viernes, 23 de diciembre de 2016

MARÍA GABRIELA LOVERA: Poesía Actual Venezolana


MARÍA GABRIELA LOVERA MONTERO (Caracas, Venezuela). Estudió Comunicación Social Mención Audiovisual, en la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas y tiene un Máster en Edición de Libros por Universidad de Alcalá. Participó en los talleres anuales literarios del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, en Caracas; de poesía con Arturo Gutiérrez y de narrativa con Israel Centeno. Ha publicado los siguientes títulos: Desvelos, Ediciones Amargord, Madrid (2012); Sabia Vida Savia: manual de irrealismo pragmático, Ediciones Amargord, Madrid (2008); Y de la noche tanto, Editorial 50 de 50, Caracas (2004); Por debajo del viento, editorial El Pez Soluble, Caracas (2000). Ha sido incluida en varias antologías de poesía venezolana. Poemas suyos han aparecido en revistas electrónicas y en papel tanto en Venezuela como en España. Actualmente colabora como Webmaster y Community Manager del Centro de Estudios Gastronómicos CEGA.
Selección por Gladys Mendía del libro Y de la noche tanto (2004)
LA CALLE
La calle se me antoja vacía
En alguna parte
La luz
Ha olvidado rellenar los espacios
Y hasta los árboles lucen trasnochados
Parece que camino por debajo del viento
No existe suficiente impulso
Para las palabras
Nunca la calle había estado tan lenta
Solo un ladrido podría
Partir en dos el aire
Y acelerar mis pasos por la grieta
Pero no hay perros
Solo estoy yo
Y nadie me reclama
LA NIEVE
La nieve tiene muchos nombres
Es inútil buscarlos en un libro
Solo el cuerpo puede distinguirlos
Entre lo que cae o se desliza
Entre lo que abrasa y no consume
Entre lo que duerme
O simplemente calla
LAS ESTRELLAS
Las estrellas son las mismas
Siguen tan muertas
Como antes
Contemplo sus cruces en el cielo
Y soy yo la que titila
Cuando niña
Las pensaba vivas
No sabía entonces
Que la muerte
Viaja a la velocidad de la luz
Y perfora la noche
EQUILIBRISTAS
Somos equilibristas
Intentamos no caer
Del hilo de vida en nuestras manos
Distribuimos el peso de nuestros corazones
Lo mejor que podemos
Y avanzamos
De cara al temblor
PÁJARO
Estoy hecha un pájaro
Me es imposible verte
Anido en hendiduras celestes
Vuelo al ras del sueño
Es inútil llamarme
Por encima del mundo
Las cosas carecen de nombre
Cuando canto
No lo hago desde las palabras
Todo es más sencillo
Sin ellas
Lo que vive
Se hace y deshace en el viento
Lo que muere
Pierde ingravidez
Se desprende del árbol
No sé si me entiendas
Siento vértigo de hundirme en la tierra
Miedo de tener alas
Y estar dentro de casa
Volar es mucho más espacio
Solo hace falta asirse a un pájaro
Y atravesar el cielo
Como se atraviesa el pensamiento
EL ORIGEN
Me adentro en el bosque de huesos
Busco el origen de la sangre
Tenso la piel
Alrededor del tímpano
Y me dejo guiar
Por el estremecimiento
Es una danza mi búsqueda
Los pies descalzan el temblor
Alrededor del fuego
Sé que en alguna parte
Manos golpean
Una y otra vez
Mis sentimientos
Son ellas las que arden
Derriten la nieve
Y encauzan la tibieza
LAS FLORES
A Raimundo Pino Merchán
Soy imparcial con las flores
Todas me parecen luminosas
Me acerco a ellas
De puntillas
Nariz y tacto
Enardecida
Imito el zumbido de los cigarrones
Las flores me ignoran por completo
Se tienden al sol
Boquiabiertas
Y aspiran algo diferente del aire
Una cierta dulzura
Que sólo los insectos y pájaros
Elevan
Las he observado largamente
Cómo balancean su belleza
Hasta los ojos
Exhalan ternuras en la noche
Y condensan la brisa
En la efímera punta
De sus pétalos




jueves, 10 de noviembre de 2016

Sobre Hatun Mayu, de Yaxkin Melchy. Por Kevin Castro



Caminata a ciegas persiguiendo el sonido del río
o una lectura de Hatun Mayu, de Yaxkin Melchy

