jueves, 22 de marzo de 2012

PÁLMENES YARZA: POESÍA DE VENEZUELA




PÁLMENES YARZA. (Nirgua, Venezuela 1916). Premio Municipal de Poesía en 1974 con su poemario Contraseñas del tiempo, ha publicado también, entre otros volúmenes, Elegías del segundo (1961), Borradores al viento (1988), Memoria residual (1996) y Expresiones (2002).

Selección de poemas de Gladys Mendía


de Contraseñas del tiempo



III

Removida la coraza de la noche
endurezco frente a la luz como cualquier otro animal.

Busco el mundo lentamente con pie de caminante.
Huyo de penetrar en vertientes continuas,
de diluirme en las sangres como piedra en las olas.

Fuera mi cuerpo es rada, canal de las palabras.
Vaivén saliente de una rama.
Dentro de mí,
en cada simple corola me sucedo
y devuelvo a los aires toda la fiebre dulce.

Mis nombres olvidados
traspasan la calle, densa de gritos y de párpados.
Yo sigo ciertas alas de errancia y soledad
suspensas en mis labios como palabras de entresueño.

Y recuerdo vilanos blancos, ceibos de infancia,
ubres de los árboles fluyendo en el día.

Ahora el ánima
va cayendo en la tarde, como hoja inmensa.

Voy por las calles de los encuentros. Llueve.
La sed puede arrancarme un grito de metal,
pero he desterrado el vaso en que bebía.
Mi hora viene ahíta de cales.
Un sauce asoma en mis espejos íngrimos.

Creo que el árbol me ve y me inunda de adioses.

Hermano, hermano mío, que miras tus relojes,
del tiempo de tus voces huyo en esta avenida.




de Borradores al viento



5

Vuelvo sobre mis pasos voy buscando
aquel camino sordo y ciego
por donde ir en áspera demencia.
Y llego
a un pueblo de garzas, a un árbol seco,
alto candelabro encendido como ceniza de rescoldo al viento.

Llego a una garza sola, asoleándose en cruz,
madero gris en invierno,
a otra que ansía ser
la rosa de la amanecida
al abrazo del campo en los herbales,
tomo el alma del día
en la epeira que perfila la curva del camino,
en el insecto del barranco
que viene hasta mi pecho en giro imprevisible.
Mi proyección camina sobre un hilo de sombra.
Oigo que llaman desde un hito lejano.
Te oigo, oigo el resquicio de tu nombre
¿desde dónde?, ¿adónde?
Me encuentro con la luz, borrada, ausente,
y una palma va en el cielo
y el ceibo todo blanco se empina hasta la nube
como fábula o leyenda.
A un refugio que parece un ilusorio secreto
me encomiendo en este día de diciembre.

Estoy aquí, en Pálmenes y el silencio
y doy de mi pan a la ardilla o al saucedo.
A través de la rama el sol asoma el cielo.
Tú naces lejos, lejos.
Baja una abeja una hormiga por las sobras de mi mesa.
Vacila en la hoja verde la gota de rocío
y cae y se funde en mi frente.
Lagartos transeúntes en tropilla
atisban a este-oeste en la redonda sombra
que proyecta la nube inmóvil.
Mi mano estrecha una mano que no existe.
En el aire quieto crece el instante
huevo de vida y muerte.

miércoles, 7 de marzo de 2012

MARÍA AUXILIADORA ÁLVAREZ: POESÍA VENEZOLANA




MARÍA AUXILIADORA ÁLVAREZ (Caracas, Venezuela 1956). Estudió Letras Hispánicas en Estados Unidos y Artes Plásticas en Colombia y Venezuela. Ha dado clases en Miami University (Ohio), University of Illinois y UNAM (México). Ha hecho crítica literaria y cultural, y ha expuesto en diferentes ocasiones su trabajo plástico. Es miembro del Consejo de Latin American Studies Association (Sección Venezuela). Ha publicado los siguientes libros de poemas: Cuerpo (1985), Ca(z)a (1990), Inmóvil (1996), Pompeya (2003), El eterno aprendiz y Resplandor (2006). Continúan todavía inéditos: Sentido aroma (1994), Pájaro que vuelves (1994), Páramo solo (1999), Tránsito de ruinas (2005), Un día más de lo invisible (2005) y Paréntesis del estupor (2009).
Entre otros reconocimientos, ha recibido el Premio de Poesía del Consejo Municipal de Cali (Colombia, 1974), el Premio Fundarte de Poesía (Caracas, 1990), y el Internacional Award María Pia Gratton (USA, 1999).

Poemas seleccionados por Gladys Mendía


Poema Cuerpo (11)


11
conozco
el tiempo de cocción de las legumbres
las verrugas de las ratas
la importancia de ser la hembra
lo tácito de la procreación
me detengo
en el genital y el alimento
cada día
y recibo de ellos una vida
y una muerte
renovables
y voy desarrollando
un acercamiento
de maxilar de culebra
y voy desarrollando
un sabor sicópata
en la lengua
mientras juego con la basura
y los excrementos
de mi hija
a ella le enseño
la propiedad afectiva
de los dementes
y los mamíferos diarios
muertos en la cocina



Poema Cuerpo (5)

5
sala de parto
MOSAICOS RESES CUCHILLOS
cocina que desuella sin anestesia porque su dueño se lava con
ella el órgano tibio por si acaso cauteriza su conducto lácteo se
ríe cerebral enjuaga sus nervios sensitivos duerme
lejos
de los colchones plásticos
amnióticos
sangrientos
de la hilera
panza bonete libro cuajar rajar sacar
el relleno
ordenar los mosaicos
cose


Poema Cuerpo (12)


