martes, 9 de mayo de 2017

ÁNGELA NEIRA-MUÑOZ. Poesía Actual de Chile




Angela Neira –Muñoz (Tomé, 1980). Docente, Magíster en Literatura, Máster en Igualdad de Género y Transformación social, Estudios Doctorales en Lingüística, Diplomada en Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Ha publicado los libros Tres escenas en la vida de Alicia(s) (dramaturgia), 2009, Ed. Al Aire Libro. En el año 2015 publica Menester (poesía), Ediciones Etcétera. Esta obra recibe el Premio Ceres – año 2015- categoría Artes Literarias. Y en el año 2016 la Editorial Pez Espiral publica la segunda edición de su libro Tres escenas en la vida de Alicia(s). Este año 2017, se publicará su libro de poesía "Tengo una deuda" (beca de creación del Fondo del Libro y prologado por Diamela Eltit). Desde el año 2015, planifica y propone la primera Cartografía Crítica de las Escritoras del Biobio. Además es productora de Ediciones “Mujeres de Puño y Letra”, mediadora cultural e investigadora en narrativa escrita por mujeres y arte performance.

Selección por Gladys Mendía del libro Menester, Ediciones Etcétera, Concepción Chile, 2015.




Escribo

Escribo como narrando:

Esta tarde
siempre alejada
llegué a concebir la mayor cercanía que jamás había sentido.





Suave demencia

Sí.
Es una enfermedad.
Esa es la excusa para amar tan maléficamente.
El amor es la causa de los ataques nerviosos
Y de las sanguinolentas cartas enviadas al Limbo.

Camino.
Intento encontrar la luz.
Tu sombra me niega la paz que busco cada noche de invierno.

Sí.
Estoy enferma.
Estoy enferma y me agredes en sueños y en estados de lucidez.
Ahí estás como premio a mi búsqueda inconsciente
inconsistente.

Es difícil precisar tu figura dentro del paisaje,
Sin embargo, sé que me miras y te diviertes
Con mis alucinaciones,
Mientras cae la noche sobre el abrigo negro.

Estoy enferma.
No logro juntar imágenes de humedad en el sol.
Padezco de un mal conmovedor.
En mí, el amor se consumió
Y adoptó el nombre de “locura leve”.





El pabellón

Mientras intentas desdibujar las cicatrices de tu lacerante país
Al fondo del pabellón
Pedazos de carne
Se inventan un cuerpo.





Trágame

Trágame
Desde mi lengua embriagada
Hasta el desfile de planetas rugientes
Trágame.

El amor está en un bar de mala muerte
El amor está bajo los puentes del mundo
Aunque ruidoso e intoxicado.
Solo digo que está
Y también les digo que a menudo beben de su clítoris colérico.

El amor está dentro de los cúmulos estelares
El amor está conectado a los aviones perdidos en el triángulo.
El amor bajó, tomó la forma de una larva y se depositó en mi velador.
El amor hace travesuras y cada vez que me tragas
Te trago.

Trágame
Cual si fuera la última gota de saliva
En el filo de tu lengua.





El viaje

Este es el viaje íntimo
Por las luces que encienden el camino.
Este es el viaje en que algunas mujeres
Fabrican dibujos en las paredes vírgenes.

Este es el viaje
En que algunos hombres
Adornan sus cuerpos con ajenjo.

Este es el viaje al estallido del sentimiento
Donde se apagan los párpados
Donde la vida rompe el pellejo del ansioso.

Este es el viaje
Y este es un poema que alguien escribió para leer durante el viaje.





(             )


                        A César Vallejo.

Basta de devaneos
Hablemos de ti.

Me sentaré sin rostro frente al espejo.
Me sentaré a mi lado para escuchar unos labios en FA

Me sentaré acurrucada dentro del cerrojo.
Me sentaré en tu mar anterior. Me posaré.

El rostro se ahogará dentro de tu océano de ( )
De entres
De devaneos.

Me sentaré sin rostro frente al espejo
Con la imagen gastada
Del roce de una pupila con un párpado
Con el deseo de articular una palabra
Que sea el sonido de MI
Silencio.

Me sentaré sin rostro frente al espejo
Con la imagen gastada del roce de una pupila con un párpado
Con el deseo de articular una palabra que sea el sonido de MI
Silencio.


ESO…
Así…
Despacito.
Así me sentaré frente al espejo. Sin rostro.




Dentro de un vaso

Las luciérnagas fabrican en los vasos
Una noche frágil
Un cuerpo destrozado
Un océano de palabras.

La sombra del océano ataca por la espalda
La sombra del océano cae sobre el cuerpo destrozado
En la noche
Frágil.