Por Kevin Castro

Recuerdo muy bien las primeras palabras que Yaxkin Melchy (Ciudad de México, 1985) y yo intercambiamos. Fue un mail donde yo le enviaba, por aquél entonces, un texto/ensayo que había escrito a propósito de una materia universitaria que estaba cursando y mi lectura de su libro Ciudades electrodomésticas (Red de los poetas salvajes, Internet, 2008). Un texto (el mío) bastante fallido por cierto (especie de panfleto punk sobre lo que debía ser la nueva poesía), que Yaxkin me respondió de la manera más amable sobre lo que estaban haciendo por allá, y con una sentencia final: “ten cuidado con la palabra ‘debe’. En este tiempo la poesía me ha enseñado que uno propone, tienta y seduce”.

De aquél entonces para ahora no solo conversamos sino que tuvimos la oportunidad de vernos en varias oportunidades. Y la amistad que hemos tenido no solo me ha permitido conocer la gran persona que es Yax, sino, en especial en aquél entonces, conocer poco a poco lo que se estaba planteando en la poesía mexicana de finales de 2000’s / inicios de 2010’s. Era algo totalmente novedoso, fresco y lleno de una vitalidad que fuera de caer en el mero “innovacionismo” (por inventarme una palabra) demostraba tener un verdadero compromiso con la poesía. En aquél momento nos influenció mucho a Jorge Castillo y a mí, que dimos un giro de 180 grados a la propuesta de nuestra revista Mutantres y comenzamos a experimentar pero sobre todo a leer nuevas cosas, propuestas como la de David Meza que cruzaron el atlántico y llegaron a traducirse en China y Rumania, o las de Manuel de J. Jiménez, Daniela Serrata o Genkidama Ñu.

Recuerdo (y disculpa, lector, el exceso de añoranzas referencias a las experiencias personales de un servidor, te prometo que todo tiene que ver con lo que tengo que decir sobre este libro) un CD que por aquél entonces Yax me regaló, y que vimos repetidas veces con nuestros colectivos y revistas y editoriales en un viejo DVD de la casa de Jorge Castillo. El CD era un documental sobre la movida poética en México, que en un contexto difícil había optado por salir del formato tradicional, ya no solo literario, sino formal, físico, temporal y espacial, donde la performance, los asaltos poéticos, la edición artesanal y la conformación de redes espaciales (que se fortalecían principalmente con festivales subterráneos de poesía en toda Latinoamérica, o que al menos empezaban a hacerlo) y redes informáticas (en aquél tiempo, Blogger principalmente) se presentaban como forma de resistencia ante la corrupción, la violencia y el dolor del mundo, como reza el documental. Recuerdo cuánto nos inspiró todo aquello a leer, a escribir y a trabajar y mover cosas. Y en todo ese contexto, Yaxkin, evidentemente, era el poeta que unía todos los cabos, con una poesía interplanetaria monumental que entendíamos y sentíamos cercana quizá por un tema generacional, pero que sobre todo nos parecía (y me parece, hasta ahora) honesta, algo que es difícil de lograr cuando tu poesía está cerca de eso que llaman vanguardias, ya que es bastante fácil caer o quedarse en formas vacías y dibujos por el mero afán de resultar cool, sin comunicar nada, sin decir nada.

De este período, las dos últimas veces que vi a Yax fue en Pucallpa, en la edición 2015 y 2016 del Festival Dentro de los Bosques Famélicos que organiza Renato Pachas en esa hermosa ciudad. Es difícil llegar a Pucallpa y no irse con algo, con un fragmento de selva, con un poco de viento de la tarde o de agua de la laguna o de cumbia en el corazón, de esas cosas que a uno le hacen volver a Lima con ganas de renunciar a todo y regresarse inmediatamente a la selva. Sobre todo cuando además se tiene la oportunidad de compartir con amigos brillantes como David Meza, Berta García Faet, Crhistian Bafomec, Jorge Rengifo, etcétera; además de conocer a personas como Pedro Favarón, poeta y miembro de la comunidad shipibo-conibo que tiene una visión muy interesante sobre la tarea del poeta, o los poetas miembros del grupo Maldita Boa, que son las personas más hospitalarias que he conocido en mi vida.

