sábado, 1 de septiembre de 2012

JAVIER FLORES LETELIER. Poesía Actual de Chile


Javier Flores Letelier (Chile, 1982). Es uno de los fundadores del Colectivo artístico cultural Río Negro, editor de la revista homónima y de la Revista de creación literaria La Ira de Morfeo.


Web:




 Selección por Gladys Mendía.


Dejar la ciudad.


Dios me hizo un animal del desierto, semejante a él, a cualquier rostro,

a los rostros de las llamas que aúllan en los portales de las cuencas de los océanos.

Despierto ebrio en la madrugada, él despierta conmigo.

Salivo en mis labios partidos y su presencia los amarga.

Mis hermanos, a cada uno de ellos los escucho gritar esta noche por salvación;

no puede haber paz en el corazón de un imperio...

soy un hombre creyente, y he ya pagado el daño que he hecho

a lo único que me importó en vida; que una mujer joven hiciera poner

mis manos sobre su espalda débil y enrojecida por el frío;

tener un camino por donde volver iluminado por la luna

desde los golpes en el bar, la miseria de los siglos,

el recuerdo de la mujer piadosa y su sonrisa de fuego

hasta el cementerio para ver los ojos de mi padre,

nuestro gran padre, cerrarse otra vez en el final del camino

entre las grietas de los montes donde duermen tranquilas

las criaturas más crueles que se puedan imaginar...




Para alcanzarte esta noche, debiera dejar el alcohol.

Para alcanzarte esta noche, con mi presencia incandescente

con la que desgarro mi garganta en cada sorbo y salvarte de una muerte indigna,

de ver mi rostro destruido en los sueños,

debiera ser ahora la última vez que te convenzo para hacer el amor

con las palabras, con la rabia de las palabras

que llevan a dos personas a buscar sus rostros,

me aconsejó con el cariño y la desesperación de un padre al borde la muerte

el sacerdote al que visitaba los domingos para ver nacer de sus manos

el relámpago que encandilaba su temeroso rostro,

el de nosotros viendo en las miradas entre la niebla y los destellos de tibia oscuridad

en los cuerpos desnudos de ángeles hechos de mármol, sangre y rosas,

en los labios y mejillas el color del pudor y la resignación,

la rabiosa voz de la fe.

Creímos en el poder del canto de las bestias redentoras del frío cruel de las iglesias,

que la fuerza de los pechos de los muertos

está en la voluntad de las armas de los pobres, escuchamos venir el mar mercante,

la tristeza, la pasión, el misterio del alimento de las ratas,

la sotana que entre las sombras nos entregaba el lugar

donde llorar a los seres queridos fallecidos y desenterrados

que aún nos hablan dolientes en las cruces de nuestro trabajo diario.

Los recuerdos de la vida pasada son intocables, el deseo

era algo desesperante que no tenía nombre, recuerdos que se convertirían en eternos

por el esperado secreto que tenía Dios con las mujeres

viajando por el aire entre los vestidos, como la calidad de los venenos

que antes de matar, dejan el espíritu exaltado

con las profundas voces de los cuartos oscuros...




Esta tarde estabas triste, te veías cansada, ardiente y soñolienta,

habías esperado en vano la noche de mi suicidio

y el reencuentro con mi voz aguardentosa,

el reencuentro con esa vieja mujer que rodeaba el cementerio

y que se parecía a tu madre, el milagro en tu velador, el amanecer

después de contarte los secretos crueles por los que agacho

la cabeza entre tus manos esperando ser juzgado por algún animal de las sombras...

Diez años atrás, cuando aún era algo más joven que tú

y estaba frente a nosotros el silencio que llenar

con baladas, sexo y nostalgia, las mismas calles de toda la vida que volver a construir

para correr a abandonar los derroteros en las esquinas del agua de lluvia estancada

en los inviernos en donde detrás de la calidez de la conciencia dormida hablábamos en

silencio de la vida y la muerte, de la tierra húmeda y de la sangre de los corazones.




