lunes, 8 de diciembre de 2014

LOURDES MARÍA GONZÁLEZ HERRERO: Poesía Cubana Actual




 Lourdes María González Herrero, (Holguín, 1952). Ha publicado los poemarios: Tenaces como el Fuego (Premio de la Ciudad 1986); La semejante Costumbre que nos Une (Premio de la Ciudad 1988); Una Libertad Real (Primera Mención en el Concurso Julián del Casal de la UNEAC 1989 y Premio de la Ciudad 1991); La Desmemoria (Premio de Poesía  Adelaida del Mármol  para las Provincias Orientales 1992). En 1992 publicó el libro de crónicas Acercamiento a la poesía de  Habla Hispana Escrita por Mujeres. En 1997 obtuvo el Premio de la Ciudad en el género Narrativa con su libro Papeles de un Naufragio, publicado en 1999. Su poemario El Luminoso Pájaro de la Memoria fue editado por la editorial Lunarena de Puebla, México.  Su cuaderno En la Orilla Derecha del Nilo obtuvo el Premio Nacional de Poesía Julián del Casal 1999, año en que también se le confiere el Premio Nacional a la Mejor Edición de Libros de Editoriales Provinciales.  La Editorial francesa Índigo ha publicado en francés su libro Dossier d`un naufrage, en julio de 2002. Ediciones Holguín publicó en el 2002 una selección de sus  poemas, nombrada Fijeza del Amor. Obtiene en el 2003 el Premio Especial de Poesía Bicentenario de José María Heredia con su cuaderno Los Días del Verano, que es publicado ese mismo año.  La Editorial Letras Cubanas publica en el 2003 una antología poética de nombre Pasajera la Lluvia, año en el que la Editorial Oriente publica su novela María Toda, que un año después es reeditada por Ediciones Holguín y en el 2009 por la editorial italiana Iacobelli. En el año 2005 obtiene el Premio de Cuento La Llama Doble y el Premio Oriente de Novela José Soler Puig. La parisina editorial Caracteres publica su libro Sur la rive droite du Nil, en el año 2005. En el año 2006 ve la luz su novela Las Edades Transparentes (Editorial Oriente), y la segunda edición de su libro Papeles de un Naufragio (Editorial Letras Cubanas). En enero de 2007 recibe mención en el Premio Casa de las Américas por su novela inédita El Amanuense.  Ediciones Unión publica en el 2008 su poemario Afuera Sangran los Caballos. Ha sido  Jurado del Premio Casa de las Américas 2009 en el género novela y en el mismo género en el concurso Alejo Carpentier en el 2009. Recibe el Premio de la Crítica por su novela Las Edades Transparentes, octubre 2007, y esta se reedita en el 2008. Año en el que obtiene el premio Nacional de Cuentos Guillermo Vidal, con su libro La Sombra del Paisaje, publicado por Ediciones Unión en el 2009. Es Directora de la revista de Arte y Literatura Diéresis. Dirige el Centro de Promoción y Desarrollo de la Literatura Pedro Ortiz y el Sello Ediciones Holguín.  Es miembro de la UNEAC y de su Consejo Nacional y Preside la Filial de Escritores en Holguín. Ostenta la Distinción por la Cultura Nacional. Su obra ha sido  recogida en diversas publicaciones nacionales y extranjeras. En el año 1997 fue incluida en la Enciclopedia de la Literatura Latinoamericana.


Selección por Gladys Mendía de El Fuego Recobrado, antología inédita de poesía escrita por mujeres cubanas.





CONTORNOS

Huele a final el aire,
a lo inmediato del día que acontece,
a lo increíble de mañana.

Aquí está mi espejo
y no sonríe en él mi igual estancia,
y no se cae en él mi corazón;
y yo no sé por qué, yo aún no sé.

