miércoles, 7 de enero de 2026

Sobre El desierto que cruzamos de Victoria Benarroch. Por Salvador Medina Barahona.

 



Sobre El desierto que cruzamos de Victoria Benarroch

Por Salvador Medina Barahona


En El desierto que cruzamos (LP 5 Editora, 2025) Victoria Benarroch se aboca y nos aboca, en fondo y forma, al misterio, parcialmente iluminado, aquí y allá, con arreglo al decir esencial, a la elipsis, a lo no pocas veces cifrado o elusivo. 


Impresiona que en su brevedad pueda ofrecernos una cierta diversidad de temas que van desde los rigores ontológicos de su particularísima experiencia vital, pasando por los dolores del desarraigo, hasta un eros con múltiples aristas y matices, en el que prosperan no solo las vinculaciones con atributos sensuales y carnales, sino las de carácter místico. 


Sus versos parecen haber sido esculpidos (revelados) con un cincel que no dejara luz para lo decorativo y demandara de nosotros una mirada directa sobre la carne magra del poema: la sustancia del deseo o del dolor. Aunque, casi sin hacérnoslo ver, Benarroch no escatima en recursos estilísticos que potencian una suma de brevedades expansivas: el oxímoron, la paradoja, la sinestesia, la aliteración de corto aliento...; lo que genera un complejo balance entre la economía del verso y la abundancia de sus repercusiones. 


En esta nueva propuesta la poeta del silencio establece puentes de comunicación muy bien apuntalados y erisados de sombras cuyo blindaje habremos de ir decodificando por insistencia —¡una sola lectura no basta!—; con lo que se nos permita atisbar el paso, verificar el cruce de un extremo al otro de cada estructura, ahora con plena sensación de logro, más tarde como si apenas hubiéramos podido conseguirlo, a rastras por el asfalto caliente. O por la arena caliente del desierto, para seguir la alegoría de la autora.


Benarroch, como en trabajos previos, se permite muy pocas denotaciones; pero tampoco la vemos resolverse a ultranza en connotaciones múltiples ni en excesos metafóricos. El suyo es un lenguaje «natural» después de la forja, y antes bien parece contener sus verdades definitivas y, por ello, ocultas bajo los pliegues transparentes de la veladura. Percibir los contornos de una verdad, lo sabe, puede ser llevadero; mirarla directamente a los ojos, enceguecedor. 


En ese sentido, la suya es, en El desierto que cruzamos, una poesía poco complaciente, que rehuye los facilismos de la claridad, sin, por otra parte, caer en la esterilidad de los encriptamientos. Permite el diálogo, bajo la condición de que quien lea/dialogue se desautomatice, participando de cierto nivel de extrañamiento en el que las cosas cotidianas, por poco que asomen, sean vistas como por primera vez.


La energía del texto estructurado a fractales viene de muy lejos, de un antes ancestral, si se quiere; de un código genético que se manifiesta en Benarroch en un contrapunto de placer y nostalgia. De allá lejos procede el misterio, y el mandato de expresarlo como su naturaleza lo pide, y la contingencia de aligerar su carga trayendo su luz solo por partes. Con el bálsamo de la contención y la sabiduría del silencio.





Salvador Medina Barahona (Panamá, 1973) es un poeta, ensayista, profesor de escritura,  editor y crítico literario panameño, autor de siete libros de poesía y ganador de varios galardones literarios, entre los que figuran el Premio Centroamericano de Literatura Rogelio Sinán, y el Premio de Poesía Stella Sierra, en el año 2000.


martes, 6 de enero de 2026

POMPEYO PÉREZ DÍAZ: Poesía Actual de España

 


Pompeyo Pérez Díaz nació en Santa Cruz de Tenerife (España). Músico de sólida formación, es guitarrista y profesor del área de Musicología en la Universidad de La Laguna. Como intérprete se especializa tanto en música contemporánea, habiendo estrenado obras que le han sido dedicadas por varios autores, como en repertorio del siglo XIX interpretado con instrumentos históricos. Años atrás tocó el bajo en un grupo pospunk. Ha publicado libros, artículos de investigación y ensayos de marco académico. En dicho ámbito obtuvo el Premio Nacional de Investigación y Estudios Musicológicos de la Sociedad Española de Musicología con Dionisio Aguado y la guitarra clásico-romántica, libro basado en su tesis doctoral. También es Licenciado en Psicología, con un máster en Terapia de Conducta.

Su acercamiento a la poesía fue muy temprano. Obtuvo algunos premios que generaron publicaciones (entre los que aprecia el Félix Francisco Casanova para jóvenes autores y el Ciudad de La Laguna), y asimismo colaboró con pequeñas revistas literarias y fanzines de corte underground. De cualquier modo, prefiere olvidar esa producción poética juvenil y remitirse únicamente a la versión revisada de Terciopelo y Fascinación (Libros del Luthier, Madrid, 2014), Las Presencias (Hontanar, León, 2017), Variaciones serias (Devenir Editorial, Madrid, 2022) y El tiempo habitado (El Taller Blanco, Cali-Colombia, 2025). Es autor de relatos y guiones de cortometrajes, así como de decenas de textos culturales en prensa, firmados con su nombre o con el de alguno de sus tres heterónimos. En la actualidad escribe dos nuevos libros, uno de poemas y otro de prosa.

Selección de poemas de Gladys Mendía.