Yo te vi caminar junto a las luciérnagas
Yo te vi caminar dentro de mi vaso…
Así fue
Yo te vi caminar
Segura que sí.









lunes, 27 de marzo de 2017

MAURO ROJAS NÚÑEZ. Poesía Actual de Chile



Mauro Rojas Núñez vive en el barrio Recoleta, en Santiago de Chile. Le encanta poder mirar a los perros y los gatos en cada lugar. Es guitarra y voz en la banda rock pop Eleterios. Ha publicado en algunas revistas cada tanto tiempo. Se debate entre la poesía, la prosa poética y la narrativa. Hace unos años publicó un poemario llamado "Háblama con los fantasmas". Trabaja como profesor de Lenguaje y como profesor de yoga. 


*

Las calles se desnudan
la ropa vuela
la verdad duele en el vientre
Ardemos con escándalo
nos hacemos el amor en los metros
Las calles te buscan, dicen tu nombre - Margarita-
los pacos lloran en los espejos
los presos enseñan un evangelio propio
las escuelas se caen en el pavimento
con sus paredes armo crucifijos
Las familias se separan: queremos estar solos
los niños aprenden solo de otros niños
o de mujeres que están en los asilos
El viento sopla y sopla
Los poemas me muestran cosas
que en mi boca y en la tuya tienen nombres de anhelos
Los cristos beben con nosotros
autos chocan y chocan
comemos como animales y dormimos apretados
La lluvia nos enseño algo que nadie puede escribir
Te amo como a la fragilidad, Margarita
El silencio flota y flota
el olor de la pobreza nos acerca a la tierra y al hambre
entramos en el viento
y cerramos los párpados para que nadie nos engañe:
mostrándonos cosas que no existen.




Para el padre y el hijo


Ruido de la calle / la noche espesa como la piel
de la ciudad
Los gritos del padre duelen. Es verano, papá.
La gente nos mira, para de gritarme, por favor.
La noche es una piedra en el corazón del hijo.
La herida en la oreja tiene sangre dulce, es el cariño hacia el padre.
Yo soy más tu dolor que tu hijo, papá.
Sí, soy más tu padre que tu hijo
Por eso me estás pegando, papá
por eso me estás gritando en la calle
La noche en el circo es la risa histérica de un mundo extraño
Violenta la ciudad, por eso el corazón es piedra.
Sígueme gritando, papá
Yo soy tu abrazo en la borrachera
yo soy tu orfandad, papá
hiciste de mi corazón una piedra
y nos golpearemos en un mundo violento
Yo no soy tu rabia, papá, soy tu hijo
Pero sí, también soy tu rabia, a veces
Soy tu soledad, papá, tu orfandad
por eso me estás golpeando
Yo soy tu papa
somos una piedra en esta noche espesa.



martes, 31 de enero de 2017

Reseña de Otra vida para Doris Kaplan. Por John Martínez


Una vida secreta dentro de otra vida secreta

En el libro de Alina Gadea “la guerra interna” es el telón de fondo. Pero, a diferencia de otras obras que giran alrededor del tema, La vida secreta de Doris Kaplan tiene una gran profundidad en sus personajes, imprimiéndole un alto vuelo narrativo, donde lo más importante no es la historia en sí, sino el narrar. El contar. La narradora aquí está en su elemento, la narración supera a la historia. No es que sea una historia mala, no. Lejos de eso. Pero es claro que la escritora sabe narrar y eso –aunque parezca obvio- en la última narrativa peruana, plagada de “escritores profesionales”, es más que rescatable, es de un tremendo valor.
Las estructuras de una sociedad derrumbándose son las mismas que sostiene a la familia de Doris. El escenario donde ella vive es el del horror. La lejanía de la “conciencia de sus personajes”, con lo que sucede en la “vida real” está bien plasmada. Esa clase media en decadencia del Perú de los ´80 y ´90. Asistimos al “reconocimiento” de una mujer que se vuelve adulta de golpe, que ve la destrucción no solo de su ideal familiar, sino que se pierde entre los recuerdos, para caer luego en una especie de “complejo de Edipo”, con el amigo del padre muerto.
El final feliz está lejos de aquí. Que haya terminado la narración no significa que termine la historia. Este es el caso. Los personajes se quedan suspendidos. Y no es un error de continuidad o descuido del autor, es el tajo de la vida. Así nos quedamos de golpe. Así la vida nos da duro. “nos cubre la noche como si un gigante hubiera dejado caer su saco sobre nosotros
El personaje de Doris logra enternecer, aunque a veces uno se pregunta si ese “egoísmo” de la adolescencia la limita. No se nos plantea como buena o mala. Solo le suceden cosas jodidas. Ya sabemos que ninguna niñarica quiere cuidar a su madre enferma. Pero no creo que sea por  egoísmo, sino por crianza. La novela nos plantea de golpe ya una relación deteriorara entre la madre de Doris y ella misma. Pero ¿esto se debía solo al resquebrajamiento emocional de la madre de Doris? Creo que no. Creo que ambas se habían acostumbrado a que haya “muchachas”, “chicas”, intermediarios para hacer las cosas. Creo que Doris pensaba solo en ella, y si bien era consciente del mal de su madre, la dejo ir. O al menos no le importó lo suficiente. Se nos plantea como victima –todos tenemos empatía con mujeres jóvenes que huyen de su casa por la noche para ver al amado o para mirar el mar- pero creo que también Doris sufría de un retraimiento, de un ensimismamiento violento. Casi no se menciona amigos, una amiga al menos, una confidente. Alguien en quien el personaje pueda confiar. Nada. Nadie, por eso la empleada cuyo hijo está liado con la guerrilla, toma ese papel, o al menos quiere hacerlo.
El libro de Alina me ha hecho pensar en el otro, no en Doris, sino en la mamá tradicional limeña, conducida hacia la locura, a la que se le muere la vida antes de que se muera el cuerpo. Educada en otra realidad, criada a base de prejuicios, no tuvo reacción para vivir otra vida. El instinto cercenado la hizo perderse, no tener rumbo. Pienso en esas generaciones que no tuvieron más opción que desesperarse, que morir día a día mientras no comprendían, ni se cuestionaban, porqué seguimos respirando, por qué vivimos esto, con qué propósito. Ese personaje es el que más me llama la atención, Doris, sufre, sí. Pero deja sufrir a su madre, o no puede hacer nada más que asistir a esa muerte lenta.
Doris, tiene el mundo que se abre por la ventana, en una noche frente al mar.

