jueves, 1 de octubre de 2009

FERA BIFRONTE de Claudio Daniel

























FERA BIFRONTE, DE CLAUDIO DANIEL

Fera Bifronte (Bauru: Lumme Editor, 2009), o quinto livro de poemas do autor brasileiro Claudio Daniel, reúne peças escritas entre 2005 e 2008, que abordam temas como a violência urbana, a guerra, a publicidade, a sociedade de consumo e outras questões relacionadas ao mundo contemporâneo, conciliando a referencialidade com apurado trabalho de linguagem. O autor utiliza palavras raras, faz construções sintáticas inusitadas, por vezes criando relações mais analógicas do que gramaticais entre as palavras, e utiliza formas estruturais como o labirinto de versos e o labirinto de palavras, típicos do barroco histórico português. Nos poemas de Claudio Daniel, encontramos recursos como a “escrita diabólica” (versos escritos de trás para diante), enigmas, anagramas, o uso abundante da elipse e da imagem poética. Os poemas em prosa (como Caranguejo) apresentam cenas rápidas e fragmentárias, que recordam a velocidade narrativa do videoclipe. A sátira e a ironia também estão presentes, como na série Gabinetes de curiosidades, que retrata a sociedade de consumo em três momentos, ou cenas: Pet Shp, Coffee shop e Sex shop. O livro, que tem posfácio assinado pelo poeta português E. M. de Melo e Castro, foi vencedor da Bolsa Funarte de Estímulo à Criação Literária, em 2008, e pode ser solicitado junto à editora pelo e-mail vendas@lummeeditor.com


FERA

Animal metafísico desliza aspereza até abolição de vocábulos.

Uivos óticos;

patas enviesadas;

fileiras assimétricas de vértebras,

códices de enigmas ósseos.

Em branco aniquilar

sua mandíbula,

aberta como fenda sexual

interrogante.

Flora esquelética no pelame,

rarefeita desde os tufos

da cabeça,

um mofo de paisagem

desnudante.

— Seqüência numérica tatua seu dorso

improvável, circunscrito

à descentrada geometria.

Olho-de-raio persegue desfocados

passos súbitos

num deslocamento

de vermelhos.


2007




ESCRITO EM OSSO


I

Fósseis argumentos
Esqueléticas grafias
Autofágica página
Inescrita, devoluta.


*
lepra da língua simulando sêmele.
mão-do-caos
olho-de-treva
um corvo azul irrompe
no poema.


*
Extinção de estrela ou
Mudez do mar.


*
falange deslabiada contradição
entre memória e mundo.


*
Fossem falcões de simetria,
Mas apenas figuras
Expiraladas.


*
palavras desventradas
da cadela, sons fecais
em hinos de desmemória.


*
Pois toda história humana
É um volume fechado
De cíclica desleitura.


*
um corvo azul irrompe
no poema.


*
Essa a letra fosca a peripécia
O motejo expandido
Em espelhismo de lacraias.


II

sou espectro de mim.

*
no extravio das hipóteses,
expansão de territórios
fermentando fêmures

(ruínas de um vocabulário;
escura caligrafia
rasurando crânios).

desfoliante na curva do vento,
onde o leão do labirinto
recifra-se em ecos.

(...)

sou alimária de mim.

*

a mente como um focinho
escavando raízes
no aterro da memória

(palavras são despojos,
o sentido fraturado de tudo:
cegueira inventando cores).

precárias percepções
do caos ensimesmado:
nenhuma música aqui.

(...)

sou descosturado de mim.

*

flagelar os chifres do céu,
catarata-capricórnio
esfumada em carbono

(destrinchar o mapa celeste
com cálculos e equações
até o nada absoluto.)

num ponto qualquer
do planeta, órgãos retirados
de corpos sem autópsia.


Para Wilson Bueno, 2006




martes, 22 de septiembre de 2009

Sobre Miguel Márquez. Por Daniela Saidman




Miguel Márquez: memorias
Daniela Saidman


“Naufragar / es sólo esto: / callarse”.
Otea la memoria. Sus ojos se pasean por los paisajes recopilados en los dedos. Se interroga. Se mira, mirándonos. Está allí. Él y todas sus voces. Y estas páginas que vienen a pronunciarnos con el sabor del café recién colado y la mañana inaugurada de sombras.

Miguel Márquez (Caracas, 1955) tantea los espacios, viene, va, con la palabra a cuestas, creando el mundo que nace y se rehace en cada imagen que podamos enunciar. Nos lega La memoria y el anzuelo, para asirnos a la realidad y sus aristas, sus miradas múltiples y todos los sueños y todas las ganas que caben en ella. “El alma / está de noche y la luna / redonda está allá arriba / y sola / sin saber / que un cangrejo la mira, / le sigue el paso / durante horas”.

Publicado por la Editorial El Perro y La Rana, en la colección Poesía Venezolana, en 2006, La memoria y el anzuelo es una antología poética que recoge en su seno diferentes etapas y publicaciones del autor, “con la particularidad que no se limitan a un orden cronológico o bibliográfico, sino que están organizados como las piezas de ajedrez de un tablero cuyas variantes se presentan en el tiempo de acuerdo a las decisiones y estrategias que asumimos y trazamos en un momento determinado”, refiere el poeta en la nota introductoria.

Tiempos, imágenes, memoria hecha verso, andante, humana, en su humedad y en sus giros. Movimiento, vida y adiós. El poema es el abismo, la cima, la gracia, la magia, la vida con que el poeta enumera los minutos vividos y por vivir. El poema es la respiración y el último aliento.

“Aquella conversación / que hacía del mundo, hasta de las más modesta / de sus cacerolas, una ocasión / para que espigara el lujo, / echara flores como el viento, / hoy rueda calle abajo / como una hoja de periódico”.