12
ella me abre las piernas
desde el piso
trata de ascender
y no la dejo que ahí no hay nada
se cerró la puerta
se acabó la casa
ella quiere devolverse
por las tardes
se me para entre los pies
calva y caliente y no entiende
que la aparto
que esa puerta se acabó
que no se puede
entrar ya ni salir
ni decidirla
que ya basta de quirófano y cabeza
por las tardes amorosas y sangrientas
y ella tiene miedo
y quiere hundirse
en el útero de nuevo
en la noche y la comida
en su cuarto pegajoso
entre mis piernas
y no la dejo que ahí no hay nada
se cerró la tarde para la cabeza
no hay sangre
ni cuchillo que la conduzca
ni boca de perro que la defienda



martes, 28 de febrero de 2012

LYDDA FRANCO FARÍAS: POESÍA VENEZOLANA




LYDDA FRANCO FARÍAS (Sierra de San Luis, Venezuela 1943-2004). Publicó, entre otros: Poemas circunstanciales (1965), Primer Premio en el Concurso Literario del Ateneo de Coro; Edad de los grandes ataúdes (1977); Summarius, prosa poética (1985); Recordar a los dormidos (1994); Descalabros en obertura mientras ejercito mi coartada (1994), con el cual gana el Premio Regional de Literatura Jesús Enrique Losada, Mención Poesía, otorgado por la Gobernación del estado Zulia; Bolero a media luz (1994); Una (1998); Antología Poética (2002). Falleció en 2004, dejando cinco de sus obras inéditas.

Selección de poemas por Gladys Mendía de Poemas circunstanciales (1965)



No nací para ocupar un espacio y nada más.
Ignoro cuál será mi participación.

Me tocó ser mujer y no me quejo,
me tocó caer en la humedad del tiempo,
en la inhóspita sequedad de los caminos
pero aquí me quedo
entre escombros y desperdicios.
Destruyan mi epidermis resentida,
despedacen mis sueños, mi alegría,
aniquílenme
mas no pretendan sancionarme
porque un día aparecí sobre la tierra
y tuve voz y grité
y tuve fronteras y no quise despertar sin ellas
y tuve armas y allí están
perfiladas, inmóviles, ariscas.




de Las armas blancas (1969)


comienza mi poema para nadie porque nadie es la absolución
todos llevan parches oscuros
aquí las cosas no suceden se dicen con naturalidad
esta gente tiene la piel de las victorias pasadas no asimila
esta gente feliz sueña con héroes de la independencia
en esta ciudad nadie mata
música suave franquea la distancia
salmo profundo flota en lo más alto
es la vigilia del poeta que sueña
gato agazapado en la oscuridad
aspiro a la otra orilla
esta orgía de cuerdas es un cerco continuo
en verdad no me lamento
en alguna parte la vida sale de su retiro
evaporando fantasmas de la víspera
en alguna parte no aquí esta gente es feliz



de Summarius (1985)


DÍA DE SIN



MAÑANA DÍA DE SAN JOSÉ
NADIE TRABAJA
TE QUEDAN TRES DÍAS PARA NO HACER NADA
TRES DÍAS TUYOS
TRES DÍAS PARA LEER UN CAPÍTULO
DE CADA UNO DE LOS LIBROS QUE NUNCA TERMINAS
LAS NOTICIAS ATRASADAS
MAÑANA SERÁ DÍA DE SAN JOSÉ
PARA MÍ HOY ES DÍA DE SIN JOSÉ
Y SIN EMILIO
Y SIN MIRNA
Y SIN MILTON
Y SIN LOS AMIGOS QUE TODAVÍA QUEDAN SI ES QUE QUEDAN
Y SIN DERECHO PARA SENTIRSE ASÍ CON UNAS GANAS DE LLORAR
DÍA DE SIN UNA LÁGRIMA
ES ESTÚPIDO





de Una (1985)



lisa y llanamente abre los ojos
se coloca la máscara del día
las zapatillas de rondar sobre el abismo
las pestañas de ir a los oficios
las alas de volar hasta la fábrica
a marcar la tarjeta que computa
la no vida
he aquí esta mujer lívida como un fantasma
real como una espina o una piedra
que menstrúa
que copula
y se vale de ciertos artificios
como teñirse los cabellos
ponerse sombras en los párpados
sacarle brillo al piso
brillo a la soledad
brillo a la parcela de aliento
que guarda en los cartílagos
en la marejada del corazón
en la penumbra de los sueños
donde a veces relampaguea
la dormida tenaza
guijarro contra espejo
preñez a contracielo

(la rabia de tener que lavar los mismos platos)
escucha ruidos que le vienen de adentro
fascinada por la comprobación
he aquí que esta mujer despierta
alarga la mirada sobre el mundo
y el mundo se retrae abatido
por un inminente apocalipsis




de Recordar a los dormidos (1994)



rasgo las vestiduras
me desprendo de lo suntuario
esta muerte holgada
y esta vida indecente
y traslúcida




de Bolero a media luz (1994)


si soy el capricornio
algo de cabra he de tener
si vengo de la neblina
de la roca caliza
del haitón donde el eco avaricia
el hilo de voz que no devuelve
si desnuda me bañé en los canjilones
si la montaña sigue allí
algo de sombra me quita
si sigo de pie atolondrada y renuente
si me revuelco en la sed
si tanteo buscando húmedas sílabas
y doy con párpados de invierno
es alucinación de los sentidos
si en cambio
un deseo vehemente me solicita
es que caerá sobre mí
un aguacero imprevisto
que me volví duende
que me fui viniendo por el río que se iba






de Descalabros en obertura mientras ejercito mi coartada (1994)


se desprende
un candor de pulseras
una deforestación
de rubíes
nunca estuvo la sangre
tan tijera
si me llaman
digan que no encuentro los pies
que el reloj se detuvo
que fui tras el rastro
de una quemadura en mi ombligo
que morí de mal parto
que me soñaron
que me seguiré pesadilla
y mala sombra



de Aracné (2000)



tejer en el vacío
es desprenderse de uno mismo
caer en el vacío
es recuperar el revés
lo que encandila

sábado, 18 de febrero de 2012

CHEMANÉ ARIAS RODOLFI: Poesía Actual Venezolana




CHEMANÉ ARIAS RODOLFI (Tucupita, Venezuela 1978). Historiador del Arte. Trabajó durante dos años en Egipto fotografiando los monumentos de El Cairo. Ha dado clases universitarias en Arapuey, Nueva Bolivia, Ejido y Mérida. Autor del libro La Iglesia de San Miguel de Boconó y su retablo mayor. Actualmente forma parte de Encayapa, colectivo dedicado a conocer y aplicar técnicas constructivas de la arquitectura tradicional de Venezuela.

