Era un vicio. Era un Perro Loco, Violento y Confundido, pero era un hombre. Era quedarse viendo la estrella fugaz. El tiempo y los espirales de ese cuerpo que emanaban –ese circuito– desde el pecho, bajo el pezón. Era poco a poco desangrarse pero era la mano derecha del hombre-perro, su índice, el que tocaba la cruz. Yo te estaba viendo. Era la manera de asomarse. Las vísceras que nunca. Era un corte transversal la fascinación.


FOTOGRAFÍAS CON F/RÍO Y BOSQUE

Era la neblina entre paredes amarillas. Rectangulares paredes de aspecto rancio y tribulación esplendorosa. Esa casa pequeñita. Minúscula caja donde las bailarinas, una tras otra, aprendieron a girar sin cuerda ni música ni público. Danza muda. Cabelleras hiedras. Poca la anchura del pasillo. Siempre hubo tiempo de sobra para limpiar el piso. Todavía un río rojo serpentea hacia un mar sin costa desde la diminuta puerta de esa casa. Todavía desde el rellano del escalón más alto en la escalera, ampliamente: el sofoco.

Todavía desde el rellano del escalón más alto en la escalera, se azota una puerta. Metálica y pintada de blanco. Un cable para jalar mejor. Desde la azotehuela nadie podía abrir la puerta por dentro. Y luego de la azotehuela: el cuarto. Un cuarto. Un piso de mosaicos color verde. Verde pistache más arbóreas franjas de betún. Fragmentos. La ventanita. Un bonsái. Un ropero. Un restirador. Detallitos de familia. Un hermano mayor que hace muchos muchos años dejó de ser tu padre.

Un hermano mayor que hace muchos muchos años aprendió a vivir en medio de lagos y bosques fríos. Fotografías. Una chamarra azul marino térmica de pluma de ganso y el nuevo idioma fue lo primero que adquirió. El francés alterado. Pero, ah esa sonrisa. Pero ah ese buen gusto por la música. Ah, cómo deseaste siempre haber sido él, don´t you?

Pero ah ese buen gusto por la música. Cómo deseaste. Sobre los mosaicos verdes, sobre el restirador. Todas las noches recorrer una y otra vez las atmósferas de un pasado en arpegios y rumorados ruidos. La bailarina danza. La bailarina –la primera de todas y una de tantas– salta sobre los hombros. La punta de una de sus zapatillas taladra un baúl. Musiquilla sorda y ciega. Al salir de la casa, esa bailarina: cal de arena y hueso roto. Murmullos dentro del hueco tibio de una mano. La marejada de sus cabellos. El miedo que aletea. El miedo que aletea. Aletea. El sueño impreciso. Tu debilidad. La bailarina baila. El serpentino río rojo. Los hijos, las hijas, crecen.



HUGO DE MENDOZA (Guadalajara, México, 1976) es poeta y editor. Ha publicado el poemario Danzarina y Danzar del agua. Mantiene varios libros inéditos de poesía, entre ellos Sebastián, de próxima aparición. Es editor de la revista El Golem.

EL MOVIMIENTO TUYO / ES EL “TANGO DEL ÁNGEL”

I

Es tu inicio quien precipita
El mecanismo del bandoneón
Mismo que con música de viento
Y los agudos tristes del violín
Culminan la crema de tus alas.

II

Así de cautiva
Así cautivas Cultivas
Finísimos círculos a perfecto vuelo.

No sé si es Ángel lo que veo
O tú con negras zapatillas.

III

Cae terso el carmín bajo tus hombros.

Como soles diminutos
Encienden las joyas a tu pecho;
Se pierden
Me detengo a tu mirar
Te detines a mi mirar;
Así Infinitud de la Plata
Platense.

IV

Líneas
Argentinas cordilleras rozas a tu paso.
Con el cabalgar del enmudecido "Martín Fierro"
Y el callar de una orquesta celeste
Te sostengo en el abismo de mi traje:
Bailarina
Danzarina
Angelina
Reverencia.



V

En lenguaje de ángel Seguimos.

A cada giro de aura De aureola
A cada vuelta de ala
Te escribo una porteña estación
Una "Balada para un loco" Y yo loco
Con mi Mar del Plata tras tu vaivén
En vaivén
Loco.

VI

Se quiebra
La multitud en "volentango" Se quiebra.

Es tu acceder por 9 de julio
Quien a Febo levanta en el centro y su blancura.

Vamos Sigue con tu consentir a mi labio
Que los barcos con Apolo te rodean
Y es tu voz Azul de Buenos Aires
Azul de mis entrañas
Quien revive y levanta mi frente.

VII

Vayamos con el "Melancólico Buenos Aires"
Ala Tierra del Fuego
No sin antes dejar tu luminosa hondura
En San Miguel de Tucumán
En San Salvador de Jujuy.

No sin antes bailar
Charlar con "Don Segundo"
En el Sur ¡El más Sur!
De las nubladas pulperías.

VIII

El espejo de la última Tierra
Te sobrelleva en su blanquísimo pecho.

Te acaricia Revives lumbreras congeladas
Se confunden en el contorno de tu rostro.

Sigues siendo la emancipación de todos los cielos
De todos los soles
Sigues siendo el rumbo de la palabra:
Vueloenregocijo.

IX

Es tu sueño sobre mi sueño
El ensueño de tantos tangos.
¿Cómo creen algunos que diluyes Qué fallezco?
Si en tu celeste música Se entretejen
Oscilan
Nos unen
En la andariega pieza de las alas.

X

Sigue un coro de Argentina
Ahora el tango de un cuarteto en "Oblivión".

Al tiempo de Te amo siempre
Sabes que eres toda bálsamo
En latir a mi descenso.

No dejes volar De vibrar
De infinita hermosura trazar
En mi alabante bandoneón
Platense bandoneón
Piazzola bandoneón.



MANUEL BECERRA SALAZAR (Ciudad de México, 1983). Es autor de los poemarios Cantata castrati (Editorial Colibrí, 2004) y Los alumbrados (Premio Nacional Enrique González Rojo, 2008). Obtuvo la beca "Artes por todas partes" de la Secretaría de Cultura del Distrito Federal por sus proyectos de Spooken word Los alumbrados en el 2006 y Sinfonía de cabaret en el 2007. Poemas suyos han aparecido en diversas revistas y diarios del país. Ha participado en Encuentros nacionales e internacionales de poesía como Estoy afuera, Vértigo de los aires y en el XII Festival de Poesía en La Habana, Cuba. Actualmente es becario de la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de poesía (2009-2010).

CORAZÓN TERRÁQUEO


Habla verdad quien habla sombra
Paul Celan


A Mariano Becerra,
mi padre


I

Y vuelves, muerte,
te han quitado la gracia y aún rondas por aquí.
No has venido a llevarte a nadie,
has venido a que te escriba
(a ensuciar el sueño de mi enfermo).
Estás aquí calzada con tu perfil de aguja,
vestido el cuello en jazmines,
perfumadas tus geografías de muerte
incandescentes como baldíos o temporarias
para que haga que te mojes con versos babélicos:

He aquí las astillas bárbaras de la fiebre,
el lujo del accidente mientras se duerme,
las mareas altas,
las soledades furiosas a la intemperie,
el endecasílabo donde se construyen hospitales,
donde uno se desvela.

Ya nos veremos la cara,
vendrás por mí y se te han de incendiar las piernas.

Ya habremos de agitar mi alma en llamas,
y arrojarla al precipicio, muerte.

Ya la verás hacerse

ave o astro.


II

En estos pasillos anda la muerte.

Va y viene montada en sus ojos marinos,
y en su corazón terráqueo.
Viene en sus mantos elegantes, alta como un bandera.
Trae en su respiración la agitación de los establos,
la inquietud de las reses.

Nosotros la espantamos con golpes de pecho
para que no te lleve.

Te ronda cerca la desvalida vieja,
pero ya te hemos escondido
en una ciudad santa cerca del corazón.
En el cielo gris de los ojos de mi madre
te sumergimos.
Guardamos los gemidos para otra hora,
pero se escucha la bastarda quebrar el mármol
abrir las puertas, una por una,
asediar desde lejos
y el espanto de las lágrimas nos cae
en la garganta.
Se reúne ahí la falta de aire,
el pataleo de los náufragos

en la garganta

nos cae.

El alma flota en un lago de aguas ciegas
donde la esperanza tiembla.


III

Desenterrado, corazón, de los jardínes,
él te sueña colgado de los árboles como un sol,
como un fruto que es de él.

(Qué muerte más infame la del árbol caído,
sin intimidad, desmintiendo su fama.
Qué desnaturaleza, corazón).

Él sueña con la muerte, mugriento,
agoniza en una cama insabora y fría
y tú tan vuelto de la tierra,
siempre yendo tan desenterrado a visitar al padre,
al amor verde de alguna enfermera.

Él te sueña, mugriento, como un sol.


IV

Este sol que cuelga en el cuarto del hospital,
esta sangre dejándose alumbrar por la tristeza
y este corazón puesto a la sombra, puntual,
pertenecen al que duerme y mal sueña,
al que respira entrecortado...

Esta caída de luz por la ventana, tenue,
como vertiendo agua,
soñada la caída por el enfermo,
intenta calentar las paredes del hospital,
inmaculadas como un dolor,
intenta calentar el alma a los viejos,
tibiar la insulina,
evaporar el agua,
intenta cobijar de fiebre a este corazón,
pero éste sólo es puntual a la sombra,
llega tarde al reino de Dios,
puntual al odio, al hospital y al mal sueño.




SERGIO ERNESTO RÍOS (Toluca, México, 1981). Ha publicado los libros Piedrapizarnik, De cetrería, Semefo y searching the toilet in juárez av. Aparece en las antologías de poesía mexicana reciente: Divino tesoro y Nosotros que nos queremos tanto. Fue becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes en la categoría de Jóvenes Creadores. Es miembro del consejo de la revista Metrópolis de Guadalajara. Codirige la editorial Apuntes de Lobotomía.


LONDRES ES MÍA
como soy un gran artista pido los mayores decibeles

yo me entiendo:

levas micotelepáticas
lapos frigomesiánicos

quiero ser original

saltar los endimiones
los dicotiledones
los dípticos egipcios
los tableros con cabezas de rinoceronte
correr por donde apuntan sus hocicos


esta es la vieja escuela
y entra en una punta negra

sólo de lógica extraordinaria

amárrame las manos
impide que aniquile
el odio y el riñón del francés
el feto que enterramos bajo un árbol


el bósforo pasa como un escuadrón de la muerte tendido entre dos catres



esta canción se llama lo que pido de ti
un catafalco alumbrado por moscardones que se derraman como un largo eclipse
eso que existe en una corona de oscuridad
la cabeza en el mástil
los pies sobre los vidrios
árboles que sacuden pequeñas cimitarras
tiza celeste
el libro en que repruebas la misericordia del elefante africano
la tierra plana
la sombra instrumental por el jardín ceñido
un polígono de deserción

DESDE UNA LÍNEA DE DEMOLICIÓN

ella es santino y fredo shemales caminando como androides sobre repisas naranjas esos días cuando el cielo es una envoltura plagada de reflectores carmesí una involución una manera de llegar al final del baile saltar como un ornitorrinco moverse con ortopédicos dentro de las piernas y los pies rocosos por químicos de cierta energía que tambalea de lado a lado pero esto sólo existe en la quijada como un puñetazo cinco veces mayor a una esfera de acero el ojo tokio de siete a nueve el ojo tokio como una quilla que confunde una cosa y otra tan sólo mirando murciélagos que se incineran en las nubes la música demasiado gastada de afilador no sé qué haré con el tokio que llora en alguna parte es un vuelo cardinal es una estrella de junco de utilería que se expulsa ella dirá princesa buenos días fredo rompiste mi corazón feliz año sólo leo libros para sanar el alma libros que me adentran en mis vidas pasadas badajos que me gustaría ver en un arreglo floral somos un clan tóxico faunos elásticos alrededor de tu vestido la propaganda que silba un fumigador aficionado al megalítico


un valium por favor
un ciento de nomenclaturas de embriones

mi nombre de guerra es Albión



LEONEL RODRÍGUEZ SANTAMARÍA (Ciudad de México, 1978) es autor del poemario Dolor de nombre, publicado en México en 2008, mismo año que obtuvo por esta obra el Premio de Poesía Clemencia Isaura otorgado durante el carnaval de Mazatlán. Ha desempeñado trabajos editoriales y también ha sido músico; más recientemente, con la agrupación Los de en medio, al lado del pintor Varezal y el poeta Cosme Álvarez. Actualmente no tiene ciudad fija y se dedica a escribir.


YELO NEGRO

I

Algo se revuelve como la carencia.
Un reacomodo de las aguas que me surcan
como naves tentaleando litorales
anuda con líquidas trenzas el siseo que despierta mi silencio.
Algo se reanuda y yo escucho.

Acomodo una luz austera de cara al hueco de la noche;
la ventana queda ciega: un filo de luna se percibe,
un ojo se abre,
un haz de cuerpo se avecina.
Respiro una misma melodía.

Como una jauría de perros,
una turba de preguntas muerde los pasos
de la sombra que me lleva.
Entre ladridos se remueve su oscura,
violácea joroba de quietudes
moviendo las siluetas por alguna calle que invento.

Toco la huella
estoy partido y mi habitar es roto
el tacto carece
¿en dónde el sentido del encuentro?