Germina en la página la mirada próxima y ajena. El verso propio, el impropio y del otro. Poema que alza la mirada y la voz, y se encuentra y se pierde en la noche de un mar sin espuma. Miguel Márquez, desnudo de máscaras se sabe aguas y sudores, grano de arena y anzuelo con el que atrapar los días que siempre terminan por huir.

“En la disolución del mundo / que a cada instante agoniza, / estoy solo, nuevamente solo / como tú, como él, como cualquiera”.

Y también lo amado y por amar, o sus contrarios, afloran en La Memoria y el Anzuelo. El poeta, hombre como cualquiera, como todos, seduce y se deja seducir por la caricia y el abandono. El poeta, titiritero de las estrellas y las ganas, traduce en el papel cada humana conmoción, cada lágrima y cada goce, y nos la entrega convertida en canción para el futuro.

“Sé como el sol / que es maniático / y relincha de gusto / al aceitar sus crines / Haz que florezca / el cuerpo, el claro / deseo de vivir; / de amanecer entre algas. Sé un río / de rápidos peces, / la mano / que hace girar / la tierra. / Que tu piel / sea la raíz / de los helechos / Ítaca / la tierra prometida”

Al final el poema define al hombre, a su capacidad infinita de creación, de sentirse vivo en el otro, en la prolongación de la historia y de los sueños. El poema es la palabra que aunque no salve el mundo, lo devela, lo intuye, lo crece, lo abona. El poeta es el asombro de saberse canto y saberse grito, gemido y susurro, pleno y único en cada otro u otra que se asoma a sus rendijas.

“En voz baja, / cuando nadie los piensa, /surgen / (…) / El relámpago del amor los estremece / y brota de la tierra un árbol. / (…) / Surgen los poemas en voz baja, / cuando nadie los piensa / y nadie tampoco los merece”. (En voz baja, fragmento)




sábado, 19 de septiembre de 2009

Sobre Tríptico de la indignación. Por Daniela Saidman

















Colombia: Tríptico de la indignación
Por Daniela Saidman


“El prisionero / sólo tiene para protestar / su propio cuerpo”, versos de Fernando Vargas que definen una poética de la resistencia, en una Colombia llena de matices y de aristas, de sueños y de sangres sembradas en la tierra.
Tres poetas colombianos, Fernando Vargas, Darién Giraldo y Fernando Cely se encuentran en las páginas de Tríptico de la Indignación, publicado por el Proyecto Editorial Independiente Isla Negra, en el marco de la Feria Internacional y Popular del Libro, Colombia 2009.
Se trata de recuperar la memoria para abrir la senda de un mañana que no sólo es posible sino imprescindible, se trata de construir colectivamente una visión del mundo que debe necesariamente tener en cuenta el dolor venido de décadas de barbarie y asombro, porque en Colombia la vida se volvió un acontecimiento extraordinario. Sobrevivir es el signo de los muchos que nada tienen y pasan los días deambulando los impuestos silencios. El lenguaje que no tiene nada de inocente sigue llamando desplazados a los refugiados de una guerra en la que el inocente paga con hambre, miedo y destierro, de ahí que nace una poética capaz de nombrar con voz propia la vida y sus sombras a cuestas.
“He inventado un país de cuerpo derrochado, / de dinamita mojada por el tiempo, / por la lágrima mortal de los desheredados. / Un país que detenta sus misterios / con golpes de instante e imágenes de victoria, / un país que nace y respira / al compás de una brújula que no marca el Norte”
(Fernando Vargas, Épica del desheredado, fragmento)
Y es que la palabra poética pronuncia el mundo y sus realidades, se adueña de los ecos para hacerlos grito, para echarnos en cara todo el dolor que callamos y vendemos, todo lo que pensamos que no nos pasa, porque les pasa a otros. Como si el dolor ajeno, no fuera también nuestra propia derrota. Así, los versos de Fernando Cely narran el odio anidado en los hijos que no alcanzaron a nacer, huérfanos de vientres, desnutridos de amores y esperanzas. “Pero estoy aquí / para gritar / de frontera a frontera / de trinchera a trinchera / lo que la palabra reclama / con poesía o sin ella”.
Palabra justa, honesta, decantada de poses. Poetas que sabiéndose las heridas abiertas encuentran en los versos un estandarte para enumerar las ausencias. Esta poesía colombiana, tan americana, tan nuestra, dibuja los surcos de la vida que es, la que pasa con los ojos en las trastiendas del alma.
“Quiero encontrar un verso / que detenga las balas / que inundaron de muerte / aceras y veredas, / las lágrimas perdidas / de madres desmembradas / y huérfanos sonámbulos. / Quiero encontrar un verso / para iniciar un capítulo nuevo / en nuestra historia”
(Fernando Cely, Urabá, fragmento)
Vienen y van, estas y otras muertes, estas y otras vidas, mientras los poetas no callan la ira, sino que la izan en los mástiles y en las hojas, para que no sean olvido, sino memoria de la tierra, de los olvidados y de los vencidos. Estos versos de hoy, que saben a café, a selva y a flor marchita tienden puentes de encuentro, para abrazarnos las dudas y anudarnos las ganas. Saben, sabiéndonos mudos y por eso estallan desde las esquinas del silencio.
“Madre: / Mira los muertos sobre las flores / míralos desnudos en la danza / en el rito del tiempo / bajo el empeine desolado de esta tierra / que va quedando sola”
(Darién Giraldo, fragmento)
Dejo aquí estos versos y estos poetas, vecinos a los sueños. Son ellos los que agitan las banderas y sin vientos nortes van amainando las balas y las babas con que el odio detiene la respiración del próximo prójimo a desmembrar. Son ellos y otros ellos los que andan soñando más y mejores mañanas, a ellos siempre la bienvenida.



