domingo, 31 de octubre de 2010

Sobre Músico de la corte, de Felipe Moncada. Por Sergio Muñoz



“MÚSICO DE LA CORTE”
LA ESCRITURA DE FELIPE MONCADA
O EL VIAJE DEL PAISAJE BARROSO DE SAN FELIPE
A LA EXPLOSIÓN NEOBARROSA DE LA LENGUA

Sergio Muñoz Arriagada
Valparaíso, mayo de 2008


El engranaje retórico de esta presentación se echó a andar hace muy poco tiempo, por lo que voy a excusarme ante Felipe y ante ustedes de efectuar una lectura casi a primera vista.
Hace algunos días, recibí un llamado telefónico de Felipe, encargándome la escritura de una presentación para el libro que iba a presentar al final de la misma semana, en Valparaíso, publicado por Editorial Fuga. Un libro, cuyo nombre me pareció algo anacrónico y sospechoso: “Músico de la Corte”. Sin embargo, me comporté de manera educada y solidaria con Felipe y accedí a su petición, debo reconocer, no muy convencido, por la premura y porque generalmente me excuso de participar en estos ritos de presentaciones, lanzamiento o iniciación, donde casi no se presenta, donde generalmente no se lanza nada, y donde poco se inicia.
Porque este seudo-oficio de presentador de libros, aunque ustedes no lo crean, es ar-duo y duro. Implica, por un lado, el alejamiento de la familia, y por otro, la esclavitud de comenzar a girar días, noches y semanas, en torno a palabras llenas de ajenidad. Palabras que a veces no nos dicen mucho. Pero además, por otro lado, nos coloca en el riesgo de aquella actitud inconveniente y vergonzante de tener que promocionar efusivamente, y a veces hasta el hartazgo, textos que a uno -a veces- no lo convencen demasiado. Más aún, uno está aquí para entrar en la conciencia y en la billetera de los asistentes a estos eventos, para rogar que compren un libro que talvez uno no compraría. Es decir, una actitud de las peores, por donde se la mire.
Le pedí a Felipe que me enviara el libro, y aquella noche, al encontrarme finalmente con los primeros versos, debo reconocer que mi situación afectiva respecto del libro, y del autor, cambió radicalmente. Me sentí absolutamente complacido, halagado y agradecido por la invitación. Porque los versos iniciales del libro tienen que ver de manera increíble, precisa y certera, con algunos de los rasgos y características más queridos por mí, tanto en el estudio de la música, como en mi propia obra poética.

Dice Felipe en el arranque de su libro, en el poema “Campanas en el Puente”:

“Con trescientas ochenta campanas
compuse un palíndroma musical

si caminas en un sentido oyes una melodía
si caminas en el otro una melodía distinta

costó muchos viajes en avión
imaginar una partitura reversible: una casa de putas
a cuerda
un piano que cruza un río. Al ser necesario

compuse una garza que al batir
desordena las ideas de los peces

pero si las ideas son lunas o lupanares
el río se quiebra en las campanas.”

Es decir, en apenas 12 versos, Moncada da cuenta, o más bien, demuestra una filia-ción con una tradición musical riquísima y antigua, diversa y curiosa.
Por nombrar sólo algunos ejemplos: el minueto de la Sonata en Do Mayor de Haydn, donde el segundo movimiento es exactamente igual al primero, pero interpretado al revés; el Ludus Tonalis, colección de doce fugas escritas por Paul Hindemith, donde el postludio es igual al preludio, pero tocado invertido y al revés.
O algunos otros ejemplos de músicos o estilos que aparecen en la obra de Felipe Moncada. Por ejemplo:
Las fugas y cánones en espejo (directas e invertidas) de Johann Sebastián Bach en El Arte de la Fuga, en las Variaciones Goldberg y en El Clavecín Bien Temperado, entre otras, donde los temas se presentan al revés y con diversas modificaciones (aumentos y disminuciones rítmicas):

Cito a Moncada:

“el deseo es conectar música étnica
con pulsaciones de galaxias Bach…”

Las partes 14, 17 y 18 del Pierrot Lunaire de Arnold Schöenberg, escritas también como contrapunto canónico, en espejo e invertidas:

Cito a Moncada:

“su canto: un chirrear de máquinas de molino;
estertores en do-de-ca-fo-nía
para envidia de los agonizantes.”

Es decir, todas composiciones musicales de un trabajo formal denso, donde, de al-guna manera, la forma es la obra.


El título “Músico de la Corte”, parece hacer referencia al empleo de músicos que comienzan a efectuar los señores feudales y la nobleza europea a partir del siglo XIII.
¿Pero, cuál es la corte que aparece en estos textos? ¿Tiene alguna relación con nues-tra propia historia musical?
En rigor, la casa patronal de la Colonia chilena, nunca dio para tanto. No llegó a ser una corte, en el sentido europeo y clásico del término. Como lo dice Octavio Paz: “Hay una diferencia capital entre el pluralismo novohispano y el pluralismo medieval: los grupos que componían a la sociedad novohispana no tenían representación política y no conocieron esa forma hispánica de parlamentarismo que fueron las Cortes”.
La música en Chile, al menos hasta comienzos del siglo XIX, se dio fundamental-mente en dos espacios distintos, claramente diferenciados: primero, en el campo, ligada a una tradición más bien oral. Y luego, en el ámbito eclesial, donde se efectuaron los primeros ejercicios composicionales de música escrita en partituras en Chile.
Algunos hitos de aquello fueron la llegada del sacerdote jesuita y Cantor Juan Blas, en 1543 o la experiencia de otro sacerdote, Francisco Cabrera en 1573, en Valdivia. El enorme talento de dos indios yanaconas Juanillo y Diego, cantantes en el coro de la catedral de Santiago en 1579. Andrés de Olivares, organista de la catedral desde 1686. El español José de Campderrós, maestro de capilla de la catedral de Santiago entre 1793 y 1812, y la música creada y escrita por la esclava negra María Antonia Palacios a fines del siglo XVIII, por nombrar sólo algunos.
Sin embargo, es posible constatar que la experiencia musical en Chile, se enriqueció exponencialmente a partir del tráfico comercial y humano que se dio con lo más cercano a una Corte de verdad, como fue el virreinato del Perú. Desde 1778, año en que se decreta la libertad de comercio, y se deja de utilizar la ruta obligada del istmo de Panamá que era re-corrido a lomo de mula hasta llegar al Pacífico, se comienza a verificar un tránsito nuevo por Valparaíso, pues gran parte del comercio que llegaba desde Europa, así como también las compañías musicales que venían a presentarse a Lima, desde Europa o desde Buenos Aires, pasaban por Valparaíso. Es así como el 26 de abril de 1830, se presenta en Valparaíso la primera ópera: “El engaño feliz o el traidor descubierto” de Rossini.
Sin embargo, el dato que más nos puede ayudar en relación con el libro de Felipe Moncada tiene relación con el entusiasmo musical del Director Supremo. Bernardo O’Higgins, que estudió piano y composición en Londres, que tocaba el pianoforte con regu-laridad, como lo afirma María Graham en su diario, curiosamente puso al tambor mayor de la banda de Santiago, a estudiar y a perfeccionar sus conocimientos musicales (adivinen dónde) en la ciudad de San Felipe.
Me pregunto: ¿No quedará de ese gesto algún resabio en la memoria celular del poe-ta, o en el humus del lugar –que el poeta habitó- y que hizo brotar, 200 años después, a un músico, de otra corte, con otras preocupaciones y deberes laborales y estéticos que empiezan a crear una argamasa personal, curiosa y única en nuestra fértil provincia?


Sábato -en sus conversaciones con Borges- afirma que los sistemas filosóficos y li-terarios, casi siempre son desarrollo de una metáfora central. Siguiendo esta idea, el devenir de la obra de Felipe Moncada, está desembocando en algo que él mismo ha nombrado como “la transfiguración de payaso a plañidero”. Más allá de la broma, hay un asunto esencial vinculado más bien a la estética de su obra impresa. Porque la escritura de Felipe Moncada está sin duda en movimiento.
Después de realizar una lectura panorámica de lo suyo, yo diría que la clave de este cambio se encuentra en el Capítulo 3 de “Río Babel”, que lleva justamente por nombre “Babel”. Allí se produce una explosión neobarrosa que está teniendo consecuencias en la obra posterior (léase “Salones” y “Músico de la Corte”).

Cito a Eduardo Milán para contextualizar los alcances del término Neobarroso que ocupo, y que ocupa también Felipe Moncada en su libro.

Dice Milán:

“En su generalidad, los poemas "neobarrosos" practican una divi-sión entre la utilización programática de los significantes y el uso del len-guaje poético como señalamiento al marco social del estado de cosas del mundo. Utilización programática: el aumento del lenguaje, la constitución afirmativa del lenguaje poético jugará con el azar del parentesco eufónico como productor de significación, como señalador de un devenir -esa es la palabra- de significación no sujeto a un área semántica predeterminada. El poema, como juego del lenguaje, adquiere el derecho a desbordar cualquier área semántica pre-establecida en cuanto a la construcción de un objeto de arte.”

Obviamente, la utilización del término, no guarda relación total con la suma de ca-racterísticas estéticas y poéticas vinculadas al original. Por eso me parece interesante que nos situemos en el epicentro de esta explosión del lenguaje en la obra de Moncada, que como he dicho, se encuentra a mi juicio, en el capítulo 3 de “Río Babel”, donde el poeta dice:

“Se acabó el río de Babel, su deslenguadura
se curvó tras el último siglo, su hoguera fue neón.

Terminamos por fin de enredar la lengua:
ascensores de la torre se oxidan al eriazo

la liebre salta en cualquier momento.”


O más adelante:


“veo personajes
que burlan el tiempo en un jardín
vagamente
conocido:
un sueño a fin de cuentas
ajustado al marcapasos.

La palabra se quiebra en la página.”


Es curioso que esta explosión del lenguaje ocurra en un ámbito cerrado, circunscrito en un caso, a los salones, y en otro, a la corte. Tal vez el cambio más significativo en lo que respecta a Felipe Moncada es –por contraposición a su obra anterior- la ausencia, o más bien la presencia velada o silenciada de la naturaleza.
Indudablemente, ambos trabajos giran en una órbita similar, con personajes y esce-narios retóricos curiosamente acotados en tal dispersión de significantes y significados.
En “Salones”, plaquette editada este mismo año por ediciones Alquimia de Santiago, el fondo del fango expresivo, guarda una relación mayor con las artes visuales y la imagen. Sin embargo, hay también algunas otras alusiones y referencias a la música. Leo algunas de ellas:

- “los músicos llevan un monóculo y la partitura del aire entre los dedos”

- “y de una ventana cerrada, pueden elevarse las partituras de Pitágoras”

- “En el bodegón (una hoja de cálculos), se combinan una lámpara de petróleo, un violín y un paquete de tabaco, la tarea es resolver muchas veces el mismo problema, calcular hasta que las cuerdas ardan en su lámpara”

- “atrofian la quimera para no salir del canon, pero intentan superar el modelo con escuadra y compás religioso”

- “Humo que sale de un saxofón y una mujer pintada por Modigliani”

- “Cualquier acto podría contener poesía, cualquier texto en verso o prosa podría tener un final de cuerdas vibrando y un pez dorado que lo atraviesa”

- “a los instrumentos de guerra convertidos en musicales por encantamiento de Lesbia en su acuario de luz”.