Pero en el caso de Yaxkin Melchy no solo quedó allí. El poeta que ahora publica Hatun Mayu (Hanan Harawi Editores, Lima, 2016) nos muestra en ese libro lo que ha sido un re-descubrimiento de la poesía y de la vida a partir de no solo la experiencia espiritual de hacer Ayahuasca en una comunidad, sino de su propia búsqueda, una búsqueda personal y poética en la que incluso luego de haber desarrollado una obra magnánima de más de mil páginas el poeta persiste porque, creo, de eso se trata, de buscar, de buscar y de buscar. Si antes de Hatun Mayu, Yaxkin Melchy mostraba ante los lectores el viaje interplanetario y futurista del poeta en pos de ese nuevo mundo (o tratando de enviar mensajes desde éste, que se dejaba vislumbrar entre apuntes de cuaderno con visiones, dibujos, juegos de palabras y montañas implosionando ante el poder de la poesía, un poder que, por cierto, en muchos poemas era transmitido al lector que salía de la lectura como de una sesión de recarga de combustible poético, algo similar a lo que nos sucede a los más jóvenes luego de leer libros como Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño, aunque este paralelismo que hago resulte medio forzado), es a partir de este nuevo libro que Yaxkin opta por una mirada reflexiva, como quien se da cuenta que en realidad la magia siempre estuvo entre las flores que crecen justo después de la lluvia.

Debo resaltar aquí la influencia del pensamiento y la poética de Pedro Favarón en esta nueva propuesta de Yaxkin. Me refiero específicamente a la tarea que tiene el poeta como tal frente al mundo, y a la importancia de la poesía en ese contexto. En el texto de Didier Andrés Castro (quien estuvo presente en el último festival de poesía en Pucallpa) en el que cita la entrevista que hizo a Yaxkin en dicho festival de poesía, dice Didier:

“…sin embargo YaxKin, influenciado por el pensamiento de los indígenas, piensa que el efecto de la palabra es real. La literatura tiene poder de hacer bien o mal. Tiene poder para mostrar las contradicciones de un pueblo y quizá ayudar, hacer bien a quien se refugie en ella, pero también tiene el poder de seguir reproduciendo una forma de pensar, de reproducir la violencia que ese agolpa en nuestras sociedades. Esto hace del escritor un ser comprometido con su entorno. Quiéralo o no. Casi de forma inconsciente. Pero lo que sí se pregunta YaxKin es cómo hacer de la literatura algo que realmente haga bien, que tenga la fuerza para ser bella e impartir sabiduría o conocimiento o algo mucho más profundo, al estilo de la antigua poesía china.”

A esto quisiera sumarle un pequeño fragmento (no son las palabras exactas, pero casi sí) de algo que dijo Yaxkin en el conversatorio hecho en la Universidad Nacional de Ucayali, a propósito de una discusión sobre la poesía joven y de los estudios que Yaxkin realiza sobre oriente en México:

“La poesía ‘joven’ puede ser importante, sí, pero puesto en perspectiva con todo lo que hay, centrarse en solo eso no sirve de mucho. Lo que yo me pregunto es: ¿Cómo es que un antiguo poema de la época de la Dinastía Tang sobreviva a nuestros días? ¿Qué hacer para que un poema sobreviva de esa manera al tiempo y la historia?”

Estas dos cosas, me parece, son fundamentales para comprender la propuesta de Yaxkin. Por un lado, la consciencia del poeta como portador de un poder transformador del mundo y al mismo tiempo con la responsabilidad ética de hacer el bien, es decir, no solo buscar a toda costa tocar el absoluto a través de la poesía sino hacerlo de manera consecuente con el mundo. Lo segundo es la puesta en perspectiva, que reemplaza un inicial entusiasmo juvenil del tiempo de La red de los poetas salvajes, para tratar de re-entender la poesía, a partir de la experiencia, de la naturaleza: de la reflexión en lugar de la alucinación, de la contemplación en lugar del ensamblaje tecnológico, del caminar en lugar del ver pasar y del sobrevolar en lugar del orbitar. Después de todo, mirar con telescopio, microscopio, ácido o DMT el universo es igual de exploratorio y aventurado que mirarlo, con detenimiento y una nueva consciencia, con los propios ojos: una constante búsqueda. El poeta no produce montañas de fuego poético aquí: si bien es consciente de su poder creador (porque de ningún modo estamos ante un libro que ensalza la pasividad), entiende que su tarea es transmitir ese savia creadora de manera que produzca otros nuevos árboles, sin necesidad de quemar nada.