II

Estamos en el pueblo de La Hueca:
días se alargan como noches:
en el sueño:
la serpiente piel de la crecida,
máscara cambiante del acantilado…
parece así que lo creemos
no tiene tamaño nuestro aliento
mero vaho que aparece ante el paisaje
recuerdo en el espejo
de aquel canto que montamos en el bosque

ahora flota para no mirarlo

También debajo de las piedras
escucho el silbo de otro nombre
¿qué grito vale su penar en la existencia?

Parpadeo en el punto cero de la aguja
—separados por los hilos que atan cosas,
alguien nos descose
alguno que sabemos
desconoce su vecina identidad alguna:
la veo y no la veo,
vigilia adentro de la costa donde duermo.

Yo älguno, sin nombre,
¿sabrá que somos niebla entre dos sueños?

Somos el pueblo de La Hueca, de la gran roca seca y hueca.
Los ojos cerrados a la luz sobre el sin suelo del desierto
queman tú qué más en la pregunta,
pasos que se apuntan sobre brasas.
Así desando por mi nombre
como por un viento sin respuesta.

El polvo del hambre cubre nuestro cuerpo. Recibimos las acometidas del vacío con el humo de madera calcinada —abrazo de mil playas que los viejos cargan en sus brazos: fogatas para celebrar a nadie, lumbre para ahumar la curva de la luna

la moneda roja,
sello de sangre en los entresijos de la noche.

Este ulular dibuja la caída de una esfera, raíz de luna, siéntela lamer la lengua, lamer el mar donde nos dice
la felicidad de un ojo de agua que rodeó a la noche con un río.

Nuestros días, nuestras noches, nuestro torcer paciente en el silencio. El río que buscamos alimenta el hambre que lo mueve.

Niños miran: nos insectos, nos algunos divididos.
Niños lanzan la pregunta que se aleja como tronco a la deriva.
Hay un sitio donde juegan y descubren los cimientos.


III

Cuesta arriba imaginarse las palabras
que habrán de romper el silencio
que no pide ser abierto.

Mi sueño crece desde adentro de una cueva:
la ciudad se angosta en una calle a mediodía,
el sol la desvanece, limpia de la vista.

Estoy de pie sobre una duda que la boca balbucea;
no puedo sacarla de su olvido, no la veo.

Si camino y me dirijo
hablo baladura de balido,

¿qué digo en esta hora limpia y sola,
arrojado desde el suelo hasta yo mismo?

Silabeo:


IV

La ciudad se suelta de mis ojos
—hay un baile
desatado del susurro hay un baile,
arborece de las manos de la tierra
y da vueltas
y lo digo
acabándose el aliento.

Me desplomo enlazado a las veces que pregunto y pierdo la respuesta.
El mundo gira y no se aquieta.

Alguien se oye tronar,
una mujer renace en el costado del momento
nochemente
ella baila
se agrupa sobre el sueño del hombre encendido
se distiende
y respira
y parece un sueño que nace de un sueño.

Nuevo aliento a los muslos que despiertan.

Los ojos salen a tientas
la mirada más oscura, voz
caverna, empapada de arrastrarse acuoso en el olvido,
su goteo no es la duda:
buscar nuevo de lo aquello.

La ciudad olvida mi andar austero y las caras que animan el yelo oscuro de sus sueños.
La ciudad flota en el deshielo de sí misma.

Desesperas cuando no suena la puerta,
no hay tablas que dividan el aliento de lo indecible, este viento que te acerca a lo mirado.
No se rompen las ventanas a palabras.
Ellos dijeron:
«Mantente limpio, sí, muy cuidado,
corre si tienes que hacerlo, anímate si puedes,
corre, corre si puedes correr
mantén limpio tu traje, mi buen hombre».

El viento camina
todo lo voltea entre sus piernas y despierto
—adentro de los muslos abulta la nostalgia,
recuerdas el rojizo mundo de barrancas y mañanas que se abren similares,
allá, el sol del bosque dice:
ella baila,
en algún sitio ella se encuentra, es realidad que ofrece su sentido;
ella baila invisible en el sueño, más adentro de la trama que la propia sangre bulle.
Su boca danza sobre tu cuerpo
la canción que Nos soñaba.
Ella baila y te despierta su canto que disloca.

Adentro de la mina el ojo es negro;
perdido sin mi dueño, dando tumbos,
me arrimo a los caminos y me hundo,
camino por el sueño y digo mundo;
el hombre que busca su lugar junto a la roca hueca
cuando los gritos despojados suenan frente a un cuadro donde duda;

las manchas forman sugerencias
(yo quiero asemejar los ojos)
se adivinan formas que desmienten
(asemejar los ojos al crédito del fuego);
quiero bailar sobre la cresta de las olas, por entre el fuego que celebra.

Un no saber por qué, un no ser de estar tendido,
hallar la mano hundida,
invisible;
no sabe la mano
cómo abraza al hombre que se acuesta,
no sabe el hombre: sueña
su goteo lo inventa el árbol,
el baile es el latido del árbol en el pecho citadino,
mueve los sentidos al vaivén del viento:
baila
y ella canta
la canción de nuevos días



DANIELA CAMACHO (Culiacán, México, 1980) se graduó de ingeniería industrial y de sistemas por el ITESM y de lengua y literaturas hispánicas por la UNAM. Publicó los poemarios En la punta de la lengua (Tintanueva, 2007) y Plegarias para insomnes (Editorial Praxis, 2008); y el libro de palíndromos Aire sería (Editorial Praxis, 2008). Forma parte de la antología bilingüe, español-portugués, Tránsito de fuego (Casa Nacional de las Letras Andrés Bello, 2009), La mujer rota (Literalia editores, 2008), Los siete pecados capitales. La lujuria (Alforja, 2008) y Del silencio hacia la luz: Mapa poético de México (2008). Es fundadora y miembro del consejo editorial y de redacción de la revista El Puro Cuento. Sus poemas y ensayos han sido publicados en revistas y periódicos de distintos países de América latina; actualmente, vive en Tokio, Japón.


REMOLINO

entre paredes sin puertas
escondo mi cuerpo mudo
manchado

el día huele a orfandad
la medianoche es una hendidura en el muro

sé que no soy una sombra
sé que afuera hay guerrilleros
y hombres mutilados
que hay pájaros desnudos y hambrientos
hay guantes y gatos y gente

pero yo no soy la sombra:

soy el remolino
el huracán
la polvareda

o tal vez no

tal vez soy la huidiza tempestad de mis palabras
o solo una sonámbula que sueña

o no



LA VOZ EN RUINAS

I

Juntos mordíamos la carne de las uvas. La canicular mañana nos mostraba los espejos y el dolor multiplicaba los escombros. Debajo del amurallado corazón crecían larvas y palomas. Con el cuerpo lívido de tanto opio atravesábamos la puerta del amor y poco a poco nuestras manos se incendiaban como hulla. Nadie nunca supo descifrar la líquida caligrafía de nuestras sienes. Solos y desnudos abrazábamos la muerte. Yo, bañada por el fuego de tus aguas, con la carne amoratada y fresca, asistía al nacimiento de pequeñas flores en mi boca, flores que serían escama, cicatriz, libélula. Tú, herido por el láudano y la sal, hablabas de cruzar el puente, de sanar al fin todas sus grietas.


IV

La noche te pronuncia con un gesto de nieve sobre árboles enfermos. Hembras animales hacen del silencio un río, un gemido oscuro que inaugura la pavana de los muertos. Debajo de los párpados construyo un puente hacia el sudario de tu rostro y dejo entre tus labios un pétalo de carne, un rastro de niebla. No vuelvas la mirada ahora que la lluvia me resulta indescifrable. Déjame apagar tu luz sobre los astros, ser isla al centro de tus aguas. Cuida que el silencio de las aves no delate nuestra música, que la arena de tus ojos no revele la agonía en el corazón de los amantes. Canta con tu fracturada voz de arcángel y sea la negra luna de tu lengua una espada que me hiera en los jardines del ensueño.


MORIR DE PARAÍSO

Lavarás tu cuerpo poseída por la sombra. Al primer golpe de agua, la piel arrancará de tajo un nombre a la memoria. Querrás decir Leteo, canción del tenebroso, diamela, pero estarás muda de espanto. En la espera del que tañe mirlos en el aire, te descubrirás distinta a las demás hijas de Eva y hablarás por los desnudos.

Soy la que flota en el río, la despojada. Polvo de la madre extraída a su niña en trance.

La desnuda
dicen ellos
la bestia descarriada.

¿A qué tanto ropaje si en la piel se me calcina un nombre?
¿Para qué vestir de nube, aturquesada, si de arder me estoy muriendo?

Busco acordes en la niebla que apacigüen mi silencio. Me abandono en el lenguaje de las barcas. Del ciprés soñado por amantes solos nace una canción de cuna para las muchachas tristes.

En las ramas del almendro, madura el corazón del oboísta.



JUDITH SANTOPIETRO (Córdoba, México, 1983). Poemas suyos se han publicado en Anuario de Poesía Mexicana 2006 del Fondo de Cultura Económica, en la Memoria del Encuentro Nacional de Literatura en Lenguas Indígenas; en la antología literaria Musa de Musas, Poesía de Mujeres desde la Ciudad de México, Conaculta; en Del Silencio hacia la Luz: Mapa Poético de México y la plaquette individual Raíz de Vuelo (El Barco Ebrio Nueva York-HomoScriptum) y Se incendia la Palabra (Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla IMACP). Actualmente es directora de Radio Nómada y Revista Iguanazul: literatura en lenguas originarias.


IZCALTITLA

Los hombres de la loma taciturna
se desvisten ante una fogata de sabiduría
sueltan en la oscuridad las formas
de un ojo lleno de costumbre

cada uno en la danza pega el cuerpo al corazón de la tierra,
pide al ave sus alas desplegadas,
desea los negros ojos del mapache

alguna vez seremos la mirada del nahual
que sobrevuela la barranca
y pariremos maíz por la boca
para arroparlo en el chisporroteo del brasero.


ESTELA DE VOCES

Monumento de la palabra,
la génesis en las paredes,
tan antigua
como la vírgula de roca

tormenta de guijarros que caen de la montaña.


INVOCACIÓN

El día que saliste de mí
el sol era un círculo manso,
inundabas las rendijas
de esta húmeda pocilga
con un llanto prolongado

Tus ojos,
grandes en esta habitación de grillos
para mirar una casa de pequeños muros;
y mi vieja razón,
esa piedra de filos indeseables,
preguntaba a dónde ir

Con el vendaval,
las chozas se balanceaban
y eran menos que toda la miseria
de la gente astillada en la ciudad

Te fuiste un día de soplos
y el resquemor sobrevino
para siempre;
las casas parecían no soportarlo
bullían de luz las tiendas
el desierto era frío
después el sol doró las ramas y la arena,
el calor fue espada ardiente
que acuchilla la piel


nadie
bajo este halo de cristales negros
nadie
en esta oscuridad que golpea con su nombre y su cuerpo
nadie
retorna a beber su aliento

Esta madrugada
la muerte pringa sobre la ventana
despierto con la sonrisa de tu vida entre las manos
hace varios minutos de minutos
que no veo nada igual


PIEDRAS Y ALACRANES

En días tan áridos
el aire trae el movimiento de los huesos polvo
hasta la lóbrega estría de la calle


Amanecemos agónicas de frío
aradas en la tierra estéril
por las filas de este mineral
que calcina esqueletos

Tragamos la roca desgranada
mientras los pechos se desgajan
en precipicios de sangre que humedecen el desierto

Al paso de los meses
las grietas de la ciudad cimbran
entre las montañas de arena,
y la polvareda de los huesos
es la voz perdida en una cueva

Dormimos
junto al lastimero aullido de perros
con la mortaja de piedras y alacranes




CARLOS RAMÍREZ VUELVAS (Colima, México, 1981). Ha escrito los libros de poesía: Brazo de sol, Cuadernos de la lengua y el viento, Ruleta rusa y Calíope baila con el poeta ebrio. Además, es autor de los libros de investigación literaria: Nieblas londineses y otros poemas de Balbino Dávalos, Musas de Francia, El oro de la cruces. Estancias en la literatura colimense del siglo XIX, Notas para el estudio de la cultura escrita en Colima. El caso del siglo XIX, Índice de las revistas culturales en el siglo XX. (Ciudad de México). Parte de su obra literaria ha sido antologada en Un orbe más ancho. 40 poetas jóvenes de México, La luz que va dando nombre, Mar de vértigos y El oro más granado.