EL OLOR DE LA COMPOTA DE MANZANA CON CANELA

Almost Blue

Elvis Costello


Me lo dijiste una vez

el olor de la compota de manzana

con canela

es una razón para vivir

y al verte 

con uno de esos camisones

blancos   que usas  

como de otra época 

(aunque cortos)

en mi cocina de pared roja

preparando el café

al observarte   allí inmóvil

bailarina de Degas

descalza preparando 

el café en camisón

pensé que ese instante

el tiempo detenido

era como el olor de la compota

de manzana con canela

y te robé una foto

te volviste

posando para otra   sonriente

posición de reposo

y ahora echo de menos

las distintas formas

de tu risa incontenible

que nos hace sentir seres

inmortales el modo en que miras

a tu alrededor la singular

delicadeza de tu pensamiento

tu extravagante manera de hablar

y (tal vez) me inquieta aceptar

que todo cuanto extraño

sea (solamente)

casi tú


y me dijiste una vez

cuánto te gustaba recorrer

con un dedo

cada rincón de mi torso

para ti un perfecto

triángulo invertido

mi forma de andar inconfundible

aguardar con paciente

ternura a que expusiera

alguna de mis ideas absurdas

sobre lo bello y lo efímero

y no puedo olvidar

cómo intuiste   adivinaste

desde el principio   mi sentido

del humor extraño

(lo llamo humor oblicuo)

mi extravagante manera de hablar

todo cuanto crees desear

tanto y que   tal vez

sea (solamente)

casi yo


pero escribimos   nuestros nombres

con tu lápiz de labios 

en el libro de visitas 

del Museo de Montmartre

y caminamos

entre las flores lascivas

que imaginó

Robert Mapplethorpe

nos reflejamos en decenas

de cristales   de espejos

bebimos grog y vinos de Borgoña

corrimos hacia aquella crêperie 

bajo una tormenta

y ahora inventamos   susurramos

una transición dulce

hacia la nada


recuérdame 


SUAVEMENTE LAS LÍNEAS VIBRAN COMO LOS CARTELES


suavemente las líneas vibran como los carteles

sacudidos de viento en callejones sucios

las líneas de tardes girando en la habitación

o agazapado bajo melodías sinuosas

desentrañando misterios en las páginas

suavemente la amarga acidez del hastío

buscando huidas en carreteras solitarias

una radio en la gasolinera polvorienta

paisajes repetidos para sueños de autopista

en la desierta vigilia urbana faroles y pintadas

y el tedio en las lujosas danzas y en las citas

en algún desván tal vez mi imagen


PARA TODA LA VIDA


Qué absurda memoria recreándose

entre irreales sombras que se estiran

qué oscuro silencio qué inmóvil todo

sólo momentos recuerdos de una calle

las solitarias horas los versos

los desgarrados sorbos de las copas

los delicados besos

qué extrañas cadencias inquietándome

qué invierno qué inmenso temblor de raso

figurando oleadas del malva al negro

qué olor morboso el de aquellos pétalos



y es el frío de los cristales rotos

la indolente luz en las aceras

el efímero descanso de los sueños

la creación amarga

qué heladas aristas brillando ahora

qué abandonado eco tu recuerdo

y el olor de la pintura aquel mes de lluvias

la suavidad de tus piernas y tus sábanas

el color de bronce de los viejos relatos

qué indiferente horror el de mis pasos

sólo sonidos miradas o palabras

como un espejo roto

para toda la vida 



lunes, 22 de diciembre de 2025

Sobre Árboles de hoja perenne, de Belén Ojeda. Por Alberto Hernández

 



ÁRBOLES DE HOJA PERENNE, DE BELÉN OJEDA

Por Alberto Hernández


´Soy el jardinero y la flor, no estoy solo en la celda del mundo´

O. E. Mandelshtam


´Han caído las hojas. / He nacido´

M. I. Tsviétaieva


´hojas del frambueso se hacen plateadas/ al girar su envés. / Hoy el sol está triste/ como tú, norteña (…) Los árboles se yerguen sobre el suelo resinoso´

B.L. Pasternak


´Pero el pinar y los juncos del estanque/ responden con un extraño eco´

A. Ajmátova


1.-


Los árboles suelen viajar, sus raíces ahondan en la tierra y exponen sus hojas al viento, su silencio, sus movimientos aéreos, una manera de comportarse con el clima y con la observación de quien los estudia, y quien esto hace se transforma en su sombra, en sus aromas y discursos, en la memoria de sus antepasados, porque los árboles también son seres, tan humanos que cruzan por el poema y emergen intactos o desencajadas sus ramas.


Los árboles cambian de lugar, mutan su fisonomía. Es decir, viajan con sus otras hojas, las que brotan con los frutos y son llevados en el sabor con que la boca los nombra y los convierte en belleza, por eso sus hojas son perennes, nunca mueren, se transforman, como el todo que los abona. Y así la poesía. 


En el poema ´Fragmentos del Diario de Smilka Milova´, versos que pertenecen al libro ´Graffiti y otros textos´, ganador de la Bienal Literaria del Ateneo de Calabozo, en el Estado Guárico, Venezuela/ Mención ´Daniel Mendoza´ de Poesía, cuyo jurado estuvo conformado por Francisco Pérez Perdomo, Salvador Tenreiro y quien esto cuenta, Ojeda escribe: ´Zagred, 12 de enero de 1944 // Dimos la espalda / a la casa y al manzano// Lo quebrado nos ligó para siempre / a la palabra huerto´. En el mismo poema dice: ´Belgrado, 28 de agosto de 1944// Sabíamos las horas/ por los gritos de los condenados / laúdes / sexta / vísperas´. No ha faltado en la poética de Belén un árbol, la maldad del poder o la presencia del padre como sombra benigna, aquel Alonso Ojeda Olaechea con quien tuve, hace muchos años, el placer de compartir algunos sueños. 


Ese libro, el mencionado arriba, da pie para hablar de éste de ahora, porque desconozco los otros anteriores de nuestra autora, quien en ese mismo título no deja pasar este verso: ´Es tradición jugar al ajedrez con piezas humanas´, imagen que también está presente en este que hoy tratamos.

Este inciso me permite también señalar acerca de nuestra relación con Belén Ojeda a través de ´La liebre libre´, en la que Harry Almela, Rosana Hernández Pasquier y este servidor formábamos parte de su consejo editorial. Dos trabajos de Ojeda: la primera edición (1999) de ´Somos cuatro´, en la que las voces de Ossip Mandelshtam, Boris Pasternak, Marina Tsvietáieva y Anna Ajmátova siempre estarán presentes. En la otra publicación de ´La liebre libre´, titulada ´Soy vuestra voz´, de Anna Ajmátova, también primera edición en 1994, ambos nos aproximaron a una poeta que recién venía de una larga estadía en la Rusia soviética donde estudiaba música, razón por la cual ella escribió la nota, hizo la selección y la traducción de estos sufridos autores nunca bien vistos por los jerarcas rojos. Posteriormente, nos tocó verla dirigir en nuestra ciudad de Maracay a la agrupación coral ´Madrigalistas de Aragua´ en la que dejó muchas enseñanzas y amistades.