lunes, 7 de septiembre de 2009

Las Ciudades Imaginarias Por Claudio Daniel



Las ciudades imaginarias
Por Claudio Daniel

Traducción al español por Gladys Mendía


El escritor argentino Jorge Luis Borges imaginó una ciudad construida en el desierto africano, habitada por inmortales reducidos a la condición de trogloditas que se alimentaban de carne de serpiente. Marco Flaminio Rufo, tribuno romano y narrador de la historia, cuenta su convivencia con esa extraña tribu y la amistad que tuvo con uno de sus integrantes, el poeta griego Homero, condenado a la inmortalidad y a una existencia casi animalesca después de beber de las aguas de un misterioso río guardado por las murallas de la ciudad sin nombre. Borges describe la arquitectura del lugar de modo sucinto, mencionando pirámides, plazas, templos y torres, deteniéndose más en la descripción del laberinto: “había nueve puertas en aquel sótano y ocho daban hacia un laberinto que falazmente desembocaba en la misma cámara; la novena (a través de otro laberinto) daba hacia una segunda cámara circular igual a la primera. Ignoro el número total de cámaras; mi desventura y mi ansiedad las multiplican”. En esa ciudad de piedra, que parecía “anterior a los hombres, anterior a la tierra” y construida por dioses “que estaban locos” no había cualquier actividad económica o política y los hombres, convertidos en fieras, desprovistos de lenguaje y de la noción de tiempo, se dedicaban a la mera supervivencia. Este cuento, El Inmortal, fue incluido en el libro El Aleph, publicado en 1949, y puede ser leído como una fábula moral y metafísica que mezcla erudición e ironía para abordar la soledad humana, la necesidad de la muerte y del olvido.

La ficción de Borges es un marco en la literatura latinoamericana, y en especial en la tradición de los relatos de ciudades y mundos inventados (tema que él desenvolvió en diversas historias, como Tlon, Uqbar, Orbis Tertius). Una obra notable en ese género es Pedro Páramo (1955), del mexicano Juan Rulfo, cuya acción pasa en la ciudad abandonada de Comala, un poblado rural situado próximo a las montañas; leyendo esa novela inusitada, quedamos sabiendo que el municipio posee un río, una iglesia, un área urbanizada donde quedan las casas y nada más. El autor hace poquísimas alusiones a escenarios y ambientes en esta novela que es una sucesión de monólogos y diálogos en que personajes muertos narran sin orden cronológico lineal, diferentes episodios de la vida de Pedro Páramo, cuyo fallecimiento anticipa la extinción de la propia ciudad. Cien años de soledad (1967), del colombiano Gabriel García Márquez, obra bien conocida por los lectores brasileños, también hace una breve descripción de Macondo, “una aldea de veinte casas de barro y bambú, construidas a la margen de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos”. Macondo fue inspirada en la ciudad de Aracataca, donde el autor vivió su infancia, y en lengua bantu la palabra significa “banana” (no por casualidad, una de las actividades económicas referidas en Cien años de soledad es justamente el cultivo de la banana).

El uruguayo Juan Carlos Onetti, a su vez, es más generoso en la descripción de Santa María, ciudad portuaria que aparece en varios de sus cuentos y novelas, como La vida breve (1950). Leyendo este libro fascinante, encontramos referencias al astillero, al mercado, al cementerio, a un hotel, bares, restaurantes, plazas y prostíbulos por donde circula Juan María Brausen, personaje atormentado por la monotonía, angustia y degradación de la vida cotidiana. La ciudad mitológica creada por Onetti, no menos perturbadora que la Comala de Rulfo o la Macondo de García Márquez, instiga la curiosidad de los lectores, que pueden preguntarse: “¿Cómo el escritor concibió esa ciudad? ¿Desenvolvió un plan previo, antes de comenzar a escribir?” Respondiendo a una entrevista para la Revista Bula, poco antes de su fallecimiento, en 1994, el escritor uruguayo declaró: “una vez hice un plano de Santa María con un amigo, mas era sólo para mover mejor los personajes. Yo lo perdí cuando me mudé de Buenos Aires. A mí, se me ocurre escribir un libro, ya tiene su lugar en Santa María. Sin embargo, nunca me propuse desenvolver un plan. O sea: nunca quise escribir una saga. Eso es ya un propósito, y yo no podría escribir con propósitos”.

El escritor mexicano David Toscana, que publicó en 1998 la novela Santa María del Circo (cuyo título es una referencia paródica a la ciudad mítica de Onetti), adoptó una estrategia creativa bien distinta: “imaginé lo mínimo que una ciudad pudiera tener en México: plaza, iglesia y algunas pocas casas. La imaginación me sugirió después que en la plaza debía existir una estatua de un héroe desconocido. Me pregunté a mí mismo si quería algún otro edificio como escuela, hospital, algún comercio o fábrica, y dije que no. Preferí mantener todo lo más simple posible. En la primera novela me ocupé de una ciudad que al final quedó abandonada; ahora quise el proceso inverso: una ciudad abandonada es poblada”, me afirmó en una entrevista realizada por email. La novela de Toscana cuenta la historia de un grupo de artistas circenses que, al llegar a una ciudad desierta, similar a Comala, deciden permanecer allí y fundar una nueva comunidad, bautizada como Santa María del Circo. La troupe es compuesta por figuras bizarras como Barbarela, la mujer barbada; Natanael, el enano; Hércules, el hombre fuerte; Mandrake, el mago; Fléxor, el contorcionista, y Balo, el hombre-bala, que deciden escoger nuevos oficios, más útiles a la construcción del nuevo mundo. Siendo así, cada miembro del grupo escribe en pedazos de papel las ocupaciones que juzga esenciales, que después son mezcladas en el sombrero de copa del mago y sorteados. Barbarela se torna médico; Balo, general; Natanael, padre, y Hércules, prostituta. Lo bizarro de la escena es relativizada por el autor, para quien la suerte “es lo que define casi todas las vidas. Son muy pocos los que deciden. Abrir un papelito del sombrero de un mago y abrir las páginas del diario para buscar trabajo son cosas muy parecidas. (…) la suerte hace con que un taxista dirija un taxi, puesto que cuando niño no decía “cuando crezca quiero ser un taxista” y al final la vida se parece un poco con el circo. Pensemos por ejemplo en la política; ahí tenemos, payasos, prestidigitadores, magos, perros danzantes, equilibristas, domadores, malabaristas y un enorme público que paga muy caro por la entrada, aunque el espectáculo sea pésimo”.

