martes, 1 de octubre de 2024
LOURDES FERRUFINO: Poesía Actual Salvadoreña
JANINA CAMACHO: Poesía Actual Boliviana
Janina Camacho (Cochabamba, 1981) Poeta, ha publicado los poemarios Los abismados seres (2006), La cruel inventora de los desvaríos (2011) y El círculo de los navegantes (2013).
CALLAR
Como extraño lleno de vacío
corazón plagado de nada
cuerpo sin alma.
Cuando callo
cuando guardo mi dolor
en este silencio
me quedo atónita
esperando que alguna palabra
se descongele.
Cuando callo
se guarda la oscuridad
de mis ausencias.
En las piedras se guarda
la eternidad de los segundos
atrapados en un siglo extinto.
Mi voz taciturna
extraña para no repetirte
y no recordarte.-
MIRADA
Desde donde te miro
observo el luto guardado en mis ojos
te miro desde un orificio
que se abre al mundo.
Guardando silencio detrás de un muro
donde sólo caben las órbitas de los ojos
en tiempos que el mismo reloj ignora.
Te miro guardando esta voz
retenida en las esquinas de las paredes.
En esta distancia por la ausencia
encontré como decir
te extraño con los ojos.
Una mirada con los ojos callados
es una manera de no decir nada.
Los ojos son un sitio donde las vocales
se convierten en puertas
que te piden escuchar con la
oreja pegada al sonido de las lágrimas.
Te miro en el verbo que es
arrasado por el tiempo.-
AMANEZCO CON PEQUEÑAS PALABRAS
Amanezco con pequeñas palabras
que son arrebatadas por la distancia.
El asombro de la tierra
al enredarme en el autoexilio
pronto el otoño con su universo asfixiante
y me ahogará las hojas del símbolo.
Y el planeta alza vuelo
mordiendo las últimas moléculas del viento
resumidas en llantos
mientras la lluvia inunda los ojos
en los ojos que aún te dibujan.-
RECORDARTE
Un olor incierto
recorre este instante de recuerdos
que me alcanza la vida
para pronunciar tu desnudez gitana
El luto merece recordarte
tu voz destilada
tu tez dibujando el sol
Tus inciensos
abrigan mis vacíos
y me hacen esperarte
hasta la desconocida vejez.-
***
Desenredar a la libertad y comenzar a caer
Retoñar
envolver los sentidos en un cielo vacío
evocarnos continuamente en una lápida
nueva y húmeda
posarnos cambiados
los cuerpos en una ceniza
pobre de herencia.-
SOY SIENDO
Busco en eco de tu risa
la memoria de un fulgor hermoso
Muy temprano salto
de lo que se iza con la melancolía
Cansada de ser la que espera
la que nadie ve
la que nadie quiere conocer
cierro la puerta del fatal regreso
Florece un altar de la que soy siendo
la que espera
DIANA CASTRO: Poesía Actual Salvadoreña
Diana Castro (San Salvador, 1991). Estudió Letras en la Universidad de El Salvador, siendo parte de talleres literarios dentro de la Universidad. En 2014 participa con el poemario «Levedad de Voz» en el certamen centroamericano de poesía Ipso Facto de la editorial Equizzero, resultando ganadora y posteriormente la publicación del libro en el 2015. En el 2017 publica con el Proyecto editorial La Chifurnia, «Una mancha roja». Y en el 2018 para la revista costarricense «Pez soluble» en el número de poesía salvadoreña joven, entre otras revistas y medios digitales.
La orilla
Puedo cerrar los ojos esta noche
Y seguir jugando aferrada a la orilla…
I
La pesadilla
Sin embargo, sé que no es un sueño.
Nada lo ha sido nunca.
Ningún alma luminosa viene por mi.
A esta hora, a mi lecho
A posar sus alasrojas de muertebella
Sobre mi hombro escarchado.
No puedo decirle ADIÓS a NADA.
La melodía de alacranes resuena en mi vena opaca
Y pulsa pulsa como suspiro de huracán remolineando
En una tarde verde, verde, serena…
II
Puede que otra noche me llame al oído.
Otra noche más inmensa
Más fuerte. Absoluta.
La gran noche extraviada
Extranjera
Extrañamente indómita
Llena de estrellas blancas
Y piedras de mar hundiéndose
En mis pies de nervios retorcidos.