En el caso de “Músico de la Corte”, la preeminencia de los elementos que constitu-yen el libro, está vinculado más bien al ámbito musical. Los 43 poemas del libro, están uni-ficados férreamente por la presencia de un hábitat simbólico donde se reiteran una y otra vez, los términos musicales, los nombres de instrumentos, la aparición de una orquesta neo-lítica, las pulsaciones de galaxias bach, el pentagrama de la sordera, etc.
Yo diría, la peripecia completa del músico instalado en el espacio cerrado de una corte algo extraña, que de alguna manera está ambientada a la manera de las cortes europe-as, pero que despide un tufillo recargado, donde es posible admirar a una serie de personajes caracterizados, casi como caricaturas que deambulan en las intrigas de palacio: La reina y el rey, las archiputas y pornodoncellas, el duque y la diuca, el archiobispo austríaco, el cardenal purpurado, los jotes, galanas, putas y doncellas, el teórico de palacio, etc.
Martín Cerda afirma en su libro “La palabra quebrada”, que el autor, en el sentido que hoy lo entendemos, es un producto de la sociedad burguesa: es el escritor liberado de la tutela que, a través del mecenazgo, ejercieron sobre su obra la Iglesia, la Corte y la nobleza.
Resulta curioso entonces, que Felipe Moncada, nos vuelva a sumergir en el espacio cerrado de la corte, con el predominio externo de esta tutela ideológica y estética en el más amplio sentido, a la que se refiere Martín Cerda, y que sin embargo, en el caso de Moncada, esta tutela encamine su poética hacia espacios de ecos, resonancias y reverberaciones más vinculados a las vanguardias europeas, o a la neovanguardia latinoamericana, (lo que él personifica como neobarroco, neodadá, y yo agregaría como neosurreal). En ese gesto de permanencia en un espacio cerrado, que sin embargo, tiende puentes expresivos desde la música y el encierro, a realidades transfiguradas más complejas, está -a mi juicio- el nudo fundamental de este libro.
Un elemento relevante en mi lectura de “Músico de la Corte” está vinculado justa-mente a la existencia de otro espacio cerrado, que aparece también en el libro, en sordina, pero que no tiene relación con el lujo de la corte, sino más bien con la suciedad y la sombra lúgubre de la cárcel.
Esa presencia, a mi juicio, está relacionada con la aparición del archipaco, los gen-darmes, el espacio de la prisión y la tortura, con su patio y sus claves inconfundibles.

Cito a Moncada:

- “En hueso de prisionero
tallé un par de lunas menguantes
la constelación de la zorra
y los agujeros del mes.”

- “y si le doy cuerda
es sólo por despistar a los gendarmes
pasatiempo, solamente
para ver crujir los engranajes del aire.”

- “Al gendarme le gustó el juego
y me permitió asomar a la ventana
dos veces al día:

ahí podía ver una cancha de cemento
y jugadores de cuerpo rotacional
dando patadas a una pianola

en las partituras colgaban su ropa mojada…”

- “ya que al cortarse
un gendarme grita desde el patio
y la idea vuelve a su ladrillo original”

- “una tarde que pendulaban los aromos
se aburrió de mi torpe sonatina
y cambió su favor a los amigos del archipaco…”

- “archipacos, gendarmes y galanas forman un tren
que se balancea con la borrachera del reloj”

- “quedando cualquier artefacto construido
en poder de los tribunales y su parentela”

Dice luego, en uno de los últimos atisbos de esta realidad carcelaria y judicial, que es posible verificar en su libro:

- “si algún jurado de la corte
hubiera jalado conmigo de la niebla del eriazo”

¿No será posible entonces, que la corte a la que se refiere el título del libro provenga más bien, o también, aludiendo a la polisemia del lenguaje, de una realidad más vinculada a los tribunales de justicia, y a la experiencia de la cárcel, más que a la corte principesca que aparece en una primera lectura?
Andan también en la obra de Moncada, algunas partículas extraídas de su experien-cia intelectual como Físico, y cómo no, si seguramente aquellos conceptos se relacionan con parte importante de la experiencia y de la identidad del poeta.

Dice Mocada en “Músico de la Corte”:

“mi teoría musical son antipartículas
disparadas por dios africano al azar”

“apenas me nombraron astrónomo imperial
Quise establecer la geometría mística de los cielos”

“un temporal de partículas parte las cajas
para que la comarca baile al compás”

O este último ejemplo donde Moncada hace coincidir tanto la cita científica como la conceptualización teórica y estética en una misma estrofa:

“Consideremos que neodadá
se comporta con densidad
sodomítica, de tal manera
que neobarroco se abanica
con la frecuencia del protón”

Como sea, Felipe Moncada es un poeta cuya obra me parece muy trabajada, cuidada y fina. Inteligente incluso en aquellos momentos expresivos donde el lenguaje pareciera ensuciarse. Es un poeta que, en rigor, no es de San Felipe, pero sigue siendo de San Felipe. Nació en Quellón, Chiloé, en 1973, vivió luego en Talca, donde terminó la educación me-dia, y estudió Física y Matemáticas en Santiago.
Ha sido fundador y director de la revista La Piedra de la Locura, con siete ediciones desde el 2002 al 2006. Ha obtenido diversos premios, entre los que destacan el septuagé-simo aniversario de las juventudes comunistas, el concurso Stella Corvalán de la Municipa-lidad de Talca, el concurso Dolores Pincheira de la SECH Concepción y la Beca del Conce-jo Nacional del Libro y la Lectura.
Ha sido antologado en varias publicaciones desde el 2002, y ha publicado los libros individuales: “Irreal” (2003); “Carta de Navegación (2006); “Río Babel” (2007) y “Salones” (2008).
Entre los años 2000 y 2006 vivió en San Felipe, incorporándose a este curioso grupo de nuevos y talentosos poetas del Valle de Aconcagua, donde la obra de nombres como Cristián Cruz, Camilo Muró, Patricio Serey, Lautaro Condell, Carlos Hernández, Marco López, Rodrigo Martel, Raúl Tapia y Lorena Véliz entre otros, comienzan a dialogar con el resto de las poéticas chilenas y latinoamericanas.

Cito nuevamente a Eduardo Milán:

“La actitud neobarroca es una crítica a la identidad cultural. Cru-ces de identidades, mestizaje, cultura no consolidada totalmente en sus valores -o asumida en los que construye cotidianamente-, la de América Latina parece ser una condición multicultural en transición constante.”

Al respecto dice el poeta Néstor Perlongher, autor del término:

“Yo hablaría de “neobarroso” para la cosa rioplatense, porque constantemente está trabajando con una ilusión de profundidad, una pro-fundidad que chapotea en el borde de un río.”

Resulta altamente sugestivo el trabajo que han realizado y están realizando estos nuevos poetas de San Felipe de Aconcagua, por cuanto han hecho posible articular desde allí, desde un barro distinto al rioplatense, por cierto, desde lo que he denominado como el paisaje barroso de San Felipe, un trabajo altamente concentrado en el lenguaje, que opera en el ámbito de una creación estética seria y en movimiento.

Yo creo que esta obra de Felipe Moncada, “Músico de la Corte”, trasciende al poeta, al músico y al físico-matemático que se esconde y sucesivamente aparece detrás de sus líneas, y espera la complicidad de lectores que puedan arribar a nuevos destinos estéticos después de su lectura.
Por eso, apelo al papel ingrato de quien debe entrar en sus conciencias y en sus bi-lleteras, para recomendarles de corazón, que adquieran este hermoso libro de Editorial Fuga, imprescindible a la hora de dialogar con la música, la física, la corte y la prisión que todos llevamos dentro.

jueves, 28 de octubre de 2010

DAVID BUSTOS: Poesía Actual de Chile


DAVID BUSTOS (Santiago de Chile, 1972). Ha publicado Nadie lee del otro lado (Mosquito ediciones, 2001), Zen para peatones (Del temple ediciones, 2004), Peces de colores (Lom ediciones, 2006) y Ejercicios de enlace (editorial Cuarto Propio, 2007). En el 2006 obtuvo el Premio Municipal de Poesía por su libro Peces de Colores. Sus poemas han sido seleccionados en diversas revistas y libros tanto en Chile como en el extranjero. Actualmente es editor de la Colección de poesía Amarcord de Ediciones del Temple.

Selección por Gladys Mendía



LA ACCIÓN ESTALLA EN CUALQUIER PARTE

Un caballero pudiente agudo como un puñal
(Violeta Parra)

Se trata de una mochila llena de explosivos
un vagón de metro repleto y la decisión
que has pospuesto por años.
No es el fondo del fondo
ni menos la permanencia de un estado sombrío:
el frío en los huesos o la frecuente inseguridad
de las manos ahorcando una idea que tirita.

No, se trata de esto y esto,
una arruga en la frente el mal olor de las personas
el futuro crepitando
a la orilla de una carretera que no puede y debe
conducir a ninguna parte.

Es algo sin dimensiones que se expande y expande
algo que no existe, pero que he inventado para hacerte daño
para hacerte sentir la necesidad de volar esa mochila
en el vagón más lujoso de tu mente.
No es el apellido, es el nombre completo
que se quiebra en alguna parte
como todo lo que se une punto a punto
y toma cruel desvío.
No es el oscuro Pozo
es la mínima expresión de esta condena
un aliento que modula sílabas salivadas
salidas en un árabe poblacional
un árabe infanto-sexual.

Una secuela biológica
la historia mal resuelta de esta casta
castrando canibalizando
hasta el cansancio
el presupuesto de todos los sueños
mis sueños.
Insisto, no es un apellido es algo menos profundo
pero a todas luces dañino.




martes, 19 de octubre de 2010

CAMILO MORÓN: NARRATIVA VENEZOLANA


Alguien me Hizo Recordar que Alguna vez Vestí un Inverosímil Pantalón Rojo

Los colores mudables del corazón que lleva la cara rayada como un vísure bajo todos los soles, alimentado por todas las arenas de oro. El mito yacía descuartizado, hecho girones, putrefacto y pegajoso, bajo un montón de recuerdos de ocasión, de borracheras deshilachadas, sublunares, aromadas por la traición y la piel anónima de mujeres al paso, sin rostros ni nombres. Recuerdos cortados a tijera y pegados con engrudo, recuerdos verdaderos atrozmente maquillados de recuerdos falsos.

Aquellos pantalones rojos tenía la textura del olvido, justo la del olvido, como el algodón mojado de sangre al tacto, hasta que alguien una mañana andina me hizo recordarlos. Colgaron al sol pendiendo de las cuerdas de la memoria apenas un momento miserable. Luego se hundieron en el pantano de todo lo que creemos que nunca ha pasado. Aquellos pantalones que nunca fueron, como el unicornio azul de la vieja canción, eran testigos de otra configuración mental, más joven, ágil, veloz, hambrienta, un reptil caliente; una piel menos prejuiciada, porque los prejuicios crecen con los días y fructifican amargos con los años.

La estampa recuperada de los pantalones rojos limita los bordes de una caja de embalaje, acaso un ataúd. Eran pantalones regalados, acaso abandonados al paso para damnificados de lluvias tropicales de estación, pantalones de hermafrodita o andrógino, pantalones para vestir un bufón sangriento que recorre el mundo con una antorcha en cada mano y un cuchillo mordido entre los dientes. Cuando mi madre me preguntó si los quería, tuve el anuncio subcutáneo de querer olvidarlos, pero así y todo los acepté. Retamos en la gota suspensa del presente el ridículo del mañana…

Aquellos inverosímiles pantalones rojos pasearon las calles andinas acaso dos o tres veces, cuando los pantalones negros o azules o marrones estaban petrificados de mugre, sudor y dejadez. Cuando se es joven y delincuente (por experimentación) no se tiene tiempo para la batea ni dinero para la lavandería. Apenas hay tiempo para beberse el mundo en un solo trago largo, mientras se brinda a todo pulmón VIA EST VITA.

Alguna chica paramera me vio vestir los pantalones rojos y le quedaron tatuados en los ojos. Cuando ella me hizo recordarlos, ya eran historia antigua, convenientemente arrumada en una esquina polvorienta del cerebro, exiliados del guardarropa biempensante de mi condición de anarquista asalariado.

Recordé los pantalones rojos en otras esquinas distantes de la geografía de la memoria. Una cuando un amigo de nombre mafioso hablaba a mis alumnos de artesanías, y vestía él un llamativo pantalón color de sangre de toro. La otra en un bar de las afueras, siempre en las afueras, cuando vi, viajero del tiempo, humo sobre el agua, a Ian Gillan, vocalista de Deep Purple, vestir un pantalón color de sangre coagulada. Otra viendo un documental sobre la película Tiburón y veo con asombro a un burócrata vestir pantalones color de herrumbre. En un oleo fechado hacia 1826, el Mariscal Antonio José de Sucre, héroe de Ayacucho y otras matazones, lleva ajustado pantalón rojo. No era esto capricho ni extravagancia de joven militar, pues los grabados de la época nos muestran a los Mariscales de Campo y a los Capitanes Generales vistiendo el trapo rojo en las piernas tintas en gloria (Vide: Bueno, José Ma.: Uniformes Militares Españoles. El Ejército y la Armada en 1808). En estos tiempos de decadente machismo urbano y digital, de mucho sexo oral (habladera de paja), llevar pantalones rojos es un grito estridente o una estupidez, no así vestir con trapos rojos otras comarcas de la anal-tomía…

Y una noche, cuando desenterraba el cadáver putrefacto y pegajoso de Michael Jackson, constaté que llevaba los pantalones rojos que vistió en Thriller. “Sientes la mano fría y te preguntas si alguna vez verás el sol cierras tus ojos y esperas que esto sea sólo imaginación pero al rato oyes que la Criatura está arrastrándose atrás estás fuera del tiempo”. Fueron emboscadas de colores en la geografía sin mapas de la memoria. Ahora, vestido de gris plomo a flor de piel, llevo el corazón disfrazado de bufón con los girones de un pantalón sangriento.