Aquí está mi diagrama, mi mapa, mi dictado,
mi mantel sin poner,
mi cena sin hacer,
mi cama desvestida,
y está mi corazón haciendo ruidos,
y está mi multitud acobardada,
sola encima de la mesa,
con el mantel doblado bajo el brazo,
con mi cena en el sueño.
Aquí está mi escritorio, mi espuma, mi centella,
y está mi subterráneo meditando,
y está mi superficie repartiendo,
y mi inquietud imagina la cena,
la reduce, la compra, la repone.
Está mi pueblo aquí, sus ladridos,
sus timbres, sus colegios,
su soporte de cal, su soporte de hierro, su angustia,
y su primera guerra y sus combates están aquí también,
junto a los míos,
aquí, donde no me han puesto el mantel ni la cena,
donde irremediablemente compongo mi verso,
y, sin dudarlo, permanezco.







PASAJERA LA LLUVIA

La lluvia llegó a ser en la ciudad una evocada pasajera.
Lluvia, la pasajera,
yo quiero transitar en tu humedad muy lejos de este sitio,
pasajera que conmigo naciste en los caminos
de ese otro tiempo nunca semejante,
que obligaste al caído a ser el héroe
y creciste una vez en la angustiosa palma de mi mano
como un raro designio de la suerte.
Pasajera del valle y de la cumbre
donde el sol te sorprende adormecida por todo,
del mismo valle y de la cumbre
donde la luna te mece y te protege.
Pasajera temible que dispones y arguyes y compruebas
todos los signos mágicos del polvo y de la claridad.
Pasajera,
regresa a cambiar la fachada de casa,
a hacer resurgir el eco de colores que se ha vuelto tan triste,
a condenar a los fantasmas del sol en tu humedad sombría,
cae sobre mí y sobre todas las cosas.
Pasajera del abismo inmortal,
adelanta el reloj en la única iglesia
y ven a convencernos de esta vida que a ratos se me olvida
entre papeles y almohadones falsos de lino que incita al paso libre.
Pasajera que si no llegas hoy
habrá que quebrantar quién sabe qué luz mansa o qué animal
que ahuyente este calor de entre mares y tierras
pero la pasajera sigue aquí, tras mi pupila y tras el empapelado de la casa,
sin que nada convoque su caída,
su abismarse plomizo
lentamente.
Pasajera la lluvia,
llégate acá un buen rato a colorearme con tu asombro de niña, de vieja, de ama,
de reina del absurdo.
Ven que convalezco aún de estas pequeñas muertes cotidianas
y tú puedes sanar mi mueca con tu fresco limpio y discordante cayendo
en mi memoria, rodando por el relieve de mi cuerpo.
Pasajera fugaz del surco polvoriento, del camino, del pueblo,
ordena de una vez mi soledad,
pon lo posible aquí,
ordena por favor en este día el horror de mi ser
o mándame al infierno de tu ausencia por años y años y más años.
Pasajera de llanos y trigales más rojizos que el propio resplandor eterno,
la sed consume el pie del abatido
y condena la piel del conducido atroz por la violencia.
Pasajera, no dejes sin llenar mi vaso de paciencia ni de supremo amor,
ni dejes vacía la cordura, ni el pueblo:
ahora sé, pasajera, tu derrota,
tienes lanzas tan leves
que llegas a matarme y no lo siento
más que en el olor a sal, a origen, a humedad.
Lluvia, la pasajera, ven,
orienta el torpe viento que encarcela mis pies,
bate estas tempestades en las que no hago otra función que la de navío,
que la de barco y náufrago
al tiempo que tú callas obstinada en volver al gran recuerdo.
Pasajera que enarbolas furiosa tu bandera de huracán,
de vientos cómplices y contrarios,
desata el hilo que une este batir de ideas con el tiempo,
no vayas a romper el del amor, pasajera constante,
que no existe después la menor vida ni el más pequeño asomo.
Pasajera de aguas y retoños que acaricias el suave monte verde
y la penumbra mística del pozo,
pasajera, extraña pasajera que entornas mis ventanas y recreas mis soles
en las quietas rendijas deslumbrantes en que ardió el sol su esfera múltiple.
Pasajera,
y luego de repente quieres renunciar a traernos la música,
la única música que entienden los sentidos que tú misma bañaste en tu rubor.
Pasajera
la lluvia,
pasajera que olvido bajo el techo, como si fuera posible olvidar el amor.
Pasajera la lluvia:
yo quiero transitar en tu humedad muy lejos de este sitio
estremeciéndome.