El fracaso de Santa María del Circo es inevitable, por la escasez de recursos del poblado y por la inviabilidad de cualquier acción productiva; después de innumerables peripecias, similares a farsas circences, los artistas resuelven abandonar la ciudad, acompañando la caravana de otra compañía que pasaba por el local. El dueño del circo, Don Estevan, sin embargo, se niega a llevar al enano, la mujer barbada y al hombre fuerte, que son abandonados a su propia suerte. Santa María del Circo, así como las ciudades creadas por Borges, Onetti, Márquez y Rulfo, puede ser entendida como una trágica alegoría de la América Latina, que en el decir de Toscana “excluye a la mayoría de sus habitantes”: la condición dolorosa vivida por los artistas abandonados en el desierto no es distante de la nuestra, que también sufrimos en un mundo bizarro.



Claudio Daniel, pseudónimo de Claudio Alexandre de Barros Teixeira, es poeta, traductor y ensayista. Maestría en Literatura Portuguesa por la Universidad de São Paulo (USP). Publicó, entre otros títulos, los libros de poesía Sutra (1992), Yumê (1999), A sombra do leopardo (2001, premio Redescoberta da Literatura Brasileira, ofrecido por la revista CULT), Figuras Metálicas (2005) y Fera Bifronte (2009), que recibió la beca de creación literaria de Funarte en 2008. En el campo de la ficción, publicó el libro de cuentos Romanceiro de Dona Virgo (2004). Es editor de la revista de poesia y debates Zunái (www.revistazunai.com) y organizó festivales y eventos literarios, entre ellos Tordesilhas, Festival Ibero-Americano de Poesía, realizado en São Paulo en 2007, y Artimanhas Poéticas, realizado en Rio de Janeiro en 2009. Como traductor, publicó la antología Jardim de camaleões, a poesia neobarroca na América Latina (2004), además de libros del poeta argentino Reynaldo Jiménez, del uruguayo Victor Sosa y del cubano José Kozer, entre otros. En 2005, lanzó la antología Ovi-Sungo, 13 Poetas de Angola. Claudio Daniel dicta aulas de creación literaria en diversos espacios culturales, dentro del proyecto del Laboratorio de Creación Poética (http://labcripoe.blogspot.com/).

Curriculum lattes: : http://lattes.cnpq.br/9563812088153403
Blog: http://cantarapeledelontra.blogspot.com

lunes, 17 de agosto de 2009

ANA ENRIQUETA TERÁN: Poesía Venezolana



ANA ENRIQUETA TERÁN (Venezuela, 1918​ - 2017) Poeta y diplomática venezolana. Sus principales influencias fueron los clásicos españoles, como Góngora y Garcilaso de la Vega, y más tarde la poesía francesa de Rimbaud y Baudelaire. Perteneció a la Generación del 18.​ Su formación intelectual comenzó con su madre Rosa Madrid Terán, quien la puso en contacto con los poetas clásicos, se inició con versos de estricta métrica, luego pasó a la poesía libre. Su obra poética trasciende lo meramente métrico, y se constituye en una voz propia seducida por elementos que bordean la nostalgia, el amor, la sensualidad y el paisajismo andino. Realizó carrera diplomática en Uruguay (1946) y Argentina (1950).
En 1989 fue galardonada con el Premio Nacional de Literatura, ese mismo año recibió un doctorado honoris causa de la Universidad de Carabobo.
Sus libros: Al norte de la sangre (1946); Presencia terrena (1949); Verdor secreto (1949); De bosque a bosque (1970); El libro de los oficios (1975); Libro de Jajó (1980-1987); Música con pie de salmo (1985); Casa de hablas (1991); Alabatros (1992); Antología poética (2005); Construcciones sobre basamentos de niebla (Monte Ávila Editores, 2006).

Selección por Gladys Mendía



TODO REGRESA A LA CONSTANTE PURA

Nos señalaron barco y bastimento.
Poca fe, poco amor, frente excesiva,
mucho de olvido y carne fugitiva
que busca en vano firme basamento.

Miserable porción y algún momento
de palabreo inútil y agresiva
ceguera de gran bestia sensitiva
encharcada en fugaz presentimiento.

Impulso, lucha, sin hallar un claro
dónde mostrarse niebla o conjetura
de eternidad, o simplemente vida

que haga valer su tiempo y desamparo.
Todo regresa a la constante pura:
un aleteo de ventana herida.






















martes, 11 de agosto de 2009

EDILBERTO GONZÁLEZ TREJOS: Poesía Actual de Panamá



EDILBERTO GONZÁLEZ TREJOS (Santiago de Veraguas, el 24 de diciembre de 1971). Reside en ciudad de Panamá. Escritor, traductor, abogado y docente universitario. Fundador y Directivo de la Asociación de Escritores Panamá. Se desempeña activamente como Gestor Cultural en la República de Panamá desde el año 2003. Desde el año 2004, es representante para Panamá del Proyecto "Libro sin Tapas" de la Unesco para la promoción de la literatura Latinoamericana. Autor del poemario "Balanceo" (Panamá, 2003), su obra aparece en la antología "Letras en movimiento" (Uruguay, 2006), así como en “In Our Own Words (A Generation Defining Itself) Vol. 7” (EUA, 2007) y “Long Island Sounds Anthology” (EUA) edel 2007 al 2009. Ha publicado también en la revista Divers (Catalunya, España), en la revista Maga (Panamá) y en varias publicaciones electrónicas en inglés y español. Editor activo, es el responsable de las publicaciones electrónicas de poesía "The Melting Pot" e "Internatural". Co-fundador de la Fundación EL HACEDOR, responsable de la organización del Festival de Arte y Literatura San Francisco de la Montaña 2010.

