miércoles, 23 de junio de 2010

MIYÓ VESTRINI: Poesía Venezolana



MIYÓ VESTRINI (Francia 1938-Venezuela 1991). Marie-Jose Fauvelle Ripert, poeta y periodista cultural. Formó parte de los grupos literarios el Techo de la Ballena y  Apocalipsis. Se desempeñó en el diario El Nacional y la revista CriticArte. Fue agregada de prensa en la Embajada de Venezuela en Roma y jefa de prensa en Cancillería. Su trabajo literario abarca poesía, narrativa y dramaturgia. Publicó su obra poética en Las historias de Giovanna (1971), El próximo invierno (1975), Pocas virtudes (1986) y Valiente ciudadano (póstumo,1994).

Selección por Gladys Mendía


El llanto

Siempre hay una habitación a oscuras
para tener lágrimas tras las persianas
sobre las rodillas
el papel se deja amar
y los muebles celebran el silencio.
Es el instante de la certidumbre
de las manos quietas en la mesa de fórmica
tenemos penas
y afuera
todos
todos lo ignoran.




Beatriz

Con pene o sin él,
hay cosas que no se pueden hacer
cuando se comienza a sudar
o cuando duele la próstata.
Por eso se suicidó Beatriz
a los cincuenta y tres años.
No quiso participar en la grotesca ceremonia
del elogio a la decadencia.
Cubrió todos los espejos
y colocó sábanas de satén en la cama..
Se suponía que moriría allí,
pulcra y perfumada,
desoyendo al roedor que le mordía la respiración.
Pero prefirió el sofá,
donde había hecho el amor anoche,
con un fiestero profesional,
alquilado para la ocasión.
Dejó una lista
de equivocaciones y aciertos.
La escritura es lo de menos, anotó,
y estampó su firma con letra pequeña,
para que creyeran que era apócrifa.




En el patio de Anaïs Nin

En el patio de Anaïs Nin
dilapido mi muerte

perdida pero obstinada, lleno el vaso de agua para
el sudor de la madrugada y estiro la colcha viendo la
arañita quieta en el techo, siempre con el frío de la
noche anterior, siempre lo mismo,

y de ese patio, recuerdo sobre todo el olor,
aquel encuentro que nadie tomó en cuenta,
porque el día era muy gris
y temíamos
la gente amaneciera triste.

Había lo imprevisible en ese patio.
La estatua del niño de mirada inconmovible,
toquecitos de cielo, lluvia y palomas.
Un viajero que mentía para no llegar a su destino.
Un extraño transeúnte de abril.
Un asesino desencantado por la brisa
que decía no tengas miedo, son ruidos
de madera de algún vecino melancólico,
de algún aparecido. Y seguía rondando,
miraba y medía la niebla, casi pasaba
a otro tiempo, tiempo para que no
empezara nada nuevo.

En el patio de Anaïs Nin,
despiertan a veces los días malos

despiertan el agua y las campanas y las
palabras rigurosas y el furor ciego de los
solitarios y el golpe sobre los ojos y los
que te ven, como si nada pasara. Todo un
enojo de graznidos, bullas, desazones,
confusiones, monotonías, hasta la quietud
de la muerte, cuando será inútil ya agitarse.

En el patio de AnaÏs Nin,
los tragos son dulces y demoníacos

dan vueltas y más vueltas,
aplauden a mi amado

el más amado de los lunáticos.

En el patio de Anaïs Nin,
no se aceptan extraños

y menos aquellos que vengan de coléricas comarcas.

En el alto techo, habrá tiempo para tu cuerpo y el mío

nada diré de tu bienaventuranza, de tus
mañanas de jazmín, de tus insoportables
desastres. Correrás bajo el paso rápido
de las nubes y darás el santo y seña junto
a la fuente.

En el patio de Anaïs Nin,
cuando duermes y me amas,
es ahora el día de todas las furias juntas.




Ciertas jornadas se hacen largas

Ciertas jornadas se hacen largas.
                                                           Nadie pregunta cómo las paso.
El rostro de los agresores
                                              se mezcla
                                                       con el de los agredidos
No se sabe
                    cuántos sobreviven
                                                        a la masacre.







Muy poco y muy gris el tiempo que te queda

Soy frágil
para los amados.
Algún asesino más poderoso
más fuerte
me interceptó cuando cruzaba
el callejón de los cuchillos
                                               y me atajó.
Silencio mujer
dijo
de nada valdrá tu queja
en este momento
ni en los otros.

Muy poco
y muy gris
el tiempo que te queda
en esta madrugada de perros realengos
y borrachos asustados.

Déjame un instante
dije,
medir la luz que todos los días
me recibe y me abandona.

Déjame llorar un rato a solas.
Pero sólo había frío
                                 en el callejón de los cuchillos.




No vuelva más por aquí

Al infierno todo esto
y duró años sin irse al infierno.
Por eso he venido a verla.

Si usted estuviera tan deprimida,
¿pensaría en todo esto? ¿Habría
venido a verme?

Sólo le falta decir:
dígalo, no lo escriba.

Vamos a ver. Explíqueme lo que
siente. Sé que está sola y no
sabe qué hacer. Haga un esfuerzo

La habitación me gusta.
El sol alterna con la
penumbra. Trato de no
carraspear. Mantenerme
inmóvil. Pienso en un
carnero con grandes
cuernos, caminando
sobre la alfombra persa.

Usted está cargada de cosas, ¿entiende?
Cosas rudas. Unas detrás de otras.
Su madre, por ejemplo.
Y su padre. ¿Qué ha pasado?

Me gustaría visitar la casa.
Es una casa de madama fina y
escrupulosa. Siento que me
achanto sobre la silla. Es el
momento de llevarle flores a
alguien. De emborracharse. De
llevarse por delante media vida.
Estoy asustada.

Tiene que volver atrás. Vivir lo
que no vivió realmente. Es un
viaje muy largo. Muy largo. Aproveche
ahora cuando está al borde
del barranco. Escriba, pero unas
líneas solamente. Piense.

Sí. Eso es. Haré el amor, pero
unos minutos solamente. Lloraré,
un poquito nada más. Gritaré, pero
lo justo. Ningún sonido discordante.
Está contra reloj, la pobre. Trataré
de no olvidar su rostro
para reconocerla cuando
aparezca en sociales.