ÚLTIMA BALADA DE JOHN LENNON PARA YOKO ONO

La luz de ti se aleja porque no soporta el verte

Por qué de mí también te vas mujer
cuando más te amo y dejo en pentagrama cinco líneas de mis venas
Por qué de mí como ceniza que lleva el brazo del aliento del verano
en un campo incendiado por la furia de mis manos
que imagino en la ciudad

Eres lo más oscuro y de ti la luz emigra

Porque viene de ti la enfermedad estoy bendito
de locura o ebriedad que a veces es lo mismo
Por una mancha venérea que la humedad tatuó
si he nacido si amé si estoy herido

Por eso cuando miro en las páginas del tiempo las letras de mi vida
encuentro mi nombre escrito tres veces en un cuerpo femenino
Eres la vida amor la muerte

Y hay días que confundo el sayón de tu piel blanca
con la falda favorita de mi madre
o el vestido rosa que usaba los domingos
para mi padre que olvidó su cinturón
en casa de una peluquera
Otras tardes crecen de tus piernas espléndidos eneros
en los que reconozco las canciones del cimiento del hogar materno

¿Es que cuando te enfadas hablas de mi infancia o sólo de tu sexo?
Tú me has visto cómo es que soy la vibración en tanto llega tu respuesta
como la fruición violenta del que ignora el reposo porque estás cerca
Hay días que tu carne ―siempre en ciernes―
tiene el olor de las agujas y el estaño
Y tus nalgas asemejan una mecedora
donde el sueño dibuja polvorones y tazones de té

Pero digamos que una noche al fin estoy contigo
completamente libre
Complaciente como alguien dispuesto a otorgar su olvido
a cambio de tenerte Oh sapientísima
y desquiciada como una cuerda de guitarra rasgando la garganta
como una cerda enfurecida que destroza mi almohada
Entonces quién por mí podrá cambiar la pesadilla
si muy lejos de ambos la luz emigra

Ah me dueles hasta lo más profundo que un hombre honrado puede soportar a la desgracia]
Hasta lo más cercano a mi origen de pies sobre la tierra
Oh dulcísima qué puedo para ti sino una larga balada
en la que el escozor del corazón humano hinche su valor contra el vacío
que cruzan pájaros boreales como bajo un cielo cobrizo
donde bailas desnuda para ordenar el mundo

Sé que tampoco entonces mi vida tendrá algún sentido
y que habrá una lira rota más en el bodegón de casa
Pero así tú sabes la tribu podrá llamarte reina
en este instante y en la eternidad.



BACHATA DE JOSSIE BLISS

Jossie Bliss
saurí escarlata
negro alfil en laca lacerando
crepúsculos que iluminan el ardor
oscuro de Birmania

Más adentro
a los costados del mundo
se pierde en la costa una red para atrapar estrellas
Un profundo bastión de corales asesinos
bajo el vientre oscuro de agua en menta y musgo
entrando al inframundo donde renace una mantilla de opio

Una perla
brilla si la encierra un molusco
Solo un buzo y sus poleas locas
Tierno armiño de cisne en fieltro humedecido
Ahogado en su propio llanto habría
Sólo un tafetán en congestión rubí
de aromado cilantro que desnuda el nervio habría


Todo lo demás lo consume Jossie Bliss
Todo lo consume su hambre
Las palabras y el nombre y lo que esconde --filos de alba
pesadillas en aceite--
Se deben
a Jossie Bliss y su saurí de plata
Si ella llega al borde de la playa
que es llegar
al límite del día
Los meses reconocen marejadas de barcazas ebrias en plena madrugada
Muelles donde el Universo enciende
la sed si agua es la hembra negra
Eclipses sonoros si desnuda ofrece entre el mango y los manglares
cormoranes y almejas
al frío de la daga
Fuego si consume el cigarrillo posterior a la batalla

Toda la penumbra encajada entre los ojos negros de la pantera en celo
es el invierno
en la sabana
Un cardo que agoniza en el rigor de caracolas
La música de jazz quemada
a fuego lento

Cuando Jossie Bliss zurca y urde y hunde lentas brazas donde pende ahorcado
el corazón humano
Y destierra para siempre del verano los frutos más amados
la sandía por ejemplo en su vientre bajo
el melocotón ennegrecido
en lo alto del pezón del pecho
Los vástagos
Las palmeras
Los dátiles se envenenan si en celo enciende el filo previo
al homicidio
A mansalva es rojo hervor y despedida

Pero humillada en la playa bajo una sombra imponente
Restos de betún lucen
en la barbilla negra
En sus labios decolora la roja lengua que en grana se desflora
Y más adentro
en altamar
el poeta comienza a fornicar
--triturado el corazón de tinta--
con un pedazo vivo de la historia.


SALOMÉ DIRÍA

Ella ofrenda a los meses la cabeza del sol
que en ocasiones es la mía

Bailando en las esquinas
canta
mientras pasa el tiempo desgarrado

De cualquier forma si la miro
algo estalla en la frente
O sobrevive un son que duele
donde ella falta

Hay rastros de carmín
diría cuando enciende un cigarrillo
(las mangas de mi camisa blanca
tienen las huellas rojas de sus labios)

Lleva quince años de mi infancia en cada mano

Ella dedica las mañanas a voltear los espejos
Ella ―piensan quienes tienen gusanos en las ingles
quienes dejan aroma a belfos perforados―
enjuicia los verbos
que tiernamente le encajo cuando escribo

Cuántas perras orinan su nombre al escucharlo

Hay días también en los que miro
sobre el estiércol
crecer mi amor desesperado

Desnuda el desierto también es primavera
o viceversa
según el arma de dos filos que el cuello me ha marcado
Mientras su mano diestra
cercena un canto

Y he visto al huracán
lo juro por su vientre
detrás de las cortinas del baño diario
Un pubis que prolonga su entrepierna en arrecife
La parvada de gaviotas rasga en negritud el cielo pardo

Debería llorar ahora
aunque me cueste el nombre
que el palpitar me exige
en el centro de su pecho
un ángel ebrio suficiente
una cantina
donde un ejército viole a una niña

Yo veo el lastre de su pecho
en el pasillo
donde aprendió
a lamer un caracol
Siempre que la sangre toma
el cauce de otro sexo
Y mi pasión responde nuevamente
con un poema entero

La vida pasa en medio de dos cuerpos
Salomé diría.




ZAZIL ALAÍDE COLLINS (Ciudad de México, 1984). Autora del libro Junkie de nada (Lenguaraz, 2009) y del poemario inédito Valva maresia, entre otros proyectos. Es guionista y locutora de radio. Ha publicado artículos, crónicas y poemas en El Universal, Metapolítica, Tierra Adentro, entre otros medios impresos y electrónicos. Dos de sus más recientes ensayos están compilados en Deniz y mansalva y La conciencia imprescindible. Ensayos sobre Carlos Monsiváis, del Fondo Editorial Tierra Adentro, Conaculta.


TUMBLING

La fiera bonza
se me lanza con colmillos de alcanfor.
Toma mis manos.
Amanece
con la tonada callejera
de una añorada ninfómana
que levanta
el anhelo de la paloma
temblorosa
por su canción infantil.
Heme, bajo el búnker
con un desdén de fantasías.
Soledad de lupanar.
Y por el tracto, la nausea en brasas.
Bajo el brassiere, la tentación del mordisco
de un guillotinado san Martín de Porres
o un lechero en engorda
en los pechos de la poliandria;
las mieles de la gesta,
en la imaginación del retraso,
en la espera y el rechazo
de una vida.
Mi vientre se acomoda.
Impávido y ufano
quiere parir en la nausea.
No,
que no.
No al filo del acantilado
del cronotopo sin hambre;
de frente a frente al oficio
por sexo no amor primero
en la tripa, vámonos
antes de preferir el escozor,
lo movedizo del cielo que miramos,
desde los estambres,
degustando la sutil ventisca
al pronunciar los soplos.
Somos el germen del no
o el éxito de todos los fracasos.
—No llores, Ángel González—
Vámonos, vámonos, como putillos, al diablo.
Cojamos entre las piernas
lo que deba sostenerse,
con el ahínco,
en el acorde
y sus veintiún consonantes.


LA AMIBA EN MI CORAZÓN
Si un día las piedras te hablan,
emprende un camino de agua conmigo.
Uh-mee-buh piensa en las pausas.
Uh-mee-buh cuenta los trazos antes de dormir.
Uh-mee-buh quiere atravesar los puntos suspensivos.
Uh-mee-buh es la coma de luz en el Templo.
Uh-mee-buh son las voces congregadas, los lunares del sí.
Uh-mee-buh es el estigma a la derecha del punto final.
Uh-mee-buh es la agrafía en muslo de agua.
Uh-mee-buh, palimpsesto de los cirros de la Araña.
Uh-mee-buh, silencio magro, tinta lacia.
,

MONÓLOGO DE AMAZONA

a la partida de Thomas Cavendish con Leucótea
Cavendish prometió volver.

A babor y estribor,
sostenidos por obenques
y amantillos,
vamos a construir una nave
a la que no pueda sajársele el mascarón.
Amazona perdió la razón.
Inmolé al cimarrón
en honor a las gigantas
de las múrices cuevas del Ado.
Desnuda, en la tierra del cristal,
dormí en el gamellón del moro,
Cavendish no retornó.
Arrojemos la brújula al mar,
que se pierda en la panza de la ballena
cuando el sol tramonte;
mientras, aireemos la guerra
que sorbe a las gigantas.
Amazona sola.
En el arcón de mi ósculo demente
se vislumbra el himeneo
ante el que nombro al que bien quiero,
si lo añoro,
las olas me prometen verlo volver.
Amazona aguarda en un muelle de Cabo Pulmo.


YO PIEDRA


26°10’05.57’’N 111°32’56.28’’O


Un nardo compañero tengo,
cuatro espinas de cacto;
un tallo polvoriento
de biznaga en el bolsillo.

Piel de damiana tengo,
un invierno ilusionado;
centro de esporas dentro
del pecho de este sereno.

Zumo en los puños tengo,
carrizo en alforja;
una pitahaya peregrina

que, aunque espinada, cae
a la misión en ruinas
de mi Vigge Biaundó.


CONCHA CHOCOLATA

Vístete de carey y coral
arrecife de estrellas marinas,
la caracola cantá la despedida,
el mar le arrancá a mi
concha chocolata su perfume
de alga.

Mi concha chocolata
suda color perla,
se llena de espuma
con cada atardecer,
mareas bravas de verdesflores.
Mi concha chocolata
hierve leche en las madrugadas,
humea a las seis de la mañana,
se abre con el sonido de mis dedos.
Tu mirada,
sombra pendular
mareabrava,
me ahoga como
lo hace la saliva
que tragamos en
el beso sepulcral,
gorgojo arenal
que traspasa poroslluviosos,
remorita grácil,
chulada babosa,
la caricia de tus ojos
embebe el sudor
perla de mi piel,
tal vez la luz de puerto
encienda tu faro
e irradie a las conchasmadre,
tal vez la mano en el sexo
guarde tu frágil vaso,
pero el péndulo chilla
cada hora,
pero el péndulo silba
sin cesar.


INGRID VALENCIA (Ciudad de México, 1983). Poeta y gestora cultural. En 2005 funda y dirige la publicación cultural La Manzana, arte & psique. Obra suya ha sido compilada en: Del silencio hacia la luz, mapa poético de México (Yucatán, 2008), La mujer rota (Literalia Editores, 2008) Anuario de poesía mexicana 2006 (Fondo de Cultura Económica, 2006; coord. Pura López Colomé), Agenda, Diario, Antología, Poetas de Jalisco 2006, Verbo del Cirio V y Memoria del relevo (Literaria Editores/SCJ, 2005); y en las revistas: Crítica, Acequias y Tierra Adentro, entre otras. Es autora del poemario La inacabable sombra (Literalia Editores, 2009).


DÍAS

Dejaba de pertenecerme

La inabarcable sombra en la ciudad

El permanente exilio de los pájaros azules

La ventana rota de una garganta
a punto de encajarse
en un mar que se ennegrece

El infinito
descansando en el borde
de una pregunta

El sabor de un paréntesis

Dejaban de pertenecerme
las cosas muertas

Los días
Las cosas muertas.
Preanestesia en el piso 11

La mujer de blanco
me observa zurcir el precipicio
de aguja y vena

Los segundos gotean
hacia la sangre

Bajo sábanas
escucho el rumor del tiempo
casi ajeno

La luz levanta un muro
de siluetas húmedas

Hay un anciano
que aferra a su piel
la delgada línea del sol
como una espada
que lacera al cuerpo inerte

Sólo intento
tocar un ojo
antes de

Desaparecer.


INTACTO

Certeza es la piel reflejada en el agua
Son las manos que navegan en lo profundo
hasta que alguno niegue el horizonte
sentado en la piedra blanca de la vejez

Aún hay tiempo para nombrar
bajo la montaña
la luz que se escurre en el polvo

Los árboles fugaces
comienzan a teñir el paisaje
de afiladas grietas como venas en la noche

La ciudad se repite
con su constelación hostil de ojos
negando el pulso del sol en las sienes

También
el amanecer
se conserva intacto
contra el mar.


LA CÁRCEL

1.
De un pasillo largo e interminable, la última casa. La infancia entre macetas en fila y puertas cerradas. Nadie habló. No conmigo. Mi madre conversaba con una pareja de ancianos de espalda encorvada, de ojos ausentes. Entre jaulas y voces yo miraba a los pájaros detenidamente, con la boca llena de sal y tortilla.
El vecino sordo, esquizofrénico, me miraba también detenidamente.

2.
Entre las nubes cerradas del pecho, una niña transita libremente por la cuidad. Las noches no terminan porque ella apaga todo lo que toca. Las paredes de tiempo y polvo extravían la blancura. Ella tendría que partir siempre a otros sitios, inventar nombres, coincidir con ellos o renunciar, como una piedra pequeña que repliega sus alas con inofensiva gravedad.

3.
Dentro del vagón podía sentir la velocidad, junto a una luz de neón, que lentamente se fragmentaba hasta llegar a casa. El amor era como esa delgada línea de luz, casi innombrable. Mi madre parió de frente al sol. Pero la luz fue más letal que el invierno.