Diez años atrás, cuando todo lo que tenías eran tus esculturas apiladas en una bodega

demostrándote en secreto el arte contenido en los animales cansados,

tus párpados violáceos después de llorar por la impotencia de no poder

agarrar el mundo con tus manos, sobre tu ombligo y hacerlo arder con tu pasión,

cuando mi piel era pálida y mi dorso ágil y mis pensamientos debían servir

al bien que se esconde detrás de los corazones, a los corazones que se esconden

detrás de los objetos, a los objetos de la memoria que tienen su propio olor.




Diez años atrás, cuando me hablabas de tu padre desaparecido,

al que extrañabas y que fue exiliado por su cariño

por el trabajo con la madera y por todos los espíritus

que descansan en las manos heridas que persiguen las vetas.

Cuando te hablaba la voz de mi padre, el castigo de la vergüenza bastarda,

la angustia de lo divino, el poder de los elementos,

ese hombre sonriente, grave y sarcástico,

músico frustrado, jugador reprimido

que preparó su juventud levantando durmientes abandonados

de las estaciones de ferrocarriles; en ese entonces, no hubiera sido casualidad

encontrarte en mi camino, encontrarte en mis vicios,

en la carga cegadora del aire antes del anochecer y en las imágenes del desierto;

no teníamos que sacrificar nuestras vidas, nuestra dignidad,

para comenzar a olvidarnos...

has logrado tenerme en vela mirando las calles,

en mi mente las cordilleras y los montes demolidos por la persecución ansiosa

para alcanzar a los animales que en sus estómagos tendrían el valor del polvo milenario,

has logrado cansarme el cuerpo, despertarme el deseo; despertarme el cuerpo,

cansarme el deseo, de todo, de estar vivos,

he comenzado a dormirme triste y tranquilo, hablar con la oscuridad,

llorar en libertad como los niños, pensar que nacimos dueños y castigadores

del mundo que no conocemos, cuando sólo necesito un trago...

que te acerques con otro nombre para pedir un vaso hasta el tope,

un lugar donde dormir, hablar ebria, regalar los objetos coronados de tu ropa;

confiar, confiar, confiar...


Tengo rabia, el resto de los animales no podrán volver a escucharnos...

por qué detienes mi embriaguez, por qué no me dejas pelear cuando alguien pretende

que puede despreciar tus vestidos.

Pon tu mano sobre mi espalda, en los rincones de la carne desgarrada,

el frío del viento es igual entre los árboles, la muerte cruza igual nuestras vidas

armándonos de nombres y fuerza en nuestros pechos,

el agua del mar envenena la carne entre los pliegues de tu piel

cada vez que cierras los ojos y no quieres ver el día terminar otra vez...




Lo que estoy pidiendo, es que devuelvas el alma que robaste de los rosarios,

devuelvas mi alma al pozo negro, donde el elemento de las águilas

parece susurrar la palabra padre...

domingo, 26 de agosto de 2012

Hoy 26 de agosto: Presentación de Me Vibra en Panamá

Mosaico

Chile y Panamá vibran

La antología ´Me vibra´, con poetas panameños y chilenos, se presenta hoy, a la 1:00 p.m.
MARILINA VERGARA POLO
ESPECIAL PARA LA PRENSA

