jueves, 6 de julio de 2023

GABRIELA KIZER: Poesía Actual de Venezuela

 

Gabriela Kizer, (Caracas, Venezuela 1964)

Es licenciada en Letras por la Universidad Central de Venezuela (1986) y magister en Literatura Latinoamericana Contemporánea de la Universidad Simón Bolívar (1993). Es profesora asociada, jubilada de la Escuela de Artes y de la Maestría en Literatura Comparada de la Universidad Central de Venezuela (1993-2021). Ha publicado cinco libros de poemas: Amagos (Monte Ávila Editores, Caracas, 2000), Guayabo (Ediciones Arte Dos Gráfico/Ediciones Esta Tierra de Gracia, Bogotá, 2002), Tribu (La cámara escrita, Caracas, 2011), Pavesa (Ediciones Letra Muerta, Caracas, 2019) y En falso (Visor, Madrid, 2022). Ha publicado también la biografía de Ida Gramcko para la Biblioteca Biográfica Venezolana, «El Nacional» (Caracas, 2010) y Mucho más que un número, biografía de Hedy Katz, sobreviviente de Auschwitz (Libros del Fuego, Caracas, 2019).




PAVESA 
Caracas: Ediciones Letra Muerta, 2019 (Libro escrito a comienzos de la década de los 90).

Amé primero a Judas que a Jesús.
No digáis que fui pérfida;
el canto del gallo siempre exige una traición
                        para afinarse.
*

Lava obsesa su piel
no quiere hacer pulcritud en nada
sólo restriega una pasión
a ver si puede forjarla en la boca
ajena de sí misma.
Toda otra cosa es trampa.
La seducción puede encontrar miradas
hasta en su piedad.

*

Ella confunde voces.
Cree que ha sido trocada por un ciervo,
cree servir a una diosa fiera y virgen.

Quien determina salvarla
habla con cansancio.

La mujer de Magdala acomoda trenzas, lágrimas, destino.
Pesa a un sueño primigenio e inculto
que la inclina a besar el madero.

*
Sólo te dio un nombre para hilvanarte a su sino,
sólo te quitó un nombre.
                                      
Él ha vuelto y ya no anuncia más.
Epifanía muda que rememora tan solo un cumplimiento.
Pasión que se desdice a sí misma como un eco.
Nada más que una imagen         
                                          amánsate el pecho.

Él ha vuelto con el olvido más lúcido de Dios.



AMAGOS
Caracas: Monte Ávila Editores, 2000.

Las golpizas en el patio se acabaron.
El varoncito que dijo: a esa niña no se le pega ni con el pétalo...
tiene ahora cinco varoncitos redondos.

Se cayeron los lazos del pelo
y no hay quien los repita.

Tus amables hazañas murieron en el lavaplatos
un domingo a las tres de la madrugada.

Venga, mi héroe-hembra de papel cortado,
a ver cómo vuelves la espalda al espejo
o taconeas insomne
los olvidos que te acogieron como cantos de cuna.
Qué importa si vives lo dejado por otros,
si algo esencial pasó y no hay estación que lo repita.
Qué importa si calculas en frío todas las batallas,
si es una vaciedad la que contornea los ojos
y ya no perdonas          ni con aquella habilidad
con que te perdonabas a ti misma.

Qué importa si a esto se le llama madurez,
si estás aquí     serena     mirando lo que nunca fuiste 
ni pudiste haber sido,
haciéndote las trenzas con lazos blancos, enormes.

No lloro por ti, por ese viejo retrato.

Tal vez imaginaste formas clandestinas de destino
y a ratos amor: deseos oscilantes entre nubes,
miradas asombradas que lo confunden todo.

No lo sabías.

Que pongan al paso aquellas ganas de tragarse el mundo,
y tragárselo.

No más esta desazón con la que tomas
lúcidamente disipas la existencia.

*
POÉTICA

I

No tiramos nuestro cuerpo por la ventana.
No abrimos huecos en algún pedazo de tierra húmeda
para que nuestros amigos fueran a visitarnos.
No pedimos que nos sembraran flores encima.

Hemos visto caer sobre nosotros la modorra entera del dolor
y ni siquiera podemos decir que lo conocemos.
Hemos tratado de desperezarnos y de agarrar en el aire
una libélula: la flor prensada o podrida dentro del sueño.
Hemos besado su resequedad y sus larvas.
Hemos sentido en el sabor del barro, la mies
y aunque el grano fuese duro, inmasticable,
hemos aprendido a molerlo con los dientes.

¿Pero qué haremos ahora?
¿Qué sombrero le pondremos a esta tristeza de gaucho
solitario y ebrio?, ¿qué llanuras le daremos para que ande?,
¿qué oasis y qué cactus cuando precise recostarse
o apurar las espuelas, el puñal
para atrapar el tono que fuese necesario?

¿Recuerdas? Conocimos a un hombre 
que fingía ataques de epilepsia en distintas esquinas de esta ciudad.
Cada cierto tiempo volvía a ponerse en nuestro camino.
Tirado en alguna acera, 
lo veíamos bañado de sudor, con la mano en el corazón
y nos confundíamos nuevamente con espanto.
¿Y qué haremos ahora?
¿Qué le diremos a este sujeto que nos ha estafado?,
¿qué imagen suya pegaremos en el álbum de cromos superpuestos
para que no se nos confunda la memoria?

Para que no se nos olvide tampoco 
la lentitud de aquel recogedor de latas
que casi de pie y a lo largo de cien segundos
atravesó la avenida principal 
con luz roja para peatones
sin que ningún conductor gritara nada,
sin que ningún nuevo mitólogo afirmara
que así era como Atlas cargaba el mundo.