Engullo el aire. Como avecilla migratoria.
Como huérfana pequeña
Buscando otro lado de la noche.
III
La orilla
¿Podré escapar?
Sombras, amuletos, esqueletos
Valles de ardiente azul sobre pupilas rojas
Entre estos soles negros
Sobre este volcán caparazón…
¿Podré huir?
La carne es de silencio
Espeso, espeso
Espuma de lava
Creo zarpar en este barco estéril
Que golpea la roca caliente de mi sed.
Estoy en esta esquina, encerrada, sola sola.
Pero se levanta el velo de la ventana
Y sobre la mesa cae al fin la lluvia.
Los zapatos rebalsan.
Apenas queda humo cortando con su filo sosegado las entrañas.
Me llena de nostalgia escuchar este rugido leve de mi sangre
De animal suelto, suelto en la orilla.
Cristales
a Lady lazarus
Tengo en mis manos un libro de azules oscuros. Se llenan de espuma los dedos. Sé que de noche resucitarán las amapolas. Lloraré hasta el amanecer. Acompañando a los miserables, a los sin nombre, a los ladrones de inocencias. Al amanecer los helechos cantarán en tu nombre y atraparán los pies de Ariel. Que es entonces un Dios de humo sin sangre y sin dolor. Solo Venus, su amante dormida en su regazo.
Paso la página. escucho afuera risas estruendosas, tal vez psicópatas poetas o ángeles en perdición, religiosos tarareando en mis sueños de sexo oscuro, sangriento, bestial. Toco mi campana, es de cristal y de un ácido brillante. Cristales azules que se derriten en mis manos. Apenas un olor a tristeza, querida, apenas una música de despedida, apenas un temblor en tu cara.
La luna tiene hoy el tono de tus cabellos.
También las mismas sombras.
Algo se rompe en pedazos en el piso.
Tal vez el eco de la inconformidad.
Siempre buscando, buscando, buscando
Knock knock acechando entre los murmullos, entre los delirios
una furia, al fin, un estruendo,
una verdad con espinas un fuego,
un hechizo total,
Imperecedero un diablo danzante
una danza macabra
una virgen ardiente con pezuñas y agujas
una corona de adormidera cristalina
adornando tu cabeza
alas color relámpago
sueños al fin sueños
sin dolor ni perdones.
No pido perdón. No pidas perdón.
Es tu alma en estas últimas páginas.
Tu salvación.
El cristal se ha roto por y para siempre.
Visiones siderales
Ziggy toca de nuevo su guitarra.
Sobre mi cama hay un reptil glamuroso
Que acaricia estupendamente mis oídos.
Estoy buscándote.
Sé que es tarde otra vez
Sé que el techo tiene ese agujero
Irreparable
Que allá afuera hay calles inundadas
Por donde transita el autobús
Que te aleja de mis brazos
Mientras corro debajo de tifones
Solo para verte no mirarme.
Estoy durmiendo mucho.
Tú cómo estás, ¿acaso estás oyendo
Justo ahora el sonido underground
De mi consola repitiendo
Hasta el cansancio esa canción
Que es el pecho agónico del huérfano?
Búscame
Búscame
Como un lagarto
En mi sueño lunar donde
Nos encontramos.
Ángel subterráneo
A J.M. Basquiat.
Un ángel oscuro y hermoso
Cabalga a la muerte
Inocente
Espera el cielo
Rozando sus alas
Sobre el suelo africano
Estira sus pies
Para asegurar la montura
Sin arrollarse las mangas de Calvin Klein
En su mano una copa de oro que alza
Una calavera teñida de ceras azules
Toca un Sax ahumado
Bebe su sopa
Charla por última vez con Abuelita
Antes de huir
Ángel cabalga con la muerte,
Y canta
Ya sabes, the same old shit.