Camilo Morón



viernes, 15 de octubre de 2010

KARINA VALCÁRCEL: Poesía Actual de Perú


KARINA VALCÁRCEL (Lima, Perú 1985) Estudiante de periodismo. Realizó estudios de artes plásticas en las escuelas de arte ENSABAP y Corriente Alterna entre los años 2002 y 2006.Fue editora de la publicación de creación en formato fanzine “Heridita” hasta su último número producido e impreso en el 2008.
Ha publicado los libros “Poemas Cotidianos” bajo el sello editorial Casatomada (Lima, octubre 2008) y “Una mancha en el colchón” con Lustra editores en enero del 2010. Dirige el taller de creación literaria “Instrucciones para volar” realizado anteriormente en el Centro Cultural Alberto Quintanilla y la Pontificia Universidad Católica del Perú. Textos suyos han sido publicados en distintos medios, impresos y virtuales así como en la muestra poética “Cuatro” – Ed. Paracaídas, 2009 – y en la antología “Nueva poesía peruana: Post Hora” – Ed. Espartako, 2010. Actualmente se dedica a la promoción cultural. Escribe como respira. No baila.
karinavalcarcel.blogspot.com

Selección por Gladys Mendía



DOCUMENTAL

Pasará un día
el pájaro despertará/ y al abrir sus alas/ no habrá viento que lo impulse/
sus semejantes serán a penas
siete aves con máscaras de oxígeno
y la rama donde ahora estaría su nido
y la rama donde ahora estaría su nido ¿Dónde estará?

Al abrir los ojos el campo ya no estaba
mi hijo no ha crecido con la infancia sumergida en aroma de eucalipto quemado
no sabe qué es el mar
sabe que nada es para siempre
y no puede llorar,
no tiene agua en el cuerpo.

Pasará que una noche
extrañaremos las estrellas
como si alguien nos hubiera extirpado la sonrisa
y el camino donde nos deteníamos a abrazarnos
y tus flores favoritas
y las piedras que lanzabas los veranos en la playa
y el gras recién cortado
y el color azul
y las manzanas
solo serán parte de un documental de la National Geographic.

Pasará que el detergente sea la nueva Coca-Cola
y no quedará nada para lavar nuestras conciencias.





viernes, 8 de octubre de 2010

Selección de Poesía Ecuatoriana Actual I PARTE. Por Augusto Rodríguez

I PARTE



Siomara España (Manabí, 1976)

El regreso de Lolita

Yo soy Lolita
así los Lobos esteparios
me desenreden
las trenzas con sus dientes
y me lancen
caramelos de cianuro y goma.
Intuí mi nombre aquel día del puerto
con los náufragos
¿recuerdas?
Y aquel combate
con Vladimir, el imperecedero.
Sé que soy Lolita
lo supe cuando me entregó
sus manos laceradas de escribirme.
Por eso cuando apareciste
libidinoso y suplicante
a contarme tus temores
te deje tocarme
morder mis brazos y rodillas
te deje mutilar entre mis piernas
los ardides de Charlotte.
Sabía que tu vieja espada
cortaría una a una mis venas
mis pupilas
y me burlé cien veces
de tu estupidez de niño viejo
llorando entre mi vientre.
y cuando todos los náufragos del mundo
volvieron a mi puerto
a entregarme dadivas
que yo pagaba con carne
tú saltaste tras mi sombra
mientras yo, huía y bailaba.
Por eso sé que soy Lolita,
la nínfula de moteles y anagramas
que vuelve con la maleta al hombro
a retomar tras años el pasado.



Luis Bravo (Milagro, 1979)

Sofía

Salgo a las doce de la noche,
a darle un trozo de vidrio a los niños.

“Vuelvo…
¡Junta la puerta para que entre yo,
para evitar a los ladrones!”.

Hay algo de noche en el gato.
Hay algo de gato en el zinc que da a la calle.

Al final del jardín un duende defeca,
lo sé por los árboles
-¡tosen los árboles!-;
tiene la oreja de un cerdo
y el mandil de un carnicero;
Me arropo mientras la araña me mira:
sueño a Kerouac atropellado por un camioncito de marihuana,
y en el cuarto adjunto,

(a ti)
se te revientan los ojos.



Rocío Soria (Quito, 1979)

Él (11)

Seres inanimados pueblan su cuerpo por dentro
está hecho de miles de ellos
está hecho de las repeticiones de sus propios gestos y lloros
tantos que le es imposible encontrarse la cara con la mano y secarse
los ojos.

Seres inanimados pueblan su costumbre,
tiene espejos atravesándole la columna vertebral,
se apoya pero no lo lamenta,
se acarrea en su soledad sórdida
de un lado hacia otro
con una inexplicable picazón en las ventanas.

Una canción oscura vive en el fondo de sus ojos,
como terminando de alucinar
con el ángulo homicida empotrado en alguno de sus enfisemas.

Ha olvidado abierto uno de los cajones dentro de su cabeza,
y es como si una fruta rodara para perderse
debajo de algún sillón.
Y ningún ángel le guardara fidelidad.



Alexis Cuzme (Manta, 1980)

Podemos mentirle al placer

Sigilosamente
la tarde arrebata desencantos.
Creer en tu sexo,
en su frescura,
sonoridad,
es común y agotador.
Zozobra el artificio,
pero podemos mentirle al placer.
Amor,
tus glúteos encierran otra forma de vitalidad.



Marcelo Villa Navarrete (Quito, 1981)

Jinete

cuando tenga un hijo
habrá un sol ocultándose de mi ventana
y quizás porque ya no seré
la única sangre derramada por el mundo
cada día se alternarán
la dicha y la agonía
qué podré decirle a mi hijo
sobre la guillotina del tiempo
la miel silvestre de las caricias
o los verdugos que acechan nuestras espaldas
tendré que dejarle caer
sobre una almohada de agujas
o sobre un abismo de pétalos
será otro jinete embistiendo la noche
y no tendrá más alternativa
que deambular con su brújula de polvo.



Freddy Ayala (Latacunga, 1983)

Visiones

Enfurece el sol detrás de mis omóplatos
la mañana llega con muletas
cuando tu pezón
hace borbotear al agua
soy testigo de tormentas grises
desentierro dardos a la espuma
excrementos de papel carbón
parpadean raros mares
sus orillas topan tierra
las olas levantas páginas

dientes lanzados hacia el lodo
donde los designios se diluyen
la neblina aloca en mi boca
un remolino que se lleva las agujas
los barcos estampas reverencias
cachalotes en la alegoría de su sexo
presurosos por esperma
aparecen a cien leguas.



Ana Minga (Loja, 1983)

XIV

Te he sacrificado.
La ciudad está desinflada
dos pichones con alas harapientas rezan conmigo.

¡Dios! ¿Qué Dios está detrás de ti?
tus hijos respiran en mi estómago
me los comí de desesperación
al sentir que el espermatozoide
cruzaba los límites de la paciencia.

Perdón
te he sacrificado
como a todos los que se han acercado
mi culpa
es mi culpa
pero de qué me sirve
si el día de los espíritus muertos llega cada mes
me reclaman sus tumbas
quieren ponérselas
y Yo
sólo puedo mirarme los ojos.



Dina Bellrham (Milagro, 1984)

Anhedonia

Hasta los sismos en las piernas han mutado a esfinges. Hemos huido de la catástrofe de las encías. Nos mudaremos de falanges y ventanas, con el miedo bajo el brazo cual portafolio de oficina. El parque se torna pluvioso, quebradizo. No basta crujir nuestros dientes de columpio, ni bostezar resbaladeras si nos sobran extremidades y saliva. El suelo se ha vuelto puta en los zapatos. Y yo pretendo seguir de raíz en los cordeles, ahora que hay suburbios en un racimo de ósculos.



Tamara Acosta (Guayaquil, 1986)

Falo maternal

Permite a mis labios succionar el alimento de antaño. Beber del pecado desgarrando la manzana mientras simulo el sueño prohibido. Mi lengua cicatrizará tu castillo, dando rienda suelta a nuestro galope, entrelacemos nuestra lúbrica miel y pezón a pezón unámonos, atando en venas nuestra desnudez, probando de tu boca mi bosque humedecido por el líquido de desamor. Desgárrame el dogma, el prejuicio,
la atadura para que mi fuerza, irrumpa en el clítoris, los latidos de sabernos y sentirnos amadas.



Carolina Patiño (Guayaquil, 1987-2007)

Adiós

Tan cansada de estar aquí
con todos estos miedos sin infancia
me voy sin perdurar
sin lograr que voltees por mí
sin lograr que enciendas la luz
sin lograr que abras tus ojos
el dolor tan limpio no sostendrá tu mano
demasiados espejos
descuelgan tambores en mi funeral.






lunes, 27 de septiembre de 2010

GERMÁN MENDÍA: Poesía Venezolana


POESÍA VENEZOLANA
GERMÁN MENDÍA ADAMES



Germán Mendía Adames (Venezuela, 1929) Profesor de Historia y Geografía de Venezuela. Abogado de La República Bolivariana de Venezuela, Universidad de Los Andes. Doctor en Derecho, Universidad de Los Andes. Síndico Procurador Municipal del Municipio Zamora Villa De Cura, Estado Aragua. Procurador General del Estado Aragua. Defensor Público de presos, Maracay, Estado Aragua. Juez Segundo de Primera Instancia en lo Penal, Maracay, Estado Aragua. Actualmente Juez jubilado.


TARDE BARINESA


Aquí estoy frente a la tarde nueva
caminando yerto sobre la verde alfombra
tapizada de inspiración llanera
y ahora que mis ojos de esmeralda se tiñeron
perdidas en la distancia las últimas reliquias vespertinas
como faroles en cadena atados
un collar de horizontes luce Barinas.

Como se va la tarde hecha de fuego, espérame, llévame en tu seno
congoja de luces y tinieblas como mi recuerdo sólo vas dejando
tenues gemidos bruñidos por brisa es la estela de tus abrojos
y los efluvios de tu traje gualda en pos de vaguedad escaparon
como tantas cosas se van del alma.

Vamos, detente, no me dejes solo con la noche
¿Qué voy a platicar con ella si ella no me conoce?
Vamos, esconde tus opacos dedos en la almohada sabanera.
Y no abras el broche al nocturnal velo

Taciturna se escondió en lontananza el espacio poco a poco se fue poblando
cuando las aguas del Pagüey se escapaban entre las recias piedras
como las notas del joropo barinés por las cuerdas del arpa nueva
y triste he quedado en el solitario monte
con la emoción plasmada en los deseos de arrancar un farol a tu collar de horizonte.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

RAFAEL CADENAS: Poesía Venezolana


RAFAEL CADENAS (Barquisimeto, Lara, Venezuela 1930) Poeta, ensayista y profesor universitario venezolano. Formó parte del grupo «Tabla Redonda» de Latinoamérica a comienzos de la década de los sesenta. En 1985 recibió el Premio Nacional de Literatura de Venezuela y en 2009 el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, en Guadalajara, México, entre muchos otros. Sus libros de poesía:
Cantos iniciales (1946)
Una isla (1958)
Los cuadernos del destierro (1960, 2001)
«Derrota» (1963) [poema publicado el 31 de mayo en Clarín del viernes; compilado en 1970, junto con Los cuadernos del destierro y Falsas maniobras]
Falsas maniobras (1966)
Intemperie (1977)
Memorial (1977) Edición bilingüe (Español-Inglés), publicada por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (2007)
Amante (1983)
Dichos (1992)
Gestiones (1992) [Premio Internacional Juan Antonio Pérez Bonalde]
Antología (1958-1993) (1996), (1999)
Amante (bid & co. editor, 2002) [livre d'artiste con 58 grabados de Norma Morales)
Poemas selectos (bid & co. editor, 2004, 2006, 2009)
Amant (bid & co. editor, 2004) [traducción al francés de «Amante»)
Lover (bid & co. editor, 2004, 2009) [edición bilingüe de «Amante»)
El taller de al lado (bid & co. editor, 2005) [conjunto de sus traducciones)