Hatun Mayu es la muestra total de la consciencia solidaria y bondadosa mencionada anteriormente “este es mi amor / más allá de lo que ahora comprendo / hojas / caídas / cielos / que no se han descrito” además de que su reflexión no es para nada inútil, si bien el poeta, que tiene ya bastante oficio, se permite incluir frases que parecen obvias y que las personas de ciudad (“la gente de Lima”, diría Favarón) solemos tragarnos con una mueca de “uff” aunque en el fondo esta retórica sea muy propia tanto de la lírica andina como de la amazónica: “está hecho de fragmentos de pasado, de presente y de futuro”.

Con una estética minimalista en comparación a los primeros trabajos de Melchy, Hatun Mayu explora la belleza en lo honesto. Es decir: embelleciéndolo desde el contenido, que termina calzando perfecto en los recursos líricos del poeta: los tiempos breves pero lentos, el tono de pregunta usado varias veces en las preguntas que se hace a sí mismo el poeta, las metáforas de pocas palabras y gran significado: “vi mi vida llevársela el río / una hojita que se lleva la corriente / y no sentí pena. / Agua es piedra / piedra es agua”. Además de las referencias a poetas y sabios orientales  e indígenas de Norteamérica que refuerzan la sensación de que el libro tiene el cometido de dejar esas sentencias en forma de verso (a la manera en que enseñaban los sabios del antiguo oriente), a partir de la experiencia del poeta.

¿En qué momento ocurre la revelación? ¿Cuál es el instante en el que el poeta decide que el camino no era la biblioteca sino la naturaleza? (“me he cruzado con esta flor / y he dejado mi bilbioteca / para buscar al dragón / para montar en el buey”). El lector lamentará no encontrar esa gran revelación en Hatun Mayu. Y es que no hay tal cosa. Aquí Yaxkin nos tiende una trampa: como en los antiguos sutras, nos deja entrever, en claves, las revelaciones que ha tenido:

“He llegado aquí, ligero,
pero la distancia es un peso también
¿Por qué he venido cargando en mis espaldas tantas nubes?”
(O  el descubrimiento de contemplarse a uno mismo como parte tan minúscula del universo)

“Los bosques
que fueron arrasados
ahora crecerán entre los pálpitos
de nuestros corazones”
(O el poder creador del poeta para construir un nuevo mundo que renace hermoso ante nosotros)

“Contemporáneo de la poesía experimental
Contemporáneo de la poesía no experimental
no me pierdo
pongo una mano en mi pecho
y la otra la extiendo arriba
y dejo subir a los pajaritos”
(O de la inutilidad de las discusiones formales de la poesía frente a el contacto con Lo Vivo del mundo, que es la fuente de vida y poesía)

Lector: el libro entero es una revelación. Cada sentencia y cada poema de Hatun Mayu (en especial el poema de la página 46, 47 y 48) leídos detenidamente son la muestra de un conocimiento adquirido por el poeta que, debo confesarlo, sobrepasa el entendimiento de un servidor, que se limita a adivinar aquí y allá la presencia de algo que no sé explicar, pero que presiento grande, con el poder de llenar de vida la vida, de reverdecer los prados, sin importar a estas alturas si como escritor me inscribo o no a su estética (que es bella, bellísima, de una manera muy difícil de explicar) o a su ética.



