martes, 17 de junio de 2025

Entrevista a Santos López. Por Gladys Mendía

 


Entrevista con Santos López
“Poetas, eviten ser atrapados”

Queridxs amigxs de la comunidad literaria, hoy comparto con enorme entusiasmo mi diálogo más reciente con Santos López, una de las voces esenciales de la poesía venezolana contemporánea. De la sabana ancestral de la Mesa de Guanipa al vasto horizonte de las tradiciones iniciáticas, Santos despliega en esta conversación un mapa biográfico y espiritual con intuición, lucidez y rebelde ternura.

En la entrevista, Santos evoca la música primera de Platero y yo, la cadencia de Andrés Eloy Blanco que le hizo “repetir el acetato cada fin de semana”, y la fuerza matriarcal de los relatos orales que fundaron su imaginario. Explica por qué prefiere la vía iniciática antes que la mística domesticada por Occidente, y cómo las enseñanzas del Ifismo, Sufismo, Taoísmo, Zen, Kabalah y Chamanismo convergen en su “poesía del trance”.

“La poesía es la traducción de una intuición; un manto apedazado que viste el poeta.”
—S. López

Hablamos del silencio como matriz de toda palabra, de la condición pendular de la realidad y de la poesía como “hormiga” frente al golem de la inmediatez y la IA. Su recomendación a los jóvenes: “poetas, eviten ser atrapados.”

El texto completo abarca sus reflexiones sobre la tradición venezolana, el desafío de difundir poesía en un sistema que desconfía de los “alimentos del alma” y su próximo proyecto: una “taberna” literaria que funde autobiografía, ensayo, aforismo y canto.

Lean la entrevista —un viaje que atraviesa el vértigo de lo sagrado, la resistencia creativa y la dignidad de la palabra liberada de ataduras. Compartan, comenten y dejen que la voz de Santos López lxs acompañe.

Gladys Mendía.


¿Cómo fueron sus primeros acercamientos a la literatura y qué papel jugó su entorno en su formación como poeta?

Nací en una sabana, en la Mesa de Guanipa, en medio de una familia de ascendencia Kariña; y mi padre, negro. Vivía rodeado de animales domésticos y salvajes. Los pajonales eran mi mundo, igual que los morichales en los ríos; con chamanes presentes en la familia, experimentando con ellos una constante errancia, ya que las compañías petroleras desplazaban a las comunidades kariñas de sus territorios para explotar este recurso natural. Era un entorno muy pobre desde una perspectiva cultural, pero muy rico desde la visión  natural y mágica de un niño.

¿Recuerda algún momento o lectura específica que haya marcado su decisión de dedicarse a la poesía?

En mi infancia tuve la protección de una mujer especial, un hada madrina, Elenita, que me regaló Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez. Nada más ese comienzo tan sonoro, musical, se quedó guardado en mi corazón: “Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Solo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro”. 

¿Qué edad tenía?

Tendría yo tal vez 8 años de edad y ese ritmo de Jiménez, junto al petricor, me catalizaron hacia un vórtice de la imaginación creadora con las palabras. Ya a los 10 años de edad tenía un cuaderno lleno de imágenes escritas. También recuerdo otro factor muy importante:  a esa edad escuché por primera vez recitar a Andrés Eloy Blanco, a través de un acetato que mi mamá me hacía repetir todos los fines de semana. A ella le fascinaba la poesía de Andrés Eloy. 

¿Qué impacto tuvo la tradición oral y el entorno familiar en la conformación de su experiencia poética?

Mi familia era un matriarcado liderizado por mi abuela que vivió más de 100 años. Alguien de la familia se conocía todo el repertorio de un libro que más tarde descubrí que se titulaba: El testamento del paisa, de Agustín Jaramillo Londoño, que era puro folclore antioqueño. En la hora del crepúsculo y primeras horas de la noche, los niños nos reuníamos para escuchar aquellos cuentos, travesuras, aventuras, poesías, adivinanzas que estaban contenidas en este libro. Aquí la voz, la oralidad y la magia aguijonearon mi ser.

¿Cuáles han sido sus principales influencias literarias?

Las influencias han ido mutando a través del tiempo. La consciencia es la responsable de estos desplazamientos de interés. Ahora he estado muy cerca de dos de los más grandes poetas vivos, Adonis y nuestro Rafael Cadenas, quien repuso el asombro entre nosotros.

Su obra ha sido asociada con una mirada mística de la poesía. ¿Cómo se dio esa conexión entre espiritualidad y escritura en su proceso creativo?

Yo no la llamaría mística, tengo mis razones para no sentirme un poeta místico. Me asomo más a la poesía con tono iniciático, aunque podría tener a un místico como vecino. 

¿Puede abundar en el tema?

Para responder apropiadamente a esta pregunta, me permito elaborar una precisión que llevo años explorando: la palabra “místico” se ha deformado tanto en la cultura de Occidente que a mí me da alergia. ¿Por qué lo digo? Este término se ha degenerado y vulgarizado tanto que ha perdido todo su sentido original: místico deriva de la palabra Misterio, proviene del griego Myeo, que significa «Iniciar en las Cosas Sagradas», una labor que hacían en la antigüedad las Escuelas de Misterios. También, de la misma raíz, encontramos Mystagoia, que significa Iniciación. Mystos significa Iniciado y Myesis, insisto, quiere decir Iniciación. Así la palabra «místico» se fue degenerando con el tiempo, porque la religión intervino, ocasionó una ruptura, un corte en la cadena iniciática en Occidente. 

¿Qué implicó esta ruptura?

Todo lo místico pasó a formar parte del campo religioso, normativo por excelencia, como otra forma más de acondicionamiento. Pero el místico y el religioso van de la mano, quiero decir, se quedan muchas veces en el regodeo individual, en el sentimentalismo, la divagación y la elucubración. La iglesia Católica se adueñó del sentido místico y lo corrompió. Imposible que un místico alcance lo supraindividual. Yo me alejo de esa vía, intento la vía iniciática, que representa una ascesis dinámica de realización: demanda un esfuerzo interior, requiere tener un maestro y continúa una línea de transmisión espiritual ininterrumpida. No obstante, como te decía antes, podría tener a un místico como vecino, hay un terreno de convivencia.

¿De qué manera la filosofía oriental y el contacto con todas estas enseñanzas que narra han permeado su poética?

Este diálogo se lo debo a los maestros y maestras que he tenido de distintas fuentes que me han moldeado: el Ifismo, el Sufismo, el Taoísmo, el Zen, la Kabalah, el Cristianismo, el Chamanismo, todos estos fractales me acompañan, los he ido incorporando con el paso de las décadas. Cada maestro y maestra han dejado su impronta en mi camino como poeta: me han dado algo y les he dado algo, así suele ser.

¿Cómo concibe la escritura poética? ¿Es un acto de revelación, de exploración o una combinación de ambas? ¿Cómo lo ha vivido?

Desde el libro Soy el animal que creo experimento la poesía como una revelación de mi alma. La poesía me llega como un hallazgo, un chispazo, una iluminación. Entonces me dejo tomar por la experiencia. La poesía sucede. Y sucede como el amor. La última experiencia poética la expreso en un poemario reciente, titulado Yo soy Uds. Allí digo: la poesía es ese manto apedazado que viste un poeta: montones de retazos unidos por su voz y por su alma. En Canto de luz negra, por ejemplo, hago una fábula de los maestros, un recurso antiquísimo, por lo demás.

En su experiencia, ¿cuáles son los elementos esenciales para la construcción de un poema?

Todo poema es una traducción, es algo incompleto. Es la traducción de una intuición. La intuición es rasgar un velo y otro y luego otro… Y cuando uno penetra, consigue una llave para franquear esos umbrales, te encuentras con lo inefable. Por eso digo que el poema es la traducción de una intuición. Para escribir un poema uno debe mantener una voluntad de autoconocimiento, visitar nuestro adentro. Así lo digo en Yo soy Uds.: el poeta tiene un cercano pariente: es un pequeño creador de sabiduría que transforma su cadáver de anoche en un ser vivo hoy.

¿Cómo ha evolucionado su poética a lo largo de los años?

Yo no sabría decir si ha evolucionado o no. No creo ser tan arrogante para saberlo. Sí siento que mi voz pasó en un momento a ser más germinal. Aun cuando reconozco algunos patrones recurrentes, también en cada libro se asoman habitaciones nuevas de la casa que no estaban abiertas. Al final, el ensimismamiento egocéntrico, la divagación y la elucubración dejaron de ser los dueños de la casa.

El tema de lo sagrado está muy presente en su poesía. ¿Considera que la poesía puede ser un vehículo de trascendencia?

Lo sagrado no es uno de mis temas. Considero que todo en el mundo es sagrado, no hago separación esto sí y aquello no. La poesía siempre ha tenido una filiación con lo “Otro”, es un anhelo del poeta. Si hablamos de lo trascendente, aludimos a todo lo que trasciende el nivel del lenguaje. La poesía no es un vehículo de nada, es un misterio. Todo lo trascendente es poesía. El hombre, a través del lenguaje, apenas se acerca a la imaginación, ese bosque de símbolos del que hablaba Baudelaire. O como dice Adonis: la poesía es la casa que está habitada de símbolos, alusiones y sugerencias. Los nombres, las palabras se gastan, pero nunca su significado; lo silencioso está más allá del lenguaje.

En su obra se percibe una tensión entre la palabra y el silencio. ¿Cómo conciliar estos dos elementos en su escritura?