Selección por Gladys Mendía




Derrota



Yo que no he tenido nunca un oficio
que ante todo competidor me he sentido débil
que perdí los mejores títulos para la vida
que apenas llego a un sitio ya quiero irme (creyendo que mudarme es una solución)
que he sido negado anticipadamente y escarnecido por los más aptos
que me arrimo a las paredes para no caer del todo
que soy objeto de risa para mí mismo que creí
que mi padre era eterno
que he sido humillado por profesores de literatura
que un día pregunté en qué podía ayudar y la respuesta fue una risotada
que no podré nunca formar un hogar, ni ser brillante, ni triunfar en la vida
que he sido abandonado por muchas personas porque casi no hablo
que tengo vergüenza por actos que no he cometido
que poco me ha faltado para echar a correr por la calle
que he perdido un centro que nunca tuve
que me he vuelto el hazmerreír de mucha gente por vivir en el limbo
que no encontraré nunca quién me soporte
que fui preterido en aras de personas más miserables que yo
que seguiré toda la vida así y que el año entrante seré muchas veces más burlado en mi ridícula ambición
que estoy cansado de recibir consejos de otros más aletargados que yo («Ud. es muy quedado, avíspese, despierte»)
que nunca podré viajar a la India
que he recibido favores sin dar nada en cambio
que ando por la ciudad de un lado a otro como una pluma
que me dejo llevar por los otros
que no tengo personalidad ni quiero tenerla
que todo el día tapo mi rebelión
que no me he ido a las guerrillas
que no he hecho nada por mi pueblo
que no soy de las FALN y me desespero por todas estas cosas y por otras cuya enumeración sería interminable
que no puedo salir de mi prisión
que he sido dado de baja en todas partes por inútil
que en realidad no he podido casarme ni ir a París ni tener un día sereno
que me niego a reconocer los hechos
que siempre babeo sobre mi historia
que soy imbécil y más que imbécil de nacimiento
que perdí el hilo del discurso que se ejecutaba en mí y no he podido encontrarlo
que no lloro cuando siento deseos de hacerlo
que llego tarde a todo
que he sido arruinado por tantas marchas y contramarchas
que ansío la inmovilidad perfecta y la prisa impecable
que no soy lo que soy ni lo que no soy
que a pesar de todo tengo un orgullo satánico aunque a ciertas horas haya sido humilde hasta igualarme a las piedras
que he vivido quince años en el mismo círculo
que me creí predestinado para algo fuera de lo común y nada he logrado
que nunca usaré corbata
que no encuentro mi cuerpo
que he percibido por relámpagos mi falsedad y no he podido derribarme, barrer todo y crear de mi indolencia, mi
flotación, mi extravío una frescura nueva, y obstinadamente me suicido al alcance de la mano
me levantaré del suelo más ridículo todavía para seguir burlándome de los otros y de mí hasta el día del juicio final.





lunes, 30 de agosto de 2010

REFLEXIÓN SOBRE EL BICENTENARIO


Entrevista al historiador venezolano Camilo Morón sobre el 5 de Julio de 1811 (a modo de Ensayo) que no llegó a Publicarse en la prensa formal

En la Curiana de los indígenas caquetíos, la Santa Ana de Coro de los conquistadores e invasores españoles, simplemente Coro, de los descendientes mestizos, a un joven historiador que ya anda largo por su tercera década, se le urgió respondiera una serie de preguntas referidas a una de las incontables y carnavalescas efemérides de la Patria. Venciendo rudas limitaciones de salud, el historiador en ciernes hizo a un lado sus quebrantos, y anudó lo mejor que pudo –entre la fiebre y el delirio– algunas ideas maduradas desde los tiempos de estudiante de Historia y Etnología de la Universidad de Los Andes. Todo esto al filo de la media noche entre escalofríos y turbias referencias a diccionarios. A la mañana siguiente, cobijado por un barniz de sudor, el joven y afiebrado pensador se encontró con que su escrito había sido hecho a un lado en beneficio de las declaraciones oficiosas un alto funcionario y de los lugares comunes y sin salero de un cagatinta de la Redacción.
Estas contadas líneas que aquí reproducimos merecieron el calificativo de “polémicas”. Van sin adornos ni añadidos. Hemos modificado ligeramente las preguntas para no poner en evidencia al rotativo, pero a poco que se esfuerce el lector identificará plenamente la fuente del desaguisado. Sólo omitimos en esta versión la inocua pregunta sobre comiquitas aplicadas a la enseñanza de la historia, que concluía la desafortunada entrevista, en el entendido de que aquellos que ponen la cómica son quienes aún no se han dado cuenta que la historia no la hacen los héroes, la Historia la hacen los pueblos.

¿Existe un nuevo enfoque de cómo hacer historia?

Para responder esa pregunta debemos hacer una serie de precisiones. Distinguir entre Historia, con hache mayúscula, historia, con hache minúscula, y, finalmente matizar qué es la historiografía o las corrientes historiográficas. La Historia, con hache mayúscula, es el devenir de la especie humana, así como se dice que cultura es todo aquello que el hombre hace, o siguiendo la famosa inversión de José Manuel Briceño Guerrero, cultura es todo aquello que no se explica sin el hombre, podemos decir que Historia, con mayúscula, es todo lo que el hombre hace y que puede ser expresada en una ecuación: acontecimientos humanos, sobre tiempo humanizado. Consideremos la explosión del Vesubio en tiempos del imperio romano: por una parte, es un capitulo de lo que hasta el siglo XIX se llamó Historia Natural, y que modernamente corresponde a la ciencia Geológica, pero en el momento en que sepulta bajo las cenizas las ciudades de Pompeya y Herculano, se hace Arqueología y por consiguiente Historia. La historia, con hache minúscula, es una narración de hechos pasados, y no necesariamente en prosa, la crónicas medievales podían estar escritas en verso, y en lo que se refiere a la historia americana, consideremos la obra de Juan de Castellanos “Elegías de Varones Ilustres de Indias”, que es el poema más largo jamás escrito en la lengua de Cervantes y al que el historiador científicamente formado puede ir en busca de noticias sobre Manaure, Juan de Ampíes o Lope de Aguirre. Así, pues, la historia no debe estar necesariamente escrita en prosa. La historiografía es el estudio de la producción intelectual de los historiadores y es como la revisión crítica de esa producción. En un estudio sobre Bolívar, Gabriela Soriano ha dicho que la historiografía es un enfoque que trata de conocer “cómo fueron propiamente las cosas” y no de formular una imagen del pasado que sirva de supuesto para enfrentar los problemas existenciales de los pueblos. Como dice Soriano: “Lo uno es historia; lo otro es apologética. Lo uno responde a una actitud intelectual; lo otro a una actitud existencial. Ambas tiene su razón de ser; ambas responden a perspectivas, objetivos e intereses distintos, sin que por otra parte, quepa llegar entre ellas a una solución de «justo medio», pues se trata de realidades distintas e irreductibles.” Hay aún una tercera interpretación de la historiografía como el estudio de lo algunos historiadores han escrito sobre tal o cual tema, una especie de encuesta con reflejos pálidos de crítica. Considerada por algunos estudiosos como un ejercicio cerebral gris y estéril. Finalmente, puede hablarse de historiografía en términos de la Filosofía de la Historia. Hubo una historiografía romántica en nuestro suelo como “Venezuela Heroica” de Eduardo Blanco, positivista como “Cesarismo Democrático” de Laureano Vallenilla Lanz, marxista como “Latifundio” de Miguel Acosta Saignes. En mis tiempos de estudiante universitario, se llegó a hablar de una historiográfica post-moderna, lo que es un sinsentido en sociedades que no han alcanzado plenamente la modernidad. Aquello de la post-modernidad fue como un sarampión intelectual, hoy absolutamente devaluado. Croce lo dijo de una manera más sintética: toda historia es historia presente.

¿Qué importancia tiene la celebración del centenario de la independencia en América?

En primer lugar ¿qué celebramos?
En segundo, ¿tenemos motivos para celebrar?
Considera que en los territorios dominados por los incas, no había desnutrición infantil entre sus súbditos. Hoy en esas mismas tierras las cifras arrojadas por la FAO son espeluznantes. Y esto no lo dice una visión nostálgica del pasado. Lo dicen la Arqueología y la Sociología. Desde luego, es la oportunidad para que los gobiernos de turno, de un extremo al otro del continente, saquen del closet un patriotismo de hojalata y cartón piedra. Pero parejamente a esta verdad, también es una ocasión para evaluar el curso de nuestra historia, de aquella historia común como naciones. Hay quien dice la historia enseña a los pueblos a no repetir los errores. Eso es falso y demuestra un escaso conocimiento de la historia como agente de cambio social, a lo sumo la historia puede señalar los peligros y los escollos, pero nunca evita que los pueblos marchen a su propio paso, sin cuidarse mucho ni poco de lo que dicen los historiadores, que para colmo de males suelen contradecirse.
A Mario Briceño-Iragorry, verbigracia, le preocupaba la pérdida de sentido histórico que se observaba en la comunidad venezolana. Y lo achacaba a la manera cómo se estaba enseñando la historia en escuelas y liceos y a la forma cómo se pretendía mostrar el proceso nacional a estudiantes y al gran público. Las investigaciones realizadas por Gil Fortoul, Laureano Vallenilla Lanz, Pedro Manuel Arcaya, César Zumeta, Lisandro Alvarado, Julio C. Salas habían caído en el silencio y condenadas al ostracismo. Se quería enseñar que Venezuela había nacido el 19 de abril de 1810, como Palas Atenea de la cabeza de Zeus: madura de un todo. Se pretendía borrar el proceso de formación de una sociedad, los trescientos años de gestación de la conciencia nacional, la tradición cultural, religiosa y económica. El discurso oficioso imponía héroes letrados y militares, ideólogos y caudillos, cuya obra extrae a Venezuela del seno de las tinieblas un día de abril de 1810. “En este plano –escribe Ramón J. Velásquez– se desconocían las propias advertencias del Libertador cuando observaba que nuestras sociedades hispanoamericanas para el momento de la Independencia eran viejas en usos civiles y la muy trágica de que habíamos perdido todo lo alcanzado en la larga gestación colonial a cambio, únicamente, de la Independencia.” Y a renglón seguido, destaca: “Para Briceño-Iragorry, la historia que elimina a la sociedad para relatar de forma avasallante la vida de un caudillo tras el cual marchan silenciosas, sumisas, las masas es uno de los factores que han estimulado en Venezuela las tesis cesaristas y las corrientes dictatoriales.”

¿El cinco de julio, nacen los patriotas? ¿Cuál fue la actitud de la actitud de la Provincia de Coro en este momento de la Historia?

Ocurre aquí algo muy interesante, porque los agentes políticos venezolanos de 1810 son los mismos que reciben –muy mal– a Miranda en 1806. Lo que había cambiado sensiblemente era la situación europea, más señaladamente la invasión de España por los ejércitos napoleónicos. En “Cesarismo Democrático”, Vallenilla Lanz considera que la Guerra de Independencia fue una Guerra Civil, y lo demuestra con cifras. Decir esto entonces y ahora es condenarse públicamente a la hoguera. Por otra parte, los patriotas son una invención de la historia romántica. Los llaneros que combatieron con Páez son los mismos que cabalgaron con Boves. El Negro Primero lo confiesa en alguna ocasión ante el propio Bolívar, basta leer las memorias de Páez. El Negro Primero llamaba a la forma de gobierno republicana “diablocracía.”
Durante la Guerra de Independencia, Coro fue por largo tiempo un enclave realista y ello ayuda a explicar por qué una Real Cédula es promulgada en fecha tan tardía como 1815, indicando se organizara la Provincia de Coro, y así persistió por orden del Rey de España hasta 1818, sin que pudiera realizarse a plenitud lo ordenado en dicha Cédula. Coro, durante la Primera República, se constituyó en arsenal y refugio del realismo venezolano. Este rol lo asumirán Maracaibo y Angostura durante la Segunda República. Coro fue tomado por los patriotas en 1821.

¿Los grandes héroes del cinco de Julio: Bolívar y Miranda?

La historia que ejerzo como profesión es la historia de los pueblos y no la historia de los héroes. Pero es bueno precisar que el papel de Bolívar en los acontecimientos del 5 de Julio es un papel de coro, con esto quiero decir que su perfil se destacará posteriormente. De hecho, el primer discurso de Bolívar está fechado el 3 de julio de 1811. Bolívar incluso pierde la guarnición de Puerto Cabello ante Monteverde en 1812. Bolívar y Miranda eran miembros de la Sociedad Patriótica, que era el ala más radical entre los conspiradores. Miranda tenía cierto prestigio entre los radicales, pero era temido por los sectores más conservadores dentro del movimiento independentista. Recordemos que fueron los patriotas quienes detienen a Miranda en La Guaira y lo entregan a las autoridades españolas.