En este caso, su árbol creativo mostró las nervaduras de su talento.


2.-


Ahora, la editorial LP5 nos trae ´Árboles de hoja perenne´ (Santiago de Chile, 2025) en el que Belén Ojeda sigue sembrando y cosechando de este árbol poético ( también genético) de cuyas páginas emergen ricas imágenes, temas que nos animan a continuar trazando su afán, su porfía por nuestras palabras. Belén se vale de tres epígrafes que bien vale anotar: ´La caída de las hojas/ fue el primer asombro del exilio/ viajar y volverse isla de uno mismo/ es la constante/ desde aquel desprendimiento´. El otro: ´La inteligencia femenina es reconocida con el nombre de “distancia” ´ y el tercero, que hace parte de una de las estancias del poemario: ´Cuando emigramos/ no conocíamos / los rigores del crepúsculo/ ni sus dominios´, entrada que nos anuncia el sendero que habremos de recorrer por las raíces, hojas y nervaduras de este nuevo universo que nos lega la poeta venezolana Belén Ojeda. 


3.- 


´Luna enjaulada´ es la primera parte de este poemario en el que el lector podrá abrirse camino a través de un poética en la que la metáfora del árbol y su hoja perenne contiene un ramaje de visiones, presencias y humanizaciones: Belén Ojeda desnuda sus palabras para confirmarse poeta en medio de un bosque donde las tribulaciones, la confusión, la figura del padre y un país lejano se aproxima al saberlo leer y luego escribir a través de las palabras y la música.


Nos deja sentirlo: ´…los árboles / ellos han perdido las hojas/ Yo también/ Mi copa/ diminuta y yerma/ quedó abierta a la confusión/ de los pájaros que anidan en mí/ mientras el árbol / inmenso/ recibe nuestros latidos / en su búsqueda / de un bosque total´. Aquí nos deja ver que el humano ser también pierde sus hojas en medio del impulso cardíaco de la realidad. Ese ´bosque total´ podría ser concebido como la permanente búsqueda del mismo ser.

Su yo protagoniza en el otro la fuerza que contiene su espíritu.


4.- 


Rosa Navarro Durán, en su libro ´Cómo leer un poema´, confiesa que ´El poeta es el prestigiditador de las palabras, puede crear con ellas un mundo´, más adelante precisa que ´Frente a la ficción, Gérard Genette habla de la poesía como ficción´, de lo cual se desprende que Ojeda se pasea tanto por esa ficción sin dejar de vivirse al aguzar su yo y ponerlo a la orden de su realidad, que puede ser la del otro: ´Durante horas de insomnio/ muelo la luz/ para alimentar/ a la jaula enjaulada (…) He dejado testimonio de aquella selva/ en un diario de cianotipos´: un lugar, un espacio salvaje, imaginado o no, confirma la presencia de la naturaleza de un sujeto que seguramente habita esa geografía, que podría ser espiritual. La poeta continúa su ruta en medio de esa naturaleza que la aproxima al árbol cuya hoja también podría ser la memoria, el recuerdo de una travesía: ´…nostalgia de hundir mis pies/ en el lodo// nostalgia de cuerpo empapado/ por la lluvia…´.


E implora: ´abrázame con tus raíces/ mírame´, en un arrebato donde el amor, ese cuestionamiento permanente, se transforma en un sonido tenue.

Arriba la voz poética a la estación que lleva el nombre del libro, donde retorna a los ancestros, en un viaje donde un río, las nervaduras de las hojas son personajes, para luego expresar: ´Nada pesa tanto/ como el olvido´, y admite su plural: ´Somos el cuerpo/ de un árbol´.


5.-


La figura del padre la regresa a la infancia. Ese eterno retorno al pasado tiene en la poesía muchos referentes: la palabra es un pasado perenne, como la hoja que cae del árbol y se transforma en humus, en el abono óseo, carnal, invisible con el tiempo.


´Nombro los árboles/ cuando voy de la mano de mi padre/ cafeto eucalipto yagrumo// Reconozco los árboles/ cuando voy de la mano de mi padre/ ceiba caobo samán´, especie de propiedad verbal que se define como el lugar donde esos árboles le han dado la vida a la voz cantante, a la poeta nacida en el trópico, y la nostalgia por esa tierra:

´La patria fue entonces/ el pequeño pozo/ que construía mi padre/para protegerme del oleaje (…) La patria fue también el sabor de la diferencia/ los tatuajes de caña y café// Patria-pan/ Patria-pozo/ Patria-patio/ Patria-padre´.


Y la madre, otro símbolo de esas hojas perennes, dueña de todos los afectos:

´Mi madre siempre tuvo/ dos corazones/ uno/ como el de todos/ y otro/ verde (…) Hoy descubro/ que en ese corazón/ nadamos juntas´.


Y…´entro a casa/ y no encuentro a mi padre / ¿Dónde perdí sus hojas? (…) Un machete parte el horizonte/ anunciando el regreso de mi padre (…) ¡Alonso! ¡Alonso!/ Lo llaman// Padre/ cuando regreses/ nos reconoceremos por el canto´, entonces entra la música, una partitura del poema.


6.-


La poesía se sueña, podría soñase en grupo, cantarse, anotarse en una partitura. Y ser definidos, los soñadores, como ´tortugas/ que llevan sobre su milenario cuerpo/ el peso del mundo´, como la imagen del elefante que sostiene el orbe o la simbología de Sísifo, quien en lugar de roca era la tierra entera la que intentaba subirle a los dioses.