¿Y qué haremos en este mundo?
Qué cargamento de latas ganará algún valor de cambio
si no hemos caminado hasta el medio de la calle
para cargar y poner a salvo a un gato muerto,
si hemos visto a la amiga auscultar el corazón del animal
y mover el cuerpo, acariciarlo,
con una ternura que nos hizo avergonzar.
¿Y dónde buscaremos la cajita de cartón
en la que pueda caber esta vergüenza,
esa cara de gato atropellado
a la medida de un camión de basura?

No, no seguiremos buscando en el estiércol
la medida exacta de alguna frase inusitada.
No hallaremos nuevos ritmos en la quinta pata del gato
ni imitaremos a los hombres de manos enguantadas
que hay detrás de cada camión de basura.
Rasgaremos nuestras camisas, si hace falta, 
nos sentaremos siete días en el suelo
y guardaremos el más rígido luto por aquello que importa
y que cae y que fracasa siempre.
Pero no quedará enterrado el corazón.
Tampoco lo congelaremos para futuros más desoladores aún
o sorprendentemente magníficos.

De los barcos que pasan,
hemos conocido ya la estela grabada sobre los huesos, 
hemos entendido que nadie nos ha salvado de nacer,
que nadie nos ha salvado de nada.
Pero no seremos los cronistas del desconsuelo.
No lo seremos.

II

Y mientras pasa la tarde
¿vamos sabiendo algo de lo que ya dejamos 
o  estamos dejando todavía?  
Apenas un poco de olor a durazno sobre la jabonera,
la servilleta en medio de las sobras del banquete egipcio.
Y nunca más atardecer al borde del barranco.
Nunca más la abismada y cambiante mirada de los locos
sobre la penúltima suerte del amor.

Pierdan cuidado.
Aquí no se realizará la alabanza
del inmerecido bien que relumbra 
a altísimas horas de la noche.
No se preguntará por su brillo
cuando quede escanciado 
en el piso del cuarto de los trastos.

Loada sea la opacidad de la vieja campana
si es esto lo que hay.
Que canten otros la gloria descompuesta de los días.

De aquí se marcha hoy el que se fue
sencillamente, porque había suficiente café en su taza.
Quedamos los que somos para cumplimentar
los lentos, los tenaces ardores de la estufa
que calentará la sopa de hoy, 
de mañana
y de pasado mañana.

Pero así como los familiares del enfermo
cansados ya de la agonía la prolongan,
así también nosotros defendemos nuestro amor.
Pero quién puede cerrarle la boca al más allá
cuando nos deja sólo objetos que resisten
y si a ver vamos,
alguna razón de peso para desplegar el corazón
como un papiro quemado por los bordes.

Tal vez los críticos tengan en esto la razón:
lo que se escribe no es real,
o tengan las mismas razones para decirlo
que la bella contorsionista del circo
cuando desciende entera sobre el público.
Que luego venga algún equilibrista y diga:
no estuvimos a salvo,
y que los payasos expriman esta frase
como un coleto viejo entre bromas y risas. 

Una inmensa alegría hemos hallado en este mundo.
Un dolor que siempre la aventaja.
Y aunque no hayamos venido a escapar cada mañana
de la espléndida noche que perdimos
o de la página roja, amarillista
en la que se vio malversado nuestro sueño,
cómo golpea el portazo y arde la guadaña
con que la vida nos rebasa.
Lo que se escribe no es real, 
válgame Dios.
Tampoco debieron ser reales
el brindis, las cenizas y las flores que no nos trajeron,
pero ese no es el punto.

Un extrañísimo amor aguarda siempre
al filo de cada emboscada,
cuando la realidad 
con absoluta indiferencia nos abrasa.

Dame un poco de agua.
Dame una canción ahora 
              que ya hemos sido segados.





GUAYABO
Bogotá: Ediciones Arte Dos Gráfico/Ediciones Esta Tierra de Gracia, 2002.  


En una vida
deben escribirse pocos poemas de amor.
Sólo cuando el corazón anuncia algún presentimiento difícil, 
cuando ya no sabemos si en medio de un mal sueño
seremos despertados por un beso
o pasaremos de largo hacia un sueño peor,
sólo ante un minuto que oscila 
es dado escribir algo breve y conciso,
que no salga muy fácil.

Por lo demás
sólo rezamos cuando creemos que estamos a punto de morir,
pero creer ya es algo.

*

VODKA

Que una tarde acabe con lluvia 
y poco espesor de azúcar en la sangre
no es demasiado.

Que uno se reconcilie de pronto 
con el amor peor dejado
y que vuelvan los cuerpos y las voces 
sobre la casa hundida,
sin pretender alzar otra columna 
ni soñar que habitamos otra casa,
es casi como un golpe que hace vida a la vida.

Y henos aquí, 
jugando a que estos besos son los besos de otros,
a que resbalan por la piel y no resfrían el alma.
Henos aquí jugando, 
recorriendo de vuelta el polvoso camino
y poco serios ante la gravedad del asunto
como si la risa viniera de corazones 
ya suficientemente burlados.

Nosotros, 
los que desconocíamos cualquier camino de retorno,
¿qué hemos hecho para venir a dar con el amor al que se vuelve?
¿Dónde estabas mientras yo te enterraba
y enterraba contigo –cavadora egipcia– 
toda la maraña del amor imposible
para que te llevaras tus tesoros al otro mundo?
¿En qué limbo de paciencia aguardabas?

