jueves, 21 de agosto de 2014

MISAEL HERNÁNDEZ. Poesía Actual de Guatemala



MISAEL HERNÁNDEZ (1989 Quetzaltenango, Guatemala.) Poeta e Ingeniero Civil, fue parte del consejo editorial de la Universidad Rafael Landívar de Quetzaltenango (2008-2010), aparece en publicaciones: revista ATI (2010), Pirata Cartonera Colección Cabro, El Salvador (2011), Versión Electrónica ILA Magazine, Marruecos (2014). Sorbo de Letras, Venezuela (2014). Forma Parte de la Selección de Poetas: Tenían veinte años y estaban locos, de Luna Miguel. Ganador del Certamen de Juegos florales de Totonicapán (2011), Mantiene el 10avenida.blogspot.com. Es Perro Romántico y amigo de René Morales Hernández.



 Selección por Gladys Mendía del libro en proceso Hospital


HOSPITAL.

29 de septiembre del año en que quedamos solos.


*

El instructivo del medicamento
tenía letras muy pequeñas,
aunque no se lea
el efecto es el mismo
hace olvidar el dolor
rojo de cada pastilla

- enciendes el radio,
piensas en el nuevo viaje
san francisco
el avión
el atardecer tibio
en efectos secundarios -

Esto no es culpa
de Mendel
ni de los químicos
es el destino
mi nombre
o tus uñas de color ciruela.

-Subes al auto-
y el olor a futuro
te hace creer que todo es biológico
que somos una casualidad
un prototipo con error,
- ajustas el retrovisor-
algo ves en la parte trasera
-eres tu
pensando
beber agua
o beber tristeza-

algo no está bien en tu vientre
has pensado en mi
en las flores que viven
solo un par de horas,
algo más late en tus oídos
y no es un ave
ni la palabra ovulación

es el pasillo hospitalario
que te busca
te advierte
que algo te morderá el
ombligo
perderás la vista
y sólo escucharás
los pasos de un niño
que vuela
y ronronea
por tu cornea
como espora
del polvo.


*

No era recomendable dormir
con la Tv encendida
pero en este sitio
el miedo
tiene rostro dulce
como catéter en tu brazo
izquierdo.

¿En qué pensabas
cuando el analgésico
recorría tus codos?

¿Pensaste en mi dolor?

Te imaginaba con
ojos de Molly Bloom
recostada en una cama
esperando a que yo volviera
con un par de tenis  azules
y contarte que eran perfectos
para el cinturón
que me diste por mi cumpleaños.

pero no soy Leopold Bloom
no soy
quien puede subir con calma
las gradas de la sala de espera
a un quirófano
a la zona de maternidad
a un funeral
a ti
que me marchitas
porque cuento el tiempo
que tarda tu aliento
en formar una vocal
por tu garganta

porque
escucho a pinkfloyd
para olvidar tu aroma a Nueva York
y tus ganas de conocer
Madrid

porque
dormiste una noche
en la sala de emergencia
donde los espantos
de neonatos
repetían nuestras culpas
y yo no llegue a tiempo
para apagar la tv
para decirte
que me aspiraban
el alma

que yo también
sentí el filo
del Bisturí.


*

El blanco de los pasillos
me hace el más ausente de ti
dolor de ti
espasmo de ti.
Soy
el olor a antiséptico
la hemorragia interna

Soportaría
todos los catéteres del mundo
por un momento
de tu enfermedad sobre
mi pecho
porque
no es suficiente
unblister de
ansioliticos
a los que marco
una letra de tu nombre
antes de tomarlos
para sentirte cerca
para creer
que de alguna forma
aun estamos juntos
en la ansiedad
en el castigo
en la llamarada
fétida de sentirnos
abandonados,

en esta necesidad
de seguirnos buscando
por los pasillos pulcros
donde se respiran lamentos
y la esperanza
de ser inyectados
con la misma jeringa
para volver a ser

uno. 





sábado, 16 de agosto de 2014

LEO CÁCERES. Poesía Actual de Perú



Leo Cáceres  (Puno – Perú 1988). Realizador de cine y televisión. Últimamente dedica su tiempo a un estudio pormenorizado de la filosofía occidental y a la neurociencia. Planea realizar un documental sobre la cultura andina vista desde un prisma poético, donde las imágenes hablen solas; y hacer un cortometraje sobre la vida y la obra de Carlos Oquendo de Amat. Libros de poesía inéditos: Aromas oscuros y Astro Deseo.