Selección por Gladys Mendía



Minería Espiritual

I.

Soy minero ante tu veta virgen,
Labrador ante tu suelo intacto,
Te descubro;
Aquella rueda que gira sobre sí
Para volver al principio soy, vuelvo

Y te hallo
Clave escrita en mi pared.

II.

Minero del Ser
Topo del Verbo,
En el principio
La noche,
En lo profundo
El fuego,

Proeza que penetra en soledad y
Cava la Entraña de la Tierra
En pos del Tesoro:

Joya sin Tiempo
Ni Lugar.



Samsara

Sueño profundo
Hunde tu sabiduría,
Vieja piedra,
Bajo aguas nocturnas.
Oscuridad impasible,
Carencia de signos,
Ausencia de códigos,
Honda y larga noche.
Despertar repentino,
Amnesia y memoria sufren,
Recuerdo y desencuentro,
Olvido y redención.





Sureño

Dedicado al Pacífico Veragüense y a mis amigos Sofia Santim,
Lucy Chau y José Luis Rodríguez Pittí, en Panamá, y Gladys Mendía,
Venezolana en Chile

Mis pasos
Vuelven sobre un camino sureño
A la sal de estas piedras
Al aire cargado de sol
Azul-de-agua
Que transfigura mis ojos polutos.
Las profundidades inundan mi corazón,
El rocío de las laderas besa mis nudos,
Libre miro el firmamento
Oscuro, estrellado, infinito,
Al Sur del Cielo.





Ocaso del Hombre

Conozco tanto del mundo
Que quiero perderlo

La túnica dorada
Vieja y rasgada,
El cordón de plata
A punto de ceder:

Es hora de partir.





Telúrico:

Dedicatoria especial a Gorka Lasa

I.
La Pangea Social
cruje, cede, se desbarata,
hundiéndose en las aguas
de un autismo masivo y particular.

II.
Las delicadas placas de la tolerancia
extrañamente se acomodaron
causando temblores de suspicacia
centrífuga telúrica.

III.
Los últimos trozos
de la "Terra Firma" del Oceánico Garrett
yacen dispersos entre las aguas autistas,
separados por acomodos terrenales intolerantes.

IV.
Insulares realidades
de la existencia individual
se asoman cuales pálidas memorias
de Continentes Míticos,
ya ni siquiera de la Pangea Social.

V.
En el Centro, en el Eje,
pulsa una Revolución a fuego lento,
el temido cataclismo
será sólo el reacomodo
de un Nuevo Orden Centrípeto.





De Vigilia:
Agradecimiento especial a Mónica Martín
Ahora habitamos una hora confusa
nos mide una tasa de desarraigo,
pulsan opciones ocultas en desmemoria
abren el pecho de la humanidad.

Ahora surge un sangrado de decisiones,
anular los relojes de fatalidad
asentarse en una mensura de templanza,
recobrar la brújula celestial.

Aprender la lectura de estrellas y signos
desmontar el techo y el aparato de represión
que un firmamento ontológico surge
dentro del pecho de la humanidad.

Las Edades Del Hombre:
Quien porta el báculo entre escombros
Sol en su propio día, lucero en noche ajena
desgrana misterios de una espiga común.

Pastor ancestral de ovejas perdidas
Buzo reciente de perlas sumergidas
Jardinero Eterno del Huerto Estelar




jueves, 30 de julio de 2009

MARCEL KEMADJOU: Poesía Actual de Camerún




MARCEL KEMADJOU (Camerún, 1970) Escritor, editor y traductor. Ha publicado una docena de libros, entre ellos, Poto-poto blues y Dieu n´a pas besoin de ce mensonge. Obtuvo en 1994 el premio de la poesía joven de África central. Es comerciante en el mercado Mboppi de Douala y coordinador de la Asociación Libro Abierto, así como también del Festival Internacional de Poesía 3V.

Selección por Gladys Mendía



Cantos de Sankofa

***


Hoy el poema se dice

con su propia voz
despliega sus rasgos ligeros
y embarazados de colores
en las pantallas de los sentidos,
pese a las rutinas de todas las retóricas...
pese a la frialdad de todas las estéticas…

El poeta camina por cada sílaba
cava sus huellas en cada letra
derrama su alma en cada verso,
así nace mundos nuevos y maravillosos
vestidos de palabras viejas como la tierra,
así se cuenta el poema
con la cadencia propia del poeta.