Es curioso esto que usted percibe o cómo lo percibe. La palabra no se antepone al silencio. Tradicionalmente el silencio es la fuente de todo. Mi poesía tiene muchas pausas, cesuras, quiebres… propone un ritmo; a veces es una poética del trance y otras veces es una poética del péndulo. Yo vengo del péndulo y transito hacia el trance, para ser más exactos. Mi maestra Noemí, la que me enseñó Kabalah, me dio este regalo, este hallazgo que jamás había advertido. El lenguaje nos permite tener una concepción compartida de la realidad. Pero esta es una realidad de tantas otras más. Hay tantas realidades. La realidad pendular es como la de los astros: palabras que se acercan y se retiran en nuestras vida mientras recorremos nuestro camino. Venimos del silencio y regresamos a él. La luz negra es el silencio. Ahora, la experiencia del trance significa darle preferencia al mundo analógico o aleatorio, como se le llama ahora, para anteponerlo al mundo algorítmico y de lo previsible. La humanidad renunció al silencio, es lo que veo. Todas las palabras flotan sobre la respiración del Universo.

¿Cómo percibe la situación de la poesía venezolana actual? ¿Cree que ha cambiado la recepción de la poesía en el país en las últimas décadas?

No suelo pensar en la categoría “poesía venezolana”, porque tampoco me considero un poeta “venezolano”. Somos poetas del mundo, estamos en el mundo; la vibraciones de la guerra de Ucrania, las de la franja de Gaza, las de Yemén del Sur, o Corea del Norte, las de Shanghai, las vibraciones del genocidio alimentario en Estados Unidos, o las del declive del Vaticano, las recibimos todos por igual; las vibraciones del desecamiento de la Tierra, por cierto, también nos llegan por igual. Somos poetas de nuestro tiempo, y nuestra alma sabrá explorar esta época en busca de su alimento. Y ese mismo tiempo dirá lo que cada poeta encontró. Lo mismo ocurre con la ciencia: tú no eres un científico de Venezuela, de México o de Brasil… Estás en el mundo, y tu avanzada se verá en el mundo, no en tu lejana provincia o pueblo.

¿Qué poetas contemporáneos considera que están renovando la tradición poética venezolana?

Si nos trasladamos a 1826, cuando Andrés Bello publica La agricultura de la zona tórrida –y lo cito porque representa nuestra catedral– podemos entender que nuestra tradición poética es imberbe. Si nos trasladamos a nuestros pueblos originarios, nuestra tradición es más robusta. ¿Qué hacer ante una y otra? Y cuando hablamos de tradición, ¿de qué se trata? No hay nada claro en la poesía venezolana. Y no lo hay hasta tanto no reconozcamos ese coro de ancianos de nuestros pueblos originarios, nuestros ancestros también, como lo es Bello. Lamentablemente no soy un crítico, ni estudioso de la literatura, por tanto no tengo herramientas para saber lo que está pasando en eso que se llama “poesía venezolana” y si se ha renovado o no. Pero seguimos en la época de Bello. En el buen sentido. ¡Qué paradoja! 

¿Qué lugar ocupa la poesía en un mundo marcado por la inmediatez y la virtualidad?

No ocupa ningún lugar. Y no soy pesimista. Ese no es mi enfoque. La poesía no quiere ocupar ningún lugar. No quiere ser nada, ni nadie. Ni escalar ninguna posición… Eso es un patrón egocéntrico. Ante el Golem de la IA, la poesía es una hormiga. Y es que este tiempo no solo está marcado por la inmediatez, la utilidad, sino sobre todo por el egoísmo.

Como promotor cultural, ¿cuál cree que ha sido el mayor desafío para la difusión de la poesía en Venezuela y América Latina?

Todos los alimentos del alma tienen obstáculos de difusión y distribución. No solo la poesía. No seamos tan engreídos los poetas. Lo bello es uno de esos alimentos. El sistema no tiene interés en que la gente reciba este alimento. Así que el problema es global.

¿Cómo fue la experiencia de dirigir iniciativas como la Fundación Casa de la Poesía?

Pienso que fue una experiencia muy precursora, renovadora, pionera. Recuerdo que cuando iba a los recitales de poesía en la Asociación de Escritores de Venezuela, en la Avenida Lecuna, éramos cuatro o cinco pelagatos como público. Yo me sentía tristísimo. Yo era un culicagao. Estaba Caupolicán Ovalles de cacique. Al rato entré en una crisis. Y como no quería ser un esclavo, renuncié al trabajo que tenía en El Nacional. En ese momento concebí el proyecto de una Casa de la Poesía. Me acompañó mi compadre Pantelis Palamides. ¿Qué logramos? Que la gente disfrutara de nuevo masivamente los recitales de poesía. Fueron doce años en esa mina. Hasta que llegó un día Farruco Sesto, quien era Ministro de Cultura (y se creía poeta), y quería inaugurar la noche de la Semana de la Poesía dedicada a Eugenio Montejo, leyendo sus porquerías, y yo le dije que no. Y él juró destruir la Casa de la Poesía como venganza. Y así pasó.

¿Cómo define su relación con la palabra y qué significa la poesía en su vida?

No tengo muy buena relación con la palabra. Honestamente lo digo. Busco la palabra perdida, tal como la recojo en El libro de la tribu. Aprendí a hablar a los cuatro años de edad. Ya mi mamá creía que yo era sordomudo. Gagueo habitualmente. Y la elocuencia nunca fue mi novia… Reconozco que lo averbal me atrae. Pero es lo mismo en el fondo. Es el arte de trocar. Mi poesía no viene de mí, sino de las fauces de un cielo primitivo.

¿Qué consejo daría a los jóvenes poetas que están iniciando su camino en la escritura?

Darle consejos a los jóvenes es algo inútil. Ellos saben ya lo que tienen que hacer. Los jóvenes son como peces: una ribazón. También las mujeres son peces: peces que resisten, esperan y aman. Los peces no hicieron ofrendas para evitar ser atrapados. La lección es sencilla: poetas, eviten ser atrapados, dejen de ser peces.

¿En qué proyectos literarios está trabajando actualmente y qué podemos esperar de su obra en el futuro?

Acabo de terminar un poemario y espero conseguir un editor. Y ahora me ocupo de escribir toda mi experiencia espiritual en África Occidental: una fusión narrativa que combina autobiografía, ensayo, poesía, aforismos, fotografía, dibujo… Sería mi taberna. 

¿Cómo sería?

Un poeta quiere tener una taberna: allí hay vino (que él mismo cosecha), hay comida (que él mismo cocina), hay tabaco (que él mismo macera) y hay música (que él mismo canta); y además, están los temas de conversación que él mismo recrea. Quien quiera visitar mi taberna podría encontrar una música distinta. A fin de cuentas, una flor exótica siempre es humilde y lo humilde también tiene su encanto.


Caracas/Santiago/São Paulo, mayo 2025.




Si estás en Caracas

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Sobre Soy el animal que creo, de Santos López. Por Ida Gramcko


Se mece un nido

Ida Gramcko


Soy el animal que creo / Santos López. Caracas: Fundarte (Cuadernos de difusión). 1987.

Aunque la lectura de poesía tenga un tono ontológico, pues ella se aboca a profundos problemas del hombre, una lectura psicológica tiene interés para la emocionalidad, pese a que no agote lo lírico. La interpretación como aventura apetecible. Y aunque tenga personalmente, como todos los humanos, una simbología particular, resulta fecundo ejercerla y ver hasta qué punto esos símbolos pueden ser cotejados con otros de espíritus afines. Se ha hablado mucho de la necesidad materna de los niños, de su necesidad afectiva. Un huérfano, una criatura que no ha sentido madre, aunque está viva, da salida a grandes problemas en el adulto. Desde luego que prestando atención al presente y no al pasado, se van resolviendo, con voluntad o querencia, los conflictos, pero hay momentos en que el ánimo del individuo se ve cargado de tensión y ello se debe u obedece a un drama infantil. En ese caso, sabe bien enseñar a amar lo que se vive hoy y a conservar del pasado lo mejor que éste tuvo: un cuento, tal muñeco, tal globo de colores. En «Cielos y ramajes», poema de Santos López, en el libro Soy el animal que creo, se nos dice:


Sin estaciones

En el resplandor de las hojas

Un nido se mece


Del ensueño

Un ritmo solemne 

De acequias y raíces


Hay plenitud en el poema. Y espontáneamente se nos unen las raíces expresadas en el verso con todo aquello que subyace en lo más oscuro del corazón humano. El nido se mece, además, y no se rompe, porque los huevecillos o pichones viven en paz. El ser humano no recuerda en estos momentos nada de la infancia sufrida. Pero a lo largo del poemario se nota una sensación o sentimiento de abandono y pareciera que el autor, en su situación, no encontrara espacio donde aposentarse con calor. Un lugar puede verse alterado, bellamente alterado, como en las obras cubistas, pero en este caso y en muchos otros se percibe una gran pesadumbre junto con el no poderse situar.


Todo es arder

El lugar parece un animal deshecho


Y en otro poema, «Soy el animal que creo», título del libro, nos expresa:


Me arrastro por otro lugar

Como un animal quebrado Al rastrojo


Y luego:


No miro Huelo            No huelo         Intuyo la presa

Los hijos La colina El refugio


Hay un deseo de apresar la niñez, con la cercanía de un monte y la noción de refugio. ¿De dónde proviene este abandono? Es muy lejano acaso, pero se ha ido abultando porque anécdotas posteriores, en la adolescencia o en la juventud, han vuelto a dejar en soledad. Y no es que las situaciones nuevas repitan la anterior. Lo que sucede es que llega un momento en que una pena se une a otra y no encontramos sino desierto, no hallamos sino intemperie en todo un tiempo vivido. Para los psicólogos, sería atrayente la lectura de los versos siguientes:


Sobre la piel

El retoño ciego


El retoño, la criatura que nace, sin vista, sin poder discernir nada en torno suyo. El retoño ciego es la vitalidad en desamparo. Hay versos en otro poema que indican lo mismo:


La historia es la bestia sin más

Abismo de anonimato    Mi pariente


Lo histórico devuelve el que fue niño a un nacimiento anónimo, al único parentesco que consiste en una sensibilidad sin compañía. No puede formarse una precisa y plena identidad sin un apoyo de nuestra biografía. ¿Qué puede forjarse o derivarse de las soledades con llanto? El temor, muchas veces. El temor de quedarnos solos en el mundo. Entonces, el quejido que en el verso de Santos López no resulta quejido, sino conversación en lenguaje, deviene de una pena y se asienta en un erial desamparado. Se teme, no a la muerte, sino a la vida. Porque la vida es brutal la mayoría de las veces.


