martes, 9 de noviembre de 2010

Poesía Actual de Mozambique




FRANCISCO GUITA Jr. (Inhambane, Mozambique, 1964). Inició su actividad literaria en Xiphefo, Cuaderno Literario, en 1987, del que es miembro fundador. Es profesor de Lengua Portuguesa en su tierra natal. Empieza sus publicaciones en 1997 con el libro de poesía El ahora y el después de las cosas (Ed. AEMO –Asociación de Escritores de Mozambique). En el 2000 publica De las ganas y de Partir (Premio Rui de Noronha –FUNDAC, 1999) y Brasas (1 premio de Poesía TDM –Telecomunicaciones de Mozambique, 2001) por la editorial Caminho y Editorial Ndjira, respectivamente. Y también Los aromas esenciales, por Ediciones Baile de Sol, Islas Canarias, n-1 de la colección África. Tiene textos dispersos en diarios y revistas nacionales y extranjeros. Está en las antologías: Rostros de la LenguaAntología Breve Literatura de Mozambique. En Lusofon Antologi/Fem Kulturer – ett Sprak(Suecia), Imagen pasa Palabra (Portugal), Más nunca es Sábado (Portugal), Poesía Siempre, 23 (Brasil), HotelVerMar, antología bilingüe Alemán-Portugués, Diccionario Amoroso de la Lengua Portuguesa (Brasil), La Arqueología de la Palabra y la Anatomía de la Lengua (Mozambique), entre otras.

Traducción por Silvia Capón Sánchez y Francisco Manhaes Monteiro.

Selección por Gladys Mendía del libro LOS AROMAS ESENCIALES (Editorial Caminho y Editorial Ndjira, Tenerife, 2009).



Ahora o nunca
el izar la vela sobre el mar
el tensar la cuerda
el sentir la virilidad del timón
y tener que partir

sin recoger amarras ni ancla
sin fardo ni equipaje
recuerdos y recalcaduras
emociones y fotografías antiguas

sin tener que mirar atrás
sin tener que tragar todo el asco mascado de los días
sin tener que decir adiós
sin tener que lastimar
y tener que partir
sin romper el silencio que encadena la ira
sin amainar el dolor y en la piel el ardor
sin desmitificar la noche que calienta la luz de luna del alma
sin acariciar la serpiente que se pasea en estas manos
sin
y partir
y embarcar sí y estallar
en la cresta y la impetuosidad de la ola y temer la onda

y navegar y encallar en la corriente del sur
y remar cuando el viento y el deseo reposen
y todas las auroras sean todas las puestas de sol
abandonar y partir
mas los amigos
los de infancia y los otros
todos los primeros besos los cigarros
hurtados y fumados
las primeras palabras atoradas
en la garganta ante los ojos tuyos
sin saber sonreír y amar y sufrir entre las manos
el primer amor
dejar todo y partir
y
sin ruta ni brújula
sin mapa ni nada
sin coartada ni compasión rasgar el viento
como se rasga el labio
en la voracidad del último minuto de partir
y
en cada relámpago de noche incendiado
haber camino tal vez para el norte
quién sabe para la muerte
y continuar partiendo
ahora
tener ausente el ansia
de sofocar la nostalgia
de delirar en la fiebre de estar solo
de tornear los callos de sal de las palmas
de las manos en la cintura del ecuador
de aplastarte los senos
en el firmamento de un orgasmo
después
tener presente la necesidad de añoranza
de la carta exacta en el correo restante
de otros parajes
del recado nunca dado
del no poder ser hoy y ahora
por la evidencia más cruda
de tener cerca dentro algo que sea
plenamente tuyo
partiendo
colilla apagada de un cigarro húmedo
pelo y ceniza sueltos en la melodía del viento
yodo en la herrumbre del anhelo de soledad
en alguna parte
no sea un espacio demarcado

y continuar partiendo
ahora
tener ausente el ansia
de sofocar la nostalgia
de delirar en la fiebre de estar solo
de tornear los callos de sal de las palmas
de las manos en la cintura del ecuador
de aplastarte los senos
en el firmamento de un orgasmo
después
tener presente la necesidad de añoranza
de la carta exacta en el correo restante
de otros parajes
del recado nunca dado
del no poder ser hoy y ahora
por la evidencia más cruda
de tener cerca dentro algo que sea
plenamente tuyo
partiendo
colilla apagada de un cigarro húmedo
pelo y ceniza sueltos en la melodía del viento
yodo en la herrumbre del anhelo de soledad
en alguna parte

no sea un espacio demarcado
paredes y alambre de espino
donde se entierre cada huella
en la arena suelta de los caminos que habré trazado
donde la sombra que me persigue permanezca
bajo la planta de los pies
que me transportan
donde el perfume tuyo en la memoria mía
no me despierte el anhelo
de volverme
partir
y sin tener que atracar
permanecer inmóvil
deleitar inmóvil los ojos en el rastro de espuma
que voy dejando atrás
atrás dejados inmóviles los versos
de la más púber inocencia
en algún lugar del foso del pasado
en el desván del tiempo
inmóvil el iris seco
abriendo la mortaja del náufrago
al que me condeno
inmóvil permanecer
pero partir

sentir entonces la marejada
del oeste del norte del este del sur
entrañárseme
espiral cuerpo abajo
agujas de relojes rodando
frenéticamente desenfrenados
sin mácula
saborear eso
y querer partir
mantener perenne el manto negro
del pasado del presente saberlo del futuro
y querer partir
consolará la sombra que hay en mí
solamente
no romperá ni un eslabón siquiera
de la cadena que no amordaza
pero que enclaustra el espíritu
incendiará la antorcha cuyo fuego comienza a propagar
en los puños cerrados que hay oblicuos
en el sofoco de esta alma que padece
sentir anhelo de partir

aguzar las iras que me contienen
plantar la infancia que los niños nunca tuvieron
sacudir el polvo de los ideales sobados
suciedad que ya no sale
devolver la dignidad
de mil veces mil por mil
hombres que rasgan la tela
y la carne en los andamios que levantan
esta tierra aún sumisa
que se obstina en florecer
e intentar partir
coger un puñado de las primeras
flores aún húmedas del primer
rocío del día nuevo que va a irradiar
y caminar hasta donde la tierra tiene por límite
el mar
sentir los pies enterrándose
en la arena aún fría
esbozar a la línea del horizonte un adiós
dos infinitos azules
tener que hincar los ojos a la tierra
sin lágrimas
y no partir








TÂNIA TOMÉ (Maputo,  Moçambique 1981) Poeta, cantora, compositora, economista y socio-activista. Presidente de la Asociación cultural Showesia, ganó diversos premios en todas sus áreas como economista, poeta y cantora. Ha publicado varios libros de poesía
y cds de música. Participa en diversas antologías internacionales  en China, España, Sudáfrica, Alemania y Chile.
www.taniatome.com

 Traducción por Gladys Mendía.



 De Conversaciones con la sombra



26


Lo que te digo, es de mí para mí

Conversación de adentros. ¿Entiendes?

Entiendes que no importa entender el mundo.

La nada es lo que más me agrada,

y busco en la sombra la nada.

Y solo ahí, entonces, me vuelvo a ver en ti.

Ah, se encendió dentro de mí

la propia sombra. Encendida

como el viento que el laberinto desdobla.

¡Ah, que ganas de comer las estrellas!

Mis manos son las que son esta historia.

Mis dígitos son los que son estos pensamíos.

Silencio. Pensamíos urgentes, espesos,

e hirientes como acacias.

Conocimiento largo en el suelo.

Yo quiero esperar el instante que viene.

Y después la burbuja de la palabra crece,

es un baño intenso y perfumado

de una mordedura de locura en la epidermis,

el desespero del mosquito que osa

invadirnos la sangre.

Y después el mosquito me ama de dolor,

y entonces dejamos de existir.

Y solo así existimos en el mundo.



  

27


¿Y después las palabras en cara de lluvia? ¿Y después lo ceniciento que cubre las casas? ¿Y

después el desprecio entre las manos tan diferentes, pero iguales?