Porque hoy he venido a mirarte largo rato a los ojos
sin sentir la tentación de pedirte
que me sostengas el mundo cuando los pisos se agrieten, 
porque hoy he venido a mirarte 
sin querer que me salves de nada.

Alguna vez confiamos en el tiempo.

Ahora
que tenemos tan poco para postergar, 
que robamos pasión a un tiempo que no es nuestro,
que el portero del edificio me mira con recelo.

Ahora
que el despecho para mí es estar en ascuas
entre el final de un poema 
y el comienzo de otro que se tarda,
como se tarda el amor
y que puede incluso no llegar nunca. 

Ahora
que tantas tardes se han ido sin esperarte
y que he aprendido tan bien a sostener entre las noches
el as de un juego solitario,
que no puedo negar el desierto que habita este corazón 
y lo reclama.

Ahora
que un clavo no saca otro clavo,
el pecho se tranca, de seguro, no le queda otra cosa.

Ha sido hermosa la tarde
aunque tan difícil sea hablar de amor,
aunque sepamos que hay una casa que se levanta sin estructura
y que esa casa es la nuestra.

No te pregunto por lo que haremos otras tardes,
eso lo sé, y voy a ti sin dobleces.
Vuelvo a sacar dos cubos de hielo,
los pongo en un vaso y abro la botella
como quien retoma un gesto detenido por distracción,
como quien no ha dejado una noche de hacerlo.

*

GUAYABO

Cuando niña
de visita a Urama
recogía, abría y revisaba guayabas
para todos,
hasta que un viejo me dijo
que así no se comía la guayaba,
que había que cerrar los ojos
y que si tenía o no tenía gusano era cosa de dios
o de sorpresa en el fruto que saliera con mejor sabor.
Yo seguía las instrucciones
y me comía cada tarde       con las tripas revueltas
todos los gusanos de Urama.

Posiblemente ese haya sido
el primer contacto de mi lengua
con el sabor de la muerte
en los mejores frutos.

Con el tiempo aprendí a hacer mermelada,
a desaparecer el tacto baboso y frío
en el hervor de la hornilla,
aunque siempre sintiéndome cobarde.

Hoy quisiera otorgarte aquel sabor.
Pedirte incluso que no me permitas olvidar
la paciencia o el error
        de aquella niña de diez años
sentada a la sombra cada tarde
y aprendiendo, sin saber, 
    a tragar
tu pedazo de muerte
    y tu pedazo de vida.


TRIBU 
Caracas: La cámara escrita, 2011.


Parte I, fragmento 1

Padre, 
he aquí al orador de orden,
heme aquí, fuera de orden y sin saber orar.
He aquí la artritis del orador de orden,
heme aquí entumeciendo y deformando las líneas trazadas en sus manos
para que no haya gesto que pueda ser posible, para que no haya gesto.
He aquí los guantes en las manos del orador de orden,
henos aquí enajenados en la soltura de sus movimientos 
y en la gracia de sus expresiones, 
aunque sepamos, Padre.

He aquí el coro de lutos antiguos y parsimoniosos,
he aquí la pestilencia que trae nuestra sangre caliente,
he aquí que el único modo que tuvimos de inclinar al espectador 
sobre el abismo de la escena 
fue arrojándonos a él.

He aquí el hambre del abismo bajo las tablas de la escena.
He aquí el abismo, 
heme aquí, a veces inapetente o padeciendo de hartura
como un muchacho pálido y enfermo, 
como un muchacho enfermo, Padre, enfermo.

He aquí la ceguera del bardo, su melodía incipiente.
He aquí el miedo de la muchacha que hará soplar el viento,
heme aquí convirtiendo sus ojos en acero para los héroes, para el verdugo.

Padre, 
he aquí a la gente que no fue a escuchar al orador de orden,
henos aquí en nuestras cocinas blasfemando
porque hoy será quemada la bruja que tiene maldito este lugar, 
la bruja que asusta a los niños hombres por las noches,
la única habitante del pueblo que sabe rezar, pero le faltan dientes y es bruja.
Henos aquí sobre nuestros calderos 
sin saber si usar sapos o ranas para el susto de esta noche.
Henos aquí, Padre, para la carcajada.

Ja. He aquí la risilla pueril de quien ya no puede ni asustarse.
He aquí lo que no convence de esta dentadura postiza.
Porque nuestra raza no habrá de tener dientes, 
fue lo que dijeron en la primera conseja.
Y no me pasaron las alquimias 
ni me dieron a guardar el ácido de las pociones disolventes
ni me enseñaron más que la inutilidad de la cola del lagarto.
Y heme aquí, Padre, sin saber hacer casitas de chocolate y leche
ni jaulas para tantear el espesor de mi bocado.
Heme aquí, ¿no me he presentado?
He aquí a la que escapa del fuego por la inutilidad de la cola del lagarto, 
heme aquí montada en el miedo que no tienen, en la risa de su farsa 
que es mi escoba, la divina comedia de esta quema 
realizada mil veces en este mismo lugar.

¿Acaso ya no hay héroes? ¿Mujeres histéricas y alucinadas?
¿Alguna santa que quiera suplantarme?
¡Ah! ¿Qué otro martirio forjaréis para la bruja terrible de este pueblo?
 Os saldréis con la vuestra.

Heme aquí, Padre, sin lengua para presentarte respetos,
yo, la que jamás ha reído, orgullosa verruga sin una mísera maldición a mano 
y ni siquiera dispuesta a arder, heme aquí.