Cuénteme algo importante. Una
situación importante, como la que
vive ahora. Desea estar sola,
encerrarse, ¿verdad? ¿O quizá
desea morirse?
¿Ha tenido ideas raras?

¿Quién me pondrá las manos
encima cuando esté muerta?
Los muertos de Elías huelen
a perros. No lo quiero. Se
muere la gente y uno se bebe
un trago. Todos estos muertos
y uno aquí, con ideas raras.

Vamos a ver. Usted es una niña.
Tiene diez años. No le teme a
nada, ni siquiera a los murciélagos.
Su madre la toma del brazo.
La lleva a pasear por el pueblo.
Le habla de demonios y aparecidos.
Usted se resiste a ese brazo que
la envuelve toda. ¿Fue entonces
cuando sintió miedo?

Pueblos y demonios. ¿Qué sabe
ella de todo eso? Vine a preguntarle
por el infierno de los desaparecidos.
Y me devuelve a la ciudad, a la luz
que me llevará a la penumbra.
Antes de cerrar la puerta, me dice:

¡no vuelva más por aquí!



(de Pocas virtudes)




Caricia

La mitad de lo que le ocurra
a mi hijo,
será culpa mía.
Qué bien.
Lo digo así,
recubierta de collares y lunares,
veinticuatro horas después de enviarte a París,
y supieras lo que es estar lejos de casa.
Llega hasta a mí
tu rostro de adolescente despeñado,
levantado hacia un profesor ansioso de enderezar
a este pequeño viejo rico.
Hay que ser fuerte,
te dicen:
sólo si lo eres tendrás derecho a cumplir
dieciocho años
y oler la cocaína que quieras.
Y vomitarte sobre la vajilla de tu madre
en la cena ofrecida
para celebrar tu regreso.
Por ahora,
te sacude el frío en el dormitorio de los grandes
y aprietas la medalla que te regaló tu novia
en el aeropuerto.
No he terminado contigo, decía la tarjetica,
prefiero que lo hagan otros.
Y firmaba:
mami te quiere.
Te sacaron de la galería de espejos
para que no rompieras el diseño de la arquitectura holandesa.
Aun antes de tu llegada
ella sufría de baby blues
porque,
¡ay!, gemía,
no estoy preparada para ser madre.
Ahora eres tú,
quien no está preparado para ser hijo.
Odias lo que está bien,
odias lo que está mal.
Estás perdido entre Le Pere Lachaise
y la rue Delambre.
No hay suficientes recuerdos como tú quisieras.
Ya juegas con la inmortalidad:
pobre rata,
qué poco vales en la apuesta,
te gritan los transeúntes a la caída del sol.
Miras el papel higiénico
impregnado de tu caca de niño triste.
De niño malo
enviado a París con un recuadro en el cuello:
menor viajando solo.


Zanahoria rallada

El primer suicidio es único.
Siempre te preguntan si fue un accidente
o un firme propósito de morir.
Te pasan un tubo por la nariz,
con fuerza,
para que duela
y aprendas a no perturbar al prójimo.
Cuando comienzas a explicar que
la-muerte-en-realidad-te parecía-la-única-salida
o que lo haces
para-joder-a-tu-marido-y-a-tu-familia,
ya te han dado la espalda
y están mirando el tubo transparente
por el que desfila tu última cena.
Apuestan si son fideos o arroz chino.
El médico de guardia se muestra intransigente:
es zanahoria rallada.
Asco, dice la enfermera bembona.
Me despacharon furiosos,
porque ninguno ganó la apuesta.
El suero bajó aprisa
y en diez minutos,
ya estaba de vuelta a casa.
No hubo espacio donde llorar,
ni tiempo para sentir frío y temor.
La gente no se ocupa de la muerte por exceso de amor.
Cosas de niños,
dicen,
como si los niños se suicidaran a diario.
Busqué a Hammett en la página precisa:
nunca diré una palabra sobre tu vida
en ningún libro,
si puedo evitarlo.



XIV

Escucha cómo paso de largo.
Propicio es el tiempo
para el brazo
que reposa
sobre tu flanco.
Para un primer canto de alondras,
para una mansa vereda
y un olor de piernas en reposo.
Escucha cómo paso de largo
y todo se hace tan frágil,
tan triste.

(de El invierno próximo)



Poema

Frente al dinosaurio de ojos pardos supe que
el retorno de mis antepasados se acercaba.
A su costado el anciano moribundo encendía
una hoguera de azufre.
Llovía
Apoyé mi mano sobre su boca húmeda de ternura presintiendo en la piedra
el paso de un cascabel infantil
y habló el dinosaurio de ojos pardos:
«Llévate la lluvia que apaga mi fuego ancestral y camina hacia el país de los eternos ahorcados.
El perro negro clavado en el centro de cuatro árboles
te hablará del hombre de tu única noche muerto
sobre la ebriedad de las puertas del mal cerradas»
Detrás del anciano moribundo sonrió mi abuelo
apretando contra sí su reloj de oro.
Sentí nostalgia por las doncellas misteriosas.
Todo había muerto.
A mis pies quedaba la herrumbre del dinosaurio
de ojos pardos y se acercaba inevitable,
el grito de mis antepasados.
A mis espaldas silbó un gato negro.
Era el ojo lunar de mi primer aullido frente al dolor.
       
Maracaibo, Abril 1956





martes, 15 de junio de 2010

SEBASTIÁN MIRANDA BRENES: Poesía Actual de Costa Rica




SEBASTIÁN MIRANDA BRENES (Costa Rica, 1983) Químico industrial ambiental. Escritor. Miembro del taller literario Netzahualcóyotl, actualmente los Coyotes Hambrientos y del grupo literario de la Universidad Nacional. Permanece inédito. Participó en la organización del Festival Internacional de Poesía de Costa Rica, sede Heredia.


Cementerio de árboles


“…donde la madera verde de la lluvia
le brota en llamaradas
por los dedos.”
Canción Árboles: Clemente Soto

Tantos somos los olvidados,
los que habitamos este cementerio.
Los que morimos lentamente
y permanecemos de pie,

y vemos caer los brazos
en forma de crujido.

