viernes, 4 de mayo de 2018

JULIETA ARELLA: Poesía Actual de Venezuela






JULIETA ARELLA (Caracas, Venezuela 1990). Escritora e historiadora del arte. Tiene algunas publicaciones en periódicos y revistas del país, ha participado en numerosos recitales, encuentros y festivales de poesía. Cuentos como El Pegaso de Laura (2014) y Mondadientes (2015) han sido publicados por la Dirección de Asuntos Estudiantiles de la Universidad de Los Andes (DAES) en ocasión del “Concurso de Creación Literaria: Cuento, Ensayo y Poesía”. Algunos de sus poemas pueden encontrarlos en la revista ecuatoriana Cráneo de Pangea (2016), en el blog del Encuentro Literario de Jóvenes Creadores de Falcón. Es parte de la antología de poesía venezolana Amanecimos sobre la palabra publicada por Team Poetero (2017).


Selección por Gladys Mendía


inéditos


He huido de todo lo que amo
para no herirlo
me voy quedando sola, ya todos se han ido
vivo en una sencillez casi mística
me conformo con la fruta en su madura firmeza
con el café frío y el cigarro mañanero que repugna, pero qué importa
Me he descubierto traicionándome
evitando soñar demasiado
absurdamente controlando el hambre
dando de más, de sobra. Para servir por lo menos
Me la paso intentando quererme, autoafirmándome
debo reconocerme por las mañanas
verme al espejo, mintiéndome de nuevo, hasta cuándo
todos sabemos que nada va a mejorar, todavía
que sólo debo terminar de saber a qué he venido a este mundo
porque a veces sé que le estorbo
que mis ojos ya no aguantan la desidia
que soy demasiado sensible, que lloro la desgracia ajena
que me duele no poder ayudarlos a todos
Y es que la abuela está muy flaca y cada vez más loca
las pastillas no se encuentran, ir a Colombia es un realero
pero qué le importa a éste gobierno mi abuela.
Julieta, ya sabes que no hay nada que puedas hacer
que el país ni siquiera sostiene tu impulso
que  salir a la calle te deprime
que no sé porque aún te asombras
debes resistir el día, la luz se irá pronto
no hay tiempo ni fuerzas para la queja
el agua se va ir todo el día
hoy no debes bañarte en la angustia
sabes que al menos en casa hay comida
que debes agradecer el plátano cocido de cada día como si fuese un postre
porque ya se ha perdido la tradición hasta del jugo en la mesa
Nadie va a recoger la montaña de basura de al frente
las moscas ahora se la viven aquí metidas. Yo maldiciendo
Hoy me provocó pedirle la pata a un zamuro como si fuese un perro
Da miedo enloquecer de esperanza
Venezuela, se me ha hecho pesada como la tristeza
la siento tan cerca pero a la vez extranjera
la infancia feliz se me va borrando
el otro día pensé que debía irme lejos para volver a recordarme
el país se reduce a mi madre
No quiero que el día sea castigo
ya no da tiempo de llorar al padre y su abandono
no quedan ganas ni de extrañarlo
yo no soy este odio que siento
aunque he aprendido a odiar en silencio, para no estorbar
me trago sola la angustia de la miseria
me contorsiono para no rozarme tan de cerca con la indolencia
me metamorfoseo para sonreír
Sé que amé hasta donde pude
pero la casa recogió mi amor y lo guardó en cajitas
así como la cama se llevó tus ganas y me dejó las mías
Rabiosas. Distantes de ti
Quise ser perfecta como un reloj
abierta como un sueño de verano
la muñeca de mis días quedó vestida y alborotada
el anhelo es que se acabe el día, que se acaben las noches
que se me quite el amor
para poder partir sin culpas
¿Cómo amar en un lugar que no nos ama?
ahora lo que debe preocuparnos es apenas el pan
una lástima no haber nacido enmantillada
me tocó esta extraña dictadura
nuestra propia tierra nos echa
¡qué malandanza!
Ya ni dan ganas de morir, mi familia no tendría ni para un entierro
Al hijo de la señora Margarita lo enterraron en una caja de cartón
no se sabía si la vieja lloraba por el hijo o por  falta de una urna
ese día lloré tanto, aunque ni siquiera conocía al muchacho
Ayer también lloré, después de ver al poeta Jesús Reginfo Angarita
Sus ojos amarillos parecían dos soles iluminados por el abandono
él sonríe siempre con una inocencia que yo no he podido entender
pero ayer el gesto le pesaba en la cara, mientras escondía de mí sus manos sucias
mientras su voz descendía en cada palabra
hasta reventarse en el silencio acostumbrado de la pérdida
A veces quisiera que el poema fuese una apuesta por la rebelión de la ternura
pero en este país de lo absurdo oscilo siempre entre la blasfemia y el alarido de la insatisfacción
indignada
Mis palabras son la anti-poesía
ya no escondo el verso en bellas metáforas
y es que la vida ya no es tan bella
como cuando los cadáveres exquisitos podían beberse con cerveza
desnudándonos con la alegría primera de pertenecer
Parecía que éramos parte de algo grande
que la poesía era capaz de agrandarnos como montaña
La belleza vibraba en su estado de crisis
extraño a Sacha, a  Jesús, a Diarleth, a Daniel, a Eliza, al flaco, me extraño a mí
la gracia con la leíamos a Miguel James fumados hasta la altura musical de un rap inconcluso
Ya nada puede salvarnos Jesús, apenas el viaje es nuestra única esperanzas                         Sé que nos encontraremos en Brasil amándonos otra vez como unos niños huérfanos
Mi hermano volverá a ser el poeta loco que festejábamos, a pesar de todo
Sacha dejará de creer que debe sufrir para que la amen
El flaco olvidará los días en que estuvo preso
Eliza volverá a ser amada como una niña
Y Diarleth allá en Colombia o en cualquier lado encenderá rostros con su luz
¡Ay vida! No te pongas tan cuesta arriba
No te vistas todos los días de luto
No te apartes tanto de mí
No juegues a las escondidas
Vida te canto para que no nos abandones
Sé que Eduardo volverá a ser fuerte como un adolescente
La poesía vendrá por la noche convertida en una gata
haciéndose espacio entre las cobijas
Sonreiremos mañana
Mañana, lo prometo.