Escribir a oscuras
Escribir a oscuras. Apenas iluminada por el pequeño éxtasis desparramado por la ventanilla aludiendo a la divinidad al culto al cuerpo de la diosa paseando desnuda sobre mi dedo herido escucho el sermón en la TV muertos blancos muertos rojos muertos azules que no conocieron jamás el delirio ni la risa el amanecer intacto el cerro el precipicio afuera hay perros tristes Ángeles y mosquitos que acarician mis mejillas por igual ahora que mis manos insisten en tocar el tambor de la muerte mis ojos abiertos son casa de pájaros heridos antiguos dioses me hablan al oído sobre el poder la saliva que sana he venido a buscarte más allá de mi reino donde ya no soy cuerpo abandonado ni espero encontrarme con mis huesos visiones poesía arrojada por la calle derramada disfrazada colgada de árboles fantasmas ya no somos cuerpos ni roca sobre roca siguiendo el rastro de nuestros propios corazones y erguirnos y ser peligrosos letales tormentosos escribir a oscuras…
CLARIBEL DÍAZ: Poesía Actual de República Dominicana
CLARIBEL DÍAZ (Santo Domingo, 1963). Poeta, narradora y ensayista. Ha publicado poesía en revistas y antologías de la República Dominicana y del extranjero. Participó activamente en el Taller Literario César Vallejo. Fue fundadora del Colectivo de Escritoras Aída Cartagena Portalatín. Reside en la ciudad de Nueva York desde 1996. Ha trabajado intensamente con el movimiento Psiconalista desde 1984, que la llevó a fundar la Escuela Dominicana de Psicoanálisis, la cual dirigió hasta 1996. Ha publicado ensayos en esa disciplina. Actualmente coordina el Hispanic Psychoanalytic Study Centre en Nueva York.
WASHINGTON HEIGHTS DESDE MI VENTANA
Una calle desierta y pudorosa como una mujer dormida
después del amor
entre el sueño y la tibieza
una mano se desliza sobre la calma
ahuyentando la espera
Y un montón de niños que afuera procuran el desvelo
entre la risa y el miedo
en medio del día y de la noche
entre sonrisas fugaces como el olvido
y leves como el temblor y la prisa
se alborotan buscando en sus juegos realidades ocultas
inventan como dioses
como sólo los dioses crean
sin temor
con la presencia imposible de los sabios
se anteponen al tiempo
Y esos árboles escasos
agrietados también
pero redimidos por la niebla
me miran
interrumpen la suavidad de sábanas también dormidas
tras una ventana abierta
una ventana abierta por donde ni el sol ni el viento pasan
sólo la noche la atraviesa con el ruido de seres noctámbulos
una ventana abierta que se ahueca
sin recuerdos ni presencias.
NIEBLA DE LUZ
Somos cómplices extraños
de un recuerdo inescrutable
la impaciencia nos encierra
un hálito de espera
¡ay! esta noche de eterna
este pálido rito del miedo
que nos mira
soledad que asedia
“brecha ciega” por donde asoma
el olvido
fósil o cuerpo sin aliento
somos
huellas de una mirada
que se apaga
sueño en vela
domingo a solas
precipicio incólume de tardes
sin venturas
ya no hay fábulas para decir
a los niños
espacio vacío en que me encuentro
eres
lugar de sombras
verso olvidado en la bruma del sueño
nos une
niebla de luz
ser exaltado en el sueño y la pasión
magia vedada y trastocada que no cesa
mi voz se pierde en ese hechizo
inexplicable
para inventarse en otro mundo ajeno
con otra sombra otra imagen y otro acento.
DESHABITÁNDOME
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
Cesare Pavese
Me acecha la muerte en tu mirada
ahora en el instante del absurdo
ahora que mi boca dibuja tu silueta
y te desnuda
es bruma mi ser
trémula en tu vértice hueco
soy imagen despoblada
piel habitada por un cuerpo
que se escurre
verdad que se escinde en la ausencia
y en la levedad de un rostro que tiembla
Vuelo y no alcanzo el espacio de tu risa
ni la plenitud que mi cuerpo atrapa
quédate en lo vivido a explorar mis días
si la suerte olvida nuestro eco
átate a mi espalda
y bordéame despacio
aspírame
como quien absorbe el recuerdo en una huella
Nadie nos aguarda ahí afuera
nadie
ni los sueños
ni el poema
quizá sombras
sólo sombras
y la desvelada prisa de la espera.