4.
Las angostas camas que se contagian de caricias. Las luces que rodean esta cárcel habitada por la sed. La humedad de la oración que se esparce en el muro de las mañanas. La niñez hinchada de preguntas.
Bastaba con recordar al origen, ser nombrado sin titubeo.
Mañana habrá un hogar en el vértigo.

5.
Avanza el polvo
Mejor sería confundir la piedra con un llanto
creer que esa casa conservará las palabras, los silencios, cada golpe y herida
Sólo las sombras se dispersan

Una casa es una casa cuando susurra cada objeto, cuando canta una luz
cuando alguien muere al salir de ella o en ella
Una casa es un vacío que ha de llenarse de pretextos

6.
Regresar la mirada al techo, a las cicatrices, a los ojos de un gato muerto, suicida. A la guerra en lo callado. A la hormiga, al pan, a la mesa. Al padre, a su perro también muerto, a sus hijos suicidas. Al muelle. A nunca más.

7.
El asco carcome
lento
a pasos intermitentes

El suero gotea
los peces respiran
mi madre respira
La vida recorre angostos túneles de transparencia artificial


La piel es más veloz que la calle

Avanza el polvo. Avanza


LOS MUROS

1.
La llama en el rostro
tiembla como el árbol
que se resiste a caer.

Le debo a la luz
la nausea y los espasmos.

A la sangre
y sus demonios
debo las raíces epilépticas
que niegan el invierno.

Hablo del instante en paz
Al que no volveré.

2.
Supongamos que es cierto. Uno sale
de casa, mira rostros
en el puente
o la avenida. Alguien duerme en el vagón.
Uno escucha. Y todos vamos hablándonos en secreto.

signos queloides
acertijos
que atraviesan con prisa la mirada

Muy pronto ardemos
entre atardeceres de alquitrán y polilla.

Los monólogos sobre los rieles del cuerpo
dejan a su paso un sonido que recae
en las ausencias que se acumulan
en alguna parte

Un lugar al que llegaremos
con el bolsillo hinchado
con la mano vacía.

viernes, 13 de agosto de 2010

JUAN CALZADILLA: Poesía Venezolana




Memorial de poetas muertos que alabaron el estado
de gracia de la derrota


Nota. No es fácil tratar de aprehender el universo de los poetas para elaborar con ello unas poéticas que resuman la esencia o tan sólo un fragmento de lo que ellos han dicho en perjuicio de la poesía. Según Borges la mayoría de los poemas que se escriben hoy ya habían sido escritos mucho antes por los poetas que nos precedieron. Tratar de romper ese cerco fatalista es lo que intenta Juan Calzadilla –adelantándose al anuncio de haber sido designado poeta homenajeado del Festival Mundial de Poesía 2009- en el conjunto de textos que presentamos en esta sección. Y él lo ensaya, oponiendo a la solemnidad del discurso elegíaco con que la retórica ha agotado el compromiso de exaltar la obra de los poetas muertos, con un tono de voz que no es otro que el lenguaje diversificado e irónico a que Calzadilla nos tiene acostumbrado en su prolija y anómala obra poética.


Selección por Gladys Mendía




¿Por qué abandoné la poesía?

Según el gran poeta T.S. Eliot, las cualidades que
distinguen a un gran poeta son la excelencia,
la abundancia y la diversidad. Me explico:
Diversidad de razones para desconfiar
de la poesía. Abundancia de argumentos
para abandonarla.
Excelencia de los méritos que hubiera yo hecho
si hubiese advertido a tiempo
Que perdí mi vida dedicándosela a ella.

Las damiselas de Avignon
Un maniquí finge ser lámpara
Otro se imagina en el cuerpo de una estatua
Y la tercera echa de menos su papel
por creer que en otro tiempo fue una diva.
La cuarta no alcanza a ser marioneta.
Y la quinta por correr detrás de Picasso
perdió los estribos.



Oh Brecht

Ya quisiéramos que ese magnífico
retazo azul del cielo en verano
no fuera tan irresponsablemente bello
Yque por ser bello
justamente no pidiera de nosotros
que para cantarle nos cruzáramos de brazos
ante tantas barbaridades.


El acto poético más puro

André Breton sale a la avenida y, mirando hacia las cámaras,
descarga su revólver sobre la multitud. O mejor, simula hacerlo
Y prefiere describir esta acción en el papel para testimoniarla
como acto potencial digno de ser celebrado por la escritura.
Llama a eso acto poético puro para diferenciarlo de genocidio.


La rosa del poema

Corrijo a Huidobro donde dice:
Poetas, no nombreis a la rosa. Hacedla
florecer en el poema.
Pues para nadie la rosa es un misterio
cuya existencia pueda ser una decisión
exclusivamente dejada a las palabras.

(Antes de venirse a florecer en el poema
sabíamos que la rosa ya había sido inventada)



El rostro no es abordable desde sí

La idea de Antonin Artaud según la cual el rostro humano
no ha encontrado en sí mismo su semblante y que por no
encontrarlo debe confiar en el pintor
para proporcionárselo, justifica el hecho de que él mismo,
al final de su vida, se convirtiera en pintor de rostros
en busca de semblantes que Artaud nunca encontró.
Ni siquiera, ay, en él mismo.


Hernando Track

Todo lo que había sufrido decía que sólo podía ser redimiendo
por una gran esperanza en crear imaginativamente un mundo autónomo, bien diferente a este en el cual ha vivido, un mundo
en donde el dolor reflejado en toda su intensidad
pudiera ser superado por la escritura.
Y repetía como si se tratara de una plegaria este pensamiento:
“Amo tanto la vida, que le perdono el mal que me hace”.
Se planteaba la poesía no como un destino sino como
un acto piadoso consagrado a proclamar
el estado de gracia de la derrota.


Amazonía

Tenemos que agradecerle a Goethe que haya vivido en su tiempo.
Pues de haber escrito el Fausto en nuestro siglo
estoy seguro de que no lo hubiese comenzado diciendo:

Las altas obras de la naturaleza resplandecen
hoy como el primer día.

sino

Las altas sobras de la naturaleza languidecen
hoy como el último día.


Camino de hormigas

Humboldt asienta que los insectos fosforescentes,
también llamados cocuyos, copian sobre la tierra
el espectáculo del cielo estrellado.
Igual podría decirse de los caminos de hormigas,
aunque las hormigas sólo copian la forma
atolondrada en que los individuos
se desplazan en las ciudades.
De alguna manera, a semejanza de éstos,
las hormigas trazan siempre el mismo camino
aunque pujen por abandonarlo
y hasta simulen, como los hombres,
que por un momento lo dejan
para volver a tomarlo.


Sobre Esenin

El suicidio de Esenin fue asunto de él mismo.
Esenin no supo contentarse con mear hacia el cielo estrellado
desde su ventana, sobre el prado donde pastaba el ganado.
Se propuso alcanzarlo. Y ¿qué halló?
¿La eternidad? No. La espuma del sol
mezclada con boñiga de vaca.

En cambio, el arte de Jacques Vaché consistió
en no darle importancia a nada.
Incluso tampoco a la vida. La prueba
es que se la quitó.


Nadie es un héroe para el que lo conoce (W. Stevens).

Mientras no me conozcan no los defraudaré
Pues si no soy un héroe para los demás
es porque no lo soy para mí mismo.


Vaché

Lo grande no es que Jacques Vaché basara
la filosofía de su vida en no darle importancia
a nada, sino sobre todo en no dársela a
la poesía. Fuera de Rimbaud ¿qué poeta
llegó tan lejos que pudiera
a causa de esta maldición
cautivar a quien más creyó en la
Vida y en la poesía: André Breton?


La crisis hipotecaria


Por malas que estén las cosas no hay razón para
creer que no pueden empeorar.
Con esto desmiento a Shakespeare donde dijo:
No hay un grado por debajo de lo peor.
El lo dijo porque no tenía, como nosotros,
la soga al cuello.



Elías David Curiel

Su silla por las tardes de siesta
era el trono donde se sentaba
para ver la puesta del sol.
Y hasta se podría creer que era un Buda.
si es que en otra vida anterior
no lo hubiese sido.



Copenhague, 1844

Las novias son las nodrizas del espíritu
para quien las soporta o al menos
tiene el valor de hacerlas protagonistas de un diario
o la virtud de confesarles su pasión. Y la verdad es
que ellas añaden un drama mayúsculo
a la soledad de quien ha comprometido
su vida consigo mismo
y está, como Sören, dispuesto
a continuar hasta el fin de los siglos célibe.




viernes, 6 de agosto de 2010

JUAN LISCANO: Poesía Venezolana


JUAN LISCANO (Caracas, Venezuela 1915 - Caracas, Venezuela 2001) Poeta, escritor, ensayista, editor e intelectual venezolano, de gran influencia cultural a mediados y finales del siglo XX, reconocido como folclorista, columnista y promotor cultural.
Sus libros de poesía: 1959: Nuevo mundo Orinoco
1966: Cármenes
1968: Nombrar contra el tiempo. Antología
1969: Edad obscura
1981: Fundaciones
1982: Sucesos. Edición de bibliofilia ilustrada con dos aguafuertes originales de Elsa Soibelman. Tirada de solo 75 ejemplares.
1990: Los fuegos apagados
1990: Antología poética.
1991: El origen sigue siendo

Selección por Gladys Mendía



PAREJA SIN HISTORIA

Se acarician. Se bastan.
Están colmados por ellos mismos
colmados por la sed sensual del otro.

Se conocieron ayer:
llevan siglos de parecerse
de abrazarse en las paredes siempre únicas
de reconocerse en todos los lugares
donde el sueño esconde su tesoro
donde la dicha deja a la nostalgia
donde nunca estuvieron
donde están.

Aroma de piel ramajes íntima penumbra
labios que besan por la herida
rostro asomado al secreto del rostro que lo refleja
palabras que se derriten por los dedos
semejanzas descubiertas con delicia
apetencias de olvido y de sabores no probados
mientras se inventan paraísos sin castigo
y se cuentan a tientas el alma
mientras asumen el destino de las frutas
y la vida fulgura en ellos
con sus “siempre” y sus “nunca” efímeros
con sus “primera vez” repetido hasta el final
con sus partes confundidas cual miembros que el amor enlaza.

Hasta ellos no alcanza el rumor de la urbe
o será más bien que no lo oyen
que lo cubre el susurro con que se aman
que lo dispersa el soplo que se dan.

Se huelen se gustan se desean.
La libertad que encuentran los deslumbra.
Ascienden en una isla espacial entre los astros.
Pareja sin Historia
pareja constelada.

Se miran a sí mismos en el otro.
Ella aparece abierta impúdica ojerosa tremulante
él: enhiesto obsceno avisor posesivo
ella: contráctil húmeda gimiente umbría
él: herido llameante solar fulminado.
¡Cuánto abandono momentáneo!¡Cuánto triunfo!
Pueden equivocarse gozosamente
confundir las imágenes del deseo espejado
fundir los sabores de sus bocas
perderse juntos en el placer del otro
fluir de manantiales en arroyos
de arroyos en raudales de raudales en ríos
hasta el mar hasta volcarse en la unidad del origen
en el espacio pletórico y vibrante
donde cada movimiento se transmite de polo a polo
donde flotarán donde están flotando
como dos hipocampos entregados al rito nupcial.

Aflojan las redes y los nudos milenarios
arrojan de sí el pasado las cáscaras los trapos
viento propicio borra las huellas mezcla arenas y estrellas
le dan la espalda a la memoria hueca
para ser cresta de una ola
para ser cresta espuma sortilegio
cielo de mar espacio palpitante que rompe en sales
y en la cresta de esa ola de caballos tornasolados
que recorre de punta a punta el tiempo como una playa
me arrojo contigo!
¡la corro contigo hasta el final del día!
¡sobre su filo tú y yo somos jabalina y destello!
¡vivan este esfuerzo estos besos esta presencia única!
¡vivan este júbilo del mar los cuerpos aparejados!
¡nuestro almizcle que huele a marisco y a gato montés!
¡el relámpago en que nos dormimos juntos!





miércoles, 4 de agosto de 2010

EMAD ABOASI EL NIMER: Poesía Actual de Venezuela





EMAD ABOASSI EL NIMER 
(Venezuela - 1974) Licenciado en Historia, Licenciado en Educación: Mención Historia, Abogado, Doctor en Historia, poeta y ensayista. Profesor en la Escuela de Historia de la Universidad de Los Andes (Mérida-Venezuela).

Autor de los poemarios: Tu recuerdo reúne cenizas y Ánfora de luz y sombra; y de los ensayos: “La metáfora cotidiana (Elogio del habla coloquial venezolana)”; “La mujer etrusca y las mujeres del antiguo Mediterráneo. Apuntes sobre el tema”; “Apología del dolor”; “El arraigo maracucho en Date por muerto que sois un hombre perdido de Blas Perozo Naveda”; “Urbanidad y buenas costumbres: Un reto social de la élite durante la guerra federal venezolana (1858-1863)”; “Publicidad y guerra federal (1858-1863)”; “La crítica literaria durante la guerra federal (1858-1863)”, “Guanare: entre la mengua eclesiástica y el esplendor político (1879)”, “La sotana versus el mazo judicial en el Distrito San Antonio del Departamento Turén, estado Portuguesa: 1873. (Estudio del caso del Presbítero Rafael Antonio Puig)”, entre otros.