TENACES COMO EL FUEGO

Este pez, este labio,
este sereno ambiente,
la ventana abierta y el aire que fecunda
pequeñas floraciones para el amor.

Esta gota de agua, este mantel,
esta angosta figura donde una mano repasa toda la luz,
y ademanes oscuros tejen los recuerdos sobre la hierba limpia.

Esta hoja, este animal cruzando suavemente los presagios,
este muro, este pino, este rumor,
esta casa donde imaginamos preservar la vida,
este vaso sin relieves, este cuerpo desnudo
donde nunca se entroniza la noche.

Este pan, esta corteza húmeda,
esta savia, la claridad, la lluvia,
la arena brillando en un modo de descubrirnos desde afuera,
de sentirnos permanecer entre las cosas, tenaces como el fuego.









domingo, 7 de diciembre de 2014

VÍCTOR DANIEL ALBORNOZ: Poesía Actual Venezolana



VÍCTOR DANIEL ALBORNOZ (1976, Mérida, Venezuela).


Poema Fuerte

Fuerte, robusto
               Invencible
               No me rindo ante nada
               Nadie me verá llorar
               El hombrecito se ufanaba ante el mundo
               Orgulloso de su lugar en el lugar
               Y firme como solo él.

Un ave, su amiga
                La mejor de las aves
Ojos divinos
Plumas risueñas
La que más vuela
Pasó a decirle: dejo mi nido
Y a otro hombre
Más fuerte, más robusto
Que parecía invencible
Que aun vencido no se rinde
Y que llora
Como los hombres lloran por dentro
Como una lluvia infinita.

El hombrecito, antes fuerte, antes robusto
Antes invencible, lloró
Como llora un hombre cuando ve llorar a otro hombre
Más fuerte, más robusto
No obstante, vencido

De pronto, El ave dice:
Iré con otro hombre
Más fuerte que más fuerte
Más robusto que más robusto
Más invencible que más invencible
Un hombre de otras convicciones
De crudos rasgos
De cocidos pensamientos
De perfecta felicidad.

El hombrecito dejó de llorar por dentro
Sintió alegría por El ave
Miró su derredor
Se sintió vulnerable
Se reconoció en uno de los más fuertes
Y guardó en el bolsillo su llanto interno
Quizás un día lo pueda necesitar.






sábado, 6 de diciembre de 2014

AMÉRICA MARTÍNEZ FERRER: Poesía Actual de Venezuela



AMÉRICA MARTÍNEZ FERRER (Caracas, Venezuela 1976) Poetisa y comunicadora social. Su ejercicio profesional ha estado vinculado con la actividad cultural tachirense,  desarrollando un trabajo de difusión patrimonial en distintos museos de San Cristóbal. Fue profesora de periodismo en la Universidad de Los Andes- Táchira. Ha sido invitada a diversos festivales de poesía y recitales en Venezuela y otros países latinoamericanos. Su poemario Al olvido se va como a la muerte fue galardonado en el Certamen Mayor de las Artes y las Letras 2006. Poemas de su autoría aparecen en la antología Los dragones de papel (Nadie Nos Edita, 2004) y en diversos portales web.