Define y copia en el papel de leer música: ´…siempre es grave/ la tesitura de la palabra/ noche´, y en medio de esa sombría hora, un jardín. 


En ´Dos acordes te sostienen/ entre Juangriego y La Caranta´, la poeta Ojeda homenajea a una reconocida compositora, a través de una ´Aproximación a un sistema de acordes en la obra de Modesta Bor´.


La música, la dirección vocal encuentran en la poesía de Belén Ojeda un espacio para desarrollar su estética.


7.-


Persiste en el extrañamiento mediante ´Algunas aves/ emprenden largos viajes nocturnos/ Vuelan hacia sí mismas/ hasta desaparecer´: la noche y la muerte o la pérdida convidan a pensar que la poesía es también un raseo espacial. Y para eso, un ritual: ´El chamán espera el atardecer´.


8.-


El árbol carga, muestra sus frutos. Pero la violencia estorba, acomete contra el verde de esa hoja representada en la madre, en el padre buscado con ansias, por eso dice: ´La guerra es siempre en blanco y negro/ Guernica y el tablero de ajedrez / Los grises no alivian´. 


Una pregunta al viento: ¿Todo viaje conduce a un abismo?

Continúa la voz de Belén Ojeda al rememorar la pérdida de la infancia, a los amigos ausentes. Y se sensibiliza con la mirada puesta en la realidad: ´en el puerto maloliente/ en la hierba Caracas/ terca en las alcantarillas´, la locura que invade las calles. Y un recuerdo duro del episodio de una dictadura. Quedan estos poemas, queda esta voz dispuesta a ser oída por el mundo, por el árbol frondoso que ofrece este libro.




sábado, 13 de diciembre de 2025

BIPAN MBOUSSO ANTOINE: Poesía Actual de Camerún

 


Soy Bipan Mbousso Antoine, nacido el 25 de enero de 2003 en Mekon III, región de centro Camerún. Soy un apasionado del idioma español y la cultura hispánica por eso mis amigos me llaman Antonio Banderas porque es mi favorito en el mundo del cine. Me gradué del Bachillerato A4 Español en el Liceo de Nkoteng en 2021 y actualmente soy estudiante del nivel 3 en Lenguas, Literaturas y Civilizaciones Ibéricas Iberoamericanas e Italianas en la Universidad de Yaundé 1. Después del bachillerato, he integrado el equipo de la emisora "Hablemos español" , una emisora creada para ayudar a los estudiantes con el español. He participado en diversas actividades y concursos relacionados con el español, concursos organizados por la Embajada de España, donde he obtenido reconocimientos como el primer premio en el concurso "Saber y ganar" y el segundo premio en el concurso de poesía organizado por la Fundación Fernando Rielo en 2024. Además, soy autor del poemario inédito "Jardín de cenizas" y "Sous le ciel de Meta-lem"(obra escrita en francés), demostrando mi compromiso con la literatura universal y particularmente el idioma español.



De Jardín de cenizas 



 Por los besos de ayer que no verán mañana 


No quiero que te cobras la cara de lágrimas

Ni que se  enteran de estas despedidas 

Sólo necesito otro beso o simplemente ,

Volver a ver tu mirada inocente. 


Grito por los besos de ayer que no verán mañana 

Grito por mi alma arrebatada en el silencio de los dioses 

Triste arrepentimientos de anhelos infantiles 

Maldita soledad que a mis ideas abraza.



 El susurro del vacío


Un susurro constante, un eco sin voz,

que rasga mi alma desolada, presa del hastío.

La ciudad, un laberinto de soledad,

donde la inocencia muere ahogada en el silencio.


Rostros anónimos, pasos que se alejan sin fin,

risas huecas que resuenan gélidas y vanas,

un espejismo de sueños, un vacío sin luz,

que me envuelve en su manto de sombras y penas.


Busco un refugio, un lugar donde el alma pueda sanar,

libre de esta crueldad impía y de esta angustia que me consume.

Pero el eco se repite sin cesar en mi calma,

un recordatorio de la desesperanza que me habita.


La esperanza se marchita como una llama que se apaga,

y solo queda el susurro, la amarga verdad

de un alma perdida en la noche de la ciudad,

buscando un rayo de luz en la oscuridad que me rodea.



Fragmentos de un corazón roto


Silencio roto, un susurro apenas,

de un eco lejano que ya no regresa.

La memoria, un rompecabezas disperso,

donde el ayer se funde con la tristeza.


Un mar de lágrimas, salitre y amargura,

inunda el alma, la deja desierta.

Y en la arena, huellas borradas ya,

de un amor perdido, una promesa muerta.


El tiempo, implacable,  un río caudaloso,

arrastra recuerdos, como hojas en otoño.

Y en su corriente, un grito silencioso,

Fragmentos de un corazón roto, un eco profundo.



La herida abierta, supura lentamente,

una cicatriz que nunca se cerrará.

Y en cada latido un eco constante,

de lo que fue,  de lo que nunca será.



La sombra danza, burlona y cruel,

mostrando fantasmas, en la oscuridad.

Y en el vacío, un grito desolado,

que el silencio absorbe sin piedad.


Un corazón partido en mil pedazos,

un rompecabezas imposible de armar.

Y en cada fragmento, un dolor que late,

un eco profundo que jamás callará.



La Caída Silenciosa


El viento susurra un adiós,

a hojas que caen sin parar.

El sol se apaga... ¡Ay mi amor!

 Mi sombra cubre el mar.


Silencio profundo, vacío eterno,

donde la ausencia se siente.

Mi alma llora el abandono celeste 

Y se desvanece en el tiempo.


La tierra se quiebra sin voz,

bajo un peso oscuro y mortal.

Un alma yace  sin dolor,

en un sueño profundo y fatal.


Y solo el tiempo, testigo cruel,

de una caída silenciosa y lenta,

donde la vida se apaga sin luz,

y la muerte se cierne sin piedad.



Sombras en el Pozo


Mi alma se hunde en un mar de dolor,

un abismo sin fondo, sin luz, sin amor.

La oscuridad me envuelve como un manto de plomo,

y el silencio me devora sin dejar un suspiro.