¿Y después una música sangrando la miel que hay en existir?

¿Y después? ¿Y después del después que sigue?

Pues es precisamente eso que existo pretender. Esa flor deslizándose hacia el sueño, y dentro del sueño millares de sueños, en que creo en la forma como respiro. ACHÍSSS, existo y soy. Me soy principalmente para el cambio. Un cambio que no soy solo. Un cambio que soy contigo, con los otros y con nuestro futuro por venir.

Un cambio de comprenderme solo, en la comprensión de los otros.







28



Salir de casa aun exigía de mí un flaqueo.

Era como si el dolor de los siglos volviese y me agonizase.

A veces el curso del tiempo se volvía contra mí.

Yo tenía la libertad pero no sabía sacarle provecho.

Desaprendí más de la cuenta.

Aquella vida material me afectó

y comenzaba a estar cautivo en mi propia libertad.

Y yo no podía exigir más de mí.

Aquella puerta, era una puerta.

Podía abrir y cerrar. Estaba todavía en mí

proceder al movimiento de la intención.







domingo, 31 de octubre de 2010

Sobre Músico de la corte, de Felipe Moncada. Por Sergio Muñoz



“MÚSICO DE LA CORTE”
LA ESCRITURA DE FELIPE MONCADA
O EL VIAJE DEL PAISAJE BARROSO DE SAN FELIPE
A LA EXPLOSIÓN NEOBARROSA DE LA LENGUA

Sergio Muñoz Arriagada
Valparaíso, mayo de 2008


El engranaje retórico de esta presentación se echó a andar hace muy poco tiempo, por lo que voy a excusarme ante Felipe y ante ustedes de efectuar una lectura casi a primera vista.
Hace algunos días, recibí un llamado telefónico de Felipe, encargándome la escritura de una presentación para el libro que iba a presentar al final de la misma semana, en Valparaíso, publicado por Editorial Fuga. Un libro, cuyo nombre me pareció algo anacrónico y sospechoso: “Músico de la Corte”. Sin embargo, me comporté de manera educada y solidaria con Felipe y accedí a su petición, debo reconocer, no muy convencido, por la premura y porque generalmente me excuso de participar en estos ritos de presentaciones, lanzamiento o iniciación, donde casi no se presenta, donde generalmente no se lanza nada, y donde poco se inicia.
Porque este seudo-oficio de presentador de libros, aunque ustedes no lo crean, es ar-duo y duro. Implica, por un lado, el alejamiento de la familia, y por otro, la esclavitud de comenzar a girar días, noches y semanas, en torno a palabras llenas de ajenidad. Palabras que a veces no nos dicen mucho. Pero además, por otro lado, nos coloca en el riesgo de aquella actitud inconveniente y vergonzante de tener que promocionar efusivamente, y a veces hasta el hartazgo, textos que a uno -a veces- no lo convencen demasiado. Más aún, uno está aquí para entrar en la conciencia y en la billetera de los asistentes a estos eventos, para rogar que compren un libro que talvez uno no compraría. Es decir, una actitud de las peores, por donde se la mire.
Le pedí a Felipe que me enviara el libro, y aquella noche, al encontrarme finalmente con los primeros versos, debo reconocer que mi situación afectiva respecto del libro, y del autor, cambió radicalmente. Me sentí absolutamente complacido, halagado y agradecido por la invitación. Porque los versos iniciales del libro tienen que ver de manera increíble, precisa y certera, con algunos de los rasgos y características más queridos por mí, tanto en el estudio de la música, como en mi propia obra poética.

Dice Felipe en el arranque de su libro, en el poema “Campanas en el Puente”:

“Con trescientas ochenta campanas
compuse un palíndroma musical

si caminas en un sentido oyes una melodía
si caminas en el otro una melodía distinta

costó muchos viajes en avión
imaginar una partitura reversible: una casa de putas
a cuerda
un piano que cruza un río. Al ser necesario

compuse una garza que al batir
desordena las ideas de los peces

pero si las ideas son lunas o lupanares
el río se quiebra en las campanas.”

Es decir, en apenas 12 versos, Moncada da cuenta, o más bien, demuestra una filia-ción con una tradición musical riquísima y antigua, diversa y curiosa.
Por nombrar sólo algunos ejemplos: el minueto de la Sonata en Do Mayor de Haydn, donde el segundo movimiento es exactamente igual al primero, pero interpretado al revés; el Ludus Tonalis, colección de doce fugas escritas por Paul Hindemith, donde el postludio es igual al preludio, pero tocado invertido y al revés.
O algunos otros ejemplos de músicos o estilos que aparecen en la obra de Felipe Moncada. Por ejemplo:
Las fugas y cánones en espejo (directas e invertidas) de Johann Sebastián Bach en El Arte de la Fuga, en las Variaciones Goldberg y en El Clavecín Bien Temperado, entre otras, donde los temas se presentan al revés y con diversas modificaciones (aumentos y disminuciones rítmicas):

Cito a Moncada:

“el deseo es conectar música étnica
con pulsaciones de galaxias Bach…”

Las partes 14, 17 y 18 del Pierrot Lunaire de Arnold Schöenberg, escritas también como contrapunto canónico, en espejo e invertidas:

Cito a Moncada:

“su canto: un chirrear de máquinas de molino;
estertores en do-de-ca-fo-nía
para envidia de los agonizantes.”

Es decir, todas composiciones musicales de un trabajo formal denso, donde, de al-guna manera, la forma es la obra.


El título “Músico de la Corte”, parece hacer referencia al empleo de músicos que comienzan a efectuar los señores feudales y la nobleza europea a partir del siglo XIII.
¿Pero, cuál es la corte que aparece en estos textos? ¿Tiene alguna relación con nues-tra propia historia musical?
En rigor, la casa patronal de la Colonia chilena, nunca dio para tanto. No llegó a ser una corte, en el sentido europeo y clásico del término. Como lo dice Octavio Paz: “Hay una diferencia capital entre el pluralismo novohispano y el pluralismo medieval: los grupos que componían a la sociedad novohispana no tenían representación política y no conocieron esa forma hispánica de parlamentarismo que fueron las Cortes”.
La música en Chile, al menos hasta comienzos del siglo XIX, se dio fundamental-mente en dos espacios distintos, claramente diferenciados: primero, en el campo, ligada a una tradición más bien oral. Y luego, en el ámbito eclesial, donde se efectuaron los primeros ejercicios composicionales de música escrita en partituras en Chile.
Algunos hitos de aquello fueron la llegada del sacerdote jesuita y Cantor Juan Blas, en 1543 o la experiencia de otro sacerdote, Francisco Cabrera en 1573, en Valdivia. El enorme talento de dos indios yanaconas Juanillo y Diego, cantantes en el coro de la catedral de Santiago en 1579. Andrés de Olivares, organista de la catedral desde 1686. El español José de Campderrós, maestro de capilla de la catedral de Santiago entre 1793 y 1812, y la música creada y escrita por la esclava negra María Antonia Palacios a fines del siglo XVIII, por nombrar sólo algunos.
Sin embargo, es posible constatar que la experiencia musical en Chile, se enriqueció exponencialmente a partir del tráfico comercial y humano que se dio con lo más cercano a una Corte de verdad, como fue el virreinato del Perú. Desde 1778, año en que se decreta la libertad de comercio, y se deja de utilizar la ruta obligada del istmo de Panamá que era re-corrido a lomo de mula hasta llegar al Pacífico, se comienza a verificar un tránsito nuevo por Valparaíso, pues gran parte del comercio que llegaba desde Europa, así como también las compañías musicales que venían a presentarse a Lima, desde Europa o desde Buenos Aires, pasaban por Valparaíso. Es así como el 26 de abril de 1830, se presenta en Valparaíso la primera ópera: “El engaño feliz o el traidor descubierto” de Rossini.
Sin embargo, el dato que más nos puede ayudar en relación con el libro de Felipe Moncada tiene relación con el entusiasmo musical del Director Supremo. Bernardo O’Higgins, que estudió piano y composición en Londres, que tocaba el pianoforte con regu-laridad, como lo afirma María Graham en su diario, curiosamente puso al tambor mayor de la banda de Santiago, a estudiar y a perfeccionar sus conocimientos musicales (adivinen dónde) en la ciudad de San Felipe.
Me pregunto: ¿No quedará de ese gesto algún resabio en la memoria celular del poe-ta, o en el humus del lugar –que el poeta habitó- y que hizo brotar, 200 años después, a un músico, de otra corte, con otras preocupaciones y deberes laborales y estéticos que empiezan a crear una argamasa personal, curiosa y única en nuestra fértil provincia?