En el concurso de cuento, ensayo y poesía de la Dirección de Asuntos Estudiantiles de la Universidad de Los Andes recibió los siguientes premios: Mención Especial en Ensayo (1994), Mención Honorífica en Ensayo (1997), Mención de Honor en Poesía (1998), Premio de Ensayo (1999). En el 2do Concurso Nacional de cuento, ensayo y poesía “La abeja obrera (Guanare, 2005) obtuvo el Premio de Ensayo.

Selección por Gladys Mendía



Abandonado
en la levedad de mi aliento

allano el asombro
y la sensación repetida

de distribuir mendrugos de mí
en la bondad de tus manos





Traba-lengua


Traspiés
Trasmundo

Tras los pies el mundo
Tras el mundo ciempiés

Al trasluz

la luz trastoca

trastrabilla

trastorna el trasfondo trasiego

de un minúsculo computador

y trasciende el traste del contraste


En torno trastorna

el anagrama de la fe


hasta trasudar y trasbocar

el traspuesto traspaso

sin traspapelar nada


El universo es

trampolín al vacío

en la trampa de la tecnología


Tras
piés

tras
mundo

Tras sólo pies




La llave en la cerradura
enhiesta el pánico

Al otro lado
la puerta mantiene en vilo
la presencia del miedo

Entre sombras
que rozan los párpados
el cuerpo se resiente
ante la fuerza inmanente
que me atrapa como abanico

La cortinas se descorren
hacia adentro

La conciencia
es un videocasette en blanco
que gira sin sonido

La lengua maniatada y seca
agoniza en la boca

Exánime
Reencarno
en mi cuerpo ajado

con la preocupación
de que anochezca sin sol



Si vinieran los muertos
a reclamarnos sus bienes

a pedirnos cuentas
de sueños con intereses

a mirarnos de frente
nuestra honda pobreza

advirtiendo en nosotros
caudales ajenos

fallecería nuestro presente
de archipiélago pasado

Si vinieran los muertos
renacería la paz

y el mundo tomaría
su equipaje a la nada

porque el futuro
es un pasado compuesto

que sólo existe

por temor al olvido





miércoles, 28 de julio de 2010

GUANTANAMERA 206

GUANTANAMERA 206
GRUPO LITERARIO


Sobre Guantanamera 206

Todo comienza cuando un grupo de escritores coinciden en el XV Festival Internacional de La Habana, Cuba, 2010. Una noche, en ansias de más poesía, dentro de la eterna búsqueda en la palabra del otro, 8 desconocidos deciden leerse, encontrarse y cobijarse el alma. Así es como entre lecturas, risas y acaloradas discusiones, surge la idea de hacer un grupo literario, un grupo que haga realidad los sueños de hermandad por encima de las diferencias. Guantanamera 206 es una muestra de la amplia expresión creadora, símbolo de aperturas mentales y expansiones visionarias.
Tenemos la presencia de 3 mujeres: Miladis Acosta, Ileana Alvarez (Cuba) y Gladys Mendía (Venezuela) y de 5 hombres: Alvaro Inostroza (Chile), Fausto y Helder Larraguível (México) y Francisco Muñoz (España), Jacinto K´anul(Malaletralia).
Este es un breve Dossier que pretende compartir estas voces inflamadas.


Miladis Hernández Acosta (1968). Poeta, historiadora y ensayista. Licenciada en Historia en la Univerisdad de Oriente. Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Ha publicado, entre otros libros, Los filos del barro (2000), Memorias del abismo (2004), El conjuro de las runas (2005), Salmos para el hastío (2005), Libro e los prójimos (2008), La Armada Tristeza Invencible (2009) y La sombra que pasa (2010). Ha recibido premios en los concursos Regino E. Boti, Manuel Navarro Luna y José María Heredia, entre otros, y en el IV Encuentro Iberoamericano sobre la vida y obra de Dulce María Loynaz. Figura en antologías y publicaciones de Cuba y de diversos países. Reside en Guantánamo, Cuba.



LUISA PÉREZ DE ZAMBRANA, CUBA BOSQUE TUMBA DE SUS HIJOS

a Marian, luna de plata.

Acércate Luisa para bordear el bosque
Raros fueron esos ramajes de la adormidera
Apenas caben en ti y apenas el terruño resguardará el calostro
Caído en la boca de tus cinco jabalíes perdidos en la batalla de los pobres
Te describió el profeta mientras desentrañaba el pudor de la resistencia
Demasiado precipitado para no verte escondida en la madriguera
Supo que te herían los poemas patrios
Al pie de las tumbas y dijiste den más…..hijos míos
Den la bicorne bofetada pero den también las mejillas a la Patria
Den los cuerpos para que el ciervo no se pierda en la emboscada
Sé que vendrán los ballesteros a llevarlos a la noche preferida del mancebo
¿Qué es Cuba, qué es el bosque y qué es la noche
Que sangra desde la boca del mancebo?
No he olvidado tu nombre en lontananza. Tampoco las purgaciones
Hierros trepidan en la campana de los héroes
¿Hasta dónde ese rumiar de inmortales desapegos?
¿Hasta dónde el viento y la sombra te arrastraran?
Yo confundí el olor de las tumbas con los almendros
Confundí el llanto con la salinidad de los muros
He sido capilla de la madre que se queda sola
No importaba atropellarme, devanar la desolación.
Tengan fe hijos míos…den el hilo, un ábside de valor
Dejen que sea yo la prisionera de este mar que catapulta los ausentes
Déjenme ser la roca preterida, el cadalso que cuela a la doncella
Bifurcada en manglares asesinos.
¿Qué es un páramo, qué es la soledad que fragmenta
El almidón de mi conquista?
¿Quién soy para despertar el zumo de tus cinco jabalíes?
No debí nunca surcar sus rostros porque en ellos está el negror de la valía
O está la imponderable causa de volver a enfermarnos
Con la obsesión de regresar a la misma colmena
Que ahora llamo por su nombre.
Luisa, Cuba, dame la llave, el collar, la confianza y la fiebre
Derrochada en el carretón que te clavaba el deicidio.
Estiraría tu mudez, la advertida pérdida frente a los nenúfares
Frente a sargazos de los pescadores.
Puedes sentarte frente al mar y escabullirte
Con las minucias de la tarde O prefieres recordar el color de un triangulo
Sumirte en la arena que entiesa huesos de la otrora
Seguiría existiendo a pesar de embriagarte con la desdicha
¿Cómo perturbarte con mis calambres?
¿Cómo articular un salmo para que procrees de nuevo las semillas?
No he abierto aún la página que un día enterraste junto a tus hijos.
Se antepone un lastre de separación
La jaula replica y me accidenta
El velaje y la sospecha no cesan de angustiarme.


LAS MANOS DE ELIOT

La palabra dentro de una palabra
Incapaz de decir una palabra.
T.S.Eliot

Hazles alguna perforación a estas manos que asaltan
Impredecibles y retrogradas en la concitación del tormento.
Hazle un nudo petrificador al adiós que arruinan los dedos
Empapados por acres del infortunio.
Usted dirá:
Ve a arrancarte los dientes
Hazle un favor a las palabras.
Usted dirá:
Desgrásate con los alisios con el cemento
Y por qué no con la ráfaga propagándose.
Mezcla el chaparrón mortuorio del Sur
Sí con las manos estrafalarias de Eliot.
Arráigate al yermo desencuentro
Atolóndrate con el miedo y la duda –Silenciando-
La corneta de la Fama que revela su cabeza
Mojándonos con los nervios del páramo.
¿Piensas reconquistar el sosiego?
Atestado a la interrogación melindrosa.
Hazle una barcaza -Al monigote-
Con la cara contra el árbol -insípida-
Acuérdate que vendrán a darnos el polvo
La orden consultiva tal vez la bonificación
El abastecimiento los dardos acarreos entre rejas
En la hilera de ranas que estornudan el ciclamen de lo insulso.
Ven a inscribirte también en el poema
Delicadamente
En la división que traerá la muerte
Sodomizando con voces púrpuras.
Mécete en el fandango pordiosero
En el lento río que hambrea y se ovilla
En la estúpida recurrencia del discurso -menos agresivo-
Determinado por la invención de la maldita sabiduría.
¿Sabía usted? Que me fatigo que me duelen las uñas
Por roer el terciopelo de la distancia.
No se comprometa con hijos del silencio
Hay otros en la medianoche
No se someta con la boda de la vicaria en el huerto miserable.
-El destino del hombre -yo digo- Bla bla bla -como quieran desdeñan
No se disfrace más con la sangre inútil del alba.
Entre el bien y el mal simulan las palabras.
Las palabras tienen el mismo semblante del gato.
Reúnelas todas en la batalla de la desmemoria
Que minimizan el corazón.
“Déjame mostrarte las palabras” Poquedad
Las vigas peculiares la orilla singular o plural
Oiga lo que importa es la palabra.
No menciones en un principio el significado genuino del verbo
¿Perder o amar?
Presérvame de las palabras Contumacia Arresto Elevación
¡Que Dios muestre su rostro cotidiano!
Déjanos compenetrarnos con tales dones
Con tales poderes/ Luz/Augurio/Pieles Sincréticas/
Curiosos autosacrificados quieren errar
Dispuestos a vendar cenizas con las piedras
Inquietos por reencender la visión totalitaria
Del tiempo que desgarra la calavera del tiempo
Que cicatriza el propósito inexplicable del tiempo
Azuzando ¿Qué posibilidades tengo?
Bajo el tísico espectro del huésped excitado por la inaudita realidad
Mira que relucen en la hierba allí ellos, desde, hacia, Fijeza interior
Explícita parcial pasada futura y la nada atropella.
Cansancio lúcido consciente o inconsciente
Vienen las palabras -desafecto-éxtasis-calma-
Debilidad –encadenamiento portuario- entretejido-
Demudado con tablas de misericordia -un puente-
De hierro –ni antes ni después-
Recurrencia de la sombra en la pared
Altibajos de gorriones- compulsión- cementerio- Fosa de los santos-
A la espalda insinuando la destrucción sobre las casas
Huecas- 4:25 de la tarde –Descienda solo-
A la desecación -a la ineficacia de la rosa-
Siéntese prójimo mientras la vida regale su parentesco.
Haga pauta a la coexistencia. Procede. Antecede
La tensión –desconsoladora- Parlotean los pacíficos.
Sollozantes las palabras
¿Eres feliz? ¿Eres Feliz? ¿Eres Feliz?


ILEANA ÁLVAREZ GONZÁLEZ (Ciego de Ávila, Cuba, 1967). Poeta, ensayista y editora. Miembro de la UNEAC. Graduada de Filología en la Universidad Central de Las Villas, 1989. Máster en Cultura Latinoamericana. Miembro de la UNEAC. Dirige la Revista Videncia. Tiene publicados lo libros: El agua tampoco resiste los grilletes (Poesía. Ed. Fidelia, 1990), Libro de lo inasible (Poesía. Ed. Capiro, 1996, Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara /Ed. Ávila, 2005)), Oscura cicatriz (Poesía. Ed. Ácana, 1999/ Ed. Ávila, 2002, Premio Emilio Ballagas), El protoidioma en el horizonte nos existe (Poesía. Frente de Afirmación Hispanista, México, 2000), Los ojos de Dios me están soñando (Poesía. Ed. Letras Cubanas, Colección Pinos Nuevos, 2001), Desprendimientos del alba (Poesía. Ed. Ávila, 2001, Premio Raúl Doblado), Inscripciones sobre un viejo tapete deshilado (Poesía. Ed. Vigía, 2001, Premio América Bobia), Dulce María Loynaz: La agonía de un mito (Ensayo. Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Juan Marinello, 2001, Premio de Ensayo Juan Marinello, / Ed. Benchomo, Islas Canarias, 2005), Consagración de las trampas (Poesía. Ed. Ávila, 2004, Premio Eliseo Diego), Trazado con cenizas (Antología personal, Poesía, Ed. Unión, 2007), El tigre en las entrañas (Crítica, Ávila, 2009). En proceso, su libro de poesía, Premio Dador 2007, escribir la noche. Ha sido incluida en numerosas antologías en Cuba y en el extranjero. Realizó la antología de poesía femenina Cuarto creciente (Ed. Ávila, 2007). Creó, junto a Francis Sánchez, la Revista digital de poesía Árbol invertido.



