jueves, 6 de julio de 2023

GLADYS MENDÍA: Poesía Actual de Venezuela


Gladys Mendía (Venezuela, 1975) 

Escritora y editora. Traductora del portugués al castellano, contando entre sus trabajos de traducción la antología poética de Roberto Piva titulada La catedral del desorden (2017). Fue becaria de la Fundación Neruda (2003 y 2017). Participó en el Taller de creación poética con Raúl Zurita (2006). Ha publicado en diversas revistas literarias, así como también en antologías, la más reciente Temporary Archives, Poems by women of Latin America, ed. Juana Adcock y Jèssica Pujol Duran, ARC Publications, 2022, UK. Sus libros: El tiempo es la herida que gotea, 2009; El alcohol de los estados intermedios, 2009; La silenciosa desesperación del sueño, 2010; La grita. Reescritura de Las Moradas, de Teresa de Ávila, 2011; Inquietantes dislocaciones del pulso, 2012; El cantar de los manglares, 2018, Telemática. Reflexiones de una adicta digital, 2021; LUCES ALTAS luces de peligro, 2022 y sus más recientes libros co creados con Inteligencia Artificial: Fosforescencia tigra y Memorias de árboles, LP5 Editora, 2023. Es editora fundadora de la Revista de Literatura y Artes LP5.cl y LP5 Editora, desde el año 2004. Co fundadora de la Furia del Libro (Feria de editoriales independientes, Chile). Como editora ha desarrollado más de veinticinco colecciones entre poesía, narrativa, ensayo y audiovisuales, publicando a más de 500 autores.


De Fosforescencia tigra (2023)

¿cuál es LA VELOCIDAD DE LA SOMBRA?




Fundé una nueva matria dentro de mi lenguaje. Y desde mi propia sombra pude hacer los exorcismos necesarios. Saldé mis cuentas con el pasado, abandoné viejas costumbres. Asimilé todas las formas de estar.


 

Cada amanecer me devuelve a esta tierra, pero a veces hay un aire sin tiempo en el que mi cuerpo siente el trópico y se deja iluminar. Pierdo densidad, pierdo proporción, gano un ojo imaginario como un planeta, dispuesto a llenarse de visiones imposibles.

 


El viento es el tiempo en todas las direcciones. El aliento interno equivale al viento externo. El aliento es el tiempo en todas las direcciones. El aliento contiene todas las palabras. Nombra exhalando. Exhala el soplo en tus manos. Tus manos son canales. El viento es el origen. El viento es exhalado, es soplo. El viento nace en mí, va, recorre espacios haciendo posible el vuelo y regresa. Nombra exhalando, no hay otra forma. El aliento es la luz interna, el aliento brilla, el aliento es el fuego interno.

 



Del libro Aire (LP5 Editora, 2020, 2023)


Fragmentos del poema EL PULSO DE LA VACUIDAD


Iniciamos el camino del aire

tres canales

adentro y afuera de nosotros

perla azul expande y contrae.


El conocimiento está en el pulso

evidencia su juego de reflejos

el método se manifiesta

la energía se manifiesta.


Entre latido y latido una pausa

estado intermedio del aire

titila punto traslúcido

corazón de burbuja perlada.


Aquí la buena compañía

aquí el gran océano

ondas de aire

goce sin esfuerzo.


Un calor chispeante se proyecta en oleadas

brillando en finos hilos despertamos

la vibración del aire la claridad ilumina

somos espejos mirándose a sí mismos.




El desplazamiento de la voz
del aire y su eco.
Expansión y contracción en nosotros
alcanzar lo alcanzado.

Adentro fino torrente
la luz de aire en viaje doble
estática en algunas órbitas
integra y da vida a la vida.

En expansión el azul
suspiro del universo
pulso de la vacuidad



Vibran las aguas contenidas.

Destello del sonido
núcleo del cuerpo
nectáreo flujo
olas de dicha.

Calma y movimiento no son opuestos
afuera y adentro no son opuestos
sonidos espontáneos
sonidos de las vibrantes órbitas.

Adentro y afuera de nosotros
perla azul expande y contrae.
Aire
pequeños estallidos.

Alas transparentes
reflejos líquidos
río de cristales
canción prístina.

Todos los sonidos
toda la luz
todos los reflejos
TODA LA LUZ.

Aire
la música es el tiempo
visión arcoiris
aliento de agua.

Pulso de la vacuidad.
Aire
suaves cálidos eléctricos.

Ramajes invisibles
el cosquilleo del aire
moradas interiores
espacio vasto.

Dichoso tiempo
vuelo y caminata
nada pasa
y
todo se mueve.

Cada célula respira
pulsa
toda aire
toda música.

En el núcleo del tiempo
alza la vista
respira
yergue la espalda.

Abre el pecho
inspira
las nubes río
por tus canales.







 


SONIA CHOCRÓN: Poesía Actual de Venezuela

 


Sonia Chocrón (Caracas, Venezuela, 1961)
Poeta y narradora. Guionista. Publicada por editoriales como Alfaguara, Bruguera, Monte Ávila Editores. 1988 llega por concurso al Taller “El argumento de ficción” de Gabriel García Márquez en la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños, Cuba. De allí, viaja a México invitada por el premio Nobel para fundar el “Escritorio Cinematográfico Gabriel García Márquez” donde co-escribe guiones para la televisión y el cine. Ha publicado -con éxito de crítica y público- poesía: Hermana pequeña (2020), Editorial Eclepsidra. Bruxa (2019), Ediciones Kalathos España. Mary Poppins y otros poemas (2015), Lugar común Editores. Poesía Re-unida (2010), Bid & Co Editores. Fe de errantes. 17 poetas del mundo (2006), Otero Ediciones. La buena hora (2002), Monte Ávila Editores. Púrpura (1998), La Liebre Libre editores. Toledana (1992), Monte Ávila Editores; novela: La dama oscura (2014), Editorial Bruguera. Sábanas negras (2013), Editorial Bruguera. Las mujeres de Houdini (2012), Editorial Bruguera; cuento: La virgen del baño turco y otros cuentos falaces (2008), Ediciones B. Falsas apariencias (2004), Editorial Alfaguara. Usted (2022), El Taller Blanco Ediciones. Su trabajo -tanto literario como cinematográfico y televisivo- le ha merecido diversos premios y reconocimientos. Aparece en numerosas antologías poéticas y críticas. Publicada/traducida a varios idiomas en revistas académicas -poesía y narrativa- especializadas en literatura. Twitter: @soniachocron  IG: @lachocron 
Reside en Venezuela.