Los que contemplamos la huida de las aves,
la resurrección de la tierra

y la marcha del destino
que carga la hoz en su espalda.
Los que sentimos como la lluvia
se transforma en asesina;

y el brazo del aire:
el único que nos llora.

No contamos con epitafios,

y sabemos que el sol
no perdona un rostro descubierto,

y que el dolor es un animal silencioso
que camina por la montaña.




Mi corazón servido

Mi corazón servido en manos de todos.

Todos lo desfibran,
lo hacen cuerda
y amarran botes.

jueves, 10 de junio de 2010

PEDRO NAZAR: Poesía Actual de Argentina




PEDRO NAZAR (Buenos Aires, Argentina 1974). Ha publicado Como herrumbre de pena. Actualmente termina su segundo poemario.
Licenciado en Letras en la Universidad de Buenos Aires. Trabaja como docente en institutos de enseñanza secundaria.
En el 2009 comienza, junto a Cristina Domench, talleres de poesía en la cárcel José León Suárez de Buenos Aires.
Como compositor e interprete, en el año 2005 graba un disco con canciones de su autoría (disco “Gigante de Papel”. Producción independiente, estudio “El Ombligo”, Saavedra, Buenos Aires), y en el 2009 musicaliza poemas de Alejandra Pizarnik (disco “Cómo quien no quiere la cosa”, producción independiente, estudio “El Globo Rojo”, Parque Patricios, Buenos Aires).

Selección por Gladys mendía


De Pez Negro


Aserradero Valma

Dedico este poema al aserradero Valma
que aquella tarde de calor
sorbía el oxígeno
ensombrecido de caminos laterales
como un idioma
silenciado por escamas pedregosas
un pez en el mosquerío de una embarcación
(un pez negro
agujereado por el mar,
desbocado, abandonado por el tiempo)

El aserradero Valma
fallecía con bordes de ladrillo
mientras la herrumbre de un caballo pastaba
sus escombros para siempre
y un penacho de ramas peinaba
su funeral de muros.

Aquella tarde no hubo cielos abandonados,
(tal vez ni siquiera había cielos
ni un camión apuñalado bajo un árbol sin sombra
ni tigres rojos
ni tiempo que no cesa)



*****
Julio Sleiman ya no bebe
no sujeta pasamanos ebrios ni
amanece en árboles desconocidos

No bebe

ni cerveza
ni güisqui
ni ron
ni vodka

“El alcohol tiene ojos de buitre
-suele decir ahora
sacando los brazos por el ventanal de una autopista-
el alcohol es triste
un cuervo desolado”

Julio
avanza con agobio entre herrajes
de soledad

ya casi no padece
los filosos moretones de los gallos
es cierto
pero le asoman sepulcros en la voz
cuando pregunta por su propio simio
su terrible pitón
su murmurar en la demencia

Julio Sleiman ya no bebe
ya ni siquiera nos presta su guitarra
dice que no hay necesidad de golpearla
para ver el sol en su caja condenada a temblar




*****
Si alguna vez estás cerca de la cancha de Boca
Horas antes del recital de un cantante latino
Vas a ver en la estación de servicio de la calle Brown
A las chicas que esperan en largas filas
Junto a la puerta del baño

Arden en canciones de amor
entre inflamados matafuegos

junto a los surtidores

Sus ojos estallan chispeantes
sobre el combustible

Si por casualidad estás cerca
esa es la descripción más perfecta
de mi soledad

miércoles, 9 de junio de 2010

RICARDO CANIZALES: Poesía Actual de Colombia




RICARDO CANIZALES
 (Guadalajara de Buga, Valle del Cauca, Colombia, 1978). Actualmente vive en Cali. Su experiencia con el arte y la cultura es amplia. Actor y tallerista en el grupo Teatro Sueño Latino. Participante varias veces del Encuentro Nacional e Internacional de Narración Oral de Buga. Fue cantante del grupo de rock alternativo Normopatía y en Jafari Trío (Música colombiana). Ha publicado en Arquitrave, revista de poesía colombiana, edición virtual e impresa en el 2008. En Casa de Asterión, revista peruana de poesía, edición impresa en octubre de 2008, en la sección "El sótano se bifurca” (creación-poesía). Y en la revista literaria azul@arte, edición virtual, entre otras. Hace parte del colectivo artístico EXILIADO INTERNO en el que el trabajo como curador artista lo lleva a ser parte del salón regional de artistas 2009 y del salón nacional de 2010 en Colombia. Desde el 2007 le apuesta a su propia publicación virtual en los blogs literarios http://umbralpoesia.blogspot.com y http://equispersona.blogspot.com Actualmente trabaja como bibliotecario.

Selección por Gladys Mendía



EL VERBO ESTÉRIL

(Secuencia poética)*

*Del libro inédito: POEMAS PARA NADIE

1.

Cómo ha llegado hasta mí
Esta pregunta
Halada desde sí misma
Por grietas ilusiones.
En el último escalón le veo cansarse
Sin saber si desciende o llega arriba
Me aferro a su angustia
Su peso es doble
La respuesta se hunde a nuestro paso.


2.

Déjame estar en ningún lado advertido por el ánimo
Espérame ahí donde no conoces el modo de verme
Haciendo
Quietamente
Vacío de los ojos: epitafio de las ganas.

Han debido sugerirme. Tal vez el sueño
Y la noche de los que no he conocido
O el susurro, más allá de lo que supones
Y tu misma sensatez tantas veces conjugada
O la mía, estática al borde de mí mismo.

Y en esa invocación de certeza y verdades
De nombres y requisiciones
No lo supe
De repente
Más acá de mí mismo:
Súbita inanición de piedra congelada:
Exilio del vilo y la repetición
No ser de la memoria.


3.

Muda
Hasta la premonición
La palabra
No es, el sonido en su abismo
El eco es absurdo en su fábrica de huellas


4.

Es y el es
Estéril
Sin nombre, sólo. Sin nombre.
No allá. No aquí.
Sin nombre y sin nombre
Verbo sin verbo
Vacío.


5.

