martes, 13 de agosto de 2024
Sobre La fiesta de los náufragos, de Ana María Hurtado. Por Johnny Gavlovski E.
miércoles, 24 de julio de 2024
Entrevista a Floriano Martins. Por Elys Regina Zils
viernes, 5 de julio de 2024
IDA VITALE: Poesía Actual de Uruguay
JOSÉ MÁRMOL: Poesía Actual de República Dominicana
JOSÉ MÁRMOL (República Dominicana, 1960) Poeta y ensayista. Nació en Santo Domingo, República Dominicana, en 1960. Estudió licenciatura en Filosofía (UASD), posgrado en Lingüística Aplicada (INTEC) y Maestría en Filosofía en un Mundo Global (UPV, España). Fundador, en 1985, de la Colección Egro de Literatura Dominicana Contemporánea. Miembro de Número de la Academia de Ciencias de la República Dominicana, desde 2007. Profesor Honoris Causa de la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), en 2013, y Person of the Year 2015, por Cannes Lions Dominicana. Ha merecido premio como el Nacional de Poesía en 1987, el Casa de Teatro en 1994 y el Accésit del Premio Internacional Eliseo Diego en 1994, de la revista Plural, entre otros reconocimientos. José Mármol es autor de libros como El ojo del arúspice (1984), La invención del día (1989), Lengua de paraíso (1992), Deus ex machina (1994), Criatura del aire (1999), Torrente sanguíneo (2007), Lenguaje del mar (2012), Yo, la isla dividida (2019 y 2021), entre otros. Sobre su obra se han publicado: José Mármol, antología poética ( Médar Serrata, 2004), Anatomía de un poeta. Aproximaciones críticas a José Mármol (Carlos X. Ardavin, 2005), El búho y la luna. Entrevistas a José Mármol (Basilio Belliard, 2005), y Viaje hacia el arúspice. Relectura de la obra de José Mármol (Mateo Morrison, 2015).
LENGUAJE DEL MAR
El mismísimo, eso sí, el inmenso irrepetible,
el mar alzado en vuelo, lentitud del lastimado,
alas que no pueden los azules levantar.
Un pájaro, ese,
cautivo, tal vez, me lo pregunto,
en su líquida y revuelta enredadera de sal.
Amarrado, puede ser, a la estela del aire y los pasos de sol,
en la suave traslación reposada del disfrute.
El mismísimo, el adorado en yodo
con la luna colgada en la quilla de tu rostro,
el que riega las arenas para el toque de tus pies.
El mar tuyo, el mar nuestro,
el de los acantilados feroces y las playas de luz,
el de las bolitas de queso crujiente, calamares en su tinta,
vodka tónica con chapas de limón.
El mar, eso sí, el de tu mirada de ámbar en la tarde de ayer,
el de la voz que dijo, mi niña,
no te vayas a mover del horizonte, quieta, ahí no más.
IDIOMA DE LOS DIOSES
De ti, como de un río, adoro cuanto fluye. Volando y danzando como los dioses hablan. Amo tu rápida presencia, la única manera de pasar, transfigurando en vuelo la quietud y la espera. Idioma poderoso del mineral y el árbol. Néctar salobre de las venas abiertas y miembros destajados en torno a la deidad. Palabras innúmeras con las que atemorizo y a la vez encanto las huestes de la noche y escuderos del día. Voces muy alzadas en sus puntas de roble, con las que canta el mago, gobierna el azar y predomina un orden geométrico de hielo. Grande la ocasión en que algo se consume, y con su muerte alumbra y destapa lo esperado. Ahora canto y bailo y salpico de luz las brechas de la sombra entre las llamas. Volando y danzando, como los dioses hablan. Del aire me sostengo, el universo en mí se apoya, gira espeso. Mi verso ha domado al vellocino de oro y ya diezmó mi brazo a los jinetes bravos, a cuyos restos doy mi canción y mi otra espada. Grande la ocasión en que todos danzamos, como dioses mirando la miseria del reino. Palabras que brindaron alma y cuerpo a las ciudades. Soberano idioma, lenguaje de las piedras, del laurel, del río adormecido en sus meandros; alfabeto de grutas intocadas, de lagos suspendidos y pájaros mudos henchidos de placer. De ti, como de un río, adoro cuanto es y ya no es y se transforma y pasa y queda suspendido. Oh idioma venturoso de los labios y las manos, de las praderas altas, los barcos diminutos, la cruz centuplicada en un mismo sendero. Oh danza de las danzas, con que los dioses cantan y bailan y nos llaman.