Mgs. Sc. Historiador Camilo Morón

miércoles, 25 de agosto de 2010

CAMILO MORÓN: Narrativa Actual Venezolana


El Garúa como Máquina del Tiempo

Frente al cobalto del Caribe, al noroccidente de Venezuela, se encuentra el Estado Falcón; su silueta semeja un hombre hundido hasta los hombros en las nobles arenas de los médanos; su anatomía o debiésemos decir su geografía comprende el sistema de la costa, conformado por playas de suave declive, arenas blancas y doradas y bosques de enigmáticos manglares; el sistema montañoso, hada huraña y bruja lujuriosa, dibuja su silueta desde pequeños montes cubiertos de vegetación xerófila hasta montañas cuyas cumbres están veladas por la doncellez de las nubes y lucen una vegetación de exuberancia tropical con ansias de selva; el sistema de la llanura, propio de shamanes, santos, seretones y ascetas, es un lienzo de amarillo pintado en la llanura árida, cubierta de espinos y cardos; como un espejismo de verdes es la llanura inundable en la estación lluviosa, rica en pasturas para la explotación ganadera y en arboles maderables. En toda esta variada geografía rondan las ánimas, las brujas, los duendes, los encantos, los fantasmas. los poemas, los poetas y los cuentos. Y en el corazón de este mosaico palpita una Máquina del Tiempo: El Garúa.
Una llovizna de recuerdos atrapada entre sabias paredes de barro. Vigas como nervaduras de cardones. Y en el aire la tertulia en calma, a su ritmo acompasado, un ritmo próximo a la amistad. Pese a que El Garúa adolece de esquinas sombrías, pues está poblado por la luz, podemos recitar al Baudelaire de Le Vin de L Assassin:

Nadie me puede comprender. ¿Uno solo
De entre estos borrachos estúpidos
Sueña en sus noches mórbidas
Hacer del vino un sudario?

Esta crápula invulnerable
Como las máquinas de hierro
Nunca, ni en verano ni el invierno,
Ha conocido el verdadero amor,

Con sus negros encantamientos,
Su cortejo infernal de alarmas,
Sus redomas de veneno, sus lágrimas,
Sus ruidos de cadenas y osamentas.


La rockola no es una suma de engranajes y circuitos: Es el más compresivo de los psiquiatras. Al marcar la combinación de letras y números que corresponde a una canción de Pedro Infante, de Julio Jaramillo, de Felipe Pirela, de Daniel Santos, damos al alma el musical tratamiento que requiere para sanar sus moretones. Desde luego, hay una graduación en ese acto curativo que va desde la contemplación desnuda del dolor propio hasta el exorcismo de la razón. En ese carrusel de alcohol y emociones hay escalas para todos: desde un bronceado de fantasía poética tropical hasta una Siberia del intelecto. Pero el alcohol y el despecho son rasgos que El Garúa comparte con otros lugares de semejante vocación y que si bien lo hacen cálido y humano en nada diferencian sus coordenadas; lo distingue el paso del Tiempo en el escenario: Una gráfica de Oswaldo Vigas de los años cincuenta, la época de las Brujas; el cartel de una marca de cigarrillos que ya no se encuentra en las bodegas desde hace cincuenta años; la publicidad de un refresco carbonatado del que ninguno de los contertulios recuerda su sabor de tanto ha que se secó el recuerdo en la lengua.
En soledad, pues El Garúa es uno de los contados lugares en el que se puede estar a solas, reviso a Wells y comparto la pena del Viajero del Tiempo por los amores imposibles: “Y tengo, para consolarme, dos extrañas flores blancas –encogidas ahora, ennegrecidas, aplastadas y frágiles– para dar testimonio de que cuando la inteligencia y la fuerza hayan desaparecido, la gratitud y una mutua ternura vivirán aún en el corazón del hombre.”
Bebo mi audaz melancolía con el último trago de cerveza; una cerveza caliente, como decimos en el Caribe, a temperatura ambiente, como dicen los burlones en los Andes. Con un gesto de la mano hago a un lado la sombra larga del tiempo y me redimo. Y con alegría que corroe el espíritu de la pena, cual si fuere el surco que sobre el mar deja un barco fantasma, saludo al pasar entre las mesas a Omar Kheyyam:

Despertaos, despertaos, durmientes, que la aurora
arrojó ya la piedra al piélago nocturno
ahuyentando a los astros, y el Cazador de Sombras
prendió en un haz de luz la torre del silencio.


Se abren las puertas al aire de la calle. Las voces de la ciudad son las de esta noche y las de las noches de siempre. Al salir dejo mis huellas entre las horas y me llevo los sueños del bar.



miércoles, 18 de agosto de 2010

Brevísima Antología de Poesía Actual de México. Por Daniela Camacho

BREVÍSIMA ANTOLOGÍA DE POESÍA ACTUAL DE MÉXICO

COMPILACIÓN Y SELECCIÓN DE DANIELA CAMACHO


AMARANTA CABALLERO PRADO (Guanajuato, México, 1973. Desde 2001 reside en Tijuana). Ha publicado: “Todas estas puertas”, (Tierra Adentro, 2008), “Okupas” (Ed. De Pasto Verde, 2009), “Entre las líneas de la mano” en el libro Tres Tristes Tigras -Desde esta esquina-, (Conaculta, 2005) y Bravísimas Bravérrimas (La eternidad en un paso. Un paso no en falso) Aforismos, (Ediciones de La Esquina / Anortecer, 2005). Estudió la licenciatura en diseño gráfico en la Universidad de Guanajuato. Su página electrónica: www.amarantacaballero.blogspot.com

INFRUTESCENCIA

Yo fui una higuera.
El tronco hecho un betún: confitería.
Corteza blanca en remolino constante.

Fui el tronco y ramas de una higuera
podadas una y otra vez por si las moscas,
por si los higos escurriendo
llanto o miel averanada.

Morácea, blanda y a veces de gusto dulce.
Yo fui.

Ah pero que no me tocaran las hojas.
(velludas, tupidas, grandes, verdes, lobuladas.
Como mi sexo: urdimbre y trama).

Saga: madera incorruptible: sicomora: yo fui.



CORRESPONDENCIAS

De a poco, los pájaros –con sigilo– dan cuenta del crepúsculo. Esa forma repetida de dar la espalda. Desde sus ramas, consecutivos, ladean cabeza para situar el ojo. Te miran. A través del vidrio de esa puerta que no es ventana. Que no es. Rubicunda la pesadilla por el tronco, trepa ávida. Incrusta las afiladas garras y el espasmo. Todas las alas se sacuden. El sueño es incierto. Refracción de la luz: sólo a veces la altura. El aura no es un síntoma ni tampoco un halo. El aura, sibila, posada sobre una rama besa acorde tu pesadilla. Millones de verdes estallan entre las hojas, contra las telas. El primer rayo de luz. Los pájaros abandonan sus lugares. Entre el enramado verde: el estruendo.


FASCINACIÓN

Era la manera de asomarse. Ojo avizor: el hueco que atraviesa el cuerpo de un hombre. Un hombre-perro. Hacia el fondo la cruz. Pequeñita. Sembrada sobre la tierra. Y luego aparte una casa, diminuta, en las fosas nasales. Pero era al fondo la pequeña cruz, que aparecía luego de un hueco, un hueco que antes ocupaban las vísceras. Las vísceras de un hombre-perro quizá dubitativo, quizá apenas intoxicado. Llantas, plásticos, zapatos, resorteras. Una navajita. Y la tierra. Todo lleno de tierra. Lodo seco. ¿Te acuerdas cuando la planta desnuda de un pie se pasa una y otra vez sobre la alfombra? La provocación: esa manera de atravesar el cuerpo. Era un vicio. Era un Perro Loco, Violento y Confundido, pero era un hombre. Era quedarse viendo la estrella fugaz. El tiempo y los espirales de ese cuerpo que emanaban –ese circuito– desde el pecho, bajo el pezón. Era poco a poco desangrarse pero era la mano derecha del hombre-perro, su índice, el que tocaba la cruz. Yo te estaba viendo. Era la manera de asomarse. Las vísceras que nunca. Era un corte transversal la fascinación.


FOTOGRAFÍAS CON F/RÍO Y BOSQUE

Era la neblina entre paredes amarillas. Rectangulares paredes de aspecto rancio y tribulación esplendorosa. Esa casa pequeñita. Minúscula caja donde las bailarinas, una tras otra, aprendieron a girar sin cuerda ni música ni público. Danza muda. Cabelleras hiedras. Poca la anchura del pasillo. Siempre hubo tiempo de sobra para limpiar el piso. Todavía un río rojo serpentea hacia un mar sin costa desde la diminuta puerta de esa casa. Todavía desde el rellano del escalón más alto en la escalera, ampliamente: el sofoco.

Todavía desde el rellano del escalón más alto en la escalera, se azota una puerta. Metálica y pintada de blanco. Un cable para jalar mejor. Desde la azotehuela nadie podía abrir la puerta por dentro. Y luego de la azotehuela: el cuarto. Un cuarto. Un piso de mosaicos color verde. Verde pistache más arbóreas franjas de betún. Fragmentos. La ventanita. Un bonsái. Un ropero. Un restirador. Detallitos de familia. Un hermano mayor que hace muchos muchos años dejó de ser tu padre.

Un hermano mayor que hace muchos muchos años aprendió a vivir en medio de lagos y bosques fríos. Fotografías. Una chamarra azul marino térmica de pluma de ganso y el nuevo idioma fue lo primero que adquirió. El francés alterado. Pero, ah esa sonrisa. Pero ah ese buen gusto por la música. Ah, cómo deseaste siempre haber sido él, don´t you?

Pero ah ese buen gusto por la música. Cómo deseaste. Sobre los mosaicos verdes, sobre el restirador. Todas las noches recorrer una y otra vez las atmósferas de un pasado en arpegios y rumorados ruidos. La bailarina danza. La bailarina –la primera de todas y una de tantas– salta sobre los hombros. La punta de una de sus zapatillas taladra un baúl. Musiquilla sorda y ciega. Al salir de la casa, esa bailarina: cal de arena y hueso roto. Murmullos dentro del hueco tibio de una mano. La marejada de sus cabellos. El miedo que aletea. El miedo que aletea. Aletea. El sueño impreciso. Tu debilidad. La bailarina baila. El serpentino río rojo. Los hijos, las hijas, crecen.



HUGO DE MENDOZA (Guadalajara, México, 1976) es poeta y editor. Ha publicado el poemario Danzarina y Danzar del agua. Mantiene varios libros inéditos de poesía, entre ellos Sebastián, de próxima aparición. Es editor de la revista El Golem.

EL MOVIMIENTO TUYO / ES EL “TANGO DEL ÁNGEL”

I

Es tu inicio quien precipita
El mecanismo del bandoneón
Mismo que con música de viento
Y los agudos tristes del violín
Culminan la crema de tus alas.

II

Así de cautiva
Así cautivas Cultivas
Finísimos círculos a perfecto vuelo.

No sé si es Ángel lo que veo
O tú con negras zapatillas.

III

Cae terso el carmín bajo tus hombros.

Como soles diminutos
Encienden las joyas a tu pecho;
Se pierden
Me detengo a tu mirar
Te detines a mi mirar;
Así Infinitud de la Plata
Platense.

IV

Líneas
Argentinas cordilleras rozas a tu paso.
Con el cabalgar del enmudecido "Martín Fierro"
Y el callar de una orquesta celeste
Te sostengo en el abismo de mi traje:
Bailarina
Danzarina
Angelina
Reverencia.



V

En lenguaje de ángel Seguimos.

A cada giro de aura De aureola
A cada vuelta de ala
Te escribo una porteña estación
Una "Balada para un loco" Y yo loco
Con mi Mar del Plata tras tu vaivén
En vaivén
Loco.

VI

Se quiebra
La multitud en "volentango" Se quiebra.

Es tu acceder por 9 de julio
Quien a Febo levanta en el centro y su blancura.

Vamos Sigue con tu consentir a mi labio
Que los barcos con Apolo te rodean
Y es tu voz Azul de Buenos Aires
Azul de mis entrañas
Quien revive y levanta mi frente.

VII

Vayamos con el "Melancólico Buenos Aires"
Ala Tierra del Fuego
No sin antes dejar tu luminosa hondura
En San Miguel de Tucumán
En San Salvador de Jujuy.

