domingo, 22 de abril de 2012

VALERIA ZURANO: Poesía Actual Argentina




VALERIA ZURANO (Buenos Aires, Argentina 1975). Ha editado los siguientes libros: Barco en Llamas (poesías y cuentos) Escritores Independientes Unidos, Argentina, 2003. Las Damas Juegan Ajedrez (Poesía en prosa) Editorial Alción, Argentina, 2007. El Gran Capitán-Crónica de un viaje al Litoral (Poesía en prosa) editado en Chile por Ediciones Cortina de Humo, 2008. El libro de las hormigas (Poesía) Editorial Cortina de Humo, Chile, 2009. Operación Claridad (Poesía en prosa) Ediciones Ramos Conspira, Buenos Aires, 2009. Conjuro para detener el temblor (Poesía), Ed. Crónica digital, Chile, 2010. Integra numerosas antologías nacionales e internacionales, entre las que se citan: Voces con vida, I Concurso de Cuento Breve, Salón del libro Hispanoamericano Cdad. de México. “Tránsito de fuego”, Jóvenes Poetas Latinoamericanos 1972-1990, por la Casa Nacional de Letras Andrés Bello, Caracas 2009, Venezuela. Su obra ha recibido numerosos premios, siendo el más reciente, el Primer Premio de Poesía del Fondo Nacional de las Artes, Argentina año 2010, por el libro La belleza del resentimiento, publicado en el 2012 por Ediciones El Mono Armado, Argentina.

Selección por Gladys Mendía del libro Las Damas Juegan Ajedrez



De todos los ojos que adoro. De todas las manos que tengo. Prefiero tus pies en mi camino. De todas las bocas y las palabras prefiero las tuyas para guardarlas por el solo hecho de satisfacer esa manía de atesorar cosas que pertenecen al pasado. De todos los juegos, esos juegos estúpidos y aburridos, prefiero los tuyos que son de vida o muerte y siempre es más muerte que vida y siempre me dejan perdiéndolo todo, apostando por nada.
De todas las espaldas que naufrago tu espalda es la más distante como un gran océano como un mar profundo y oscuro de algas que flotan enredándose en los dedos. Por eso tu espalda es nada más que una espalda sin mis manos. De todas las cosas que digo solamente una es verdad. De todas esas mentiras. De todas esas bocas. De todos esos brazos. De todos los ojos los que más adoro son los míos.



Esta forma de guardarme en los caminos de tu cuello en el silencio de tus ojos en la forma de tu boca cuando ambas caemos en el amor espeso de la noche cuando la noche nos da sus horas para ser la gran tormenta que se anuncia. Esta situación de hacer malabarismo con los días con el injusto dolor que proponen los días con esos tonos grises de la historia mientras se deshace la piel si la brisa de tu aliento se acerca y ya no podemos más que vaciarnos hasta quedarnos dormidas sobre nuestros cuerpos. Esta extraña melodía de escuchar tu voz en el eco de un caracol abandonado y cuidarlo del silencio mientras estoy muda y callada ante la ola que te envuelve. Esta manera de deshacernos de derrumbarnos delicadamente sobre el deseo sobre las telas que nos desvisten sobre el sol que nos despoja sobre la deliciosa idea de sentir que nos vamos perdiendo. Esta endereza para soportar la distancia fina y cruel como una aguja como si tu vida pudiera ser raptada por las aves como si esperar fuera el destino del juego del tiempo como si esa aguja se clavara en la sombra en los espejos en la lluvia en las hojas secas que duermen el sueño de nuestro amor.


Estoy aquí, lejos. En la noche. Esperando en las alas abiertas de la noche que esas alas te acerquen. Nuevamente esperando a alguien desconocido. Es extraño cuando estamos tan lejos y sin embargo hay un halo imperceptible que cubre mágicamente la distancia y me dice que te espere.
Es un fantasma el que se acerca en silencio y juega a enredarme el cabello y me besa los ojos y se despide en las líneas fugaces de la nocturnidad.
En ese fantasma reconozco tus manos aunque no sepa cómo son tus manos aunque los sueños tal vez sean los que me hablan y entonces me uno al presagio que te trae.
Esas alas blancas que casi pueden tocarme vienen singlando el recuerdo para nombrarte nostalgia en la noche. En esas noches donde tu existir estaba ajeno y yo estaba desmayada bajo la sombra de una roca.



La suavidad de esas manos que contienen el pan caliente, emerge junto al vapor del agua en siluetas que se escapan; las mismas manos que anuncian el transcurrir de las horas. El complejo silencio de esos pasos que te acercan que te alejan. Así serán las mañanas en los días del amor.
Delicado se inclina tu cuerpo en las orillas de la cama en el centro de mi sueño. Tenues destellos atraviesan las chapas oxidadas de un patio añejo de paredes sombrías de una casa más de la gran capital. Así serán las mañanas del amor que no quisimos.
Tus dedos delgados y tibios esparciendo el dulce sobre el pan sobre mis ojos adormilados que no comprenden sobre imágenes difusas de otras mañanas que se mezclan de sábanas haciendo cosquillas de saborear esa presencia inquietante de presentirte. Así serán las mañanas del amor tejiéndose.
La profundidad de esa voz habitando el silencio, haciendo ecos en tu espalda, invitando a estas manos todavía anquilosadas a dejar caricias en las barcas que van por los extensos mares de la razón por los turbios ríos del deseo por los tranquilos lagos de las distancias, esas barcas con caricias que jamás llegan a puerto. Así serán las mañanas del amor desde ventanas.
Atrapada y detenida la imagen en el espejo, el estupor de verme desnuda, casi despellejada, mientras extendés un mate y pretendés no verme y quisiera cerrarme tan sólo un poco porque el viento me arde tanto como el espejo. Así serán las mañanas, mi amor; inevitables.