RETRATO DE MUJER
En tu boca tiembla un pájaro tirado a lo sediento. En tus dedos, templos altos de luz andan despiertos. Habla con tu voz aquel ángel seducido por una magia, un cuerpo, un vocablo insospechado. Nada por tus párpados un pez bello y fugaz y en la negra chorrera de tu cabello tieso, un celaje de carne con alas suena y brilla. No mis ojos te dibujan, no mi trazo maculado. No mi arte la perfila; es el agua desbordante que me asalta con mirarte, untadas por imanes lascivos ambas manos, y no importa que estés muda porque hablas con tocarme. Hay entre tus pechos matices imposibles, bosques y bahías, cañaverales limpios, mojadas poblaciones, algas finas, robles, yerba. Me asomo al intocable destello de tus manos y temo que mirándome se desnude tu voz, y como San Francisco de Asís hable a las aves, y se descalce y pese mucho menos que el aire. Mujer que lleva entera una bestia por ternura. Mujer que me desalmas con tan solo nombrarme; mas no importa si estás muda porque cantas cuando miras. En tu vientre acuna un mar con veleros erguidos, en tu pelo un surtidor de la noche se desgrana, en tu boca de nubes y pájaros me pierdo, y no importa si estás muda porque cantas cuando amas.
CANCIÓN DE LARGO A LA TRISTEZA HONDA
el mar es una cosa que nunca tuvo nombre. objeto que yo invento el mar son mis dos ojos el mar es un profundo invento de la nada empozamiento álgido de toda la resaca de los siglos llorados tormento desmedido infinita semilla de mi origen
el mar
el mar es un espacio e ser y de no-ser de brillar y apagarse las cosas al instante
espejo del vacío de la sombra de lo sin rostro
el mar
el mar es aquel hueso que duele a mis ancestros (herida que no cesa el mar no es mi niñez) combada penitencia con tantas vejaciones mi mar mi vacío corazón que me llena la muerte de vivir
sediento
LA BALADA TRISTE DE WYCKOFF
A Gabriel José, in memoriam
La tragedia siempre acecha como un lince lastimado.
Como el mar, la tragedia
no conoce la fatiga, no hay reposo en sus misterios.
Wyckoff, un silencio, nuestra guarida de paz.
En verano, la hermosura de las flores y los prados.
En invierno, calles tristes y nevadas, techos compungidos,
el patio recogido en disipada soledad.
El silbido nocturno del tren era una fiesta
y sin enmbargo ahora es un grito de dolor.
Era noche fría, esperaba la escalera el toque de su arribo.
El mundo para él, tan pequeño, tan extraño,
su amor quiso salvarlo con un gesto de sus labios.
Un libro en torno a Buda en su mesa de noche,
poemas sobre el mar, fotos disgregadas con la tribu de la escuela,
lo insondable de la vida en un puñado de palabras.
Todo en él serenidad, una flama su semblante.
Su tiempo entre nosotros lo eternizan sus abrazos.
Le fatigaron hondo los tormentos de la vida,
tan deprisa, tan temprana la derrota de sus días.
Tuvo de los ángeles la indefensión y el sueño.
Que no se canse nunca, pido al cielo,
la andadura amorosa de sus pies y su mirada.
Sobre La orilla del retorno, de Alejandro Sebastiani Verlezza. Por Daniel Medvedov
Sobre La orilla del retorno, el más reciente poemario de Alejandro Sebastiani Verlezza, editado por El taller blanco (2023).
Por Daniel Medvedov
Primero el título: La orilla del retorno. Este RE del RE-Torno es el famoso NOSTOS griego, el de la NOST-algia, el dolor poético del Retorno. En la poesía arcaica griega el retorno se afirma con dos palabras: EPÍSTROPHE y STROPHOGORISMA.
El retorno de una nave, aunque sea el retorno de una tabla de madera, se cuenta con estas palabras: AI PRAGMATEIAI ÓPI EPHERENÓPISO TO PLION ANTIEKEÍNON ÓPI EIKEPRÓTERON (se regresa al lugar de donde se ha partido). Este retorno es poético, pues el NOSTOS es STROPHPGORÍSMA y es obvio que tiene que ver con las estrofas poéticas.