Selección por Gladys Mendía de  Al olvido se va como a la muerte


*

La palabra,
ebria de contención,
trepó hasta la punta de mi lengua
desde ahí se despeñó hacia el silencio

desgarrándolo


*

Si pudiéramos todos
encender la palabra
volverla fulgor
llamarada
abrasando nuestros nombres
                 nuestros sinos
conquistaríamos juntos
esta tupida trama hecha de tiempo

rompiendo el porvenir y su espesura



*

Andar por los bordes de esta hoja
sin apuntar el paso hacia su centro
 Desarmada
Planeo la estrategia para mi avance:

Sitiar la palabra
Replegarla y cercarla
en ese espacio,
ahora supeditado al silencio

Tomo el lápiz
pero, como una espada,
ahuyenta el verbo posible
Sus flancos se dispersan
y vuelvo a andar por los bordes
masticando esta nueva derrota



*

Sin haber caminado lo suficiente
para sentir hambre
y colmar de tierra mis poros
descubro ahora
que estoy en el descenso
de mi salto mortal.


miércoles, 26 de noviembre de 2014

MARÍA RAMIREZ DELGADO: Poesía Actual Venezolana

MARÍA RAMÍREZ DELGADO (Los Teques, Venezuela 1974) Poeta, narradora y orfebre; se ha desempeñado como gerente cultural, productora e  investigadora literaria. Ha publicado: Navajas sobre la mesa, (bid&co, editor, 2009), Quemaduras (Grupo Editorial Eclepsidra, 2004) y En el barro de Lesbos (Ediciones Funsagu, 2002); Éramos malos y otros textos agrios (Ediciones Funsagu, 2002), ha sido publicada en las siguientes antologías: La mujer rota (Letralia Editores, Guadalajara - México, 2008) y Voces nuevas 1995-97 (CELARG, 1998). En 1999 se estrenaron en Caracas sus siguientes  textos teatrales  El sabor de las uvas verdes, que recibió mención especial del Proyecto Expresiones en 2003 y Punta de Piedras. Forma parte de la Comisión del Bicentenario. Mujer e independencia en América Latina. 1809-2009. Convocado por el CEMHAL, Perú.


Selección por Gladys Mendía de Navajas sobre la mesa






Cremarse

Las reposadas marcas del cigarrillo sobre la palma de la mano permanecen mudas.


Entre los dedos se puede sostener un árbol ardiendo. Las cenizas, esos gusanos anaranjados, esperan agonizantes sobre la mesa la desnuda quietud de la respiración, para volar convertidas en palometas hostiles.

Repararse inofensiva y dolorosa cauterizando la locura, una caricia escandalosa.

Dos horas de espera, tres tazas de café, veinte ampollas perfectas, circulares. 





*

Soy el principio de la mar inmensa dibujada por un niño  en un cuaderno.

De mí salen nuevas e infinitas mujeres bailando
fundiéndonos  unas con otras.
La insistencia se torna roja
y nos complace alejarnos de aquello que pudimos haber sido.
Dejamos nuestros cabellos regados por la playa,
como un cuajo de leche cortada sobre la mesa.
Ausencia que obliga a flagelar  el vientre,
vagabundean  ojos,  no nos dejen mirarnos,
de hacerlo, nos gastamos
para volvernos cometas.





Condenada

No nací en una isla pero contengo en los labios todas las arenas.


Escucho las piedras obstinadas gritando contra el arrecife. Como ellas soy terca, improbable, negra.

También soy el pájaro manchado transformado en serpiente que se arrastra cantándole a la tierra con las escamas.

¿Quién soñaría ver como la mar  se abre y deja ver su vientre?

Sus hijos rasgados y desesperados se lanzan sobre mi boca  y escupen dentro sus trozos de vida. Y ya no hay nada más, sólo la oscuridad del agua huyendo inútil del horror, para volver, cumpliendo una condena sobre el arrecife, sobre el pájaro que no he sido nunca, sobre la arena.









lunes, 24 de noviembre de 2014

Reseña sobre Tres Novelas breves de Edilio Peña. Por Juan Carlos Abreu

Edilio Peña, Tres novelas breves(El huésped indeseable. El prisionero de la Luz. El ángel pecoso), Mérida, Ediciones Actual / Ediciones El otro el mismo, 2011, pp. 245. ISBN: 978-980-6523-83-8.