Selección por Gladys Mendía del Blog del autor: www.cosmoedro.blogspot.com


Astro Deseo V




nos fumaremos las estrellas
con el humo crearemos un lodazal de guerra
poblaremos los bordillos de las sonrisas más bonitas del mundo
almorzando margaritas en mitad de la estepa

nos parece al ocaso y a mí
que la luna hoy es el noúmeno más hermoso de lo ininteligible
y no hay verbos abatidos que la acaparen

desentono frecuentemente

ojeras del universo
arco blanco de melancolías contrarestadas
vertebrado crepúsculo de ojos baldíos
bosque incendiándose en reposo
la hojarasca atormentada de los sueños
latidos transparentes de un corazón insólito

contemplo
a tu lado
la sangre que se yergue
desde la discreta sordomudez del primer otoño

ronda con tus onirías de plata las cafiqueas de mi trazado
medianoche
en la estacada nadie sabe de dónde nadie sabe qué nombre

los gestos anochecieron aún vivos
caí con ellos en la maleza de la vacuidad

la muerte se posó en tus flores
como una abeja

eres un sereno anochecer encarnado






Astro Deseo XIX




A mi tío Lucho

«Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed»

William Ernest Henley


en esta habitación que me ha amparado y alimentado
con su fragua lívida         oleaje de tierna locura 

aquí donde le hice el amor a mi muerte a mi ego
donde plasmé a sustos el gozo de sentirme amado y comprendido
donde mi plática se convirtió en beso de alumbrada osamenta
y el arte de anochecer         la sombra de mí mismo
aquí antaño celebré rituales altaneros 
piedras acorazonadas en los compendios
toda una colección de tambores etílicos
  celdas gratas de barrotes consanguíneos
hematomas fugaces de pueril barbecho
  luces aletargadas en la soledad de emergencia

 un rayo alcohólico regurgitado
y las enseñanzas del bhagavad gita
cernían mi alma       faz esmeralda

los fantasmas del tiempo hoy me lanzan días muertos a la cara
desde aquí abajo se ve como dormita la rojez arcaica de la semilla
que es también el patio donde él se detenía a contemplar epifanías
como si las nubes hipando
le entregaran la carta de
renuncia a la sabiduría

las calles percuten mi búsqueda
las puertas chochean de viejas
es tiempo de resintonizarme

ahora ofuscación quieta y parca
que tremolas las ventanas y enrumbas
la apacheta lacustre  

ahora solo te pido 
que le des tierra a mi destino
para tener con quien compartir
la angustia de tener memoria







martes, 12 de agosto de 2014

DARÍO RODRÍGUEZ. Narrativa Actual de Colombia


Darío Rodríguez (1977, Duitama – Boyacá, Colombia). Escritor, promotor de lectura y editor.  Ha publicado las novelas ‘Cuaderno invisible’ (Culturama – 2011) y ‘Observaciones desde una ventana’ (Garcín Ediciones -2013), además del libro de piezas escénicas ‘Aproximación a nada’ (Culturama -2013). Colaborador permanente de la revista bogotana Cartel Urbano www.cartelurbano.com y bloguero literario de En Órbita www.enorbita.tv .  Es uno de los directores del sello editorial Garcín ediciones.

Selección por Gladys Mendía de la novela Observaciones desde una ventana




Hoja Cero

Abandone la suposición de que un texto es una ventana.
A partir de este momento una ventana es, sin más, un texto.
Elija los pensamientos de otro, que lo acompañarán durante la jornada, como

 “Piensa
 en todo el tiempo
 que has perdido.
 El que estás perdiendo.
 El tiempo
 que te queda por perder”.




Hoja Uno

Invente una razón justa para esperar.
Algo ilusorio, individual o imposible.
Después, tomada la decisión, prepárese. Sobre esta silla, o en pie. Sea durante
muchas horas, sea por las insoportables pausas de unos cuantos segundos, la
convicción es simple: permanecer aquí hasta su final, o el de la espera.
Intente ser indiferente al tiempo. Dentro del límite de su capacidad, finja esa
indiferencia. Usted aún no sabe que el tiempo también se deteriora con el
transcurrir del espacio.
Si su carácter es impulsivo y no quiere ni puede esperar, tenga en cuenta:
alguien, otra persona a quien nunca conocerá, espera en su lugar. Así mismo, es
imposible fiarse del tiempo: no le devolverá la razón que usted desdeñó.
Aceptándolo o no, sabiéndolo o no, siempre se está en actitud de espera.