*
yo no puedo, alejandra, escribir la noche.
como a ti me atormentan las palabras, el peso esencial
de las sílabas sobre la llaga abierta.
tú tomaste la ternura por el cuello
y yo ultrajo la rosa que me salva.
en sus aguas me diluyo sin llegar hasta el fondo.
el miedo me posee
y quisiera ocultarme cual una niña
en el laberinto de los espejos,
en la semejanza esparcida por la lila que se deshoja
y la muerte de una mujer que la contempla.
también he de morir de cosas así
y nunca nadie suspirará ante esta revelación.
ahora tengo la misma edad en que lograste asir para siempre
las monedas del sueño, las monedas de oro del sueño,
la otra realidad donde el silencio es tentación y promesa.
expulsabas las estaciones de tus huesos
y parís te cubría con el humo del opio,
con los versos de octavio, con los años sesenta.
en 1993, yo juré con un grupo de amigos
arribar al nuevo milenio bajo la tour eiffel
o morir intentándolo. no lo logré, ninguno lo logró.
nuestros pasos de hoy día, son los pasos de sombras.
treinta seis años que apenas dicen, de la mosca,
sus huellas sobre la página en blanco:
la nulidad que me define.
me espanta la sencillez con que alcanzaste todo
tras una sobredosis de seconal.
seconal,
seconal...
una palabra que apenas ahora encuentro hermosa en su agudeza
perenne, un repique rompiendo todos los ventanales,
las luces de la ciudad,
imagen atada a las asociaciones imposibles
de tu cuerpo con el mío.

escribir la noche, escribir el alma con todos sus demonios,
el vacío de los ojos, el horror de la pérdida,
escribir al otro que dentro de sí nos huye.
escribir,
escribirte,
escribirme...
cómo transmitir a la piel del tigre este temblor de cuerda floja,
las líneas de mis manos que saltan
y se enroscan alrededor de mi nuca,
la humedad de mis interrogantes, de los atardeceres
donde escuché en éxtasis el ruiseñor de teócrito,
trazo con rabia estas palabras. la rabia... cómo ofrendarla.
qué semejante soledad, amiga, nos signa con tanto ardor.
quisiera besar tus labios surcados por el aliento
de todas las imágenes hurtadas al fuego de la zarza,
acariciar la luz de tus pechos
bajo la noche que poseíste. quisiera lanzarme
desde la niebla de mi siglo a tu siglo no menos niebla, asistirte
con el resplandor del horizonte tras la tormenta,
en el cuarto oscuro donde ya nadie vendrá a rescatarnos.
los días son una red de triviales miserias.
comparte, alejandra, el frasco apretado contra el pecho,
las chispas de seconal olvidadas, la furia.
yo padezco como tú el mismo miedo,
como tú la misma esperanza.



después de la lectura de pedaleo de francis



he descubierto que en un verso mi esposo me mata,
y en otro evita matarme pedaleando sin rumbo la ciudad
mohosa hasta los cimientos, el aire —dice— me salvó del disparo,
lo salvó también a él de la misma bala rebotando en su nuca.
él no sabe que yo leo sus poemas con orgullo
y no es porque el mismo verso donde se exorciza
logre acallar, extraerle filo momentáneamente a la idea,
de matarme y matarse, sino porque me hace visualizar
con un sonido mínimo, verdades que me alivian.
balbucea: “ entre los hombres más grandes
y los más pequeños sólo caben circunstancias”.
sabe que nos vamos ganando el olvido
y eso tendrá una inmensa ventaja: en esta vida
nadie nos juzgará por nuestros actos.

puedo sobrevivir a su odio momentáneo, incierto,
mientras oculto al olfato de mis espigas
la herida del disparo que no me dio,
que fluye, indetenible.
puedo sobrevivir al hecho de que napoleón, miguel ángel,
los héroes sin nombre lo sostengan en el andamio
de la cotidianidad y no aparezca yo, sobre otro andamio
aún más endeble, brindándole mis yacimientos como cuerdas.

puedo sobrevivir al dolor de que solo cargue en sus espaldas
los sacos herrumbrosos de mis gritos
y no mi cuerpo intacto como una bandera blanca
sobre su cuerpo en llamas,
y no mis manos deteniendo la avalancha de tanques
con que nos amenaza el tedio de la provincia,
el polvo de sus muros corrompiéndose
bajo la inclemencia del prójimo,
del hambre y de la desnudez de la provincia,
y sus trenes amargos, siempre a destiempo,
y no mis hijos blondos, sus hijos naciendo desde mí,
desde antes de mí, desde lo mejor de mí,
otorgándonos la verdadera trascendencia.

no puedo sobrevivir al mazo del olvido,
a la ausencia de la cierva blanca contra el horizonte
perfilada, caminos soñados bajo la misma pureza.
no se puede sobrevivir a los signos que deja una primavera
sobre el miedo adolescente.
cuánto puede pesar un parque roto en la memoria,
los juramentos derramándose
junto al azafranado olor del flamboyán.
el roce de tus manos en mi asombro,
en la redondez de la angustia.
hay que sufrir mucho para volver a aquel perfume
y encontrarlo intacto en la memoria.

he descubierto que mi esposo me mata en uno de sus versos
o que pedalea la ciudad para no recibir en su nuca
el rebote del disparo que no me dio,
mi esposo que solo intenta un día de estos
sentarse a su lado y conversar,
aun así, cuando leo en sus venas,
los túneles me descubren otros mundos vedados.


signos


a martha núñez, más allá de todo abismo.


cada noche se torna un aguzado hierro en mi garganta,
la densidad de la sombras se adueña de mi voz,
del cuerpo abierto como una res, olvidado
sobre la mordacidad de la provincia.

por los entresijos de mi aliento
he tratado de urdir todos los peligros, sus paisajes.
no logro esbozar el que me define.
frente al tedio apisono mis carnes gota a gota,
las moldeo, las arrojo al fuego,
y yo con ellas me arrojo bien serena,
como una vasija acariciada por dios.
es inútil tanto desvarío:
los tábanos reaparecen,
se quiebra la tierra del espíritu
en el polvo huérfano de la costumbre.

lo imposible,
el desierto que abre en la blancura
un horizonte donde el agua es mentira,
la vacuidad y la extrañeza de las imágenes
que me poseen como a una puta de campo extraviada
en la gran ciudad, sollozando bajo la apatía de los rascacielos...
ellos y también la transparencia del estanque
donde se hacina el sosiego de los astros,
su opresión en el amanecer,
perfilan mis contornos, los hieren,
trazan con frenesí las arrugas,
los signos que me ocultan ante el otro...
y tanto fervor también es inútil.

¿el acto inútil me define?

no puedo decir esto es la felicidad. soy feliz mientras miro cómo el arrebol del atardecer penetra en mis ojos y me acerca una ciudad distinta, menos irreal que esta que me anega, de la que siempre estoy huyendo como un ratón gris; tórrida sombra bajo su aburrimiento. yo sé que la felicidad existe y no es con exactitud una pistola caliente. he visto la felicidad como una muñeca rusa, con olor a madera recién curada; una matrioska inmensa donde cabemos cálidamente todos, unos dentro de otros. sé que existe la felicidad. me basta aquella noche en que sentí en los huesos trastocarse los límites y estallar en cristales hambrientos. acaricié su desamparo y ella puso su saliva en mi dolor y el dolor desapareció, y yo le di un corazón que me sobraba y lo puse allí donde a ella le faltaba uno. la felicidad que estaba triste se rió y me besó mi sexo tenazmente húmedo, femenino. pero las chispas de luz sobre mi piel duraron una noche, apenas una brizna que se espesa cuando necesitamos aclarar las sensaciones y encontrar la raíz que nos eleve.
pero ya lo dije antes, yo no sé escribir la noche, no podría jamás iluminarla. ni siquiera podría alumbrar el silencio a oscuras que yace aquí en las palabras carcomidas por tanto crepúsculo, y tanto ratón inmensa, tontamente gris y pertinaz que se atraganta con la palabra precisa y rebota siempre hasta mis manos con el eco chupado entre los dientes.

me aburro,
los aburro, diciéndome, diciéndoles
que siempre estoy al borde de todo abismo,
que siempre estoy de nuevo retornando
a una imagen ya vivida.
yo escribiendo las mismas palabras
en un tren de madrid, que pronto estallará.
abro la boca para que las gotas de horror
no caigan sobre el piso metálico, ajeno,
forzando las conchas de las sílabas
que se atropellan como carbones ardientes
al fondo del abismo que solo nombro,
que no me atrevo a franquear.

nadie me oirá.
nadie se aburre tanto.
nadie ahuyentará mi miedo.
solo me queda el impulso.
al borde el salto permanece, incólume.
y la pregunta que me domina,
que también me endroga, permanece.
y yo varada sin atreverme jamás a conocer
qué nutre su densidad,
¿permanezco?


GLADYS MENDÍA (Venezuela, 1975) Técnico Universitario en Turismo. Estudios de Licenciatura en Letras. Traductora del portugués al castellano. Actualmente reside en Santiago de Chile. Fue becaria de la Fundación Neruda en el año 2003. Ha publicado en diversas revistas literarias, así como también en las Memorias del Primer Festival Internacional y Popular del Libro 2007, Bogotá, Colombia, en la Antología El Hacer de las Palabras 2007, San Juan, Argentina, en la Antología El Mapa no es el Territorio, Editorial Fuga, 2007, Valparaíso, Chile, en la Antología Tránsito de Fuego, Editorial de la Casa de las Letras Andrés Bello, 2009, Venezuela y en la compilación bilingüe 51 autores contemporáneos, Ediciones Arcoiris, Francia, 2008. Sus libros: El tiempo es la herida que gotea, Paracaídas Editores, Lima, Perú, 2009 y El alcohol de los estados intermedios, Editorial El Perro y la Rana y Nadie Nos Edita Editores, San Cristóbal, Venezuela, 2009. Poemas suyos han sido traducidos al catalán, portugués y francés. Ha participado en diversos festivales internacionales de poesía. Forma parte del consejo editor de la Revista Literaria Sol Negro de Perú. Es corresponsal de la Revista de Teatro y Literatura Alhucema de Granada, España y del Magazine Páginas de Nuestramérica de Bogotá, Colombia. Es directora y editora de la Revista Literaria Latinoamericana Los Poetas del 5 desde el año 2004. www.lospoetasdelcinco.cl



¿Crees que el sueño protege del abismo,
rescata del asalto y del incendio?

Ida Gramcko


Aquí llega el noche
el que tiene las estrellas en las uñas
con caminar furioso y perros entre las piernas
alzando los brazos como relámpago
Ramón Palomares


las líneas blancas son los poemas del asfalto


el sueño es la máscara
las sandalias aladas vueltas piedra
la visión no directa


la autopista está en el sueño del túnel
no es mística
no es el símbolo
sino una pasta amorfa
que los ojos deciden que sea autopista
mientras parpadea ocasiona un accidente un herido fatal


el auto marca la pauta
aunque el asfalto es más largo
se podría decir infinito
pero el infinito es un estado intermedio


el túnel sostiene
una rosa roja
que deja caer en la autopista
el asfalto mira cómo respira
piensa que sin él
la rosa no sería suave
no tendría olor
no sería rosa
la autopista
ve los átomos vibrando
piensa en ella
el asfalto
sus miradas


en la autopista corre un avión
tiene pánico
la torre de control lo persigue
detrás camina el observador
vacía el cerebro de gasolina
quiere ser autopista
justo en la encrucijada del amor
para no elegir
quedarse por siglos
viendo cómo los autos
se dejan guiar por las señales de precaución
su instinto siempre lo supo
un beso no lo salvaría
el viaje no lo salvaría
las señales de precaución no lo salvarían
la única respuesta era quedar en panna


el alcohol sigue siendo
lo volátil sigue siendo la suma de todas las autopistas
la voz es la búsqueda
la búsqueda está condenada al fracaso
la polilla está condenada al fracaso


a la autopista le dieron la llave
que encierra el amor perfecto
la cura de la enfermedad
el éxtasis perpetuo
la autopista lanzó la llave al vacío
y se sintió cómoda
el observador recordó algo
derramó unas lágrimas
que rápidamente se evaporaron del asfalto


la autopista desea crear ilusiones a los autos
pozos de agua vibrando desde lejos
que al llegar se desvanecen
ese es el juego
el remolino de agua sal azúcar
en su cerebro sin luz
el observador no está en el cerebro
la autopista está en todas las autopistas
el observador en el centro de la carretera
es la fórmula perfecta para atascarse
quedarse en las imágenes
la parte liberada es el testigo
la parte sin adornos es el testigo
el testigo es el observador
que se une a otras carreteras
que no son reales
que son una mezcla de matices


la autopista está en la superficie
con la silenciosa desesperación del sueño
las líneas blancas son los cuerpos
las líneas blancas siguen pintadas en el asfalto
no hay que borrarlas
ni ver por el espejo retrovisor


la autopista no es un lugar
sino un foco de atención
está al borde de reacciones incontrolables
mira cómo se angosta
cómo se hace túnel y se extiende al infinito
el infinito es un estado intermedio
despierta del sueño con los ojos cerrados
no sabe qué es real
ama la muerte
un parpadeo de luces altas
para quedar fuera del asfalto
las cosas son así
suena en el cerebro de piedra caliza
donde almacena los juicios


la autopista está bloqueada
los hombrecitos de nuevo pintando las líneas
poniendo carteles que se iluminan con la oscuridad
escucha sus voces
sus pequeñas lenguas
producen tormentas eléctricas
se pasean por el asfalto
como un elefante salvaje
la autopista duda si las metáforas son tóxicas
el camión duda si la autopista es tóxica
el elefante salvaje duda si es elefante
los hombrecitos son surcos blancos
en el asfalto negro y espeso
la autopista quiere ser negra y espesa
ser las voces murciélago
las voces elefante
las voces polilla


la autopista no sabe que es todas las autopistas
el auto queda atrás
los hombrecitos corren con las maletas detrás del avión
pisando las líneas blancas
las líneas blancas son los poemas del asfalto
las líneas blancas de la carretera
que ahora forman la silueta del difunto



FRANCISCO JESÚS MUÑOZ SOLER Nacido en Málaga el 24 de Diciembre de 1.957, ciudad que ha resguardado sus días. Es miembro de la Red Mundial de Escritores (REMES), del movimiento Poetas del mundo, también ha publicado en las Revistas de Literatura digitales Artepoética, Remolinos, Encontrarte, Cinosargo, Letras Nuevas, Palabras de Tramontana, Amigos de la Urraka, Divague, El Laberinto de Ariadna, Herederos del Caos, Perito, 40cheragh , Urraka Internacional, Es hora de Embriagarse, Voces de Hoy, Almiar/Mar de Poesías, Letras, Ariadna-RC Laberinto La Rosa Profunda, Nevando en la Guinea, Espíritu Literario, Laberinto de Torogaz, Pensamientos Likidos, Dulce Arsénico, Contra la Oscuridad, Buracos Quentes, Carrollera, Palabras Salvajes, Antaria, Mondo Kronhela, Efory Atocha, Álbum Nocturno, Imaginante, Poesimistas, Nueva Literatura, Antología Literaria Actual, La Botica, Radio Sentidos, Radio Web Mundial, Colectivo Clepsidra, Comunidad P. La Revista, Azul@rte, The Big Thimes, Isla Negra, Árbol invertido, Caminos de poesía, Papirolas, Arte pasión y locura, Plataforma Placa, Otros rincones, Letras de Chile, Realidad Literal, Literarte, Botella de Náufrago, Mis Poetas Contemporáneos, La Fábrica de Sombras, El Wrong Side, Arcos de Reflejos, La Alcancia del Artesano, Analecta, Internatural, Sentado en el Aire, El Cuervo, Vicio Perpetuo, Sinalefa, Baquiana, Cañasanta. Ha publicado los siguientes libros:
2009- Restauración.
2009- La claridad asombrosa.
2009- Entre luces y palmas.
2008- El sabor de las palabras.
2008- En tiempos de prodigios.
2007- Caminar para sentirme vivo.
2006- Áspero tránsito.
2000- Intentando entender el mundo.
1998- Elijo mi libertad.
1998- La mágica unidad de mi vida.
1998- Veinticuatro poemas de amor.
1996- Frágil grandeza.
1988- Los ojos en el infinito
1986- El sentido de ser.
1983- Significación.
1980- Juventud primera.