Padre,
he aquí al sastre laborioso de estas horas,
heme aquí tomándole medidas al eco de la carcajada
que se convierte en llanto, que se convierte en risa, que se convierte en eco.
Heme aquí atravesado de alfileres como un muñequito de mala magia
escondido en algún cajón de la antigua máquina de costura 
que ya no anuda sino que parte los hilos 
y deshace los ruedos 
y no puede.




EN FALSO
Madrid: Editorial Visor, 2022.

CAÍDA


La herida, sí, la herida.
La caída de los patines,
no del paraíso.
Y el olor a alcohol, insoportable.

Sople, por favor sople.

Deme el instante que sucede al desmayo,
la calle apareciendo en su lugar,
la costra incipiente, el sobresalto
de mi rodilla ardiendo,
de mi rodilla pelada frente a Dios.

Por favor, sople, sople.

*

VECINDAD 


Hace un par de semanas, una tarde de lluvia,
murió nuestro vecino Carlos Consigliere.

No conocíamos su nombre.
Era tan sólo el vecino del 62.
Reparaba con frecuencia un Renault viejo.
Registraba sus pulsaciones.

En la misa del jueves un niño ha preguntado
si en el cielo hay cementerio,
si el muerto cogió por el río para llegar al cielo.

Yo sólo di el pésame a la viuda, mi vecina del 62.
Era otra tarde triste.
Acaso conversaba con Dios.
Como ahora que trasvaso la calatea
                                  precaria y misteriosa
para hacerla permeable a la tierra nueva,
llena de minerales, supongo.

Bella, le digo, a cada cara de sus hojas
y a la flor que no exhibe
mientras se va cerrando noche a noche,
morada, sobre sí.

A su lado, el malabar se dispone a la visita
de artrópodos y coleópteros y ácaros y ciempiés.
Sus hojas amanecen mordidas,
no madura la flor.
Como si no le bastara la oración
        cada vez más triste
de la viuda de Carlos Consigliere,
nuestro vecino del 62,
muerto de infarto.

*

CHANEL

Es necesario un patrón lo más exacto posible, tres metros de mezclilla, seda, pana, gabardina o poliéster y un hilo que pueda camuflarse o combinar con el color de la tela. Según los entendidos, hay que tomar con precisión las medidas de la pierna interior —desde la ingle hasta el tobillo—, la circunferencia de las caderas, el grueso del muslo, la pretina, la cremallera o la bragueta, el dobladillo. Resulta crucial la manera de plegar dos veces la tela hacia adentro y coser desde adentro los pespuntes. Con cierta práctica, hasta el principiante menos aplicado podría confeccionar un accesorio como el bolsillo para guardar artículos personales de poco peso.
Antes de ver en ellos algo más que una prenda, Coco Chanel había aprendido a coser, a planchar y a bordar a mano en el Orfanato de la Congregación del Santo Corazón de María, donde sólo ansiaba ser amada y quitarse la vida. Aunque pensaba que la moda estaba en el cielo, en la calle y en las ideas, cortaba la tela sobre modelos de carne y hueso. No le importaba deshacer el diseño dieciséis veces. Consumida por el reumatismo y la artritis, no dejó ni un momento, con su cigarrillo entre los dientes, de poner alfileres. Sentía aversión por Hollywood. Decía que una pared no se transforma en puerta ni una mujer con pantalón en hombre apuesto.
Marilyn Monroe adoraba los pantalones de tiro alto y vivir en un mundo de hombres, pero ni con unas gotas de Chanel Nº 5 conciliaba el sueño. Tenía una risa loca. Había aprendido a maquillarse en el Orfanato de Los Ángeles. Sentía aversión por Hollywood. Sólo quería ser maravillosa.

*

COTA MIL

Todo se iniciaba en secreto.
Vicente Gerbasi


Aunque a mis ojos de pocos años
la visión de la Cota Mil
—¿desde el borde nebuloso de un balcón,
en un retrato? —
les impuso la inquietud del infinito,
el terror de que los padres se perdieran,
luego amé remontarla algún fin de semana.

Claro que vi antes mares y montañas,
pero mi primera revelación
fue de cemento.

En el asiento trasero
de un Pontiac Parisienne del 67
yo conocí la belleza de los atardeceres,
la gratitud por el paseo hacia ninguna parte,
la melancolía
y la paz.






domingo, 7 de mayo de 2023

Sobre 120 noches de Eros, de Floriano Martins. Por Jacob Klintowitz

 



Floriano Martins es uno de los estudiosos del surrealismo más profundos de nuestro tiempo. Su contribución es inmensa, comprensiva y poética. Lo que hace este autor, lo hace en lenguaje incandescente. 

Este libro tiene, en la primera parte, un intrigante ensayo sobre cultura y surrealismo. El autor condensa su conocimiento extremo sobre el tema y lo hace con una gran cantidad de argumentos y detalles. Es un ensayo original, contundente, pero lleno de referencias y alusiones. El autor es soberano en el tema y tiene la particularidad de dominar la escritura, ya que su prosa se deriva directamente de las formas poéticas. Quizás nunca ha estado tan lleno. En este ensayo encontramos al hombre maduro, al escritor, al poeta, al ensayista, al editor, al inventor de revistas, editoriales, performances.

La segunda parte está incluida en las maravillas a las que nos acostumbró Floriano. Realiza 120 retratos literarios de mujeres surrealistas. Utiliza varios criterios de selección, pero lo que destaca en todos los retratos es la adhesión al espíritu del surrealismo. Para hacerse una idea de la dificultad de este trabajo de crear y formar una antología, una galería de mujeres destacadas basta saber que nunca antes se había hecho.