John Martínez
Lima sur, diciembre 2016





viernes, 23 de diciembre de 2016

MARÍA GABRIELA LOVERA: Poesía Actual Venezolana


MARÍA GABRIELA LOVERA MONTERO (Caracas, Venezuela). Estudió Comunicación Social Mención Audiovisual, en la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas y tiene un Máster en Edición de Libros por Universidad de Alcalá. Participó en los talleres anuales literarios del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, en Caracas; de poesía con Arturo Gutiérrez y de narrativa con Israel Centeno. Ha publicado los siguientes títulos: Desvelos, Ediciones Amargord, Madrid (2012); Sabia Vida Savia: manual de irrealismo pragmático, Ediciones Amargord, Madrid (2008); Y de la noche tanto, Editorial 50 de 50, Caracas (2004); Por debajo del viento, editorial El Pez Soluble, Caracas (2000). Ha sido incluida en varias antologías de poesía venezolana. Poemas suyos han aparecido en revistas electrónicas y en papel tanto en Venezuela como en España. Actualmente colabora como Webmaster y Community Manager del Centro de Estudios Gastronómicos CEGA.
Selección por Gladys Mendía del libro Y de la noche tanto (2004)
LA CALLE
La calle se me antoja vacía
En alguna parte
La luz
Ha olvidado rellenar los espacios
Y hasta los árboles lucen trasnochados
Parece que camino por debajo del viento
No existe suficiente impulso
Para las palabras
Nunca la calle había estado tan lenta
Solo un ladrido podría
Partir en dos el aire
Y acelerar mis pasos por la grieta
Pero no hay perros
Solo estoy yo
Y nadie me reclama
LA NIEVE
La nieve tiene muchos nombres
Es inútil buscarlos en un libro
Solo el cuerpo puede distinguirlos
Entre lo que cae o se desliza
Entre lo que abrasa y no consume
Entre lo que duerme
O simplemente calla
LAS ESTRELLAS
Las estrellas son las mismas
Siguen tan muertas
Como antes
Contemplo sus cruces en el cielo
Y soy yo la que titila
Cuando niña
Las pensaba vivas
No sabía entonces
Que la muerte
Viaja a la velocidad de la luz
Y perfora la noche
EQUILIBRISTAS
Somos equilibristas
Intentamos no caer
Del hilo de vida en nuestras manos
Distribuimos el peso de nuestros corazones
Lo mejor que podemos
Y avanzamos
De cara al temblor
PÁJARO
Estoy hecha un pájaro
Me es imposible verte
Anido en hendiduras celestes
Vuelo al ras del sueño
Es inútil llamarme
Por encima del mundo
Las cosas carecen de nombre
Cuando canto
No lo hago desde las palabras
Todo es más sencillo
Sin ellas
Lo que vive
Se hace y deshace en el viento
Lo que muere
Pierde ingravidez
Se desprende del árbol
No sé si me entiendas
Siento vértigo de hundirme en la tierra
Miedo de tener alas
Y estar dentro de casa
Volar es mucho más espacio
Solo hace falta asirse a un pájaro
Y atravesar el cielo
Como se atraviesa el pensamiento
EL ORIGEN
Me adentro en el bosque de huesos
Busco el origen de la sangre
Tenso la piel
Alrededor del tímpano
Y me dejo guiar
Por el estremecimiento
Es una danza mi búsqueda
Los pies descalzan el temblor
Alrededor del fuego
Sé que en alguna parte
Manos golpean
Una y otra vez
Mis sentimientos
Son ellas las que arden
Derriten la nieve
Y encauzan la tibieza
LAS FLORES
A Raimundo Pino Merchán
Soy imparcial con las flores
Todas me parecen luminosas
Me acerco a ellas
De puntillas
Nariz y tacto
Enardecida
Imito el zumbido de los cigarrones
Las flores me ignoran por completo
Se tienden al sol
Boquiabiertas
Y aspiran algo diferente del aire
Una cierta dulzura
Que sólo los insectos y pájaros
Elevan
Las he observado largamente
Cómo balancean su belleza
Hasta los ojos
Exhalan ternuras en la noche
Y condensan la brisa
En la efímera punta
De sus pétalos