Mi pecho susurra un lamento constante,

que se pierde en el tiempo sin volver un instante.

Mi esperanza se marchita como una flor sin agua,

y el corazón se quiebra sin un grito ni lágrimas


Mi alma destrozada por la vida; y mi destino

se mezcla con el dolor sin consuelo, sin alivio.

Y en el pozo profundo, de mi propia desolación,

el alma se hunde en un sueño de hielo sin redención.


La soledad me consume como un fuego ardiente,

y el olvido me llama con una voz que no se apaga.

Un barco sin timón sin brújula, sin puerto,

naufraga en la tormenta de mi propio desierto.



Hubiera querido decírtelo antes


La tarde agoniza un crisol de añil y plomo,

donde conciencia germina pétalo a pétalo, un abismo.

Y en este ocaso fúnebre  donde la luz se extingue lento,

un eco de palabras muertas, un torrente inconcluso... Siento.


No son las flores marchitas que el viento dispersa al vuelo,

ni el eco de un lamento que perdió su hilo y su consuelo.

Es algo más profundo, un abismo de obsidiana,

donde la verdad yace, muda, en una eterna mañana.


Un enigma de sombras un laberinto sin salida,

donde el tiempo se deshilacha y la razón se queda herida.

Te hubiera querido contar de un sueño hecho ceniza,

de un astro que se apaga sin dejar una sola brisa.


Un rompecabezas de instantes dispersos en el éter,

donde lo real y lo irreal se confunden, se entretejen, se prefieren.

Un código indescifrable cifrado en un beso,

que solo el alma intuye en un instante y un respiro.


Hubiera querido decírtelo antes pero el tiempo cruel tirano,

borró la huella, la esencia, el dicho de mi anhelo vano.

Y ahora solo queda el vacío una herida abierta en el alma,

un dolor invisible y tu silencio que me reclama.




lunes, 27 de octubre de 2025

Alejandro Sebastiani Verlezza



Alejandro Sebastiani Verlezza. (Caracas, 1982). Poeta con incursiones en las artes visuales. Reside en Madrid desde el año 2024. Comunicador Social por la Universidad Santa María (2005) y Letras por la Universidad Central de Venezuela (2012). Diplomado en Estudios Liberales en la Universidad del Valle San Francisco (2014). Colaborador por más de una década del Papel Literario de El Nacional. Se ha desempeñado como corrector y redactor del Diccionario de Historia de Venezuela de la Fundación Polar. Hizo la residencia para escritores en Rianxo –Galicia– con Axóuxere Editores (2013). Durante una década fue profesor del Departamento de Literatura y Vida en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela. Magíster en Estudios Literarios de la UCV (2022). 

Ha publicado Posdatas (El pez soluble, 2011), Derivas (bid & co, 2013), Canción de la encrucijada (Eclepsidra, 2016), Partir (OT Editores, 2018), Los hilos subterráneos (Eclepsidra, 2020), Al tanto de sí mismo… (Eclepsidra, 2021, en coautoría con la editorial), festina lente (Lp5, 2023) y La orilla del retorno (El taller blanco, 2023). Aparece antologado en Voces nuevas (Celarg, 2005-2006/2006-2007), 102 Poetas. Jamming (OT Editores, 2014), Tiempos grotescos (Unam, 2015), Nuevo país de las letras (Banesco, 2016), Nubes (Pre-Textos, 2019), Total interferencia (Lp5,2021), Poblar la intemperie (La Poeteca, 2023), Poemas en bicicleta (La Poeteca, 2024) y En compañía de los ríos subterráneos (Lp5, 2025).




Cómo me gusta enseñar la poesía



1. podemos adentrarnos de manera individual o en grupo,

2. importa que cada persona encuentre su propia expresión y la escritura es solo una de las posibilidades, hay muchos métodos,

3. es valioso considerar a la poesía como una presencia generatriz de la vida que sopla donde quiere: hay un entramado de procesos que convergen, pero la escucha del cuerpo y la atención al presente marcan el principio,

5. el taller puede ocurrir en el salón de clases, el colegio, el instituto, parques, plazas, cafés, vía online, mensajes, correos, videollamadas, 

6. en cualquiera de estos espacios aparecerá naturalmente la expresión de cada persona,  

7. propongo un repertorio de ejercicios y uno de mis favoritos consiste en darle la vuelta a la cuadra donde vives (o la que más te guste),una y otra vez, en sentido horario y antihorario, hasta dar con "algo"...

8. a la par de la vertiente artesanal del taller vamos observando qué pasa con tus poemas, tal vez están sueltos, quizás son el comienzo de una plaquette, 

9. tal vez te interesa trabajar con ciertos artistas y explorar otros formatos (video, fotografía, performance),

10. en el proceso descubrimos los temas o voces que pueden alimentarte...

11. conversaciones que van y vienen: la tradición y la vanguardia, las poéticas y sus vertientes, los objetos encontrados y la ciudad, la naturaleza y los mitos, las artes visuales y el cine, la música y la traducción, el poder y el fanatismo, la biografía, la imaginación y el mundo interior, el viaje del héroe y la sci-fi, el proceso editorial y los grupos literarios, las lecturas públicas de poesía,

12. desaprendemos todo lo andado y retornamos a cualquiera de estos puntos, nos detenemos a captar las huellas del fenómeno poético en el entorno más inmediato; las sesiones pueden ser las que quieras: una, tres, seis, nueve; cuando quieras terminar te doy una carta con ejercicios y orientaciones para tu búsqueda,

ps. me gusta en español la implicación de la palabra "taller", porque me suena a tallar; en italiano hablamos de "laboratorio di poesia", en inglés "poetry workshop" y en francés "atelier de poésie".