jueves, 12 de abril de 2012

Sobre Me Urbe, por Miladis Hernández Acosta




Reseña crítica sobre Me Urbe, Brevísima Antología Arbitraria Chile- Venezuela.Por Miladis Hernández Acosta
Cuba


No hay patria sin rapsoda, como tampoco ninguna ciudad despoblada de sus cantores. La poesía es identidad. Sello. Resonancia del espíritu y de la pasión de un pueblo, de un grupo nacional, y de una nación propiamente dicha. La poesía por ende, está unida al tractus de la civilización humana pero con peculiaridades propias. No podemos negar, desde nuestras perspectivas actuales, que existe una múltiple poesía de lengua española escrita en América, que posee rasgos comunes por encima de las fronteras nacionales. Esta pequeña, pero acertada muestra es, una reunión de voces y sucesos que acontecen en dos ciudades de nuestro conteniente. Es un intento de unificar cantos, tonos hacia lo que siempre nos ha de sobrevivir: La ciudad. Urbe, del latín urbs, urbis, metrópoli. Sitio para existir y comparecer, para vivir o morir. La ciudad también como patria única, o mundo ideal. Microsistema de la gran aldea que es el Universo.

Me Urbe, Brevísima Antología Arbitraria Chile- Venezuela recoge por voluntad de sus participantes a veinticuatro poetas nacidos entre 1969 y 1988. Doce de cada uno de estos países. El doce como número que representa a las antiguas tribus de Israel, número de las alianzas, de las mancomunidades en aras de la protección, y de la entrega; pero en este caso, doce de la tribu del insigne poeta venezolano Andrés Bello, y doce del chileno Pablo Neruda. Hombres que le cantaron, cada uno en su tiempo a América, como patria habitual de todos los latinoamericanos.

Ha de escucharse en esta muestra sin fronteras a un coro consumado, pronunciándose en aras de establecer lazos de vecinos, ardides iguales para ofrendarse como un poema global. Un poema resumante, experimental escrito con una vertiginosa pluralidad. Ejercicio pleno de exhibir variadas estéticas que van desde el verso simple hasta las más enmarañadas combinaciones.

Asistimos con esta propuesta del sello Paracaídas editores y Los Poetas del 5 Editora(2011), a una gala mixta, a una alianza de interconexiones, una suma -simultánea -de descripciones urbanas; otras paisajísticas, otras intimistas que percuten con sobrada armonía desde los prototipos textuales hasta el último de los poemas. Sus respectivos antologadores: Gladys Mendía de nacionalidad venezolana, radicada desde hace varios años en Chile, y Ennio Tucci, nacido en Mérida, han logrado una excelente fusión de categorías simbólicas, una extraordinaria mixtura de imágenes: maniobras que transcurren con unicidad y coherencia en un tempo presente que, condiciona con mucha lucidez un mega –texto- de voces, direcciones, acentos y ubicaciones.

Especie de lid, de cónclave, de reflejos, acciones lúdicras que dan visos de postmodernidad o arquitectura ((poética)) del nuevo milenio.

Plurales sintonías, conectadas o focalizadas en un contexto afín, que no excluye las tipicidades intrínsecas de cada uno de los autores convocados en cuanto al cúmulo de rejuegos ideo estéticos. Formulaciones e interpretaciones desiguales para rebasar los límites y colocarnos en un entorno donde dos ciudades convergen en un ámbito amistoso, donde: la poesía es el árbol que da la sombra, y por gracia suministra el oxigeno.

Entiéndase la poesía como un vehículo esencial para acceder a una cognición antropológica que incide con propiedad en cada uno de los discursos que en Me urbe se gestan. En esta oportunidad se ventilan códigos abiertos, novísimos discursos, signicidad “arbitraria”, poeticidad en las formas, ya sean estructuralistas, ya sean formales, o revelación cuasi marginal.

Riesgos que se alternan o se contagian por los incomparables atrayentes, sin proyectar esas condicionantes –antropológicas-, puesto que no hay una postura chilena, ni mucho menos venezolana, sino un grito unitivo, un cántico Novó. Confluentes de imaginería donde hay una incitación al –desplazamiento- con la finalidad de inaugurar un parque, especie de atrio postmoderno en este nuevo Orbe más allá de la exacta geografía. Con ánimo entremos. Confluyamos como habitantes seguros. La sorpresa está en los convites que, aquí con toda libertad se expresan.



Miladis Hernández Acosta.
Princesa de la poesía cubana.
Guantánamo, Cuba.
17 de Marzo, 2012. Bajo las lluvias de primavera.

jueves, 5 de abril de 2012

FÁTIMA VÉLEZ. Poesía Actual Colombiana


FÁTIMA VÉLEZ (Manizales, Colombia 1985). Realizó estudios de literatura y filosofía en la Universidad de los Andes, Bogotá. Actualmente, se encuentra cursando la Maestría en Escrituras Creativas de la Universidad Nacional de Colombia.

Selección por Gladys Mendía del libro inédito Orillas




Promesa del día muerto


El día congela mis párpados ante la espera
y la mañana no nos besa las manos
ni traza con firmeza sus líneas
y una luz no se instala en nosotros
con voz propia
mostrándonos el camino
y un grito no traspasa el instante del abandono
de todo lo que habita y nació muerto entre nosotros

Pues donde había corazón
sólo hay una piel que se resiste a tomar forma
y la complicidad del silencio que extiende sus dominios con raíces oscuras
y nosotros
contemplando la lluvia
cuando ciegamente creíamos en el cielo azul de esta mañana.