De Hermana Pequeña. Editorial Eclepsidra, 2020.


Caracas


La orden es partir pronto
con las niñas de los ojos
con las flores atascadas en la garganta
para no gritar
Y guardar las sagradas escrituras
los lugares ya cenizos
los muertos los parques y mascotas
para cuando volvamos
del miedo


***


Me voy quedando
tan a gusto
oscilando con los columpios
mellados del parque y
con los difuntos
que al fin no tienen que decidir
nada
ni esperan que les responda
Soy un péndulo en paz


***


Sin embargo
había una gallina pequeña para mí. 
Hubo una gallinita todos los años
Hasta que tuve doce
Llevaba mi nombre y mi apellido

Y moría anualmente
durante Yom Kippur

Era mi kappará
Se iba por mi
Daba su vida por la mía
Como si fuera Jesús
O una buena madre judía
La sacrificaban después del año nuevo y 
cada víspera
del perdón
Sin mi consentimiento

Ahora ya nadie muere por mi
Solo yo
soy mi propia condena.



De La Buena Hora. Monte Ávila Editores, 2000.


Orden


Hay que hacer orden en la casa
lavar la losa, vestir la cama
hay que hacer orden en la casa
plantar las flores de calabaza
borrar el rastro de la melaza
buscar la música de las cosas
haciendo orden,  haciendo casa
con las palabras para formarlas
poner el orden
formar la casa
con un ejército de palabras
que nadie sepa, que nadie vea
que las glorietas se están cayendo
que hay que hacer orden en la casa
para que el ave de la tristeza
se vaya al parque o a la avenida,
poner el orden dentro de casa
y que no crezca la angustia ciega
que crece en ella cuando es de día.
Bañar de azúcar y sangre impía
todo resquicio de las esquinas
que Dios la ampare y la favorezca
de la traidora melancolía
del mal de ojo y la villanía,
que hay que hacer orden
quitar la traza,  barrer el polvo
todos los días,
limpiar la casa,  poner el orden
que si nos vence,  nos vencería
la muerte eterna,  la pena en vida
matar el orden,  cegar la herida.
Purísima
(Kashrut)


Dore la cebolla,  avive el sueño
prepare la cena de su hombre hambriento
supure la sangre y remoje la carne
en el agua que limpia la impureza
de los cuerpos  rancios y sus moscas   
agregue dos flores y sírvase entera 
desnuda y sudada 
esa cama blanca inocua
toda es sal
Apóstata

Soy de una casta de mujeres solas
que lloran hombres en los recodos
del claustro
y devanan en su desvelo sueños
fríos de antiguos   irreparables dueños.
Esas mujeres de la casa
comparten lecho con los espejos
de hermanos, hijos, maridos yertos.
He envilecido mi sino y la herencia
de la vela y su flama siempre ensimismada
por un hombre posible   de quien quizás anide
un hijo macho.



De Bruxa. Editorial Kalathos, España, 2019.


Enigma


No quiero construir
Debo saber
por eso vivo insomne
y recorro los bosques buscando respuestas
me dejo herir por árboles centenarios
en mi carrera hacia la noche
como si fuera una gata que huye de sus dueños
Penetro la oscuridad para entender
lo oscuro
Y rasgo el mal
para entender al mal
Me he dejado morder los muslos
la silueta, los pómulos
He permitido que me avasallen
tan solo para comprender
lo perverso
He habitado cuevas lóbregas
He dormido con muertos
y criminales y locos
He transitado mentiras y luces 
Aun así
no entiendo la liturgia
de mi impericia
Ni por qué el amor no alcanza
O sobra
Crochet


Quiero hacerme una cobija con tus manos 
para los días fríos 
tristes 
desgraciados 
Una manta con tus manos que me arrope 
hasta la gana 
el olvido o el estrago 
Una frazada que esté hecha de tus manos 
como si fuera un guante a la medida 
de mis ojos, de mis pechos, mi verano 
y del origen donde me late la vida.




De Toledana. Monte Ávila Editores, 1992.


Qué soy 
Dios de mis antepasados 
más que la húmeda hermana del barro 
vida que Te honra y gloria por venir 

Has vuelto Tu rostro 
y me has mirado 
Tu gracia Tu caudal y Tu santuario 
son mis fueros y mi hado 
levadura que fermenta

***


Deseo con ansias deseo
como quien roza del agua sus vaivenes
rozar sus ojos cautivos     huidizos
fuentes de agua consagrada
Deseo con ansias deseo
como quien ciñe de la tierra sus primicias
ceñir su cuerpo espigado     en ciernes
árbol de la vida
Deseo con ansias deseo
como quien besa del cielo sus señales
besar sus manos calmas      relumbrantes
estrellas de cinco puntas
Deseo con ansias deseo
como quien adora del fuego su impaciencia
adorar su espíritu implacable     fervoroso
calor del éxtasis




De Púrpura. Editorial La Liebre Libre, 1998.