LA LENTA IDA DE LAS HORAS



“Huye sin percibirse, lento el día,
y la hora secreta y recatada
con silencio se acerca . . .
FRANCISCO DE QUEVEDO

1-

En entrañable escenario de urbano desierto
retirado en la paz que de su claridad mana
a través de sus profundas ventanas
mi música callada y mis argumentos,

intento llenar de dicha mi ánima, fortalecerla
con baños de contemplación y ricos recuerdos
aderezados con bellos y canoros ritmos
intenso soñar de vibrantes y enfebrecidas olas

“que mejora la lenta huida de las horas”

2-

Alimento engañado para orugas en silencio
germino en fugaces días, aunque no me lo creo
a pesar que saludo a la parca en confianza

nos conocimos en puntuales y amargos eventos
pero ha ido aminorando su distancia
conforme le crece su capa de mortaja

“que barnizará con el sedimento de mi limo.”

3-

Vencer ese temor de miserias y espanto
ese espacio tenebroso de desconocidas ascuas infinitas
que nutrimos al dictado que todo lo iguala

cuándo me enfrente le diré, serás mi consuelo
llévame a tu mar de continuas pérdidas
allí encontraré sustento, la gracia

“que elevará mi ánima con pies de barro.”



ESPECTRAL DANZA DE INCLEMENTES CUELLOS BLANCOS



“El mascarón bailara entre columnas de sangre y números
entre huracanes de oro y gemidos de obreros parados.”
FEDERICO GARCÍA LORCA



Espectral danza de inclementes cuellos blancos
sobre durísimos huesos de red,
bajeles de auríferas bodegas
que sobre turbias y famélicas aguas
y abismos sin fondo caminan.

Centuria sin aprendizaje ni respuestas
a las columnas de menesterosas sangres
viscoso lubricante de sedientas codicias,
Pantagruel insaciable de festines de caudales
donde vomitan todas las arterias.

Bajo la malla de calcio donde danzan
los bebedores de inocentes lágrimas
brotan tubérculos de brazos de sombras,
sepias de envolventes tentáculos
y tinta cegadora de niños pobres.

Laberinto de tumultuosa caída sin fondo
de relojes sin manecillas, ni norte,
incesable despeñadero de orbitas
claras de ojos con que montan merengues
los danzantes de pies de plata.

Rugen millones de ciegas hormigas
obreras aspirantes a mundos celestiales
de inalterable fe y obediencia debida,
gemidoras sin consuelo de los detalles
que configuran huracanes de colmillos de oro.




EN ESTOS PÉRFIDOS TIEMPOS DE AÑAGAZAS




“¡Al poeta despídanlo!
No entra en el juego
se pasa el día cavilando.”
HEBERTO PADILLA



En estos pérfidos tiempos de añagazas
a velocidad de un vértigo que nos desgaja
nos rebanan la íntima critica sustancia
con descargas de cortante densidad,
con adecuados impactos que se sobreponen
a las respuestas de nuestras ansias
de conocer, de objetar, de interpretar
la música de los sentidos de las palabras.

En este espectral escenario sin sueños
no hay espacio para el improbable juego
de reflexionar sobre las artimañas
que producen los números de colores
que ficticiamente cobran añadidos valores
en bellos paneles de asépticos ejercicios
que opacan la sangre fértilmente derramada
de insignificantes y justos perdedores.

En estos tiempos difíciles sin alma
no hay hueco en los anaqueles para deudores,
para la cavilación de pausados insensatos
siempre intentando hallar el significado,
la esencia, en vez de aceptar el juego
que marca la inexorable y pétrea inercia
sólida base del perfecto mundo plano
donde tanto molesta las aristas de los poetas



CREER EN LA DIVISIBLE UNIDAD DE NOSOTROS




“Pero los teólogos afirman que en la sombra ulterior
del otro reino estaré yo, esperándome.”
JORGE LUIS BORGES




Creer en la divisible unidad de nosotros
sin que perdamos nuestra integridad e identidad,
a pesar de perder nuestro soporte físico
y teniendo conciencia de nuestra actual dependencia del mismo,
que será de la voz del pensamiento y donde sentiremos el eco,
como seremos nosotros mismos sin nuestro cerebro
ya desligados de neuronas y fragilidad física,
como nos comunicaremos y con quién o quienes
cuando nos adentremos en la inabarcable sombra
y nos encontremos con esperándonos.



LLEGAR A ESE PUNTO DIFUSO



“Los dioses saben lo venidero, los hombres lo acontecido,
y los sabios lo que se cierne.”
FILÓSTRATO




Llegar a ese punto difuso donde poder
tomar distancia sobre uno mismo
observando al sustentador incardinado
transitando encrucijadas de meandros…
Ser receptor de las vibraciones de lo que se cierne.

Recibir el misterioso zumbido y trasladarlo
al depositario de mi inherente legado
para que cuide mis emociones y pasos
eligiendo el curso adecuado
para el devenir de mis futuros años.

Que al dejar mi incorpóreo estado
ya surcando el longevo camino deseado
la despensa de mi galera se colme
de los más nutritivos conocimientos
afluentes de gozo y tersura para mi espíritu.

En esos parajes de acontecimientos
hallar lo hermoso, lo noble, lo magnífico
saborearlo sin premura, tomándome mi tiempo,
y al llegar a puerto se elevasen las riquezas
que mi alma ansía sobre los silos de Ítaca.



ALVARO INOSTROZA BIDART Poeta, nació en Santiago de Chile en 1960, pero vive en Concón, en la región de Valparaíso, desde 1988. Tiene cinco hijos, entre los tuyos, los míos y la nuestra; y dos nietos. Además, estudió periodismo en la Pontificia Universidad Católica de Chile y master en economía urbana en la Universidad Mayor.
En el año 1979 participó en el histórico Primer Encuentro de Arte Joven en el Instituto Cultural de Las Condes y publicó en la antología “Uno x Uno: Nueve Poetas Jóvenes” de Editorial Nascimento. En 1985 publicó “Patio de Luz”, Editorial La Noria; en 1996, “Tendido (en) Público”, Ediciones Dunas de Concón; en 1998, “Señales de Vida”, Editorial Universidad de Valparaíso; y en 2004, “Días de Fiesta”, Ediciones Documentas.
También es crítico de cine y docente en la Escuela de Periodismo de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, donde dicta el curso de Crítica Cinematográfica y el Taller de Poesía y Cuento.



Patio de luz


A ratos no se escucha el silencio
entre tanta música de plumas.
El oído late con su propio dolor
antes de salir al patio de luz.

Un higuera estalla.
La espalda entrega sus lunares al vacío.
Desde lejos se acerca la marea,
por las terrazas,
por las escaleras,
por las monturas de los cerros.

La tarde transcurre
mientras el alma suspende las visitas.
Es un solo momento de intimidad
con el espacio.
Todos los ritmos habitan el cuerpo
sin mancha.
Parece cierto.
Pero no.
El error es la irrupción
de la inocencia.

(De “Patio de Luz”, 1985)



Finitud


Todavía me entristece ver
como se desgastan,
inútilmente,
estos viejos lápices
de grafito.

(De “Patio de Luz”, 1985)





declaración de impuestos


no quiero conquistar ninguna ninfa
(yo sólo quiero que me quieran)
no quiero superar a gritos la barrera del sonido
hacer carrera como funcionario del estado
no quiero crédito en la Caja Chica
AFP FONASA SERVIU ni sigla que se le parezca
no quiero dentadura postiza
calzoncillos Playboy
preservativos Paradise
no quiero llegar a la hora al trabajo
a serrucharle el piso a ningún conciudadano
jornadas de nueve horas ni de ocho
no quiero rutina para nadie
no quiero soplones sapos vigilantes o reptiles afines
no quiero estado de sitio toque de queda
tortura sistemática silencio obligatorio
no quiero que los huemules sigan pagando los platos rotos

(De “Tendido (en) Público”, 1996)


ventanas

lo que hacemos
la vida
a veces apenas
la condición de ser
una y otra vez

ventanas
una canción
abrirlas
escuchar algo
darle sentido a la pregunta
corregir el error o lo imposible
simplemente salir
a caminar
meterse en lugares
del espanto
de la dicha
(De “Tendido (en) Público”)


amanecer


si no he de escribir
nunca más nada
feliz
sólo si las palabras
pueden construir
una sonrisa
una mujer bailando
hasta el amanecer


(De “Días de Fiesta”, 1998)



molino

a Jorge Teillier


botando sangre por la boca
soñando
durmiendo todo el día
despierto
perdido en el tiempo
un pájaro que no conozco
canta en la ventana
avisando
que pierdo el tren
sin pasajeros
sin vía
sin maquinista
negando
entro
en el molino roto


(De “Señales de Vida”, 1998)



días de fiesta


han crecido el olivo y el álamo
las hortensias del jardín
la suerte está de nuestra parte

días para soñar
para entonar viejas canciones
para desatar la pasión
aprendices de las estaciones
de la vida

días de regalos
de fotografías

días de fiesta
en que acercamos
la luna a las estrellas
el cielo a la tierra

(De “Días de Fiesta”, 2004)




gente sencilla

amo la gente
que no usa el sentido común
que vive los fines de semana
como vacaciones
que trabaja
sin olvidar
que hay un mundo mejor

amo la gente
que sonríe cuando la saludan
que saluda
cuando le sonríen

amo la gente
que no es importante
que bebe en los cafés
dejando que el tiempo pase
haciendo caso omiso
amo la gente
que pierde el tiempo
la que no tiene nada que ganar

amo la gente
que lee en las micros
en el metro
que duerme
en las playas
sobre el sol
esperando la luna

amo la gente
sencilla
con la pretensión de interpretarlos
de ser algún día
uno de ellos


(De “Días de Fiesta”, 2004)




FAUSTO LARRAGUÍVEL nació en Guadalajara, México, en 1971. Estudió Filosofía, Docencia de la Lengua Inglesa y una maestría en Sexualidad Humana - orientador
enfocado principalmente hacia la adolescencia. Desde hace 18 años se dedica también a la docencia. Ha impartido cursos en Universidad, Bachillerato, Escuelas de Idiomas y Talleres Literarios. Es actualmente director de un Centro Escolar Bilingüe, donde sigue fungiendo como docente. Ha publicado los poemarios: Cuéntame entre los muertos (Ediciones Klan-Destino) y En menguante (Ediciones Amapola y Memoria.)
En diciembre presentará su nuevo poemario y un libro de narrativa breve en la FIL Guadalajara 2010.
El próximo noviembre la compañía Skene de Tepic, Nayarit, estrenará su obra escénica:
Columbramientos nocturnos.
Ha publicado también poemas, relatos y ensayos en revistas universitarias, hojas literarias, sitios de internet, periódicos publicitarios y publicaciones marginales.
Ha sido presentador de los poemarios El ciclo de la esfera de Horacio Villacorta y Susurros de una mujer morena de la poeta chilena Alexandra Checura, ambos en el marco de la Feria Internacional del Libro en Guadalajara.
Traduce poemas del inglés (Paul Muldoon, Harold Pinter, Dorothy Parker, W.S. Graham), francés (René Guy Cadou), italiano (Eros Alesi), catalán (Miquel Martí i Pol) y portugués (José Saramago).