jueves, 10 de noviembre de 2016

Sobre Hatun Mayu, de Yaxkin Melchy. Por Kevin Castro



Caminata a ciegas persiguiendo el sonido del río
o una lectura de Hatun Mayu, de Yaxkin Melchy

Por Kevin Castro

Recuerdo muy bien las primeras palabras que Yaxkin Melchy (Ciudad de México, 1985) y yo intercambiamos. Fue un mail donde yo le enviaba, por aquél entonces, un texto/ensayo que había escrito a propósito de una materia universitaria que estaba cursando y mi lectura de su libro Ciudades electrodomésticas (Red de los poetas salvajes, Internet, 2008). Un texto (el mío) bastante fallido por cierto (especie de panfleto punk sobre lo que debía ser la nueva poesía), que Yaxkin me respondió de la manera más amable sobre lo que estaban haciendo por allá, y con una sentencia final: “ten cuidado con la palabra ‘debe’. En este tiempo la poesía me ha enseñado que uno propone, tienta y seduce”.

De aquél entonces para ahora no solo conversamos sino que tuvimos la oportunidad de vernos en varias oportunidades. Y la amistad que hemos tenido no solo me ha permitido conocer la gran persona que es Yax, sino, en especial en aquél entonces, conocer poco a poco lo que se estaba planteando en la poesía mexicana de finales de 2000’s / inicios de 2010’s. Era algo totalmente novedoso, fresco y lleno de una vitalidad que fuera de caer en el mero “innovacionismo” (por inventarme una palabra) demostraba tener un verdadero compromiso con la poesía. En aquél momento nos influenció mucho a Jorge Castillo y a mí, que dimos un giro de 180 grados a la propuesta de nuestra revista Mutantres y comenzamos a experimentar pero sobre todo a leer nuevas cosas, propuestas como la de David Meza que cruzaron el atlántico y llegaron a traducirse en China y Rumania, o las de Manuel de J. Jiménez, Daniela Serrata o Genkidama Ñu.

Recuerdo (y disculpa, lector, el exceso de añoranzas referencias a las experiencias personales de un servidor, te prometo que todo tiene que ver con lo que tengo que decir sobre este libro) un CD que por aquél entonces Yax me regaló, y que vimos repetidas veces con nuestros colectivos y revistas y editoriales en un viejo DVD de la casa de Jorge Castillo. El CD era un documental sobre la movida poética en México, que en un contexto difícil había optado por salir del formato tradicional, ya no solo literario, sino formal, físico, temporal y espacial, donde la performance, los asaltos poéticos, la edición artesanal y la conformación de redes espaciales (que se fortalecían principalmente con festivales subterráneos de poesía en toda Latinoamérica, o que al menos empezaban a hacerlo) y redes informáticas (en aquél tiempo, Blogger principalmente) se presentaban como forma de resistencia ante la corrupción, la violencia y el dolor del mundo, como reza el documental. Recuerdo cuánto nos inspiró todo aquello a leer, a escribir y a trabajar y mover cosas. Y en todo ese contexto, Yaxkin, evidentemente, era el poeta que unía todos los cabos, con una poesía interplanetaria monumental que entendíamos y sentíamos cercana quizá por un tema generacional, pero que sobre todo nos parecía (y me parece, hasta ahora) honesta, algo que es difícil de lograr cuando tu poesía está cerca de eso que llaman vanguardias, ya que es bastante fácil caer o quedarse en formas vacías y dibujos por el mero afán de resultar cool, sin comunicar nada, sin decir nada.