ESCRITOR. Edilberto González Trejos LA PRENSA/Archivo

















La publicación de la antología poética Mi vibra: Brevísima antología arbitraria de poesía Chile - Panamá es prueba fehaciente de que el libro en papel está más vivo que nunca.
La idea surgió por el contacto que tuvo Edilberto González Trejos con Gladys Mendía, venezolana residente en Chile, que coordina la publicación digital Los poetas del 5 (www.lospoetasdelcinco.cl), una revista trimestral que promueve la creación literaria de América Latina.
Contrario a la tendencia de llevar los libros a la internet, este poemario ha ido en vía contraria para materializarse en papel.
En los últimos años, Mendía ha publicado el trabajo de varios autores panameños y “al ir descubriendo nuestra poesía -con énfasis en aquellos poetas nacidos en los años 1970 y 1980- se interesó en ella y me propuso la antología, con su contraparte chilena”, cuenta González Trejos.
El criterio de selección para obtener los nombres de los escritores participantes “fue que se tratara de poetas nacidos en las décadas de 1970 y 1980”.
Los autores panameños incluidos en Me vibra: Brevísima antología arbitraria de poesía Chile - Panamá son: Eyra Harbar, Gorka Lasa Tribaldos, Javier Alvarado, Javier Romero, Katia Chiari, Lili Mendoza, Magdalena Camargo Lemieszek, Porfirio Salazar, Salvador Medina Barahona, María Gilma Arrocha Castrellón y Edilberto González Trejos.
Y, en el grupo chileno aparecen Alejandra Fritz, David Aniñir, David Bustos, Diego Ramírez Gajardo, Elizabeth Neira, Felipe Cussen, Felipe Moncada, Gustavo Barrera Calderón, Marcela Saldaño, Priscilla Cajales y Yeko Aguilera.


BINACIONALES
Según González Trejos, este tipo de publicaciones son valiosas porque “debemos ir haciendo antologías, no compilaciones. Es decir, trabajos con un criterio de curaduría, con base en la estética, la ética, la generación o girando en torno a un leitmotiv o eje temático”.
También porque los “trabajos binacionales dan a conocer la poesía panameña en otras latitudes”.
Este libro fue presentado en Chile, en marzo de este año, en el marco del Encuentro Internacional de Poesía.
En opinión de Erasto Espino, quien será el responsable de presentar la obra Me vibra hoy en la Feria Internacional del Libro, en el Salón Boquete de Atlapa, “la literatura panameña exhibe hoy una calidad sostenida que lamentablemente es poco conocida fuera de nuestras fronteras”.
Considera que “antologías como Me vibra sirven de herramientas discursivas que, por su carácter internacional, rompen el aislamiento y establecen puentes literarios”.
Este crítico literario y docente sabe que “el género poesía no es masivo -al menos en su formato impreso- por tanto, iniciativas como éstas sirven para ampliar horizontes a un género fundacional que cultiva lo más preciado y tenaz que posee todo ser humano: su propia interioridad”.
“La poesía abre puertas que no deben estar clausuradas y permite atisbar caminos que – verdaderamente - conducen a la plena realización humana”, destaca Espino.
Celebra la publicación de este libro “que permite palpar las rutas actuales de la poesía en dos países hermanos y así avanzar juntos en un diálogo literario que tiene consecuencias positivas para el desarrollo humano de sus autores y lectores”.

jueves, 23 de agosto de 2012

YOLANDA PANTIN: Poesía Venezolana


YOLANDA PANTIN (Caracas, Venezuela 1954) Poeta, ensayista y editora. Estudió Letras en la Universidad Católica Andrés Bello en Caracas. Vinculada al grupo de poetas mujeres reunidas bajo la denominación de «Generación del 78», sus inicios literarios la señalan como destacado componente del grupo poético «Tráfico». Fue miembro del consejo rector del Fondo Editorial Pequeña Venecia y de la Editorial Luna Nueva de la Universidad Metropolitana de Caracas. Ha publicado Casa o Lobo (1981), Correo del Corazón (1985), La Canción Fría (1989), Poemas del Escritor (1989), El Cielo de París (1989), Los Bajos Sentimientos (1993), La Quietud (1998), El Hueso Pélvico (2002), Poemas Huérfanos (2002), La Épica del Padre (2002), País (2007). 21 caballos (2011, en prensa). En 2004 publicó el libro Poesía reunida1981-2004, ese año recibió la Beca Guggenheim.

Selección de poemas por Gladys Mendía.