Sábato -en sus conversaciones con Borges- afirma que los sistemas filosóficos y li-terarios, casi siempre son desarrollo de una metáfora central. Siguiendo esta idea, el devenir de la obra de Felipe Moncada, está desembocando en algo que él mismo ha nombrado como “la transfiguración de payaso a plañidero”. Más allá de la broma, hay un asunto esencial vinculado más bien a la estética de su obra impresa. Porque la escritura de Felipe Moncada está sin duda en movimiento.
Después de realizar una lectura panorámica de lo suyo, yo diría que la clave de este cambio se encuentra en el Capítulo 3 de “Río Babel”, que lleva justamente por nombre “Babel”. Allí se produce una explosión neobarrosa que está teniendo consecuencias en la obra posterior (léase “Salones” y “Músico de la Corte”).

Cito a Eduardo Milán para contextualizar los alcances del término Neobarroso que ocupo, y que ocupa también Felipe Moncada en su libro.

Dice Milán:

“En su generalidad, los poemas "neobarrosos" practican una divi-sión entre la utilización programática de los significantes y el uso del len-guaje poético como señalamiento al marco social del estado de cosas del mundo. Utilización programática: el aumento del lenguaje, la constitución afirmativa del lenguaje poético jugará con el azar del parentesco eufónico como productor de significación, como señalador de un devenir -esa es la palabra- de significación no sujeto a un área semántica predeterminada. El poema, como juego del lenguaje, adquiere el derecho a desbordar cualquier área semántica pre-establecida en cuanto a la construcción de un objeto de arte.”

Obviamente, la utilización del término, no guarda relación total con la suma de ca-racterísticas estéticas y poéticas vinculadas al original. Por eso me parece interesante que nos situemos en el epicentro de esta explosión del lenguaje en la obra de Moncada, que como he dicho, se encuentra a mi juicio, en el capítulo 3 de “Río Babel”, donde el poeta dice:

“Se acabó el río de Babel, su deslenguadura
se curvó tras el último siglo, su hoguera fue neón.

Terminamos por fin de enredar la lengua:
ascensores de la torre se oxidan al eriazo

la liebre salta en cualquier momento.”


O más adelante:


“veo personajes
que burlan el tiempo en un jardín
vagamente
conocido:
un sueño a fin de cuentas
ajustado al marcapasos.

La palabra se quiebra en la página.”


Es curioso que esta explosión del lenguaje ocurra en un ámbito cerrado, circunscrito en un caso, a los salones, y en otro, a la corte. Tal vez el cambio más significativo en lo que respecta a Felipe Moncada es –por contraposición a su obra anterior- la ausencia, o más bien la presencia velada o silenciada de la naturaleza.
Indudablemente, ambos trabajos giran en una órbita similar, con personajes y esce-narios retóricos curiosamente acotados en tal dispersión de significantes y significados.
En “Salones”, plaquette editada este mismo año por ediciones Alquimia de Santiago, el fondo del fango expresivo, guarda una relación mayor con las artes visuales y la imagen. Sin embargo, hay también algunas otras alusiones y referencias a la música. Leo algunas de ellas:

- “los músicos llevan un monóculo y la partitura del aire entre los dedos”

- “y de una ventana cerrada, pueden elevarse las partituras de Pitágoras”

- “En el bodegón (una hoja de cálculos), se combinan una lámpara de petróleo, un violín y un paquete de tabaco, la tarea es resolver muchas veces el mismo problema, calcular hasta que las cuerdas ardan en su lámpara”

- “atrofian la quimera para no salir del canon, pero intentan superar el modelo con escuadra y compás religioso”

- “Humo que sale de un saxofón y una mujer pintada por Modigliani”

- “Cualquier acto podría contener poesía, cualquier texto en verso o prosa podría tener un final de cuerdas vibrando y un pez dorado que lo atraviesa”

- “a los instrumentos de guerra convertidos en musicales por encantamiento de Lesbia en su acuario de luz”.


En el caso de “Músico de la Corte”, la preeminencia de los elementos que constitu-yen el libro, está vinculado más bien al ámbito musical. Los 43 poemas del libro, están uni-ficados férreamente por la presencia de un hábitat simbólico donde se reiteran una y otra vez, los términos musicales, los nombres de instrumentos, la aparición de una orquesta neo-lítica, las pulsaciones de galaxias bach, el pentagrama de la sordera, etc.
Yo diría, la peripecia completa del músico instalado en el espacio cerrado de una corte algo extraña, que de alguna manera está ambientada a la manera de las cortes europe-as, pero que despide un tufillo recargado, donde es posible admirar a una serie de personajes caracterizados, casi como caricaturas que deambulan en las intrigas de palacio: La reina y el rey, las archiputas y pornodoncellas, el duque y la diuca, el archiobispo austríaco, el cardenal purpurado, los jotes, galanas, putas y doncellas, el teórico de palacio, etc.
Martín Cerda afirma en su libro “La palabra quebrada”, que el autor, en el sentido que hoy lo entendemos, es un producto de la sociedad burguesa: es el escritor liberado de la tutela que, a través del mecenazgo, ejercieron sobre su obra la Iglesia, la Corte y la nobleza.
Resulta curioso entonces, que Felipe Moncada, nos vuelva a sumergir en el espacio cerrado de la corte, con el predominio externo de esta tutela ideológica y estética en el más amplio sentido, a la que se refiere Martín Cerda, y que sin embargo, en el caso de Moncada, esta tutela encamine su poética hacia espacios de ecos, resonancias y reverberaciones más vinculados a las vanguardias europeas, o a la neovanguardia latinoamericana, (lo que él personifica como neobarroco, neodadá, y yo agregaría como neosurreal). En ese gesto de permanencia en un espacio cerrado, que sin embargo, tiende puentes expresivos desde la música y el encierro, a realidades transfiguradas más complejas, está -a mi juicio- el nudo fundamental de este libro.
Un elemento relevante en mi lectura de “Músico de la Corte” está vinculado justa-mente a la existencia de otro espacio cerrado, que aparece también en el libro, en sordina, pero que no tiene relación con el lujo de la corte, sino más bien con la suciedad y la sombra lúgubre de la cárcel.
Esa presencia, a mi juicio, está relacionada con la aparición del archipaco, los gen-darmes, el espacio de la prisión y la tortura, con su patio y sus claves inconfundibles.

Cito a Moncada:

- “En hueso de prisionero
tallé un par de lunas menguantes
la constelación de la zorra
y los agujeros del mes.”

- “y si le doy cuerda
es sólo por despistar a los gendarmes
pasatiempo, solamente
para ver crujir los engranajes del aire.”

- “Al gendarme le gustó el juego
y me permitió asomar a la ventana
dos veces al día:

ahí podía ver una cancha de cemento
y jugadores de cuerpo rotacional
dando patadas a una pianola

en las partituras colgaban su ropa mojada…”

- “ya que al cortarse
un gendarme grita desde el patio
y la idea vuelve a su ladrillo original”

- “una tarde que pendulaban los aromos
se aburrió de mi torpe sonatina
y cambió su favor a los amigos del archipaco…”

- “archipacos, gendarmes y galanas forman un tren
que se balancea con la borrachera del reloj”

- “quedando cualquier artefacto construido
en poder de los tribunales y su parentela”

Dice luego, en uno de los últimos atisbos de esta realidad carcelaria y judicial, que es posible verificar en su libro:

- “si algún jurado de la corte
hubiera jalado conmigo de la niebla del eriazo”

¿No será posible entonces, que la corte a la que se refiere el título del libro provenga más bien, o también, aludiendo a la polisemia del lenguaje, de una realidad más vinculada a los tribunales de justicia, y a la experiencia de la cárcel, más que a la corte principesca que aparece en una primera lectura?
Andan también en la obra de Moncada, algunas partículas extraídas de su experien-cia intelectual como Físico, y cómo no, si seguramente aquellos conceptos se relacionan con parte importante de la experiencia y de la identidad del poeta.