No sin antes bailar
Charlar con "Don Segundo"
En el Sur ¡El más Sur!
De las nubladas pulperías.

VIII

El espejo de la última Tierra
Te sobrelleva en su blanquísimo pecho.

Te acaricia Revives lumbreras congeladas
Se confunden en el contorno de tu rostro.

Sigues siendo la emancipación de todos los cielos
De todos los soles
Sigues siendo el rumbo de la palabra:
Vueloenregocijo.

IX

Es tu sueño sobre mi sueño
El ensueño de tantos tangos.
¿Cómo creen algunos que diluyes Qué fallezco?
Si en tu celeste música Se entretejen
Oscilan
Nos unen
En la andariega pieza de las alas.

X

Sigue un coro de Argentina
Ahora el tango de un cuarteto en "Oblivión".

Al tiempo de Te amo siempre
Sabes que eres toda bálsamo
En latir a mi descenso.

No dejes volar De vibrar
De infinita hermosura trazar
En mi alabante bandoneón
Platense bandoneón
Piazzola bandoneón.



MANUEL BECERRA SALAZAR (Ciudad de México, 1983). Es autor de los poemarios Cantata castrati (Editorial Colibrí, 2004) y Los alumbrados (Premio Nacional Enrique González Rojo, 2008). Obtuvo la beca "Artes por todas partes" de la Secretaría de Cultura del Distrito Federal por sus proyectos de Spooken word Los alumbrados en el 2006 y Sinfonía de cabaret en el 2007. Poemas suyos han aparecido en diversas revistas y diarios del país. Ha participado en Encuentros nacionales e internacionales de poesía como Estoy afuera, Vértigo de los aires y en el XII Festival de Poesía en La Habana, Cuba. Actualmente es becario de la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de poesía (2009-2010).

CORAZÓN TERRÁQUEO


Habla verdad quien habla sombra
Paul Celan


A Mariano Becerra,
mi padre


I

Y vuelves, muerte,
te han quitado la gracia y aún rondas por aquí.
No has venido a llevarte a nadie,
has venido a que te escriba
(a ensuciar el sueño de mi enfermo).
Estás aquí calzada con tu perfil de aguja,
vestido el cuello en jazmines,
perfumadas tus geografías de muerte
incandescentes como baldíos o temporarias
para que haga que te mojes con versos babélicos:

He aquí las astillas bárbaras de la fiebre,
el lujo del accidente mientras se duerme,
las mareas altas,
las soledades furiosas a la intemperie,
el endecasílabo donde se construyen hospitales,
donde uno se desvela.

Ya nos veremos la cara,
vendrás por mí y se te han de incendiar las piernas.

Ya habremos de agitar mi alma en llamas,
y arrojarla al precipicio, muerte.

Ya la verás hacerse

ave o astro.


II

En estos pasillos anda la muerte.

Va y viene montada en sus ojos marinos,
y en su corazón terráqueo.
Viene en sus mantos elegantes, alta como un bandera.
Trae en su respiración la agitación de los establos,
la inquietud de las reses.

Nosotros la espantamos con golpes de pecho
para que no te lleve.

Te ronda cerca la desvalida vieja,
pero ya te hemos escondido
en una ciudad santa cerca del corazón.
En el cielo gris de los ojos de mi madre
te sumergimos.
Guardamos los gemidos para otra hora,
pero se escucha la bastarda quebrar el mármol
abrir las puertas, una por una,
asediar desde lejos
y el espanto de las lágrimas nos cae
en la garganta.
Se reúne ahí la falta de aire,
el pataleo de los náufragos

en la garganta

nos cae.

El alma flota en un lago de aguas ciegas
donde la esperanza tiembla.


III

Desenterrado, corazón, de los jardínes,
él te sueña colgado de los árboles como un sol,
como un fruto que es de él.

(Qué muerte más infame la del árbol caído,
sin intimidad, desmintiendo su fama.
Qué desnaturaleza, corazón).

Él sueña con la muerte, mugriento,
agoniza en una cama insabora y fría
y tú tan vuelto de la tierra,
siempre yendo tan desenterrado a visitar al padre,
al amor verde de alguna enfermera.

Él te sueña, mugriento, como un sol.


IV

Este sol que cuelga en el cuarto del hospital,
esta sangre dejándose alumbrar por la tristeza
y este corazón puesto a la sombra, puntual,
pertenecen al que duerme y mal sueña,
al que respira entrecortado...

Esta caída de luz por la ventana, tenue,
como vertiendo agua,
soñada la caída por el enfermo,
intenta calentar las paredes del hospital,
inmaculadas como un dolor,
intenta calentar el alma a los viejos,
tibiar la insulina,
evaporar el agua,
intenta cobijar de fiebre a este corazón,
pero éste sólo es puntual a la sombra,
llega tarde al reino de Dios,
puntual al odio, al hospital y al mal sueño.




SERGIO ERNESTO RÍOS (Toluca, México, 1981). Ha publicado los libros Piedrapizarnik, De cetrería, Semefo y searching the toilet in juárez av. Aparece en las antologías de poesía mexicana reciente: Divino tesoro y Nosotros que nos queremos tanto. Fue becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes en la categoría de Jóvenes Creadores. Es miembro del consejo de la revista Metrópolis de Guadalajara. Codirige la editorial Apuntes de Lobotomía.


LONDRES ES MÍA
como soy un gran artista pido los mayores decibeles

yo me entiendo:

levas micotelepáticas
lapos frigomesiánicos

quiero ser original

saltar los endimiones
los dicotiledones
los dípticos egipcios
los tableros con cabezas de rinoceronte
correr por donde apuntan sus hocicos


esta es la vieja escuela
y entra en una punta negra

sólo de lógica extraordinaria

amárrame las manos
impide que aniquile
el odio y el riñón del francés
el feto que enterramos bajo un árbol


el bósforo pasa como un escuadrón de la muerte tendido entre dos catres



esta canción se llama lo que pido de ti
un catafalco alumbrado por moscardones que se derraman como un largo eclipse
eso que existe en una corona de oscuridad
la cabeza en el mástil
los pies sobre los vidrios
árboles que sacuden pequeñas cimitarras
tiza celeste
el libro en que repruebas la misericordia del elefante africano
la tierra plana
la sombra instrumental por el jardín ceñido
un polígono de deserción

DESDE UNA LÍNEA DE DEMOLICIÓN

ella es santino y fredo shemales caminando como androides sobre repisas naranjas esos días cuando el cielo es una envoltura plagada de reflectores carmesí una involución una manera de llegar al final del baile saltar como un ornitorrinco moverse con ortopédicos dentro de las piernas y los pies rocosos por químicos de cierta energía que tambalea de lado a lado pero esto sólo existe en la quijada como un puñetazo cinco veces mayor a una esfera de acero el ojo tokio de siete a nueve el ojo tokio como una quilla que confunde una cosa y otra tan sólo mirando murciélagos que se incineran en las nubes la música demasiado gastada de afilador no sé qué haré con el tokio que llora en alguna parte es un vuelo cardinal es una estrella de junco de utilería que se expulsa ella dirá princesa buenos días fredo rompiste mi corazón feliz año sólo leo libros para sanar el alma libros que me adentran en mis vidas pasadas badajos que me gustaría ver en un arreglo floral somos un clan tóxico faunos elásticos alrededor de tu vestido la propaganda que silba un fumigador aficionado al megalítico


un valium por favor
un ciento de nomenclaturas de embriones

mi nombre de guerra es Albión



LEONEL RODRÍGUEZ SANTAMARÍA (Ciudad de México, 1978) es autor del poemario Dolor de nombre, publicado en México en 2008, mismo año que obtuvo por esta obra el Premio de Poesía Clemencia Isaura otorgado durante el carnaval de Mazatlán. Ha desempeñado trabajos editoriales y también ha sido músico; más recientemente, con la agrupación Los de en medio, al lado del pintor Varezal y el poeta Cosme Álvarez. Actualmente no tiene ciudad fija y se dedica a escribir.


YELO NEGRO

I

Algo se revuelve como la carencia.
Un reacomodo de las aguas que me surcan
como naves tentaleando litorales
anuda con líquidas trenzas el siseo que despierta mi silencio.
Algo se reanuda y yo escucho.

Acomodo una luz austera de cara al hueco de la noche;
la ventana queda ciega: un filo de luna se percibe,
un ojo se abre,
un haz de cuerpo se avecina.
Respiro una misma melodía.

Como una jauría de perros,
una turba de preguntas muerde los pasos
de la sombra que me lleva.
Entre ladridos se remueve su oscura,
violácea joroba de quietudes
moviendo las siluetas por alguna calle que invento.

Toco la huella
estoy partido y mi habitar es roto
el tacto carece
¿en dónde el sentido del encuentro?

II

Estamos en el pueblo de La Hueca:
días se alargan como noches:
en el sueño:
la serpiente piel de la crecida,
máscara cambiante del acantilado…
parece así que lo creemos
no tiene tamaño nuestro aliento
mero vaho que aparece ante el paisaje
recuerdo en el espejo
de aquel canto que montamos en el bosque

ahora flota para no mirarlo

También debajo de las piedras
escucho el silbo de otro nombre
¿qué grito vale su penar en la existencia?

Parpadeo en el punto cero de la aguja
—separados por los hilos que atan cosas,
alguien nos descose
alguno que sabemos
desconoce su vecina identidad alguna:
la veo y no la veo,
vigilia adentro de la costa donde duermo.

Yo älguno, sin nombre,
¿sabrá que somos niebla entre dos sueños?

Somos el pueblo de La Hueca, de la gran roca seca y hueca.
Los ojos cerrados a la luz sobre el sin suelo del desierto
queman tú qué más en la pregunta,
pasos que se apuntan sobre brasas.
Así desando por mi nombre
como por un viento sin respuesta.

El polvo del hambre cubre nuestro cuerpo. Recibimos las acometidas del vacío con el humo de madera calcinada —abrazo de mil playas que los viejos cargan en sus brazos: fogatas para celebrar a nadie, lumbre para ahumar la curva de la luna

la moneda roja,
sello de sangre en los entresijos de la noche.

Este ulular dibuja la caída de una esfera, raíz de luna, siéntela lamer la lengua, lamer el mar donde nos dice
la felicidad de un ojo de agua que rodeó a la noche con un río.

Nuestros días, nuestras noches, nuestro torcer paciente en el silencio. El río que buscamos alimenta el hambre que lo mueve.

Niños miran: nos insectos, nos algunos divididos.
Niños lanzan la pregunta que se aleja como tronco a la deriva.
Hay un sitio donde juegan y descubren los cimientos.


III

Cuesta arriba imaginarse las palabras
que habrán de romper el silencio
que no pide ser abierto.

Mi sueño crece desde adentro de una cueva:
la ciudad se angosta en una calle a mediodía,
el sol la desvanece, limpia de la vista.

Estoy de pie sobre una duda que la boca balbucea;
no puedo sacarla de su olvido, no la veo.

Si camino y me dirijo
hablo baladura de balido,

¿qué digo en esta hora limpia y sola,
arrojado desde el suelo hasta yo mismo?

Silabeo:


IV

La ciudad se suelta de mis ojos
—hay un baile
desatado del susurro hay un baile,
arborece de las manos de la tierra
y da vueltas
y lo digo
acabándose el aliento.

Me desplomo enlazado a las veces que pregunto y pierdo la respuesta.
El mundo gira y no se aquieta.

Alguien se oye tronar,
una mujer renace en el costado del momento
nochemente
ella baila
se agrupa sobre el sueño del hombre encendido
se distiende
y respira
y parece un sueño que nace de un sueño.

Nuevo aliento a los muslos que despiertan.

Los ojos salen a tientas
la mirada más oscura, voz
caverna, empapada de arrastrarse acuoso en el olvido,
su goteo no es la duda:
buscar nuevo de lo aquello.

La ciudad olvida mi andar austero y las caras que animan el yelo oscuro de sus sueños.
La ciudad flota en el deshielo de sí misma.

Desesperas cuando no suena la puerta,
no hay tablas que dividan el aliento de lo indecible, este viento que te acerca a lo mirado.
No se rompen las ventanas a palabras.
Ellos dijeron:
«Mantente limpio, sí, muy cuidado,
corre si tienes que hacerlo, anímate si puedes,
corre, corre si puedes correr
mantén limpio tu traje, mi buen hombre».