Poema de las dos cabezas

Este es el poema de las dos cabezas


Sol

Cuello Cortado

descansa sobre la hierba


Cabeza Soberbia partió a los Australes


Sol

Cuello Cortado

dejó que un insecto

revoloteara en sus labios


y durmió un instante


Cabeza Soberbia

cansada del viaje

haló de los pies a su amante


Estuvieron parloteando un largo rato


Una tormenta siguió a la otra

mas estas cabezas tenían mucho que decirse


Sol

Cuello Cortado

saltó sobre la nieve


y posó sus labios

sobre la boca tumefacta que hervía

sobre un hervidero de palabras


Se contaron sus vidas


Esto era todo lo que tenían que decirse

sus vidas sus amores


La noche las encontró

bajo un bloque helado


-el viento ululaba en el paisaje blanco-

“Es un presagio”


dijo Sol

Cuello Cortado


“No hagas caso”


Cabeza Soberbia sintió pánico

y entrechocaron sus orejas en un largo abrazo.

La canción fría, 1989 


Son tres los zopilotes

Mira volar los zopilotes son horrendos

Allí están en la cornisa del otro edificio


Mientras sirvo el café las aves negras

se han posado en la antena parabólica diríase atalaya


Cada uno conserva el equilibrio que es suyo y no del Otro


¿De quién comen?


Ahora vuelan sin moverse no hacen ruido

Son tres los zopilotes ya lo he visto


una madre y dos de sus pequeños

o una pareja de amantes y su sombra.

Los bajos sentimientos, 1993


Piel de vaca

Silvia Guerra

fue quien dijo


algo acerca

de la res colgada


como un signo (fiero)

o un espejo de


estos tiempos que corren

tras nosotras, mujeres.


Amores perros, es lo mismo,


o no: carne sacrificada. Yo

pensé en Simic, al oírla,


y en su poema de las carnicerías


que había utilizado como pórtico

en uno de mis libros.


Guerra continuó

hablando de sus hijos:


cómo eran

sus cuerpos extraños


aún cuando se habían

descolgado del suyo.


No hay crimen, Silvia,


si se piensa en el desolladero, porque

la suave extensión


de esta piel moteada de vaca

donde Loqui duerme,


es un olvido de infancia.