De este período, las dos últimas veces que vi a Yax fue en Pucallpa, en la edición 2015 y 2016 del Festival Dentro de los Bosques Famélicos que organiza Renato Pachas en esa hermosa ciudad. Es difícil llegar a Pucallpa y no irse con algo, con un fragmento de selva, con un poco de viento de la tarde o de agua de la laguna o de cumbia en el corazón, de esas cosas que a uno le hacen volver a Lima con ganas de renunciar a todo y regresarse inmediatamente a la selva. Sobre todo cuando además se tiene la oportunidad de compartir con amigos brillantes como David Meza, Berta García Faet, Crhistian Bafomec, Jorge Rengifo, etcétera; además de conocer a personas como Pedro Favarón, poeta y miembro de la comunidad shipibo-conibo que tiene una visión muy interesante sobre la tarea del poeta, o los poetas miembros del grupo Maldita Boa, que son las personas más hospitalarias que he conocido en mi vida.

Pero en el caso de Yaxkin Melchy no solo quedó allí. El poeta que ahora publica Hatun Mayu (Hanan Harawi Editores, Lima, 2016) nos muestra en ese libro lo que ha sido un re-descubrimiento de la poesía y de la vida a partir de no solo la experiencia espiritual de hacer Ayahuasca en una comunidad, sino de su propia búsqueda, una búsqueda personal y poética en la que incluso luego de haber desarrollado una obra magnánima de más de mil páginas el poeta persiste porque, creo, de eso se trata, de buscar, de buscar y de buscar. Si antes de Hatun Mayu, Yaxkin Melchy mostraba ante los lectores el viaje interplanetario y futurista del poeta en pos de ese nuevo mundo (o tratando de enviar mensajes desde éste, que se dejaba vislumbrar entre apuntes de cuaderno con visiones, dibujos, juegos de palabras y montañas implosionando ante el poder de la poesía, un poder que, por cierto, en muchos poemas era transmitido al lector que salía de la lectura como de una sesión de recarga de combustible poético, algo similar a lo que nos sucede a los más jóvenes luego de leer libros como Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño, aunque este paralelismo que hago resulte medio forzado), es a partir de este nuevo libro que Yaxkin opta por una mirada reflexiva, como quien se da cuenta que en realidad la magia siempre estuvo entre las flores que crecen justo después de la lluvia.

Debo resaltar aquí la influencia del pensamiento y la poética de Pedro Favarón en esta nueva propuesta de Yaxkin. Me refiero específicamente a la tarea que tiene el poeta como tal frente al mundo, y a la importancia de la poesía en ese contexto. En el texto de Didier Andrés Castro (quien estuvo presente en el último festival de poesía en Pucallpa) en el que cita la entrevista que hizo a Yaxkin en dicho festival de poesía, dice Didier:

“…sin embargo YaxKin, influenciado por el pensamiento de los indígenas, piensa que el efecto de la palabra es real. La literatura tiene poder de hacer bien o mal. Tiene poder para mostrar las contradicciones de un pueblo y quizá ayudar, hacer bien a quien se refugie en ella, pero también tiene el poder de seguir reproduciendo una forma de pensar, de reproducir la violencia que ese agolpa en nuestras sociedades. Esto hace del escritor un ser comprometido con su entorno. Quiéralo o no. Casi de forma inconsciente. Pero lo que sí se pregunta YaxKin es cómo hacer de la literatura algo que realmente haga bien, que tenga la fuerza para ser bella e impartir sabiduría o conocimiento o algo mucho más profundo, al estilo de la antigua poesía china.”

A esto quisiera sumarle un pequeño fragmento (no son las palabras exactas, pero casi sí) de algo que dijo Yaxkin en el conversatorio hecho en la Universidad Nacional de Ucayali, a propósito de una discusión sobre la poesía joven y de los estudios que Yaxkin realiza sobre oriente en México:

“La poesía ‘joven’ puede ser importante, sí, pero puesto en perspectiva con todo lo que hay, centrarse en solo eso no sirve de mucho. Lo que yo me pregunto es: ¿Cómo es que un antiguo poema de la época de la Dinastía Tang sobreviva a nuestros días? ¿Qué hacer para que un poema sobreviva de esa manera al tiempo y la historia?”

Estas dos cosas, me parece, son fundamentales para comprender la propuesta de Yaxkin. Por un lado, la consciencia del poeta como portador de un poder transformador del mundo y al mismo tiempo con la responsabilidad ética de hacer el bien, es decir, no solo buscar a toda costa tocar el absoluto a través de la poesía sino hacerlo de manera consecuente con el mundo. Lo segundo es la puesta en perspectiva, que reemplaza un inicial entusiasmo juvenil del tiempo de La red de los poetas salvajes, para tratar de re-entender la poesía, a partir de la experiencia, de la naturaleza: de la reflexión en lugar de la alucinación, de la contemplación en lugar del ensamblaje tecnológico, del caminar en lugar del ver pasar y del sobrevolar en lugar del orbitar. Después de todo, mirar con telescopio, microscopio, ácido o DMT el universo es igual de exploratorio y aventurado que mirarlo, con detenimiento y una nueva consciencia, con los propios ojos: una constante búsqueda. El poeta no produce montañas de fuego poético aquí: si bien es consciente de su poder creador (porque de ningún modo estamos ante un libro que ensalza la pasividad), entiende que su tarea es transmitir ese savia creadora de manera que produzca otros nuevos árboles, sin necesidad de quemar nada.