Este libro, Hatun Mayu, del cual he leído fragmentos en algún recital donde me dijeron que aquél poema de la página 46 le parecía revelador y le dejaba pensando miles de cosas sobre la poesía actual a la persona que me lo comentó, marca el fin de una etapa poética en Yaxkin Melchy y el inicio de otra que espero en algún momento poder entender a cabalidad, ya que creo intuir, de manera muy borrosa, las luces de un camino que empecé a caminar como lector luego de leer El Sueño de Visnú de David Meza o ciertas partes de Rehenes del tiempo de Walter Curonisy. Y es que, querido lector, si de algo está convencido un servidor es de que hay que explorar los caminos incluso si estos pareciera que se nos escurren en las manos. Después de todo, aquél que apuesta por la poesía con honestidad y amor, si bien no tiene la victoria segura (de hecho, tiene un 99% de posibilidad de derrota), es dotado de una intuición u olfato que a veces permite vislumbrar, aunque de manera desordenada (nosotros los menos “tocados”), haces de luz, formas, escuchar el sonido de un río grande que intentamos rastrear haciéndonos paso entre ramas, a ciegas y desnudos.





martes, 11 de octubre de 2016

LOS CROMO-SOMOS DE ANTONIO IANNECE






LOS CROMO-SOMOS DE ANTONIO IANNECE

Antonio Iannece,  el italiano (Aquilonia, 1957-), fue deslumbrado por el Caribe, los colores intensos, las formas voluptuosas y los ritmos caóticos lo enraizaron en estas tierras y no le han permitido regresar. Fue seducido por el “otro mediterráneo”, del Omeros de Derek Walcott. Conocedor de la luz por sus estudios de fotografía en Italia, ha escogido el color como fuente principal de su lenguaje plástico. Las formas llegan después, en un intento desesperado de orden, para crear una arquitectura que sostenga el color. Más de veinte años entre las costas cumanesas y la insularidad margariteña han marcado su percepción, su visión ha devenido en una celebración de formas curvas y colores vívidos. 

La música caribeña también ha dejado secuelas estéticas que podemos ver en su obra. Tanto lo maravilló nuestra música que hasta llegó a tener su propia orquesta en Cumaná llamada “La Predilecta”.  Desde entonces se familiarizó con los ritmos bailables y el  jazz latino que permean su uso del color, sus pinturas se convierten en fiestas, en “jams” visuales.

Iannece trajo del viejo mediterráneo sus primeros estudios de arte y arquitectura. Las vanguardias venían en su maleta cultural: El Jinete Azul, la Bauhaus, en especial Paul Klee, influyendo en su filosofía del arte y la tendencia al primitivismo que descubriremos en parte de su obra, en las figuras, casi de petroglifo, integradas como animales en la selva en lo que  Klee llamaría composiciones, otras quizá estén relacionadas con el hecho de haber recibido en 1978 un premio por ilustración y comics en la Universidad de Nápoles y con la experiencia de diseñar ilustraciones para el diario “Il Mattino” de la misma ciudad, el año siguiente.

Las composiciones de Antonio son también una búsqueda espiritual, un retorno a las formas primordiales, casi celulares, cromosómicas, la luz y sus colores, una y múltiple, la interdependencia como condición plural del ser: cromo-somos. En palabras del mismo artista: “En algún rincón de la memoria aparecen fragmentos de formas y colores olvidados. Son como desechos que afloran  y se van juntando, sumando, acumulando hasta saturar la superficie”. Encontramos aquí el anuncio de lo primordial que regresa, los rastros, las pistas del origen, la memoria indestructible de la propia verdadera naturaleza, nuestro auténtico estado con sus infinitas posibilidades de manifestación emergiendo desde las profundidades de sí mismo hasta cubrir la superficie, impregnándolo todo. El mismo estado que abiertamente busca al seguir las enseñanzas del Lama Chögyal Namkhai Norbu desde hace más de 30 años.

Todos estos elementos se mezclan en este artista como las aguas de los dos mares que lo conforman culturalmente. Quienes lo conocemos sabemos que Antonio, el caribeño,  está en su mejor momento, renacido, reconociéndose, haciendo síntesis de sus experiencias, unificando sus dos mares, sus dos mediterráneos, sus dos caribes, sus composiciones surgen ya como frutas maduras. ¡Disfrútenlas!