Desde afuera nos gritan

¿Qué voz?

¿Cuántos afanes?


Algo llamaba mas no se sabe comprender qué es. El interrogante manifiesta el desconcierto del creador, en este caso. En el poema «Ritual de hambre» el poeta escribe:


Algo de algún terror me anima

Me espanto o paro

Eso estoy pensando


Ese algo, que gana en referencias con lo indefinido, es necesariamente un hecho o varios hechos padecidos. Y de pronto, en otro poema, añade:


Era tiempo de vientres

El momento más lejos        Nadie


¿Por qué era un tiempo de preñez o de vientres y a la vez el más lejano momento? No había nadie en torno a ese tiempo que podía florecer. Cuando no podemos encontrar en nosotros la alegría, y en la penumbra no hallamos una floreciente identidad, ¿qué acontece?


Se traga más uno mismo


Hasta desaparecer. Desde luego que el tinte dramático está ofrecido en lirismo, y también ―esto hay que sopesarlo― el poemario respira de pronto ámbitos serenos como al decir:


Concedo el oro a la tristeza


Pero, dentro de su dimensión lírica, toda esta poesía parece la confirmación o el planteamiento de un estado íntimo de orfandad, porque ello cabe que sea redimido.


Me acabo como nacido

Entre pezones


Versos que expresan la dificultad de los primeros días pues se acaba al nacer. Es natural que la melancolía o el dolor jueguen su carta umbrosa en una poesía que deviene de soledades, de imposibilidad de cercanía. Lo que pasa es que la poesía tiene su dialéctica propia en el sentido de que no impide sus momentos de plenitud dentro de un drama vivido.


El sol se empolva entre los árboles

Vida de animales hay en el estuario

Región de cielos y ramajes


Ni el drama ni el triunfo son en sí mismos una estética. Pero naturalmente se cree, o espontáneamente, que poesía es construcción, fundación, instalación de mundo. El alma estremecida por el llanto se encuentra borbotando o tratando de hallar un lugarejo donde afincar lo lírico. Y, a veces, ese lugar que no es espacial, se percibe instalado. Pero lo dramático retorna, y entonces el poema trabaja lo doliente y no el canto fundador.


Desde una primaria emoción, Santos López conduce sus poemas entre estacas, asperezas y erizos. Y ello se debe a una interioridad sacudida. Y dentro de una sensibilidad, erige de pronto breves rincones apacibles. Sería fértil una lectura en plan ontológico de este libro. Pero intenté la aventura psicológica, sin pretender que soy conocedora, que durante años leí muchos libros, que hice un trabajo sobre Kant y la psicología contemporánea por vía comparativa, estudiando el hedonismo en ella y en el filósofo, para lo que tuve que recorrer muchas páginas escritas por Freud y Jung. Pero no aspiro a una garantía en ese aspecto de la existencia, a menos que garantía sea tratar de leerse los sueños, querer interpretar nuestros propios símbolos.


Me agradaría una lectura, diferente a la mía, de este libro. Porque si el poeta dice:


Lo que se extiende a nosotros

La consternación de un clima

El animal que raya nuestra puerta


Nos percatamos de su miedo ―rayan su puerta unas garras― mas hay mucho más en Soy el animal que creo y, a veces ―no es lo usual― un humano animal tranquilo.




*Reseña del libro Soy el animal que creo / Santos López. Caracas: Fundarte (Cuadernos de difusión). Papel Literario: EL NACIONAL, Caracas, 5 de julio 1987/3.




viernes, 13 de junio de 2025

WHIGMAN MONTOYA DELER: Poesía Cubana Actual

 


Whigman Montoya Deler, 1973, Santiago de Cuba, Cuba. Licenciado en Letras por la Universidad de Oriente. Cuba. 2000. Master en Estudios Cubanos y del Caribe. Universidad de Oriente. 2006. Ha sido profesor de español como lengua Extranjera por más de 14 años en la Universidad de Ciencias Médicas de Santiago de Cuba, la Universidad de La Habana y Tianjin Foreign Studies University, Tianjin, China donde además impartió Literatura Española y Latinoamericana. Además, fue profesor de Historia de la Cultura de Iberoamérica y el Caribe en la Facultad de Español como Lengua Extranjera de la Universidad de La Habana. (FENHI). Se dedica a la investigación en la enseñanza del español como Lengua Extranjera y al tema de la mujer en la Cuba Republicana. Ha publicado el libro titulado El Lyceum y Lawn Tennis Club: su huella en la cultura cubana, 2017 Uno&Otros ediciones y los poemarios El oscuro bosque de mis manos, 2019 Ediciones Laponia y Nudo gordiano 2021 Ediciones Laponia y la segunda edición ampliada del El Lyceum y Lawn Tennis Club: su huella en la cultura cubana, 2022 Ediciones Laponia. Recientemente acaba de salir su tercer poemario Los cantos de Samael, 2024. Ha publicado sus trabajos en diversas revistas digitales y en la antología poética Impertinencia de las moscas, Miami y la antología para temas LGBTQ Orgullo e identidad, auspiciada por la Revista Cardenal. Es editor y codirector junto a Jorge Venereo Tamayo de Ediciones Laponia LLC Huston, Texas. 


El Toro de Falaris

Debemos ser dos para ser cuerno  
toros o bueyes.
Da lo mismo girar alrededor del molino
andar sobre el barro
llevar la carga
tener “limitaciones” en cuanto a doma:
no aprender a caminar hacia atrás es requisito para la 
/negación.
Hay que estar hasta los huevos, y no tenerlos, para salir al ruedo. 
Hay que tener semen en el frontal para el día del embiste.                                                                           
Allá ellos: los cérvidos y sus cuernas en días de mudanza
                    y los Falaris.


Desollamiento

Lo malo y lo aberrante se desplaza   
la carne desprovista de ropaje             
me dicen que por eso soy salvaje        
yo soy un ser humano, de mi casa.       
No sabe la persona que me abraza     
que quita capa a capa con su mimo       
que soy como una puerta, me reprimo   
y con tiras de pieles me decoro.         
De mí mismo las heces como el oro    
yo cargo en mi indigesta mi racimo.



La pera de la angustia

Si el mundo fuera diferente
si no hubiese esa gran manivela, ese artilugio 
el Behemot devorador de gramíneas  
no habríamos terminado en esta angustia fálica
obligados, a golpes, a desenroscarle los tornillos al silencio
a entregar la tinta nombrada en cada hoja   
luego ver el tormento de sombra perseguir al cuerpo. 
Pero a pesar de todo: 
de la pera, del lenguaje y el fuego en nuestras manos
convivimos con nuestra casa: cuerpo hueco.   
Sobrevivimos sin importar cuan humillante sea la falta
sin ni siquiera pensar llevarnos a la boca ni un pétalo de loto   
o nadie recordará lo que pasamos.



Péndulo

Cómo mírate por encima del hombro si me duele. 
Yo también tuve parto de brazos a mi espalda
y camino izquierdo hacia la muerte.
Cómo encogerme de hombros frente al afecto
sólo lo haría para no dar respuestas
o frente a mi propia y atada indiferencia.
Si todos hubiéramos podido arrimar hombros
el efecto de separar lo unido hubiera sido más llevadero.
Dos minutos y medio cuentan: 
no estamos en París sino en Cayena.
¡Yo que calafateaba barcos, esclavo de tus besos
hacía nudos y llevaba brazaletes empalmados
a la virginidad de las mujeres!
Pero ahora soy como un Flamen Dialis
impronunciable como la palabra cadáver 
o carne cruda.


Cinturón de San Erasmo

Con cada movimiento me lacera 
respiro lo preciso; limitado 
ceñido a mi cintura lo has atado
verdugo, tú el gusano de la Era.
Estoy determinado en una esfera 
ya nadie nos protege, nos desunen
que igual a un Ouroborus nos vacunen
tatuándonos la piel: la culebrilla
el hombro romperá la jeringuilla
los malos se trasmutan, se reúnen.





Jesús Gomes: Narrativa Actual Venezolana


Jesús Gomes (Caracas, 1999). Es licenciado en Letras Cum Laude por la Universidad Católica Andrés Bello. En 2022 recibió la Mención Publicación por su tésis de grado "La reiteración numérico-simbólica y sus vínculos con la noción de moira en la Ilíada". Ha publicado ensayos y artículos académicos en las revistas Bacyllelmo, Ímpetu, Nova Telvs, Pasillo Gen20 y Cultugrafía. Algunos de sus cuentos y poemas han sido traducido al italiano. En el año 2024 gana el I Premio de Ensayo sobre la obra de Ida Gramcko, con su ensayo titulado "El niño que no le temía a los vegetales".