La idea del lugar y la silueta acosada del hombre
La idea del hombre y el lugar supuesto

Está, algunas veces nuevo o invocado
El hombre en su lugar de asfixias
Pero no está la asfixia



Cómo el hábito
Certero y prudente
Vasto y temporal
Cansado y vivo

Cómo, repetido y sincero
Mudo e interrogante

Cómo, vacío y denso
Caótico y prescrito
Despierto, seco
Inmóvil y vivo



Ansia de la palabra que no existe
Sugerencia de lo definitivo
Grieta que me esconde
Puerta que entre y sale
A la vez
De sí misma.


6.

Si niega se niega
Se paradoja y deshace
No hay escepticismo que redima
Redención es ruido
Ceguera las progresiones.
Un hombre o
Una mujer suspira
Se hace horizonte
Su silueta
Disuelta ahí
En lo que la distancia
Despoja.

Todo se ha parecido
Hasta los días
Nuestros
Necesariamente ajenos
Y aparentes.

Resolvimos el miedo con el nombre
Nombramos la distancia
Nutrimos la nada de voces
Ambiguamente ciertas.

El ser el horizonte
Lejano e inexistente.

Un hombre o
Una mujer
Se agotan en el sueño:
El viaje imposible hasta sí mismos.


7.

En mí
Quieto en él
Lo que de ser, lo que soy
Imposible a mí mismo
Sin presencia y nombre
Sugerencia de un camino
Hacia un camino…
Metamorfosis de lo que es
En lo que es
Sentencia del verbo



–Llámale, pide que salga.
–No está afuera.
–Que entre entonces.
–Salir no es diferente
– ¿Dónde está?
– ¡Ahí!
– ¿Dónde?
– ¡Aquí!
– ¿Entonces para qué una puerta?
–No es una puerta.
– ¿Es verdad?
–Ni siquiera eso.
–Se abre y se cierra.
–Eso es seguro.
– ¿Entonces?
–No sabemos cuándo está abierta.
–Cuando podemos pasar al otro lado.
–Eso quisiera creer.
– ¡Es verdad!
–Ni siquiera eso.



Sensación sin sentidos.
Nada en ella.
Lo humano.



Es por no ser
No por dejar de ser.


8.

Delante de mí
Al lado mío
Soy.
Atrás al otro lado
No es, el movimiento.



Dentro de mí
Afuera.
No es, el espacio



Tan sólo ayer soy futuro



Mí, no soy
Yo, tampoco.




RAÚL CAMPOY: Poesía Actual de España




RAÚL CAMPOY 
(Madrid, España 1978). Licenciado en fisioterapia y diplomado en osteopatía. Ha publicado: Los dientes del reloj, Ed. Atlantis (2008) y Donde casi amanece, Ed. CELYA (2010). Algunos de sus poemas se reflejan en revistas literarias como Mester de Vandalía , El cuervo, Ves Arte, The Children´s Book of American Birds... en el cuaderno Vitola de Anaïs y en la antología Nueva poesía y narrativa hispanoamericana, Lord Byron Ediciones (2009).

Selección por Gladys Mendía


Tornillo


Voy dibujando la rosca de un tornillo con cada gesto y el tornillo gira, y yo vivo en su hipnótico metal y como una tuerca me paseo por la rosca y el tornillo gira, y perdido en su cilindro a veces hay holguras de pared por donde visito lo que amo y el tornillo gira, y vuelvo enroscado, punzante en este sonido inacabado y el tornillo gira, y giro forzado entre paredes y giro loco y el tornillo gira, y me oprimo entre hélices con ojos nauseabundos y el tornillo gira y el tornillo avanza, y todo me sabe a caracoles, a ovillos enloquecidos como un Michael Jackson intratable y el tornillo gira, y entre esta revolución de alcoholes sin remedio, entre este apretarme y soltarme sin remedio, mientras el tornillo gira, me asusto de mi mismo: de ser yo mismo el destornillador.


No es fácil


De alguna manera
quiero andar como escarabajo por tus senos,
vaciarte de latidos,
inflar tus pulmones de mi aliento,
pues sucede que hoy mis pupilas
se dilatan de buscarte
y busco una hamaca en el arco iris
para compensar la falta
de los volantazos de tu cuerpo.



Veladuras


Era de noche.
Ese pintor oculto lo tenía fácil.
Le di un pincel empañado de nostalgias.
Le di los silbidos quebradizos
que tiritan en mi trazo.
Yo competía con todos los colores:
mi cuerpo era triste
como todas las hojas del otoño;
apagué todos los ponientes
en esta copa,
en esta silla,
en esta mesa
que sirve de almohada
para mi pensamiento;
me sumergí
en las cortinas del murmullo,
en la protección de las palabras
borrosas.
Yo era la soledad
pero necesitaba estar más solo.
Yo quería encajar
dentro del mutismo de un marco.
Por eso llamé a ese pintor oculto.
A esa dulzura de paleta infantil.
A esos ojos que te miran
desde la lluvia.
A esa protección de lienzo.

(Pero me vi solo
en un bar
enfrente de un espejo.)

He dicho que era de noche?
Era de día.
Mi cuerpo de noche,
disfrazado en la luna:
siempre hay que aparentar ser,
ser pintura.

SEBASTIÁN ARCE HEREDIA: Poesía Actual de Costa Rica




SEBASTIÁN ARCE HEREDIA (Costa Rica, 1986). Estudia Filología Española en la Universidad de Costa Rica. Perteneció durante varios años al Taller Literario Netzahualcóyotl, de Heredia. Colabora además en la organización del Festival Internacional de Poesía de Costa Rica. Sus textos se hallan inéditos.

Selección por Gladys Mendía




¿Soñaba cielos distantes?


I

Empiezo
a recordar…
por algo
escribe
quien teme
o se aferra
a las cosas
hasta
sangrar
a través de ellas.


II

Los pájaros
pueden morir
sin haber viajado,
y nadie pone
por tal causa
un listón
negro
en el cielo.


III

Me hablaron
de la nostalgia
y la nostalgia
no existe.
La inventamos,
como oír cantar
un pájaro
donde
solo hay
una jaula vacía.