Hatun Mayu es la muestra total de la consciencia solidaria y bondadosa mencionada anteriormente “este es mi amor / más allá de lo que ahora comprendo / hojas / caídas / cielos / que no se han descrito” además de que su reflexión no es para nada inútil, si bien el poeta, que tiene ya bastante oficio, se permite incluir frases que parecen obvias y que las personas de ciudad (“la gente de Lima”, diría Favarón) solemos tragarnos con una mueca de “uff” aunque en el fondo esta retórica sea muy propia tanto de la lírica andina como de la amazónica: “está hecho de fragmentos de pasado, de presente y de futuro”.

Con una estética minimalista en comparación a los primeros trabajos de Melchy, Hatun Mayu explora la belleza en lo honesto. Es decir: embelleciéndolo desde el contenido, que termina calzando perfecto en los recursos líricos del poeta: los tiempos breves pero lentos, el tono de pregunta usado varias veces en las preguntas que se hace a sí mismo el poeta, las metáforas de pocas palabras y gran significado: “vi mi vida llevársela el río / una hojita que se lleva la corriente / y no sentí pena. / Agua es piedra / piedra es agua”. Además de las referencias a poetas y sabios orientales  e indígenas de Norteamérica que refuerzan la sensación de que el libro tiene el cometido de dejar esas sentencias en forma de verso (a la manera en que enseñaban los sabios del antiguo oriente), a partir de la experiencia del poeta.

¿En qué momento ocurre la revelación? ¿Cuál es el instante en el que el poeta decide que el camino no era la biblioteca sino la naturaleza? (“me he cruzado con esta flor / y he dejado mi bilbioteca / para buscar al dragón / para montar en el buey”). El lector lamentará no encontrar esa gran revelación en Hatun Mayu. Y es que no hay tal cosa. Aquí Yaxkin nos tiende una trampa: como en los antiguos sutras, nos deja entrever, en claves, las revelaciones que ha tenido:

“He llegado aquí, ligero,
pero la distancia es un peso también
¿Por qué he venido cargando en mis espaldas tantas nubes?”
(O  el descubrimiento de contemplarse a uno mismo como parte tan minúscula del universo)

“Los bosques
que fueron arrasados
ahora crecerán entre los pálpitos
de nuestros corazones”
(O el poder creador del poeta para construir un nuevo mundo que renace hermoso ante nosotros)

“Contemporáneo de la poesía experimental
Contemporáneo de la poesía no experimental
no me pierdo
pongo una mano en mi pecho
y la otra la extiendo arriba
y dejo subir a los pajaritos”
(O de la inutilidad de las discusiones formales de la poesía frente a el contacto con Lo Vivo del mundo, que es la fuente de vida y poesía)

Lector: el libro entero es una revelación. Cada sentencia y cada poema de Hatun Mayu (en especial el poema de la página 46, 47 y 48) leídos detenidamente son la muestra de un conocimiento adquirido por el poeta que, debo confesarlo, sobrepasa el entendimiento de un servidor, que se limita a adivinar aquí y allá la presencia de algo que no sé explicar, pero que presiento grande, con el poder de llenar de vida la vida, de reverdecer los prados, sin importar a estas alturas si como escritor me inscribo o no a su estética (que es bella, bellísima, de una manera muy difícil de explicar) o a su ética.



Este libro, Hatun Mayu, del cual he leído fragmentos en algún recital donde me dijeron que aquél poema de la página 46 le parecía revelador y le dejaba pensando miles de cosas sobre la poesía actual a la persona que me lo comentó, marca el fin de una etapa poética en Yaxkin Melchy y el inicio de otra que espero en algún momento poder entender a cabalidad, ya que creo intuir, de manera muy borrosa, las luces de un camino que empecé a caminar como lector luego de leer El Sueño de Visnú de David Meza o ciertas partes de Rehenes del tiempo de Walter Curonisy. Y es que, querido lector, si de algo está convencido un servidor es de que hay que explorar los caminos incluso si estos pareciera que se nos escurren en las manos. Después de todo, aquél que apuesta por la poesía con honestidad y amor, si bien no tiene la victoria segura (de hecho, tiene un 99% de posibilidad de derrota), es dotado de una intuición u olfato que a veces permite vislumbrar, aunque de manera desordenada (nosotros los menos “tocados”), haces de luz, formas, escuchar el sonido de un río grande que intentamos rastrear haciéndonos paso entre ramas, a ciegas y desnudos.