 Por Carlos García Rad
(Texto leído para la inauguración de la exposición Cromo Somos, Casa de la Cultura de La Asunción, Isla de Margarita Venezuela, 2015)













Fotografías por Gladys Mendía.

viernes, 7 de octubre de 2016

MARÍA ANTONIETA FLORES: Poesía Actual Venezolana



MARÍA ANTONIETA FLORES (Caracas, Venezuela 1960). Escritora. Magister en Literatura Latinoamericana. Ha publicado los poemarios: El señor de la muralla (1991), Canto de Cacería (1995. Premio de Poesía de la I Bienal de Literatura Municipal “Augusto Padrón” 1994), Presente que no en ausencias (1995), Agar (1996), criba de abril (1998), Los trabajos interminables (1998. Mención Premio Municipal de Literatura en 1999), índigo (2001. Premio Único del Primer Concurso Transgenérico de la Fundación para la Cultura Urbana), limaduras (2005), la voz de mis hermanas (2005), regresaba a las injurias (2009), madera de orilla (2013), temples (2014), deletérea (2015). En ensayo, obtuvo el Premio Municipal de Literatura “Rafael Angel Insausti” mención Ensayo 1996 (Barinas) con Sophia y Mythos de la pasión amorosa editado en 1997 y ganó el Premio de la Mención Ensayo Literario de la IV Bienal de Literatura Mariano Picón Salas 1997 con Espiral sonora. Lectura de Ida Gramcko. Recibió el Honor prizes (for complete work) Naji Naaman’s Literary Prizes 2016, otorgado por la Naji Naaman’s Foundation for Gratis Culture, de Líbano, por su trayectoria completa. Su poesía ha sido traducida al inglés, italiano, alemán, francés, brasileño, rumano. Ha sido, también, incluida en más de veinte antologías nacionales e internacionales. Ha participado como poeta invitada en distintos festivales y encuentros internacionales en Colombia, Brasil, Argentina, México, Romania, Austria, Costa Rica, Nicaragua, Panamá, Perú.
Selección por Gladys Mendía.
J) De cómo una dama consciente
entrega sus riquezas y joyas a quien
recorre los campos de guerra
empuñando la aniquilación.
Señor de la Muralla
portadora
alta sobre toda cabeza
imploro un poco de tu fértil riego
Mira este rostro de ágata
promesa de sabias noches
la tolerancia de mis suaves pies
Recíbeme
dame la fuerza
la metamorfosis y la destrucción
Alójame
Hazme engendro de toda noche
Cuervo o ciervo de laderas
Soy cántico de antepasados
un nuevo hechizo
fragmento del cuarzo de los relojes
la de los signos y vientos favorables
el astrolabio
Fela fela
es tu orden
simple promesa del tiempo
de El señor de la muralla
el esqueleto de las hojas
sólo sabe de un viento indetenible
que las habita y las quiebra
el golpe de sus cuerpos cuando caen es silencioso
apenas crujen entre ellas
apenas dan cuenta del tiempo
y en las noches forman piras
Aquí también las hojas enrojecen
de Presente que no en ausencias
**
una luna azul
último trago
una botella de vino
blanco
cruzando el recuerdo
como si sus labios jamás dejaran de besarme
como si su cuerpo no fuera más que un largo abrazo
hoy
una luna azul en esta ciudad
casi plena
la música es tan lenta
la alegría que me sumerge
crazy and frágil
di los pasos que no regresarían
urdiéndome
en un intento de no ser recuerdo
de ser la larga mirada de un despertar
nubes azules, azul petróleo o añil
breve cubo que las manos desmoronan
una paciencia que espera
la tintura se disuelve
un cuerpo que se sumerge
plenty
hoy hay una luna azul que vibra sobre la piel
las pituitarias dilatadas
en el deseo, las membranas
teñiré mis palmas con el añil de la tristeza preñada
tatuada con cortes y arena
de índigo
viento contrario
le imploras a los árboles
que reciban los males que sobre ti han caído
las hojas lentas
apenas el tributo de la lluvia
tu respiración sibilante desencadena
la historia que asesina tus días
el vacío que encierran tus vísceras
entre el follaje
el vuelo de los pájaros
urgida por la serenidad
te detienes a escribir este poema
cautiva tú
en los tendones desgarrados
de la voz de mis hermanas
las grandes aflicciones
las palmeras
cuanto más peso llevan
más alto ascienden
tú del orden de los tréboles
te extiendes sobre una tierra roja
al borde del camino
seco y flaco el rastro de un arbusto
la higuera
tu mano extendida bajo su sombra
en la otra tierra
los eucaliptos se mecen bajo el viento rojo
hoy te despiertas con certezas
la luz del amanecer te contradice
diez lirios abrirán hoy
regresas de días de lluvia
las palmas se han secado en tus jardines
ellos te expulsaron
un niño canta
el zumo dulce de la naranja se seca en tus labios
y apenas comienza el día
de la voz de mis hermanas
las piedras cautivas
apareo piedras
lejos del sol y la lluvia
para recordar que el alma
es lo más firme del cuerpo
a ellas le ofrezco este silencio
la luz que por mi ventana adentra
de temples
de un lado a otro bajo sombras extranjeras
son las mantas las que yacen
sólo pido la resaca del regreso
allá donde los ríos confluyen
este paso majestuoso siente el lento contraerse
el espasmo que se detiene en tu boca
la bóveda mía de mi paladar temblando
allá con lo lejos del roce
se dibuja la mía maldad
violenta e irascible sobre los tejidos
ellos tan bien cerrados
ceden a los vapores húmedos
y no hay clemencia
de deletérea
en oliendo en deseándote toda mía se me iba ya sin mí me presagiaba
arduo tajo y mucha sangre por la ausencia el silencio haciendo
estragos toda negra en las cenizas aún ardía me gemía
en los velos
el aposento estos labios tanto ya dolidos de juntarse llanto no
entendían de palabras ya sabían de humedades sudores temblados
eran
tu nombre tuyas manos tuyas que me hacían más rajada más
hendida
y vino en detenerse este viento fugitivo
yo tenía entre los dientes los aromos de las rosas
de deletérea