Ceguera del presente


I
Unos ojos cerrados por el dolor
lo han estado mirando
Duerme como no duermen los hombres
en su sueño
la respiración es un río suelto
lejos del cuerpo

en su cuerpo
es la quietud del que ha caído
recuperándose desde la sombra


II
La piel debe callar ahora
como si fuera nunca
la mirada se desliza
agua estancada
interrumpida por el vuelo de un pájaro


III
Mira ahora
hay encuentros indicándonos la fortaleza de lo invisible
de mis ojos que se atascan
de mis ganas de no levantarme
de no sentir el calor
ni el frío ciudad
ni el frío alma



IV
Este aquí
donde se detiene el movimiento de la tierra
antes fue cuerpo de lo que huía hacia nosotros
los de pequeñas manos
los que apenas conteníamos en nuestros labios
las primeras sílabas de la contemplación




jueves, 22 de marzo de 2012

PÁLMENES YARZA: POESÍA DE VENEZUELA




PÁLMENES YARZA. (Nirgua, Venezuela 1916). Premio Municipal de Poesía en 1974 con su poemario Contraseñas del tiempo, ha publicado también, entre otros volúmenes, Elegías del segundo (1961), Borradores al viento (1988), Memoria residual (1996) y Expresiones (2002).

Selección de poemas de Gladys Mendía


de Contraseñas del tiempo



III

Removida la coraza de la noche
endurezco frente a la luz como cualquier otro animal.

Busco el mundo lentamente con pie de caminante.
Huyo de penetrar en vertientes continuas,
de diluirme en las sangres como piedra en las olas.

Fuera mi cuerpo es rada, canal de las palabras.
Vaivén saliente de una rama.
Dentro de mí,
en cada simple corola me sucedo
y devuelvo a los aires toda la fiebre dulce.

Mis nombres olvidados
traspasan la calle, densa de gritos y de párpados.
Yo sigo ciertas alas de errancia y soledad
suspensas en mis labios como palabras de entresueño.

Y recuerdo vilanos blancos, ceibos de infancia,
ubres de los árboles fluyendo en el día.

Ahora el ánima
va cayendo en la tarde, como hoja inmensa.

Voy por las calles de los encuentros. Llueve.
La sed puede arrancarme un grito de metal,
pero he desterrado el vaso en que bebía.
Mi hora viene ahíta de cales.
Un sauce asoma en mis espejos íngrimos.

Creo que el árbol me ve y me inunda de adioses.

Hermano, hermano mío, que miras tus relojes,
del tiempo de tus voces huyo en esta avenida.




de Borradores al viento



5

Vuelvo sobre mis pasos voy buscando
aquel camino sordo y ciego
por donde ir en áspera demencia.
Y llego
a un pueblo de garzas, a un árbol seco,
alto candelabro encendido como ceniza de rescoldo al viento.

Llego a una garza sola, asoleándose en cruz,
madero gris en invierno,
a otra que ansía ser
la rosa de la amanecida
al abrazo del campo en los herbales,
tomo el alma del día
en la epeira que perfila la curva del camino,
en el insecto del barranco
que viene hasta mi pecho en giro imprevisible.
Mi proyección camina sobre un hilo de sombra.
Oigo que llaman desde un hito lejano.
Te oigo, oigo el resquicio de tu nombre
¿desde dónde?, ¿adónde?
Me encuentro con la luz, borrada, ausente,
y una palma va en el cielo
y el ceibo todo blanco se empina hasta la nube
como fábula o leyenda.
A un refugio que parece un ilusorio secreto
me encomiendo en este día de diciembre.

Estoy aquí, en Pálmenes y el silencio
y doy de mi pan a la ardilla o al saucedo.
A través de la rama el sol asoma el cielo.
Tú naces lejos, lejos.
Baja una abeja una hormiga por las sobras de mi mesa.
Vacila en la hoja verde la gota de rocío
y cae y se funde en mi frente.
Lagartos transeúntes en tropilla
atisban a este-oeste en la redonda sombra
que proyecta la nube inmóvil.
Mi mano estrecha una mano que no existe.
En el aire quieto crece el instante
huevo de vida y muerte.

miércoles, 7 de marzo de 2012

MARÍA AUXILIADORA ÁLVAREZ: POESÍA VENEZOLANA




MARÍA AUXILIADORA ÁLVAREZ (Caracas, Venezuela 1956). Estudió Letras Hispánicas en Estados Unidos y Artes Plásticas en Colombia y Venezuela. Ha dado clases en Miami University (Ohio), University of Illinois y UNAM (México). Ha hecho crítica literaria y cultural, y ha expuesto en diferentes ocasiones su trabajo plástico. Es miembro del Consejo de Latin American Studies Association (Sección Venezuela). Ha publicado los siguientes libros de poemas: Cuerpo (1985), Ca(z)a (1990), Inmóvil (1996), Pompeya (2003), El eterno aprendiz y Resplandor (2006). Continúan todavía inéditos: Sentido aroma (1994), Pájaro que vuelves (1994), Páramo solo (1999), Tránsito de ruinas (2005), Un día más de lo invisible (2005) y Paréntesis del estupor (2009).
Entre otros reconocimientos, ha recibido el Premio de Poesía del Consejo Municipal de Cali (Colombia, 1974), el Premio Fundarte de Poesía (Caracas, 1990), y el Internacional Award María Pia Gratton (USA, 1999).