Alejandro Sebastiani Verlezza comienza con una cita de Eugenio Montejo: “También el mar se va y no retorna”. Pero es bueno saberlo: el Mar nunca se va y al afirmar esta última declaración nosotros nunca nos vamos y si nunca nos vamos, nunca retornaremos de una NO-IDA. Siempre estamos aquí. Verlezza siempre ha estado aquí, como todos los poetas. El poeta siempre está aquí.
El primer poema se titula “vísperas”. Habría que decirlo: no hay plural en la víspera. La víspera es una y única. El dicho popular lo confirma: “Nadie muere en la víspera”. Pero Verlezza es un poeta y a los poetas se les recibe enteros, con sus licencias poéticas debajo del brazo.
El trozo de tabla es un madero y el náufrago es crucificado sobre su madero como un Cristo. El madero flota, navega a porfía, como dicen los marinos, hasta ser llevados hacia una bendita orilla. Hay un verso popular rumano que afirma algo sorprendente. Es un fenómeno curioso: “El agua es golpeada por la orilla, y el viento es batido por las olas”. Es inverso, pues estamos acostumbrados a oír que el agua golpea la orilla y que el viento bate y empuja las olas. Hay un trémulo tremor (así lo ha oído el poeta), “un hondo tremor”. No está atado al mástil el poeta, no necesita estar fijado, ni “fijo”, como Odiseo, para no arrojarse al mar en los brazos de marfil de las sirenas.
El madero es como una puerta con sus jambas, hasta el umbral está allí, junto al madero, en la tabla. Y en esa “tabla” está pegado el poeta, como si estuviera flotando -él también- como una puerta con su umbral polarizado hacia el Norte. Allí hay hasta una bodega de visiones en la cabeza del poeta. Allí guarda sus sueños, en la bodega, sueños despiertos, ordenados en un desorden ordenado, tipo SHARAVADGI sánscrito, cuyo sentido es el mismo: “desorden ordenado”, “música callada”, como declara Juan de la Cruz, paradoja poética que no puede ser llamada OXYMORÓN.
Al llegar a la orilla, en su paseo por la playa poética, el poeta encuentra la piedra. V:I:T:R:I:O:L: así está escrito sobre la arena y las olas que se rompen en la playa no borran las letras. Es la VISITA del poeta al interior de su Tierra. Rectificando, el poeta encontrará la Piedra Oculta. VISITA INTERIORAM TERRAE RECTIFICANS INVENIES OCULTUM LAPIDEM.
viernes, 28 de junio de 2024
TANIA GANITSKY: Poesía Actual de Colombia
Tania Ganitsky es una poeta, editora, traductora y ensayista nacida en Bogotá, Colombia, en 1986. Es doctora en Filosofía y Literatura, Profesora del departamento de Literatura de la Pontificia Universidad Javeriana y coeditora del fanzine La trenza. Ha publicado cinco poemarios, entre ellos La suspensión de los objetos flotantes (2021), Rara (2022) y Desastre lento (Himpar Editores, 2023). En 2022 también publicó El fuego que quería recordar, un ensayo literario sobre la escritura.
Selección de Gladys Mendía
*
Las velas tiemblan antes
de apagarse
como ojos antes de llorar
no hay diferencia
entre el fuego y el agua
en óvalos pequeños
*
Por la noche canté
una canción de cuna indígena, me dolía
la mandíbula
porque hay que mover la boca
de otra forma.
Los sonidos precolombinos
vienen en distintos tonos como las sombras
me dolían los ojos también.
*
Dos pájaros muertos al pie de la cerca.
Arañaron lunas con su vuelo,
no le dieron a los frutos tiempo de cicatrizar.
Una hormiga explora sus colinas de carroña
y un saltamontes
toma impulso en una pluma.
*
Deberle los poemas no escritos al tiempo
en que no se escribieron
a la imaginación que todavía no los imagina
a la memoria suplantada
por el olvido
al olvido suplantado por el dolor, etcétera.
Dicen que la última
llama
se encenderá
en el océano.
En el estómago de la ballena
que hospeda los mitos olvidados,
en su canto,
que conjura el retorno de los dioses.
Pero yo he escondido
unas cerillas
para amparar las llamas
de la tierra.
La voz es un lugar
oscuro
tomado por animales feroces
en los que ya nadie cree.
Para hablar
hay que escapar
del fuego de sus pupilas
y del filo de su hambre.
Para poder decir
miedo o mío
hay que imaginarlos jugando.
Los caballos
no iban a vivir tanto tiempo.
Pero encontraron ofrendas en el sueño
de los muertos.
Allí pastan, beben agua y, a veces,
se acercan
a las manos cubiertas en panela
que se abren como flores dulces a su alrededor.