Hoja Once

La ventana se desplaza en forma perpendicular a los ángulos de visión aportados por usted. ¿Cómo dar cuenta del fenómeno?
Cuando la ventana aparenta quietud, conviene dudar. Quizás corre a velocidad estrepitosa y usted no lo nota debido a que, sin planearlo ni quererlo, usted es un componente de ella, o tal vez está siendo víctima de sus empellones y arrastres.
¿Por qué alrededor el clima, los ruidos, las personas vecinas – menos la espera – simulan costumbre, homogeneidad, falta de novedades?




Hoja Diecisiete

Hablar, evidencia de calma y desesperación. Los observadores se pliegan a la voz por su sonido, más allá del significado.
Hablar para sí no tiene par. Las preguntas no precisan de respuesta debido a su simpleza, corto vuelo, decidida incapacidad.
Monologar es el descuido o desprecio del transcurrir de las horas. Al punto de establecer combinaciones en ritmos personales, recuerdos, promesas futuras y preocupaciones actuales. En ciertos momentos no se logra separar la simple evocación de una angustia por el presente; o el proyecto del porvenir se vuelve semejante a la reminiscencia.
Efectivo sedante, en ausencia de elementos o de seres humanos que desempeñen la distracción de modo deliberado, no es recomendable como método ni mucho menos como plan vital.




Hoja Dieciocho

Emprenda un exhaustivo monólogo.
Si así lo desea no observe la ventana. Esto le permitirá perorar con honda fe en
su propia labia, no habrá jerarquías ni énfasis.
Si no puede soltar palabra sin dejar la ventana, apelar al antiquísimo
cuestionario le será útil. Manidas preguntas, ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Cómo?
¿Qué?, puentes eficaces en orden a crear una distancia de imposiciones
temporales; poseen valor secundario, aunque no despreciable. Más allá del
mero entretenimiento, pierden toda importancia.




Hoja Veinte

Recrimínese por la postura corporal que está adquiriendo ahora. Incómoda debido a la propia insatisfacción por usted sentida: si ocupa una silla querrá, sin duda, levantarse; si de pie, anhelará un sillón, aún sentarse en el suelo de este lugar. Al fin y al cabo cualquier posición asumida por su cuerpo es nociva. Y usted lo sabe.
Quéjese: el viento es frío, usted no debería haber venido aquí; o los gránulos de brisa que el viento va desperdigando sin concierto aumentan las dosis de calor, usted no debió acudir a esta cita; es injusto que le hagan malgastar el tiempo - usted por otra parte imagina al tiempo como su propiedad (uno de los lances más graciosos de esta historia) – con la presente espera, alguien tendría que haberle relatado las dimensiones, los costos de permanecer sin oficio ni beneficio en frente de la ventana.
Conciba argumentos en su defensa, tan individuales, tan caprichosos, que usted termine por suspirar con aire vencido, meneando la cabeza mientras desaprueba los desmanes cometidos en su contra. Cuando arroje el lamento, sus poros y glándulas, la tensión alrededor de sus dedos, notificarán al resto del organismo el carácter heroico alcanzado gracias a su denuedo, resignación y humildad.
Un predecible silencio subsecuente a sus reclamos es, quizás, el único hecho valioso de la técnica descrita.




Hoja Veintiséis

La noche y lo nocturno gozan de constituciones blandas.
Si empieza a llegar la noche – algunas luces se encienden a lo lejos con resplandores pardos o amarillos; el silencio es mucho más insistente – palpe con el dorso de su mano los avatares de nocturnidad que logre presentir. Un sonido de proyectil disparado, por ejemplo, que usted de seguro tomará como un silbo humano habitual, o como el chirrido de un animal ajeno al paisaje de la ventana (caballo, vaca); su eco puede ser capturado incluso por los nudillos de unos dedos o por una muñeca convencional.
El día, el amanecer incluso, inicia con vestido duro para el tacto. Si usted se aposenta a estas horas en frente de la ventana, acerque una mano de tanto en tanto durante un buen trecho temporal a los hálitos dejados por estos pliegues diurnos que le serán irresistibles de notar. Imágenes y sonidos desacostumbrados al paso sobrevendrán, aunque resulten ininteligibles o sosos en principio, tañido de campanas en un descampado, voces de gente distante o fallecida; parsimonia en el caminar de un anciano, renquea porque lo último que quiere es llegar a su destino, y cientos de percepciones similares. Se dará cuenta, despacio, que los materiales compactos de las horas inaugurales van tornándose rugosos a medida de su desdibujo o disolución; si usted pudiera tocarlos juzgaría ásperas, gelatinosas esas formas.