Te amo, Leopoldo

(Cuento inédito)

Dicen las malas lenguas, no sé si amarillas, azules o rojas, que una de las más grandes y efectivas operaciones militares orquestadas en los últimos tiempos tuvo como germen un motivo distinto del que se dio a conocer.
Niveocán se levantó de la cama sin hacer ruido, se acomodó la chaqueta recién puesta y mientras anudaba su corbata, dijo —eres el presidente, y hoy recuperas a la primera dama.
Salió de la habitación mientras tecleaba un mensaje a su asistente, que hizo acto de presencia a los pocos minutos. 
—Niveocán, ¿qué paso?, son las tres de la mañana —preguntó, en alerta somnolienta. 
—Reúne al gabinete, nos encontramos en el centro de operaciones B lo antes posible.
—¿El B…? ¿Irá? —dijo, viendo hacia el cuarto.
—No te preocupes por eso Celestina, reúnelos, yo me encargo de informarle cuando sea necesario. Ahora tengo que irme a revisarlo todo. Hazlos llegar cuanto antes. ¿El conductor está listo? 
Celestina asintió. Niveocán estaba impávido, pero un brillo tímido en sus ojos delataba parte del secreto. Fue llevado hacía el complejo B con precisión y velocidad. A su llegada, el reloj marcaba las 3:25 AM. Aprovechando la soledad momentánea, entró en su despacho estratégico y sacó un retrato del gabinete oculto en la mesa de trabajo; acarició el vidrio protector con suavidad:
—Hoy es el día, por fin volverás conmigo, y ya nadie dudará de que seguimos el camino propicio. Te amo. 
De súbito se abrió la puerta. Niveocán dio un pequeño saltó y guardó rápidamente la fotografía.
 —Ya están todos presentes, señor —dijo la asistente, solícita e intrigada.
 —Muy bien —respondió, arreglándose el peinado con la palma, —enciende la luz y hazlos pasar. 
Eran cuatro individuos masculinos, cuyos nombres no conocen las malas lenguas, y que llamaremos vaqueros sifri debido a sus atuendos. Estos eran idénticos, a pesar de que el gabinete no exigía uniforme. Lentes de pasta sin prescripción, pelo engomado que se abultaba hacia el lado derecho, barba y bigote afeitados al ras, saco negro, camisa de vestir azul celeste y corbata azul marino, blue jean claro y zapatos de punta con motivos geométricos rupestres en el puente. Se paraban derechos, en actitud altiva e informada, a pesar de haber sido sacados de sus camas hace apenas unos minutos.
Niveocán los invito a sentarse, incluso pidió que la asistente se quedara. 
—Caballeros, entiendo la situación, y pido disculpas por la premura, pero en los libros de historia no se documentarán unas pocas horas de sueño perdidas. No, se recordará el ingenio y la vivacidad de los hombres, que, junto a su líder, fueron capaces de dar el golpe certero, que concretaron los cimientos del buen camino para todos. Caballeros, los convoco en este momento de necesidad, el objetivo ya lo conocemos, solo estábamos esperando, y el momento propicio llegó.
—Señor ¿quiere decir qué…? —dijo sifri número uno.
—Habrá que preparar un comunicado en Twitter, convocar a la gente —dijo sifri número dos.
—Y hablar personalmente con nuestros aliados estratégicos, déjemelo a mí —soltó casi suplicante, sifri número tres.
—Es un genio jefe, ¡ahora es cuándo menos se lo esperan! —añadió el cuarto.
Niveocán miró a su comitiva, arañó la mesa con las uñas y expuso:
 —De momento no comunicaremos nada. La operación es. El lastre de promesas llegó a su fin, haremos que la situación cambie definitivamente. Iremos rápido, fuerte y preciso. Antes de que el gallo cante, la liberación habrá sido conseguida. Ya teniéndola en nuestras manos, lo comunicaremos a los ciudadanos y nuestros aliados estratégicos, ellos nos ayudarán a mantenerla. Necesito que se encarguen de reunir a la fuerza militar, y confirmen el número de efectivos leales a nuestra causa. Pasaré el plan de acción al gestor operacional en unos minutos.
 Dijo, señalando al segundo sifri, que, a pesar de sus esfuerzos, no pudo acallar el chillido instintivo de alegría. 
Niveocán continuó —necesitamos que esto salga bien, por eso encargaré la llegada y salida, es decir, lo tocante a la movilización vehicular, a un gestor individual. Por último, necesitaremos un nuevo centro operacional, uno que no esté en los registros de nuestros contrincantes, en caso de que piensen apresarnos o hacer retaliación inmediata. Espero estar listo para iniciar las operaciones en media hora. Trabajen en la sala común, hay café para todos.
Los cuatro vaqueros salieron de la sala. La asistente preguntó tímidamente —Señor, ¿qué es lo que haremos?
—Lo saben muy bien, liberaremos. Liberaremos aquello que deseamos sea liberado. Todos estamos de la misma forma si lo piensas. Encerrados, presos en nuestra propia casa. Dime ¿cómo es eso posible? No es más que inaceptable, ¡libertad!, con libertad y el camino correcto, así todo irá como corresponde.
El discurso de Niveocán no admitía dudas. Sifri-tres quedó encargado de la preparación de vehículos, trazado rutas de inserción y escape. Sifri-cuatro fue delegado a la búsqueda del escondite operacional. Sifri-uno, por su parte, estuvo pegado a un teléfono imposible de rastrear, con el que llamó, confirmó los nombres y regimientos de los soldados dispuestos a participar en la operación. Los acicalados vaqueros hablaron entre sí, y estuvieron listos para dar reporte al jefe.
Niveocán entró a la sala. Le mostraron seis rutas, tres de llegada y tres de escape. Eran directas, medias y periféricas. Recorrerlas tomaría respectivamente de 5 a 10 minutos, 10 a 20 y 20 a 45. La rapidez implicaba visibilidad, pero, a fin de cuentas, tenían el factor sorpresa.
—Si no hay imprevistos usaremos las directas —dijo con seguridad el jefe. 
—¿Por la autopista? —, susurró preocupada la asistente.
Sifri-cuatro informó que aseguró una casona de tamaño decente, cercana a una embajada amiga. Pertenecía a una mujer que apenas y frecuentaba, a la que las lenguas dicen que refirió como “su futura ex novia”.
Finalmente, llegó el turno de Sifri-uno, que, dudando de su altivez, tuvo que decir —señor… contamos con cuarenta efectivos y 32 fusiles.
 —Cuarenta regimientos y 32 cajas, es un buen contingente.
 —No, quise decir, cuarenta individuos, 32 de ellos con fusiles en su haber.
Niveocán soltó una manotada al aire. Meditando con la cabeza baja y la mano en la barbilla, sopesó. —Bueno, cuarenta, cuarenta… cuarenta tendrán que bastar ¿ya vienen en camino? El primer Sifri asintió.
—Entendido. Gestor, venga acá. Tiene cuarenta funcionarios a su disposición para tomar la casa y sacar del encierro al protector de nuestra libertad. Ya lo saben, estas son las últimas horas que vivirá Butters apresado, no permitiremos que se sigan riendo de nosotros.
—¿Liberaremos a Butters con tan pocos hombres, señor?, ¿en este momento? — preguntó, mientras se atoraban sus palabras.
—No le quepa la menor duda. Es el líder del partido, mi mentor, un hombre correcto e inocente. Ya luego continuaremos, tantearemos los planes de desarrollo secundario según vayan ocurriendo las cosas. Este es el inicio de la operación.
En ese momento, interrumpió la asistente. —Jefe, su mujer despertó, pregunta dónde está.
—Dile que surgieron un conjunto de circunstancias benévolas y era necesario realizar una reunión de emergencia para evaluarlas.
—Entendido. Señor, ¿realmente cree que sea prudente llevar a cabo tal maniobra con solo cuarenta efectivos?, ¿por qué le parece hoy, precisamente, el día propicio?  Esto podría salir mal, ¿si lo capturan? Ni siquiera hay suficientes armas.
—¿Cómo dudas de mi juicio? Parece que apenas estuvieras incorporándote a la causa. Todos aquí sabemos que la libertad es un proceso largo y teníamos que esperar, no apresurarnos. Todo está calculado, medido y pautado. Un grupo reducido nos ayudará a movernos más fácilmente, en caso de que la situación escale, con los medios y el testimonio de nuestras decenas de sublevados lograremos que cientos de soldados cambien de parecer y se nos unan. En caso de que me capturen, entrarían los aliados estratégicos. Es muy obvio —dijo, perdiendo levemente la calma.
—¿Escale?, ¿escale a qué señor? —inquirió Celestina.
—A la liberación, a libertad general. Así funcionan la operación y el proceso. Tenemos un objetivo primario, dentro de este hay un abanico de posibilidades secundarias a concretar según se muestren el devenir de los acontecimientos. Nuevamente, todo está en los planes de desarrollo secundario.
—Niveocán, jamás había escuchado de esos planes— dijo Sifri-dos.
—Tú…nunca…los planes. ¡Carajo! Después el pueblo se pregunta por qué nos toma tanto tiempo conseguir avances. ¡Basuras! ¡Montón de incompetentes! —espetó al encerrarse en el despacho.
Ellos no lo entienden —musitó, mientras volvía a acariciar el marco—, ya hace más de cuatro años que te fuiste. Apenas y te han visto. Necesitan un líder, no lo saben, creen que la pura vista basta. No, todo forma parte de una maratón muy larga, y es hora de realizar este paso. Haces mucha falta, tú guiarás.
La comitiva tocó la puerta. Eran las 4:00 AM, soldados y transporte habían llegado. El complejo B se preparaba para el olvido, todo era hecho tiras, mezclado e incinerado en distintas bolsas. Un resabio de expectación y certeza de fracaso, que no querían creer, se paladeaba en el humo de los Belmont.
—¿Todo en orden? —preguntó Niveocán.
 —Sí, listos.
 —Gracias, Celestina— dijo, antes de dirigirse a uno de los vehículos. 
—¿Es qué irá?
 —Por supuesto, ¿qué esperaban? 
—Que se presentara luego de confirmar el éxito de la operación.
No respondió.  Mientras se acercaban al escenario culmen, Niveocán no conseguía serenarse. Las cinco camionetas rompían el aire en fila. Vio desde la ventana el sitio prometido y apretó la mano de Celestina.
Según cuentan las malas lenguas, muy poco conocen de las peripecias con las que fue liberado Butters. Con certeza pueden decirnos que no se escucharon disparos, y que los tres o cuatro guardias que protegían el recinto tampoco ofrecieron demasiada resistencia.
Sin embargo, no perdieron detalle de lo ocurrido en los momentos posteriores a la liberación y escape. 
En la casa convivían Butters, su mujer e hijos. Envueltos por el ambiente enrarecido de una precoz clandestinidad transcurrieron sus minutos finales como familia reintegrada. Los niños, colgados de los brazos de su padre, le preguntaban qué era lo que pasaba. Él, igual de confundido, miraba la figura sonriente y enérgica de Niveocán, que, conteniendo su emoción, logró llevarlo hacia el patio trasero para hablar.
—¿Cómo te encuentras?, tenemos que irnos pronto. Me parece prudente que te despidas, tal vez por un buen tiempo.
—¿De qué coño estás hablando?, ¿qué pasa?, ¿hay amenazas contra mi integridad?, ¿cómo lo conseguiste? —preguntó.
—¿No estás feliz? Hice un gran sacrificio. Mucho riesgo para todos, para que tú y la patria puedan ser libres.
—No puedo alegrarme antes de entender la profundidad de las consecuencias para los míos.
—Estarán bien, saldrán del país por un tiempo, mientras conseguimos estabilizar. Hay que irnos.
Luego de despedirse de su familia, Butters se puso una chaqueta y partió junto a Niveocán. Veía la ciudad como hombre libre, aunque algunos lo llamaban prófugo. 
—Entonces ¿qué pasa con los militares? Imagino que separaste un grupo minúsculo en caso de qué fallaran ¿cuál es el siguiente paso? —, preguntó.
—No lo sé, tú eres el líder, ¿qué hacemos?