Despierto
está él
yo sin embargo sola
con el peso del país en la voz
planeando mil huídas
ya he viajado desde aquí
no sé hasta dónde resista callar
golpeada por todos
aún así
la réplica siempre será vivir
Sobrevivir.
Sonreír  un poco
en señal de protesta.




Cuando conocí a Eduardo –Me dije: este chamo tiene cara de domingo con viernes. Eso me gustaba, porque tenía tiempo como de misa, de santa, de triste. Domingos en fila me atravesaban en siete. Él tenía la chispa de viernes en la noche y el achante dominguero de cine, helado, sexo y poesía. Así que me enamoré y me fui con él. En casa sentía la presión de mi mamá que se creía lunes toda la semana, como un reloj, una máquina. Mi papá era un miércoles atravesado como él solo, ausente en el medio de los días. Mi hermano no tenía día siempre fue la mitad de un día y de otro, en retroceso, insomne, para él era lo mismo un sábado y un martes. Los días no esculpieron su cara en la vigilia. En fin, hoy no es lunes. En nuestra casa es viernes con comida de domingo.




Amor. La casa tiene abiertos agujeros en los ojos. La casa llora día y noche nuestra condena. La casa nos detuvo. Nos tiene atrapados en un país herido. Nuestras cosas están juntas, añorando otros tiempos, delatan la miseria y la agradecen. Aunque en esta oscuridad ya no las vemos. Las cosas y los libros se quedarán solos, esperando el regreso incierto a la entraña del maíz molido. Amor, las cosas se nos van muriendo con nuestras esperanzas.
El perro y la casa nos respiran
Tengo un mantra junto a mí que no se queja
Amor hará que la duda no venga/que no invada la casa.




La casa desafía al tiempo. Lo secuestra. Aunque haya amor en sus esquinas. Guerra y paz en una misma cama. Y amar al fin se haya vuelto soportable. La casa nos detiene.
— “Es mejor quedarse, este es el país que nos hizo nobles. Si sobrevivimos a esto, vamos a sobrevivirlo todo” —dices, casi convenciéndome de la esclavitud—
En mí. La maleta se abre vacía. Mientras sigo lavando los trastes de la cena. Pensando en todos los países por los que ya he viajado en mi cabeza. Haciendo poemas, que jamás serán escritos. Porque ya casi se va la luz y no tengo velas.




Los desamparados de alba. Van solos. De las primeras luces huyendo. Van con hambre. siempre. Los desamparados del alba abundan cómo perros callejeros. Algunos son sociables. Yo sonrío. Otros perdieron el velo el pudor en su libertad salvaje. Yo les sonrío. En la locura de perderlo todo. De hacerse mierda. De entregarse sin que nadie los escuche los mire los necesite. Solos. Completamente solos. Como si fingieran. Con el cielo mugiendo en sus cabezas frías, en sus miradas frías, en sus estómagos vacíos. Pareciera que llevaran sobre los hombros todo el peso de los siglos, de sus hecatombes, de sus injusticias. Pareciera que merecen ser dioses. Que lo son. La calle no es casa. La calle no es adentro. La calle está enloquecida. La calle está dolida. Recién parida como alebrestada. La calle cada vez menos nuestra a pesar de nosotros. Las calles son de los desamparados del alba quienes la cargan por casa. También de los perros y ahora de los zamuros que ya ni siquiera quieren volar como en los dibujos de mi infancia.







jueves, 3 de mayo de 2018

ROGELIO AGUIRRE: Poesía Actual de Venezuela


-->


ROGELIO AGUIRRE (San Cristóbal, Venezuela 1997) Estudia Derecho en la Universidad Católica del Táchira. Obtuvo una mención en el II Concurso de Poesía Joven Rafael Cadenas. Ha sido publicado en la Revista POESIA, Insilio y en la antología de poesía joven y reciente venezolana Amanecimos sobre la palabra (2017, Team Poetero).