Edilio Peña se abocó desde temprana edad a la creación literaria y a partir de entonces su prolífera pluma le ha granjeado no pocos premios en los diferentes géneros hacia donde ha dirigido su interés. Entre los más importantes suma a su haber reconocimientos como: el premio Tirso de Molina (dramaturgia), José Antonio Ramos Sucre (narrativa), Miguel Otero Silva (guión cinematográfico) y la Orden Andrés Bello, entre muchos otros.En 2009,arrojado porun valiente gesto de compromiso hacia su creación y de crítica social, retiró su novela El acecho de Dios del XVI Premio Internacional de Novela “Rómulo Gallegos”, pues el jurado previsto le suscitó grandes sospechas de censura y sesgo ideológico ante algunas de las muestras de creación literaria allí presentadas.

Actualmente ejerce funciones académicas en la Universidad de Los Andes, a cargo de la cátedra de Dramaturgia y Técnica Literaria del Drama en la Facultad de Arte de esta prestigiosa universidad.

En esta oportunidad, la editorial El otro el mismo presenta la edición “Tres novelas breves” de este afamado hombre de letras.La nueva edición recoge los títulos El huésped indeseable, El prisionero de la luz y El ángel pecoso,sendos títulos en los que el autor nos lleva de la mano por los más diversos parajes de su imaginación,demostrando un gran dominio del lenguaje sin llegar a alejarse de la cotidianidad.

En El huésped indeseable, el escritor muestra una lúcida narrativa de fantasía detectivesca donde pueden entreverse algunas críticas sociales en torno a las malacostumbradas fugas de poder presentes en los cuerpos oficiales de nuestro país; recelo acompañado de cierta añoranza nostálgica por un pasado no muy lejano y que se hace patente en el recurso a desusados nombres de cuerpos investigativos y judiciales del país.

Atendiendo a su deseo de autenticidad, el autor cambia la acostumbrada división de capítulos por la de expedientes; con catorce expedientes y un juicio final, nos envuelve en la intriga que inunda al Comisario de su relato,quien nos lleva, paso a paso, hasta el momento de su muerte y el misterioso juicio que espera a sus detractores, no sin antes excitar el ímpetu detectivesco del lector y hacerlo maquinar en torno a cada uno de los expedientes.

En El prisionero de la luz (Premio Nacional de Novela “Plácido José Chacón” 1999), en una mezcla de relato científico, detectivesco y de incestuosa pasión, Peña lleva al lector hasta el lugar de sus narraciones sin ningún esfuerzo aparente, y con viveza teatral detalla las circunstancias que envuelven los hechos. Dispuesta en catorce secuencias, emulando el estilo cinematográfico en el que pronto se sumerge el protagonista, nos lleva de manera intermitente entre la historia particular de cada personaje y la historia colectiva que ellos traman para descubrir secuencia tras secuencia sus acaecimientos y los profundos motivos de sus acciones.

Los personajes muestran el reconocimiento de la sensibilidad humana en el confinamiento y en la omnisciente luz que los acompaña en lugares cruciales del relato.Así, el laboratorio donde Karl Ziegler realizaba sus experimentos para conseguir la piel que compaginaría su diario y el recinto carcelario donde el protagonista recopilará, bajo la misma luz intensa,trazos de su propia historia en la de su clon, a la vez compañero de celda y carcelero, hasta el momento en que la luz se vuelve oscuridad.