***Créditos de la fotografía: ASV. Autorretrato con paisaje en movimiento.


sábado, 18 de octubre de 2025

YULEISY CRUZ LEZCANO: Poesía Cubano-italiana

Yuleisy Cruz Lezcano nació en Cuba (1973) y posee ciudadanía italiana. Desde 1992 reside en Marzabotto, en la provincia de Bolonia. Es poeta, escritora, ensayista, periodista y activista comprometida con la defensa de los derechos de los trabajadores y la lucha contra la violencia de género. En su labor educativa, promueve modelos relacionales innovadores y utiliza el caviardage como herramienta pedagógica en escuelas, con el objetivo de transformar lo negativo en positivo. Coordina laboratorios creativos orientados al crecimiento personal y colectivo.Colabora activamente con periódicos nacionales italianos, en los que publica artículos sobre temas sociales, educativos y de actualidad. Su voz literaria y compromiso social se entrelazan en una obra extensa y reconocida tanto en Italia como en el extranjero. Su trabajo gira en torno a temas de identidad, migración, feminismo, translingüismo y la experiencia intercultural de la mujer inmigrante. Forma parte de la redacción de distintos fanzine y blogs italianos, y colabora con revistas literarias españolas e hispanoamericanas, en las que publica tanto artículos propios como traducciones de autores italianos, con el objetivo de difundir la poesía italiana a nivel internacional. Ha escrito 18 libros.


Restos que respiran


Son los restos, sombras vivas,

ecos que el tiempo no consume,

fragmentos de un cuerpo ausente,

huellas de un suspiro antiguo.

En la sequedad de la forma,

sin dientes, sin aliento,

alguien llama a un ángel dormido,

a una madre que cruza umbrales.

La mirada, ese faro tenue,

pregunta en la penumbra,

se esfuma en el aire denso,

regresa al secreto sin nombre.

Sobre la madera dormida,

la chaqueta suspendida en el olvido,

el sombrero, custodio silente,

la caligrafía, un rastro de alma.

En esos restos inanimados,

habita el pulso de lo eterno,

el hálito que no se rinde,

la sombra que aún respira.



La casa detenida


El televisor apagado,

el piano cerrado,

las persianas inexistentes,

el mundo afuera.

Cajones sellados,

recuerdos atrincherados,

hojas escritas con una pluma

que aún deja huella en el tiempo.

Puertas sin luz,

marcos que encierran cuadros,

ecos de miradas inmóviles

en paredes que guardan secretos.

El gas apagado,

la cocina impecable,

la espuma de afeitar intacta,

las cuchillas en el cajón,

el espejo ya no refleja.

Todo está detenido

en un silencio que pesa

el espacio donde el tiempo

se ha olvidado de pasar.



Fábula bajo la piel


Dicen que es silencio este río

que se esconde sin descanso,

un murmullo bajo tierra

que sueña con la mañana.

Algo late y mueve la  raíz ciega

que presiente sin mirar.

Un  brote se forma

en la sombra vegetal.

La espera no es muerte:

es semilla que respira,

cuerpo que se retrae

para volver a la vida.

Los latidos se hacen gotas,

las palabras, bruma densa.

Todo calla, todo danza

en la música suspensa.

Bajo el pecho, un corazón

de barro se modela,

los dedos que no tocan

ya presienten la marea.

La memoria se arremolina

como gas en la corriente,

dibuja piel y sangre

de lo que aún no se siente.

Somos fábula que vuelve, 

eco leve entre los huesos,

una historia no contada

que se escribe en los regresos.



Entre sombras y luces


En el silencio silencio,

se mueve un río y no cesa,

latidos que son gotas,

susurros,  la piel recuerda.

Hay un secreto antiguo,

un pulso que se despliega lento,

una raíz que siente antes que vea,

un tiempo que se dobla en amor.

La espera, abierta ausencia

en la semilla bajo la tierra,

es la voz que se esconde

para aprender su nombre.

En cada paso dormido,

en cada luz que titila,

se escribe la historia del cuerpo

que respira en una hoja que cae,

y con su caída nos habla.



El inicio invisible


Mientras te decía

hoy empieza todo,

el ojo del sol

se deshacía en el horizonte,

pero aún rozaba

con su fiebre de sed y miedo

el gesto suspendido,

la pausa muda,

la hoja detenida

en el aire del decir.

El temblor persistía

en mi trazo oblicuo,

como si la palabra

no bastara

para sostener

lo que ardía entre líneas.

La luz partía,

pero su rastro caía

como una herida suave

sobre el instante que no termina.



La espalda del humo


Desde la brasa caída

una luciérnaga sin voluntad

 surgió tu sentencia:

 “basta de hablar de los muertos”

 como si la palabra fuera conjuro,

 y el silencio, una frontera.

Ahora que eres tierra

y bruma que no arde,

tu voz habita los pliegues

de lo que no digo.

Cavas surcos

en los márgenes del verso.

Un reloj sin manecillas respira

la lentitud del polvo en suspensión,

y cada objeto guarda un temblor,

un nombre que no se pronuncia.

Dijiste:

basta de hablar de los muertos

y ahora

tus palabras viven

en lo que no digo.

Tu silencio

se ha sembrado

en los márgenes del poema,

crece donde la voz

se quiebra.



Luz como pan


Hoy la luz

tiene el color del pan,

y no tengo prisa

por devorar el día.

Salgo del yo que duele,

me disuelvo en el borde

de una palabra herida,

dejo que el verso hable

con su voz quebrada.

Todo lo demás

puede esperar:

las noticias,

la taza sucia,

la urgencia que empuja.

El poema respira despacio,

como un pecho cansado,

como un pan recién horneado

que no se debe cortar aún.

Dejo que el silencio

me alimente.




jueves, 9 de octubre de 2025

Anotaciones sobre El desierto que cruzamos, de Victoria Benarroch. Por José Miguel Navas

 


Anotaciones sobre El desierto que cruzamos de Victoria Benarroch
Por José Miguel Navas

  y estas palabras / que caen al mar temblando
                                          Victoria Benarroch

  

     Victoria Benarroch, venezolana nacida en Caracas, es poeta, educadora con estudios en psicología y psicoanálisis. Ha dedicado su vida a la psicoterapia para niños y adolescentes; eso la llevó a un interesante proyecto llamado Mi libro de vida, que ayuda al desarrollo de niñas y niños con un método que busca afianzar su identidad. Según las propias palabras de Victoria, la poesía siempre estuvo a su lado, pero nunca se había planteado hacer de ella un camino. Realizó un taller de poesía con la poeta María Antonieta Flores. Su primer libro de poesía es Entretejido (2007, Editorial Eclepsidra, Caracas, Venezuela), un gran descubrimiento.