Hoja Treinta y cinco

A propósito de relojes.
Y si de pronto siente un presumible cansancio en frente de la ventana.
Lo correcto es no usar reloj, para caminar con serenidad por parajes y veredas sin nombres, de la casa al sitio de trabajo, de este a aquélla.
Si pese a todas las prevenciones los relojes imponen sus modestas y peligrosas directrices, y usted termina viéndolos sobre paredes o escritorios, quizás bajo custodias de transeúntes, realice un óptimo esfuerzo, piense en otras temáticas menos abrasivas, en otros relojes incluso, detenidos y despedazados.
Consulte el reloj que se guarece dentro de usted, entre pulmones y corazón, cuyas agujas fijas bien pudieran ser sus huesos.
Descubra cómo ese aparato induce a un arte interpretativo, vaticinador, involuntariamente alucinado. Usted empiece a saber qué hora es, al menos entienda lo que sucederá durante los siguientes instantes.
Pierda su fe en el tiempo como padre. Y como madre.




Hoja Sesenta

Usted morirá.
Con libreto previo o bajo el hollín del azar, usted dejará esta y las demás ventanas, y las esperas, en algún resquicio del porvenir.
Al morir verificará una muda en sus maneras de observar.
Si una puerta se cierra en un lugar del mundo, otra, en el lugar opuesto y
paralelo, también habrá de cerrarse.
Una ventana es un texto susceptible de comprensión, incluso si no sabe leérsele.
Lo que observó no es falso. A pesar de los reclamos naturales en todo observador (“Tanto tiempo perdido para enterarse de algo que yo hace mucho sabía…”; “Debieron haberlo advertido desde un principio…”) no hay sobre este texto ni un mínimo de mentira. Todo es cierto.
Con la decepción o frustración o soberbia que haya acumulado hasta aquí, exhale una gran cantidad de aire.
Contemple el vaho que usted deja sobre la ventana. Mire sus circunvalaciones, rutas ciegas y sinuosidades.
El motivo de su espera se manifiesta ahora mismo.
Hasta ahora la ventana no ha producido reflejos. Aprecie este instante de privilegio: usted no mira ya de adentro hacia afuera. El presente instructivo debe haberle conducido al sendero contrario: de lo poco o mucho que se observó afuera, el otro lado, hacia adentro.
La espera concluye.
No como usted lo pensó, quizás.
Sepa que también nosotros – tan habituados a estas prácticas – imaginábamos estos desenlaces.
Observe sus facciones, los puntos de giro en sus mejillas, la conformación de las orejas y el cansancio o expectación en los ojos, el incómodo afinamiento de sus labios, de su nariz. Mírese muy bien, en esa zona ajena a cartografías, su propio rostro como reflejo tácito de la ventana, entre el vaho, la ventana misma y afuera.
Obsérvese muy bien.
Obsérvese.
Su espera ha concluido.

Concluya su espera.





domingo, 10 de agosto de 2014

Yuri Zambrano: El oficio del activismo poético


El oficio del activismo poético
Por Yuri Zambrano

Toda poesía, todo poema: es activista por naturaleza.

El activismo poético es beligerante, como el amor, como el atrevimiento de la belleza, como la osadía de sentirnos armónicos con el universo; así es la poesía.  Tan encantadora e inalcanzablemente sublime, que a veces queremos mantenerla lejos de todo lo que vemos, para que no se empañe, para que no opaque su hermosura.  Porque finalmente la protegemos, porque finalmente la queremos.

La belleza de la poesía es tan grande, que a veces nos duele comprometerla.

Sentir al mundo palpitar en nuestros corazones, es enardecer ante la menor provocación por las injusticias sociales.  Cualquiera de ellas que se aparezca ante nuestras sensibilidades,  es tarea de aquel corazón combatiente, que infiera que el respirar, lleva también consigo el compromiso innato, la consigna perenne, inmanente  de usar el poder de la palabra hecho poesía, para contrarrestar aquellas infamias que nos ponen a meditar, pero también a actuar.