miércoles, 14 de septiembre de 2016

Sobre La luna no es pan de horno, de Laura Antillano. Por Gladys Mendía


SOBRE EL CUENTO LA LUNA NO ES PAN DE HORNO
por Gladys Mendía

LAURA MERCEDES ANTILLANO ARMAS (Caracas1950) Escritora venezolana. Ha incursionado en los géneros del ensayo, poesía, el cuento, la novela y la crítica literaria. También ha trabajado como titiritera, guionista de radio y televisión y promotora cultural. Desde su niñez ha estado vinculada a la ciudad de Maracaibo. Licenciada en Letras mención Letras Hispánicas por la Universidad del Zulia (LUZ). Profesora jubilada de la Universidad de Carabobo. Actualmente preside la Fundación La Letra Voladora y es productora del programa radial La Palmera Luminosa

Sobre el cuento La luna no es pan de horno, la escritora comenta:
“Con esa obra gané el concurso anual del diario El Nacional en agosto de 1977, ¡cuando era otro diario! Fui la primera mujer que lo obtuvo. Es el único texto que escribí, de la primera hasta la última línea, las 12 cuartillas, de una vez, en una noche. En abril de ese año había muerto mi madre. «¡Tú sigues creyendo que la luna es de pan-de-horno!», me decía ella. Y era verdad: a cierta edad uno vive ilusionada, todo le parece maravilloso, y no lleva gravitando sobre su cabeza la «otra parte», la zona de lo oscuro, de lo que para mal le puede ocurrir. Al presente ya no creo que las cosas sean así, pero afirmo que debemos seguir tratando de construir esa luna de pan-de-horno…El cuento fue traducido a varias lenguas y otras personas, nacionales y extranjeras, me expresaron sentimientos afines o me comunicaron que profundizaron en él como parte de tal y tal estudio. Conocí y siempre recuerdo a una profesora de Nueva York que me contaba sus vivencias, lloraba y me decía: «¡Esa no es su madre, es la mía!» Ese es el momento en el que se produce la verdadera comunicación, cuando el lector se apropia del texto y lo hace suyo... En el instante en que un libro se publica, ya es del lector”


El cuento es narrado en primera persona y dirigido a una segunda: su madre muerta, a quien la mayor parte del cuento le habla de Usted y le dice Señora, creo que para poder tomar distancia y enunciar su monólogo sin quebrarse emocionalmente. La primera imagen es la madre en el ataúd y a partir de allí, todo lo que ha quedado, luego un par de anécdotas: una en la peluquería, otra en un consultorio médico; para luego confesarle que su recuerdo permanece en cada situación que va viviendo en su cotidianidad con su padre, sus hijas, la universidad, los quehaceres del hogar, hasta el punto que la reconoce en ella misma.