Leí los poemas y me conmovieron. Se trata de una poesía sutil, arraigada a una historia familiar que se conecta con lo colectivo para consolidarse como algo superior y curar las heridas: Entretejes tu mirada / afinando el camino incierto // pies galopando entre aguas. En 2015, luego de varios años de ausencia, también con la Editorial Eclepsidra, nos trae La memoria de los trenes, un libro hermoso que nos habla de su visión del judaísmo, del exilio de quienes se han ido y de ese poderoso sonido de los trenes que continúan su camino. Son el instante con la memoria que nunca debemos olvidar: ahora es de nosotros / herencia de la casa / cada pascua recordamos su aroma.

En 2025 recibí la grata noticia de que saldrá publicado El desierto que cruzamos, bajo el sello de LP5 Editora. Poderoso y enigmático título, que trajo a mi mente la imagen de la ceguera por el exceso de luz, paralizado por la inmensidad del desierto que no parece agotarse, intentando mirar más allá de los espejismos y los falsos paraísos. Podría decirse: la ceguera por el amor. Para cruzar ese desierto es necesario el perdón. No es casual que uno de los poemas centrales de este libro nos habla del Yom Kipur; para quienes son creyentes, es el día para perdonar, el día que Dios abre las puertas del cielo: perdonar al otro y sobre todo a nosotros mismos, de aquellos agravios, para darnos la oportunidad de liberarnos. Desde una perspectiva no religiosa, es la oportunidad de la mediación y la reflexión de las acciones, de los acuerdos. En el poema de Victoria lo refleja de una manera amplia: las piedras atentas a nuestras caídas / custodian nuestras nostalgias / saben del misterio / de la exacta línea que une el bien y el mal / regresan / regresan el día del Kipur / hacen fuerte nuestra alma / su equilibrio es noble y perdonan.

Este poemario trata un tema inédito en la poesía de Victoria: la experiencia de su feminidad. Cruzar ese desierto es también liberarse de cualquier atadura. Lo leemos en sus páginas: El abridor de puertas transita a la mujer / en la palabra / las semillas silentes delinean sus pasos. Con una poesía breve, honesta y cautivadora, Victoria nos envuelve en su experiencia personal y en la de quienes la rodean; se libera de la sed, abre los caminos a una versión libre y nos plantea que todo acto de libertad requiere meditación y lenguaje: Por todos los hombres / que no entendieron / mi ritmo / la transparencia de mi piel.

Esta lectura me conectó nuevamente con otras; releí a poetas como Susana Szwarc, Rubén Ackerman, Mercedes Roffé, Paul Celan y Yehuda Amichai. Sin duda, la poesía de Victoria Benarroch, y en especial El desierto que cruzamos, nos conecta con la memoria colectiva, la intimidad, el deseo y con la poesía breve —que no es cualquier cosa—.  Además, nos brinda la oportunidad de adentrarnos una vez más en la poesía venezolana, con su riqueza y diversidad. Recomiendo leer El desierto que cruzamos para disfrutar de un maravilloso libro de poesía.

Madrid, 2025.




lunes, 22 de septiembre de 2025

PEDRO BURGOS MONTERO: Poesía Actual Española

 


Pedro Burgos Montero, Puertollano (Ciudad Real). Poeta, fotógrafo, artista visual, compositor, crítico y collagista.

Ha publicado libros y expuesto internacionalmente. En la actualidad vive aislado en un lugar de La Mancha.


Tres poemas inéditos:


*

Como la paz al fin

de los guerreros

que muertos en combate

van al cielo 

sin saber que el cielo ya

se olvidó de ellos

y que todos los muertos 

son iguales 

y tan precisos todos 

como innecesarios,

así he dispuesto yo

que florezcan mis huesos

purgando los deseos.




*

Tarde me acuesto

me levanto tarde

tardé en ser dichoso

y en besar tardé lo mío 


Tarde me despierto


Tarde sigo el camino


Tardé mucho en saberlo:

lo que no aprendió ninguno.




*

Un poema para Serguéi

el Isadora, ambos muertos

por un azar tortuoso: el alcohol 

y la danza, el cansancio 

de lo que se puede obtener

para perderlo. Licuados versos 

los que aquí se me ofrecen

manchados tal vez del cieno

que enturbia nuestro destino.


Ya hace mucho tiempo que el sol

me duele y que se fue el niño

del colegio y del amor marcado; 

ya hace mucho tiempo que nadie 

puede sacarme de las siembras,

salvo tú, Serguéi, excepto tú,

Isadora.




miércoles, 13 de agosto de 2025

GLORIA SOFÍA: Poesía Actual de Cabo Verde

 


Glória Sofia, poeta cabo-verdiana (n. 1985), atualmente residente nos Países Baixos. Graduada em Engenharia Ambiental pela Universidade dos Açores. Iniciou sua trajetória poética na infância. Seu primeiro livro de poemas, Poesia das Lágrimas, foi publicado em 2013. Desde então, sua obra tem figurado em diversas antologias internacionais e foi traduzida para mais de 15 idiomas.