—¿Cómo es que no nos informaste qué harías esto? Eres un loco.
—Por eso soy tu favorito.
Ambos rieron. Butters le dio un golpecito en el hombro. Niveocán sintió por primera vez que la lucha valía la pena. 
No conseguían tomar una decisión. Celestina, que era la tercera rueda dentro de la camioneta, propuso:
 —Ya conseguimos el objetivo, hay que explotar la vaina, usar el boca a boca que insinuó para conseguir liberarnos. ¿No era esa su intención después de todo?, ¿activar los planes de desarrollo secundarios? Aprovechemos el efecto, enardezcamos al mundo. 
Concordaron, luego de debatir, prepararon un corto comunicado; se detuvieron en medio de la autopista para grabar.
—Todavía no sé si sea prudente, Niveocán. En medio de la calle, estamos muy expuestos.
—Tenemos que demostrar superioridad moral, el que no la debe no la teme, además, ayudará a desviar la atención hacia el problema general. Siempre es un plus que te vean. ¡Y es que coño, pareces un superhéroe! —dijo, mordiéndose el labio inferior.
La noticia se extendió rápidamente, y las lenguas, que tal vez sean las mismas que hoy recuerdan, empezaron a construir una gran bola, en la que, al poco tiempo, el primer grano de tierra se hizo imposible de rastrear.
Era importante realizar una toma, daba legitimidad a la operación. El llamado fue retador, buscaba dar un vuelco total al panorama, y convertir los cuarenta individuos en cuarenta regimientos. Cuando el gallo cantó, ya Butters se encontraba seguro, y la operación parecía manejarse por osmosis.
Juan José se levantó temprano, a pesar de que estaba de vacaciones, el rumor de trompetas y pirotecnia no quiso dejarle recuperar las horas de sueño desfalcadas a lo largo del semestre.
—Sacaron a Butters —le dijo su madre.
—¿A Butters? ¿Qué? ¿Ahora? ¿Cómo coño?  ¿Qué sentido tiene una maroma así?
—Prende la televisión.
Luego de buscar en varios canales vio que era en serio, que lo habían liberado. Se lavó la cara y, mientras se bebía un vaso de agua, revisó la cronología pública.
—Bueno, parece que esta vez sí se prendió, muchos tiros; y sacarlo es un movimiento agresivo, debe haber algo detrás. Después de todo, desde afuera puede ser interpretado como un intento de golpe, se exponen por nosotros—. Pensó.
 Así que se vistió, agarró unas galletas, agua, un suéter y se fue a la calle.
Las horas pasaron sin demasiadas novedades. Los aliados estratégicos fueron informados y ratificaron su apoyo desde el extranjero. Esto ilusionó a los vaqueros sifri, que ya se imaginaban en tranquilas y apropiadas labores diplomáticas. Sin embargo, el acceso al escondite se complicó. La “futura ex novia” de Sifri-cuatro quiso acceder al título con efecto inmediato. Vivía con su abuela, y no estuvo dispuesta a arriesgar una visita del escuadrón Tún Tún. A pesar de las lisonjas, las promesas y la siempre efectiva demagogia, no abrió la puerta. Pero Sifri-cuatro fue resiliente. No vivía demasiado lejos, así que mientras Sifri-uno contactaba con los aliados estratégicos, a ver si con suerte eran acogidos en la embajada cercana, los llevó hasta su estudio.
Niveocán estaba incómodo por el hacinamiento, se frotaba las manos frenéticamente; mantenía la mirada fija en Butters.
 —Señor, deberíamos continuar con la operación, presionar, aprovechar lo mejor posible la ventana que vio abrirse. Hay que sacar otra declaración al público, pero en vivo, estar en la calle, con la calle. Aún mejor si Butters está presente —insistió Celestina.
—Ya convocamos a la toma, civiles y militares acudirán. Falta mesura y saber preservar lo ganado. Nunca se vio que Napoleón se pusiera frente a los dragones. Anuncia que en breve publicaremos un itinerario de movilizaciones y pasos a seguir, encárguense..
 Celestina dio un suspiro corto. Al poco tiempo, Sifri-uno obtuvo el visto bueno de la embajada, así que se pusieron en marcha. Al ver que los demás salían, Niveocán retuvo a Butters en el departamento. 
—¿Cómo te sientes? —dijo, tomándolo por el mentón.
—No entiendo. ¿A qué jugamos?
 —Cuando estés instalado lo sabrás. Se han conseguido los objetivos, todo bien. Si obtenemos la liberación total, pues fantástico. Pero no es eso lo que buscamos, no hoy, todavía falta tiempo, pasos; pasito a pasito, es como una escalera. Ahora, si tu liberación nos hace saltarnos unos escalones, nadie se queja.
El recibimiento en la embajada fue casi heroico, y los vaqueros no perdieron la oportunidad de hacer contactos de primer nivel. 
Niveocán tomó de la muñeca a Celestina y le dijo al oído —necesito que consigas una habitación amplia y privada, está muy cansado. Sé que todo parece caótico, pero créeme que fue muy bien pensado. Tenemos incluso un plan F, piensa en la línea de sucesión ¿Quién tiene más papeletas? Es cuestión de ver la perspectiva completa. Consígueme esa habitación, ¿si podrías querida?
Lo acomodaron en un cuarto de amplios ventanales que daban hacia el patio alambrado. Había una gran cama con mosquitero y sabanas de seda. Allí estuvieron solos por primera vez. 
—Necesito que me expliques qué factores están de nuestro lado ¿quién que no conozca nos apoyó para que sacarme fuera viable?, ¿forma parte del otro bando? ¿pasaré a cumplir un rol itinerante desde ahora? ¿qué es lo que se viene?
 —Descansar, ya después nos preocuparemos de informarte; enviaré a alguien, dudo que podamos frecuentarnos. No pongas esa cara. Bueno, esto hay que alargarlo, extenderlo, no podrán soportar, se quedan secos. Para alargar el mejor camino es la diplomacia, si ellos velan por sus intereses, y nosotros por los nuestros, siempre será necesaria una nueva sesión, una nueva ronda, un nuevo país anfitrión.
—Es pegarse contra una pared. Lo entiendo, no podemos legitimarnos como lo hicieron ellos, pero no todo el mundo puede esperar. Al menos será diplomacia más activa, ¿cierto? Conseguirán realizar acuerdos paliativos. Imagino que me involucrarás en algo, así sea desde la clandestinidad.
—Por ahora no, solo podemos mantenerte a salvo aquí. La prioridad inmediata es sacar a tu familia… ¿Tienes calor?, deberías quitarte esa chaqueta, y la camisa también, quédate en franela. Abriré la ventana —dijo, poniéndole la mano en la rodilla
Butters suspiró entre sonrisas. Mientras negaba con la cabeza, dijo —no, solo un poco de hambre.
Niveocán llamó a Celestina, abriendo apenas la puerta, pidió. Le trajeron una bandeja. La introdujo en la habitación, se sentó y la colocó sobre sus piernas. Butters se acomodó y quiso tomarla. Niveocán lo golpeó en la muñeca con un ademán rápido y dijo —déjame, tienes que descansar. 
Lo alimentaba, sonreían y compartían. Los ojos de Niveocán brillaban a plenitud. Mientras le daba un bocado de arroz y plátano, tocaron la puerta. Butters masticó, a la vez que su compañero volteaba los ojos. Se levantó y abrió. 
—Lo llaman desde la casa de gobierno— dijo Celestina.
—¿Mi mujer?
—No, la otra casa.
—Ya vuelvo. No se te ocurra tocar nada—. Advirtió a Butters.
—No hablaré con él, seguramente quiere insultarnos, llamarnos hipócritas, malos golpistas y otras estupideces. Lo conocemos ya, ¿no es así?
—No de momento, solo desean hablar con usted.
—Entonces comunícales que no lo haré.
Celestina lo hizo; asintió mientras le respondían.
—Muy bien. Dijo que debería ser más hombre y afrontar las consecuencias de sus actos, que actúa tal como sus antecesores; que si por pagar guardias para hacer el trabajo sucio fuera, usted ya estaría muerto, pero su bando va “de frente”; que ya conocen nuestra ubicación, pero que no se preocupe, ya rendirá cuentas frente a los tribunales. Y algunas otras cosas, que no quisiera decirle.
—¡Será hipócrita!
—Señor, cambiando de tema, hace poco fueron transmitidas imágenes de vehículos de contención embistiendo a manifestantes, deberíamos hacer algo más, en el peor de los casos detener las demostraciones.
—¡Desgraciados! Creen que es una corrida de toros. ¿Ya está listo el itinerario que encargué? Si está listo, publícalo, y condena los actos en un tweet enfático— aseveró, mientras volvía a la habitación.
—Señor, las cifras de apresados y heridos que manejamos son alarmantes.
—Sí, lo sé. ¡Y dice que yo tengo que rendir cuentas!, cuando él no se preocupa por la integridad de los ciudadanos. Los embiste como animal. Mientras tanto, seguiremos, resilientes. No olvides condenarlo, usa el hashtag —repitió, antes de cerrar la puerta.
—¿Qué pasó? —preguntó Butters.
Nada, haciéndome perder el tiempo. ¡Qué debería parar!, si paramos perdemos.
—¿Qué has perdido tú?
—Lo sabes muy bien —dijo, haciendo pasos con los dedos sobre el brazo de su mentor.
—¿Es esa la razón por la que me sacaste?
—Hoy se cumple otro año de habernos conocido, ¿lo recuerdas? No estabas así de papeado y tenías la barba más limpia.
—Tú estabas igual de esgonzado, ¡pensar en lo derechito que te pones frente a las cámaras!
—Solo porque tú no estabas para hacerlo.
—Eras el único que se quedaba hasta tarde en esas primeras reuniones.
—Quería aprender todo lo que pudiera.
—¿Dónde está tu mujer? — dijo rascándose la cabeza y haciendo la mirada a un lado.
—En casa, cuidando a la niña ¿y la tuya?
—Rumbo al exilio, probablemente.
—Dime que no estabas cansado de eso, todo fofo, con esas trenzas amarillas, novia de pueblo… además, allá abajo—, rio tímidamente, tapándose con la mano —¿does the carpet match the drapes?
—Qué pedante con el bilingüismo.
—¿No te gusta porque te recuerda tu juventud desatada en la East Coast?
—¿Seguro que no es la tuya?
—A mí me desató mi jefe, en las reuniones privadas del partido.
Butters lo tomó por la cintura y lo tiró sobre sí —¿cómo puedes ser tan zorro? —gruñó sonriente. Se miraban a los ojos. Niveocán sintió el agarre seguro y pudo brillar a plenitud. 
—Por eso me gustaste —siguió Butters, antes de besarlo. Continuaron, hasta que Niveocán rompió su camisa. Sorprendidos los dos, rieron. 
—¿Cómo resumirías esta operación si pudieras ser honesto con el público?
—Jornada histórica, éxito rotundo. Se lograron los objetivos #OperaciónLibertinaje.
En el salón contiguo, acomodado en soledad, estaba el gabinete. Allí podían oír los quejidos y gritos gimoteantes bastante agudos. Los cuatro vaqueros sifri se miraban asustados, pensaban en silencio: 
—No puede ser, un equipo de paramilitar superó la seguridad y forzaron la entrada a la habitación por una ventana; ahora los torturan. Si abro la puerta me torturarán, o incluso peor, esta embajada tiene seguridad, ellos deberían actuar. Además, si algo sucede, está la línea de sucesión; capaz y llega hasta mí. Imagínate, yo, un tipo guapo, capacitado y con estudios, no me dejaré decir tonterías por nadie. Niveocán es el hombre, pero yo también puedo serlo. 
Celestina estuvo mirando las noticias, eso hasta que la señal fue interrumpida, y pudo notar el rumor. Extrañada, escribió un texto:
Jefe, ¿todo bien?
Mientras caía la tarde, Niveocán se ensalzaba, enrollado en un lecho de sábanas blancas, entre los rumores dulces de la camaradería; esa fraternidad a la que las malas lenguas refieren con nombres disonantes. Al mismo tiempo, Juan José se ahogaba en las calles con los rumores cáusticos de la irritación ocular, igual que tantos otros.
Todo perfecto, Celestina. Gracias por ayudarme en este primer paso. Hoy hicimos una liberación personal, ya llegará la colectiva ¡fuerza y fe en el proceso, que los objetivos son claros!