Selección por Gladys Mendía




O-O

Y si yo tuviera los lentes redondos,

¿Mi pecho estaría cruzado por
el emblema de Santiago
como aquesta Mérida?

¿O amarrado por una flor lapizlabial
a la raíz de una bala?

Quizá prepararía té y galletas
para mis amigas
de mínimas tardes.

Habría redactado un tratado a las gracias
y desgracias
del ojo del culo
o una canción
en la que me llamo morsa y hombre-huevo.

Habría dado a luz el mejor soneto de la lengua castellana,
hijo del Amor
que mueve al sol
y las demás estrellas
más allá de la muerte,
o la canción que todo lo imagina:
¨nothing to kill or die for¨
-¿y ese vientre moreno y tenso
como la goma lúbrica de la canela?
-¿y tales ojos como el abismo en la noche?
Claro que luego sería preso
y tengo hijos que alimentar.

¿Sería yo un creador de belleza?
Si, como los demás, apenas puedo amarrarme los zapatos
y usar el celular.

-hay legiones sin celular ni zapatos

Y la belleza que ya está allí, sin que nadie la empuje,
sino que aparece entre las grietas,
en los juguetes de plástico y los motores de los carros:
¨take credit for it¨ le dijo a Gehry su profe de cerámica
y en los créditos no salgo

yo

aspiro y espiro
mi destino línea de fuga
que se escapa triangulado entre el emblema, las galletas y la bala.

(8 de junio de 2010)



Esta ciudad me hace pensar cosas extrañas
y desear imágenes de formas olvidadas,
la lluvia que regresa a nubes apagadas,
el parque silencioso, el hilo de la araña

quema la tarde
las naves del tiempo

sobre el espacio oscuro. La tez de la guadaña
corta la soledad y trazo sin medida.
En el led de tus ojos estallan las vitrinas
y el poliéster se arroja a tu cuerpo en campaña

las abubillas y las calandrias
vuelan
sobre los jardines de Nínive

publicitaria. Quién llora tras la fachada:
las cifras y modelos de nuestra Compañía
estrangulan la luna del Mar de los Sargazos.

célebre por tu cintura
y el arco de tus hombros;
por los remolinos negros
en tu nuca de seda

Los usuarios prefieren la dicha procesada:
tu corazón y el mío extractados en pasos
repetibles. La tele nos hace compañía.

y sobre los ríos de Babilonia
se dibuja la sonrisa
del ángel exterminador.

(Valencia-Mérida, agosto 2010)



Medley / Varia


Final

Nos consume el afán de más y más.
Si consiguiese ver
con ojos de certeza

más allá de mí mismo

y me encuentre fielmente

más allá del revés del espejo

no habrá muerte o temor:
Cuando algo es querido por el Cielo
ya nada se le opone.

I

Dicen que los demonios usan botas;
los ángeles, escarpines;
y las mujeres, alas invisibles
con las que acarician a los niños
y se roban a los enamorados.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete,
cada día una obra.
Todo en siete sonidos
cinco sonidos
y otros siete sonidos
silábicos
los ángeles suben y bajan al Sol
por la escala diatónica
de tu terso romavali.
Ocho, nueve, diez, once, doce, trece
nuestras vidas son torrentes y arroyos
que van a dar a la mar
que es el morirse
en la membrana erizada de tus pechos líquidos
sin amarras
felizmente alejados
de soledad y tiempo.

II

Capitán Garcilaso, este es el programa para la Ciudad del Sol:
Night in Managua
Solaris
Ella
Plenilunio
Pico-Pico
My Heart, My Light
Complicated
Blue Tropic / Tristes Trópicos
Maracuyá
Una canción, una tarde
Luego de la muerte
habrá alguien que cante
bajo un árbol de maguey
cual Ella Fitzgerald o Billie Holliday
música nunca antes escuchada
en esta tierra.
Garcilaso,
a imagen y semejanza
de Adán en el Edén
no existimos sin palabras,
nombrando cosas
que son palabras de otra voz.
Garcilaso,
cómo convertir esta habla de mozos de mulas
en vehículo adamantino de gracia y belleza,
hacerla decir lo que dice Dios
en lenguas más antiguas, Fray Luis.
¿Cómo se dice Ridwan en castellano,
cómo se dice Pâramitâs
o cómo se dirá Akuena?

III

Dueñas que habéis intelecto de amor:
a escuadra y plomada
construyo una casa
al ritmo del sol y de la luna.
La cárcel son las palabras
y la liberación.
Bellas como la luz de un campo de maíz,
cuento las cuentas de mi rosario,
tendrá 108, 99 o 54
flores de los capullos del Paraíso
la majestad de vuestras corolas
anuncia la joya que reposa en el loto.
Al final
disipa el afán de más y más.
Si consiguiese ver
con ojos de certeza
más allá del espejo
de mí mismo
y me encuentre
no habrá muerte o temor:
Nada se opone
al mandato del Cielo.

(septiembre-octubre 2010)




Stella luci stellarum

Dante, enamorado de las estrellas
Alfonso Reyes


Acercando una linterna encendida
a cualquiera de tus orejas puedes
escuchar las estrellas, cual si fueres
rojo como el amarillo. La vida
en cápsulas de cristal recluida
sabe a feo la paz de las paredes
de la oficina: odios y mercedes
en papeles y desapercibida
se fuga la brisa de tus cabellos
hacia los arrayanes. Los venados
carician las copas de los bucares
y los pomarrosos como si a ellos
llevara la autopista otros lugares
y a los arroyos los días soleados.
Las estrellan también cantan de día.