ECOS Y SOMBRAS
Murmullos inexplicables que otra vez regresan
como destellos interminablemente
estos ecos nos repiten
De nuevo por esta senda
muchos años después
y aún espero
Una promesa es un montón de cosas que no acaban
que se repiten y se propagan siempre como sueños
una frase abierta
tu cara de frente al mar
mis pasos sin esta pesadumbre
un baile quieto en un atardecer sin sombras
una mirada que musita que regrese
tus manos que a este ritmo entonan sabias melodías
Para escarnios
ya no soy el Cristo
soy una fuga
un chispazo
una mueca que se trastoca
en otro nombre
una piel que poco a poco ya se habita
otro ser
otra risa otra mirada
nómbrame en tu delirio
hasta revivir en el espacio
o en el rincón posible que tras la lluvia
regresa.
ESPEJISMO DEL DESEO
Detrás del nombre hay
Lo que no se nombra
J. L Borges
Tras la esfera de un cristal de polvo
vislumbro tu ser
desde el olvido y la sombra
advierto su clamor de fuego
llamarada de espanto
la palabra insinúa la mirada
del recuerdo
hálito breve que se esfuma en el
ensueño
como la tibieza de unas manos
que tocan sin tocar
como la inalcanzable estatura de tu rostro
eternizado en la sonrisa
sin aliento
vacua y exigua presencia eres
preludio del encuentro
el espejismo
sueño pretérito escandido en mi voz
te nombra
sin decirlo.
SANTOS MORALES ARONÍ: Poesía Actual Peruana
Santos Morales Aroní. Ayacucho - Perú. Abogado por la U.N San Luis Gonzaga de Ica, con maestría en la U.N. Mayor de San Marcos. Ha publicado Flor de Lluvia (poesía) en 2015, Bajo la Lluvia (cuentos) en 2019 y Urankancha (poesía) en 2022.
Ha sido ganador del concurso de “Poesía Universitaria Blanca Varela” y X Congreso Nacional Lingüístico Literario CONALL 2013.
Forma parte de la “Antología Poética Iqueña” 2009, “Esencia de la Palabra” 2010, “Antología de la Nueva Poesía Iqueña ARAWIY” 2011, Antología de la Poesía Iqueña “Poetas en la Arena”, 2017, de la Antología sobre la Narrativa corta de Ayacucho “RIPUNTI PARA” 2021, de la Muestra de Narrativa Iqueña Contemporánea “ARANVILKA, 2023” y la muestra de poesía contemporánea escrita en Ica, “Todos somos el mismo cerro” 2024.
Ha participado en diversos festivales de poesía. Sus poemas han sido publicados en México. Es miembro del Círculo de Poesía ARAWIY, fundada en el año 2010, y coeditor de la Editorial Ícata.
Tunankancha
A mi hermano Miguel
El abuelo ha cosechado las mejores piedras hechas con la saliva del sol y ha musitado; “wasiytaruwasaq”.
En su boca, amalgama de coca y toqra, irriga fortaleza. Se quita el sombrero, hace reverencia al tayta inti y besa la Pachamama, para que la casa perdure.
Al atardecer, la casa está lista a la orilla del arroyo.
El abuelo ha edificado el nido matriz en honor al sol. La lluvia le habla desde el techo con su gorjeo matutino.
La abuela, por su parte, domestica al pukupuku para tener certeza de la hora. La abuela ha domesticado el tiempo.
Ambos se asoman al río y miran sus reflejos.
Han decidido multiplicarse. Veo a mi padre ligero como chubasco, gatear y zambullirse en el pecho de la abuela buscando la vía láctea.
El abuelo ha sembrado ayrampu a un lado de la puerta. Será su cancerbero.
El pájaro árbol ha crecido, sus pequeñas hojas se alimentan de destellos. A echado como fruto granos púrpuras; papá los derrite en su boca como pequeños soles sangrantes.
Tunankancha solariega, sudor casa, sangre casa, árbol casa, wasihause.
En tu puerta, los abuelos Santos y Virginia como dos Monarcas Inkas, esperan a sus wawas mientras en tu techo fulgura la garra solitaria del relámpago.
Urankancha
A mi abuelo Santos Morales in memorian.
*
Hervían ccocha yuyus en tus ríos y a las piedras de tus arroyos le crecieron alas.
El ayrampu orillaba tus párpados y los venados dormitaban en el bramido del wayra.
El rojo polvo de tu cuerpo fue sacudido por nómadas, cuyos pies gregarios arribaron a tus caderas, en busca de puka kachi.