Poemas seleccionados por Gladys Mendía


Poema Cuerpo (11)


11
conozco
el tiempo de cocción de las legumbres
las verrugas de las ratas
la importancia de ser la hembra
lo tácito de la procreación
me detengo
en el genital y el alimento
cada día
y recibo de ellos una vida
y una muerte
renovables
y voy desarrollando
un acercamiento
de maxilar de culebra
y voy desarrollando
un sabor sicópata
en la lengua
mientras juego con la basura
y los excrementos
de mi hija
a ella le enseño
la propiedad afectiva
de los dementes
y los mamíferos diarios
muertos en la cocina



Poema Cuerpo (5)

5
sala de parto
MOSAICOS RESES CUCHILLOS
cocina que desuella sin anestesia porque su dueño se lava con
ella el órgano tibio por si acaso cauteriza su conducto lácteo se
ríe cerebral enjuaga sus nervios sensitivos duerme
lejos
de los colchones plásticos
amnióticos
sangrientos
de la hilera
panza bonete libro cuajar rajar sacar
el relleno
ordenar los mosaicos
cose


Poema Cuerpo (12)


12
ella me abre las piernas
desde el piso
trata de ascender
y no la dejo que ahí no hay nada
se cerró la puerta
se acabó la casa
ella quiere devolverse
por las tardes
se me para entre los pies
calva y caliente y no entiende
que la aparto
que esa puerta se acabó
que no se puede
entrar ya ni salir
ni decidirla
que ya basta de quirófano y cabeza
por las tardes amorosas y sangrientas
y ella tiene miedo
y quiere hundirse
en el útero de nuevo
en la noche y la comida
en su cuarto pegajoso
entre mis piernas
y no la dejo que ahí no hay nada
se cerró la tarde para la cabeza
no hay sangre
ni cuchillo que la conduzca
ni boca de perro que la defienda



martes, 28 de febrero de 2012

LYDDA FRANCO FARÍAS: POESÍA VENEZOLANA




LYDDA FRANCO FARÍAS (Sierra de San Luis, Venezuela 1943-2004). Publicó, entre otros: Poemas circunstanciales (1965), Primer Premio en el Concurso Literario del Ateneo de Coro; Edad de los grandes ataúdes (1977); Summarius, prosa poética (1985); Recordar a los dormidos (1994); Descalabros en obertura mientras ejercito mi coartada (1994), con el cual gana el Premio Regional de Literatura Jesús Enrique Losada, Mención Poesía, otorgado por la Gobernación del estado Zulia; Bolero a media luz (1994); Una (1998); Antología Poética (2002). Falleció en 2004, dejando cinco de sus obras inéditas.

Selección de poemas por Gladys Mendía de Poemas circunstanciales (1965)



No nací para ocupar un espacio y nada más.
Ignoro cuál será mi participación.

Me tocó ser mujer y no me quejo,
me tocó caer en la humedad del tiempo,
en la inhóspita sequedad de los caminos
pero aquí me quedo
entre escombros y desperdicios.
Destruyan mi epidermis resentida,
despedacen mis sueños, mi alegría,
aniquílenme
mas no pretendan sancionarme
porque un día aparecí sobre la tierra
y tuve voz y grité
y tuve fronteras y no quise despertar sin ellas
y tuve armas y allí están
perfiladas, inmóviles, ariscas.




de Las armas blancas (1969)


comienza mi poema para nadie porque nadie es la absolución
todos llevan parches oscuros
aquí las cosas no suceden se dicen con naturalidad
esta gente tiene la piel de las victorias pasadas no asimila
esta gente feliz sueña con héroes de la independencia
en esta ciudad nadie mata
música suave franquea la distancia
salmo profundo flota en lo más alto
es la vigilia del poeta que sueña
gato agazapado en la oscuridad
aspiro a la otra orilla
esta orgía de cuerdas es un cerco continuo
en verdad no me lamento
en alguna parte la vida sale de su retiro
evaporando fantasmas de la víspera
en alguna parte no aquí esta gente es feliz



de Summarius (1985)


DÍA DE SIN



MAÑANA DÍA DE SAN JOSÉ
NADIE TRABAJA
TE QUEDAN TRES DÍAS PARA NO HACER NADA
TRES DÍAS TUYOS
TRES DÍAS PARA LEER UN CAPÍTULO
DE CADA UNO DE LOS LIBROS QUE NUNCA TERMINAS
LAS NOTICIAS ATRASADAS
MAÑANA SERÁ DÍA DE SAN JOSÉ
PARA MÍ HOY ES DÍA DE SIN JOSÉ
Y SIN EMILIO
Y SIN MIRNA
Y SIN MILTON
Y SIN LOS AMIGOS QUE TODAVÍA QUEDAN SI ES QUE QUEDAN
Y SIN DERECHO PARA SENTIRSE ASÍ CON UNAS GANAS DE LLORAR
DÍA DE SIN UNA LÁGRIMA
ES ESTÚPIDO





de Una (1985)



lisa y llanamente abre los ojos
se coloca la máscara del día
las zapatillas de rondar sobre el abismo
las pestañas de ir a los oficios
las alas de volar hasta la fábrica
a marcar la tarjeta que computa
la no vida
he aquí esta mujer lívida como un fantasma
real como una espina o una piedra
que menstrúa
que copula
y se vale de ciertos artificios
como teñirse los cabellos
ponerse sombras en los párpados
sacarle brillo al piso
brillo a la soledad
brillo a la parcela de aliento
que guarda en los cartílagos
en la marejada del corazón
en la penumbra de los sueños
donde a veces relampaguea
la dormida tenaza
guijarro contra espejo
preñez a contracielo