martes, 11 de octubre de 2016

LOS CROMO-SOMOS DE ANTONIO IANNECE






LOS CROMO-SOMOS DE ANTONIO IANNECE

Antonio Iannece,  el italiano (Aquilonia, 1957-), fue deslumbrado por el Caribe, los colores intensos, las formas voluptuosas y los ritmos caóticos lo enraizaron en estas tierras y no le han permitido regresar. Fue seducido por el “otro mediterráneo”, del Omeros de Derek Walcott. Conocedor de la luz por sus estudios de fotografía en Italia, ha escogido el color como fuente principal de su lenguaje plástico. Las formas llegan después, en un intento desesperado de orden, para crear una arquitectura que sostenga el color. Más de veinte años entre las costas cumanesas y la insularidad margariteña han marcado su percepción, su visión ha devenido en una celebración de formas curvas y colores vívidos. 

La música caribeña también ha dejado secuelas estéticas que podemos ver en su obra. Tanto lo maravilló nuestra música que hasta llegó a tener su propia orquesta en Cumaná llamada “La Predilecta”.  Desde entonces se familiarizó con los ritmos bailables y el  jazz latino que permean su uso del color, sus pinturas se convierten en fiestas, en “jams” visuales.

Iannece trajo del viejo mediterráneo sus primeros estudios de arte y arquitectura. Las vanguardias venían en su maleta cultural: El Jinete Azul, la Bauhaus, en especial Paul Klee, influyendo en su filosofía del arte y la tendencia al primitivismo que descubriremos en parte de su obra, en las figuras, casi de petroglifo, integradas como animales en la selva en lo que  Klee llamaría composiciones, otras quizá estén relacionadas con el hecho de haber recibido en 1978 un premio por ilustración y comics en la Universidad de Nápoles y con la experiencia de diseñar ilustraciones para el diario “Il Mattino” de la misma ciudad, el año siguiente.

Las composiciones de Antonio son también una búsqueda espiritual, un retorno a las formas primordiales, casi celulares, cromosómicas, la luz y sus colores, una y múltiple, la interdependencia como condición plural del ser: cromo-somos. En palabras del mismo artista: “En algún rincón de la memoria aparecen fragmentos de formas y colores olvidados. Son como desechos que afloran  y se van juntando, sumando, acumulando hasta saturar la superficie”. Encontramos aquí el anuncio de lo primordial que regresa, los rastros, las pistas del origen, la memoria indestructible de la propia verdadera naturaleza, nuestro auténtico estado con sus infinitas posibilidades de manifestación emergiendo desde las profundidades de sí mismo hasta cubrir la superficie, impregnándolo todo. El mismo estado que abiertamente busca al seguir las enseñanzas del Lama Chögyal Namkhai Norbu desde hace más de 30 años.

Todos estos elementos se mezclan en este artista como las aguas de los dos mares que lo conforman culturalmente. Quienes lo conocemos sabemos que Antonio, el caribeño,  está en su mejor momento, renacido, reconociéndose, haciendo síntesis de sus experiencias, unificando sus dos mares, sus dos mediterráneos, sus dos caribes, sus composiciones surgen ya como frutas maduras. ¡Disfrútenlas!


 Por Carlos García Rad
(Texto leído para la inauguración de la exposición Cromo Somos, Casa de la Cultura de La Asunción, Isla de Margarita Venezuela, 2015)













Fotografías por Gladys Mendía.