Dice Mocada en “Músico de la Corte”:

“mi teoría musical son antipartículas
disparadas por dios africano al azar”

“apenas me nombraron astrónomo imperial
Quise establecer la geometría mística de los cielos”

“un temporal de partículas parte las cajas
para que la comarca baile al compás”

O este último ejemplo donde Moncada hace coincidir tanto la cita científica como la conceptualización teórica y estética en una misma estrofa:

“Consideremos que neodadá
se comporta con densidad
sodomítica, de tal manera
que neobarroco se abanica
con la frecuencia del protón”

Como sea, Felipe Moncada es un poeta cuya obra me parece muy trabajada, cuidada y fina. Inteligente incluso en aquellos momentos expresivos donde el lenguaje pareciera ensuciarse. Es un poeta que, en rigor, no es de San Felipe, pero sigue siendo de San Felipe. Nació en Quellón, Chiloé, en 1973, vivió luego en Talca, donde terminó la educación me-dia, y estudió Física y Matemáticas en Santiago.
Ha sido fundador y director de la revista La Piedra de la Locura, con siete ediciones desde el 2002 al 2006. Ha obtenido diversos premios, entre los que destacan el septuagé-simo aniversario de las juventudes comunistas, el concurso Stella Corvalán de la Municipa-lidad de Talca, el concurso Dolores Pincheira de la SECH Concepción y la Beca del Conce-jo Nacional del Libro y la Lectura.
Ha sido antologado en varias publicaciones desde el 2002, y ha publicado los libros individuales: “Irreal” (2003); “Carta de Navegación (2006); “Río Babel” (2007) y “Salones” (2008).
Entre los años 2000 y 2006 vivió en San Felipe, incorporándose a este curioso grupo de nuevos y talentosos poetas del Valle de Aconcagua, donde la obra de nombres como Cristián Cruz, Camilo Muró, Patricio Serey, Lautaro Condell, Carlos Hernández, Marco López, Rodrigo Martel, Raúl Tapia y Lorena Véliz entre otros, comienzan a dialogar con el resto de las poéticas chilenas y latinoamericanas.

Cito nuevamente a Eduardo Milán:

“La actitud neobarroca es una crítica a la identidad cultural. Cru-ces de identidades, mestizaje, cultura no consolidada totalmente en sus valores -o asumida en los que construye cotidianamente-, la de América Latina parece ser una condición multicultural en transición constante.”

Al respecto dice el poeta Néstor Perlongher, autor del término:

“Yo hablaría de “neobarroso” para la cosa rioplatense, porque constantemente está trabajando con una ilusión de profundidad, una pro-fundidad que chapotea en el borde de un río.”

Resulta altamente sugestivo el trabajo que han realizado y están realizando estos nuevos poetas de San Felipe de Aconcagua, por cuanto han hecho posible articular desde allí, desde un barro distinto al rioplatense, por cierto, desde lo que he denominado como el paisaje barroso de San Felipe, un trabajo altamente concentrado en el lenguaje, que opera en el ámbito de una creación estética seria y en movimiento.

Yo creo que esta obra de Felipe Moncada, “Músico de la Corte”, trasciende al poeta, al músico y al físico-matemático que se esconde y sucesivamente aparece detrás de sus líneas, y espera la complicidad de lectores que puedan arribar a nuevos destinos estéticos después de su lectura.
Por eso, apelo al papel ingrato de quien debe entrar en sus conciencias y en sus bi-lleteras, para recomendarles de corazón, que adquieran este hermoso libro de Editorial Fuga, imprescindible a la hora de dialogar con la música, la física, la corte y la prisión que todos llevamos dentro.

jueves, 28 de octubre de 2010

DAVID BUSTOS: Poesía Actual de Chile


DAVID BUSTOS (Santiago de Chile, 1972). Ha publicado Nadie lee del otro lado (Mosquito ediciones, 2001), Zen para peatones (Del temple ediciones, 2004), Peces de colores (Lom ediciones, 2006) y Ejercicios de enlace (editorial Cuarto Propio, 2007). En el 2006 obtuvo el Premio Municipal de Poesía por su libro Peces de Colores. Sus poemas han sido seleccionados en diversas revistas y libros tanto en Chile como en el extranjero. Actualmente es editor de la Colección de poesía Amarcord de Ediciones del Temple.

Selección por Gladys Mendía



LA ACCIÓN ESTALLA EN CUALQUIER PARTE

Un caballero pudiente agudo como un puñal
(Violeta Parra)

Se trata de una mochila llena de explosivos
un vagón de metro repleto y la decisión
que has pospuesto por años.
No es el fondo del fondo
ni menos la permanencia de un estado sombrío:
el frío en los huesos o la frecuente inseguridad
de las manos ahorcando una idea que tirita.

No, se trata de esto y esto,
una arruga en la frente el mal olor de las personas
el futuro crepitando
a la orilla de una carretera que no puede y debe
conducir a ninguna parte.

Es algo sin dimensiones que se expande y expande
algo que no existe, pero que he inventado para hacerte daño
para hacerte sentir la necesidad de volar esa mochila
en el vagón más lujoso de tu mente.
No es el apellido, es el nombre completo
que se quiebra en alguna parte
como todo lo que se une punto a punto
y toma cruel desvío.
No es el oscuro Pozo
es la mínima expresión de esta condena
un aliento que modula sílabas salivadas
salidas en un árabe poblacional
un árabe infanto-sexual.

Una secuela biológica
la historia mal resuelta de esta casta
castrando canibalizando
hasta el cansancio
el presupuesto de todos los sueños
mis sueños.
Insisto, no es un apellido es algo menos profundo
pero a todas luces dañino.




martes, 19 de octubre de 2010

CAMILO MORÓN: NARRATIVA VENEZOLANA


Alguien me Hizo Recordar que Alguna vez Vestí un Inverosímil Pantalón Rojo

Los colores mudables del corazón que lleva la cara rayada como un vísure bajo todos los soles, alimentado por todas las arenas de oro. El mito yacía descuartizado, hecho girones, putrefacto y pegajoso, bajo un montón de recuerdos de ocasión, de borracheras deshilachadas, sublunares, aromadas por la traición y la piel anónima de mujeres al paso, sin rostros ni nombres. Recuerdos cortados a tijera y pegados con engrudo, recuerdos verdaderos atrozmente maquillados de recuerdos falsos.

Aquellos pantalones rojos tenía la textura del olvido, justo la del olvido, como el algodón mojado de sangre al tacto, hasta que alguien una mañana andina me hizo recordarlos. Colgaron al sol pendiendo de las cuerdas de la memoria apenas un momento miserable. Luego se hundieron en el pantano de todo lo que creemos que nunca ha pasado. Aquellos pantalones que nunca fueron, como el unicornio azul de la vieja canción, eran testigos de otra configuración mental, más joven, ágil, veloz, hambrienta, un reptil caliente; una piel menos prejuiciada, porque los prejuicios crecen con los días y fructifican amargos con los años.

La estampa recuperada de los pantalones rojos limita los bordes de una caja de embalaje, acaso un ataúd. Eran pantalones regalados, acaso abandonados al paso para damnificados de lluvias tropicales de estación, pantalones de hermafrodita o andrógino, pantalones para vestir un bufón sangriento que recorre el mundo con una antorcha en cada mano y un cuchillo mordido entre los dientes. Cuando mi madre me preguntó si los quería, tuve el anuncio subcutáneo de querer olvidarlos, pero así y todo los acepté. Retamos en la gota suspensa del presente el ridículo del mañana…

Aquellos inverosímiles pantalones rojos pasearon las calles andinas acaso dos o tres veces, cuando los pantalones negros o azules o marrones estaban petrificados de mugre, sudor y dejadez. Cuando se es joven y delincuente (por experimentación) no se tiene tiempo para la batea ni dinero para la lavandería. Apenas hay tiempo para beberse el mundo en un solo trago largo, mientras se brinda a todo pulmón VIA EST VITA.