El color ocre de tus mejillas, sedimentaron sus miradas. Los wamanchas y lagartijas lo nombraron “tribu de los pukas”.
Las primeras mujeres se alimentaron del lácteo de las estrellas. Podaron el relámpago y lo plantaron, regaban con leche de sus senos, hasta que brotaron hojas, le crecieron ramas y echaron flores y frutos. He ahí el germen de la agricultura.
El clan de los pukas recolectores de granos de garúa y cazadores de destellos fueron colonizadas por los bravos Chankas.
Los mozalbetes aprendieron afilar sus salivas y fueron reclutados al ejército. Las niñas se alimentaban del polen de las lluvias y capullos de sol, para cuando grandes engendraran guerreros capaces de tumbar al propio rayo.
La etnia bravía cierto día después del arco iris, fue deslumbrada por el propio Pachacutec; las orlas doradas de su manto acariciaron el color bermejo de sus entrañas.
El Inka con su lengua de emperador, oteando la bella planicie la nombró; Urankancha y las brevas de su corazón fueron cosechadas por el jerarca.
Monoral del Camino
A Vladimir Vila Vargas
Cuando faltan piedras a las palabras, rayo a tu aliento; tu orfandad se desgrana en migajas y pones tus pies en mi pecho de reptil.
Vivo centurias por esta parte del orbe. Hechura de tus ancestros; forjaron mi cuerpo empedrado y polvoriento como a un garabato hecho por un niño zurdo.
He acariciado los pies de tus tatarabuelos y ellos han besado el polvo de mi cuerpo. Se sentaban en mis orillas a saciar sueños apetecibles o a merendar fiambres de tunas escarlatas.
Los cascos de sus mulas retumbaban en mis costillas. Te he visto aún pequeño, con pantalón remendado y zapatos de jebe, limpiándote los mocos como quien quita un lunar que lo afea.
Jalabas la mula y al burro pardo, esos que tenían unos ojos que relucían en el charco de la madrugada.
Corrías apresurado detrás de tu padre. Hurgué tu miedo, tu agitación de viento; otras veces, te prendías a la falda de tu madre como queriéndote bordar en sus cicatrices.
Y ahora vienes de vez en vez, cuando le faltan granizos al poema.
Aroma solar.
A Alejandro Licas Morales.
Existe en la familia cierto magnetismo; esa gota de sangre que te llama como un aroma solar.
Mientras endulzamos la garganta, mi primo Alejandro ríe a carcajadas y las hebras de su risa hacen florecer violetas.
Su rostro grafica las bofetadas del tiempo.
Sus barbas castañas me recuerdan al tío Patrocinio, lo veo; aderezando las presas para la Pachamanca y condimentando sus años, aún con hierba buena creciéndole en los falanges y abejas zumbando como sangre en la tibia. Mientras la tía Victoria la mira desde una esquina, con el aliento bramando en el olivar de su caja torácica, recordando el día que zurció su corazón al tallo nacarado; justo a la hora del canto del puku puku, justo a la hora de la miel, en la puerta de Tunankancha, cuando el abuelo aún guardaba rebaños siderales en la saliva.
El tío Patrocinio se unió a la tierra para abonarla y germinar como habas bermejas, como capulí cuyos frutos rojos estallaran en los labios de su descendencia.
Con el cañazo colonizando la sangre, grita; ¡carajo, te parece al abuelo Santos! Muge, con esa energía de toro que se ha pasado la vida arando barloventos.
En Alejandro se resumen los hijos de la granizada; árboles creciendo en el iris del sol, cactus irguiéndose en el meandro de las venas.
A - E l e n a
Antes del nacimiento de Elena, mi madre era un manantial lácteo.
Cogía sus senos como racimos de uvas.
Sus pezones, cual dátiles, vertían dulzura hierática.
Cuando nació Elena me obligaron a convidar. Ella lactaba del lado derecho y yo del lado más pródigo y generoso. Sorbía parsimonioso como relámpago recién nacido.
Cierto día mamá al ver a Elena esmirriada, resolvió agraviar a su seno izquierdo.
Lo untó con ají.
Tenía cinco años cuando conocí la tragedia.