(la rabia de tener que lavar los mismos platos)
escucha ruidos que le vienen de adentro
fascinada por la comprobación
he aquí que esta mujer despierta
alarga la mirada sobre el mundo
y el mundo se retrae abatido
por un inminente apocalipsis




de Recordar a los dormidos (1994)



rasgo las vestiduras
me desprendo de lo suntuario
esta muerte holgada
y esta vida indecente
y traslúcida




de Bolero a media luz (1994)


si soy el capricornio
algo de cabra he de tener
si vengo de la neblina
de la roca caliza
del haitón donde el eco avaricia
el hilo de voz que no devuelve
si desnuda me bañé en los canjilones
si la montaña sigue allí
algo de sombra me quita
si sigo de pie atolondrada y renuente
si me revuelco en la sed
si tanteo buscando húmedas sílabas
y doy con párpados de invierno
es alucinación de los sentidos
si en cambio
un deseo vehemente me solicita
es que caerá sobre mí
un aguacero imprevisto
que me volví duende
que me fui viniendo por el río que se iba






de Descalabros en obertura mientras ejercito mi coartada (1994)


se desprende
un candor de pulseras
una deforestación
de rubíes
nunca estuvo la sangre
tan tijera
si me llaman
digan que no encuentro los pies
que el reloj se detuvo
que fui tras el rastro
de una quemadura en mi ombligo
que morí de mal parto
que me soñaron
que me seguiré pesadilla
y mala sombra



de Aracné (2000)



tejer en el vacío
es desprenderse de uno mismo
caer en el vacío
es recuperar el revés
lo que encandila

sábado, 18 de febrero de 2012

CHEMANÉ ARIAS RODOLFI: Poesía Actual Venezolana




CHEMANÉ ARIAS RODOLFI (Tucupita, Venezuela 1978). Historiador del Arte. Trabajó durante dos años en Egipto fotografiando los monumentos de El Cairo. Ha dado clases universitarias en Arapuey, Nueva Bolivia, Ejido y Mérida. Autor del libro La Iglesia de San Miguel de Boconó y su retablo mayor. Actualmente forma parte de Encayapa, colectivo dedicado a conocer y aplicar técnicas constructivas de la arquitectura tradicional de Venezuela.

Selección por Gladys Mendía




O-O

Y si yo tuviera los lentes redondos,

¿Mi pecho estaría cruzado por
el emblema de Santiago
como aquesta Mérida?

¿O amarrado por una flor lapizlabial
a la raíz de una bala?

Quizá prepararía té y galletas
para mis amigas
de mínimas tardes.

Habría redactado un tratado a las gracias
y desgracias
del ojo del culo
o una canción
en la que me llamo morsa y hombre-huevo.

Habría dado a luz el mejor soneto de la lengua castellana,
hijo del Amor
que mueve al sol
y las demás estrellas
más allá de la muerte,
o la canción que todo lo imagina:
¨nothing to kill or die for¨
-¿y ese vientre moreno y tenso
como la goma lúbrica de la canela?
-¿y tales ojos como el abismo en la noche?
Claro que luego sería preso
y tengo hijos que alimentar.

¿Sería yo un creador de belleza?
Si, como los demás, apenas puedo amarrarme los zapatos
y usar el celular.

-hay legiones sin celular ni zapatos

Y la belleza que ya está allí, sin que nadie la empuje,
sino que aparece entre las grietas,
en los juguetes de plástico y los motores de los carros:
¨take credit for it¨ le dijo a Gehry su profe de cerámica
y en los créditos no salgo

yo

aspiro y espiro
mi destino línea de fuga
que se escapa triangulado entre el emblema, las galletas y la bala.

(8 de junio de 2010)



Esta ciudad me hace pensar cosas extrañas
y desear imágenes de formas olvidadas,
la lluvia que regresa a nubes apagadas,
el parque silencioso, el hilo de la araña

quema la tarde
las naves del tiempo

sobre el espacio oscuro. La tez de la guadaña
corta la soledad y trazo sin medida.
En el led de tus ojos estallan las vitrinas
y el poliéster se arroja a tu cuerpo en campaña

las abubillas y las calandrias
vuelan
sobre los jardines de Nínive

publicitaria. Quién llora tras la fachada:
las cifras y modelos de nuestra Compañía
estrangulan la luna del Mar de los Sargazos.

célebre por tu cintura
y el arco de tus hombros;
por los remolinos negros
en tu nuca de seda

Los usuarios prefieren la dicha procesada:
tu corazón y el mío extractados en pasos
repetibles. La tele nos hace compañía.

y sobre los ríos de Babilonia
se dibuja la sonrisa
del ángel exterminador.

(Valencia-Mérida, agosto 2010)



Medley / Varia


Final

Nos consume el afán de más y más.
Si consiguiese ver
con ojos de certeza

más allá de mí mismo

y me encuentre fielmente

más allá del revés del espejo

no habrá muerte o temor:
Cuando algo es querido por el Cielo
ya nada se le opone.

I

Dicen que los demonios usan botas;
los ángeles, escarpines;
y las mujeres, alas invisibles
con las que acarician a los niños
y se roban a los enamorados.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete,
cada día una obra.
Todo en siete sonidos
cinco sonidos
y otros siete sonidos
silábicos
los ángeles suben y bajan al Sol
por la escala diatónica
de tu terso romavali.
Ocho, nueve, diez, once, doce, trece
nuestras vidas son torrentes y arroyos
que van a dar a la mar
que es el morirse
en la membrana erizada de tus pechos líquidos
sin amarras
felizmente alejados
de soledad y tiempo.