Alguna chica paramera me vio vestir los pantalones rojos y le quedaron tatuados en los ojos. Cuando ella me hizo recordarlos, ya eran historia antigua, convenientemente arrumada en una esquina polvorienta del cerebro, exiliados del guardarropa biempensante de mi condición de anarquista asalariado.

Recordé los pantalones rojos en otras esquinas distantes de la geografía de la memoria. Una cuando un amigo de nombre mafioso hablaba a mis alumnos de artesanías, y vestía él un llamativo pantalón color de sangre de toro. La otra en un bar de las afueras, siempre en las afueras, cuando vi, viajero del tiempo, humo sobre el agua, a Ian Gillan, vocalista de Deep Purple, vestir un pantalón color de sangre coagulada. Otra viendo un documental sobre la película Tiburón y veo con asombro a un burócrata vestir pantalones color de herrumbre. En un oleo fechado hacia 1826, el Mariscal Antonio José de Sucre, héroe de Ayacucho y otras matazones, lleva ajustado pantalón rojo. No era esto capricho ni extravagancia de joven militar, pues los grabados de la época nos muestran a los Mariscales de Campo y a los Capitanes Generales vistiendo el trapo rojo en las piernas tintas en gloria (Vide: Bueno, José Ma.: Uniformes Militares Españoles. El Ejército y la Armada en 1808). En estos tiempos de decadente machismo urbano y digital, de mucho sexo oral (habladera de paja), llevar pantalones rojos es un grito estridente o una estupidez, no así vestir con trapos rojos otras comarcas de la anal-tomía…

Y una noche, cuando desenterraba el cadáver putrefacto y pegajoso de Michael Jackson, constaté que llevaba los pantalones rojos que vistió en Thriller. “Sientes la mano fría y te preguntas si alguna vez verás el sol cierras tus ojos y esperas que esto sea sólo imaginación pero al rato oyes que la Criatura está arrastrándose atrás estás fuera del tiempo”. Fueron emboscadas de colores en la geografía sin mapas de la memoria. Ahora, vestido de gris plomo a flor de piel, llevo el corazón disfrazado de bufón con los girones de un pantalón sangriento.

Camilo Morón



viernes, 15 de octubre de 2010

KARINA VALCÁRCEL: Poesía Actual de Perú


KARINA VALCÁRCEL (Lima, Perú 1985) Estudiante de periodismo. Realizó estudios de artes plásticas en las escuelas de arte ENSABAP y Corriente Alterna entre los años 2002 y 2006.Fue editora de la publicación de creación en formato fanzine “Heridita” hasta su último número producido e impreso en el 2008.
Ha publicado los libros “Poemas Cotidianos” bajo el sello editorial Casatomada (Lima, octubre 2008) y “Una mancha en el colchón” con Lustra editores en enero del 2010. Dirige el taller de creación literaria “Instrucciones para volar” realizado anteriormente en el Centro Cultural Alberto Quintanilla y la Pontificia Universidad Católica del Perú. Textos suyos han sido publicados en distintos medios, impresos y virtuales así como en la muestra poética “Cuatro” – Ed. Paracaídas, 2009 – y en la antología “Nueva poesía peruana: Post Hora” – Ed. Espartako, 2010. Actualmente se dedica a la promoción cultural. Escribe como respira. No baila.
karinavalcarcel.blogspot.com

Selección por Gladys Mendía



DOCUMENTAL

Pasará un día
el pájaro despertará/ y al abrir sus alas/ no habrá viento que lo impulse/
sus semejantes serán a penas
siete aves con máscaras de oxígeno
y la rama donde ahora estaría su nido
y la rama donde ahora estaría su nido ¿Dónde estará?

Al abrir los ojos el campo ya no estaba
mi hijo no ha crecido con la infancia sumergida en aroma de eucalipto quemado
no sabe qué es el mar
sabe que nada es para siempre
y no puede llorar,
no tiene agua en el cuerpo.

Pasará que una noche
extrañaremos las estrellas
como si alguien nos hubiera extirpado la sonrisa
y el camino donde nos deteníamos a abrazarnos
y tus flores favoritas
y las piedras que lanzabas los veranos en la playa
y el gras recién cortado
y el color azul
y las manzanas
solo serán parte de un documental de la National Geographic.

Pasará que el detergente sea la nueva Coca-Cola
y no quedará nada para lavar nuestras conciencias.





viernes, 8 de octubre de 2010

Selección de Poesía Ecuatoriana Actual I PARTE. Por Augusto Rodríguez

I PARTE



Siomara España (Manabí, 1976)

El regreso de Lolita

Yo soy Lolita
así los Lobos esteparios
me desenreden
las trenzas con sus dientes
y me lancen
caramelos de cianuro y goma.
Intuí mi nombre aquel día del puerto
con los náufragos
¿recuerdas?
Y aquel combate
con Vladimir, el imperecedero.
Sé que soy Lolita
lo supe cuando me entregó
sus manos laceradas de escribirme.
Por eso cuando apareciste
libidinoso y suplicante
a contarme tus temores
te deje tocarme
morder mis brazos y rodillas
te deje mutilar entre mis piernas
los ardides de Charlotte.
Sabía que tu vieja espada
cortaría una a una mis venas
mis pupilas
y me burlé cien veces
de tu estupidez de niño viejo
llorando entre mi vientre.
y cuando todos los náufragos del mundo
volvieron a mi puerto
a entregarme dadivas
que yo pagaba con carne
tú saltaste tras mi sombra
mientras yo, huía y bailaba.
Por eso sé que soy Lolita,
la nínfula de moteles y anagramas
que vuelve con la maleta al hombro
a retomar tras años el pasado.



Luis Bravo (Milagro, 1979)

Sofía

Salgo a las doce de la noche,
a darle un trozo de vidrio a los niños.

“Vuelvo…
¡Junta la puerta para que entre yo,
para evitar a los ladrones!”.

Hay algo de noche en el gato.
Hay algo de gato en el zinc que da a la calle.

Al final del jardín un duende defeca,
lo sé por los árboles
-¡tosen los árboles!-;
tiene la oreja de un cerdo
y el mandil de un carnicero;
Me arropo mientras la araña me mira:
sueño a Kerouac atropellado por un camioncito de marihuana,
y en el cuarto adjunto,

(a ti)
se te revientan los ojos.



Rocío Soria (Quito, 1979)

Él (11)

Seres inanimados pueblan su cuerpo por dentro
está hecho de miles de ellos
está hecho de las repeticiones de sus propios gestos y lloros
tantos que le es imposible encontrarse la cara con la mano y secarse
los ojos.

Seres inanimados pueblan su costumbre,
tiene espejos atravesándole la columna vertebral,
se apoya pero no lo lamenta,
se acarrea en su soledad sórdida
de un lado hacia otro
con una inexplicable picazón en las ventanas.

Una canción oscura vive en el fondo de sus ojos,
como terminando de alucinar
con el ángulo homicida empotrado en alguno de sus enfisemas.

Ha olvidado abierto uno de los cajones dentro de su cabeza,
y es como si una fruta rodara para perderse
debajo de algún sillón.
Y ningún ángel le guardara fidelidad.



Alexis Cuzme (Manta, 1980)

Podemos mentirle al placer

Sigilosamente
la tarde arrebata desencantos.
Creer en tu sexo,
en su frescura,
sonoridad,
es común y agotador.
Zozobra el artificio,
pero podemos mentirle al placer.
Amor,
tus glúteos encierran otra forma de vitalidad.