Así pues, el oficio del activismo poético es por mucho,  más demandante. NO es cosa de quedarse quietos, de decir que sentimos simple solidaridad y ya. ¡No!. El activismo, es aquel fantasma que usa la diana de alerta ante las vicisitudes de pueblos, de razas, de la tierra, de todo ser vivo, de –en ocasiones- los muertos que nos persiguen, los que nos duelen, los muertos que siempre pone el pueblo por culpa de esta condición humana que tanto nos hace daño.

El activismo poético es por consecuencia, más dinámico y comprometido. Es ese monstruo interno e insurgente que todos llevamos dentro, que nos lleva a escribir sobre cosas que nos duelen allá en lo profundo, a involucrarnos sin frenos, sin ataduras… a ciegas como el amor, a sentirnos cada vez más encadenados con la búsqueda constante de soluciones que en ocasiones no vemos llegar, que rayan el desespero, el desasosiego, el desvelo, la impotencia…

Pronunciarse enérgicamente contra toda actividad que genere síntomas de inequidad social, violencia doméstica, tráfico humano, discriminación étnico-ideológica y de otras calidades que atenten contra la vida, la integridad y la salud de nuestros pueblos, es una tarea tan difícil, que cada vez que la enfrentamos: todos, pero todos, absolutamente todos los que sabemos que a veces el dolor también se filtra - queramos o no queramos en nuestros versos-; tenemos que lidiar con esa desazón, aquella incertidumbre que sobreviene a las decisiones de apoyar una causa que creemos, sea justa.

Comprometernos o no comprometernos, esa es la cuestión.

Y es que darnos cuenta que toda poesía es activista por naturaleza a veces nos duele, más que nuestros propios quebrantos.

La acción poética constante no evitará conflagraciones naturales, catástrofes eco-ambientales, no acabará con la caza indiscriminada de animales en extinción, ni con la extinción inequívoca de  nosotros mismos, cataclismos humanos con esperanza innata. Pero eso sí, sembrará la semilla que queremos.  Porque eso es activismo, sembrar con nuestro verso, la esperanza de que podemos hacerlo. Para que luego otros siembren y otros siembren y otros… siembren esos sueños, que sólo son sueños, cuando dejamos de soñar.  Sembrar la utopía a ultranza mediante el verso, ¡ eso es activismo poético ¡  Creer que lo hacemos y lograrlo: ¡Eso es poesía ¡

Preguntarnos en cada verso, en cada figura literaria, en cada concepción de la belleza poética, por qué duelen las cosas, es tarea de todos…  No dejemos que se desperdicie ese don.  Aprovechemos que lo tenemos, que nos nace, que brota entre nosotros, ¡Vaya! Que grita en el fondo de todos nosotros. Hagamos conciencia que es un fruto con una luz inagotable, un sol inextinguible de energía que tenemos para trascender en el corazón de los demás. Transformemos cada verso en esa necesidad incendiaria que nos carcome, dejemos abiertas nuestra venas al tropo, al símil metafórico que nos alimenta y renazcamos sembrando esperanza. PERO TAMBIEN ACTUEMOS.  Que no nos apaguemos ante el clamor ajeno, que al contrario, todo lo que veamos, sea una luz para encendernos por dentro, y no apagarnos nunca.

Vamos tras esa búsqueda constante de la acción poética inextinguible, usemos nuestra fuerza poética que tenemos para taladrar esas conciencias dormidas, recordemos que cada poeta, es un festival interno de utopías y sueños por realizarse. El manojo de estrellas del universo está en nuestras manos y la palabra es nuestra mejor arma.  Despertemos a la acción, llamemos a la unidad a esa realidad tan terrible que es pensar que todos somos uno mismo. La realidad, fraternos poetas, está en frente de nuestros ojos y no debemos soslayarla. En el trabajo constante, en el oficio para descubrir el poema enardecido, incendiario, coherente con nuestra humanidad, con nuestra conciencia operativa.  Atravesemos el corazón gélido de nuestras desidias más internas y trabajemos, trabajemos, trabajemos, actuemos siempre pensando que tenemos la fuerza de la palabra, para derretir témpanos de hielo, para convertir ese amor a la poesía, en lo más preciado que tenemos, el poder de transformar nuestros sueños en realidades, con la fuerza de la palabra, con el oficio de escribir y actuar  ¡En Defensa de la humanidad !


Publicado en julio 16 de 2014.