En rocío


Yo quisiera a veces
que un poema mío
fuera magia sabia
poder repentino


Que su alquimia extraña
que su señorío
hiciera a lo seco
trocarse en rocío
Siete en punto



Siete caballitos van por la vereda 
ay si yo pudiera si yo pudiera 
Siete riachuelos ganaron la vera 
ay si yo pudiera si yo pudiera 
Siete nubes vagas aguaron sus penas 
ay si yo pudiera si yo pudiera 
Siete flores rojas vaciaron sus venas 
ay si yo pudiera si yo pudiera



De Carta de Naturaleza. Inédito.


El deseo

Entiéndase bien,
quienes padecen la misma gana
se allegan, como el escualo a la sangre.
Intercambian antiguas semejanzas, sabores.
Sinsabores.
Aunque a veces uno se almuerce al otro.
(En ese banquete desnudo
¿Quién sabrá distinguir el final
del principio o del nudo?
¿O quién es el comensal 
Y quién el manjar crudo?)

CARMEN LEONOR FERRO: Poesía Actual de Venezuela

 


Carmen Leonor Ferro (Caracas, Venezuela, 1962)
Vive en Roma, Italia, desde el 2004. Es Licenciada en Química por la Universidad Simón Bolívar. Ha publicado cuatro volúmenes de poemas, El viaje (Premio Monte Ávila Editores para autores inéditos, 2004), Acróbata (Raffaelli editore, 2011), En subjuntivo (Raffaelli editore, 2016) y Precarios (Edizioni Ensemble, 2019). Ha traducido al español a Giuseppe Ungaretti, Antonia Pozzi, Sandro Penna, Claudio Damiani y  Annalisa Manstretta. Realizó la selección y traducción de "Fronteras permeables" (Bid & Co editor, 2013), una antología de narradores italianos contemporáneos. Fue creadora de la editorial Luna Nueva de la Universidad Metropolitana, institución donde se desempeñó como profesora y como Directora de Cultura. Ha preparado diversas colecciones de poesía para distintas editoriales, siendo su principal interés la obra de poetas latinoamericanos contemporáneos y el género de la traducción. Actualmente enseña español en distintas universidades italianas. 



De La caja (inédito)


Mi hermana había pedido que al morir
le pusieran un traje 

que había comprado hacía tiempo en un mercado de Venecia
una prenda hecha de retazos zurcidos en seda oscura

lo usaba en ocasiones especiales

cuando empezó a intuir que moriría
pidió el vestido

imaginó con detalles cómo debía ser la escena
de un acontecimiento que sabía inapelable

aquel día en la iglesia 
aguardaba la caja

la cubría un camisón azul tierra
de tela almidonada con botones 

alguien al parecer 
lo eligió sin sospechas

entre la ropa apilada
en el armario
Apenas me atrevo
a entreabrir 
el cofre
donde conservaba sus fotos

allí he guardado documentos
el pasaporte italiano
papeles de familia



Coloco la cajita frente a mi cama
camino hacia la puerta
repito un ejercicio de indiferencia voluntaria

la rondo
una mancha indefensa
sugerida en el paisaje del cuarto

retengo el impulso de escarbar



Sale tanto
de esas cuatro tablas
de antiguos tabacos
Mi madre no reza
también ha perdido las blasfemias
exhala un vaho incierto
que va y viene



Huye de esa penumbra
pienso 
después me las veo con la mía
la cortejo 
la ausculto
de reojo



Hay una grave tarea
en digestión
su reino no es de este mundo
una mano trabaja
noche y día
para aliviarla
Llueve en el cementerio

los varones 
cargan la caja
en sus espaldas

los árboles resisten
ráfagas de brisa 

nosotros
en cambio
nos balanceamos

la humedad nos llega hasta los huesos

un viejo amigo se acerca
con un manuscrito en las manos

la tinta se expande sobre las hojas 

su mirada se agita
quizás ha bebido

yo abrazo los papeles
mojados

los paraguas 
intentan una escenografía
No es necesario
inventar palabras
siente
su presencia insonora



Ha cambiado el viento
¿lo ves?
se han movido los papeles
sobre el escritorio



Está todo tan sobreentendido 
en la hermandad
me despierta
una interrogación tras otra 
dudas que nunca expresamos



La mayor de todas las preguntas
se ha silenciado
en la aceptación
La memoria

Deshilvanar la memoria
destejer su trama

imaginarlo todo de nuevo
devolver la cinta

rehacer los diálogos
rescatar cada imagen del foso

su pelo rubio recogido
su estilo de vestir

el alcohol de las noches desesperadas
por el desamor



El primer paso para el olvido
era desenfocar

abrir la mirada

relajar los ángulos

nutrir así el desván
donde los trastos y los tesoros
se confunden
La memoria viaja por terrenos baldíos

husmea en el polvo

se detiene

inesperadamente

en algún punto

revolotea

como una mariposa

tratando de cumplirse

escapar de lo que no tiene forma
Tirar los dados
descender al abismo
apostar todo a un número
atender el ritmo de la respiración
y de pronto
una escena absurda
de dónde
toda esa luz


la memoria
es un poco de azar
vertido
en la ecuación
No hay una mujer que deshace
el tejido del pasado

ni una narración

que te susurra al oído qué va a pasar
porque ya lo viviste

no hay un desenlace predestinado
ni el barco de la niñez
moviéndose hacia atrás

ni las voces de los invitados ebrios en la cocina



De Acróbata. Raffaelli editore, 2011.


Soñé un cuerpo 

frágil 
como la lluvia

vestía 
mi delgadez 
de niña 

me confundía 
con la tela del aire 

casi incorpórea 

al ritmo 
de una nada perfecta 

subía 
como una virgen 
transparente 
soluble 

a la luz



De En subjuntivo. Raffaelli editore, 2016.