A un suicida que no conocí




Ruta visceral

En una misma línea:
la bruma
los faros eléctricos
el auto
se guía por el instinto del retorno
lanza dos ojos a través
de puentes de luz en la carretera

no hay más horizonte
que esa textura de agua

las casas instalan su frialdad
a orillas del movimiento
se deshacen los parques
en lentas secreciones

No existe otra alternativa:
los autos
siguen las señales
hasta desvanecerse
mi mente
es un débil
bosquejo sobre el asfalto




Juegos panteístas

De niños
desconocíamos esa palabra
pero vaya que la entendíamos

Estar en cualquier escondite
-riendo a medias-
mientras con lágrimas
alguna sombra nuestra
más sincera consigo misma
rasguña paredones
y se aterroriza al ser aquella lata
que en despoblado
utilizan para afinar
la puntería



Bitácora del perseguido


He cambiado tanto de máscaras:
abordé una góndola,
participé en un viaje parisino,
compré tus ojos en un mercado de Katmandú,
llegué tarde a la mezquita.

Nada me sirvió,
una pisada anticipa mi futuro,
ahora, frente al mar que me verá morir,
la huella de unos pies en la arena
¿es que también ya has pasado por esta playa?





LUIS YUSEFF: POESÍA ACTUAL CUBANA




LUIS YUSEFF (Holguín, Cuba, 1975). Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y la Asociación Hermanos Saíz (AHS).Tiene publicados El traidor a las palomas (Eds. Holguín, 2002); Vals de los cuerpos cortados (Eds. Holguín), Yo me llamaba Antonio Boccardo (Eds. Almargen), Esquema de la impura rosa (Eds. Vigía), y Golpear las ventanas (Ed. Letras Cubanas), todos en el 2004; Salón de última espera (Casa Editora Abril, 2007), Los silencios profundos (Eds. Holguín, 2009) y La rosa en su jaula (Ed. Oriente, 2010). Ha recibido varios premios, entre ellos el Premio de la Ciudad de Holguín, Premio Alcorta, Premio Anual de Poesía “América Bobia” y Pinos Nuevos, en el 2003; Premio Calendario (2005), Premio Nacional de Poesía “Adelaida del Mármol” (2008), Premio Oriente de Poesía José Manuel Poveda; José Jacinto Milanés de Poesía y el Premio de Poesía La Gaceta de Cuba, todos en el 2009. Poemas suyos aparecen recogidos en varias antologías, revistas y periódicos de Canadá, Perú, El Salvador, Honduras, México, Nicaragua, España y Nueva Zelandia.

Selección por Gladys Mendía




Efecto café bulevar

Para Ghabriel, una isla propia.

Y todo está dispuesto de este modo,
para que no salgamos del mágico círculo.
OSSIP MANDELSTAM

Entro. Pido el último café. Elena Burke es un recuerdo.
Todo es frío bajo los toldos.
Por momentos la lluvia de tránsito nos obliga a adentrarnos.
Descendemos a otros arcos protectores.
Patio interior de piedra. Asfixiante.
Aquí se vive arduamente. Se hace un espacio
a cada provincia. Y otra se acerca mientras pides un café.
A cambio de una moneda tendrás la joya blanca
entre tus manos. Es amargo el trago para beberlo despacio.
Ha de ser despacio para que el trago baje amargo.
Y comienzas a conversar. Pues aquí se habla vivamente.
Interrumpidos por la mano que pide con hedor e insistencia.
(También mi mano es pobre y la guardo bajo la madera.)

A veces soy interrogado como cualquier ciudadano
que bebe su café. Su trago amargo. Y respondo.
Me identifico con habilidad para no agotar el tiempo.
Bajo la luz todo es minuto tras minuto
un detenimiento innecesario. Una espiral que se verticaliza.
Y asciende. Asciende el humo del café.
Y justificas los desplomes. Demasiado recientes que somos.
De ayer mismo. Amar es una isla.
Y morir es adentrarse a la mar coagulada.
Un aroma de azucenas. Un estarse quieto bajo los toldos.
De transparencia en transparencia obnubilados,
Viejo Eliseo que bebes tu café. Tu trago amargo.
Aquí vienen a morir los poetas.
Y un ángel fatigado vuela bajo otro cielo. Y otro ángel
comienza su discurso en el sopor de las fabulaciones.
Otro revienta su cabeza contra el asfalto.
Llora otro de rodillas. Y el pez angelecido se muere de tristeza.
Alza su vuelo bajo el cielo empedrado
de Madrid. Sin voz. Sin alas. Hasta de espaldas se ve
que está llorando. Pero todavía hay tiempo.
Bebamos el último café mientras María Teresa nos canta.
Qué cante el Benny su página ruinosa.
Qué Bola sea una flor negra sobre el piano.
Qué Celeste rompa el adoquín con su paso.
Que aquí cada poeta tiene su caballo blanco.
Su leopardo. Su canario. Sus dos patrias.
Que el cuerpo de una isla no se sostiene sin un buen verso.
Pues sobrevivir bajo los toldos es una fiesta.
Y cada fragmento de imán transmuta en oro.
La Bella Cubana bebe en su Capilla de Cobre el trago de café.
Su trago amargo. (Transformada la medialuna
bajo sus mínimos pies el aroma de las mariposas
se confunde perversamente con el vuelo del colibrí.)
flota una tabla en la bahía. Es tiempo de pedir
por nuestras vidas. Y pedimos confusamente.
Casi sin darnos cuenta a cada paso.
Flor de isla, tú te ofreces aromática y gentil
Como una taza de café. Tú despides a la mujer coronada
con laureles ⎯ni libre es ni la prisión la encierra⎯.
Sus huesos se pudren donde la tierra es menos blanca.

Porque en verdad nunca fueron tan importantes los poetas
como en este Café bajo los toldos. Decadentes. Y felices.
Pero de improviso algo se transforma tras las rejas.
Y te hace pensar que de nada sirvieron el dolor
de Juan Clemente Zenea. El destierro de Heredia.
La muerte de Plácido. Las cartas de amor de Juana Borrero.
Ni el pulmón asfixiado de Lezama.
De nada sirvió que Julián del Casal se muriera de risa.
De nada ha servido escribir un buen poema
cuando Fina anuncia su dulce nevada. Y la nieve
comienza a caer sobre los toldos.