(6 de noviembre de 2010)




dolce stil novo

Me pegó un tiro un carajito.
No le vi los ojos, llevaba lentes oscuros.
Mejor me hubiera escupido.
La bala ardía como todas las llamas del Infierno,
la bala acariciaba como todas las flores del Paraíso.
Penetró por una cavidad y luego pasó a otra
y luego a otra y a otra,
en zigzag,
como la bala que mató a Kennedy.
Se disolvió en mi sangre,
ahora intoxicada de un alka seltzer milenario.
Me dejó una herida en forma de volcán inverso,
inmensa,
por la que se me salen la vida y la muerte,
la sangre y las palabras.
Me duele como si hubiera arrancado
algo más mío que un pulmón.
La bala tiene un peso metálico
fundido en mis oídos y mis huesos
en mí
la bala florecerá de oro.

(agosto 2011)






viernes, 10 de febrero de 2012

RAMIRO SANCHIZ: Narrativa Actual de Uruguay

El avance

Ramiro Sanchiz

Uruguay

Al despertar me encontré en mi vieja habitación; no había rastro alguno de los otros enfermos. Alguien la había ordenado durante mi ausencia, llevándose la enorme cantidad de papeles, fotografías y libros de los que me había rodeado durante los confusos insomnios que antecedieron a mi entrada al hospital. Fue sorprendente saberme allí, pero esa noche, misterios aparte, logre dormir bien. Al otro día desperté sin dolor. Palpé mi abdomen con cuidado -y miedo-, pero no sentí incomodidad o malestar. Alguien me había dejado una bandeja con comida. Constaté también que la puerta estaba cerrada desde afuera. Desayuné a la espera de que la digestión se me volviera imposible, pero no fue así. Todos los procesos de mi cuerpo parecían haber vuelto a la normalidad, inclusive la defecación, que concreté en un retrete dispuesto en un rincón del cuarto. Después debí quedarme dormido. Hacía años que no dormía en paz. Al despertar descubrí una mancha en la pared, como si alguien la hubiese tocado con un dedo viscoso y dejara un rastro putrefacto, como dicen los poetas. Acerqué mi nariz: no despedía olor alguno. Un almuerzo consistente en carne, papas al horno y ensalada, más una jarra de agua fría, esperaba en el mismo lugar donde había aparecido el desayuno; apenas terminé de comer me venció el sueño. Dormí por lo que debieron ser seis o siete horas, y cuando abrí los ojos, allí estaba mi cena.
Estos curiosos acontecimientos se repitieron una y otra vez. Basándose en la frecuencia de las comidas, es posible calcular que fui rigurosamente alimentado a lo largo de varias semanas. Un día (las fuerzas habían regresado a mis músculos, la carne volvía a ser firme y ya no se me adivinaba la osamenta) abrí la puerta, o me dejaron abrirla. Salí a un amplio pasillo de pisos de tabla y lambriz hasta la mitad de las paredes. Los zócalos eran polvorientos y sentí la presencia de arañas minúsculas. Nadie, por ninguna parte.
Durante todos aquellos días la mancha no hizo más que crecer. Llegó a adquirir volumen y detalles, como si fuera una semilla que daba origen a una extraña forma vegetal. Me sentí arrinconado, invadido: estaba empotrada en la pared, pero sus zarcillos crecían a gran velocidad y pronto llenarían la habitación. No sentí miedo, sin embargo; a cierto nivel inconsciente yo esperaba esa proliferación. La entendía.
Al día siguiente de mi salida al pasillo dejaron de alimentarme. Las comidas ya no aparecieron en la habitación. Recorrí la casa -enorme y abandonada- en busca de una despensa, que encontré con una extraña y reconfortante alegría, alimentada también por la constatación de que había alimentos para varios meses. Entonces di paso a otra rutina. Podía controlar mejor mis ciclos de sueño, así que, si bien dormía en la misma habitación junto a aquella planta monstruosa, dejaba transcurrir las tardes en la biblioteca y las primeras horas de la noche en el observatorio. Al principio miraba las estrellas, pero pronto mi curiosidad se volcó a la ciudad en ruinas dispersa alrededor de la casa. Pasado el primer mes (el retorno de la luna llena fue mi primer indicio de un tiempo firme y real) se volvió imposible regresar a la habitación. La planta ocupaba casi la totalidad del espacio; sus zarcillos se habían cubierto de pelo y surgían como tentáculos de un núcleo central, palpitante y animal. En vano busqué en los manuales de zoología de la biblioteca. La palabra "bezoar", sin embargo, parecía ocultar un significado importante.
Rápidamente la planta –sigo llamándola así porque es lo que más parece aludir a su crecimiento ciego, su manera barroca de invadir todos los espacios de una antigua civilización u orden– cubrió los pisos más bajos. La biblioteca fue asimilada y sólo logré salvar una novela sobre un hombre que tiene un enemigo risible y, hacia el final, está claro que él lo ha imaginado o creado sacando y dejando crecer lo peor de sí, lo que más odia de sí mismo. También me hice con otra novela, titulada La glorieta, y un libro de cuentos en el que encontré la curiosa frase “un hombre que conoció en un golpe de suerte a una Diosa y la perdió jugando una partida de ajedrez”. Me refugié en el observatorio a leer y aguardar los zarcillos-tentáculo, mientras repensaba el plan de escalar la fechada y acceder a la calle. No pasó mucho tiempo antes que tal hazaña se volvió impostergable. Deseé explorar la ciudad, salir en busca del hospital donde había estado internado, encontrar a alguna persona, ángel o demonio, perro, gato, rata o ratón con quien hablar. Mis pies golpearon el jardín el día en que se cumplían nueve meses de mi recuperación. Dediqué semana tras semana a explorar las calles vacías y los edificios derrumbados. Al principio me asustó la posibilidad de no encontrar comida; pronto, sin embargo, dejé de tener hambre. Y no encontré otra cosa que ruinas, caminos y devastación. Ninguna señal de vida en la otrora majestuosa Ventomedio, sólo la planta que emergía de la casa y avanzaba entre los edificios en una lenta metástasis.
La perspectiva de abandonar aquella ciudad me hizo sonreír. Me aferré a los libros y a los años por delante y empecé a caminar.