El viento camina
todo lo voltea entre sus piernas y despierto
—adentro de los muslos abulta la nostalgia,
recuerdas el rojizo mundo de barrancas y mañanas que se abren similares,
allá, el sol del bosque dice:
ella baila,
en algún sitio ella se encuentra, es realidad que ofrece su sentido;
ella baila invisible en el sueño, más adentro de la trama que la propia sangre bulle.
Su boca danza sobre tu cuerpo
la canción que Nos soñaba.
Ella baila y te despierta su canto que disloca.

Adentro de la mina el ojo es negro;
perdido sin mi dueño, dando tumbos,
me arrimo a los caminos y me hundo,
camino por el sueño y digo mundo;
el hombre que busca su lugar junto a la roca hueca
cuando los gritos despojados suenan frente a un cuadro donde duda;

las manchas forman sugerencias
(yo quiero asemejar los ojos)
se adivinan formas que desmienten
(asemejar los ojos al crédito del fuego);
quiero bailar sobre la cresta de las olas, por entre el fuego que celebra.

Un no saber por qué, un no ser de estar tendido,
hallar la mano hundida,
invisible;
no sabe la mano
cómo abraza al hombre que se acuesta,
no sabe el hombre: sueña
su goteo lo inventa el árbol,
el baile es el latido del árbol en el pecho citadino,
mueve los sentidos al vaivén del viento:
baila
y ella canta
la canción de nuevos días



DANIELA CAMACHO (Culiacán, México, 1980) se graduó de ingeniería industrial y de sistemas por el ITESM y de lengua y literaturas hispánicas por la UNAM. Publicó los poemarios En la punta de la lengua (Tintanueva, 2007) y Plegarias para insomnes (Editorial Praxis, 2008); y el libro de palíndromos Aire sería (Editorial Praxis, 2008). Forma parte de la antología bilingüe, español-portugués, Tránsito de fuego (Casa Nacional de las Letras Andrés Bello, 2009), La mujer rota (Literalia editores, 2008), Los siete pecados capitales. La lujuria (Alforja, 2008) y Del silencio hacia la luz: Mapa poético de México (2008). Es fundadora y miembro del consejo editorial y de redacción de la revista El Puro Cuento. Sus poemas y ensayos han sido publicados en revistas y periódicos de distintos países de América latina; actualmente, vive en Tokio, Japón.


REMOLINO

entre paredes sin puertas
escondo mi cuerpo mudo
manchado

el día huele a orfandad
la medianoche es una hendidura en el muro

sé que no soy una sombra
sé que afuera hay guerrilleros
y hombres mutilados
que hay pájaros desnudos y hambrientos
hay guantes y gatos y gente

pero yo no soy la sombra:

soy el remolino
el huracán
la polvareda

o tal vez no

tal vez soy la huidiza tempestad de mis palabras
o solo una sonámbula que sueña

o no



LA VOZ EN RUINAS

I

Juntos mordíamos la carne de las uvas. La canicular mañana nos mostraba los espejos y el dolor multiplicaba los escombros. Debajo del amurallado corazón crecían larvas y palomas. Con el cuerpo lívido de tanto opio atravesábamos la puerta del amor y poco a poco nuestras manos se incendiaban como hulla. Nadie nunca supo descifrar la líquida caligrafía de nuestras sienes. Solos y desnudos abrazábamos la muerte. Yo, bañada por el fuego de tus aguas, con la carne amoratada y fresca, asistía al nacimiento de pequeñas flores en mi boca, flores que serían escama, cicatriz, libélula. Tú, herido por el láudano y la sal, hablabas de cruzar el puente, de sanar al fin todas sus grietas.


IV

La noche te pronuncia con un gesto de nieve sobre árboles enfermos. Hembras animales hacen del silencio un río, un gemido oscuro que inaugura la pavana de los muertos. Debajo de los párpados construyo un puente hacia el sudario de tu rostro y dejo entre tus labios un pétalo de carne, un rastro de niebla. No vuelvas la mirada ahora que la lluvia me resulta indescifrable. Déjame apagar tu luz sobre los astros, ser isla al centro de tus aguas. Cuida que el silencio de las aves no delate nuestra música, que la arena de tus ojos no revele la agonía en el corazón de los amantes. Canta con tu fracturada voz de arcángel y sea la negra luna de tu lengua una espada que me hiera en los jardines del ensueño.


MORIR DE PARAÍSO

Lavarás tu cuerpo poseída por la sombra. Al primer golpe de agua, la piel arrancará de tajo un nombre a la memoria. Querrás decir Leteo, canción del tenebroso, diamela, pero estarás muda de espanto. En la espera del que tañe mirlos en el aire, te descubrirás distinta a las demás hijas de Eva y hablarás por los desnudos.

Soy la que flota en el río, la despojada. Polvo de la madre extraída a su niña en trance.

La desnuda
dicen ellos
la bestia descarriada.

¿A qué tanto ropaje si en la piel se me calcina un nombre?
¿Para qué vestir de nube, aturquesada, si de arder me estoy muriendo?

Busco acordes en la niebla que apacigüen mi silencio. Me abandono en el lenguaje de las barcas. Del ciprés soñado por amantes solos nace una canción de cuna para las muchachas tristes.

En las ramas del almendro, madura el corazón del oboísta.



JUDITH SANTOPIETRO (Córdoba, México, 1983). Poemas suyos se han publicado en Anuario de Poesía Mexicana 2006 del Fondo de Cultura Económica, en la Memoria del Encuentro Nacional de Literatura en Lenguas Indígenas; en la antología literaria Musa de Musas, Poesía de Mujeres desde la Ciudad de México, Conaculta; en Del Silencio hacia la Luz: Mapa Poético de México y la plaquette individual Raíz de Vuelo (El Barco Ebrio Nueva York-HomoScriptum) y Se incendia la Palabra (Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla IMACP). Actualmente es directora de Radio Nómada y Revista Iguanazul: literatura en lenguas originarias.


IZCALTITLA

Los hombres de la loma taciturna
se desvisten ante una fogata de sabiduría
sueltan en la oscuridad las formas
de un ojo lleno de costumbre

cada uno en la danza pega el cuerpo al corazón de la tierra,
pide al ave sus alas desplegadas,
desea los negros ojos del mapache

alguna vez seremos la mirada del nahual
que sobrevuela la barranca
y pariremos maíz por la boca
para arroparlo en el chisporroteo del brasero.


ESTELA DE VOCES

Monumento de la palabra,
la génesis en las paredes,
tan antigua
como la vírgula de roca

tormenta de guijarros que caen de la montaña.


INVOCACIÓN

El día que saliste de mí
el sol era un círculo manso,
inundabas las rendijas
de esta húmeda pocilga
con un llanto prolongado

Tus ojos,
grandes en esta habitación de grillos
para mirar una casa de pequeños muros;
y mi vieja razón,
esa piedra de filos indeseables,
preguntaba a dónde ir

Con el vendaval,
las chozas se balanceaban
y eran menos que toda la miseria
de la gente astillada en la ciudad

Te fuiste un día de soplos
y el resquemor sobrevino
para siempre;
las casas parecían no soportarlo
bullían de luz las tiendas
el desierto era frío
después el sol doró las ramas y la arena,
el calor fue espada ardiente
que acuchilla la piel


nadie
bajo este halo de cristales negros
nadie
en esta oscuridad que golpea con su nombre y su cuerpo
nadie
retorna a beber su aliento

Esta madrugada
la muerte pringa sobre la ventana
despierto con la sonrisa de tu vida entre las manos
hace varios minutos de minutos
que no veo nada igual


PIEDRAS Y ALACRANES

En días tan áridos
el aire trae el movimiento de los huesos polvo
hasta la lóbrega estría de la calle


Amanecemos agónicas de frío
aradas en la tierra estéril
por las filas de este mineral
que calcina esqueletos

Tragamos la roca desgranada
mientras los pechos se desgajan
en precipicios de sangre que humedecen el desierto

Al paso de los meses
las grietas de la ciudad cimbran
entre las montañas de arena,
y la polvareda de los huesos
es la voz perdida en una cueva

Dormimos
junto al lastimero aullido de perros
con la mortaja de piedras y alacranes




CARLOS RAMÍREZ VUELVAS (Colima, México, 1981). Ha escrito los libros de poesía: Brazo de sol, Cuadernos de la lengua y el viento, Ruleta rusa y Calíope baila con el poeta ebrio. Además, es autor de los libros de investigación literaria: Nieblas londineses y otros poemas de Balbino Dávalos, Musas de Francia, El oro de la cruces. Estancias en la literatura colimense del siglo XIX, Notas para el estudio de la cultura escrita en Colima. El caso del siglo XIX, Índice de las revistas culturales en el siglo XX. (Ciudad de México). Parte de su obra literaria ha sido antologada en Un orbe más ancho. 40 poetas jóvenes de México, La luz que va dando nombre, Mar de vértigos y El oro más granado.



ÚLTIMA BALADA DE JOHN LENNON PARA YOKO ONO

La luz de ti se aleja porque no soporta el verte

Por qué de mí también te vas mujer
cuando más te amo y dejo en pentagrama cinco líneas de mis venas
Por qué de mí como ceniza que lleva el brazo del aliento del verano
en un campo incendiado por la furia de mis manos
que imagino en la ciudad

Eres lo más oscuro y de ti la luz emigra

Porque viene de ti la enfermedad estoy bendito
de locura o ebriedad que a veces es lo mismo
Por una mancha venérea que la humedad tatuó
si he nacido si amé si estoy herido

Por eso cuando miro en las páginas del tiempo las letras de mi vida
encuentro mi nombre escrito tres veces en un cuerpo femenino
Eres la vida amor la muerte

Y hay días que confundo el sayón de tu piel blanca
con la falda favorita de mi madre
o el vestido rosa que usaba los domingos
para mi padre que olvidó su cinturón
en casa de una peluquera
Otras tardes crecen de tus piernas espléndidos eneros
en los que reconozco las canciones del cimiento del hogar materno

¿Es que cuando te enfadas hablas de mi infancia o sólo de tu sexo?
Tú me has visto cómo es que soy la vibración en tanto llega tu respuesta
como la fruición violenta del que ignora el reposo porque estás cerca
Hay días que tu carne ―siempre en ciernes―
tiene el olor de las agujas y el estaño
Y tus nalgas asemejan una mecedora
donde el sueño dibuja polvorones y tazones de té

Pero digamos que una noche al fin estoy contigo
completamente libre
Complaciente como alguien dispuesto a otorgar su olvido
a cambio de tenerte Oh sapientísima
y desquiciada como una cuerda de guitarra rasgando la garganta
como una cerda enfurecida que destroza mi almohada
Entonces quién por mí podrá cambiar la pesadilla
si muy lejos de ambos la luz emigra

Ah me dueles hasta lo más profundo que un hombre honrado puede soportar a la desgracia]
Hasta lo más cercano a mi origen de pies sobre la tierra
Oh dulcísima qué puedo para ti sino una larga balada
en la que el escozor del corazón humano hinche su valor contra el vacío
que cruzan pájaros boreales como bajo un cielo cobrizo
donde bailas desnuda para ordenar el mundo

Sé que tampoco entonces mi vida tendrá algún sentido
y que habrá una lira rota más en el bodegón de casa
Pero así tú sabes la tribu podrá llamarte reina
en este instante y en la eternidad.



BACHATA DE JOSSIE BLISS

Jossie Bliss
saurí escarlata
negro alfil en laca lacerando
crepúsculos que iluminan el ardor
oscuro de Birmania

Más adentro
a los costados del mundo
se pierde en la costa una red para atrapar estrellas
Un profundo bastión de corales asesinos
bajo el vientre oscuro de agua en menta y musgo
entrando al inframundo donde renace una mantilla de opio

Una perla
brilla si la encierra un molusco
Solo un buzo y sus poleas locas
Tierno armiño de cisne en fieltro humedecido
Ahogado en su propio llanto habría
Sólo un tafetán en congestión rubí
de aromado cilantro que desnuda el nervio habría


Todo lo demás lo consume Jossie Bliss
Todo lo consume su hambre
Las palabras y el nombre y lo que esconde --filos de alba
pesadillas en aceite--
Se deben
a Jossie Bliss y su saurí de plata
Si ella llega al borde de la playa
que es llegar
al límite del día
Los meses reconocen marejadas de barcazas ebrias en plena madrugada
Muelles donde el Universo enciende
la sed si agua es la hembra negra
Eclipses sonoros si desnuda ofrece entre el mango y los manglares
cormoranes y almejas
al frío de la daga
Fuego si consume el cigarrillo posterior a la batalla

Toda la penumbra encajada entre los ojos negros de la pantera en celo
es el invierno
en la sabana
Un cardo que agoniza en el rigor de caracolas
La música de jazz quemada
a fuego lento

Cuando Jossie Bliss zurca y urde y hunde lentas brazas donde pende ahorcado
el corazón humano
Y destierra para siempre del verano los frutos más amados
la sandía por ejemplo en su vientre bajo
el melocotón ennegrecido
en lo alto del pezón del pecho
Los vástagos
Las palmeras
Los dátiles se envenenan si en celo enciende el filo previo
al homicidio
A mansalva es rojo hervor y despedida

Pero humillada en la playa bajo una sombra imponente
Restos de betún lucen
en la barbilla negra
En sus labios decolora la roja lengua que en grana se desflora
Y más adentro
en altamar
el poeta comienza a fornicar
--triturado el corazón de tinta--
con un pedazo vivo de la historia.