Este Café no es el sitio de siempre.
El sol sobre el mármol blanco se evapora.
Y quiero marcharme. Escapar del frío. Esta no es mi sangre.
Prometo no regresar. (Vuelve el agua inmarcable
a la arena. El mar entre las tazas conforma
un plano alucinante.) Sobre la mesa roja ya estoy de vuelta.
Ya entro a los círculos de hierro como un animal viciado.
Nuevamente. Y pido el último café. Y otro. Y otro...



Canción napolitana


Yo siempre quise tener un perro de aguas ladrándole a la soledad.
Y me fue dada una calle de mar anchísima
por la que parten cada año los amigos. El gris de su lejanía.
Cuerdas para atarme al pasado.

Los ojos verdes de Tania se parecen a Madrid.
Ajena y entrañable. En La Gran Vía. O en el Canal de Panamá, sacando su voz del pecho. Reconociendo la libertad nuevecita. El grito contra el enemigo común, por vez primera, sin altavoces. Sin ser convocada por los oficios del deber obligatorio. En nombre de/ por/ para/ con/ sin. Sólo una emoción real cuando me escribía “Mercedes cantó Dale alegría a mi corazón... Le saqué una foto que conservo aún dentro de mi cámara, pensando en ustedes y en los deseos de que estuvieran allí”.

Isell, en Viena, continúa enojada conmigo. Y la comprendo.
Como fe de vida me dejó un fragmento transcrito de “Primavera con una esquina rota”. Y una última visita el día antes de marcharse a Austria.
A hacer muelles. Los resortes –dice– de su felicidad.

Lourdes dibuja sobre el papel de rosas en Isla Negra. Imita soledades con las fibras alcalinas.
Junto a mis afectos ha dejado un piano de barro. Una caricatura atroz. Y el hueco en la altanoche por donde se escapaba tomada de la mano por la tristeza de turno.

Mis amigos ya no se parecen a mis amigos. Han aprendido otras lenguas y beben agua embotellada. Tanto cambiamos de un lado y otro.
A veces deseo que nunca más regresen.
Creo que no me reconocerían.
También yo me he transformado.
Mi cuerpo se ha vuelto de agua. A diario me surca la estela.
Levanto señales de humo. Hago ondear el pañuelo en el aire como en una canción napolitana...


Flores de hierro en el pecho de un hombre




Esta noche ha entrado un murciélago a la casa.
Su vuelo es leve, pero torpe.
Advierto: puede ser una maniobra espía.
Pero no oculto entre mis cosas nada que atente contra la seguridad de un pueblo.
Sólo trato de escribir unas pocas líneas.
Dos o tres palabras. Versos para hacer música a los oídos de las personas que se invitan a la casa.
Palabras que si algún poder tienen no será el de libertarme.

Poder de libertad.

Así surgen de las sombras estos ojos como la evocación de un fantasma. Nombres que olvidaré.
Aunque me niegue. Pronto comenzarán a borrarse de mi memoria con el vino ácido de los días. Con urgencia.
Al frotar fuerte la cabeza contra las paredes.
Al escribir versos a las cambiantes estaciones.
Lejos del trópico. Cosas que han contado los amigos para quedar fuera. Detrás del enrejado de las almas donde crecen rosas de papel.

Flores de hierro en el pecho de un hombre.

Detrás del enrejado. Trato de iniciar “una vuelta a mi cárcel”.
Casa donde los murciélagos se posan y liban sangre en las flores de hierro.
Una vuelta a su cárcel. Los deseos prohibidos de Margarita. El hijo hermoso reventando con su vigor penas sobre la almohada.
Juegos de muerte. Niños como animales disputándose el fruto de la soledad.
Afuera, lejos de los ojos de Ranel, bajo el peso de plomo de sus lunas vencidas, doran los Trípticos en alguna capilla de este mundo donde Dios no se acuerda de él. Ni de Juan, que ha querido ser en los amantes que se alejan. Detenido en los óleos. Con la muerte azul. Compartida. Escribiendo para escapar del cuerpo.
Armandito, levantándose de hielo en un país de sol. Aquí no se llora.
Se es de terracota a los rezos de la madre espartana.
Por sus venas se vuelve a la isla. Aquí se ama. Y se espera:
Aquí crecen las flores de hierro: resonantes como el pecho de un hombre.




martes, 8 de junio de 2010

Sobre Orange Ode, de Raúl Heraud. Por Gladys Mendía


Reseña de Libro

Sobre Orange Ode de Raúl Heraud
Por Gladys Mendía

Estoy en el Teatro “Lázaro Peña” de La Habana, Cuba, en un concierto homenaje al Bicentenario de los pueblos de Nuestramérica en el marco del XV Festival Internacional de Poesía; todo ha quedado a oscuras, de repente el lado derecho del escenario se ilumina y aparece una figura de blanco, comienza a recitar unos versos que nunca habré de olvidar y que dos días después, leyendo del libro que su mismo autor me obsequia, he reconocido: “Good Bye Blue Sky”. Estoy hablando del escritor y editor peruano Raúl Heraud (Lima, 1970) y su más reciente creación Orange Ode (Editora Mesa Redonda, Lima, Perú 2009).

Este libro es breve, apenas 19 textos, pero de una contundencia y densidad tremenda. Cada poema en prosa es un golpe seco: me interno en la locura, la muerte, la desolación, la contínua pregunta sobre Dios, la pérdida de la esperanza; me hace recordar las películas de Ingmar Bergman, mi cineasta favorito. Leo y releo ansiosa estos monólogos del mundo íntimo, monólogos psicológicos inteligentes y sublimados al lenguaje poético. Poesía desde el nivel mental, pero no por ello fría y calculadora, para nada, todo lo contrario, transmite un efecto cálido, de sentirse identificado como un personaje más en el teatro de la barbarie humana y sistémica:

cientos de personajes deshumanizados
interpretan hasta el hartazgo
la crueldad de sus historias
el telón se levanta
mientras dañas tu otro yo
a mansalva
cadáveres sin alma
hechos a la medida de sus muertes
ríen salvajemente…