II

Capitán Garcilaso, este es el programa para la Ciudad del Sol:
Night in Managua
Solaris
Ella
Plenilunio
Pico-Pico
My Heart, My Light
Complicated
Blue Tropic / Tristes Trópicos
Maracuyá
Una canción, una tarde
Luego de la muerte
habrá alguien que cante
bajo un árbol de maguey
cual Ella Fitzgerald o Billie Holliday
música nunca antes escuchada
en esta tierra.
Garcilaso,
a imagen y semejanza
de Adán en el Edén
no existimos sin palabras,
nombrando cosas
que son palabras de otra voz.
Garcilaso,
cómo convertir esta habla de mozos de mulas
en vehículo adamantino de gracia y belleza,
hacerla decir lo que dice Dios
en lenguas más antiguas, Fray Luis.
¿Cómo se dice Ridwan en castellano,
cómo se dice Pâramitâs
o cómo se dirá Akuena?

III

Dueñas que habéis intelecto de amor:
a escuadra y plomada
construyo una casa
al ritmo del sol y de la luna.
La cárcel son las palabras
y la liberación.
Bellas como la luz de un campo de maíz,
cuento las cuentas de mi rosario,
tendrá 108, 99 o 54
flores de los capullos del Paraíso
la majestad de vuestras corolas
anuncia la joya que reposa en el loto.
Al final
disipa el afán de más y más.
Si consiguiese ver
con ojos de certeza
más allá del espejo
de mí mismo
y me encuentre
no habrá muerte o temor:
Nada se opone
al mandato del Cielo.

(septiembre-octubre 2010)




Stella luci stellarum

Dante, enamorado de las estrellas
Alfonso Reyes


Acercando una linterna encendida
a cualquiera de tus orejas puedes
escuchar las estrellas, cual si fueres
rojo como el amarillo. La vida
en cápsulas de cristal recluida
sabe a feo la paz de las paredes
de la oficina: odios y mercedes
en papeles y desapercibida
se fuga la brisa de tus cabellos
hacia los arrayanes. Los venados
carician las copas de los bucares
y los pomarrosos como si a ellos
llevara la autopista otros lugares
y a los arroyos los días soleados.
Las estrellan también cantan de día.

(6 de noviembre de 2010)




dolce stil novo

Me pegó un tiro un carajito.
No le vi los ojos, llevaba lentes oscuros.
Mejor me hubiera escupido.
La bala ardía como todas las llamas del Infierno,
la bala acariciaba como todas las flores del Paraíso.
Penetró por una cavidad y luego pasó a otra
y luego a otra y a otra,
en zigzag,
como la bala que mató a Kennedy.
Se disolvió en mi sangre,
ahora intoxicada de un alka seltzer milenario.
Me dejó una herida en forma de volcán inverso,
inmensa,
por la que se me salen la vida y la muerte,
la sangre y las palabras.
Me duele como si hubiera arrancado
algo más mío que un pulmón.
La bala tiene un peso metálico
fundido en mis oídos y mis huesos
en mí
la bala florecerá de oro.

(agosto 2011)






viernes, 10 de febrero de 2012

RAMIRO SANCHIZ: Narrativa Actual de Uruguay

El avance

Ramiro Sanchiz

Uruguay

Al despertar me encontré en mi vieja habitación; no había rastro alguno de los otros enfermos. Alguien la había ordenado durante mi ausencia, llevándose la enorme cantidad de papeles, fotografías y libros de los que me había rodeado durante los confusos insomnios que antecedieron a mi entrada al hospital. Fue sorprendente saberme allí, pero esa noche, misterios aparte, logre dormir bien. Al otro día desperté sin dolor. Palpé mi abdomen con cuidado -y miedo-, pero no sentí incomodidad o malestar. Alguien me había dejado una bandeja con comida. Constaté también que la puerta estaba cerrada desde afuera. Desayuné a la espera de que la digestión se me volviera imposible, pero no fue así. Todos los procesos de mi cuerpo parecían haber vuelto a la normalidad, inclusive la defecación, que concreté en un retrete dispuesto en un rincón del cuarto. Después debí quedarme dormido. Hacía años que no dormía en paz. Al despertar descubrí una mancha en la pared, como si alguien la hubiese tocado con un dedo viscoso y dejara un rastro putrefacto, como dicen los poetas. Acerqué mi nariz: no despedía olor alguno. Un almuerzo consistente en carne, papas al horno y ensalada, más una jarra de agua fría, esperaba en el mismo lugar donde había aparecido el desayuno; apenas terminé de comer me venció el sueño. Dormí por lo que debieron ser seis o siete horas, y cuando abrí los ojos, allí estaba mi cena.
Estos curiosos acontecimientos se repitieron una y otra vez. Basándose en la frecuencia de las comidas, es posible calcular que fui rigurosamente alimentado a lo largo de varias semanas. Un día (las fuerzas habían regresado a mis músculos, la carne volvía a ser firme y ya no se me adivinaba la osamenta) abrí la puerta, o me dejaron abrirla. Salí a un amplio pasillo de pisos de tabla y lambriz hasta la mitad de las paredes. Los zócalos eran polvorientos y sentí la presencia de arañas minúsculas. Nadie, por ninguna parte.
Durante todos aquellos días la mancha no hizo más que crecer. Llegó a adquirir volumen y detalles, como si fuera una semilla que daba origen a una extraña forma vegetal. Me sentí arrinconado, invadido: estaba empotrada en la pared, pero sus zarcillos crecían a gran velocidad y pronto llenarían la habitación. No sentí miedo, sin embargo; a cierto nivel inconsciente yo esperaba esa proliferación. La entendía.
Al día siguiente de mi salida al pasillo dejaron de alimentarme. Las comidas ya no aparecieron en la habitación. Recorrí la casa -enorme y abandonada- en busca de una despensa, que encontré con una extraña y reconfortante alegría, alimentada también por la constatación de que había alimentos para varios meses. Entonces di paso a otra rutina. Podía controlar mejor mis ciclos de sueño, así que, si bien dormía en la misma habitación junto a aquella planta monstruosa, dejaba transcurrir las tardes en la biblioteca y las primeras horas de la noche en el observatorio. Al principio miraba las estrellas, pero pronto mi curiosidad se volcó a la ciudad en ruinas dispersa alrededor de la casa. Pasado el primer mes (el retorno de la luna llena fue mi primer indicio de un tiempo firme y real) se volvió imposible regresar a la habitación. La planta ocupaba casi la totalidad del espacio; sus zarcillos se habían cubierto de pelo y surgían como tentáculos de un núcleo central, palpitante y animal. En vano busqué en los manuales de zoología de la biblioteca. La palabra "bezoar", sin embargo, parecía ocultar un significado importante.
Rápidamente la planta –sigo llamándola así porque es lo que más parece aludir a su crecimiento ciego, su manera barroca de invadir todos los espacios de una antigua civilización u orden– cubrió los pisos más bajos. La biblioteca fue asimilada y sólo logré salvar una novela sobre un hombre que tiene un enemigo risible y, hacia el final, está claro que él lo ha imaginado o creado sacando y dejando crecer lo peor de sí, lo que más odia de sí mismo. También me hice con otra novela, titulada La glorieta, y un libro de cuentos en el que encontré la curiosa frase “un hombre que conoció en un golpe de suerte a una Diosa y la perdió jugando una partida de ajedrez”. Me refugié en el observatorio a leer y aguardar los zarcillos-tentáculo, mientras repensaba el plan de escalar la fechada y acceder a la calle. No pasó mucho tiempo antes que tal hazaña se volvió impostergable. Deseé explorar la ciudad, salir en busca del hospital donde había estado internado, encontrar a alguna persona, ángel o demonio, perro, gato, rata o ratón con quien hablar. Mis pies golpearon el jardín el día en que se cumplían nueve meses de mi recuperación. Dediqué semana tras semana a explorar las calles vacías y los edificios derrumbados. Al principio me asustó la posibilidad de no encontrar comida; pronto, sin embargo, dejé de tener hambre. Y no encontré otra cosa que ruinas, caminos y devastación. Ninguna señal de vida en la otrora majestuosa Ventomedio, sólo la planta que emergía de la casa y avanzaba entre los edificios en una lenta metástasis.
La perspectiva de abandonar aquella ciudad me hizo sonreír. Me aferré a los libros y a los años por delante y empecé a caminar.