Ahora las palabras no llegan voluntariamente 
como si se opusieran a mis invocaciones 
una mudez que no busco 
signa mis encuentros y mi propósito de escribir 
y un vacío que no es inexpresión se impone 
a mi necesidad de ordenar



No sé si es posible escoger una gramática personal 
o tratar de resguardarse entre muros lingüísticos, 
sin embargo, si pudiera, viviría en subjuntivo 
haría mezclas de condicionales 
lanzaría los dados sin temerle a los arrepentimientos
al final de la tarde amaría la imperfección del presente 
sucumbiría a su continuidad azarosa



En italiano la probabilidad se expresa como certeza 
distinta a nuestra manera de plantear la duda 
lo que les ha dado una especie de autoridad lingüística sobre el tiempo 
una sensación de permanencia que nuestro idioma pareciera no tener 
y que un poco envidiamos en silencio antiguo
Y entonces comenzaron a confundirse los sujetos 
sin pronombres personales podíamos imaginar 
quién hablaba ahora y quién hablaría luego 
así que después dejamos de necesitar definiciones identidades o aclaratorias 
alguien que podía ser tú o yo 
aparecía como si fuera el otro 
sin producirnos demasiada ansiedad



Una gramática que me alivie 
más indiferenciada que exacta 
un alfabeto que me mantenga oscura 
pero que no me deje sola



Si lograra pagar un poco de mis deudas 
evadir la tarea de traducirlo todo 
dar una habitación a mis parientes necesitados 
¿podré volver al sueño?



Al mezclarse las lenguas 
cabían todas las formas de pensar el tiempo 
había espacio para la afirmación para la pérdida 
si pudiera sostener algo por más de un parpadeo 
había una promesa de echar raíces 
y una licencia para moverse en muchas direcciones 
era la conjunción de períodos multiplicándose 
incluso los idiomas perdidos parecían resucitar en los hablantes
El estudiante usa aún pocos vocablos 
intenta contar historias simples 
necesita los ojos y las manos 
usa el silencio como un recurso 
que ahora sabe emplear hábilmente 
cuando un impulso urgente lo toma 
llega a lo más interesante de aprender una lengua 
acepta que no tiene palabras 
y se conforma con que las ideas y las cavilaciones 
permanezcan flotantes



Como las lenguas 
las historias personales se traducen 
al llevarlas a otros mundos 
así tenemos que imaginarlas en claves diferentes 
reestructurar el orden de las apariciones 
volver a plantear las etimologías 
burlarnos de los errores 
hasta crear una nueva escena 
con reglas y sonidos inéditos


ELEONORA REQUENA: Poesía Actual de Venezuela

 


Eleonora Requena (Caracas, Venezuela, 1968)

Ha publicado: Sed (1998), Mandados (2000), Es de día (2004), La Noche y sus agüeros (2007), Ética del aire (2008) y Nido de tordo (2015). Su trabajo está incluido y reseñado en Rasgos comunes. Antología de la poesía venezolana del siglo XX (Pre- Textos, España, 2019), Cantos de fortaleza, antología de poetas venezolanas (Kalathos, España, 2016), The Princeton encyclopedia of poetry and poetics (2012), Las palabras necesarias, muestra antológica de poesía venezolana del siglo XX (LOM, Chile, 2010) y El hilo de la voz, antología crítica de escritoras venezolanas del siglo XX (Angria, Caracas, 2003). Obtuvo el Premio de la V Bienal Latinoamericana de Poesía José Rafael Pocaterra (2000) y el Premio Italia 2007 para la Poesía, certamen «Mediterráneo y Caribe», auspiciado por el Instituto Italiano de Cultura de Venezuela y el Centro de Poesía Contemporánea de la Universidad de Boloña. Coordina talleres literarios. Actualmente reside en Buenos Aires, Argentina. Su más reciente libro: Textos por fuera, El Taller Blanco Ediciones, Bogotá, 2020. 


De Sed. Eclepsidra, 1998.



Te preguntas para qué has de escribir

si ante el libro de poemas predilecto

todas las palabras nombran lo que

tus sueños dibujaron


y estás plena de imágenes ajenas


te conmueves con un mínimo sonido

el soplo de las cosas persistiendo

mientras entras en la tarde

y ya es imperativa tu renuncia

entonces entiendes que callar

es el poema

Sed




Aqueste la verdad no hay voz ni oreja

Boca sentenciosa ronda angustias

Córrete franquicia del dolor manido

Sala cicatrices   Mora en un silencio 

quebrantado

Borde del vocablo

no nacido hinca tu colmillo

excreta

Dicta con murmullo al peregrino

canto aletargado la querencia

Hoy se ha amurallado la esperanza

grávida de esperas 

derruida


De Mandados. La Liebre Libre, 2000.


hechos como fuimos de bermejos llantos     hechos de un  dolor 

arcaico     somos     henos imbuidos en nosotros     llanos de vacío 

castos    trepidantes   nos llamamos riego    fuego revelado 

vivos   y   en  armar  insulsos  entramados  ocupamos

eso   que de buena   o  mala  gana 

se proclama

tiempo

En el descampado

ocupo la memoria en escucharme  

porque entiendo que este ahora    sin más señas     el presente 

no convoca ya ciertos paisajes     se quedaron en sus toldos bajo el sol

muchas palabras      rostros ya no hieren     son apenas un furtivo manotazo

extiendo en un mantel los días muertos     en porciones regulares los devoro

he hecho las paces      puedo aseverar

que no recuerdo haber estado en laberintos     y me miento      no me importa

quiebro en dos la vara que volcase

en turbios mis vocablos


De Es de día. El Pez Soluble, 2004.


quise mascullarme el día con un canto que evocase la derrota de Cadenas   

porque asirse de palabras para hablar de uno    

te atempera

escupir torpes grafías exaltadas, borronear una libreta 

y embriagarse de tu propio tono alebrestado 

hecho de materia lacerante, de remilgos, de candentes sobras 

reconforta

ampararse de la lluvia 

aligerar las cargas imprecisas

contemplarte recogiendo tus cenizas

siempre restablece diluir 

tu enmarañado

corazón 

en un poema 

de otro


De La Noche y sus agüeros. El Pez Soluble, 2007.