domingo, 1 de enero de 2012

FEDERICO ARAYA: Poesía Actual de Argentina




FEDERICO ARAYA (San Juan, Argentina, 1977). Ha publicado Todos estamos solos (poesía, 2003) y Las Paredes y el Vacío (poesía, 2005). Miembro fundador de la revista literaria Lavidapuera (San Juan, 2000). Coordinó y produjo Ciclos de poesía en las ciudades de Caucete, San Juan, Mendoza, Villa María, Córdoba. Estuvo a cargo de talleres de lectura para los Centros de Actividades Juveniles (2006 - 2009). Miembro fundador de Centro Cultural El Candil, Caucete (2007 hasta la actualidad). Creador del Ciclo de recitales de poesía Antidomingo, Caucete (2011) Es coordinador del ciclo de cine público y gratuito "Trae tu silla" (Caucete, 2011).

Selección por Gladys Mendía



POSTAL

La navidad
es un ejército
de familias cargando
bolsas de supermercado


FÁBRICA

Hace días que veo una chica
en la fábrica donde trabajo

arrinconada
pensativa
muda
mastica sus uñas

Tiene
los ojos
hinchados y cristalinos

Cuando nos dan un rato para descansar
todos se juntan en algún sector
y hablan de la tele
o cualquier otra cosa

pequeños grupos desparramados
en este gigantesco animal
que escupe engranajes
hablan
de cosas sin importancia
a la hora del descanso

Pero ella se va a su rincón
y mira hacia otro rincón
muy lejano

nadie se le acerca
a preguntarle nada

Acá nadie le preguntaría si se siente bien
o mal

Acá
nadie
pregunta
nada.


ALMUERZO FAMILIAR


a la familia tipo
in memoriam


Los cuchillos que chirrían en los platos
es casi todo lo que se oye entre nosotros
y la deglución de la carne
y la hornalla encendida al fondo


alguien pide sal
alguien pasa la sal


Los niños se miran entre sí
sabiendo que si se ríen
hay golpe en el cabeza


alguien pide soda
alguien pasa la soda


Mis ojos enfocan las moscas
que vuelan en la ventana
Un nudo avanza por mi garganta
pero no es la náusea
es la vida


alguien pide pan
alguien pasa el pan


Ella mira las agujas del reloj
y descascara el pan
las horas trágicas nublan sus ojos
que cubre con una servilleta de tristeza


Los otros
que completan esta mesa de duelo
aprietan la carne con sus mandíbulas
dientes cavando un campo minado


Cenamos en silencio
pensando tal vez
que no nos aguantamos más
que deberíamos separarnos
antes de fin de año


La hornalla que calienta la sopa
acaba de apagarse


yo la dejaría así eternamente


Pero alguien pide encenderla
Alguien lo hace.


POEMA DE ALGUIEN MIRANDO EL TECHO


Tirado en la cama
tengo sobre mí
el techo de esta casa de los 50`s

El techo está descascarado

se vislumbra el hierro de la viga
el color gastado de un ladrillo carcomido
islas de pintura desparramadas en un mapa de hormigón

viejas pinceladas de anteriores inquilinos
sepultados tal vez
o sobrevivientes en otras casas

Yo todavía no he pintado el techo
ni quiero hacerlo
está bien así
no tiene la monotonía blanca del orden

Puedo ver figuras en él
mujeres fragmentadas por ejemplo

en un rincón sus piernas
en el medio el humo de sus almas encendidas
más allá charcos de vino con el que se emborrachan
justo sobre mí hay ojos mirando la tranquilidad
de mis días

Si enmarco alguna parte del techo
podría obtener piezas de algún museo de arte contemporáneo

sin sangre ni locura

Por eso prefiero no enmarcar nada y mirar el techo
tal como está

un mapa de hormigón
islas con horizontes de grietas
mujeres levantándose entre las ruinas
del tiempo.




jueves, 15 de diciembre de 2011

MARIALUZ ALBUJA BAYAS: Poesía Actual de Ecuador




MARIALUZ ALBUJA BAYAS (Quito, Ecuador 1972). Magíster en Estudios de la Cultura, con mención en Literatura Hispanoamericana, por la Universidad Andina Simón Bolívar. Licenciada en Artes Liberales por la Universidad San Francisco de Quito. Estudios de Literatura Norteamericana en E.M.U., Harrisonburg, VA (EEUU), estudios de Literatura Francesa Contemporánea en Montpellier (Francia) y estudios de mandarín en la Universidad de Hexi, Tianjin (República Popular China).
Ha publicado los poemarios Las naranjas y el mar (1997), Llevo de la luna un rayo (1999), Paisaje de sal (2004), La voz habitada (coautora, 2008) y La pendiente imposible (2008), obra premiada y publicada por el Ministerio de Cultura del Ecuador. Su poemario inédito Detrás de la brisa ganó una mención de honor en el concurso César Dávila Andrade 2012. Sus textos han aparecido en revistas literarias y en antologías nacionales e internacionales (Argentina, México, España, Venezuela y Perú). Forma parte de la muestra permanente Prometeo Digital de la Academia Iberoamericana de Poesía. Su obra ha sido parcialmente traducida al inglés, portugués, francés y euskera.
Ha representado al Ecuador en la Semana de la poesía de Bilbao, Pamplona y San Sebastián (2010), Feria del Libro de Santiago de Chile (2010), Festival Internacional de Poesía en Cartagena de Indias (2010), Encuentro de la Universidad Católica de Lima (2006), Festival Internacional de Poesía en Barranquilla –PoemaRío– (2011), Talleres de la Imaginación en la FLACSO y diversos eventos organizados por agrupaciones culturales a lo largo de la región.
Correo electrónico: mayayu5@hotmail.com


Selección Por Gladys Mendía



SIMULTÁNEAS ALREDEDOR DEL MUNDO

Recibo la llegada de la noche.
Golpeo el teclado
este hermoso piano de vocales y consonantes que lanzan su música inaudible
dejando que la ciudad se me escape lentamente por el oído izquierdo
mientras por el derecho me invade la tierra cruda que está del otro lado
los chaquiñanes detrás de mi casa…
Si los seguía me llevaban a la autopista
que sin saberlo rompe los montes
separa el campo

y mi madre
en su pequeño escarabajo por el camino empedrado
mientras yo, en la Gran Muralla,
bajo la luna llena
me recuesto.