***


Me gusta el juego fino

del espejo de la vida,
me gusta ver a mi mismo
en su espejo infinito
como los vientos
y sereno como un lago:

aquí el sol tropieza con mi piel
y la luna vierte su espuma en mi sueño,
ahí estalla sobre mi frente
la gota gris del recuerdo,

sonrío con las horas…

aquí la memoria graba en mis labios
los surcos de mis rebeliones,
ahí el flujo de mis lágrimas está apaciguando
los parpadeos de mis hesitaciones,

sonrío con los días…

aquí mis ojos descubren la llave
de la puerta cerrada del horizonte,
ahí mis manos impacientes
tocan el tambor de la juventud,

y camino con los años…

aquí los vientos de mi vientre
rechazan las mareas del incertidumbre,
ahí busco a mi ser
entre las rejas del siglo,

lloro con la luna…

aquí la plenamar canta mis obras
en la playa de mis mejillas,
ahí la bajamar desnuda los secretos
de mi corazón,

lloro con las nubes…

aquí cabalgan en el espejo de mi vida
los jueces del tiempo,
ahí se agrupan mis cuerpomotos
y mis silencios,

y camino con la palabra…



***


Para Mahmud Darwish

El eco de tu voz seguirá
desgarrando el polvo
resquebrajando el silencio
desnudando la noche
adornando los escombros
del otro lado de todos los tiempos
el eco de tu voz seguirá
fecundando el olvido
cuestionando los bloqueos
labrando las conciencias
resucitando la libertad
del otro lado de todos los sufrimientos
el eco de tu voz seguirá
descabezando la fealdad
ahogando los odios
rompiendo los sudarios
apaciguando los rencores
del otro lado de todas las mentiras
el eco de tu voz seguirá
jabonando las resignaciones
rumiando las promesas
cantando el arco iris
dibujando la belleza
del otro lado de la muerte.


****


Yo, palabra soberana

haré el amor con el miedo
en la cama de los anagramas
Y nuestro hijo se llamará
Medio
haré el amor con la miseria
y nuestra hija se llamará
Mesa
haré el amor con la violencia
y nuestro hijo se llamará
Violín
haré el amor con la guerra
y nuestra hija se llamará
Ruega
haré el amor con todos los odios
y nuestro retoño se llamará
¡Dios!



****

El techo de tus años

está cargando de nubes belicosas…
chico, chico,
para tu vuelo en la arena del riesgo prudente
como el pájaro Sankofa…
mira atrás una vez, mil veces,
como el pájaro Sankofa…
con los picotazos de tus saltos pacientes
abre el túnel de tú memoria eterna
como el pájaro Sankofa…
lame el rocío que esconde las luces de las albas antiguas
como el pájaro Sankofa…
Chico, chico,
ahora retoma tu vuelo alegre
como el pájaro Sankofa…
y ve por las rutas
del pájaro Sankofa…
y ve sembrando las sabias pausas
del pájaro Sankofa…



***


Agarro el vacío

dentro de mi ombligo
para vestir
el vacío fuera

tomo del tiempo
sus tijeras implacables
para cortar
el abrazo de la soledad

lleno y relleno la noche
adornada de estrellas
con el soplo interrogante
de mis miradas

regalo las semillas
de mis sueños
al pájaro de oro
del silencio rico

tomo las alas
de este silencio vivo
y cuelgo mi nido
en las ramas del destino

agarro el huevo
de la vida viva
y lo amuebla
con mis caminos

mamo las vidas de la palabra
que brotan de las costillas del día
escupo y el vacío
se regocija de la palabra.


****


Madre,

testigo de mi memoria
vigilante de mi recorrida por las calles de los años,
cuando el día mora en mi corazón,
lo sabes
cuando la noche apaga en mi corazón
el parpadeo de todas las llamas de tu amor,
lo sabes
cuando las mofas chocan mis orejas
y que las lágrimas que les acompañan
queman mi tranquilidad,
veo a travésde este incendio de burlas
las jóvenes sonrisas de tu amor…
sigo buscando en el diccionario
una palabra que puede celebrarte mucho mejor
que este mero apellido de Madre
pero la suerte se fuga cada día
y nunca hallaré tal calificativo…
Madre,
eres mi diccionario, madre,
lo sabes
eres este diccionario en el cual
aprendo a manejar la tinta del esfuerzo sano
y a escribir mi carta de invitación
a la más lejana estrella de mi horizonte,
lo sabes
eres este atlas imperecedero
en el cual estudio cada instante
el mapa de mis vaivenes cotidianos

tu soplo atraviesa estas palabras
como la dulce música de vientos campesinos
a olor de polvo y savia,

esta página no es papel blanco y frío
que consigna palabras-para-palabras
es mi carne en la que corre tu sangre
y todos los pueblos de tu sangre
tu sangre y todos sus sacrificios…
¿qué decir más madre?
¿Qué hacer más madre?
Unas docenas de versos conmovedores
No pueden cantar la inmensidad de tu presencia, madre…

me detengo,
me callo,
tanta tinta es suciedad,
tanta voz es ruido…
te doy mi silencio,
te doy las endechas de mi silencio,
te doy los acordes de mi silencio,
te doy los todos de mi silencio,
te doy el soplo agradecido de mi silencio.




martes, 21 de julio de 2009

Sobre Galeano. Por Daniela Saidman

Galeano: úselo y tírelo
Daniela Saidman


Lo que está en juego en el mundo es la vida. El modo de producción de este planeta que tenemos por hogar hace más pobres a los pobres. No sólo están muriendo las aguas y los árboles, sino el ser humano. Parece que nos hemos empeñado en destruirnos, en avanzar indetenibles y raudos hacia la nada. Para salvar y salvarnos no basta con pintar los carros de verde y usar gasolina verde y productos verdes, y hacer caridad, se trata más bien de tener conciencia de que es el modelo que Occidente ha impuesto a sangre y fuego el que nos borrará de la historia humana, porque no habrá historia que contar ni quién la cuente.


Y ese es precisamente el cuento que cuenta Eduardo Galeano en Úselo y tírelo, El mundo visto desde una ecología latinoamericana, publicado en su cuarta edición por Booket, en 2008, un libro que reúne textos desde Las venas abiertas de América Latina hasta Las palabras andantes, sumados a otros que fueron especialmente escritos para esta edición.


Galeano recoge la denuncia, muestra el dolor y llora las tristezas de todos, en estas páginas levanta los estandartes del mundo que necesariamente debe ser, ese que se merecen las hijas y los hijos por venir.