Doblan el cuello y reciben la ternura
que también debió extinguirse
hace tiempo.
Tigre de Bengala
Para Erik
Cuando sueña consigo mismo, toma la forma de un Tigre de Bengala y atraviesa la selva simulando el amor. A veces se persigue a sí mismo fuera del sueño y despierta asustado, a mi lado.
La noche se cerraba
en tu boca
y no había manera
de liberarla.
Nunca temí tanto
por ti, por el silencio –
en la punta
de tu lengua se apagaba
la última estrella.
Un haiku para Denise
Ella dibuja
al hermano colibrí:
color errante.
Él en el desierto (Segunda nota para el hombre que vi en un sueño)
Desde aquí te veo como todas esas cosas
que aparecen cuando escribo.
Como el tigre sin contorno que se fundió en la intensidad del sol poniente,
y como la serpiente que se desenrosca sueño afuera.
En tus manos resplandecen dos círculos dorados
cuando te limpias la arena que las cubre
y una de tus pupilas tiene la forma de la hormiga que trepaba tu pierna
y empujaste de prisa, asustado.
Me gusta que estés en el desierto porque no te recuerdo ni te invoco,
sólo te imagino.
En el desierto siempre alumbra la primera luz y acaece la primera noche,
su vastedad conviene en que allí pase cualquier cosa:
de noche caminas en puntas de pie para evitar el veneno de los insectos
y estás más alto que cuando te fuiste, como la estatua negra de Pushkin
o la de Peter Pan sobre las rocas.
Tu nariz está más pequeña y tus orejas largas e infladas, porque
has empezado a respirar como los peces: escuchando todo.
Te das la vuelta y descubro algo que quizá sea culpa mía:
tu espalda está marcada por los golpes del viento que castiga
a quien no le da la cara a lo real.
Te ha marcado con números cuya cifra no sé contar.
el pasado hubiera podido ser
cualquier cosa
un árbol que crece cada medio día
una madre que renace
una noche que no se abre y que no estalla
igual que un libro en que no se ha escrito nada
un desierto que descubre su tiempo en liras
and a god that sings us lullabies
pero el pasado, ese no fue el pasado
el pasado es un ángel
que cae de cabeza en el vacío
Un día no tendré escritura.
Sacaré la lengua como los colgados,
inútilmente.
Nunca dominé la gramática del fuego
y mi idioma
siempre se inclinó hacia las cenizas.
Para entonces habré domesticado
el silencio,
que me seguirá como un perro.
Nunca he tenido algo
que decir.
La poesía es el síntoma
de mi silencio.
Algunas imágenes errantes
como los tigres
los caballos
y las piedras
flotan en el aire.
Nada de esto pesa, pasa, aplaza.
Las metáforas
no concilian la distancia poética
de dos abismos.
El mar ha muerto.
El desierto ha muerto.
Lo sé porque una vez envenené
a un caracol con sal
y burbujeaba
igual que este vertedero
de palabras.
miércoles, 26 de junio de 2024
WALDO LEYVA: Poesía Actual de Cuba
Waldo Leyva. Poeta, ensayista, narrador y periodista cubano. Remedios, Villa Clara, Cuba, 1943. Ha ejercido la docencia universitaria como profesor de Estética y de Literatura Cubana e Hispanoamericana, y el periodismo como fundador y director de revistas culturales, entre las que pueden señalarse: Del Caribe y Letras Cubanas. Es graduado de actuación y dirección teatral; ha escrito obras dramáticas y fue director-fundador del teatro universitario de la Universidad de Oriente. Entre sus obras se encuentran: De la ciudad y sus héroes (1974), Desde el este de Angola (1976), La distancia y el tiempo (Antología, 2002). Sus poemas han sido traducidos a varios idiomas y forman parte de diversas antologías de la poesía cubana e hispanoamericana. En el año 2010 recibió el X Premio Casa de América de Poesía Americana.
Selección de Gladys Mendía.
ASONANCIA DEL TIEMPOY solo contra el mundo levantó en una estacaSu propio corazón, el único que tuvoJuan Gelman
Si ya no estoy cuando resulte todo,cuando el tiempo en que vivo ya no exista,cuando otros se pregunten si la vidaes el triunfo del hombre, o es tan soloun perenne comienzo, un grito sordo,el rasguño en la piedra, la porfíainútil del abismo, pues la cimapuede llamarse altura porque hay fondo.Cuando todo resulte, sólo quieroque alguien recuerde que al fuego pusemi corazón, el único que tuve,que yo también fui “hombre de mi tiempo”,que dudé, que confié, que tuve miedoy defendí mi sueño cuanto pude.