SALOMÉ DIRÍA

Ella ofrenda a los meses la cabeza del sol
que en ocasiones es la mía

Bailando en las esquinas
canta
mientras pasa el tiempo desgarrado

De cualquier forma si la miro
algo estalla en la frente
O sobrevive un son que duele
donde ella falta

Hay rastros de carmín
diría cuando enciende un cigarrillo
(las mangas de mi camisa blanca
tienen las huellas rojas de sus labios)

Lleva quince años de mi infancia en cada mano

Ella dedica las mañanas a voltear los espejos
Ella ―piensan quienes tienen gusanos en las ingles
quienes dejan aroma a belfos perforados―
enjuicia los verbos
que tiernamente le encajo cuando escribo

Cuántas perras orinan su nombre al escucharlo

Hay días también en los que miro
sobre el estiércol
crecer mi amor desesperado

Desnuda el desierto también es primavera
o viceversa
según el arma de dos filos que el cuello me ha marcado
Mientras su mano diestra
cercena un canto

Y he visto al huracán
lo juro por su vientre
detrás de las cortinas del baño diario
Un pubis que prolonga su entrepierna en arrecife
La parvada de gaviotas rasga en negritud el cielo pardo

Debería llorar ahora
aunque me cueste el nombre
que el palpitar me exige
en el centro de su pecho
un ángel ebrio suficiente
una cantina
donde un ejército viole a una niña

Yo veo el lastre de su pecho
en el pasillo
donde aprendió
a lamer un caracol
Siempre que la sangre toma
el cauce de otro sexo
Y mi pasión responde nuevamente
con un poema entero

La vida pasa en medio de dos cuerpos
Salomé diría.




ZAZIL ALAÍDE COLLINS (Ciudad de México, 1984). Autora del libro Junkie de nada (Lenguaraz, 2009) y del poemario inédito Valva maresia, entre otros proyectos. Es guionista y locutora de radio. Ha publicado artículos, crónicas y poemas en El Universal, Metapolítica, Tierra Adentro, entre otros medios impresos y electrónicos. Dos de sus más recientes ensayos están compilados en Deniz y mansalva y La conciencia imprescindible. Ensayos sobre Carlos Monsiváis, del Fondo Editorial Tierra Adentro, Conaculta.


TUMBLING

La fiera bonza
se me lanza con colmillos de alcanfor.
Toma mis manos.
Amanece
con la tonada callejera
de una añorada ninfómana
que levanta
el anhelo de la paloma
temblorosa
por su canción infantil.
Heme, bajo el búnker
con un desdén de fantasías.
Soledad de lupanar.
Y por el tracto, la nausea en brasas.
Bajo el brassiere, la tentación del mordisco
de un guillotinado san Martín de Porres
o un lechero en engorda
en los pechos de la poliandria;
las mieles de la gesta,
en la imaginación del retraso,
en la espera y el rechazo
de una vida.
Mi vientre se acomoda.
Impávido y ufano
quiere parir en la nausea.
No,
que no.
No al filo del acantilado
del cronotopo sin hambre;
de frente a frente al oficio
por sexo no amor primero
en la tripa, vámonos
antes de preferir el escozor,
lo movedizo del cielo que miramos,
desde los estambres,
degustando la sutil ventisca
al pronunciar los soplos.
Somos el germen del no
o el éxito de todos los fracasos.
—No llores, Ángel González—
Vámonos, vámonos, como putillos, al diablo.
Cojamos entre las piernas
lo que deba sostenerse,
con el ahínco,
en el acorde
y sus veintiún consonantes.


LA AMIBA EN MI CORAZÓN
Si un día las piedras te hablan,
emprende un camino de agua conmigo.
Uh-mee-buh piensa en las pausas.
Uh-mee-buh cuenta los trazos antes de dormir.
Uh-mee-buh quiere atravesar los puntos suspensivos.
Uh-mee-buh es la coma de luz en el Templo.
Uh-mee-buh son las voces congregadas, los lunares del sí.
Uh-mee-buh es el estigma a la derecha del punto final.
Uh-mee-buh es la agrafía en muslo de agua.
Uh-mee-buh, palimpsesto de los cirros de la Araña.
Uh-mee-buh, silencio magro, tinta lacia.
,

MONÓLOGO DE AMAZONA

a la partida de Thomas Cavendish con Leucótea
Cavendish prometió volver.

A babor y estribor,
sostenidos por obenques
y amantillos,
vamos a construir una nave
a la que no pueda sajársele el mascarón.
Amazona perdió la razón.
Inmolé al cimarrón
en honor a las gigantas
de las múrices cuevas del Ado.
Desnuda, en la tierra del cristal,
dormí en el gamellón del moro,
Cavendish no retornó.
Arrojemos la brújula al mar,
que se pierda en la panza de la ballena
cuando el sol tramonte;
mientras, aireemos la guerra
que sorbe a las gigantas.
Amazona sola.
En el arcón de mi ósculo demente
se vislumbra el himeneo
ante el que nombro al que bien quiero,
si lo añoro,
las olas me prometen verlo volver.
Amazona aguarda en un muelle de Cabo Pulmo.


YO PIEDRA


26°10’05.57’’N 111°32’56.28’’O


Un nardo compañero tengo,
cuatro espinas de cacto;
un tallo polvoriento
de biznaga en el bolsillo.

Piel de damiana tengo,
un invierno ilusionado;
centro de esporas dentro
del pecho de este sereno.

Zumo en los puños tengo,
carrizo en alforja;
una pitahaya peregrina

que, aunque espinada, cae
a la misión en ruinas
de mi Vigge Biaundó.


CONCHA CHOCOLATA

Vístete de carey y coral
arrecife de estrellas marinas,
la caracola cantá la despedida,
el mar le arrancá a mi
concha chocolata su perfume
de alga.

Mi concha chocolata
suda color perla,
se llena de espuma
con cada atardecer,
mareas bravas de verdesflores.
Mi concha chocolata
hierve leche en las madrugadas,
humea a las seis de la mañana,
se abre con el sonido de mis dedos.
Tu mirada,
sombra pendular
mareabrava,
me ahoga como
lo hace la saliva
que tragamos en
el beso sepulcral,
gorgojo arenal
que traspasa poroslluviosos,
remorita grácil,
chulada babosa,
la caricia de tus ojos
embebe el sudor
perla de mi piel,
tal vez la luz de puerto
encienda tu faro
e irradie a las conchasmadre,
tal vez la mano en el sexo
guarde tu frágil vaso,
pero el péndulo chilla
cada hora,
pero el péndulo silba
sin cesar.


INGRID VALENCIA (Ciudad de México, 1983). Poeta y gestora cultural. En 2005 funda y dirige la publicación cultural La Manzana, arte & psique. Obra suya ha sido compilada en: Del silencio hacia la luz, mapa poético de México (Yucatán, 2008), La mujer rota (Literalia Editores, 2008) Anuario de poesía mexicana 2006 (Fondo de Cultura Económica, 2006; coord. Pura López Colomé), Agenda, Diario, Antología, Poetas de Jalisco 2006, Verbo del Cirio V y Memoria del relevo (Literaria Editores/SCJ, 2005); y en las revistas: Crítica, Acequias y Tierra Adentro, entre otras. Es autora del poemario La inacabable sombra (Literalia Editores, 2009).


DÍAS

Dejaba de pertenecerme

La inabarcable sombra en la ciudad

El permanente exilio de los pájaros azules

La ventana rota de una garganta
a punto de encajarse
en un mar que se ennegrece

El infinito
descansando en el borde
de una pregunta

El sabor de un paréntesis

Dejaban de pertenecerme
las cosas muertas

Los días
Las cosas muertas.
Preanestesia en el piso 11

La mujer de blanco
me observa zurcir el precipicio
de aguja y vena

Los segundos gotean
hacia la sangre

Bajo sábanas
escucho el rumor del tiempo
casi ajeno

La luz levanta un muro
de siluetas húmedas

Hay un anciano
que aferra a su piel
la delgada línea del sol
como una espada
que lacera al cuerpo inerte

Sólo intento
tocar un ojo
antes de

Desaparecer.


INTACTO

Certeza es la piel reflejada en el agua
Son las manos que navegan en lo profundo
hasta que alguno niegue el horizonte
sentado en la piedra blanca de la vejez

Aún hay tiempo para nombrar
bajo la montaña
la luz que se escurre en el polvo

Los árboles fugaces
comienzan a teñir el paisaje
de afiladas grietas como venas en la noche

La ciudad se repite
con su constelación hostil de ojos
negando el pulso del sol en las sienes

También
el amanecer
se conserva intacto
contra el mar.


LA CÁRCEL

1.
De un pasillo largo e interminable, la última casa. La infancia entre macetas en fila y puertas cerradas. Nadie habló. No conmigo. Mi madre conversaba con una pareja de ancianos de espalda encorvada, de ojos ausentes. Entre jaulas y voces yo miraba a los pájaros detenidamente, con la boca llena de sal y tortilla.
El vecino sordo, esquizofrénico, me miraba también detenidamente.

2.
Entre las nubes cerradas del pecho, una niña transita libremente por la cuidad. Las noches no terminan porque ella apaga todo lo que toca. Las paredes de tiempo y polvo extravían la blancura. Ella tendría que partir siempre a otros sitios, inventar nombres, coincidir con ellos o renunciar, como una piedra pequeña que repliega sus alas con inofensiva gravedad.

3.
Dentro del vagón podía sentir la velocidad, junto a una luz de neón, que lentamente se fragmentaba hasta llegar a casa. El amor era como esa delgada línea de luz, casi innombrable. Mi madre parió de frente al sol. Pero la luz fue más letal que el invierno.

4.
Las angostas camas que se contagian de caricias. Las luces que rodean esta cárcel habitada por la sed. La humedad de la oración que se esparce en el muro de las mañanas. La niñez hinchada de preguntas.
Bastaba con recordar al origen, ser nombrado sin titubeo.
Mañana habrá un hogar en el vértigo.

5.
Avanza el polvo
Mejor sería confundir la piedra con un llanto
creer que esa casa conservará las palabras, los silencios, cada golpe y herida
Sólo las sombras se dispersan

Una casa es una casa cuando susurra cada objeto, cuando canta una luz
cuando alguien muere al salir de ella o en ella
Una casa es un vacío que ha de llenarse de pretextos

6.
Regresar la mirada al techo, a las cicatrices, a los ojos de un gato muerto, suicida. A la guerra en lo callado. A la hormiga, al pan, a la mesa. Al padre, a su perro también muerto, a sus hijos suicidas. Al muelle. A nunca más.

7.
El asco carcome
lento
a pasos intermitentes

El suero gotea
los peces respiran
mi madre respira
La vida recorre angostos túneles de transparencia artificial


La piel es más veloz que la calle

Avanza el polvo. Avanza


LOS MUROS

1.
La llama en el rostro
tiembla como el árbol
que se resiste a caer.

Le debo a la luz
la nausea y los espasmos.

A la sangre
y sus demonios
debo las raíces epilépticas
que niegan el invierno.

Hablo del instante en paz
Al que no volveré.

2.
Supongamos que es cierto. Uno sale
de casa, mira rostros
en el puente
o la avenida. Alguien duerme en el vagón.
Uno escucha. Y todos vamos hablándonos en secreto.

signos queloides
acertijos
que atraviesan con prisa la mirada

Muy pronto ardemos
entre atardeceres de alquitrán y polilla.

Los monólogos sobre los rieles del cuerpo
dejan a su paso un sonido que recae
en las ausencias que se acumulan
en alguna parte

Un lugar al que llegaremos
con el bolsillo hinchado
con la mano vacía.