Marcelo Villa Navarrete (Quito, 1981)

Jinete

cuando tenga un hijo
habrá un sol ocultándose de mi ventana
y quizás porque ya no seré
la única sangre derramada por el mundo
cada día se alternarán
la dicha y la agonía
qué podré decirle a mi hijo
sobre la guillotina del tiempo
la miel silvestre de las caricias
o los verdugos que acechan nuestras espaldas
tendré que dejarle caer
sobre una almohada de agujas
o sobre un abismo de pétalos
será otro jinete embistiendo la noche
y no tendrá más alternativa
que deambular con su brújula de polvo.



Freddy Ayala (Latacunga, 1983)

Visiones

Enfurece el sol detrás de mis omóplatos
la mañana llega con muletas
cuando tu pezón
hace borbotear al agua
soy testigo de tormentas grises
desentierro dardos a la espuma
excrementos de papel carbón
parpadean raros mares
sus orillas topan tierra
las olas levantas páginas

dientes lanzados hacia el lodo
donde los designios se diluyen
la neblina aloca en mi boca
un remolino que se lleva las agujas
los barcos estampas reverencias
cachalotes en la alegoría de su sexo
presurosos por esperma
aparecen a cien leguas.



Ana Minga (Loja, 1983)

XIV

Te he sacrificado.
La ciudad está desinflada
dos pichones con alas harapientas rezan conmigo.

¡Dios! ¿Qué Dios está detrás de ti?
tus hijos respiran en mi estómago
me los comí de desesperación
al sentir que el espermatozoide
cruzaba los límites de la paciencia.

Perdón
te he sacrificado
como a todos los que se han acercado
mi culpa
es mi culpa
pero de qué me sirve
si el día de los espíritus muertos llega cada mes
me reclaman sus tumbas
quieren ponérselas
y Yo
sólo puedo mirarme los ojos.



Dina Bellrham (Milagro, 1984)

Anhedonia

Hasta los sismos en las piernas han mutado a esfinges. Hemos huido de la catástrofe de las encías. Nos mudaremos de falanges y ventanas, con el miedo bajo el brazo cual portafolio de oficina. El parque se torna pluvioso, quebradizo. No basta crujir nuestros dientes de columpio, ni bostezar resbaladeras si nos sobran extremidades y saliva. El suelo se ha vuelto puta en los zapatos. Y yo pretendo seguir de raíz en los cordeles, ahora que hay suburbios en un racimo de ósculos.



Tamara Acosta (Guayaquil, 1986)

Falo maternal

Permite a mis labios succionar el alimento de antaño. Beber del pecado desgarrando la manzana mientras simulo el sueño prohibido. Mi lengua cicatrizará tu castillo, dando rienda suelta a nuestro galope, entrelacemos nuestra lúbrica miel y pezón a pezón unámonos, atando en venas nuestra desnudez, probando de tu boca mi bosque humedecido por el líquido de desamor. Desgárrame el dogma, el prejuicio,
la atadura para que mi fuerza, irrumpa en el clítoris, los latidos de sabernos y sentirnos amadas.



Carolina Patiño (Guayaquil, 1987-2007)

Adiós

Tan cansada de estar aquí
con todos estos miedos sin infancia
me voy sin perdurar
sin lograr que voltees por mí
sin lograr que enciendas la luz
sin lograr que abras tus ojos
el dolor tan limpio no sostendrá tu mano
demasiados espejos
descuelgan tambores en mi funeral.






lunes, 27 de septiembre de 2010

GERMÁN MENDÍA: Poesía Venezolana


POESÍA VENEZOLANA
GERMÁN MENDÍA ADAMES



Germán Mendía Adames (Venezuela, 1929) Profesor de Historia y Geografía de Venezuela. Abogado de La República Bolivariana de Venezuela, Universidad de Los Andes. Doctor en Derecho, Universidad de Los Andes. Síndico Procurador Municipal del Municipio Zamora Villa De Cura, Estado Aragua. Procurador General del Estado Aragua. Defensor Público de presos, Maracay, Estado Aragua. Juez Segundo de Primera Instancia en lo Penal, Maracay, Estado Aragua. Actualmente Juez jubilado.


TARDE BARINESA


Aquí estoy frente a la tarde nueva
caminando yerto sobre la verde alfombra
tapizada de inspiración llanera
y ahora que mis ojos de esmeralda se tiñeron
perdidas en la distancia las últimas reliquias vespertinas
como faroles en cadena atados
un collar de horizontes luce Barinas.

Como se va la tarde hecha de fuego, espérame, llévame en tu seno
congoja de luces y tinieblas como mi recuerdo sólo vas dejando
tenues gemidos bruñidos por brisa es la estela de tus abrojos
y los efluvios de tu traje gualda en pos de vaguedad escaparon
como tantas cosas se van del alma.

Vamos, detente, no me dejes solo con la noche
¿Qué voy a platicar con ella si ella no me conoce?
Vamos, esconde tus opacos dedos en la almohada sabanera.
Y no abras el broche al nocturnal velo

Taciturna se escondió en lontananza el espacio poco a poco se fue poblando
cuando las aguas del Pagüey se escapaban entre las recias piedras
como las notas del joropo barinés por las cuerdas del arpa nueva
y triste he quedado en el solitario monte
con la emoción plasmada en los deseos de arrancar un farol a tu collar de horizonte.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

RAFAEL CADENAS: Poesía Venezolana


RAFAEL CADENAS (Barquisimeto, Lara, Venezuela 1930) Poeta, ensayista y profesor universitario venezolano. Formó parte del grupo «Tabla Redonda» de Latinoamérica a comienzos de la década de los sesenta. En 1985 recibió el Premio Nacional de Literatura de Venezuela y en 2009 el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, en Guadalajara, México, entre muchos otros. Sus libros de poesía:
Cantos iniciales (1946)
Una isla (1958)
Los cuadernos del destierro (1960, 2001)
«Derrota» (1963) [poema publicado el 31 de mayo en Clarín del viernes; compilado en 1970, junto con Los cuadernos del destierro y Falsas maniobras]
Falsas maniobras (1966)
Intemperie (1977)
Memorial (1977) Edición bilingüe (Español-Inglés), publicada por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (2007)
Amante (1983)
Dichos (1992)
Gestiones (1992) [Premio Internacional Juan Antonio Pérez Bonalde]
Antología (1958-1993) (1996), (1999)
Amante (bid & co. editor, 2002) [livre d'artiste con 58 grabados de Norma Morales)
Poemas selectos (bid & co. editor, 2004, 2006, 2009)
Amant (bid & co. editor, 2004) [traducción al francés de «Amante»)
Lover (bid & co. editor, 2004, 2009) [edición bilingüe de «Amante»)
El taller de al lado (bid & co. editor, 2005) [conjunto de sus traducciones)

Selección por Gladys Mendía




Derrota



Yo que no he tenido nunca un oficio
que ante todo competidor me he sentido débil
que perdí los mejores títulos para la vida
que apenas llego a un sitio ya quiero irme (creyendo que mudarme es una solución)
que he sido negado anticipadamente y escarnecido por los más aptos
que me arrimo a las paredes para no caer del todo
que soy objeto de risa para mí mismo que creí
que mi padre era eterno
que he sido humillado por profesores de literatura
que un día pregunté en qué podía ayudar y la respuesta fue una risotada
que no podré nunca formar un hogar, ni ser brillante, ni triunfar en la vida
que he sido abandonado por muchas personas porque casi no hablo
que tengo vergüenza por actos que no he cometido
que poco me ha faltado para echar a correr por la calle
que he perdido un centro que nunca tuve
que me he vuelto el hazmerreír de mucha gente por vivir en el limbo
que no encontraré nunca quién me soporte
que fui preterido en aras de personas más miserables que yo
que seguiré toda la vida así y que el año entrante seré muchas veces más burlado en mi ridícula ambición
que estoy cansado de recibir consejos de otros más aletargados que yo («Ud. es muy quedado, avíspese, despierte»)
que nunca podré viajar a la India
que he recibido favores sin dar nada en cambio
que ando por la ciudad de un lado a otro como una pluma
que me dejo llevar por los otros
que no tengo personalidad ni quiero tenerla
que todo el día tapo mi rebelión
que no me he ido a las guerrillas
que no he hecho nada por mi pueblo
que no soy de las FALN y me desespero por todas estas cosas y por otras cuya enumeración sería interminable
que no puedo salir de mi prisión
que he sido dado de baja en todas partes por inútil
que en realidad no he podido casarme ni ir a París ni tener un día sereno
que me niego a reconocer los hechos
que siempre babeo sobre mi historia
que soy imbécil y más que imbécil de nacimiento
que perdí el hilo del discurso que se ejecutaba en mí y no he podido encontrarlo
que no lloro cuando siento deseos de hacerlo
que llego tarde a todo
que he sido arruinado por tantas marchas y contramarchas
que ansío la inmovilidad perfecta y la prisa impecable
que no soy lo que soy ni lo que no soy
que a pesar de todo tengo un orgullo satánico aunque a ciertas horas haya sido humilde hasta igualarme a las piedras
que he vivido quince años en el mismo círculo
que me creí predestinado para algo fuera de lo común y nada he logrado
que nunca usaré corbata
que no encuentro mi cuerpo
que he percibido por relámpagos mi falsedad y no he podido derribarme, barrer todo y crear de mi indolencia, mi
flotación, mi extravío una frescura nueva, y obstinadamente me suicido al alcance de la mano
me levantaré del suelo más ridículo todavía para seguir burlándome de los otros y de mí hasta el día del juicio final.