El lenguaje es íntimo, fragmentario y a la vez total, es como si una voz hablase por todas las voces con la angustia y aceptación de un destino fatídico. Esta voz nos abre su alterado estado de conciencia, nos confiesa sus paranoias, neurosis, depresiones; voz que puede ser la tuya, la mía, la nuestra. Las sombras, el estiércol, las carcajadas agudas, lo efímero y frágil, los sueños obsesivos, las alas rotas, el grito desgarrado; todo forma parte de esta existencia incierta y al borde del abismo, la cuota de tragedia que nos toca en el teatro del dolor que es la vida. Heraud desnuda la condición humana en 5 magistrales versos del poema Sodoma:

Así es como he perdido los años
dentro de este manicomio sin muros
buscando a Dios en la basura
donde la esperanza enferma
y la vida hiede…

En esta poética todo tiene su justa medida; el silencio y el sonido, las imágenes nítidas y el ritmo pausado, las indagaciones constantes, las rotundas afirmaciones o negaciones. Orange Ode, que convoca a los arquetipos griegos, a los poetas malditos, está estructurado como una obra de teatro o composición musical para la noche más oscura del alma donde los ilusionistas de alas rotas sabemos que:

nada es real
excepto el llanto mudo
en la penúltima butaca









Raúl Heraud (Lima, 1970) Poeta, Licenciado en psicología. Ha publicado los poemarios “Hecho de Barro” 2001 y “Respuesta para tres o cuatro” 2002 bajo el fondo editorial de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega, “El Arte de la Destrucción” 2006 (Premio “Hermandad Latinoamericana”, otorgado por la editorial Creadores Argentinos – Buenos Aires Argentina). “Teatro de la Crueldad” 2009 (Afa Editores), presentado durante la FIL de La Habana Cuba. Fue representante internacional de la Casa del Poeta Peruano. Ha sido incluido en antologías sobre Poesía peruana como “El ojo de la aguja” (U.I.G.V. 2003), “Ríos viejos voces nuevas” (Casa del poeta peruano 2004), “Cuentos Reales” (U.I.G.V. 2005), “Manual de Literatura Peruana” (Afa Editores 2008). Técnicas de Restauración Poética (ediciones Altazor 2008), Antología Poetas del mundo– Revista Hispanoamericana de Literatura (Afa Editores 2009 ). Parte de su trabajo poético se encuentran en Diarios y revistas de la capital y de diversos países como Argentina, México, Chile, España, Cuba, Brasil. Poemas suyos fueron traducidos al catalán, italiano y portugués. Ha participado en festivales de poesía tanto en Perú como en España, Argentina y Cuba. Ha sido musicalizado por el canta autor peruano Carlos Alberto Cárdenas. [Biografía y selección de poemas:Gabriela Velit]

Gladys Mendía (Venezuela, 1975) Técnico Superior Universitario en Turismo. Estudios de Licenciatura en Letras. Traductora del portugués al castellano. Sus libros: El tiempo es la herida que gotea, Paracaídas Editores, Lima, Perú, 2009 y El alcohol de los estados intermedios, Editorial El Perro y la Rana a través del Sistema de Imprentas Regionales del Estado Táchira y Nadie Nos Edita Editores, Venezuela, 2009. Es corresponsal del Magazine Páginas de Nuestramérica, el programa cultural Los Impresentables, ambos de Colombia, y de la Revista Internacional de Teatro y Literatura Alhucema, Granada, España. Es editora de la Revista Literaria Latinoamericana Los Poetas del 5, desde el año 2004. www.lospoetasdelcinco.cl
contacto: mendia.gladys@gmail.com

viernes, 7 de mayo de 2010

PEDRO ROCHA: Poesía Actual de Brasil




Pedro Rocha (Brasil) Poemas del libro 11. Río de Janeiro. Azogue Editorial. 2002

Selección y traducción al español por Gladys Mendía




¿qué poema es este que asombra?
¿qué ostra es esta que come costra?
¿qué escafandra es esta que sube profundo?
¿qué nutria es esta que alucina?
¿qué cumbre es esta que me cabe?
¿qué isla es esta que navaja?
¿qué tallo es este que me cosecha?
¿qué hora es esta que lanza agua?
¿qué caza es esta que llega en el canto?
¿qué manto es este que amasa el mal?

Cuando en una noche lluviosa de la calle del Cetete
Un excesivo lagrimear secreto cine contigo
Salve Leon Hirszman!
Saca la centinela de las buenas costumbres
Y abre una gota de ridículo en el acuario de tus ojos
Deja de lado el lado de las cosas y sigue al frente
O cambia el rumbo y anda bien
Abraza la bomba sin miedo
Músculos para quien te quiebra

Un cuerpo de lágrima alarga mi gesto
Un resto de fibra en el rostro rompe
El poema trama en la lengua
Busca una brecha
Pero el cuerpo no se parte
El poema trina
El cuerpo tranca
Masca el poema
Que lucha, quiere ser cuerpo que habita
Incluso este cuerpo pantano
Que teme poema dentro
y los árboles allá afuera, el viento de las hojas?
la bocina, el asalto, las piernas de las putas?
vicio rectificado en cada bodega, en cada esquina?
gentileza humeando, Windows 2007, el banco 24 horas?
vapor de gasolina, greenpeace?
pan de azúcar, dos hermanos, ipanema y copacabana
clamando contra los holofotes?
la noche rosa intentando oscurecer?
mi hijo detenido en la puerta de la vida?
mi padre desaparecido, mi abuelo muerto, el eslabón perdido?
chupa cabra, amigos de circunstancias, trabajo mal hecho?
sol poseído, críticas implacables?
sordera?

Mi agua
la cargo conmigo.
Y la herida del mundo?




una mariposa quiere volver a ser gusano

ella murmulla fingiendo todavía
pero el vuelo no se alza
ella se hiere en el suelo
quiere librarse del brillo
de la punta de la rama
del polen
de la lengua enrollada
librarse de la alborada
del zig
incierto
zag
cualquier
otro

hace fiesta de la nada

esa mariposa que quiere volver a ser gusano
deja el punteado remanso
la foto del fotógrafo
el lienzo, el tono que la tinta imita
y dobla el verde
raspando el suelo
para dejar rastro



Lo mejor del noviazgo es cuando termina
Es poder mirar con buenos ojos
aquella persona que pasaste a odiar tanto.
Lo mejor del nudo es desatarlo.
Lo bueno es entenderse.
No es que yo quiera todo listo
pero el silencio es un alivio.
Y la mejor cosa del mejor día de su vida
es cuando llega la hora de dormir.





que poema é esse que pasma?
que ostra é essa que come crosta?
que escafandro é esse que sobe fundo?
que lontra é essa que alucina?
que cume é esse que me cabe?
que ilha é essa que navalha?
que caule é esse que me colhe?
que hora é essa que jorra água?
que caça é essa que chega no canto?
que manto é esse que amassa o mal?