Esta es la casa del padre
donde partimos el pan después de su regreso.
La casa del padre en la cima de una colina que el viento se come poco a poco.
La casa del padre bajo un cielo sin nubes.

El padre que abandonó
y que hoy alarga sus brazos por encima de los montes que nos separan.
El padre que ahora vuelve renovado
como quien regresa de otra tierra
para convertirse en dios.
El padre que no parece padre
porque las aguas de cientos de ríos han acariciado sus manos
y han sido degustadas por su boca.
Aguas doradas
dirigidas por el sol en su travesía hacia la muerte.
Aguas que de tan claras se olvidaron de su condición
para ser cielo o espejismo de la arena.

Esta es la casa que no tuvimos.
La casa de los sueños tardíos
donde los nevados acarician la garganta que despierta
y las estrellas se reflejan en los ojos del que duerme.
La casa donde no hemos cosechado porque no sembramos
y donde
pese a ello
creemos pertenecer.

Esta es la casa del padre.
Aquí habremos de llamarnos hijos suyos.
Aquí habremos de volver cuando podamos mirarla desde la distancia
y sobresalga en el perfil de la montaña
como el único refugio en esta tierra erosionada.

Seremos caminantes de eternas Comalas.
Llamaremos en la madrugada con la clave que nos heredó.
Responderemos al sonido de su lengua.

Esta es la casa del padre
donde partimos el pan después de su regreso.
Donde lo saboreamos por primera vez
y por primera vez
queremos que así sea.



Más allá del páramo
donde los gallinazos entretienen la mirada
antes de anclar su soledad a la ventisca

una no sabe si podrán cerrar los ojos
para verse
si un sonido de campana de repente los lastima
si acaso su sangre en remolino se agolpa
cada vez que la garúa desdibuja la montaña

y si entonces morirán de pena

si aquel eterno picoteo de la ruina
algo de pulcro dejará en sus paladares
algo de triste
de insaciable
de sombrío
cuando la luz se desmorona en el remanso de las nubes
y ellos atrapan, consumada, la belleza.

Ya no quedan sino algunos
recorriendo mi niñez
sobrevolando los momentos
en que vuelvo a atravesar su territorio.

Son un recado de la muerte
que si llega de improviso
me tomará donde ellos cortan el barranco.

Aunque podría adivinarles las señales
y escapar.

Pero no quiero.




sábado, 3 de diciembre de 2011

CRISTIÁN ASTIGUETA: Poesía Actual de Perú



CRISTIÁN ASTIGUETA (Perú, 1980) Actor de teatro, periodista schund & ex vocalista subte. Ha publicado tres plaquetas de poesía: Tenue Final de la Reina Beat (LaParcaCelestial, Arequipa, 2006), Nuevos Colores Artificiales (NaveBurdel, Lima, 2007) y Nena/Nena o El Blues Animal (NaveBurdel, Cusco, 2008).

Selección por Gladys Mendía



pop perseo

01 entre el cielo
i tu lengua
diecisiete estrellas
m i s e r a b l e s
tiemblan cuando ríes
lloran mientras bailas

02 perseo furioso hijo
de la lluvia (dorada)
tu nombre i tu enfermedad
deambulan sobre un mar
angustiado fecundado
en tu saliva de ahogado

03 el sol cae de rodillas
mutilado/ deslumbrado
ante la fotosíntesis
de tu carne rara i descompuesta
pero tú/ tú sólo comprimes
los puños i el ano
te acaricias e imaginas
el sabor del miedo (endurecido)
en la esquina más triste de tu cama

04 las pupilas aceleradas
i los latidos estridentes
de los amantes petrificados

05 perseo: tu reino de tragedia
desciende como un disparo
blanco/ perdido entre moscas verdes
i nubes violetas entre techos rojos
i partículas celestes tan lejos
de tu sonrisa amarilla
i tu corazón acorazado
cada noche/ cada noche

viernes, 25 de noviembre de 2011

GERARDO CÁRDENAS: Poesía Actual de México



Soy Gerardo Cárdenas Robles, radico en Chihuahua, México, nacido en Cuauhtémoc, con una veintena de años. Actualmente estudio Letras Españolas en la Universidad Autónoma de Chihuahua y asisto al taller de creación literaria “Scripta manent”.
Hasta el día de hoy cuento, en cuanto a trabajos personales, con los poemarios, El silencio de las cosas, por Tintanueva Ediciones, y Mediaciones, por Latin Heritage Foundation, así como la participación en las revistas RAWR, Contra Magazine, Clarimonda, Metamorfosis, Areté, y próximamente en un libro colectivo por la revista Infraarte.
He impartido talleres de poesía a nivel universitario por cuestión de los programas culturales del estado, y he participado con trabajos propios en mesas de lectura, encuentros y congresos organizados por la Uach y por el programa de difusión cultural Salas de lectura, de Gobierno del Estado.

Selección por Gladys Mendía


Primera parte: Las canciones de Ícaro

I

Espero que las palabras se reconcilien.
Ayer las escuché pelear.
Yo estaba...
Había algo que...
Las palabras peleaban. No quise intervenir.
No me veían. Sentado mordía la ventana.

Tal vez alguien me tapaba la boca.
Los ojos.
No sé quién movía la cortina.

Ojalá se vuelvan a ver.
Ojalá dejen de hablar y se busquen.