Estamos ante un libro que se convertirá inmediatamente en un referente obligado en el estudio del surrealismo. Y, más amplio aún, se convertirá en una pieza importante para el conocimiento del proceso cultural de nuestro tiempo y para la presentación de figuras humanas que, a veces con inmensa dificultad, constituyeron y constituyen parámetros de excelencia y virtud; virtud entendida como lealtad a uno mismo, incluso a costa de posibles malentendidos en una época de grandes transformaciones, como la nuestra.

JACOB KLINTOWITZ



*****

Sobre el autor del libro de ensayos

Floriano Martins (Brasil, 1957). Poeta, editor, traductor, ensayista, Floriano Martins es conocido por haber creado Agulha Revista de Cultura hace 20 años, un vehículo pionero de circulación en Internet y dedicado a la difusión de estudios críticos sobre arte y cultura. Al final de un año agitado por la degradación política y sanitaria en Brasil, en medio de una pandemia de alcance global, Floriano Martins va contra la corriente de la historia. La colección “El amor por las palabras”, que coedita con Leda Rita Cintra –ARC Edições/Editora Cintra–, de circulación exclusiva a través de Amazon, alcanza la marca de 85 títulos. Y ahora el poeta –que este año también brindó por nosotros con la publicación de su poesía completa y los tres tomos de sus ensayos reunidos– anuncia la publicación de dos intensos proyectos editoriales: Atlas Lírico de Hispanoamérica y Conexión Hispánica –el primero de ellos una producción de la revista Acrobata y el otro de Agulha Revista de Cultura.




Sobre Método rumano para dejar de fumar, de Liliana Lara. Por Carlos Patiño

 


La cuidadora de una casa en Israel se aferra a ella como consuelo al abandono de la suya en Venezuela. Una anciana senil esconde con celo el manuscrito original de uno de los más grandes escritores del siglo XX. Dos mujeres toman el relevo de asombro ante el misterio de una esquiva exhibición de museo. Un carro Frankenstein marca la travesía por carreteras abandonadas del oriente venezolano. Un encuentro fortuito abre las compuertas del horror que implica el olvido. Sobrevivientes de una peste se refugian en una mítica fortaleza trampa. Un farero se pierde en las mazmorras de su imaginación. La perversa recreación del ballet Coppélia. Una drástica terapia que, como muñecas rusas, conlleva encierros dentro de otros encierros.

Ya lo dijo Julio Cortázar: Un cuento logrado es una esfera cerrada en sí misma. Formas geométricas que sin duda encontramos en los nueve relatos que componen Método rumano para dejar de fumar. En ellos, el ciclo de la vida, vejez y muerte se carga de especial simbolismo al estar condicionado por las trampas de la memoria. Una obra que se asoma al enajenante mundo interior de seres atrapados en el bucle de sus delirios personales. 

Liliana Lara tiene la habilidad de imbricar a sus personajes con rasgos autoficcionales mientras conduce al lector por las penurias del migrante, su travesía física y emocional ante el encuentro con una cultura distinta, pero yendo más allá para sacar lecturas de la naturaleza del ser humano, de sus fantasmas y nostalgias. Extranjeros sin mapa aferrados a ese amuleto que reza “Que ningún demonio te aflija”. Un libro que probablemente resonará en el lector por mucho tiempo y del que la autora puede enorgullecerse.

Carlos Patiño


***

Sobre la autora del volumen de cuentos

Liliana Lara (Caracas, 1971) Escritora venezolana. Autora de los libros de cuentos Los jardines de Salomón (Premio de narrativa de la XVI Bienal Literaria José Antonio Ramos Sucre, en 2007), Trampa – jaula (finalista del premio Equinoccio de cuento Oswaldo Trejo en 2012), Abecedario del estío (finalista del XIII Concurso Transgenérico de la fundación para la cultura urbana en 2013) y la novela La música de los barcos (2019). Cuentos y artículos suyos han sido traducidos al inglés, alemán, polaco y hebreo, y han aparecido en diversas publicaciones periódicas y antologías. Doctora en Literatura Iberoamericana por la Universidad Hebrea de Jerusalén. Actualmente vive en Israel.



Sobre Los regalos y las despedidas, de Ricardo Montiel. Por María Lucesole y Norberto José Olivar

 



En Los regalos y las despedidas nos encontramos con un narrador entre objetivista y nostálgico que, en una fuerte continuidad entre los distintos relatos, lo vemos observar y encarnar en la visión presente de cada personaje.

Debajo de cada relato ficcional de Montiel, podríamos bucear memorias o crónicas del autor que, sin embargo, en un estilo fuertemente latinoamericano, a la vez que salingeriano, nos devuelven el amor y la sordidez de la adolescencia. Sin caer en la remembranza, estos relatos nos atrapan porque nos identifican gracias a esa forma particular que tiene la literatura o el cine de ficción, cuando funcionan: extraer material de la memoria para inventar algo nuevo y vívido.

María Lucesole


Los regalos y las despedidas es un delicado texto que narra esa búsqueda afanosa que es la identidad. La voz que nos cuenta es como un débil hilo de recuerdos que se van apagando en el tiempo. Recuerdos que deben ser registrados cuanto antes: la mudanza como fragmentación, la renuncia a lugares y afectos, las primeras furias de la pasión adolescente y el intento desesperado de llegar a sí mismo en el difícil arte de la autobiografía ajena, pero además de un sutil placer a la soledad como una forma de invisibilidad o desaparición: ¿me muestro, luego existo?, ¿operación inversa al método? No necesariamente, pero sí curiosa, leve, elegante y cargada de humor. 