viernes, 7 de octubre de 2016

MARÍA ANTONIETA FLORES: Poesía Actual Venezolana



MARÍA ANTONIETA FLORES (Caracas, Venezuela 1960). Escritora. Magister en Literatura Latinoamericana. Ha publicado los poemarios: El señor de la muralla (1991), Canto de Cacería (1995. Premio de Poesía de la I Bienal de Literatura Municipal “Augusto Padrón” 1994), Presente que no en ausencias (1995), Agar (1996), criba de abril (1998), Los trabajos interminables (1998. Mención Premio Municipal de Literatura en 1999), índigo (2001. Premio Único del Primer Concurso Transgenérico de la Fundación para la Cultura Urbana), limaduras (2005), la voz de mis hermanas (2005), regresaba a las injurias (2009), madera de orilla (2013), temples (2014), deletérea (2015). En ensayo, obtuvo el Premio Municipal de Literatura “Rafael Angel Insausti” mención Ensayo 1996 (Barinas) con Sophia y Mythos de la pasión amorosa editado en 1997 y ganó el Premio de la Mención Ensayo Literario de la IV Bienal de Literatura Mariano Picón Salas 1997 con Espiral sonora. Lectura de Ida Gramcko. Recibió el Honor prizes (for complete work) Naji Naaman’s Literary Prizes 2016, otorgado por la Naji Naaman’s Foundation for Gratis Culture, de Líbano, por su trayectoria completa. Su poesía ha sido traducida al inglés, italiano, alemán, francés, brasileño, rumano. Ha sido, también, incluida en más de veinte antologías nacionales e internacionales. Ha participado como poeta invitada en distintos festivales y encuentros internacionales en Colombia, Brasil, Argentina, México, Romania, Austria, Costa Rica, Nicaragua, Panamá, Perú.
Selección por Gladys Mendía.
J) De cómo una dama consciente
entrega sus riquezas y joyas a quien
recorre los campos de guerra
empuñando la aniquilación.
Señor de la Muralla
portadora
alta sobre toda cabeza
imploro un poco de tu fértil riego
Mira este rostro de ágata
promesa de sabias noches
la tolerancia de mis suaves pies
Recíbeme
dame la fuerza
la metamorfosis y la destrucción
Alójame
Hazme engendro de toda noche
Cuervo o ciervo de laderas
Soy cántico de antepasados
un nuevo hechizo
fragmento del cuarzo de los relojes
la de los signos y vientos favorables
el astrolabio
Fela fela
es tu orden
simple promesa del tiempo
de El señor de la muralla
el esqueleto de las hojas
sólo sabe de un viento indetenible
que las habita y las quiebra
el golpe de sus cuerpos cuando caen es silencioso
apenas crujen entre ellas
apenas dan cuenta del tiempo
y en las noches forman piras
Aquí también las hojas enrojecen
de Presente que no en ausencias
**
una luna azul
último trago
una botella de vino
blanco
cruzando el recuerdo
como si sus labios jamás dejaran de besarme
como si su cuerpo no fuera más que un largo abrazo
hoy
una luna azul en esta ciudad
casi plena
la música es tan lenta
la alegría que me sumerge
crazy and frágil
di los pasos que no regresarían
urdiéndome
en un intento de no ser recuerdo
de ser la larga mirada de un despertar
nubes azules, azul petróleo o añil
breve cubo que las manos desmoronan
una paciencia que espera
la tintura se disuelve
un cuerpo que se sumerge
plenty
hoy hay una luna azul que vibra sobre la piel
las pituitarias dilatadas
en el deseo, las membranas
teñiré mis palmas con el añil de la tristeza preñada
tatuada con cortes y arena
de índigo
viento contrario
le imploras a los árboles
que reciban los males que sobre ti han caído
las hojas lentas
apenas el tributo de la lluvia
tu respiración sibilante desencadena
la historia que asesina tus días
el vacío que encierran tus vísceras
entre el follaje
el vuelo de los pájaros
urgida por la serenidad
te detienes a escribir este poema
cautiva tú
en los tendones desgarrados
de la voz de mis hermanas
las grandes aflicciones
las palmeras
cuanto más peso llevan
más alto ascienden
tú del orden de los tréboles
te extiendes sobre una tierra roja
al borde del camino
seco y flaco el rastro de un arbusto
la higuera
tu mano extendida bajo su sombra
en la otra tierra
los eucaliptos se mecen bajo el viento rojo
hoy te despiertas con certezas
la luz del amanecer te contradice
diez lirios abrirán hoy
regresas de días de lluvia
las palmas se han secado en tus jardines
ellos te expulsaron
un niño canta
el zumo dulce de la naranja se seca en tus labios
y apenas comienza el día
de la voz de mis hermanas
las piedras cautivas
apareo piedras
lejos del sol y la lluvia
para recordar que el alma
es lo más firme del cuerpo
a ellas le ofrezco este silencio
la luz que por mi ventana adentra
de temples
de un lado a otro bajo sombras extranjeras
son las mantas las que yacen
sólo pido la resaca del regreso
allá donde los ríos confluyen
este paso majestuoso siente el lento contraerse
el espasmo que se detiene en tu boca
la bóveda mía de mi paladar temblando
allá con lo lejos del roce
se dibuja la mía maldad
violenta e irascible sobre los tejidos
ellos tan bien cerrados
ceden a los vapores húmedos
y no hay clemencia
de deletérea
en oliendo en deseándote toda mía se me iba ya sin mí me presagiaba
arduo tajo y mucha sangre por la ausencia el silencio haciendo
estragos toda negra en las cenizas aún ardía me gemía
en los velos
el aposento estos labios tanto ya dolidos de juntarse llanto no
entendían de palabras ya sabían de humedades sudores temblados
eran
tu nombre tuyas manos tuyas que me hacían más rajada más
hendida
y vino en detenerse este viento fugitivo
yo tenía entre los dientes los aromos de las rosas
de deletérea