NUNO GONÇALVES: Poesía Chilena Actual

 


Nacido en Santiago de Chile, 1980, Nuno Gonçalves es un poeta, traductor e instructor de filosofía y meditación budista radicado en Tongoy, región de Coquimbo. En sus ya más de veinte años de escritura, ha presentado sus poemas en diversas actividades literarias de España, Estados Unidos y Chile. Ha publicado también algunos de sus poemas en Revista Lafarium (Argentina) y Lion’s Roar (EE.UU.). Asimismo, en Lion’s Roar, ha publicado hasta la fecha tres artículos sobre pensamiento y práctica budista. En 2023 ganó el primer lugar en la categoría Menos Condor más Huemul del concurso literario Lucila Godoy Alcayaga: Campesina Nuestra, organizado por la Casa de las Artes Rural de la Cantera, Coquimbo, con su poema Confluencia. En junio de 2024, con Taller Editorial Me pego un tiro, publica su poemario titulado “Peregrinaje”.


Oda a la Métrica

Tu paso lento iguala la balanza
que enlaza disciplina y laxitud,
como antigua tonada de laúd
juvenil para siempre en su esperanza.

Oleaje que en el verso rompe y danza
cual trueno que florece en la quietud,
pensar de palpitante exactitud
y del poeta lúcida templanza.

De San Juan de la Cruz con su alta lira
a Violeta y sus décimas vitales,
pasando por Darío prodigioso,

tu fino arte es legado que respira
y semilla que asoma en los frutales
cantares del gentío laborioso.


Lo Canta el Chincol

Ay, se nos perdió un lucero
y triste el chincol lo canta
“¿Dónde está Julia Chuñil?”
cual viento que se levanta.

No está su verde brío
ni rendición.
No está su andar antiguo,
sólo un bastón.

De comer tanto el Águila
no ve ni vuela,
y callando responde 
sobre la abuela.

¿Dónde arde tu candil,
ñaña Chuñil?



Nocturno de Palestina

Duerme ya mi pequeña
de quietud y recuerdos cobijada.
Sin hoguera ni leña,
sin la noche estrellada,
te abrace austera nuestra tierra amada.

Ya no se oyen los gritos
ni el trajín de las gentes por ahí fuera.
No hay inquieto perrito
ni juegos de trinchera,
solo piedra y silencio que libera.

Se termina ya el día,
de negrura y escombros tormentoso.
Duerme ya niña mía,
y en callado reposo
sea tu soñar un baile en cielo airoso.


Padre Sol

De cálida y dorada inmensidad
baña el sol las montañas del asceta;
despierta la virtud en mente quieta
que al alba es indecible claridad.

Abajo en el poblado, la humildad
de la flor que saluda a la carreta
y reluce en los versos del poeta
es el sol que germina con bondad.

De este mundo-arcoíris es autor
el sol de refulgencia diamantina
que de lo oscuro espanta el cruel dolor.

Y aunque nublada esté su faz divina
sobre monte y poblado con amor
el mismo sol a todos ilumina.



Resistencia

Es bravo el mar de la vida
y azotan sus olas fieras
de salobres espejismos
el migrar de las galeras.

El marino avezado
sin miedo boga
y de la vela sujeta
la esquiva soga.

Al viento y sus navajas
él les presenta
la guirnalda de joyas
que alegre ostenta.

Su sonrisa es resistencia
que al mar silencia.



lunes, 9 de junio de 2025

YO VIVÍA EN UN PAÍS INTRANSITABLE: A PROPÓSITO DE LA RIQUEZA COMO CASTIGO EN RAMOS SUCRE.

YO VIVÍA EN UN PAÍS INTRANSITABLE: A PROPÓSITO DE LA RIQUEZA COMO CASTIGO EN RAMOS SUCRE.

"En honor a sus 135 años"


Tal vez sea José Antonio Ramos Sucre (1890-1930) el poeta venezolano de más difícil acceso. Extensamente investigado, ha sido definido como hermético, oscuro, desarraigado, maldito, incomprensible, alucinado, evasivo, fabulador, extraviado, decadente, entre otros  epítetos. A este “doliente poeta del esmalte”, como lo llamara Ida Gramcko, han tratado de ubicarlo en la corriente modernista por su afición a los mundos irreales, a la antigüedad  y a la mitología; por su utilización reiterada del símbolo para intentar descifrar el misterio del mundo, se lo ha definido como heredero de simbolistas y parnasianos; se lo ha pensado como un extraño y anacrónico romántico, pero también se ha visto en él a un vanguardista, el poeta que introduce a Venezuela en la modernidad, que libera a la poesía de la rima y la catapulta a la prosa, sin embargo, a la vez es un latinista, un preciosista de la lengua, un políglota de vasta cultura, un nostálgico, un profeta o un alquimista, un Prometeo encadenado  o un héroe disimulado  que se inmola. En suma es un poeta único e inclasificable.