Norberto José Olivar


***

Sobre el autor del volumen de cuentos

Ricardo Montiel nació en Maracaibo, Venezuela, en 1982. Reside en Argentina desde 2007. Poeta, narrador, músico y arquitecto. Estudió en la Universidad del Zulia y asistió a los talleres literarios de Gustavo Valle y Juan Forn. Ha publicado los libros Ciudad blanca sobre fondo blanco (Ediciones del Movimiento, 2015), Agonía de los días terrestres (Caleta Olivia – Rangún, 2018, reeditado por El Taller Blanco Ediciones, 2020), S, M, L (LP5 Editora, 2021), y El rezo de los chatarreros (El Ángel Editor, 2021, Mención de honor en el VIII Premio Internacional de Poesía Paralelo Cero). Textos suyos han aparecido en medios digitales e impresos de Latinoamérica y Estados Unidos, de los cuales algunos han sido traducidos al inglés. 



Sobre Tiempos errantes, de Xavier Oquendo Troncoso. Por Gladys Mendía

 



Heredero de una notabilísima tradición literaria, Xavier Oquendo Troncoso, conmemora cincuenta años de vida con cincuenta entrañables poemas publicados a lo largo de su amplia y exitosa trayectoria.

En Tiempos errantes (LP5 Editora, 2022), aquello cotidiano se vuelve extraordinario. La búsqueda del momento emotivo y vivido, esa atmósfera afectiva que nos invita a compartir espacios íntimos y anecdóticos. La percepción aguzada logra sus hallazgos creando una luminosa memoria. Memoria que va de infancia, familia y cordillera. Memoria de amor y desamor, del dolor y del placer de vivir, pero sobre todo de la inconformidad, “porque solo el inconforme es poeta”, nos dice Xavier. Este es un viaje de “pájaros momentos”, profundidades y alturas tramadas con ímpetu sin perder la ternura.

Los cincuenta poemas elegidos por Xavier Oquendo Troncoso son testimonio de su habitar poético, su entrega y amor por la literatura y la vida. ¡Enhorabuena!

Gladys Mendía


***

Sobre el autor del poemario

Xavier Oquendo Troncoso (Ambato-Ecuador, 1972). Periodista y Magister en Escritura Creativa. Estudió Letras y Literatura. Ha publicado 12 cuadernos de poesía desde 1993 y más de una veintena de antologías de su obra poética en América Latina, España e Italia. Fue seleccionado entre los 40 poetas más influyentes de la lengua castellana en “El canon abierto”, Antología publicada por Editorial Visor, en España (40 poetas en español -1965-1980-). Su obra está en muchas de las más importantes antologías de la poesía contemporánea de la lengua española. Organizador del Encuentro internacional de poetas “Poesía en paralelo cero”, uno de los más importantes festivales de poesía de América latina, ya con 11 años de edición consecutiva. Es director y editor de la firma editorial El Ángel Editor, en donde ha publicado alrededor de 400 libros de poesía de autores ecuatorianos y del mundo, haciendo una amplia difusión de la poesía contemporánea en la región. 


Sobre Temporal, de Carmen Leonor Ferro. Por José Miguel Navas

 


Temporal reúne una selección de los libros El viaje, Acróbata, En subjuntivo y Precarios y, a su vez, poemas de libros inéditos como La caja, Cinco noches y Fragmentos del espejo. Esta selección es una oportunidad de descubrir un registro poético que destaca en la poesía contemporánea iberoamericana. Poética del hallazgo en la cual la autora nos ofrece una mirada atenta de esos lugares de emancipación del yo, la historia de un viaje y de un amor que se nutre del deseo. Lo esencial de su poesía es templar contenciones, saber arrojarse tanto a lo simbólico como a lo material, indagar en aquello que sucede cuando dos lenguas romances se materializan en un solo idioma. Leer a Carmen Leonor Ferro es entender la sensación de víspera, ese esplendor iniciático que logra convertirse en lo circular; es también acompañarla en su arduo camino hacia la poesía.: «Es posible que el origen exista / que vengamos de una sola palabra / y que la hayamos olvidado / que traducir / sea una tarea de la especie / tratar de reconstruir esa misteriosa instrucción».


José Miguel Navas


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Sobre la autora del poemario

Carmen Leonor Ferro (Caracas, Venezuela). Poeta y traductora. Ha publicado El viaje (Premio Monte Ávila Editores para autores inéditos 2004), Acróbata (Raffaelli editore 2011), En subjuntivo (Raffaelli editore 2016) y Precarios (Edizioni Ensemble 2019). Actualmente vive en Roma donde se dedica a la enseñanza del español.

Sobre KAIROS, de Vladimir Queiroz. Por Emilio Ballesteros y José Gabriel Cabrera Alva

 

Tan rico es, tan variado, tan transversal y poco beato (esperando conversaciones al oído/ para redimir el alma asustada en los rebaños / extraviados / por los templos desgastados y en humo convertidos), que entre sus versos van a aparecer Mesopotamia, Egipto, Delfos, Marrakech, Capadocia, los templarios, Santo Tomás de Aquino, la cábala, los derviches danzantes, mitos del siglo XX, Yemanjá, pero también el cóndor, Bogotá, la selva y, de fondo y como numen, la noche, a menudo una noche sideral que es tan cósmica como terráquea (Ojalá que las estrellas hagan un rastro y en la noche de luna/ menguante puedan besar tus diminutos pies negros y aligerar la/ inmensidad del cosmos), tan material como espiritual, piedras que deconstruyen y otras que construyen, pinturas delicadas y otras repulsivas, gritos, aullidos, cantos silbidos, toda la vorágine de la vida en su máxima explosión que, por eso mismo, también tiene cerca la muerte.