Poemas huérfanos, 2003




Vitral de mujer sola


Se sabe de una mujer que está sola


porque camina como una mujer que está sola


Se sabe que no espera a nadie


porque camina como una mujer que no espera a nadie


Esto es


se mueve irregularmente y de vez en cuando se mira los zapatos


Se sabe de las mujeres que están solas


cuando tocan un botón por largo tiempo


Las mujeres solas no inspiran piedad


ni dan miedo


si alguien se cruza con ellas en mitad de la vereda


se aparta por miedo a ser contagiado


Las mujeres solas miran el paisaje


y se diría que son amantes


de las aceras/ de los entresuelos/ de las alcantarillas/ del subsuelo


de los subterfugios


Las mujeres solas están sobre la tierra al igual que sobre los árboles


les da igual porque para ellas es lo mismo


Las mujeres solas recitan parlamentos


estoy sola


y esto quiere decir que está con ella


para no decir que está con nadie


tanto se considera una mujer sola


Las mujeres solas hacen el amor amorosamente


algo les duele


y luego todo es más bien triste o colérico o simplemente amor


Estas mujeres se alumbran con linternas


van al detalle


saben donde se encuentra cada cosa


porque temen seguir perdiendo


y ya han perdido o ganado demasiado


Ellas no lo saben


porque van del llanto a la alegría


y a veces piensan en la muerte


También planean un largo viaje e imaginan encuentros posibles


Administran el dinero


compran legumbres


trabajan de 8 a 8


Si tienen hijos hacen de madres


son tiernas y delicadas


aunque muchas veces se alteren


un pensamiento recurrente es


ya no puedo ni un minuto más


Las mujeres solas tienen infinidad de miedos


terrores francamente nocturnos


los sueños de tales mujeres son


terremotos catástrofes sociales


Una mujer sola reconoce a otra mujer sola de forma inmediata


llevan el mismo cuello airado


lo cual no quiere decir que no quieran a nadie más que a sí mismas


esto es completamente falso


Lo cierto es que la casa de una mujer sola


está abierta a su antojo


Una mujer sola


no puede curar su soledad


porque nada está enfermo


se remedia lo curable


una gripe o un dolor de estómago


La mujer que piense que su soledad es curable


no es una mujer sola


es un estado transitivo entre dos soledades


infinitamente más peligrosas


Una mujer sola es una mujer acompañada


aunque de este hecho no se percate más que el zapato


al que mira con detenimiento


o el botón


que parece representar algo verdaderamente importante


como de hecho lo es


como los árboles o el cielo


sólo que el privilegio que deriva de semejante atención


es más bien propio de las almas temperadas al siguiente fuego:


id contigo


para estar con vosotros.

jueves, 2 de agosto de 2012

Especial de Poesía Peruana




Alberto Hidalgo Lobato (Arequipa, Perú, 23 de mayo de 1897 - Buenos Aires, 12 de noviembre de 1967), poeta y narrador peruano cuya obra se cuenta entre los introductores del vanguardismo en la literatura del Perú.

En su juventud se trasladó a Lima para estudiar medicina en la Universidad de San Marcos. Posteriormente, abandonó sus estudios para dedicarse a la literatura.

Participó en la revista Colónida, publicada en 1916 y dirigida por Abraham Valdelomar y publicó sus primeros poemarios Panoplia Lírica (1917), Las voces de colores (1918) y Joyería (1919), en la que ya se denotan su carácter innovador e inconformista ante los cánones de su época.

En 1919 Hidalgo jugó un rol importante en el ambiente vanguardista, participó y editó junto a Borges y Huidobro el Índice de la nueva poesía americana (1926), conoció a Xul Solar,Güiraldes, Girondo, Macedonio Fernández, Leopoldo Marechal y Rafael Squirru, entre otros. Creó las Revistas Oral y Pulso.

Obra posterior fue Actitud de los años. Asimismo la ideología izquierdista y combativa de Hidalgo y su vinculación con el Perú se refleja en sus poemarios Carta al Perú (1957) y Poesía inexpugnable (1962), en los días de guerra.

Además de su obra poética escribió cuentos publicados originalmente y en su mayoría en Caras y Caretas y luego editadas bajo el título Los sapos y otras personas (1927), único libro de cuentos del autor. Se dedicó también a obras de teatro, además del ensayo Diario de mi sentimiento (1937), en el que comenta de forma bastante personal e irreverente el ambiente artístico de su época. Mención aparte merece una colección de libros de difusión de la obra de Sigmund Freud, publicados entre 1930 y 1945 bajo el seudónimo de Dr. J. Gómez Nerea, que contribuyeron a dar a conocer el psicoanálisis en Argentina.

Falleció en Buenos Aires el 12 de noviembre de 1967.

Selección de poemas por Gladys Mendía.

de DESCRIPCIÓN DEL CIELO (Buenos Aires, 1928. Sociedad de publicaciones del Inca. Ediciones especiales)


La hora cero

Hora en que a los relojes les duele las doce de la noche
Apéndice del tiempo mejor para la huelga de lo real
Segundo infinitesimal interminable como muchas horas cosidas unas a otras
Punto seguido para que hinchen el pecho las distancias
Ápice de movimiento imposible de fotografiarse porque con él fracasa hasta la cámara ultrarrápida
Terraplén de la nada en el que los minutos se paran a tomar aire ávidos ya de ruta
Momento adulto tan mayor que se sale de la cuenta único que hay de fugacidad permanente
Esquina por donde dobla el día hacia la posibilidad de otro sistema
Trampolín de la eternidad en el gimnasio de los orbes
Agujero hecho en las paredes de la noche
por donde saca la cabeza un pedacito de aurora para ver si es temprano todavía
Medida infinita donde descifrar la anchura del latido del mundo
Hora cero solo es verso el nacido en los brazos abiertos de tu instante