II

Nuestro corazón tiene delirios.
Sueña que lo dibujan con ingenuidad.
Sueña que se lo comen.

Despierta a veces por la noche
y se quiere palpar los costados.
Se inventa que le falta una costilla
quizás un par
y se entera de la existencia que
hay en todas las calles y las manos.

Esperando allá
en algún sitio
otro corazón también delira
y tiembla bajo los cristales.

Nuestro corazón es un perro
y es una piedra.
No es que lo dejemos andar solo
pero casi siempre está perdido.

III

Mi cuarto parece un congelador.
Odio que no me salga barba.
Odio rasurarme.

Hay días en que me levanto.
Obviamente hay días en que me levanto,
y traigo playera blanca interior, y siento
que de nuevo tengo ocho años.

Hoy no pienso ir a la escuela porque toca el uniforme de gala.
No me gusta ése, porque me da frío y siento que me veo raro
caminando, y no me gusta que la gente me vea caminar.
La pantalonera es más amplia y más cómoda, y nadie ve cómo
muevo los pies cuando camino.

Fingiré que estoy enfermo. Mi madre me dejará fingir.
Y tomaré jugo y comeré cosas que no le harían bien a un
niño enfermo.

Pero el cuarto parece un congelador
y me tiemblan los dientes debajo de
la cerradura.

IV

Huella de la serpiente que sigues hacia el agua
José Joaquín Cosío

Aún no entiendo cómo, pero los días son larvas y son flores,
y a cualquier hora el calor se pinta de noche entre el alumbrado.

De noche azul, como si realmente las cosas pasaran
arrastrando la tierra, y arrastrándonos con todo;
yéndonos así por los conductos que nos permite el momento...
este día de este mes de este único giro que ya no se moja
luego con las mismas plantas.

Se nota que no somos de aquí.
Yo pienso que alguna vez lo fuimos.
No somos de aquí, no caminamos,
no estamos acompañados del ruido y de las huellas.
Nuestro signo es volar, y lo que vuela
no quiere quemarse de concreto y
cansancio.
Tú y yo no somos de aquí.

Y es que mi mano es la de un pequeño, y mis ojos son los de un pequeño
y se amedrentan, y mi sonido se come tu sombra sólo para
llevarnos las primeras nubes que se estancan bajo los libros.

Tu mano se envuelve de mis huesos y me escudriña
los sueños desde la nuca.
Me dejas al extremo del mundo en una lata de refresco
con vainilla y cerezas.
Y no sé de mí otra cosa que no seas tú.

Me pierdo fácil si me lo dices, y si me encuentras,
y claro que mi boca y mis pasos te van siguiendo por las escalinatas
de un carrusel al que nos subimos sin saberlo.

Dejamos a un lado todo y ni siquiera elegimos el caballo
más brilloso y grande, porque tenemos certezas y una constante salida al mar.
Aún no entiendo cómo, pero los días son larvas y son flores.
Y luego lo entiendo.

V

No le digas a nadie que estoy escondido aquí.

Hoy volvieron los nervios, y otra vez tuve que escaparme, y otra vez
terminé a un lado de los ladrillos junto al salón de los de sexto.
Venir para acá es peligroso. Dicen que fuman y no les gusta que ronden
los más chavitos. Dicen que te va mal. Dicen que uno nunca volvió,
que está entre los ladrillos, porque siempre han estado.
Ahí siempre hay aire, y nadie sabe quién lo trae.

Pero hoy la cosa no es fácil. Cuando uno debe entrar al infierno,
el camino más corto ha de ser siempre el mejor.
Por la puerta grande, dijo el maestro.

Creo que a mí me duele algo entre la espalda y la barriga, porque
a veces no se me ocurre algo bonito que pueda decirle.
Y la saliva se me vuelve una masa dura y fría,
y se me va todo, y me veo correr lejos de mi cuerpo,
muy lejos, y no puedo detenerme. Sólo ella, si un día me animo.

Tal vez hoy debí regalarle una paleta y no decir nada.
Y sonreír juntos.
Eso habría estado bien.




viernes, 4 de noviembre de 2011

Sobre Dioses de Bolsillo, de Edilberto González. Por Gorka Lasa

Los Códigos del Silencio
(Aludiendo al poema de González Trejos)

Por Gorka Lasa
Ensayo a manera de presentación del poemario Dioses de Bolsillo, del poeta panameño Edilberto González Trejos. Panamá 2011.


“Dioses de Bolsillo” es un libro muy particular, gestado dentro un flujo fáctico, que incluye en su praxis, un discurso sobrio y una clara dialéctica, canalizada dentro de un sendero de reflexiones, analogías ontológicas, luchas y aciertos, elementos constituyentes que se combinan con maestría y precisión en elaborados mosaicos de poética belleza.

Su profundidad resalta lo humano he invita a una reflexión intima sobre el dilema vital, ya que el autor, manteniendo una intencional tención semántica, no le permite al lector aletargarse en ambigüedades y llanuras, al contrario, el poeta se sumerge en lo profundo de la razón esencial, con coraje y sabiduría, y arrastra con él al lector que se atreva a otear estas profundidades.
No hay señas tibias en la lírica de Gonzales Trejos, su conocimiento es breve y preciso, porque su objetivo es claro y definido. Su pausada armonía es el resultado de conocer la técnica a cabalidad y apresar la trama con la propiedad de quién ha leído mucha poesía, y aunque reconoce y respeta la norma, la trasciende; porque el verdadero poeta sabe que su vuelo es más importante que el juicio de los hombres, que el vértigo del abismo es más relevante que las limitadas cárceles de lo retórico o lo académico.
Y así, sin tapujos, nos lo dice en uno de sus versos:

Quien trilla el mundo hoy,
Fue un albañil a veces,
Un Arquitecto, otras.
(…)
Abierto al horizonte
Hombre, y Astro,
Que en la noche trashuman
-todo pasará-
(…)
De mi carne, de mi sangre
Surge la semilla
mundos, universos
eternitud,
-paso adelante-

Edilberto, como buen poeta, sabe perfectamente a dónde va, pero se toma su tiempo, como un maestro Zen, el sabe que la montaña está en su Ser, que esta mora en su alma desde siempre, por lo que no apresura el sendero, no es necesario empujar el rio, su flujo es uno y el poeta es uno con él, solo resta fluir, solo resta estar en lo que se es.