Emilio Ballesteros



Kairós de Vladimir Queiroz es un libro que, desde lo primigenio de la palabra y el mito, desliza una fastuosa fiesta donde los tambores de la noche liberan la belleza del deseo. Desnudo ante los signos, el yo poético estructura y desestructura el ritmo de una tierra que emerge anunciando la vorágine de unos versos a los que no les basta el pasado, sino que lo deconstruyen en mágico futuro. La visión de este poeta busca el perfume perdido, pero lo hace imitando el amanecer, es decir, persiguiendo la liberación auroral de la palabra. Penetrando en el bosque de lo profético, vislumbramos las ruinas del deseo de la piel. Uno lee este deslumbrante libro, navegando en delirio ancestral, con la sensación de que la mágica pira del amanecer de los tiempos sigue encendida.  Sea propicio al lector este numen que desde el misterio de las máscaras une a los sueños los cantos de lo divino y lo profético a un tiempo.

José Gabriel Cabrera Alva


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Sobre el autor del poemario

Vladimir Queiroz da Silva (1962), nacido en Feira de Santana (BA, Brasil), graduado en Ingeniería Química por la UFBA. Ha publicado los libros: Seres & Dizeres (1995), Terracota (2001), Infantilis (2003), ABCdito y Otro Dijo Más (2003), Apokálupsis do Sertão (2006), Luminiscencia (2008), Instinto (2010), Alcatruz (2011), Matices (2012), Terracota (2015), Brasileirança (2016), Kairós (2020). Participó en las antologías: Lyric Concerto a Quinze Vozes: A Collection of New Poets from Bahia (Aboio livre Edições (BA) – 2004), Anthology Pórtico IV (Pórtico Edições (BA) – 2010), Lyric Concert: 15 poets 15 years after (2019) Ha publicado en las revistas: Iararana, Acrobat, Divers and Afins, Organismo, Caliban (Portugal), Poezia (Rumania), Vuela Palabra (Colombia). Participó en eventos literarios internacionales como conferencista en Portugal, Italia, Colombia y Mozambique.




Sobre Magdalena en Ginebra, La concubina y otros poemas de fuego, de Carmen Verde Arocha. Por Gladys Mendía

 


Considerada por la crítica como una de las principales exponentes de la poesía venezolana, Carmen Verde Arocha nos regala este volumen que reúne su poética. Contiene a su vez ensayos realizados sobre su obra por José Luis Morante, Santos López, Luis Miguel Isava, Rafael Arráiz Lucca y Alain Lawo-Sukam. Están aquí las memorias de la infancia, la tradición judeo-cristiana, el sueño y la demencia (Magdalena en Ginebra; Amentia). Lo autobiográfico, el misterio, el mundo onírico, lo femenino y lo erótico (Mieles; En el jardín de Kori). El desconcierto, la premonición de la existencia amorosa y el pensamiento del rastro en las versiones de los poemas de Canción gótica y de Cuira, versiones que funcionan como metáfora de la incesante búsqueda espiritual y la evidencia de la transformación constante.

La poética de Carmen Verde Arocha expone los arquetipos femeninos en relación. Extraídos de su contexto original, los hace dialogar con otros tiempos y espacios. Sin proponérselo concuerda con lo que el filósofo caribeño Édouard Glissant llama «la nueva literatura épica», multilingüe, incluyente, diversa, estableciendo relación entre su comunidad y la comunidad-mundo. Carmen evidencia las encrucijadas de la vida hasta la muerte y más allá, transformando cada vivencia en belleza; nos brinda un tiempo que es río, tejiendo vínculos con sueños que se hacen lenguaje en nombre propio y colectivo.

Carmen Verde Arocha, edifica verso a verso su vasto imaginario donde todos los posibles cruces son visiones: Guaicoco, Ginebra,  Jerusalén, Madrid. El río Cuira, la casa materna, diversas mitologías, escrituras sagradas y profanas, animales exóticos, plantas medicinales y el color amarillo de su alma luminosa que transita de principio a fin este vibrante volumen. Constituyendo así, una lectura indispensable tanto en el presente como en la posteridad.

Gladys Mendía


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Sobre la autora del poemario

Carmen Verde Arocha (Caracas, 1967) Escritora, poeta, editora, profesora universitaria. Directora-fundadora de la Editorial Eclepsidra. Ha publicado, en Poesía: Cuira  (1997-1998), Magdalena en Ginebra (México, 1997), Amentia (Premio anual de poesía Arístides Rojas de la Contraloría General de la República, 1999), Mieles (2003), Mieles Poesía reunida (2005),  En el jardín de Kori (2015), Canción gótica (2017). Ensayo: Cómo editar y publicar un libro.  El dilema del autor (2013-2017-2020), El quejido trágico en Herrera Luque (1992). Entrevistas: Al tanto de sí mismo: conversaciones con Alfredo Chacón (2021). Rafael Arráiz Lucca: de la vocación al compromiso. Diálogo con Carmen Verde Arocha (2019). 



Sobre Fuego lento, de Alain Atouba. Por José Miguel Navas, Edu Barreto y Leandro Calle


A lo largo de cincuenta poemas, generalmente breves, Alain Atouba, presenta al lector un itinerario dichoso/doloroso del amor. Estamos frente a uno de los grandes temas de la poesía como lo son también la muerte o el viaje. Lejos de caer en lugares comunes, el poeta nos lleva por una historia de amor donde lo íntimo se vuelve universal. El estilo de Alain Atouba es un estilo sencillo, se aparta de los barroquismos y del estilo empalagoso que suele aparecer en las temáticas de Eros. Por el contrario, Fuego lento, posee la sencillez de un río de aguas profundas. Perceptible y llano en su manifestación externa, pero hondo y profundo cuando comenzamos a masticar las palabras con mayor detenimiento.