Envergadura del anarquista

Soy apretón de manos a todo lo que vive
Poseo plena la vecindad del mundo
Mi alma llama viva lame las paredes de la humanidad y sin piedad chamusca todo dolor asomado a algún balcón
El arroyo usa un ritmo asilábico aprendido a mi acento
El futuro va enroscado a la inflexión madura de mi voz
Voy colocando postes cada parcela de años
Soy el Amundsen de mí mismo
Cuantos explorándose se acerquen al infinito comprobarán las dilatadas leguas de mi viaje
Habrá un cartel en cada incertidumbre
Hablo y a mis palabras no les falta ni una probable dimensión
Marcho y los caminos quedan habitados por siempre
Grito y de las campanas gotean sonidos porque mis iras apuñalan todas las torres
Donde siembro un odio crece una bandera para los hombres de presente imposible
Nada de sangre me corre un viento por las venas
Mi corazón es una veleta en lo más alto de mi vida













miércoles, 25 de julio de 2012

ANDREA ARECO: Poesía Actual de Paraguay


Andrea Areco (Asunción, Paraguay, 1989). Estudiante de periodismo. Participó de un taller literario en el 2009, el cual culminó con la publicación colectiva del poemario “Doce”. En el 2011 publicó algunos poemas en la revista Tren Rojo de Asunción.

Selección por Gladys Mendía


Realidad



Visto despeinada,

De tierra morena y viva

Guapa y  tosca

Desnuda de brillos

Firme                     

Expresiva

Parda de sol.

Pero a veces

Me disfrazo

De lo que crees mujer

Para que no te pierdas

En cuestiones vanas.





A veces.



Me someto

Y el insomnio escribe.

Pasa

En el día

En la tarde

En la cama

En la psicosis

Y muy a veces,

Pero ni tanto,

En la noche.





Aire



El aire es gratis,

El viento

Es privilegio

De aquellos que viven.







Precipitación



Ya no voy a atacar.

Los silencios

Serán revueltas

Y las miradas

Santas guerrillas.







Sin título



En el armazón

Una ranura

Y es inevitable

La luz

O el cálido estruendo

De tu sonrisa

Cincelada.





Sin título

Una ciudad

atardecida

recorre

a los transeúntes.

No escampa la gente.




Playa

Tres días

de sol

Y el cuarto

ya es el vértigo

vértigo

de caer

parida

al océano.

martes, 10 de julio de 2012

ALESSANDRA TENORIO: Poesía Actual de Perú


ALESSANDRA TENORIO CARRANZA (Lima, Perú 1982) Poeta y promotora cultural. Estudió Literatura en la Universidad Nacional Federico Villarreal y una Maestría en Escritura Creativa con mención en Poesía en la UNMSM. Ha ejercido el periodismo cultural en diarios y revistas, ha sido docente universitaria y dictado conferencias y talleres.
Textos suyos han aparecido en antologías poéticas y en publicaciones de Perú, México, España, Chile y EE.UU. Dos de sus textos han sido traducidos al catalán para la antología poética Panamericana, y también al inglés. En el 2005, su poemario Porta/Retrato (Campo de gules, 2005) fue elegido revelación del año por el programa de televisión Vano Oficio. Casa de zurdos (Lustra Editores/CCE, 2008) fue considerado uno de los mejores poemarios del año por el Diario El Comercio. Actualmente es la Jefa del Equipo de Promoción Literaria de la Casa de la Literatura Peruana.

Selección por Gladys Mendía





pensar en ti
es recordar el tráfico
el golpe de tu voz como un bocinazo
o
imaginar la vía expresa a las 6 de la tarde
creando un tiempo sordo y estrábico




de porta/retrato (campo de gules, 2005)