Feliciano.
huk
A 4500 msnm; los charcos son esquirlas lácteas adheridas a la piel de las punas, sedentarias heridas, palpitación celeste de alguna deidad remota.
Las nubes escupen granizadas.
La sangre fluye densa y saluda el estallido asmático de una flor.
La violencia dulce del viento vuelve anidar en los cabellos de la abuela, el aliento aletea lento, lentísimo como chirririnka en su afán de alcanzar altura.
La abuela Virginia es una lince, pastora de fuego y auquénidos. Tiene quince abriles, sus mejillas escarlatas le dan aire de luna incendiada.
Los bisabuelos Nazario y Josefa se alborozan viéndola desde la rendija del alba, desde el pilar de sus proezas; juntar su vacarumi y nombrarlas; ésta Utarina, aquella Pawsinay, y estos otros sus becerros; Chukchunkino y waylurcha.
La abuela, hace florecer escarchas en las praderas.
Allpachaka
Vértebra de piedra, de siglos, de memorias enraizadas a las masas de la tierra como carne incrustada a los huesos.
Relámpago a dos orillas que claman comunión.
¿Acaso el viento azorado, que recorre las punas como atuq fullero?
¿O el hombre forastero, apátrida, que recorre los andes como quien camina las líneas de sus manos, te ha edificado?
Mi bisabuelo, cierto día, arreando sus auquénidos, ya no le fue menester bajar a la ribera para vadear el río.
Estabas ahí, tendido como un mamífero recién nacido, meciéndote con tu esqueleto de piedras y tu cuerpo embadurnado de cal.
Confieso, cuando niño tenía miedo de pisar tu cuerpo de lagarto.
Se dice - el río por debajo de ti albergaba una laguna donde vivía una sirena fosforescente.
En noches de eclipse, salía a peinarse con las espinas de tankar, y ha perfumarse con floripondios y retamas. También vivían las truchas polícromas que daban origen al arco iris.
Cuando se ocultaba el sol, quedaban sus barbas doradas flotando en el agua. La luna era concubina del sol desde hace ya siglos y fruto de ese idilio habían procreado a la sirena y las truchas polícromas.
Pero luego me hice amigo tuyo y ahora me siento a tus orillas a contemplar artrópodos en llamaradas.
Allpachaka, Relámpago amoroso, adherido a dos orillas que claman comunión.
Andina sempiterna
Fulguraban piedras en la saliva del tiempo. Cantaban las hojas del guindal augurando estelas ovíparas. De cuando en cuando el chubasco arreaba piara de nubes.
Y tú, andina sempiterna, dejabas morir en tu pecho palomar de suspiros; en otras edades donde el atuq; era pequeño insecto herbívoro, el rayo; cordón umbilical que zurcía el cielo con la tierra, los arroyos; niños pequeños que gateaban en busca de su padre río.
Por la mañana, cogías tus rebaños. Salías alegre al pastizal, salpicada de ternura. Llevabas de quqaw; machka, puspo y tu puchka para hilar caminos al regazo de tu madre.
Al medio día te sentabas furtiva a la sombra de algún ichu a merendar. Te quedabas dormida, soñabas con cernícalos iridiscentes aleteando en la hendidura de tu lengua. Despertabas resollosa, brincabas a contar tus rebaños. Por la tarde, retornabas junto con el sol, musitando a la distancia la humareda anunciaba tu llegada.
Así transcurrían tus días, alegres como vísperas de herranzas.
Cargas en tu lliklla amalgama de garúas, de wayra, wayta.
Ahora te encuentro en el alba, con herbajes liándose a tus huesos, con semillas brotando en el surco solar de tus ojos.
lunes, 23 de septiembre de 2024
LUIS VARELA: Poesía Actual de Colombia
Luis Varela (Cali, Colombia, 1987). Poeta colombiano que vive actualmente en Hamburgo, Alemania. Poemas de su primer libro Tomates (Entreríos, 2022) han sido traducidos al alemán y al portugués como también han sido compilados en la antología Voces periféricas. Antología de poetas latinoamericanos en Alemania (Equidistancias, 2023) por Timo Berger. Ha participado en diferentes lecturas, entre ellas, la Hafen Lesung, un evento de carácter internacional y multilingüe.
Hacia una colina
Antes del amanecer
llevan la primera vaca al matadero.