Leandro Calle


Alain nos invita a este poemamapa que destila esperanzas, en una lenta cocción del deseo y propone una travesía por mundos paganos pero posibles. Se pronuncia África desde una orilla que parió tierras con huertos, soles y una luna que transmite sosiego. Completa esta postal, una revelación en medio de amarillos y naranjas, seguramente: la brisa de la tarde africana/ me dice tu nombre a través de la sabana.


Edu Barreto


Considero interesante, oportuno leer a ALAIN ATOUBA, para entender un proceso creativo cuyo origen supo emanciparse de los lugares comunes, ejercitar el músculo poético, enlazarse con otras tradiciones, que no son ajenas a ese mismo proceso vital que atraviesa el autor.


José Miguel Navas


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Sobre el autor del poemario

Alain Atouba se licenció por la Universidad de Yaundé I en Camerún, ingresó en la Escuela Normal Superior de Yaundé donde obtuvo un título de Profesor de Español como Lengua Extranjera. Estuvo impartiendo clases de Español en institutos cameruneses hasta marcharse para Salamanca donde se doctoró. Su tesis, dirigida por la Profesora Eva Guerrero del Departamento de Literatura Española e Hispanoamericana de la Universidad de Salamanca, versaba sobre “Representaciones de la cultura negra en la poesía dominicana”. En la actualidad imparte clases en Madrid y se dedica a la investigación sobre la literatura dominicana. Amante de poesía, es miembro de la Cène Littéraire, un de grupo de lectores cuya meta es la promoción de la literatura africana y afrodescendiente. Forma parte del comité de lectura de este grupo que entrega cada año, desde 2016, el premio Les Afriques a un(a) escritor(a) de una ficción que ponga de relieve una causa humana, social, ideológica, política, cultural, económica o histórica en relación con África o su diáspora.

Sobre El árbol del confín, de Luis Gerardo Mármol-Bosch. Por Jaime D. Parra





El hombre es un buscador de símbolos. Pero ¿qué ocurre cuando ese buscador es un poeta, poeta matemático, además? ¿Qué ocurre cuando se siguen diversas tradiciones poéticas místicas y orientales, de fuerte cariz visionario, y distintas obras de arte, y uno defiende un mundo superior, lo suprarracional, por encima del irracionalismo lírico, donde todo adquiere otra “lógica” de sentido? La poesía del poeta venezolano Luis Gerardo Mármol-Bosch, profesor de Matemáticas Puras y Aplicadas de la Universidad Simón Bolívar, avanza por ese camino. Filósofo de formación, matemático de profesión y poeta por convicción, su visión poética se encuentra entre el amor y la devoción, entre el entusiasmo y la exactitud, las preguntas y la aproximación. En El árbol del confín, partiendo de su admirado poeta matemático Omar kheyam -creador de cuartetas y raíces cuadradas- pero también del Machado poeta y filósofo -creador de mundos oníricos  y filosofías de la memoria- realiza un viaje por el mundo de la poesía mística tradicional con el que va imantando la propia vivencia: el cristianismo  de San Juan de la Cruz, el sufismo de Hafiz, el mundo zen de Bashô,…Pero no es solo esto: el libro es una inmersión también, en varios de sus poemas, en la visión de una serie de obras de arte clásicas, pictóricas y musicales, de fuerte sabor barroco, que le sirven como soporte de una búsqueda poética, de una elevación. Mientras que formalmente, apoyado en poemas largos (verticales) o en otros más cortos (fragmentos, haikus), como contrapunto, busca una unidad en la diversidad. Una entrevista final sobre su pensamiento y una serie de notas, sobre los referentes de sus poemas y sus símbolos, completan la presente edición. Mármol-Bosch nos ofrece así una visión lo más completa posible de lo que es su mundo poético.


J. D. Parra 


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Sobre el poeta reseñado:
Luis Gerardo Mármol B. Poeta venezolano. PhD en Matemáticas por la Universidad Central de Venezuela (UCV). Es profesor de pregrado y postgrado en el Departamento de Matemáticas Puras y Aplicadas de la Universidad Simón Bolívar (USB), del cual ha sido jefe, y así mismo fue miembro del Consejo Editorial de Equinoccio, casa editora de esta universidad. En poesía ha publicado Sueño de un día (Editorial Eclepsidra, 1997), Purgatorio (Editorial Eclepsidra, 2012), Entusiasmos (Editorial Kalathos, 2016). Tercer Libro de los Entusiasmos fue publicado en el primer semestre del 2021, bajo el sello Oscar Todtmann Editores. En la colección de poesía Voz Aislada de El Taller Blanco Editores apareció, a fines del año 2021 su Cuarto Libro de los Entusiasmos. Textos suyos han sido incluidos en Antología de la poesía latinoamericana del siglo XXI, El turno y la transición (compilación de Julio Ortega, Siglo XXI Editores, México, 1997), en El salmo fugitivo: antología de la poesía religiosa latinoamericana (Leopoldo Cervantes-Ortiz, editor; Editorial Clie, México, 2009) y en Tramas cruzadas, destinos comunes (Común Presencia Editores, Bogotá, 2014), así como en algunas revistas impresas y en medios electrónicos dentro y fuera de su país. Es director asociado de Editorial Eclepsidra.