En El ángel pecoso, muestra la lucha de una mujer por alejarse de su pasado, cuando bajo las luces del escenario Jesús Rafael ejecutaba su performance bajo el pseudónimo de Alba. Las fantasías lésbicas de la protagonista junto a la joven Rosa marcan el tono de la novela, así como el constante debate entre la otredad representada por aquel personaje escénico y la mujer vulnerable y urgida de afecto, que sumergida en brandy y humo de cigarrillos, llega incluso a desempeñar funciones laicas en la capilla del barrio, para finalmente trasvasar sus propios rencores (sobre todo el recelo hacia su madre) en el personaje de Rosa, la inocente muchacha que terminará por realizar la funesta acción que Alba nunca pudo.
En esta tríada novelesca, el autor urde la trama con una lucidez tal, que precisa de fantasmas y apariciones que colmen el cénit de los relatos para devolvernos al tono ficcional de las narraciones. Así el polaco amigo del comisario en El huésped indeseable; Karl Ziegler orquestando la historia en El prisionero de la luz; y el joven soldado amado por Rosa en El ángel pecoso. Es notable también el constante recurso a la otredad, bien sea por medio de un muñeco que representa a un hijo que nunca nació, un clon para suplantar al hijo que parecía morir, o la mujer vestida de traje y sombrero representando un papel; casos ejemplares entre la riqueza polisémica presente en esta selección de textos que se complementan de un modo sospechosamente inocente.

En su ímpetu por hacer verdaderamente universal la propagación de la literatura venezolana, la Dirección de Cultura y Extensión de la Universidad de Los Andes (DIGECEX-ULA), ha dispuesto una versión en formato pdf del texto en el siguiente enlace:





Juan Carlos Abreu
Universidad de Los Andes, Mérida








WAFI SALIH: Poesía Venezolana Actual



WAFI SALIH (Valera, Venezuela 1965) Profesora de literatura, magister en Literatura Latinoamericana, egresada de la Universidad de los Andes. En proyecto doctoral en Historia. Posee diecisiete libros publicados entre ensayo, poesía, cuento y una veintena de textos inéditos. Uno de sus aportes más valorados, es el legado a las letras de nuevas voces,  a través del taller “José Antonio Ramos Sucre”, cuya permanencia, de siete años continuos, deja una inmanencia en todos sus participantes.
Su tesis sobre género, es una reflexión que abre una interrogante en torno al modo de producción cultural y sus efectos sobre el ser social, publicado en Monte Ávila Editores año 2007 bajo el nombre: Las imágenes de la ausente, es una propuesta innovadora sobre el feminismo.  
Parcialmente traducida, al árabe, al francés, inglés, y pronto al italiano, es en cátedras de literatura, y escritores de diferentes latitudes, objeto de crítica literaria desde disímiles posturas.
En estos momentos a nuestra autora  la ocupa como una deuda a saldar, el escudriñar antropológico de los mitos fundacionales para la compresión del origen almático, de la venezolanidad.
Selección por Gladys Mendía.
SECRETO
 Adentro
 como una llave
 perdida
 en el mar
 me he negado
                                                                             (Los Cantos de la noche)
CENIZAS
                                                    a Magaly Acosta Oviedo
¿Hacia
qué fondo
se precipita
 sin ruido
 sobre mí
la niebla?
                                                        (Las horas del aire)
TORTUGA
Una piedra
tallada
de secretos
Lanzada
 lentamente
 al infinito
Frágil
 y resguardada
 como un pedazo
 de Dios
 caído
                                                                                    (Pájaro de raíces)
ESCARABAJO
Ante la ciega
lluvia
una cáscara
 de ébano
se esconde
Inocente
 y diminuta
Filtra
 su oscuridad
 entre las hojas
                                                                                                  (Pájaro de raíces)
EN EL CAMPO
¿Es el pájaro
o el viento
Asomado
en la tenue
mirada
En la ortografía
 remota
de las piedras
En el diálogo
 cautivo
 de las luciérnagas?
                                                                                                  (Pájaro de raíces)
                                ¿Quién puede en el rayo de la niñez distinguir dos cielos? Círculo de lo que fue escribe su ardor a orillas de un latido.  Como si el afuera no fuese también lo fijo.   Atrás, antes, no paran de temblar, llama de una vela frente a una ventana abierta.
                                           Visito en los retratos la aldea atávica de tus ojos nativos de una inmortal desventura.  Procesión de piedras, el pasado en el movimiento habitual de mi hastío pregona el semblante sin tinte de extraviada esperanza.
                                           Peces, arrecifes y ciclones de la casa pequeña, pero jamás extinta, navegan en el desfiladero de mi garganta.  Astro de raíz hundida en la furia quebrada de un naufragio.
                                          Nosotros, nubes calladas que levitan en el vuelo curvo de lo amargo, prodigamos la liturgia de un país desolado.  Trágico sigilo en la marea insaciable de la angustia.  Allí una frase blanca, ángel en los ecos del linaje, interpuso entre mi vida tantas vidas, como en el vuelo de sus alas la secreta murmuración del aire.
 (El Dios de las Dunas)
MADRE
Había algo
sin nombre
en el polvo
de la casa
Su silencio
dejaba
una tácita
complicidad
Algo suelto
Sobre la vieja
alfombra.
EL DIOS DE LAS DUNAS
¿Quién me llama con el índice de una lágrima?
Fuego
desgranado
deletrea
el Líbano
devuelto
en la sangre
de Dios
En las raíces
entre muros
de tierra
dolorida
En inaudible
abrazo
Masacrado.
PRONUNCIAMOS EL LATIDO
¿Dime qué batalla
falta en las entrañas
sin Dios de la demencia?
Soles
embriagados
de noche
Enfilan
 hacia otro infierno
 el infierno
Vida
 llegas de vivir
tan lejos
Agrietas
el pecho de la luz
sin nadie.
PLEGARIA
¿Cuántas tumbas hay en el pecho de Dios?
Beirut
deshoja el lenguaje
de la tarde
en el humo
del café
Allí
Soles embriagados de más cielo
Abona
mi silencio
todo lo que se fue
Ancho camino de latidos
donde la hora no muere
Permanece algo
paralelo a la noche.
                                                        (CON EL íNDICE DE UNA LÁGRIMA)
                  He negado mi destino. Plegaria en vuelo, la arena, rasga  las vocales de  la fe,  arrodilladas  en la  sangre. Vértice de un infierno blanco, velo de seda, sacude las cimitarras.
                     Ramo de estrellas en discordia, poblándome el pecho.
                    No sé qué maldición sobre la roca astillada de mi vida, calcina transparencias.
                    Esto que fui, intacto en las paredes aéreas de los siglos brota más allá de la voz, en la noche que jamás termina. Desmorona entre nosotros, espacios sin piel como el insomnio. Soles líquidos sobre las dunas del Golán.
              Recoge Israel, sobre las líneas de mi mano,  el  cuerpo del Líbano en tus muertos.
                                                                                                    (El Dios de las Dunas)
                                 Atemporales los muertos, la brusca ternura de su presencia ida, golpea en el pecho, similar a un Sultán cuando hinca en el lomo blanco de su corcel las espuelas.
                                              Exceso de espesura sobrevive de ellos. Quietud ilimitada, copia el tormento en las ramas de sol. Ritual silencioso de la amargura.
                                              1973. ¿Ha muerto quién dentro de mí?  El desierto tenía la tez húmeda de pólvora, comparable a la grandeza ostentosa de un Califato. Deshace esta tarde de esfiges traídas en el paisaje litúrgico del agua, el simple acto de vivir.  Allí dibuja la borra del café, serpientes de triunfo, en el semblante de ángeles sin reino.
                                             Himnos del país inmolado por las arañas del alba, espejo ausente del devenir, pudre la luz, y el ver una rara propiedad de las arterias, proyecta este otro país sustituido por sus sombras.
                                                                                                      (El Dios de las Dunas)