Si estás cerca, allá en Campo Alegre,
escuchas el chorro de agua en la nuca de la vaca,
un chorro fino que tranquiliza los nervios
antes del golpe
y el derrumbe.
¿Quién no lo reconoce?
¿Quién no lo ha sentido?
Las demás vacas que van en fila,
hacia una colina donde todos
tendremos que llegar,
inician un rezo suave,
mientras la neblina las bendice
y les acaricia el lomo.
Aquel coro imperceptible, absurdo, aterrador,
estrecha la vida en su final
y el brote de la primera luz.
Que brillen sus manos
Mi madre llamó para contarme
que se había soñado en una fiesta.
Una voz le dijo
que mi abuelo estaba achantado,
pero no supo decirle
dónde estaba.
Este domingo ofrecerán una misa por él.
Mi abuelo nos llevaba los miércoles
a comer pescado
con la mano.
Despacio, y en silencio, le quitábamos
las espinas, las juntábamos en un mismo plato
como si estuviéramos acumulando,
con cuidado,
el dolor.
Hoy te lo digo, amá,
donde sea que esté mi abuelo
espero que brillen sus manos
como si hubiera comido pescado.
Lautaro
Aprendimos nuestros cuerpos juntos
descubrí tu espalda y tus brazos,
vos me señalaste un lunar que nunca he visto,
estuvimos entre hombres,
desarmados, en ese mundo tuyo de asma y toldillo,
que nos protegió de todo menos del viento
y de estar vivos, uno al lado del otro,
jugando, queriéndonos
sin un lenguaje establecido, sintiendo
nuestros penes a veces erectos
en los estómagos y en los muslos.
Nos cuidamos, como soldados,
en el barrio. Convivimos con las alarmas
en los oídos. Vimos el primer muerto juntos.
Los otros me los describías o yo te los contaba.
Todos miraban hacia un mismo lugar.
Tomates
i
El amanecer te sorprende mirando los tomates
que se dan bien en tu ventana.
Un par de veces al día,
los riegas en pequeñas cantidades.
Eliminas las hojas más cercanas al suelo
porque son propensas a lesiones pardas.
Yo sé por lo que estás pasando.
Lo que habita tu pecho
le da gravedad, equilibrio,
a esta tenue y aún inestable madrugada.
No tienes la misma edad
de tus tristezas.
Algunas se hunden y se extravían
en la oscuridad de la tierra
de tu pequeño cultivo de tomates.
A las demás
les da el sol.
ii
Parto el tomate en rodajas,
espero que se disipe la ansiedad
y dejo el cuchillo en la tabla para picar.
Has venido hasta acá para hablarme de la luz
reposada de ese vaso de agua en la sala de espera
del consultorio psiquiátrico.
Te empecinas en que escuche
el hundimiento de la vida
mientras los pacientes ojean
una revista de variedades
descifra
qué animal extinto
recuerda la sed
en sus pechos.
iii
A un lado de la mesa
cada vez más grande y peligrosa
dices que es tiempo de dar frutos.
Pero las tomateras
cuando no pueden hacerlo
florecen.
Tratan de dispersar
sus semillas
y con suerte
encontrar lugar
en otra ventana.
Apartamento persona sola
i
Como un paisaje
te mueves en el nuevo apartamento
persona sola.
El hijo único regresa
a tu eterna mudanza
para cuidarte.
En la ducha, el agua cae en tu nuca
como la calma en los mataderos.
La herida no se puede mojar. Por eso
cubre tu barriga con papel film
y piensa en el útero que te extirparon
como otro hogar irrecuperable.
Cada mañana, el ritual de cambiar
el papel film, envolver el estómago
como una larva y esperar, durante la tarde,
el origen de un nuevo animal, mientras
en la basura brilla, como una placenta,
la materia sagrada
de la vida.
ii
Hay algo
sentado en la mesa
junto a ella
— que hace de madre—.
Como los ríos
anuncian las piedras,
parece revelarse
ese algo:
en las flores artificiales
en las frutas de madera
color verde, morado y amarillo
— que hacen de aguacate, uva y banano—
Pero ella sigue
con sus manos en las rodillas
sin probar
ni una sola cuchara
Entrevista con Floriano Martins y Juana M. Ramos. Por Demetrios Galvão

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