“Llevamos quinientos años aprendiendo a odiarnos entre nosotros y a trabajar con alma y vida por nuestra propia perdición, y en eso estamos; pero todavía no hemos podido corregir nuestra porfiada costumbre de abrazos, nuestra manía de andar soñando despiertos y chocándonos con todo y cierta tendencia a la resurrección inexplicable”.


Los más que menos tienen viven tratando de sobrevivir y los pocos que mucho ostentan viven para consumir más. Es el mundo patas arriba, absurdo, y cínico, injusto e inhumano, tanto que nos condena a la soledad. Mientras seguimos convencidos de comprar lo que las pantallas venden y el sistema abona, nos volvemos cada vez más indiferentes al dolor del otro, a su hambre y a su miseria de siglos y de penas.


“El precario equilibrio del mundo, que rueda al borde del abismo, depende de la perpetuación de la injusticia. Es necesaria la miseria de muchos para que sea posible el derroche de pocos. Para que pocos sigan consumiendo de más, muchos deben seguir consumiendo de menos. Y para evitar que nadie se pase de la raya, el sistema multiplica las armas de guerra”. (Ser como ellos, fragmento)


Así, Galeano va narrando lo que nos pasa, lo que hemos dejado que nos pase, porque diciendo y reconociendo nuestros miedos damos el primer paso hacia el futuro irrevocable, ese que hay que construir a punta de cantos, de sueños, de manos y de abrazos. Porque para ser tendremos necesariamente que soñar juntos el mismo sueño, esa es la utopía realizable, la que nacerá de los vientres de los pueblos.


“Los usurpadores se irán a los confines del agua… Ya no habrá devoradores de hombres… Al terminar la codicia, se desatará la cara, se desatarán las manos, se desatarán los pies del mundo”. (Se desatará la cara del mundo, fragmento)


La farsa de este principio de siglo se pinta de verde, pero no aquel “verde que te quiero verde” del poeta español, sino este color que ha engendrado el comercio, el de las plantas de plástico, las aguas estancadas y los billetes del norte. Promueven la ecología quienes cometen los ecocidios y después nos culpan a todos y nos venden desodorantes que no afectan la capa de ozono y transgénicos. Y sí, nos venden productos verdes, especies verdes, pero no firman protocolos ambientales, y prefieren mudar las fábricas donde la mano de obra es más barata y la tierra se muere de sed.


“Este sistema de vida que se ofrece como paraíso, fundado en la explotación del prójimo y en la aniquilación de la naturaleza, es el que nos está enfermando el cuerpo, nos está envenenando el alma y nos está dejando sin mundo. Extirpación del comunismo, implantación del consumismo: la operación ha sido todo un éxito, pero el paciente se está muriendo”. (Cinco frases que hacen crecer la nariz de Pinocho, fragmento)



* Publicado en el Diario de Guayana, domingo 19 de julio de 2009

lunes, 13 de julio de 2009

Sobre Luz Machado: la poesía es un acto de soledad. Por Daniela Saidman

Luz Machado: la poesía es un acto de soledad
Daniela Saidman


Los sentires de una mujer de hondos pasos se asientan en el papel. Con ella y a través de ella es posible saber de las oquedades y las cimas, de la risa y el miedo, del abrazo y la rabia. Poeta de las aguas, del río Padre, del río marrón, Luz Machado (Ciudad Bolívar , 1916 - Caracas, 1999 ) fue una poeta incansable, fecunda, viva, que nos legó el crepitar de las noches que alumbran, y encendiendo nos encienden. Su palabra certera, franca, húmeda supo decir su mundo, el nuestro, por eso tal vez la vigencia de su obra, que está cargada del sentir de una mujer que pronunciando el verdor de una Guayana, mineral y contradictoria, es la Venezuela que habremos de nacer.


En Retratos y Tormentas, publicado en 1973, por Monte Ávila Editores, en la colección Altazor, Luz Machado devela sus soledades, sus ganas, sus ritos, sus dudas... espejo de sus andares, sus cumbres y hondonadas las páginas de este libro dan la dimensión de una de las escritoras venezolanas de más altos vuelos.


“Alguien nos echa de pronto en la desesperación, como a la huesa. Y decimos que son malos porque nos entierran vivos. (...) Pero otro día, alguien nos invita al reinado del amor y la paz. Y sonreímos imaginándonos liberados, rescatados al sol, al viento, a la noche, al tiempo. Y olvidamos. O perdonamos. Sólo por esto”. (fragmento)


Como caleidoscopio de la vida vivida, de la infancia irremediablemente ida, las imágenes y los olores de la niñez habitan las palabras de Luz, quien hace de ellas un papel que sabe contar y cantar los olores, colores y sabores del tiempo que por alguna razón, sigue intacto en estas tierras bañadas de aguas.


“Querría un pañuelo de Madrás, de aquellos que conocí arrollados alrededor de las cabezas de las culisas, cuando fue mi infancia. (...) Lo usaría con mis pulseras de plata guardadas de aquel viaje. Y quizá algún día andaría de vuelta la calle que pasaba por mi casa hacia la Escuela, el Río, la Catedral, la Plaza, hacia los morichales. Y sería como devolverme la vida a través de más de cuarenta ladrones y a través de más de mil y una noches”. (fragmento)


Luz narró haciendo poema la vida y la vida la hizo poema, mientras su palabra sigue diciendo el retazo de aromas que dejó el Orinoco, estos Retratos y Tormentos se leen como si estuvieran recién hechos, tienen aún el olor del pan recién horneado y de la boca del crío recién amamantado, así de tierno y de dulce. Cada gesto se dibuja en las páginas donde la muerte asalta como augurio y amenaza, como chubasco y nubes, tormenta y siembra.