domingo, 1 de enero de 2012

FEDERICO ARAYA: Poesía Actual de Argentina




FEDERICO ARAYA (San Juan, Argentina, 1977). Ha publicado Todos estamos solos (poesía, 2003) y Las Paredes y el Vacío (poesía, 2005). Miembro fundador de la revista literaria Lavidapuera (San Juan, 2000). Coordinó y produjo Ciclos de poesía en las ciudades de Caucete, San Juan, Mendoza, Villa María, Córdoba. Estuvo a cargo de talleres de lectura para los Centros de Actividades Juveniles (2006 - 2009). Miembro fundador de Centro Cultural El Candil, Caucete (2007 hasta la actualidad). Creador del Ciclo de recitales de poesía Antidomingo, Caucete (2011) Es coordinador del ciclo de cine público y gratuito "Trae tu silla" (Caucete, 2011).

Selección por Gladys Mendía



POSTAL

La navidad
es un ejército
de familias cargando
bolsas de supermercado


FÁBRICA

Hace días que veo una chica
en la fábrica donde trabajo

arrinconada
pensativa
muda
mastica sus uñas

Tiene
los ojos
hinchados y cristalinos

Cuando nos dan un rato para descansar
todos se juntan en algún sector
y hablan de la tele
o cualquier otra cosa

pequeños grupos desparramados
en este gigantesco animal
que escupe engranajes
hablan
de cosas sin importancia
a la hora del descanso

Pero ella se va a su rincón
y mira hacia otro rincón
muy lejano

nadie se le acerca
a preguntarle nada

Acá nadie le preguntaría si se siente bien
o mal

Acá
nadie
pregunta
nada.


ALMUERZO FAMILIAR


a la familia tipo
in memoriam


Los cuchillos que chirrían en los platos
es casi todo lo que se oye entre nosotros
y la deglución de la carne
y la hornalla encendida al fondo


alguien pide sal
alguien pasa la sal


Los niños se miran entre sí
sabiendo que si se ríen
hay golpe en el cabeza


alguien pide soda
alguien pasa la soda


Mis ojos enfocan las moscas
que vuelan en la ventana
Un nudo avanza por mi garganta
pero no es la náusea
es la vida


alguien pide pan
alguien pasa el pan


Ella mira las agujas del reloj
y descascara el pan
las horas trágicas nublan sus ojos
que cubre con una servilleta de tristeza


Los otros
que completan esta mesa de duelo
aprietan la carne con sus mandíbulas
dientes cavando un campo minado


Cenamos en silencio
pensando tal vez
que no nos aguantamos más
que deberíamos separarnos
antes de fin de año


La hornalla que calienta la sopa
acaba de apagarse


yo la dejaría así eternamente


Pero alguien pide encenderla
Alguien lo hace.