Yo, cuando camino, escribo.
Las paredes se desvanecen por cada inesperado paso de ilusión,
mis límites, mis memorias suspendidas en el paisaje como ventanas,
rejas sin cerradura bendicen la ciudad de mi nacimiento.
Las calles son un privilegio para el caminante,
los árboles no son de su propiedad,
es incapaz de observar el cielo,
estrellas ocultas tras el resplandor del vidrio.

Desde hace dos semanas no veo el brillo de unos ojos,
no reconozco la calidez del sol, la voz de mi amada;
mi vida se resume en la caminata,
en la contemplación de las pálidas paredes,
mi hogar se esfuma tras cada instante en que mis pies marcan el ritmo del poema,
el sonido no opaca, la blancura no puede ultrajar esta andanza.
la marcha de vagabundo circula por los antiguos caminos del Samán,
parece que recoge la estela de un padre muerto.

El hijo del rey toca la palabra del mudo
y se enaltece de su predilecta jurisdicción, raya la página,
la tinta se estremece al manchar los artificios parlamentarios.
Es simple corregir un texto sagrado al creerse limpio de consciencia,
sin ser capaz siquiera de comprender cómo pasan las horas,
cómo se aman los hombres,
cómo los niños elevan sus plumas y se ríen.
Es de noche, en su celda se oye un lamento,
el ruido le miente,
es posible que venga a cantar las coplas del Padre,
podría oírle si el coro no desgarrase a las campanas.

Debo detenerme.

Las leyes apiladas sobre el escritorio imploran sosiego.
Las puertas se abren, me quedo a ver cómo entran y huyen de la casa.
Prefiero pensar que soy observado, que reanudaré mi huida.

Canta el gallo y se van los fantasmas.






Misma de ayer  
cerrojo en mano    jaula de Septiembre
la misma de ayer   doctor    la que recorre
el 63 entre paredes mohosas y cabellos dorados
dedicada a perpetuar esa costumbre de limpiar
la página con mi muerte         radiantes años   
versos      ramas tipificadas al borde de una plaza
ley severa    doctor      ley amada como Islandia
      rostro quebrado tan lejos de mí
Mismísima siempre fantasiosa sombra oriental
aunque el sol no parta    esperanzada cierro mis ojos
soñados párpados contemplo el horror de este mundo
aunque todo tan bello es       acuosas bolsas apiladas en esquinas
donde se tocan los corazones     donde brotan flores pútridas
espesas como el hedor de otro basurero     tanta hermosura
mocos y lagrimas alzándome los ojos              antes de que arribe el labio
de la llamada Monteja visionaria      antes de que se hinchen los ganglios
      y ponerme la peluca no pueda
Desconozco la hora de llegada    me distraen sus palabras
sus pétalos intactos    sus falsas gotas escurridas
y los focos    las luces    alumbrada semejante soy siempre
no sé cuándo voy a nacer    nada alcanza en este mundo
cordones desabrochados   nariz ensangrentada    asfalto  
poseída caminata cristiana     adiós    cautivo doctor
y los siglos que pasaron sirvieron para reconocerme
al cruzar la calle Stalin    la calle Freud  
presurosa siempre la insomne muriente clase media
recogiendo restos de madres    de padres absortos
yo cruzo la calle Marx así como atravieso la frontera
sentenciada bala lagrimal     tuertos mis ojos
melodías encantadoras se estremecen con el ritmo de mi taconeo
ahora no cabe más soledad     los míos descansan
en la tierra que abandono   sueñan marchitos                      
entre trago y sumidero.   






De grietas habla mi tierra
de susurros     manotazos    filas 
balacera    paraco al suelo    no es el azar     oído  
uniformado a la pared    oído
señora    acaso se aburre de vivir      
mientras dure el tiroteo   medite
una gran luz     ahórrela
no arda   hierros vienen de allá
hombres desnudos calcinan su asfalto
es hora:   agáchese  
no ve que le están volando la cabeza
no con sellos   estampillas    apostillado doctrinal
todo un suceso   la hilera     las malas novelas
ese deber     ese rumor que discurre entre las luces
habla conmigo   soy la página de ayer
lo que vine a decir    ya lo he dicho
avancemos    cállense.