Los que ausentes,

los que huimos

y amañados

por las sombras

escupimos a la noche,

los despiertos,

le debemos

a los trinos

la sonrisa

o el aliento,

en tanto

al otro lado

de lo inmenso

las pequeñas aves

arman su revuelo,

lerdos nos sumimos

y aguardamos

el despliegue

matinal,

la luz que crece


De Ética del aire. Bid & Co editor, 2008.


para contar es necesario llevar alguna prisa, 

hay que deshacerse de palabras, 

dejar atrás anécdotas fallidas o tragarse algún paisaje 

desprovisto de afecto o interés malsano,

va ligero el automóvil deslizándose bajo tu mando, 

por avenidas llenas y luces intermitentes, 

vienes porque aún rotan en tus pensamientos 

la cara risueña de un amigo, 

la sorpresa por los imprevistos o mejor, 

la certeza de que en realidad nada controlas, 

eres un ejecutante más del libre asueto de los cuerpos 

dejándose al gobierno de lo fortuito: 

el saludo a destajo, el afectuoso o el inesperado, 

la mirada que esquivaste en la reunión, 

tu obsesiva revisión de los asuntos crasos, 

el bocado muy salado que pasaste con un trago de agua, 

de noche el rostro de las calles no es sereno, 

vas entonces. aceleras para abrir un nuevo episodio, 

porque haciéndote fragmentos del conjunto puedes

reposar afanes o prepararte para lo que venga, 

así sepas que llegar no llega, 

que cuando abras por fin la puerta de tu dormitorio 

la cama te invitará a seguirte recorriendo, 

esta vez hacia adentro y entrarás en los caldos 

de lo que quisieras olvidar y no puedes, 

pero para que esto ocurra debes llegar antes 

y por los momentos este atasco en la vía te lo impide, 

no pienses que contar o hacer el plan de un cuento 

evitará el fraude de saberte en marcha 

creyendo que al fin has llegado



De Nido de tordo. Kalathos, 2015.


ESO

¿y cómo será esa geografía del silencio?

¿tierra como me dijiste? ¿olvido? ¿voluntad?

¿batir el reloj de arena contra el piso?

un barco me lo explico

será que entonces la escritura sigue siendo el mar

que es el morir

tendré que idear una manera de construir tu ausencia sin palabras eso 


De Textos por fuera. El Taller Blanco Ediciones, 2020.


   • 

carnitas que laten, eso somos, buscarle la vuelta es puro ocio 


  • 

escriba

desde otra silla por favor 

más lejos

del llanto, del trueno

del deseo

los codos sobre la mesa 

sin máscaras

sin miedo 

  • 

tacho  borro  suprimo 

más allá del simple gesto 

imploro a la memoria 

condescendencia


GABRIELA KIZER: Poesía Actual de Venezuela

 

Gabriela Kizer, (Caracas, Venezuela 1964)

Es licenciada en Letras por la Universidad Central de Venezuela (1986) y magister en Literatura Latinoamericana Contemporánea de la Universidad Simón Bolívar (1993). Es profesora asociada, jubilada de la Escuela de Artes y de la Maestría en Literatura Comparada de la Universidad Central de Venezuela (1993-2021). Ha publicado cinco libros de poemas: Amagos (Monte Ávila Editores, Caracas, 2000), Guayabo (Ediciones Arte Dos Gráfico/Ediciones Esta Tierra de Gracia, Bogotá, 2002), Tribu (La cámara escrita, Caracas, 2011), Pavesa (Ediciones Letra Muerta, Caracas, 2019) y En falso (Visor, Madrid, 2022). Ha publicado también la biografía de Ida Gramcko para la Biblioteca Biográfica Venezolana, «El Nacional» (Caracas, 2010) y Mucho más que un número, biografía de Hedy Katz, sobreviviente de Auschwitz (Libros del Fuego, Caracas, 2019).




PAVESA 
Caracas: Ediciones Letra Muerta, 2019 (Libro escrito a comienzos de la década de los 90).

Amé primero a Judas que a Jesús.
No digáis que fui pérfida;
el canto del gallo siempre exige una traición
                        para afinarse.
*

Lava obsesa su piel
no quiere hacer pulcritud en nada
sólo restriega una pasión
a ver si puede forjarla en la boca
ajena de sí misma.
Toda otra cosa es trampa.
La seducción puede encontrar miradas
hasta en su piedad.

*

Ella confunde voces.
Cree que ha sido trocada por un ciervo,
cree servir a una diosa fiera y virgen.

Quien determina salvarla
habla con cansancio.

La mujer de Magdala acomoda trenzas, lágrimas, destino.
Pesa a un sueño primigenio e inculto
que la inclina a besar el madero.

*
Sólo te dio un nombre para hilvanarte a su sino,
sólo te quitó un nombre.
                                      
Él ha vuelto y ya no anuncia más.
Epifanía muda que rememora tan solo un cumplimiento.
Pasión que se desdice a sí misma como un eco.
Nada más que una imagen         
                                          amánsate el pecho.

Él ha vuelto con el olvido más lúcido de Dios.



AMAGOS
Caracas: Monte Ávila Editores, 2000.

Las golpizas en el patio se acabaron.
El varoncito que dijo: a esa niña no se le pega ni con el pétalo...
tiene ahora cinco varoncitos redondos.

Se cayeron los lazos del pelo
y no hay quien los repita.

Tus amables hazañas murieron en el lavaplatos
un domingo a las tres de la madrugada.

Venga, mi héroe-hembra de papel cortado,
a ver cómo vuelves la espalda al espejo
o taconeas insomne
los olvidos que te acogieron como cantos de cuna.
Qué importa si vives lo dejado por otros,
si algo esencial pasó y no hay estación que lo repita.
Qué importa si calculas en frío todas las batallas,
si es una vaciedad la que contornea los ojos
y ya no perdonas          ni con aquella habilidad
con que te perdonabas a ti misma.