“La muerte es insaciable. / Abre en cualquier momento su almacén de agonías / sin horarios ni precios / pero bien caros muertos”. (Con orla negra)


Y su palabra también se duele en las cotidianidades. Su sangre y la savia vegetal se funden y cantan con el mismo ritmo. Luz de agua y a través de ella. Valiente en las soledades, fue capaz de tomar entre sus brazos la angustia y hacerla canción, para arrullarnos el sueño y dejarnos llevar mecidos por el recuerdo de un paseo por el malecón a orillas del río.


“Pero rompió los muros a raizazos y hube de aceptar su muerte y esta horrible memoria del muñón hirviente de savia, brillando rubio, bajo, el primer sol de la mañana, como un puño enguantado en oro de protesta”.


Y aparece, ella y sus sombras y sus soles, germina del papel y lo desborda, dice presente y sigue viviendo, vive mientras nos deja su ausencia. Vuelve, pero se va, pero se fue. Luz, como el sol alumbra cuando las manos la toman en un libro de años que tienen el recuerdo de otros tactos y otros sueños, que ella seguramente también supo vivir.


“De esta casa no habría querido salir para seguir viviendo en otra casa. Sin embargo, la familia, crecida, abrió sus propias puertas a la vida. Mientras yo voy cerrando y dejando vacías las habitaciones donde me esparzo como una sombra, palpitando”.




* Publicado en el Diario de Guayana, domingo 12 de julio de 2009

martes, 7 de julio de 2009

Sobre Jorge Enrique Adoum. Por Daniela Saidman


Jorge Enrique Adoum: palabra viva
Daniela Saidman


Palpita su voz en el verso. Está aquí, aunque recién se haya ido. Está su pueblo y todos los pueblos en su palabra que canta el hambre y la desnuda, como desvistiendo a un cuerpo amado. Jorge Enrique Adoum (Ambato, Ecuador, 1926 – Quito, Ecuador, 2009) es uno de los tantos poetas y hombres imprescindibles de esta América nuestra, tan poco nuestra.

Él fue capaz de fracturar la belleza para nacerse en el compromiso, hermoso e íntegro, como deben ser los poetas. Humano en cada una de sus páginas nos legó la curiosidad y la valentía, lo cálido y la ira, la tormenta crecida en el dolor y en la injusticia. Está y estará, porque no debemos dejarlo ir, porque su poesía es el poema que sabe resistir y resistirse, amando el vuelo del hombre conmovido por los pies descalzos y sin escuelas, que andan sin más esperanza que la de hambrear los huesos. Porque su verso será siempre una trinchera, la muerte no podrá alcanzarlo.

“a contrapelo a contramano / contra la corriente / a contralluvia / a contracorazón y contraolvido / a contragolpe de lo sido / sobreviviendo a contracónyuge / a contradestino y contra los gobiernos / que son todo lo absurdo del destino” (fragmento de Pasadología)

La patria supo decirse en su voz. Con sus sombras y sus llantos Ecuador le brotó de las manos para anclarse en el papel y le creció en los poros. Apareció como si el llanto hubiera lavado las ganas y le sobraran las angustias, como si lo vivido hubiera sido poco, como si el dolor fuera el paso y el abrazo, el único destino...

“Es un país irreal limitado por sí mismo, / partido por una línea imaginaria / y no obstante cavada en el cemento al pie de la pirámide. / Si no, cómo podría la extranjera retratarse / perniabierta sobre mi patria como sobre un espejo,/ la línea justo bajo el sexo / y al reverso: “Greetings from la mitad del mundo”. / (Niños, grandes ojos rodeados / de esqueleto, y un niño que se llora / montañas de siglos tras un burro.) (Ecuador: la geografía)

Y su palabra fue también denuncia y su voz un rosario de penas. Pero ni toda la rabia ni toda la tragedia, pudieron impedir que la palabra justa, esa que sabe medir la vida, anidara en su obra. El pueblo, cal y canto de la tierra, encontró en sus decires a un hermano poeta, labrador de versos, hombre con la justa dimensión de los impuestos silencios que supo gritar las heridas, y diciéndolas, les puso nombre para saber llamarlas, para saber combatirlas.

“Patria, golpeada patria, establecida / desde el océano a las cosas: yo amé / tu forma muerta, la estatua errante / de tu polvareda, el cuenco de tu mano / terriblemente joven que nos toca. Y, de repente,/ el húmedo fondo de donde el campesino / levanta su mercado semanal, yo alzo / para ti la huella descalza de tus hijos, / la sandalia del inca, la pisada / del conquistador sobre el azufre. / Porque como un resucitado, lleno / de vegetales barbas y de tiempo, no soy / sino tu traje de piel y de palabras, sino / la fotografía del que cayó primero, amándote / como pudo, contra el metálico monje de las armaduras” (fragmento de Baraja de la Patria)

Jorge Enrique Adoum nacerá una y otra vez, en las lecturas de sus versos, en la conversa donde su nombre lo recuerde, en los mástiles sin escuelas, en los viejos descalzos, en la siembra y en la cosecha que se queda el usupador de la tierra, en la mujer que se enamora y desviste, y en el hombre que sueña con ella.

“Tal vez eras lo único que mordía / mi corazón, tu boca me recordó a deshora / la flor enterrada tantas veces. Por qué / debías rehacer su pétalo quebrado. / Por qué me diste lo que no podías / y el hueco de tu voz que me persigue / tal vez porque eras lo único que quise, ay / desolada retrasada, ay estrella mal llegada / a condecorar mi obligatoria oscuridad”. (fragmento de Pasillo)
dsaidman@gmail.com; www.dapaulasa.blogspot.com

* Publicado el domingo 05 de julio, en el Diario de Guayana