Quando numa noite chuvosa da rua do Catete
Um sobrado lacrimejar secreto cinema com você
Salve Leon Hirszman !
Jogue fora a sentinela dos bons costumes
E abra uma gota de ridículo no aquário dos teus olhos
Deixe de lado o lado das coisas e siga em frente
Ou mude o rumo e mande bem
Abrace a bomba sem medo
Músculos pra quem te quebra

Um corpo de lágrima larga meu gesto
Um resto de fibra no rosto rompe
O poema trama na língua
Busca uma brecha
Mas o corpo não se fenda
O poema trina
O corpo tranca
Masca o poema
Que luta, quer ser corpo que habita
Mesmo este corpo charco
Que teme poema dentro

mas e as árvores lá fora, o vento das folhas?
a buzina, o assalto, as pernas das putas?
vício retificado em cada birosca, em cada esquina?
gentileza bufando, o windows 2007, o banco 24 horas?
vapor de gasolina, greenpeace?
pão de açúcar, dois irmãos, ipanema e copacabana
clamando contra os holofotes?
a noite rosa tentando escurecer?
meu filho detido na porta da vida?
meu pai sumido, meu avô morto, o elo perdido?
chupa cabra, amigos de circunstâncias, trabalho mal feito?
sol poluído, críticas implacáveis?
surdez?

A minha água
eu carrego comigo.
mas e a mágoa do mundo?





uma borboleta quer voltar a ser lagarta
ela farfalha fingindo ainda
mas o vôo se desalça
ela se lanha no chão
quer se livrar do brilho
da ponta do galho
do pólen
da língua longa enrolada
se livrar da alvorada
do
zig
incerto
zag
qualquer
outra

tanto faz festa com qualquer coisa

essa borboleta que quer voltar a ser lagarta
deixa o pontilhado pouso
a foto do fotógrafo
a tela, o tom que a tinta imita
e enverga verde
raspando o chão
pra deixar rastro



O melhor do namoro é quando acaba
É poder olhar com bons olhos
aquela pessoa que você passou a odiar tanto.
O melhor do nó é desatar.
Bom é se entender.
Não que eu queira tudo pronto
mas o silêncio é um alívio.
E a melhor coisa do melhor dia da sua vida
é quando chega a hora de dormir.






miércoles, 5 de mayo de 2010

Sobre Balada de la piedra que canta, de Juan Pablo Mejía. Por Gladys Mendía






El canto sangrado de lo estático o Balada de la piedra que canta de Juan Pablo Mejía
Por Gladys Mendía


Pocas veces asistimos a la unión de diversos talentos en una misma persona: es el caso de Juan Pablo Mejía (Lima, 1982), voz de la actualidad poética de Perú, quien al mismo tiempo dirige, tanto la revista de creación El Jinete de la Tortuga, como Paracaídas Editores, dos referentes esenciales y obligados si Ud. quiere conocer la movida literaria de este amado país nuestramericano. Unido a esto se destaca como organizador de diversos concursos, encuentros, y recitales literarios junto al Grupo Cultural “Nudo de Voces”. Su libro Balada de la piedra que canta ha sido publicado en el 2009 por el reconocido Grupo Editorial Dragostea, al cuidado del escritor Jorge Alejandro Vargas Prado y presentado en el ya reconocido Festival Internacional de Poesía Cielo Abierto en su tercer año.

Entro a este poemario con la intuición de sentir la sutil armonía de los sonidos que sugiere el título. No me equivoco, cada poema es un canto de piedra/pájaro a lo femenino, a la noche, al fuego;

Mi canto: el corazón fálico de dios
que cubre el metal de tus manos
con culpa y deseo.

La erótica de las palabras envuelve en arpegios y las imágenes de la naturaleza en su faceta de misterio por develar, se combinan con cabelleras, ojos, voces, corazones, manos.
…el cuerpo de una mujer,
que guarda las ocultas formas de la naturaleza,
posee la voraz geometría de lo bello,
es una realidad inexpugnable.

Siempre he sabido que las piedras son cartas por leer. Al sentir los versos de este libro, he conocido su canto, su melodía de secretos, sabios y antiguos conjuros traídos a la luz por Mejía: identificado con lo estático, con la energía en reposo, sintiéndose piedra, una piedra que nos revela “hermosos crímenes”, una piedra que desde su “corazón musical” nombra la esperanza, una lenta y apacible esperanza a través de el “tiempo que todo lo descifra”.

y del pozo de su voz
brotarán sus últimas palabras
para animarlos
y del cuenco de su voz
una promesa
cantará sus nombres
sólo un nombre
impronunciable bajo la luz de esta piedra que canta.

La realidad creativa se basa en el flujo de los opuestos, las polaridades que intercambian de lugares, el poeta cruza esta línea desde el inconsciente universal hacia el consciente universal y florece esta piedra que canta su sangramiento incendiado, justamente lo que me absorbe con la perplejidad de la fascinación en cada verso.





Juan Pablo Mejía (Lima, 1982) Comunicador Social por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Dirige la revista de creación “El Jinete de la Tortuga” y el sello “Paracaídas Editores. Ha organizado concursos, encuentros literarios y recitales poéticos junto al Grupo Cultural “Nudo de Voces”, del cual forma parte. Poemas suyos han aparecido en diversas revistas y blogs de Literatura, así como en las muestras colectivas Nudo (2007), Caja de Typos (2007) y Cuatro (2009). Antologado en Poesía Perú S.XXI: 60 Poetas Peruanos Contemporáneos (2007). Ha publicado su libro Balada de la piedra que canta, Grupo Editorial Dragostea, Arequipa, Perú (2009).