Qué importa si a esto se le llama madurez,
si estás aquí     serena     mirando lo que nunca fuiste 
ni pudiste haber sido,
haciéndote las trenzas con lazos blancos, enormes.

No lloro por ti, por ese viejo retrato.

Tal vez imaginaste formas clandestinas de destino
y a ratos amor: deseos oscilantes entre nubes,
miradas asombradas que lo confunden todo.

No lo sabías.

Que pongan al paso aquellas ganas de tragarse el mundo,
y tragárselo.

No más esta desazón con la que tomas
lúcidamente disipas la existencia.

*
POÉTICA

I

No tiramos nuestro cuerpo por la ventana.
No abrimos huecos en algún pedazo de tierra húmeda
para que nuestros amigos fueran a visitarnos.
No pedimos que nos sembraran flores encima.

Hemos visto caer sobre nosotros la modorra entera del dolor
y ni siquiera podemos decir que lo conocemos.
Hemos tratado de desperezarnos y de agarrar en el aire
una libélula: la flor prensada o podrida dentro del sueño.
Hemos besado su resequedad y sus larvas.
Hemos sentido en el sabor del barro, la mies
y aunque el grano fuese duro, inmasticable,
hemos aprendido a molerlo con los dientes.

¿Pero qué haremos ahora?
¿Qué sombrero le pondremos a esta tristeza de gaucho
solitario y ebrio?, ¿qué llanuras le daremos para que ande?,
¿qué oasis y qué cactus cuando precise recostarse
o apurar las espuelas, el puñal
para atrapar el tono que fuese necesario?

¿Recuerdas? Conocimos a un hombre 
que fingía ataques de epilepsia en distintas esquinas de esta ciudad.
Cada cierto tiempo volvía a ponerse en nuestro camino.
Tirado en alguna acera, 
lo veíamos bañado de sudor, con la mano en el corazón
y nos confundíamos nuevamente con espanto.
¿Y qué haremos ahora?
¿Qué le diremos a este sujeto que nos ha estafado?,
¿qué imagen suya pegaremos en el álbum de cromos superpuestos
para que no se nos confunda la memoria?

Para que no se nos olvide tampoco 
la lentitud de aquel recogedor de latas
que casi de pie y a lo largo de cien segundos
atravesó la avenida principal 
con luz roja para peatones
sin que ningún conductor gritara nada,
sin que ningún nuevo mitólogo afirmara
que así era como Atlas cargaba el mundo.

¿Y qué haremos en este mundo?
Qué cargamento de latas ganará algún valor de cambio
si no hemos caminado hasta el medio de la calle
para cargar y poner a salvo a un gato muerto,
si hemos visto a la amiga auscultar el corazón del animal
y mover el cuerpo, acariciarlo,
con una ternura que nos hizo avergonzar.
¿Y dónde buscaremos la cajita de cartón
en la que pueda caber esta vergüenza,
esa cara de gato atropellado
a la medida de un camión de basura?

No, no seguiremos buscando en el estiércol
la medida exacta de alguna frase inusitada.
No hallaremos nuevos ritmos en la quinta pata del gato
ni imitaremos a los hombres de manos enguantadas
que hay detrás de cada camión de basura.
Rasgaremos nuestras camisas, si hace falta, 
nos sentaremos siete días en el suelo
y guardaremos el más rígido luto por aquello que importa
y que cae y que fracasa siempre.
Pero no quedará enterrado el corazón.
Tampoco lo congelaremos para futuros más desoladores aún
o sorprendentemente magníficos.

De los barcos que pasan,
hemos conocido ya la estela grabada sobre los huesos, 
hemos entendido que nadie nos ha salvado de nacer,
que nadie nos ha salvado de nada.
Pero no seremos los cronistas del desconsuelo.
No lo seremos.

II

Y mientras pasa la tarde
¿vamos sabiendo algo de lo que ya dejamos 
o  estamos dejando todavía?  
Apenas un poco de olor a durazno sobre la jabonera,
la servilleta en medio de las sobras del banquete egipcio.
Y nunca más atardecer al borde del barranco.
Nunca más la abismada y cambiante mirada de los locos
sobre la penúltima suerte del amor.

Pierdan cuidado.
Aquí no se realizará la alabanza
del inmerecido bien que relumbra 
a altísimas horas de la noche.
No se preguntará por su brillo
cuando quede escanciado 
en el piso del cuarto de los trastos.

Loada sea la opacidad de la vieja campana
si es esto lo que hay.
Que canten otros la gloria descompuesta de los días.

De aquí se marcha hoy el que se fue
sencillamente, porque había suficiente café en su taza.
Quedamos los que somos para cumplimentar
los lentos, los tenaces ardores de la estufa
que calentará la sopa de hoy, 
de mañana
y de pasado mañana.

Pero así como los familiares del enfermo
cansados ya de la agonía la prolongan,
así también nosotros defendemos nuestro amor.
Pero quién puede cerrarle la boca al más allá
cuando nos deja sólo objetos que resisten
y si a ver vamos,
alguna razón de peso para desplegar el corazón
como un papiro quemado por los bordes.

Tal vez los críticos tengan en esto la razón:
lo que se escribe no es real,
o tengan las mismas razones para decirlo
que la bella contorsionista del circo
cuando desciende entera sobre el público.
Que luego venga algún equilibrista y diga:
no estuvimos a salvo,
y que los payasos expriman esta frase
como un coleto viejo entre bromas y risas. 

Una inmensa alegría hemos hallado en este mundo.
Un dolor que siempre la aventaja.
Y aunque no hayamos venido a escapar cada mañana
de la espléndida noche que perdimos
o de la página roja, amarillista
en la que se vio malversado nuestro sueño,
cómo golpea el portazo y arde la guadaña
con que la vida nos rebasa.
Lo que se escribe no es real, 
válgame Dios.
Tampoco debieron ser reales
el brindis, las cenizas y las flores que no nos trajeron,
pero ese no es el punto.