Solo el ciego y el ávido están apresurados por ganar o ser reconocidos, solo el que no ha comprendido la verdad ulterior, es esclavo de su ego, enjuiciando la forma efímera y tiranizando en lo estético. Pero este no es el caso de Edilberto, él reconoce la atemporalidad de lo esencial, él plasma en su poesía el fuego y la filigrana de lo inmanente, y en serena ecuanimidad describe la visión y comparte con nosotros su Luz.
Nos dice el poeta desde su más encumbrado ser:

Soy alma y navegante del viaje y la alegoría.
(Una brújula de arquetipos marca rumbo y devenir.)
Provengo de dioses absolutos,
de la ira y la ortodoxia,
amos de estrechas calzadas,
monopolio de las rutas.

Así se entremezclan camino y contemplación, el fuego arde en la entraña, reclama una sanción lirica, una cura. La espera no es amiga de la paciencia, y el poeta, sin remedio, sale a sentenciar la obra, a declarar su canto al viento de los mundos, a decir que sin él, las esquinas están rotas, los caminos son solo de una vía y, el agua de la lluvia del tiempo, aunque todavía le moja, no es ya aquella que en la infancia purificó las sienes del cazador de luciérnagas, el saltador de hogueras primordiales, el niño que creció en la lúdica alma del bosque, entre la caña y el fogón, la luna y el rio, la mano sabia del abuelo, y la lección severa del padre.
La voz poética de Gonzales Trejos, probó ya el néctar esencial del gozo; ese que el hinduismo brahmánico llama Ananda*. Y es por esto, que como un autentico buscador, el poeta está dispuesto a perder el mundo, abandonar el reflejo ilusorio, aquella realidad que es solo sombra de la realidad eterna que mora en el propio espíritu.
Y es que el poeta, como un ser ungido con la palabra de su agonía atemporal, lo arriesga todo, se juega el mismísimo presente para dar paso al sendero de luz de lo recobrado, ese camino que es simbólicamente la salida del laberinto, el final de la ceguera animal, el ultimo ritual, para dar paso al ser que se desprende de los silencios mundanos, que se desapega de los resultados materiales y decreta su partida hacia el reino del Ser.
Y así nos lo expone en su poema: Ocaso del hombre.

Conozco tanto del mundo
Que quiero perderlo
¿Un poco más?

La túnica rasgada
El cordón de plata
A punto de ceder:
Es hora de partir.

El poeta igualmente, y que de esto no quede duda, es un animal de su tiempo y de su noche, sabe que está en el presente y en el mundo, que su dolor es también el dolor del mundo. Su piel de siglos arde con la injusticia, y su voz es la vos de los sin voz, de los marginados del pan y la palabra.

Gonzales Trejos no rehúye este compromiso con el hombre, al contrario, su zafra de luz poética es también para el logro máximo; aquel sueño de una sociedad justa. su mensaje es denuncia que resuena los oídos del déspota, señalando la prueba y el sendero, la razón y la consecuencia, la liberación o el abismo.
Porque él sabe que la verdadera tarea del hombre es liberarse de las cadenas de su propio egoísmo. Y hoy, esta sentencia es más crucial que nunca, este mensaje nunca fue más necesario, frente el desenfrenado desequilibrio de una civilización en crisis, que se derrumba por la fragilidad de sus debilitadas fundaciones.
Y así nos lo decreta el poeta; en su poema De Vigilia, para mí, uno de los mejores poemas de este libro, una clara advertencia a un mundo que agoniza:

Ahora habitamos la hora confusa,
nos mide una casta de desarraigos.
Pulsan vías ocultas en desmemoria,
abren el pecho dolido a la humanidad.
Ahora surge un sangrado de indecisiones:
anular, o no, los relojes de la fatalidad;
asentarse en la templanza,
o renunciar a la brújula del cielo.
Ahora toca aprender la lectura de las estrellas y los signos,
desmontar el techo, los aparatos de represión.
Ahora toca alcanzar el firmamento,
dentro del pecho o de las nubes.

Así arribamos a la certeza de que la poesía de González Trejos ha cumplido su lumínico cometido. Porque él es el testigo y la evidencia de que en ese momento sagrado en que la autentica búsqueda encuentra su lenguaje y convierte en rituales estéticos la añoranza del Ser; se renueva el Hombre en su canto de vida y torna a la palabra en puente hacia el misterio ulterior, en testamento del alma, mensaje trascendente, epifanía y libertad.

Cuando los dioses antiguos se diluyen en la sabiduría y renace el buscador al recuerdo de su norma; vuela entonces la visión poética decretando en el vacio su descubrimiento, el jubiloso despertar del testigo reencontrado, agua de luna y viento entregados como ofrenda a la zafra de la cotidianidad.

Dioses de bolsillo es un libro único. La palabra cual sahumerio de Luz en tiempos de oscuridad y zozobra, un claro llamado al recogimiento, una meditación pausada sobre la vida y su lección de estaciones y tiempos. Es también un lírico retorno a la casa materna, a la añoranza del campo; que en su sagrada melodía de arcilla y mano sembradora, trae la visión de lo imperecedero, el pan nutricio del arraigo primordial.

A pesar de la brevedad de su propuesta, el poeta panameño Edilberto González Trejos no resta espacios a lo inmanente, no escatima en reveladoras distancias; certezas literarias que aluden con precisión a una trama ética de auténtica espiritualidad. Su lectura augura gratos descubrimientos, su poética es, sin duda, clave de un nuevo amanecer.

Gorka Lasa Tribaldos (Panamá Octubre 2011)


* Ananda (del sánscrito, ānanda, ‘alegría, felicidad suprema’)