Pese a ser estudiado y admirado, sobre todo a partir de los jóvenes poetas de la generación del  58, no obstante,  su obra es profundamente incomprendida y su figura se erige dentro de nuestras letras como un caso único, sin seguidores y sin claros ni precisos antecedentes, cuando a la vez, parece tener tantos y tan variados. 

Al acercarnos a su poesía, tan íntimamente conectada con su vida, hallamos que abundan los críticos de su obra que insisten en ver  a  Ramos Sucre (RS) como  un personaje aislado de su época, que guardó silencio ante las circunstancias atroces en las cuales vivía la Venezuela de su tiempo, y que huyó hacia los países brumosos, hacia otros tiempos, y otros personajes , del pasado o de su imaginación, para no encarar ni tomar partido por sus contemporáneos que sufrían el yugo del dictador;  esta opinión la tienen importantes autores como Paz Castillo o Juan Liscano. Sin embargo, otros consideran que  la aparente indiferencia de RS hacia su entorno social y político es sólo aparente, por ejemplo, Ángel Rama nos habla más bien de otra forma de simbolizar y ver el hecho histórico y Guillermo Sucre manifiesta, por su parte, que las metáforas de RS no son evasiones de la realidad sino instrumentos para alcanzar otra forma de saber; y es con estas visiones que quiero exponer esta breve reseña de tres textos de RS, que a mi modo de ver dan cuenta de esta singular manera de adentrarse en la historia, y además, dada nuestra circunstancia actual , me hace pensar que una veta profética  lo hizo entrever no sólo la Venezuela de su época, sino el porvenir que nos esperaba dada nuestras contradicciones nacionales. 

En RS existe un trasfondo filosófico que transpira más allá de su poderosa pulsión poética, pero que sin embargo, puede ser visto claramente si leemos a cabalidad al poeta. Sus textos nos aportan sugestivas consideraciones sobre el fenómeno del mal, el castigo de la divinidad y la expiación y el sacrificio como forma de purificar la cruda existencia de aquél. En estos tres textos (El Disidente, La Venganza del Dios y El Tesoro de la Fuente Cegada) la presencia metafísica del mal, el castigo de dios y la expiación de las culpas, son referidos a situaciones que pueden ser perfectamente traducidas dentro del contexto social del país que le tocó vivir y que por magnífica ironía (parafraseando a Borges) nos toca de vuelta. Y conste que tomo tres textos, sin embargo, los mencionados temas aparecen con frecuencia en la obra completa del autor.

En La Venganza del Dios (del libro La Torre de Timón)  RS, comienza diciendo:“El desafuero de los habitantes afeaba la fama de aquella tierra amena  (…) El Dios velaba el crimen de los hombres en el inmerecido país, y quiso el nacimiento de un mensajero de salud y concordia. (…)” Ese mensajero es asesinado por los perversos habitantes y “El Dios los castiga engrandeciendo la riqueza de la tierra que mancillan. La nutre de tesoros fatales que son desvelo de la codicia, que dividen al pueblo en airados bandos de ricos y pobres. Los nuevos dones infestan de odios vengativos y pueblan con huesos expiatorios.”

Curiosa manera de castigo la que imagina RS brotando de la mente divina: la pródiga donación de riquezas se constituye en la peor de las condenas… imposible no pensar en  nuestro atribulado y rico país: Venezuela,  esta tierra amena, plena de riquezas, y en consecuencia plena de divisiones y odios que se convierten en expiación ante la culpa antigua y quizás inconsciente de haber fraguado un crimen colectivo.  ¿Es nuestra riqueza petrolera ese castigo –venganza del dios, que ya intuye  Ramos Sucre desde su “Torre de Timón”? “Yo vivía en un país intransitable, desolado por la venganza divina” exclama el poeta cumanés en el “Tesoro de la Fuente Cegada” (también del libro La Torre de Timón). “Nación desalmada y cruda”, y de este  país “maléfico” logra escapar esperando, no obstante, el despertamiento luego del ciclo expiatorio.

En el poema El Disidente, (del libro Cielo de Esmalte) la propuesta es aún más interesante y profunda y  expresa de manera inequívoca, a pesar de recurrir a símbolos y referencias bíblicas, su “disidencia” de los métodos represivos del gomecismo. “No me avine jamás con el arte lúgubre de aquellos hechizados y pude esperar a mansalva el fin de las hogueras de la represión (…)”.  A propósito de relatar las persecuciones medievales contra posesos, el poeta introduce tácitamente el paralelismo entre aquellas persecuciones  y las actuales. Continúa: “En medio de la amenaza constante quise expiar mis culpas ignoradas y despistar los satélites de un poder asombradizo. Recordé la ceremonia de los israelitas con el cabrío emisario y la usé con un ave nocturna.” De nuevo asoma aquí el tema de las culpas y la expiación, y con una acertada utilización del idioma, no por azar acude al vocablo satélite,  derivado del latín satelles, que tiene entre otras acepciones la de “guardián de un príncipe”, y cuyo análogo francés, satellite, que significa “Todo hombre armado que está al servicio y a las órdenes de alguien, para ejecutar sus actos de violencia.”  Tampoco por azar habla de cabrío emisario, como tan acuciosamente lo estudia Víctor Azuaje en su texto: “Bajo la sombra de Azazel: Sacrificio, alegoría y conflicto social en Ramos Sucre”,  introduciéndose de lleno en el simbolismo del chivo expiatorio, quien carga con todos los pecados y es  expulsado de la comunidad para así sostener la violencia grupal y salvaguardar la dinámica del poder. Despliega a través de la referencia medieval y bíblica las connotaciones rituales y sacrificiales de la persecución, la tortura, el encierro y el exilio, como arquetípicos mecanismos de preservar el poder  omnímodo, lidiar contra las diferencias y controlar la violencia, en suma, el carácter ritual y expiatorio de la persecución, lo que María Zambrano denomina  “la estructura sacrificial de la historia humana” (citada por V. Azuaje) Incluso, puede hallarse en RS toda una metafísica del mal y la violencia. Como señala Eugenio Montejo, nada es azar en RS, todo está cuidadosamente cincelado, desde la íntima intención hasta la escogencia del vocablo.

Conjuntamente con esta propuesta leída desde la perspectiva del conflicto social, podríamos leerla también desde la perspectiva individual. ¿No es acaso el mismo RS una víctima propiciatoria?  ¿No se consideraría  a sí mismo como un ser abundantemente dotado de riquezas intelectuales, de sensibilidad y cultura y sin embargo,  internamente  dividido,  dolorosamente asediado de luchas internas y lleno de “culpas ignoradas”? Imbuido de esa especie de dolorosa lucidez  que apuntaba Ludovico Silva, y que yo agregaría es la misma que lo hace sufrir de persistente insomnio, pues no puede permitirse el abandono de la lucidez propiciada por el dormir y el sueño. Ramos Sucre se  toma demasiado en serio la frase de Paul Valéry: “Quien quiera escribir su sueño ha de estar completamente despierto.”¿Es entonces Ramos Sucre un poeta aislado del acontecer social?, “sin compromiso con Dios, con su tiempo ni con su prójimo”, como afirmara Juan Liscano, o tal como consideraba Fernando Paz Castillo, alguien para quien el mundo externo no existía, o puede hacerse de su poesía otra lectura, hurgando en sus callejones simbólicos, en sus extravagantes personajes, en sus oscuras fábulas hasta lograr vislumbrar otra forma de aproximarse a la historia, utilizando el mito y las ficciones para proporcionar una interpretación original del acontecimiento social y, todavía más, proyectar su visión del país que llegando hasta nosotros, dándole consistente vigencia  al otorgarle un nuevo sentido a la realidad, profundizando poéticamente en los fuegos de la historia que hoy escribimos. Podríamos decir con propiedad que actualmente nuestra “aldea es el campamento de una banda feroz” y que todavía “la yerba crece en el campo de batalla, alimentada con la sangre de los héroes”.

El gran Ramos Sucre, el de la prodigiosa inteligencia y sufriente sensibilidad, ese que duerme para siempre bajo el efecto de una sobredosis de Veronal (cuyo nombre hace referencia a la ciudad de Verona, rica en amores y castigada con la desunión y la muerte)  puede hacernos despertar del letargo de la historia vivida como destino e impulsarnos a estar despiertos y lúcidos para poder escribir historias nuevas sin sangre de héroes, ni castigos ni expiaciones eternas.

Anamaría Hurtado
Caracas, Venezuela, 2025.


Apuntes sobre Red de seda, de Johnny Gavlovski. Por Ana María Hurtado

Apuntes sobre Red de seda.

-Wolf spider o cómo soñar con los ojos abiertos-

He visto una señal dentro de todo.
Bob Dylan

Este poemario tiene ciertamente la textura de la seda: es sutil, sin artificios, exhala ingravidez, el lector va resbalando la mirada como quien recorre con los dedos el tejido terso y noble de la seda. 

En mi experiencia lectora sentí desde el lacónico verso que flota en la página inicial, que ingresaba a una habitación en penumbras, donde un soñante - paradójicamente insomne- tejía con palabras una singular red onírica, constituida por poemas casi desnudos, susurrantes, cuya silenciosa respiración se intercala con bocanadas de imágenes que evocan la asfixia, la apnea, y en otros momentos intentan el aullido que irrumpe desde la grieta de las pesadillas.

Entonces, como vemos, todo cobra sentido partiendo del título.