Un extrañísimo amor aguarda siempre
al filo de cada emboscada,
cuando la realidad 
con absoluta indiferencia nos abrasa.

Dame un poco de agua.
Dame una canción ahora 
              que ya hemos sido segados.





GUAYABO
Bogotá: Ediciones Arte Dos Gráfico/Ediciones Esta Tierra de Gracia, 2002.  


En una vida
deben escribirse pocos poemas de amor.
Sólo cuando el corazón anuncia algún presentimiento difícil, 
cuando ya no sabemos si en medio de un mal sueño
seremos despertados por un beso
o pasaremos de largo hacia un sueño peor,
sólo ante un minuto que oscila 
es dado escribir algo breve y conciso,
que no salga muy fácil.

Por lo demás
sólo rezamos cuando creemos que estamos a punto de morir,
pero creer ya es algo.

*

VODKA

Que una tarde acabe con lluvia 
y poco espesor de azúcar en la sangre
no es demasiado.

Que uno se reconcilie de pronto 
con el amor peor dejado
y que vuelvan los cuerpos y las voces 
sobre la casa hundida,
sin pretender alzar otra columna 
ni soñar que habitamos otra casa,
es casi como un golpe que hace vida a la vida.

Y henos aquí, 
jugando a que estos besos son los besos de otros,
a que resbalan por la piel y no resfrían el alma.
Henos aquí jugando, 
recorriendo de vuelta el polvoso camino
y poco serios ante la gravedad del asunto
como si la risa viniera de corazones 
ya suficientemente burlados.

Nosotros, 
los que desconocíamos cualquier camino de retorno,
¿qué hemos hecho para venir a dar con el amor al que se vuelve?
¿Dónde estabas mientras yo te enterraba
y enterraba contigo –cavadora egipcia– 
toda la maraña del amor imposible
para que te llevaras tus tesoros al otro mundo?
¿En qué limbo de paciencia aguardabas?

Porque hoy he venido a mirarte largo rato a los ojos
sin sentir la tentación de pedirte
que me sostengas el mundo cuando los pisos se agrieten, 
porque hoy he venido a mirarte 
sin querer que me salves de nada.

Alguna vez confiamos en el tiempo.

Ahora
que tenemos tan poco para postergar, 
que robamos pasión a un tiempo que no es nuestro,
que el portero del edificio me mira con recelo.

Ahora
que el despecho para mí es estar en ascuas
entre el final de un poema 
y el comienzo de otro que se tarda,
como se tarda el amor
y que puede incluso no llegar nunca. 

Ahora
que tantas tardes se han ido sin esperarte
y que he aprendido tan bien a sostener entre las noches
el as de un juego solitario,
que no puedo negar el desierto que habita este corazón 
y lo reclama.

Ahora
que un clavo no saca otro clavo,
el pecho se tranca, de seguro, no le queda otra cosa.

Ha sido hermosa la tarde
aunque tan difícil sea hablar de amor,
aunque sepamos que hay una casa que se levanta sin estructura
y que esa casa es la nuestra.

No te pregunto por lo que haremos otras tardes,
eso lo sé, y voy a ti sin dobleces.
Vuelvo a sacar dos cubos de hielo,
los pongo en un vaso y abro la botella
como quien retoma un gesto detenido por distracción,
como quien no ha dejado una noche de hacerlo.

*

GUAYABO

Cuando niña
de visita a Urama
recogía, abría y revisaba guayabas
para todos,
hasta que un viejo me dijo
que así no se comía la guayaba,
que había que cerrar los ojos
y que si tenía o no tenía gusano era cosa de dios
o de sorpresa en el fruto que saliera con mejor sabor.
Yo seguía las instrucciones
y me comía cada tarde       con las tripas revueltas
todos los gusanos de Urama.

Posiblemente ese haya sido
el primer contacto de mi lengua
con el sabor de la muerte
en los mejores frutos.

Con el tiempo aprendí a hacer mermelada,
a desaparecer el tacto baboso y frío
en el hervor de la hornilla,
aunque siempre sintiéndome cobarde.

Hoy quisiera otorgarte aquel sabor.
Pedirte incluso que no me permitas olvidar
la paciencia o el error
        de aquella niña de diez años
sentada a la sombra cada tarde
y aprendiendo, sin saber, 
    a tragar
tu pedazo de muerte
    y tu pedazo de vida.


TRIBU 
Caracas: La cámara escrita, 2011.


Parte I, fragmento 1

Padre, 
he aquí al orador de orden,
heme aquí, fuera de orden y sin saber orar.
He aquí la artritis del orador de orden,
heme aquí entumeciendo y deformando las líneas trazadas en sus manos
para que no haya gesto que pueda ser posible, para que no haya gesto.
He aquí los guantes en las manos del orador de orden,
henos aquí enajenados en la soltura de sus movimientos 
y en la gracia de sus expresiones, 
aunque sepamos, Padre.

He aquí el coro de lutos antiguos y parsimoniosos,
he aquí la pestilencia que trae nuestra sangre caliente,
he aquí que el único modo que tuvimos de inclinar al espectador 
sobre el abismo de la escena 
fue arrojándonos a él.

He aquí el hambre del abismo bajo las tablas de la escena.
He aquí el abismo, 
heme aquí, a veces inapetente o padeciendo de hartura
como un muchacho pálido y enfermo, 
como un muchacho enfermo, Padre, enfermo.

He aquí la ceguera del bardo, su melodía incipiente.
He aquí el miedo de la muchacha que hará soplar el viento,
heme aquí convirtiendo sus ojos en acero para los héroes, para el verdugo.