lunes, 30 de agosto de 2010

REFLEXIÓN SOBRE EL BICENTENARIO


Entrevista al historiador venezolano Camilo Morón sobre el 5 de Julio de 1811 (a modo de Ensayo) que no llegó a Publicarse en la prensa formal

En la Curiana de los indígenas caquetíos, la Santa Ana de Coro de los conquistadores e invasores españoles, simplemente Coro, de los descendientes mestizos, a un joven historiador que ya anda largo por su tercera década, se le urgió respondiera una serie de preguntas referidas a una de las incontables y carnavalescas efemérides de la Patria. Venciendo rudas limitaciones de salud, el historiador en ciernes hizo a un lado sus quebrantos, y anudó lo mejor que pudo –entre la fiebre y el delirio– algunas ideas maduradas desde los tiempos de estudiante de Historia y Etnología de la Universidad de Los Andes. Todo esto al filo de la media noche entre escalofríos y turbias referencias a diccionarios. A la mañana siguiente, cobijado por un barniz de sudor, el joven y afiebrado pensador se encontró con que su escrito había sido hecho a un lado en beneficio de las declaraciones oficiosas un alto funcionario y de los lugares comunes y sin salero de un cagatinta de la Redacción.
Estas contadas líneas que aquí reproducimos merecieron el calificativo de “polémicas”. Van sin adornos ni añadidos. Hemos modificado ligeramente las preguntas para no poner en evidencia al rotativo, pero a poco que se esfuerce el lector identificará plenamente la fuente del desaguisado. Sólo omitimos en esta versión la inocua pregunta sobre comiquitas aplicadas a la enseñanza de la historia, que concluía la desafortunada entrevista, en el entendido de que aquellos que ponen la cómica son quienes aún no se han dado cuenta que la historia no la hacen los héroes, la Historia la hacen los pueblos.

¿Existe un nuevo enfoque de cómo hacer historia?

Para responder esa pregunta debemos hacer una serie de precisiones. Distinguir entre Historia, con hache mayúscula, historia, con hache minúscula, y, finalmente matizar qué es la historiografía o las corrientes historiográficas. La Historia, con hache mayúscula, es el devenir de la especie humana, así como se dice que cultura es todo aquello que el hombre hace, o siguiendo la famosa inversión de José Manuel Briceño Guerrero, cultura es todo aquello que no se explica sin el hombre, podemos decir que Historia, con mayúscula, es todo lo que el hombre hace y que puede ser expresada en una ecuación: acontecimientos humanos, sobre tiempo humanizado. Consideremos la explosión del Vesubio en tiempos del imperio romano: por una parte, es un capitulo de lo que hasta el siglo XIX se llamó Historia Natural, y que modernamente corresponde a la ciencia Geológica, pero en el momento en que sepulta bajo las cenizas las ciudades de Pompeya y Herculano, se hace Arqueología y por consiguiente Historia. La historia, con hache minúscula, es una narración de hechos pasados, y no necesariamente en prosa, la crónicas medievales podían estar escritas en verso, y en lo que se refiere a la historia americana, consideremos la obra de Juan de Castellanos “Elegías de Varones Ilustres de Indias”, que es el poema más largo jamás escrito en la lengua de Cervantes y al que el historiador científicamente formado puede ir en busca de noticias sobre Manaure, Juan de Ampíes o Lope de Aguirre. Así, pues, la historia no debe estar necesariamente escrita en prosa. La historiografía es el estudio de la producción intelectual de los historiadores y es como la revisión crítica de esa producción. En un estudio sobre Bolívar, Gabriela Soriano ha dicho que la historiografía es un enfoque que trata de conocer “cómo fueron propiamente las cosas” y no de formular una imagen del pasado que sirva de supuesto para enfrentar los problemas existenciales de los pueblos. Como dice Soriano: “Lo uno es historia; lo otro es apologética. Lo uno responde a una actitud intelectual; lo otro a una actitud existencial. Ambas tiene su razón de ser; ambas responden a perspectivas, objetivos e intereses distintos, sin que por otra parte, quepa llegar entre ellas a una solución de «justo medio», pues se trata de realidades distintas e irreductibles.” Hay aún una tercera interpretación de la historiografía como el estudio de lo algunos historiadores han escrito sobre tal o cual tema, una especie de encuesta con reflejos pálidos de crítica. Considerada por algunos estudiosos como un ejercicio cerebral gris y estéril. Finalmente, puede hablarse de historiografía en términos de la Filosofía de la Historia. Hubo una historiografía romántica en nuestro suelo como “Venezuela Heroica” de Eduardo Blanco, positivista como “Cesarismo Democrático” de Laureano Vallenilla Lanz, marxista como “Latifundio” de Miguel Acosta Saignes. En mis tiempos de estudiante universitario, se llegó a hablar de una historiográfica post-moderna, lo que es un sinsentido en sociedades que no han alcanzado plenamente la modernidad. Aquello de la post-modernidad fue como un sarampión intelectual, hoy absolutamente devaluado. Croce lo dijo de una manera más sintética: toda historia es historia presente.

¿Qué importancia tiene la celebración del centenario de la independencia en América?

En primer lugar ¿qué celebramos?
En segundo, ¿tenemos motivos para celebrar?
Considera que en los territorios dominados por los incas, no había desnutrición infantil entre sus súbditos. Hoy en esas mismas tierras las cifras arrojadas por la FAO son espeluznantes. Y esto no lo dice una visión nostálgica del pasado. Lo dicen la Arqueología y la Sociología. Desde luego, es la oportunidad para que los gobiernos de turno, de un extremo al otro del continente, saquen del closet un patriotismo de hojalata y cartón piedra. Pero parejamente a esta verdad, también es una ocasión para evaluar el curso de nuestra historia, de aquella historia común como naciones. Hay quien dice la historia enseña a los pueblos a no repetir los errores. Eso es falso y demuestra un escaso conocimiento de la historia como agente de cambio social, a lo sumo la historia puede señalar los peligros y los escollos, pero nunca evita que los pueblos marchen a su propio paso, sin cuidarse mucho ni poco de lo que dicen los historiadores, que para colmo de males suelen contradecirse.
A Mario Briceño-Iragorry, verbigracia, le preocupaba la pérdida de sentido histórico que se observaba en la comunidad venezolana. Y lo achacaba a la manera cómo se estaba enseñando la historia en escuelas y liceos y a la forma cómo se pretendía mostrar el proceso nacional a estudiantes y al gran público. Las investigaciones realizadas por Gil Fortoul, Laureano Vallenilla Lanz, Pedro Manuel Arcaya, César Zumeta, Lisandro Alvarado, Julio C. Salas habían caído en el silencio y condenadas al ostracismo. Se quería enseñar que Venezuela había nacido el 19 de abril de 1810, como Palas Atenea de la cabeza de Zeus: madura de un todo. Se pretendía borrar el proceso de formación de una sociedad, los trescientos años de gestación de la conciencia nacional, la tradición cultural, religiosa y económica. El discurso oficioso imponía héroes letrados y militares, ideólogos y caudillos, cuya obra extrae a Venezuela del seno de las tinieblas un día de abril de 1810. “En este plano –escribe Ramón J. Velásquez– se desconocían las propias advertencias del Libertador cuando observaba que nuestras sociedades hispanoamericanas para el momento de la Independencia eran viejas en usos civiles y la muy trágica de que habíamos perdido todo lo alcanzado en la larga gestación colonial a cambio, únicamente, de la Independencia.” Y a renglón seguido, destaca: “Para Briceño-Iragorry, la historia que elimina a la sociedad para relatar de forma avasallante la vida de un caudillo tras el cual marchan silenciosas, sumisas, las masas es uno de los factores que han estimulado en Venezuela las tesis cesaristas y las corrientes dictatoriales.”