POEMA DE ALGUIEN MIRANDO EL TECHO


Tirado en la cama
tengo sobre mí
el techo de esta casa de los 50`s

El techo está descascarado

se vislumbra el hierro de la viga
el color gastado de un ladrillo carcomido
islas de pintura desparramadas en un mapa de hormigón

viejas pinceladas de anteriores inquilinos
sepultados tal vez
o sobrevivientes en otras casas

Yo todavía no he pintado el techo
ni quiero hacerlo
está bien así
no tiene la monotonía blanca del orden

Puedo ver figuras en él
mujeres fragmentadas por ejemplo

en un rincón sus piernas
en el medio el humo de sus almas encendidas
más allá charcos de vino con el que se emborrachan
justo sobre mí hay ojos mirando la tranquilidad
de mis días

Si enmarco alguna parte del techo
podría obtener piezas de algún museo de arte contemporáneo

sin sangre ni locura

Por eso prefiero no enmarcar nada y mirar el techo
tal como está

un mapa de hormigón
islas con horizontes de grietas
mujeres levantándose entre las ruinas
del tiempo.




jueves, 15 de diciembre de 2011

MARIALUZ ALBUJA BAYAS: Poesía Actual de Ecuador




MARIALUZ ALBUJA BAYAS (Quito, Ecuador 1972). Magíster en Estudios de la Cultura, con mención en Literatura Hispanoamericana, por la Universidad Andina Simón Bolívar. Licenciada en Artes Liberales por la Universidad San Francisco de Quito. Estudios de Literatura Norteamericana en E.M.U., Harrisonburg, VA (EEUU), estudios de Literatura Francesa Contemporánea en Montpellier (Francia) y estudios de mandarín en la Universidad de Hexi, Tianjin (República Popular China).
Ha publicado los poemarios Las naranjas y el mar (1997), Llevo de la luna un rayo (1999), Paisaje de sal (2004), La voz habitada (coautora, 2008) y La pendiente imposible (2008), obra premiada y publicada por el Ministerio de Cultura del Ecuador. Su poemario inédito Detrás de la brisa ganó una mención de honor en el concurso César Dávila Andrade 2012. Sus textos han aparecido en revistas literarias y en antologías nacionales e internacionales (Argentina, México, España, Venezuela y Perú). Forma parte de la muestra permanente Prometeo Digital de la Academia Iberoamericana de Poesía. Su obra ha sido parcialmente traducida al inglés, portugués, francés y euskera.
Ha representado al Ecuador en la Semana de la poesía de Bilbao, Pamplona y San Sebastián (2010), Feria del Libro de Santiago de Chile (2010), Festival Internacional de Poesía en Cartagena de Indias (2010), Encuentro de la Universidad Católica de Lima (2006), Festival Internacional de Poesía en Barranquilla –PoemaRío– (2011), Talleres de la Imaginación en la FLACSO y diversos eventos organizados por agrupaciones culturales a lo largo de la región.
Correo electrónico: mayayu5@hotmail.com


Selección Por Gladys Mendía



SIMULTÁNEAS ALREDEDOR DEL MUNDO

Recibo la llegada de la noche.
Golpeo el teclado
este hermoso piano de vocales y consonantes que lanzan su música inaudible
dejando que la ciudad se me escape lentamente por el oído izquierdo
mientras por el derecho me invade la tierra cruda que está del otro lado
los chaquiñanes detrás de mi casa…
Si los seguía me llevaban a la autopista
que sin saberlo rompe los montes
separa el campo

y mi madre
en su pequeño escarabajo por el camino empedrado
mientras yo, en la Gran Muralla,
bajo la luna llena
me recuesto.


Esta es la casa del padre
donde partimos el pan después de su regreso.
La casa del padre en la cima de una colina que el viento se come poco a poco.
La casa del padre bajo un cielo sin nubes.

El padre que abandonó
y que hoy alarga sus brazos por encima de los montes que nos separan.
El padre que ahora vuelve renovado
como quien regresa de otra tierra
para convertirse en dios.
El padre que no parece padre
porque las aguas de cientos de ríos han acariciado sus manos
y han sido degustadas por su boca.
Aguas doradas
dirigidas por el sol en su travesía hacia la muerte.
Aguas que de tan claras se olvidaron de su condición
para ser cielo o espejismo de la arena.

Esta es la casa que no tuvimos.
La casa de los sueños tardíos
donde los nevados acarician la garganta que despierta
y las estrellas se reflejan en los ojos del que duerme.
La casa donde no hemos cosechado porque no sembramos
y donde
pese a ello
creemos pertenecer.

Esta es la casa del padre.
Aquí habremos de llamarnos hijos suyos.
Aquí habremos de volver cuando podamos mirarla desde la distancia
y sobresalga en el perfil de la montaña
como el único refugio en esta tierra erosionada.

Seremos caminantes de eternas Comalas.
Llamaremos en la madrugada con la clave que nos heredó.
Responderemos al sonido de su lengua.

Esta es la casa del padre
donde partimos el pan después de su regreso.
Donde lo saboreamos por primera vez
y por primera vez
queremos que así sea.



Más allá del páramo
donde los gallinazos entretienen la mirada
antes de anclar su soledad a la ventisca

una no sabe si podrán cerrar los ojos
para verse
si un sonido de campana de repente los lastima
si acaso su sangre en remolino se agolpa
cada vez que la garúa desdibuja la montaña

y si entonces morirán de pena

si aquel eterno picoteo de la ruina
algo de pulcro dejará en sus paladares
algo de triste
de insaciable
de sombrío
cuando la luz se desmorona en el remanso de las nubes
y ellos atrapan, consumada, la belleza.

Ya no quedan sino algunos
recorriendo mi niñez
sobrevolando los momentos
en que vuelvo a atravesar su territorio.

Son un recado de la muerte
que si llega de improviso
me tomará donde ellos cortan el barranco.

Aunque podría adivinarles las señales
y escapar.

Pero no quiero.