En cuanto al tiempo, no es lineal, es pendular, se sitúa en un presente cotidiano sin la madre y regresa al pasado cuando la madre aun vivía, contando esos momentos cruciales donde las dos tuvieron enseñanzas de vida surgidas de circunstancias difíciles.

Tiene un estilo confesional, autobiográfico, anecdótico, íntimo. El lenguaje es cercano, me refiero a que tiene que ver con un tono oral, ya que se está dirigiendo a su madre, sin perder la perspectiva de la narración escrita, como una especie de carta, aunque no lo evidencie en el texto.

Las descripciones abarcan muchos aspectos: desde lo físico, a través de los cinco sentidos, pasando por los emocionales y psicológicos, desde la memoria.
Son varios párrafos, unos breves, otros largos. Están escritos de tal modo que la lectura fluye ligera y debido a la temática de la muerte de la madre, conmovedora hasta las lágrimas.

Los espacios en los que se desarrolla la narración son diversos, están los físicos: la casa familiar, la peluquería, las calles, el cementerio, la universidad, una plaza y desde el espacio emocional: la memoria emotiva.

La sensación de vacío, de dolor desgarrador, las preguntas nunca dichas, arrepentimiento, reflexiones de vida, todo eso está de principio a fin.


Considero que este cuento recrea dos grandes y obsesivos temas en occidente: la muerte y la madre, de allí su universalidad.


jueves, 26 de noviembre de 2015

ANA MÓNICA VÍLCHEZ: Poesía Actual Peruana


ANA MÓNICA VÍLCHEZ (Lima, Perú 1980) Es Bachiller en Comunicación Social por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde también curso estudios de Maestría en Estudios Políticos.
discursos interiores. TEORÍAS SOBRE EL ROMANTICISMO (Hanan Harawi Editores, 2015), es su primer poemario.


Selección por Gladys Mendía



CABEZA DE MINOTAURO

En mi libreta verde todo es posible.
Cada semana apunto en ella los libros que debería leer,
películas que debería ver, ciudades a las que debería volver,
los recuerdos aún no vividos y las cuentas mensuales para que
los libros, las películas, la soledad y el Amor
nos reunamos en esta habitación
esperando algún futuro.

Personalmente creo que todo es posible.
He aprendido a creer y crecer a pesar de mí, conmigo, en mi contra.
Probablemente termine en otra libreta verde
señalando los miles de días necesarios para cumplirlo todo.
Probablemente       otra vez
la cabeza de minotauro
                 la cabellera de medusa  
                                                             el corazón de cocodrilo...

Estoy llena de libretas verdes y promesas.
De especulaciones y teorías que jamás comprobaré.
Soy la suma de una desidia innata y las ganas de sentarme
en algún malecón de Lima con una botella de agua y cigarrillos,
esperando el atardecer.
O más bien, esperando nada.

Soy la suma de estrellas pegadas en el techo de mi habitación,
el arrepentimiento diario por las papas fritas y las divagaciones
sobre todo esto y todo lo anterior.

Soy un círculo vicioso.
Un ser eternamente en formación.
Aprendizaje de autoamor mi rompecabezas eterno,
aprendizaje de mirarme en el espejo con paciencia y ternura:
dicen que soy un soñador que sueña.

(Suspiros bajo el farol, cervezas, Δ9-THC,
una agüita salada que no es de la mar y mi libreta verde
entre los Santos Lugares y un pabellón de El Ángel
ebria
de una solitaria y dulcísima presencia).

Escribir y solamente.
Como una bonita cosa tonta para sospechar que aún estoy viva.
Escribir y solamente, sin el dolor de un auditorio vacío
en la primera función.
Escribir solamente sobre las preguntas celestes. Las inmensas.
Sobre la honestidad de los placeres y ciertas preocupaciones.
Escribir y aceptar que estas divagaciones son materia inútil
como otros trillones de poemas muertos en el mundo,
solamente.

Cierto es que en mi libreta verde
no escribo sobre cosas trascendentes.
Soy más que simple:
soy cotidiana.

Más cierto aún
las libretas verdes y la Poesía
dan un sentido a la vida.
Otro lo da el Amor.

Gracias a eso escribo. Solo por eso sueño.

sólo el sol
el sol solamente
solo en el cielo
y yo tan solo
a solas con el sol
sonrío simplemente