Padre, 
he aquí a la gente que no fue a escuchar al orador de orden,
henos aquí en nuestras cocinas blasfemando
porque hoy será quemada la bruja que tiene maldito este lugar, 
la bruja que asusta a los niños hombres por las noches,
la única habitante del pueblo que sabe rezar, pero le faltan dientes y es bruja.
Henos aquí sobre nuestros calderos 
sin saber si usar sapos o ranas para el susto de esta noche.
Henos aquí, Padre, para la carcajada.

Ja. He aquí la risilla pueril de quien ya no puede ni asustarse.
He aquí lo que no convence de esta dentadura postiza.
Porque nuestra raza no habrá de tener dientes, 
fue lo que dijeron en la primera conseja.
Y no me pasaron las alquimias 
ni me dieron a guardar el ácido de las pociones disolventes
ni me enseñaron más que la inutilidad de la cola del lagarto.
Y heme aquí, Padre, sin saber hacer casitas de chocolate y leche
ni jaulas para tantear el espesor de mi bocado.
Heme aquí, ¿no me he presentado?
He aquí a la que escapa del fuego por la inutilidad de la cola del lagarto, 
heme aquí montada en el miedo que no tienen, en la risa de su farsa 
que es mi escoba, la divina comedia de esta quema 
realizada mil veces en este mismo lugar.

¿Acaso ya no hay héroes? ¿Mujeres histéricas y alucinadas?
¿Alguna santa que quiera suplantarme?
¡Ah! ¿Qué otro martirio forjaréis para la bruja terrible de este pueblo?
 Os saldréis con la vuestra.

Heme aquí, Padre, sin lengua para presentarte respetos,
yo, la que jamás ha reído, orgullosa verruga sin una mísera maldición a mano 
y ni siquiera dispuesta a arder, heme aquí.

Padre,
he aquí al sastre laborioso de estas horas,
heme aquí tomándole medidas al eco de la carcajada
que se convierte en llanto, que se convierte en risa, que se convierte en eco.
Heme aquí atravesado de alfileres como un muñequito de mala magia
escondido en algún cajón de la antigua máquina de costura 
que ya no anuda sino que parte los hilos 
y deshace los ruedos 
y no puede.




EN FALSO
Madrid: Editorial Visor, 2022.

CAÍDA


La herida, sí, la herida.
La caída de los patines,
no del paraíso.
Y el olor a alcohol, insoportable.

Sople, por favor sople.

Deme el instante que sucede al desmayo,
la calle apareciendo en su lugar,
la costra incipiente, el sobresalto
de mi rodilla ardiendo,
de mi rodilla pelada frente a Dios.

Por favor, sople, sople.

*

VECINDAD 


Hace un par de semanas, una tarde de lluvia,
murió nuestro vecino Carlos Consigliere.

No conocíamos su nombre.
Era tan sólo el vecino del 62.
Reparaba con frecuencia un Renault viejo.
Registraba sus pulsaciones.

En la misa del jueves un niño ha preguntado
si en el cielo hay cementerio,
si el muerto cogió por el río para llegar al cielo.

Yo sólo di el pésame a la viuda, mi vecina del 62.
Era otra tarde triste.
Acaso conversaba con Dios.
Como ahora que trasvaso la calatea
                                  precaria y misteriosa
para hacerla permeable a la tierra nueva,
llena de minerales, supongo.

Bella, le digo, a cada cara de sus hojas
y a la flor que no exhibe
mientras se va cerrando noche a noche,
morada, sobre sí.

A su lado, el malabar se dispone a la visita
de artrópodos y coleópteros y ácaros y ciempiés.
Sus hojas amanecen mordidas,
no madura la flor.
Como si no le bastara la oración
        cada vez más triste
de la viuda de Carlos Consigliere,
nuestro vecino del 62,
muerto de infarto.

*

CHANEL

Es necesario un patrón lo más exacto posible, tres metros de mezclilla, seda, pana, gabardina o poliéster y un hilo que pueda camuflarse o combinar con el color de la tela. Según los entendidos, hay que tomar con precisión las medidas de la pierna interior —desde la ingle hasta el tobillo—, la circunferencia de las caderas, el grueso del muslo, la pretina, la cremallera o la bragueta, el dobladillo. Resulta crucial la manera de plegar dos veces la tela hacia adentro y coser desde adentro los pespuntes. Con cierta práctica, hasta el principiante menos aplicado podría confeccionar un accesorio como el bolsillo para guardar artículos personales de poco peso.
Antes de ver en ellos algo más que una prenda, Coco Chanel había aprendido a coser, a planchar y a bordar a mano en el Orfanato de la Congregación del Santo Corazón de María, donde sólo ansiaba ser amada y quitarse la vida. Aunque pensaba que la moda estaba en el cielo, en la calle y en las ideas, cortaba la tela sobre modelos de carne y hueso. No le importaba deshacer el diseño dieciséis veces. Consumida por el reumatismo y la artritis, no dejó ni un momento, con su cigarrillo entre los dientes, de poner alfileres. Sentía aversión por Hollywood. Decía que una pared no se transforma en puerta ni una mujer con pantalón en hombre apuesto.
Marilyn Monroe adoraba los pantalones de tiro alto y vivir en un mundo de hombres, pero ni con unas gotas de Chanel Nº 5 conciliaba el sueño. Tenía una risa loca. Había aprendido a maquillarse en el Orfanato de Los Ángeles. Sentía aversión por Hollywood. Sólo quería ser maravillosa.

*

COTA MIL

Todo se iniciaba en secreto.
Vicente Gerbasi


Aunque a mis ojos de pocos años
la visión de la Cota Mil
—¿desde el borde nebuloso de un balcón,
en un retrato? —
les impuso la inquietud del infinito,
el terror de que los padres se perdieran,
luego amé remontarla algún fin de semana.

Claro que vi antes mares y montañas,
pero mi primera revelación
fue de cemento.

En el asiento trasero
de un Pontiac Parisienne del 67
yo conocí la belleza de los atardeceres,
la gratitud por el paseo hacia ninguna parte,
la melancolía
y la paz.