Em ti
E quando o tempo
despetalar o relógio
Na estação que sobra
No sonho que perdura
Os gritos são substituídos
Pelos amargos e leve olhar
Os saltos são contidos
Pelos passos calmos
Certeiros e firmes
A fadiga abandona
O estômago
As ricas gargalhadas
Esquecem o coração
Todas as palavras
Todos os risos
Todas as tentativas
Estão perdidas
Em ti
Somente em ti,
Estou cheia de uma
Esperança vazia
Em ti meu amigo


Rosas mortas
Botão de rosas 
Perpetuou o rosto
Triste seco 
No chão branco e livre
Ainda tenho as tuas rosas
Doidas de esperanças
Mortas de amor
Essas rosas tuas
Simbolizam tantos enganos
Anseio tanto
Um amanhã
Que me possa perder
Perder-me de novos
Nos teus beijos doces
Vivo encontrada
Na fulgor da luz
Envelhecida pela
Saudade
Dos risos que amarramos
Dos abraços que escondemos
A paixão que permanece
Não são restos
É avassalador desesperador
A paixão procura
Nessa imensidão
Os teus traços
Tua voz
Teu sorriso
Mas o destino
Recusou que
Tivéssemos vivido
Lado a lado que nem
As rosas que quebraram
E entregaram-se
Aos túmulos de livros



Quero
Eu quero-te
Como um túnel
Que não cansa de escuro
Que não anseia pela luz
Quero-te como
Uma árvore que perde
As folhas coloridas
Na dança e na paciência
Quero-te como num dia
Triste que alegra-me
Quero as tuas mãos negras
Os teus braços peludos
Quero os teus beijos esquecidos
Nesses lábios pintado de música
Quero-te assim
Com este sorriso do universo
Este riso do vento
Ambos estamos tão sozinhos e juntos
Quero tudo o que não vivi contigo
Sentada no chocolate
Tomo banho de chá
Olho para janela
Que dia triste
Gosto da tristeza do dia
Não penso num poema
Não quero amar a poesia
Eu quero não querer-te
Eu quero não lembrar
Do que jamais esquecerei
Quero o teu perdão
Por amar-te neste desespero
Por queimar com a luz da depressão
Quero-te tanto que te deixo morrer
morrer nos meus sonhos
Faltou as nossas danças ridículas
Falou o meu pedido de noivado
Falou o cavalo branco e risos de amigos
Faltou o escuro no túnel
O jardim no buraco do peito
Faltou enterrar as rosas mortas
Faltou um último abraço
Que eu recusei
E perdi a voz na cinza
Faltou tanto o que quero
Porque a música disse:
“queres o trágico”.



Verdade
A verdade é um machado
Que poda todas as árvores
Joga as sombras da esperança
E faz a realidade reluzir
A verdade é um machado
Que corta o tronco forte
O sentimento que renasce
Mas nunca a raiz do amor
A verdade despede-se
E quando entrega-se é bonita
Mas não é incolor
A verdade tem uma dor fina
Que corta com a mesma intensidade
de um machado
Usa as palavras claras
Tão transparentes afiadas que dói
Mas ouvir a verdade
É como dar a luz
No meio das dores do vento
Sangues do sentimentos
Gritos do pensamento
Gemidos de fraqueza
Restaura o universo
Que tinha sido colidido
Nasce a raiz do amor
Que o machado de dor
Nunca conseguira cortar.





viernes, 27 de junio de 2025

SUSANA THÉNON: Poesía Argentina

Susana Thénon (1935-1991). Nació y murió en Buenos Aires. Fue poeta, fotógrafa y traductora. Estudió Letras clásicas en la Universidad de Buenos Aires. Publicó los poemarios Edad sin tregua (1958), Habitante de la nada (1959), De lugares extraños (1967), distancias (1984) y Ova completa (1987). En el 2007, la editorial argentina Corregidor publicó sus obras completas, que además incluyen fotografías, poemas y ensayos publicados en revistas, bajo el cuidado de María Negroni y Ana María Barrenechea, ambas amigas de la escritora. Thénon fue una poeta atípica. Si bien, al principio de su carrera comenzó a frecuentar la escena intelectual, pronto optó por una marcada lejanía del mundo literario. Además, sus poemas no compartían las inquietudes estéticas de sus contemporáneos, la generación del 60’. Abiertamente lesbiana, dedicó varios años –los que dejó de escribir– para dedicarse a fotografiar a su pareja, la bailarina Iris Scaccheri. Como fotógrafa realizó varias exposiciones, incluso ganó el Primer premio de fotografía humorística en el Concurso Parisiennes en las Artes.



Círculo


Digo que ninguna palabra

detiene los puños del tiempo,

que ninguna canción

ahoga los estampidos de la pena,

que ningún silencio

abarca los gritos que se callan.

Digo que el mundo es un inmenso tembladeral

donde nos sumergimos lentamente,

que no nos conocemos ni nos amamos

como creen los que aún pueden remontar sueños.

Digo que los puentes se rompen

al más leve sonido,

que las puertas se cierran

al murmullo más débil,

que los ojos se apagan

cuando algo gime cerca.

Digo que el círculo se estrecha cada vez más

y todo lo que existe

caerá en un punto.



Fundación


Como quien dice: anhelo,

vivo, amo,

inventemos palabras,

nuevas luces y juegos,

nuevas noches

que se plieguen

a las nuevas palabras.

Hagamos

otros dioses

menos grandes,

menos lejanos,

más breves y primarios.

Otros sexos

hagamos

y otras imperiosas necesidades

nuestras,

otros sueños

sin dolor y sin muerte.

Como quien dice: nazco,

duermo, río,

inventemos la vida

nuevamente



Juego 


Despojémonos de todo aquello

seguro

que se proyecta al exterior

con trazo lentos

y definitivos.

Todos empleados en la tarea

de ser, vivir, sentir

sin otros lazos.

Y quien no atine a sofocar

su amor por lo prohibido,

reclame su derecho al dolor,

su penitencia.

Despojémonos de todo cuanto

nos conformó a imagen y semejanza

nuestra

y gustemos sabiamente para el recuerdo

el minuto absurdo y libre.



vomitar sueños


croar de pena de lejanía

llevar alimento a una torre


abrir dos ojos a la vez

aunque la cuerda salte

y algo llore en la noche del ropero



Aquí


CLÁVATE, deseo,

en mi costado rabioso

y moja tus pupilas

por mi última muerte.

Aquí la sangre,

aquí el beso roto,

aquí la torpe furia de dios

medrando en mis huesos.



25

no se dice          no

se dice          no decir

nada

 

esta noche         (nada)

la gangrena en el patio