¿El cinco de julio, nacen los patriotas? ¿Cuál fue la actitud de la actitud de la Provincia de Coro en este momento de la Historia?

Ocurre aquí algo muy interesante, porque los agentes políticos venezolanos de 1810 son los mismos que reciben –muy mal– a Miranda en 1806. Lo que había cambiado sensiblemente era la situación europea, más señaladamente la invasión de España por los ejércitos napoleónicos. En “Cesarismo Democrático”, Vallenilla Lanz considera que la Guerra de Independencia fue una Guerra Civil, y lo demuestra con cifras. Decir esto entonces y ahora es condenarse públicamente a la hoguera. Por otra parte, los patriotas son una invención de la historia romántica. Los llaneros que combatieron con Páez son los mismos que cabalgaron con Boves. El Negro Primero lo confiesa en alguna ocasión ante el propio Bolívar, basta leer las memorias de Páez. El Negro Primero llamaba a la forma de gobierno republicana “diablocracía.”
Durante la Guerra de Independencia, Coro fue por largo tiempo un enclave realista y ello ayuda a explicar por qué una Real Cédula es promulgada en fecha tan tardía como 1815, indicando se organizara la Provincia de Coro, y así persistió por orden del Rey de España hasta 1818, sin que pudiera realizarse a plenitud lo ordenado en dicha Cédula. Coro, durante la Primera República, se constituyó en arsenal y refugio del realismo venezolano. Este rol lo asumirán Maracaibo y Angostura durante la Segunda República. Coro fue tomado por los patriotas en 1821.

¿Los grandes héroes del cinco de Julio: Bolívar y Miranda?

La historia que ejerzo como profesión es la historia de los pueblos y no la historia de los héroes. Pero es bueno precisar que el papel de Bolívar en los acontecimientos del 5 de Julio es un papel de coro, con esto quiero decir que su perfil se destacará posteriormente. De hecho, el primer discurso de Bolívar está fechado el 3 de julio de 1811. Bolívar incluso pierde la guarnición de Puerto Cabello ante Monteverde en 1812. Bolívar y Miranda eran miembros de la Sociedad Patriótica, que era el ala más radical entre los conspiradores. Miranda tenía cierto prestigio entre los radicales, pero era temido por los sectores más conservadores dentro del movimiento independentista. Recordemos que fueron los patriotas quienes detienen a Miranda en La Guaira y lo entregan a las autoridades españolas.

Mgs. Sc. Historiador Camilo Morón

miércoles, 25 de agosto de 2010

CAMILO MORÓN: Narrativa Actual Venezolana


El Garúa como Máquina del Tiempo

Frente al cobalto del Caribe, al noroccidente de Venezuela, se encuentra el Estado Falcón; su silueta semeja un hombre hundido hasta los hombros en las nobles arenas de los médanos; su anatomía o debiésemos decir su geografía comprende el sistema de la costa, conformado por playas de suave declive, arenas blancas y doradas y bosques de enigmáticos manglares; el sistema montañoso, hada huraña y bruja lujuriosa, dibuja su silueta desde pequeños montes cubiertos de vegetación xerófila hasta montañas cuyas cumbres están veladas por la doncellez de las nubes y lucen una vegetación de exuberancia tropical con ansias de selva; el sistema de la llanura, propio de shamanes, santos, seretones y ascetas, es un lienzo de amarillo pintado en la llanura árida, cubierta de espinos y cardos; como un espejismo de verdes es la llanura inundable en la estación lluviosa, rica en pasturas para la explotación ganadera y en arboles maderables. En toda esta variada geografía rondan las ánimas, las brujas, los duendes, los encantos, los fantasmas. los poemas, los poetas y los cuentos. Y en el corazón de este mosaico palpita una Máquina del Tiempo: El Garúa.
Una llovizna de recuerdos atrapada entre sabias paredes de barro. Vigas como nervaduras de cardones. Y en el aire la tertulia en calma, a su ritmo acompasado, un ritmo próximo a la amistad. Pese a que El Garúa adolece de esquinas sombrías, pues está poblado por la luz, podemos recitar al Baudelaire de Le Vin de L Assassin:

Nadie me puede comprender. ¿Uno solo
De entre estos borrachos estúpidos
Sueña en sus noches mórbidas
Hacer del vino un sudario?

Esta crápula invulnerable
Como las máquinas de hierro
Nunca, ni en verano ni el invierno,
Ha conocido el verdadero amor,

Con sus negros encantamientos,
Su cortejo infernal de alarmas,
Sus redomas de veneno, sus lágrimas,
Sus ruidos de cadenas y osamentas.


La rockola no es una suma de engranajes y circuitos: Es el más compresivo de los psiquiatras. Al marcar la combinación de letras y números que corresponde a una canción de Pedro Infante, de Julio Jaramillo, de Felipe Pirela, de Daniel Santos, damos al alma el musical tratamiento que requiere para sanar sus moretones. Desde luego, hay una graduación en ese acto curativo que va desde la contemplación desnuda del dolor propio hasta el exorcismo de la razón. En ese carrusel de alcohol y emociones hay escalas para todos: desde un bronceado de fantasía poética tropical hasta una Siberia del intelecto. Pero el alcohol y el despecho son rasgos que El Garúa comparte con otros lugares de semejante vocación y que si bien lo hacen cálido y humano en nada diferencian sus coordenadas; lo distingue el paso del Tiempo en el escenario: Una gráfica de Oswaldo Vigas de los años cincuenta, la época de las Brujas; el cartel de una marca de cigarrillos que ya no se encuentra en las bodegas desde hace cincuenta años; la publicidad de un refresco carbonatado del que ninguno de los contertulios recuerda su sabor de tanto ha que se secó el recuerdo en la lengua.
En soledad, pues El Garúa es uno de los contados lugares en el que se puede estar a solas, reviso a Wells y comparto la pena del Viajero del Tiempo por los amores imposibles: “Y tengo, para consolarme, dos extrañas flores blancas –encogidas ahora, ennegrecidas, aplastadas y frágiles– para dar testimonio de que cuando la inteligencia y la fuerza hayan desaparecido, la gratitud y una mutua ternura vivirán aún en el corazón del hombre.”
Bebo mi audaz melancolía con el último trago de cerveza; una cerveza caliente, como decimos en el Caribe, a temperatura ambiente, como dicen los burlones en los Andes. Con un gesto de la mano hago a un lado la sombra larga del tiempo y me redimo. Y con alegría que corroe el espíritu de la pena, cual si fuere el surco que sobre el mar deja un barco fantasma, saludo al pasar entre las mesas a Omar Kheyyam:

Despertaos, despertaos, durmientes, que la aurora
arrojó ya la piedra al piélago nocturno
ahuyentando a los astros, y el Cazador de Sombras
prendió en un haz de luz la torre del silencio.


Se abren las puertas al aire de la calle. Las voces de la ciudad son las de esta noche y las de las noches de siempre. Al salir dejo mis huellas entre las horas y me llevo los sueños del bar.