Pero sabemos que el sueño y la poesía beben de la misma fuente, de las profundidades donde anidan nuestros monstruos, los deseos, lo innombrable, junto a esa luz negra, origen de toda luz, parafraseando al poeta Santos López , allí donde pequeños seres generan en la oscuridad la sustancia viscosa que deviene en la  hechura de la seda.  Ya sabemos que las experiencias oníricas tendrían una importante función en la construcción de la realidad, y viceversa, con ese mecanismo está familiarizado nuestro poeta Johnny Gavlovski…ese lenguaje de las profundidades lleno de imágenes junto a una percepción peculiar de tiempo y espacio, constituyen cierta manera de aprehender la realidad. Y a su vez cada experiencia de la vigilia induce la conformación del lenguaje de los sueños… y de la poesía. Tendríamos que  señalar si hablamos de lenguaje onírico y lenguaje poético, es que hay en ambos  un sujeto hablante, un sujeto que genera lenguaje; el acto poético puede nacer en parte  de la transformación de los materiales que aparecen en los sueños y en  otras manifestaciones del inconsciente, de ese Otro que nos habita, el soñador, quien  así como el poeta,  intenta recomponer una narrativa fragmentada, cuyo sentido se ha perdido,  sin embargo en el caso del poeta agrega la perspectiva de una restitución estética, no solo se trata de contar un sueño, que ya de por sí es un rudimentario intento de género literario, parafraseando, esta vez a Borges. De eso tratará el poemario que nos ocupa.

 Johnny Gavlovski, no ajeno ni a los trabajos de Psique ni al quehacer poético, abre (o se abre) el poemario  con esta línea deslumbrante:

Nunca contemples la desnudez de una flor. 

Es una advertencia y una invitación, lleva en sus siete palabras toda la carga de paradojas del alma, esas prohibiciones, que como en el libro del Génesis son sinuosas seducciones, y ante la palabra desnudez vamos inevitablemente a imaginar  que si no contemplamos su desnudez ¿cómo podríamos verla?  ¿Cómo observarla? y a su vez, si recordamos a Rilke decir de la rosa: 

es que en ti misma, por dentro,
pétalo contra pétalo, descansas…

¿Está la flor en esa desnudez? ¿Qué queda luego de retirar los pétalos?
 Y en el epitafio del mismo Rilke, donde expone: Rosa, oh contradicción pura en el deleite de ser de nadie bajo tantos párpados… 

Este primer poema interpela y asombra en sus siete palabras.es el preámbulo al misterio de opuestos que conforma nuestra psique, al lenguaje oblicuo que comparten sueño y poesía.

Entonces, aprecio que la levedad del poemario oculta en su interior el peso demoledor de la desnudez, el peligro, la amenaza de ver la desnudez , la desafiante interdicción en el descenso que el poeta  inicia. 

Prosigue y nos confiesa que un poema( me ) asfixia..  poema que (me) desvela…el titubeo del sujeto que enuncia .. ¿acaso es posible el pronombre cuando se sueña o cuando se escribe un poema?  ….En estos umbrales Gavlovski invita al descenso, envuelto en una red de seda que  cubre o descubresu propia desnudez, a la par que  la desnudez de la palabra, el despojo necesario para adentrarse en el inframundo. los pronombres, los adjetivos ceden “despojarse de sí/ punto de partida”- dice el poeta. Recuerdo a Hanni Ossott cuando afirmaba que el poema es el lugar donde se pierden los pronombres.

El sujeto  va  desapareciendo y resbala hacia otros personajes, vuelve sobre sí , para luego desplegarse en otros

La noche respira/inhalan las paredes/ exhalan las ventanas/ grito silencios

Pero ese primer yo tembloroso  anuncia este derrumbe de convicciones

La poesía y el sueño, tendrían en común esa progresiva disolución del sujeto que enuncia; lo cual es relevante para comprender la teoría simbolista de la invención poética que Mallarmé considera como una desaparición elocutoria del sujeto que cede su lugar a las palabras…la conciencia, la realidad normal serían epifenómenos del sueño.

Me dicen que no lo haga
Que parezco muerto

nadie sabe que sostengo mi corazón, exclama…  ¿Y quién sostiene su corazón, mientras el cuerpo se horizontaliza?, el cuerpo del soñante roza el cuerpo de la muerte. El mismo cuerpo, lugar de acceso directo al acontecimiento poético, también afirmado por Hanni, tiene que hacerse a un lado en tanto cuerpo nombrado desde la consciencia. 

Los poemas se suceden en este poemario a través de un tríptico, o de una obra en tres actos, y lo hacen con un paso delicado que los conduce , luego de la primera sección: “15 razones para un insomnio”, hacia la segunda sección que  bajo el nombre de  El aullido de Wolf Spider,  nos coloca ante una fuerza dramática que devendrá pronto en pesadilla, (Me detengo un instante en Wolf Spider, nombre alterno de la tarántula, para  recordar el famoso libro de Bob Dylan) Wolf spider, retomo,  araña del desvelo habitante perenne del abismo que somos, lugar del mundo interno donde  nos espera esa gran araña que aterroriza pero sostiene, que ofrece muerte pero da vida, que atrapa y libera . De nuevo los opuestos que definen y sostienen el psiquismo. 

EL lenguaje del sueño no está en las palabras, sino bajo ellas, afirmó Walter Benjamín,  afirmación que pudiéramos parafrasear entorno al poema, el lenguaje de la poesía no está solo en las palabras, las atraviesa, las disuelve, les extrae el zumo del sentido, o eso trata, intenta. 

Aguas, desvelos, cañones, pesadillas, van apareciendo en un goteo que se acerca a la fragmentación del sueño, o más precisamente de la memoria que el sueño nos deja 

En la butaca del insomnio
Incapaz de prender una lámpara
Destrozo el escenario
- Ser o no ser-
- Dormir  no más
 
En este poema VII se reúnen Sueño, poesía y teatro. 

Y al decir teatro, entramos en la  faceta de dramaturgo del poeta y psicoanalista  Gavlovski. Sigmund Freud, con quien el poeta tiene estrechos vínculos, ya nos diría  y que en el inconsciente bullen distintos personajes que viven a su vez diversos dramas, a espaldas de nuestro estatus consciente, de nuestra apariencia de unidad, tenemos variados personajes que nos habitan, humanos y no humanos, a expensas  de nuestra represión o de la imposibilidad de las vías de acceso, de poder soportar desde la consciencia aquello que es difícil o imposible de nombrar.El sueño es un gran teatro, quizás del absurdo, montado en nuestra interioridad, por ese otro que es el soñante en su evanescente existencia. Siguiendo esta pauta,  encontramos  en Red de seda poemas con  diversas voces, intercambio o desaparición de pronombres, un yo observdor que muta a un yo que padece y que sucesivamente se transmuta en el yo que enuncia el poema.  a veces habla el yo que observa escenas, a veces ese yo está dormido o insomne o sueña que está insomne, a veces el yo actúa, a veces aparece el pequeño actor de la infancia, 

Tras caer en el precipicio sin nombre de mi mismo, caemos a la Red de seda que sigue, en  textos que han perdido  la verticalidad y la aparente ligereza,  para dar acceso a un sueño en crisis que se desploma como dice el prologuista Néstor Mendoza, acertadamente. Es el desplome de las palabras para dejar ver en su derrumbe el revés de las cosas, del acontecimiento subterráneo de donde emerge el cuerpo como último protagonista, hablante postrero,  sujeto de sí mismo.. , el cuerpo participa en esta vorágine, el cuerpo se metamorfosea en Wolf spider, como dice Bob Dylan en Tarántula: he visto una señal dentro de todo., a través de ocho ojos que miran detrás de nuestra mirada, dice Gavlovski.

Hallamos en ese derrumbe versos  que estremecen el tejido de la seda, 

Por el cráter de la pupila, el descenso al abismo de sí” y antes globos acuosos se deslizan en las cuencas óseas  y luego  Desciendo al abismo que voy siendo, en el gerundio continuo que somos

Atrapado, agotado …llega el momento de la entrega al amanecer, al despertar. Todo sueño tiene algo  que no debería haberse visto pero  que trasciende a través  del símbolo  y  reaparece por los vericuetos engañosos de  la memoria, asediándonos al despertar. Las marcas de lo real no están en el despertar sino en lo que provoca el despertar.. uno sueña para no despertar , y tal vez escribe para despertar sin salir del sueño. Al decir de Freud, el poeta es sólo un “soñador diurno”, alguien que no se ha despertado del todo y camina sonámbulo por el mundo, pero un soñante con los ojos abiertos, diría el poeta Reverdy.

Recordemos la flor de Coleridge que queda después del sueño como señal del paraíso soñado. Diríamos  el regalo del sueño, el símbolo. Que nos concede, y asi finalizo retornando al inicio, luego de atrevernos a mirar la desnudez de la flor.

Así pues, Gavlovski, nos ofrece  un trabajo estético, una utilización del símbolo desde distintas capas del significado, hace posible la destilación  de la imagen manteniendo el misterio de su desnudez.. Bachelard decía de sí: soy un soñador de palabras… las palabras toman otros significados, como si tuvieran derecho a ser jóvenes. Esa sería la tarea del poeta sostener la juventud del lenguaje, su permanente nacimiento, hacernos humanos cada mañana, como cuando despertamos, y nos creemos reconocer de nuevo…la palabra siempre nueva del lenguaje poético, que parece siempre olvidar y recordar a la vez.  Al finalizar el poemario estamos listos para reiniciar la lectura y toparnos de nuevo  con la desnudez circular de la flor.

Y finaliza el poeta 

Esperando, al menos, un amanecer que nos rescate


Ana María Hurtado
Abril 9 , 2025.
Excava galerías hasta llegar al centro 


Ana María Hurtado leyendo el texto, a su lado el poeta Johnny Gavlovski