El inocente ojo del antílope
Un tigre salta de la piedra.
Vuela un ave que ignora la angustia del vacío.Ciego es el pez, su pupila es el aguay muere herido por el aire.La lombriz puede ser reina de la alturay deshacerse el árbolen el vientre insaciable del insecto.A la cruz del comienzo clavado sigue el hombre.Sangra. Puede ver aún el rostro de los otros.Ni dios, ni ventanas azules,ni el inocente ojo del antílope.
Agradezco la noche
Aquí estoy, nuevamente amanecido,dispuesto a soportar hasta que vuelvala noche irremediable.Cuento los días y me resulta eternoel tiempo que supongo me separadel silencio sin ruido.Estoy como en un pozopero viendo la luz solo en el agua.En un sitio del mundocomenzará otra guerray vencerán los muertos a los muertos.De aquello que fue el rostro del amigoqueda sólo una mancha, un tatuajeque ha dejado la máscara en la piel.¿Quién le cortó los hilos a la rueca?¿Quién me dejó sin calles, sin lagunacon una puerta sólo hacia la infancia,hacia el agua del pozo?Aquí estoy, nuevamente amanecido,ha sonado el teléfono,comienza la ciudad su ruido informe,y siguen los semáforos en rojo.
La distancia y el tiempo
Tú estás en el portal, apenas has nacidocaminas hacia el mar y cuando llegas:tienes el pelo blanco y la mirada torpe.Desde la costa se ven las tejas rojas de la casa.Si quieres regresar, ya no es posible;a medida que avanzas se borran los caminos.Tu camisa de niño aún está húmeday veleta de abril en el cordelindica para siempre la dirección del viento.Qué gastadas las uñas,qué frágil la memoria,qué viejo tu zapato por la arena.
MONÓLOGO FINALLa oscuridad tiene tu olor,mi olor,y ese otro perfumeque nace de la pielcuando se juntan nuestros cuerpos.Cierra los ojos.Toca mi cara.Tus dedos borrarán la sombra,no importa que sea de noche,no importa que desconozcasel rostro que tendré al amanecer.Cada segundo puede ser toda la vida.Mañana mi piel estará seca,o deshecha en el aireo será un verde germinalo un rojo efímero,pero ahora las yemas de tus dedostienen toda la luz.Perdono al porvenir.Las trampas que he tendidotienen la misma inocenciadel juego de la alquimia.Para el hombre no existe otro destinoque el manantial inédito.Toca mi rostro,sálvalo en la memoria de tus manos.
EL OTRO Y EL QUE HABLASé que dentro de mí hay otro ser,alguien que exige heridas, desgarrones,que tiene la impaciencia del cuchillo,la obstinación del plomo, la sed de la metralla.Desconozco ese ser que prefiere la noche, los rincones.Desde niño me asalta. Cuando toco un metalme empuja hacia la sangre.He buscado en los días de mi infanciaalguna relación con el cuchillo, con la muerte violenta;he practicado el odio hasta la angustiapero soy incapaz, nací de otra madera.Esa pugna entre el otro y el que habla¿hasta cuándo será? ¿Podré negar mi mano eternamente?¿Permaneceré ciego a su llamado?¿Acaso soy yo mismo, un nonato que vive y envejece?Dentro de mí habita un ser remoto, oscuro,que se muestra impasible mientras alguien me atacay exige, sin embargo, que agreda a los que quiero.
DEFINITIVAMENTE JUEVESQuiero que el veintiuno de agostodel año dos mil diez,a las seis de la tarde como es hoy,pases desnuda atravesando el cuartoy preguntes por mí.Si estoy, pregunta, y si no existo,o si me he extraviado en algún lugar de la casa,de la ciudad, del mundo,pregunta igual, alguien responderá.El primero de enero del año dos mil uno será lunespero el veintiuno de agosto de la fecha indicadatiene que ser definitivamente juevesy el calor, como hoy, agotará las ganas de vivir.Las calles serán las mismas para entonces,los flamboyanes de efe y trece seguirán floreciendo,muchos amigos no estarány el tiempo habrá pasado por la historia de la casa,de la ciudad, de mi país, del mundo.Quiero que el veintiuno de agosto, al despertar,prepares la pielel corazónlas ganas de vivir.


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