A la zaga


Lunas, marfiles, instrumentos, rosas(…)
Debo fingir que hay otros. Es mentira.
Sólo tú eres. Tú mi desventura
Y mi ventura, inagotable y pura.
J.L.Borges


Es mirar la noche desde los guardapolvos,
un amasijo de voces que se apretujan
y me buscan, incansables.
El palacio negro de un territorio inexistente,
contar números hasta desmayarse
y seguir la tarea en la aturdida lucidez de pupilas dilatadas.
En el centro del desierto la escultura de un deseo hecha terrones,
me quedan las estrellas anegadas de olvido.
Un imperio de muñones alzados
contra la grisura de un cielo sin alcázares para el aliento.
Me arrebata el suspiro en el puente,
también la carta que nunca llegó al puerto de otros ojos convulsos.
He pedido a los hombres que no desistieran,
que siguieran amontonando epopeyas de papel y sangre,
de hierro oxidado y pellejo,
que edificaran catedrales inmensas para nuestro insomnio,
que soñaran un refugio dónde el mar por fin se hincase ante la Atlántida.
El niño vio tras las rendijas
el ascua en la espalda de Ulises al huir de Caribdis,
el milagro de unos panes repartidos y un árbol iluminado,
los leones de un coliseo y una enorme piedra negra
gastada levemente por el roce de manos encallecidas,
holocaustos que se ofrecían a la saliente de la tarde.
Hablaré de versos que se acantilan en mis labios
y atraen la llovizna entre párpados afligidos,
esos amores que ya no vimos al abrir el Libro de Apolonio
y las maravillas que hay enterradas en la piel del levante.
Soñé tres hombres negros que cazaban una cierva
y no regresarían de la sabana,
el fusil amartillado contra el miedo,
aquel lienzo nupcial para envolver un sabino,
las guerras floridas para un dios endeble que sangre implora,
una mujer alunada que busca a sus hijos entre gritos atroces
y un viejo que aprieta su temblorosa copa de veneno ante la ventana.
Todas las mañanas el siete será un nueve disminuido
y nadie creerá lo contrario.
El navío que naufraga en la claridad de septiembre
arroja la botella que encierra los garabatos insoportables
de un mensaje velado
- ése que nadie se aprestará a leer.
Una celda llena de heces y lamentos,
el látigo sobre la espalda del inocente,
emerge un cadalso al que no se atreven a trepar las enredaderas.
Que no se acabe la madeja con que hila el silencio,
que no acabe.
Varios saben que los objetos comunes:
la marmita, el peine, el salero,
el abanico, los trapos y las agujas;
son los bártulos más apreciados en otras tierras,
y en las noches sin luna vienen a sustraerlos,
envueltos en seda, los manilargos de Samarcanda.
Ignoran mis ancestros la paradoja zanjada por un sabio delirante,
eremita que no se atreve a revelar su cifrado,
pues atesora del misterio sus frutos sibilinos,
y no desea que el hombre se prive del enigma
por la tristeza de perder uno a uno todos los asombros.
Hoy viene el otoño en que los venablos deslumbran
los pechos sin proferir palabra alguna,
polvareda de corceles y vísceras al galope
- Héctor y Aquiles no volvieron a buscarse.
La pólvora y el fuego,
la embriaguez del vino del exilio y sus resacas incomprensibles.
Ante una voz que se quiebra en las colinas,
la mujer que desfallece en pleno alumbramiento,
placenta ajada por la esperanza.
El salmo del hombre desesperado que se estrella
contra las paredes de la mezquita.
La algazara de los gusanos en los cementerios
que siempre desoímos por hervir el potaje de la rutina,
para acallar toda postrimería inútil.
Esa puerta falsa que no se atreve a cerrarse, ¿para qué?
Entonces no quedará más que reconocer, calladamente,
que tú, mujer de silencios torvos,
tú estás detrás de todo.



El agua y sus privilegios dispersos

El agua y sus privilegios dispersos por la Tierra. La frescura que agota los malabares de la lengua, sedienta y vaporosa. La noche y sus brebajes repentinos: las tisanas lunares, el caldo tibio del vacío exprimido en el sereno, las pócimas que exudan niebla, las infusiones amargas y umbrosas. El potaje del silencio encalado de los pájaros que aún dormitan en otro cielo suspendido. Los destilados del vendaval que apenas comienza y los fermentos de charcos anegados por el reflejo de luciérnagas asustadas. Los menjurjes que aliña el celaje del páramo y sus dialectos indecibles. El hervor de una terma en pleno invierno. Los ejercicios suicidas de un géiser que percute la hondura del valle. Humo de extrañas coreografías salidas de una olla que, resignada, se abandona en las brasas del fogón.


Gran recuento de pequeños prodigios

Amo a la lluvia que cae sin darse por advertida, los niños que se maravillan con una pelota, el perro que persigue su cola insistentemente, los libros destartalados que reparo a la luz de una vela consumida. Amo la alegría del ratero que camina por la acera después de desvalijar a otro nuevo cliente. El silencio de los amantes que se despiden largamente y sin quererlo, sin saber que no volverán a verse. Amo la ciudad sitiada el domingo por las noches - sedimento de somnolencia - y la esperanza de no volver a trabajar mientras los párpados forcejean en la madrugada del lunes. Amo las loterías en las que no se gana nada y uno termina siendo un tanto más pobre que antes. Amo el polvo que remueven tus ojos al detenerse sobre estas líneas remolonas.


Milflores

Un salmo monótono reverbera entre la arboleda. La miel es la calma decantada en el
vientre de un panal, un sol derretido que se enreda en nuestra lengua. Las abejas son
hadas en miniatura que, a golpe de desvelos, realizan el milagro de atrapar la luz
demorándose en las entrañas de la colmena. Queda el remanente del polen martillado por el silencio que se anega, dádiva de flores que se desentienden y sólo buscan el pretexto de una brizna de lumbre para sahumar el estero. Nada queda al azar, ni siquiera una miríada de celdas que almacenan el hallazgo, ámbar que endulza hasta el aire que uno respira en esta tarde moribunda.



HÉLDER LARRAGUÍVEL nació en Guadalajara, México, en 1992. Estudió Inglés en el British Council e italiano en la Casa D’Italia Dante Aligheri, actualmente cursa el francés en la Alliance Française. Participa actualmente en equipos de debate y de oratoria a nivel estatal y nacional. Participa en talleres literarios de poesía y narrativa. Cursa actualmente el primer semestre de la carrera de Física en la Universidad de Guadalajara. Ha sido antologado en la plaquette: Poesía novísima de Occidente, Ed. Anábasis. Ha publicado también poemas, relatos en hojas literarias, sitios de internet.



Conquistando a la mujer


Yo no soy colonizador

pero quiero conquistarte,

asaltar tus pensamientos

y cada uno de tus rincones.



Deseo envolverte en mi bandera,

susurrarte mi himno de vida al oído,

dejarte como única ley,

labrar tus tierras con mi estandarte

y amarte como mi única patria.



Yendo más allá

muero por acariciar las costas de tu piel,

desenredar tus cabellos de palma,

adentrarme en la jungla salvaje de tus ojos,

besar las laderas de tu cuello,

las callejuelas de tu escote,

hasta desabrocharte el vestido

y anidar en tus entrañas.

Añoro escalar tus desfiladeros

y beber el agua de lluvia en tu regazo,

atravesar tu vientre lleno de valles desérticos,

poblar los bordes en el cráter de tu ombligo

y, bajar por tu territorio, río caudaloso

que inunda y desbarata tu sexo,

profanar a tus ciudades de arabescos con mis huestes salvajes.



Mientras me escabullo por los lindes

de tus piernas,

continentes que se yerguen en delirio.



En esta noche interminable de tu cuerpo.




Divorciado del amor



Te amaré por siempre;

con la única condición

de que después te pueda olvidar.




Estoy solamente desolado


Soledad, eres caricia

que no me toca,

pero se niega a soltarme.



Soledad, me dejas tan solo…

que ni la muerte

ni la vida

se atreven a acercarse a mí.



Las ideas huyen de mí,

mis propios ojos no quieren ni verme,

mi mente se esconde tras mi cuerpo

y este conspira para alejarse de mí.



Hasta dios se oculta

en un espejo sin reflejo alguno

y el pobre diablo sufre

por no poder regresar al averno,

con el temor de encontrarme allí.



No hay nada peor que estar solo

entre millones de personas en el mundo.



Soledad, por favor,

¡nunca me dejes solo conmigo!



Antes de que te vayas


Antes de que te vayas,

quiero escribirte.

Porque mi boca puede mentir,

pero mis versos,

con el corazón en la mano,

siempre serán sinceros contigo.



En verdad,

planeo extrañarte

y después lamentarme

por no haber estado cerca de ti.



Te confieso,

nunca lloraba contigo;

era mi única ilusión de fortaleza.



Ahora, ya muy tarde,

me doy cuenta de que tú eras

esa motivación alada;

aunque cada vez que discutíamos

me sentía en un infierno

de sentimientos contradictorios.



Honestamente

aunque te quedes

no voy a cambiar,

no porque no quiera,

sino porque nunca supe cómo.



Discúlpame por no ser

lo que desearía ser para ti.



He aprendido a vivir con mis errores,

tanto…

que ya no sé siquiera vivir.



Y pese a mi estúpido orgullo,

me declaro

como este simple hombre

que no te pide que te quedes,

solo que no me abandones.



A media noche


Siento el peso de la noche

sobre mi cabeza,

los hombros,

mi espalda,

y tabién en el pecho,

tan fuerte que no me deja respirar.



Mientras camino

la oscuridad comienza a cegarme,

una tela de alaridos todo lo ensordece,

al mismo tiempo,

ese velo de oscuridad

entume cada uno de mis movimientos.



Pierdo el control de mi cuerpo,

ya solo las estrellas me dominan,

se atan a mis extremidades,

me dominan como marioneta.



La verdadera belleza de la vida

no se encuentra en monumentales edificaciones,

ni en playas paradisiacas.

La verdadera belleza se aloja

tras una ventana rota,

en el sueño de una sonrisa honesta,

en aquellas puertas y espejos

que atravesamos cada día.



Así que mientras no domine mi lado oscuro,

no me pidan un final para este poema.

domingo, 18 de julio de 2010

NÉSTOR MENDOZA: POESÍA VENEZOLANA ACTUAL




NESTOR MENDOZA (Maracay, Venezuela, 1985) Licenciado en Educación, Mención Lengua y Literatura por la Universidad de Carabobo. En el 2007 publica su primer libro titulado Ombligo para esta noche. Sus poemas y reseñas han aparecido en el suplemento literario Contenido del diario El Periodiquito de Aragua y en revista La Tuna de Oro (UC). Participa en el Taller Literario Hojas Sueltas de Mariara, Edo. Carabobo. Ha asistido a eventos literarios y recitales en diversas regiones del país. Mantiene un blog titulado Lezámico (nestor-mendoza.blogspot.com).


Selección por Gladys Mendía




I

Quedamos abiertos
desde la culpa
hasta la boca.

Un detonar de ojos en este epitafio
para descansar al lado del otro.

La gran vara no puede medirnos,
somos la altura del árbol no descubierto.



PODÁLICO


a Griselda

Estoy tan a gusto
nadando este líquido
prestado por mi madre.

A mi lado crece mi hermana.
Una misma bolsa
un mismo cordón
para ahorcarnos en esta complicidad.
Mi corazón aún está crudo,
el de mi hermana palpita su sangre
mejor que la mía.
Dios - o tal vez alguien más-
quiso que su frente mirara de cerca
el pubis de mi madre, y yo, el hígado.
Mi acompañante posee
ojos diferentes a los míos;
una mejor espina para su carne,
menos sal en sus lágrimas.

En este saco compartido,
mirándole los pies,
saboreo el agua que nos penetra
por el ombligo.



CIMA VS SIMA


Una simple letra determina
la profundidad;
que ascendamos libremente
rumbo al azul de dios
o que seamos transeúntes
del fuego.
Una simple consonante,
al parecer inofensiva
nos ama en el descenso
y nos odia en el suelo.
C-I-M-A:
Allí se acumulan las nubes
en el octavo piso,
allí los besos están compuestos
-al igual que dios-
de oxígeno, nitrógeno y argón.
S-I-M-A:
Allá cada quien es dueño
de su infarto.
Despeñaderos, caídas libres,
acantilados, barrancos, edificios.
Es maravilloso el silencio
mientras caemos,
allá el asfalto es líquido
y nadamos.




MUERTE

Cada músculo aprende
desde la infancia su descomposición.

Entre cada tejido la lombriz
hace su trabajo:
alimenta hasta engordar la carne
para estar a punto el día del festín.

Muerte tras muerte, de manera sucesiva,
la lombriz prepara lo que será una gran cicatriz.
Herida y sutura aparecen al mismo tiempo.
-No se oponen, son hermanas-

Es, sin duda, una hermosa lombriz sin cola,
ondulante.
Se parece a mí, pero no tiene miedo.
Cuando lloramos, es ella quien dictamina la sal.

No somos más que un débil saco
de sangre y huesos.
Un parpadeo, un orgasmo.
Y esa lombriz lo sabe.
Es muy puntual, llega antes de las 7:00 a.m.
Saluda amablemente a la carne que pudrirá.




PADRE

a Néstor Antonio



Padre, todos los días encuentro
piedras pulidas con tu nombre en mi bolsillo.
Tienen tus canas, volumen y dureza.
Desde hace años las encuentro fielmente,
pero nunca te había dicho.
Me sentía diminuto, mentira.
No te culpo por obligarme a mirar
las piernas del rocío antes de tiempo.
Te veo limpiar las aceras y los templos,
recoger las hojas del patio.
Dentro de tu dureza hay espuma y azúcar,
un miedo retorciéndose.
No te preocupes, prometo tender mi cama.
Tú no lo sabes, pero he inventariado tus ojos,
el brillo que tiembla dentro de ellos,
durante el día.